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 Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.

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woody59

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MensajeTema: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Mar 23 Jun 2015 - 21:16

Inicio aca un tema que considero apasionante ya que hace a nuestra historia pero ademas nos permite situarnos en el contexto de una epoca a la cual solo tenemos acceso a traves de libros o peliculas que no siempre muestran la realidad militar que dio origen a nuestro ejercito, cualquier aporte es bienvenido. Gracias desde ya.

Comienzo con un destacado articulo de Jose Fontanarrosa editado por el Centro Naval.

En la época del virreinato, los criollos prácticamente no tenían armas. El virreinato del Río de la Plata no nace, desde el punto de vista militar, desde el Océano Atlántico, sino que nace y se extiende desde el Cuzco. Los conquistadores utilizaban mayormente las armas blancas y en combate cuerpo a cuerpo, porque los sistemas de armas de fuego eran muy escasos y poco útiles. Estas, simplemente sirven para asustar a los indígenas, pues no llegan al Río de la Plata en la cantidad y calidad necesarias. Tan es así que, en la época pre-invasiones inglesas, todavía se seguía utilizando el arcabuz, que así se llamaba al mosquete más pesado, apoyado en una horquilla.

Los hombres que habitaban nuestro territorio en la época colonial, no tenían grandes conflictos ni se empeñaron en grandes guerras. Por lo tanto, no necesitaban armamento muy sofisticado para la época. Si se observa en nuestros museos, y se busca en nuestros archivos o se leen nuestros historiadores, se hallará especialmente en la pictografía, las armas de la época, que son simples estoques, o espadas de complemento.

Nuestro país no tiene armas en la época virreinal, hasta el momento en que Pedro de Cevallos, cuando surge un conflicto con Portugal por la Colonia del Sacramento, se ocupa de conseguirlas. Entonces sí, empiezan a venir algunas armas de fuego para combatir a los portugueses, pero quedan en poder del gobierno colonial y así son devueltas a España. A nosotros sólo nos quedan alabardas, picas y algunas espadas, porque el sable, que es un arma de origen oriental, no existía todavía en forma masiva en el Río de la Plata.

Son los ingleses los que nos proveen de armas para la Revolución de Mayo. En la época colonial, en la Armería Real, existían muy pocas armas, y estaban controladas y en poder de los regimientos fijos de Buenos Aires.

Cuando los criollos enfrentaron a los invasores ingleses, que habían planeado muy bien el contexto geopolítico en el cual iban a desarrollar sus acciones, tal como lo describe el almirante Destéfani en su libro “Los marinos en las invasiones inglesas”, tuvieron que defenderse de la táctica empleada que les llegaba desde el agua. Pero éstos, que habían preparado prolijamente su estrategia, previamente hicieron contacto con algunos criollos y pulsaron la situación, interpretando el fermento de libertad que anidaba en la mayoría. Los patriotas, que no tenían armas ni posibilidades de adquirirlas, pensaron que los ingleses les iban a entregar las mismas para lograr la tan ansiada independencia. Entre quienes así opinaban se contaba Pueyrredón, por lo que se entrevistó con Beresford cuando éste desembarcó, esperando recibir de él las armas necesarias para equipar a los hombres con los que había conseguido formar una tropa pobremente armada. El jefe inglés, como es de imaginar, le negó la entrega de armas, haciendo que Pueyrredón comprendiera que sin éstas, los criollos solamente cambiarían de amo, puesto que los ingleses no venían como aliados sino como conquistadores. Pese a la precariedad de los medios de que disponía, Pueyrredón enfrentó a los invasores con los Húsares en la Chacra de Perdriel, y fue fácilmente derrotado por la superioridad en armamento del enemigo.

Pero, producida la derrota de los ingleses, y rendidos sus jefes y hechas prisioneras sus unidades militares, nuestros hombres capturaron un excelente botín de guerra, lo cual dio origen a que en el virreinato, los criollos, y fundamentalmente la Legión de Patricios, pudieran contar con las primeras armas de fuego realmente efectivas. Entre las capturadas, se encuentra nuestro primer fusil de uso militar en mano de unidades formadas por hijos del país. Este es el fusil de chispa Brown-Bess. Aquí conviene aclarar el error popular que hace que a esta arma se la denomine “Tower”, porque en su platina derecha se hallan grabadas una corona y la palabra Tower. Pero aquí radica el error de la denominación, porque en Inglaterra todas las armas militares eran propiedad del rey, de ahí la corona, e ingresaban al arsenal real, que era la Torre de Londres, cualesquiera fueran su marca o el origen de su fabricación.

Este fusil Brown-Bess tuvo para nosotros el inconveniente de que no poseíamos el elemento más importante que necesitaba su sistema de fuego, y que consistía en una piedra que se colocaba en lo que hoy se llamaría “percutor”, que se denomina pedernal.

Esta dificultad subsistió a través del tiempo, y es la que, alcanzada nuestra libertad, y en las luchas empeñadas para consolidarla, hace decir a Belgrano en Tucumán, en documento dirigido al Primer Triunvirato, que los fusiles allí fabricados se le doblaban al primer disparo y además, carecían de su elemento más valioso, el pedernal, sin el cual estas armas eran prácticamente inservibles, reclamando a Buenos Aires su pronto envío.

En resumen, el arma más importante que pudimos utilizar, y con la cual enfrentamos a los bien pertrechados y disciplinados soldados invasores, fue el coraje. El coraje hizo que ofreciéramos resistencia a sus modernas armas, pues el 95% de los “riflemen” utilizaban el “Baker”, modernísimo rifle para la época, puesto que era de ánima rayada.

Pocas eran las armas de combate que poseíamos en la época del virreinato, y ello se debía a que los españoles no les interesaba mucho que las poseyéramos.

El almirante Destéfani, al referirse a este tema en su obra ya citada, contabiliza, en la época posterior a la primera invasión inglesa y los preparativos para la Defensa, sólo “3.661 fusiles entre los españoles y los tomados a los ingleses”.

Saavedra, que pasa a ser el comandante de la Legión de Patricios, criollos veteranos de las invasiones, es el receptor para su unidad, de la potencia de fuego que nos habían dejado los ingleses, decidiendo por ello a nuestro favor la Revolución de Mayo.

Para corroborar la escasez de armas existente, basta con tomar en cuenta el bando militar número 2, firmado por Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, y todos los integrantes de la Primera Junta el 28 de mayo de 1810, en el que, para poder armar a los nuevos regimientos criollos, se manda requisar a todos los vecinos propietarios de armas, sean éstas blancas o de fuego. Como la mayoría de aquéllas se encontraban en manos de españoles, por pertenecer las mismas al Rey, la Junta ordena y manda que todo particular que tenga uno o más fusiles, pistolas, sables o espadas, los entregue a la Comandancia de Armas, dentro de un muy perentorio plazo de cuatro días, pasados los cuales se castigaría a quienes así no lo hicieran. También ofrece una gratificación del orden de cuatro pesos por fusil, dos por pistola y uno por arma blanca, sea ésta sable o espada.

Esto no debe haber dado mucho resultado, y puede atribuirse a dos razones: la primera, a que no eran demasiadas las armas existentes, y la segunda, a que los españoles eran propietarios indiscutidos de las armas hasta ese momento, y no tenían ningún interés en entregárselas a quienes iban a ser sus opositores en venideros conflictos guerreros. De ahí que, poco tiempo después, el 14 de junio, por un nuevo bando se ordena que toda arma que no se halle en manos de autoridad militar sea entregada sin que se tenga en cuenta fuero, excusa ni privilegio alguno, y esta vez en el perentorio término de 24 horas de publicado. Además, se agrega la pena del destierro para quienes ocultaran las armas y se gratificaba con 25 pesos al que denunciare a quien las retuviera. La mitad se le entregaba al denunciante, y el resto pasaba al en ese entonces Real Fisco.

En cuanto a las pistolas, las recompensas se ofrecían, ya fueran éstas de charpa o de arzón. Las primeras eran las que se portaban en un tahalí, que hacia la cintura llevaba unido un pedazo de cuero con ganchos para colgar pistolas regulares de chispa. Las segundas correspondían a pistolas, también de chispa, pero de mayor tamaño y longitud de cañón, y que se llevaban en unas pistoleras colocadas en el fuste delantero de la silla de montar.

Acuciante era la necesidad de armamento, heredada por nuestros patriotas de la época del virreinato, los cuales, para aumentar las fuerzas que se necesitaban y suplir la falta de armas de fuego, ordenaron por medio de la Junta a Miguel de Azcuénaga, el 10 de agosto de 1810, que con maderas buenas hiciera enastar las alabardas que usaban las tropas españolas, y formara con estas armas blancas dos compañías de alabarderos de cien hombres cada una, en la provincia de Tucumán, considerando que ésta era una excelente “caballería” para las tropas destinadas al Perú, aumentando así las fuerzas para reemplazar la falta de armas de fuego. Simultáneamente, la Junta acuerda que todos los sargentos del Ejército usen alabarda, para que los fusiles puedan ser usados por otros tantos soldados.

La penuria por obtener armas debe haber sido muy grande para nuestros hombres de Mayo, porque casi dos años después de los bandos a que se hizo referencia, un decreto firmado por Chiclana, Sarratea y Paso, sigue solicitando la entrega de toda arma de chispa o blanca que se halle en manos de particulares, sean éstas de propiedad privada o del Estado (desde luego del Rey) y aplicando esta vez hasta la pena de muerte a quien las ocultare. Nuevamente el fisco vuelve a quedarse con la mayor parte de los quinientos pesos de gratificación que se otorgaba a quien descubriese al que tenía armas, pues esta vez el denunciante sólo se llevaba un tercio de dicha suma y el resto quedaba para el Estado.

Como se ve el virreinato no contaba con armamentos suficientes para empeñarse en acciones de guerra de alguna importancia. Fundamentalmente, esto se debió a dos razones; primero, conflictos de importancia no existieron, fuera del de Colonia de Sacramento, al que ya se hizo referencia, y luego no interesaba al poder real el dar armas a los más ilustrados hijos de España, como eran los criollos que vivían en Buenos Aires y sus zonas de influencia.

La metrópoli mantenía el centro de gravedad del poder militar en el Perú; por lo tanto, las armas que arribaban al Río de la Plata en los buques, o iban hacia el norte, o regresaban a Europa en esos mismos buques.

La verdadera arma que logra la grandeza de un país es la fuerza empeñada en el esfuerzo común por el corazón de sus habitantes, hacia un objetivo también común que le haga alcanzar la grandeza que ellos pretendan darle.
http://www.revisionistas.com.ar/wp-content/uploads/2010/04/Armas-colonia.jpg

Fuente

Fontanarossa, José – Armas blancas y de fuego durante la época virreinal – Bol. Del Centro Naval – Buenos Aires (1976).
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woody59

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MensajeTema: En lo personal   Mar 23 Jun 2015 - 21:24

Siendo muy joven, niño diria, mi padre me inicio en el tiro, pasion que me acompaño muchos años.
Este deporte me brindo momentos de mucha alegria, pero, hay un momento que destaco, fue cuando en el TFA de Nuñez, tuve la oportunidad de practicar avancarga.
Provisto de un Mosquete Charleville modelo 1777, de llave a chispa de pedernal calibre .69, vivi una sensacion completamente distinta a la cual estaba acostumbrado, la recomiendo.



Última edición por woody59 el Mar 23 Jun 2015 - 22:26, editado 1 vez
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woody59

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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Mar 23 Jun 2015 - 22:19

Tres videos, el primero destaca y muestra algunos aspectos del Mosquete Español mod. 1790
El segundo muestra una forma muy veloz y poco ortodoxa de cargar un mosquete, ya que no usa la baquetapara asentar el cartucho contra la recamara, saludos.





Por ultimo, la forma reglamentaria de cargar un mosquete, es este caso un Brown Bess

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ariel
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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Mar 23 Jun 2015 - 23:02

Grande Ale!!!
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 4:21

aplausos aplausos aplausos aplausos

Muy interesante tema boody59.

Un abrazo Ricardo

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
José Manuel Estrada
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bashar
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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 9:40

siempre interesante don woody!

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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 9:53

Muy bueno Woody aplausos aplausos

Pregunta, cual era el tiempo de carga del Mosquete Charleville modelo 1777?
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woody59

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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 11:39

mavec escribió:
Muy bueno Woody aplausos aplausos

Pregunta, cual era el tiempo de carga del Mosquete Charleville modelo 1777?

El mio cuando comence, 3 dias.....broma aparte, un tirador medio sacaba dos disparos por minuto, para aumentar la cadencia de disparo, se formaban tres lineas (habran visto en algunas peliculas), de modo que mientras una efectuaba fuego las otras recargaban o se preparaban para el disparo.

El mosquete es un arma poco precisa a mas de 25 metros debido entre otros factores a tener cañon liso, (tambien la forma del proyectil, la variacion de la carga de cartucho a cartucho).





Otra limitacion del mosquete es la imposibilidad de cargarlo de rodillas, es decir, solo se podia cargar parado y, debido a esto el infante siempre ofrecia un buen blanco al enemigo.

Podía ocurrir que derramaras pólvora por fuera de la cazoleta descontrolándose la ignición, disparar sin haber sacado la baqueta del cañón (Por las urgencias de la batalla esto ocurría muy a menudo y en el mejor de los casos te quedabas sin baqueta por lo que no podías volver a recargar. Cuando no reventaba el arma), que se te dislocara el hombro con el retroceso, que estuviera húmedo el cartucho y la pólvora, que se atascara el fino agujero llamado oído… perdon por el exceso de explicaciones, saludos.
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 11:40

Siguiendo este interesante tema abierto por Woody59 quiero completar con la situación de las armas españolas durante la guerra de la independencia americana, lo siguiente información se encuentra en el libro "Los Realistas (1810-1826) Virreinatos del Perú y del Río de la Plata, y Capitanía General de Chile" escrita por Julio Luqui Lagleyze y Antonino Manzano Lahoz, edición 1998.


ARMAS DE FUEGO

Las armas de luego se hallaban en el período de las llaves do chispa provocada por pedernal; el cañón era liso, aunque los había en pequeña proporción rayados. El cartucho era do papel v, sólo servía como contenedor de la adecuada medida de pólvora para cebar y disparar, y la bala esférica.

Las llaves más antiguas en uso eran las de 1789, llamadas "a la española". Su característica más relevante era que el muelle estaba montado en el exterior -lo que permitía hacerlo más pótenle, y de paso no se debilitaba la madera de la caja- sobre una platina de hierro. Estas llaves eran mas seguras en la producción del caudal de chispas y, por lo tanto en la salida del disparo, más fáciles de limpiar y engrasar, poro a su vez, la característica de tenor el muelle real a la vista las hacía frágiles a los golpes, rompiéndose con frecuencia.

La llave "a la Francesa" llevaban el mecanismo encerrado en un hueco en la caja o cureña del fusil, lo que hacía débil la madera.

En 1801 aparecieron llaves "mixtas" que combinaban las dos posibilidades y en 1807 apareció la llave "mixta de doble nuez que, pese a ser más segura, era muy cara y complicada.

En la España de la Guerra de la Independencia se produjeron llaves "a la francesa", rudimenta¬rias pero efectivas, y por último, aparece la de modelo 1812 de Bustunduy.

Las armas de fuego estaban divididas entre las armas largas y las cortas o pistolas. Las primeras comprendían principalmente los fusiles, las carabinas y las tercerolas. La diferencia fundamental entre éstas se verificaba en el largo de los cañones, entre las primeras y el uso dado a las segundas.

Los modelos españoles de fusiles que más probablemente se usaran en la época de la guerra en América, era el de 1801/1803, que tenía llave "a la española" o "de miguelete" y era una modernización del modelo 1789/1791. Kl modelo 1807 le sigue en orden y era de llave mixta, de un aspecto por demás tosco.

Las balas eran de a 16 o 17 y el calibre de todos ellos era de 18 milímetros.

El modelo 1808 volvió a la llave "a la francesa" que se mantuvo desde entonces en los fusiles que se desarrollaron a partir de 1812 y se hizo oficial en el modelo de 1814/1815, que tiene reminiscencias del modelo francés de fines del siglo XVIII. De este último espécimen es posible hallar ejemplares en los museos americanos llegados con las expediciones, siendo después capturados por los ejércitos "insurgentes" o "patriotas" que también los usaron. Sus balas eran de a 16, 17 v 19 y su calibre de 18 mm.

Existieron también modelos de tipo casero, producidos por las Maestranzas y talleres de reparación de armas del Ejército Real -que se señalan en punto aparte-, Estos modelos no son en verdad originales, sino fusiles armados en base a partes de otros, a veces de distinto modelo, y es posible hallarlos en algunos museos militares americanos.

En punto a las Tropas Ligeras, éstas llevaban los fusiles ligeros llamados también "escopetas", de las cuales las más comunes eran las de modelo 1779, que era usada a fines del siglo XVIII, tanto por tropa de a pie como montada, aunque había sido diseñada especialmente para las tropas ligeras de voluntarios catalanes. A partir de 1772 fue decretado su uso para las tropas de Dragones que la llevaban en un soporte al costado derecho de la silla. Esta escopeta tenía llave "de miguelete", también llamada "a la catalana", como todas las armas de fuego de su época.

El siguiente modelo de fusil específico de la Infantería Ligera, también con llave "de miguelete", fue el de 1792, que era provisto con bayoneta, aunque en líneas generales era similar al anterior.
El modelo de fusil 1803 también tuvo su versión para tropas ligeras, más corto y liviano, el que fue también usado por Unidades de Dragones. Sin embargo, los modelos de 1808 v 1812 para infantería de Línea, al parecer, no tuvieron su contraparte para las Tropas Ligeras.

Recién en 1815, apareció un fusil corto del modelo de ese año, que fue usado por tropas ligeras de Infantería y Caballería.

Las carabinas siguen en orden en las armas de fuego. El modelo más antiguo es de 1752 con llave francesa, diseñada para la Caballería de Línea y con la que dieron armadas varias unidades en América. Era más liviana y más corta que el fusil del mismo modelo y se podía armar con bayoneta.

El siguiente modelo es el de 1792, producido originariamente para la Caballería de la Guardia Real, es una modificación sobre el modelo de fusil 1791, de bala de a 16 y calibre 18 mm. Este modelo venía con una anilla al lado izquierdo para enganchar en el mosquetón de la bandolera portacarabina al lado derecho, con la boca colocada dentro de una cuja que colgaba del borrén delantero de la silla.

Las tercerolas fueron fabricadas a partir de 1812 y se hicieron oficiales en el modelo 1815, en que apareció el de Caballería, Era una carabina un tercio más corta que el fusil, fabricada para la Caba¬llería Ligera y llevaba el nuevo diseño de llave "a la francesa" diseñada por Antonio Bustunduy. Sus balas eran de a 17 y su calibre de 18 mm. Las tercerolas no tenían bayoneta.

Con ella fueron armadas las unidades de Caballería Ligera de las expediciones a ultramar.

La Artillería v algunas unidades de Caballería fueron armadas con los mosquetones-carabina de modelo 1803, que estaba basado en el fusil de ese año, con cañón corto y llave mixta, pero más pequeña, del modelo de las carabinas de bala de 16 y calibre de 18 mm. Esta arma iba provista de un machete-bayoneta.

Las pistolas fueron usadas por la tropa de Caballería y los Oficiales de todas las Armas durante la guerra. Los modelos más antiguos son los de 1752 y 1784, con llave a la francesa, más pequeña pero idéntica a la de los mosquetes o fusiles.

Los modelos de fin del siglo XVIII, tienen la llave de miguelete o a la catalana como los fusiles del modelo 1789/1791. La del modelo 1793 es más pesada pero de líneas más estilizadas y fue diseñada originariamente para la Guardia Real.

El modelo 1801/1803, también con llave mixta, fue de fabricación para todo el Ejercito y se desarrolló a partir de los modelos anteriores de 1791 y 1793 de balas de a 17 en libra y calibre de I8 mm. El cañón es más corto que en lsa otras. Esta tuvo modelos alternativos con empuñaduras de corte a la francesa.

La pistola de Caballería de 1807 tiene llave mixta y de doble nuez, del modelo de los fusiles de 1808 y la empuñadura más cerrada, similar a los modelos franceses de la época y de bala de a 17 v calibre 18 mm.
El último modelo es el de 1815, que se fabricó con llave a la francesa y algunas de las cuales se construyeron de forma similar a las francesas.

El resto del armamento usado era de origen inglés o norteamericano comprado por los ministros españoles en los Estados Unidos y remitido a Lima. Los costos de las armas pueden saberse gracias a las detallistas anotaciones de Pezuela. Según el Virrey, el costo de las armas españolas era:

El fusil de Infantería con bayoneta y vaina: 137 reales de vellón y 25 maravedíes y medio
El fusil de Dragones -carabina-: 136 reales y 17 maravedíes
La tercerola: 110 reales
La pistola: 68 reales y 8 y 1/2 maravedíes

Las armas extranjeras recibidas por el virreinato en 1818 tenían un costo de:

El fusil inglés: 10 u 11 pesos, según el modelo y con bayoneta
El fusil francés, en iguales condiciones: 8 pesos
Las pistolas inglesas: 14 pesos el par.

Era tal la necesidad de armas, luego de la caída de Chile, que se intentó inclusive hacer contra¬bando de Jamaica para Lima, lo que no pudo llevarse a cabo por las rigurosas disposiciones inglesas sobre el tráfico de armas. Por dicha razón se decidió comprarlas en los Estados Unidos.

Las armas llegadas desde España o compradas en los Estados Unidos, llegaban a Lima desde la Habana por la vía cié la Costa Firme a Cartagena y de allí al Perú. Esto, por el dominio marítimo de los independientes que interceptaban cualquier envío al Perú.

Así, el Virrey Pezuela anotó en su diario la llegada de armamento en mayo de 1818: era com¬prado en los Estados Unidos por el Ministro plenipotenciario español a la casa Cheriot Wilkes & Co.

Le llegaron 2086 fusiles con bayonetas; 117 fusiles medianos,y 450 pares de pistolas. Los precios eran inferiores a los de las armas españolas ya que costaban a razón de 15 $ los fusiles y lo mismo el par de pistolas.

Desde España arribaron en 1818 4.000 fusiles, 1.000 tercerolas, 1.000 pares de pistolas y 2.000 sables, enviados desde Cartagena de Indias por el Virrey D. Juan Sámano. En mayo de 1819 todavía arribaban al Callao armas norteamericanas procedentes de Baltimore, remitidas por el Embajador Español Luis de Onís. Llegaron 1.500 fusiles ingleses, 20 cajones de piedras de chispa.

Los fusiles ingleses que tenía el Ejército Real eran de calibre de 15 en libra, a diferencia de los españoles que eran, según anotaciones de entonces, de 21 en libra.

El alcance máximo de los fusiles de chispa era de 500 pasos, pero el eficaz no pasaba de 300; aun así, no podía pretenderse hacer blanco con ninguna seguridad en un objeto del tamaño de un hombre a mas de 60 pasos. La velocidad inicial del proyectil era de 250 metros por segundo. El peso total de los fusiles era de unos 5 kgs. y la bayoneta de 350 grs.

Un defecto común en los fusiles de pedernal era él, proporcionalmente elevado número de "marras" o "rastrillados", es decir, los tiros que no daban fuego a la pólvora de la cazoleta; para evitarlo, había que cambiar la piedra cada 30 intentos, pues iba perdiendo poco a poco el filo, y aceitar la llave cada 60. En campaña, las fallas eran mucho mayores por la humedad, la imposibilidad de practicar estas atenciones al arma y, sobre todo, por la elevada tensión del combate.

Había pedernales de muy buena calidad y bien cortados, que daban hasta 100 disparos, en tanto que los ordinarios no daban más de 20 y el bueno 40 o 50.

Los otros detalles que influían en el tiro eran el "viento" o espacio que quedaba entre la bala y el cañón, y que influía en una cierta pérdida de fuerza del disparo, la dirección de la bala, así como las cargas de pólvora del cartucho, mayores o menores, que modificaban la potencia de tiro.

Tampoco podía fijarse bien la puntería por lo lento del encendido del cebo y la explosión de la pólvora que afectaba al rostro del tirador. Por ello no se hacía puntería, sino tiros a discreción sobre el conjunto de la Unidad enemiga.


Un abrazo Ricardo.

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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 11:50

Gracias Woody muy interesante tus explicaciones me pusieron en la piel de un infante de aquella epoca por un momento, suerte que solo imaginariamente.
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woody59

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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 11:50

Por nuestras tierras el mosquete mas usado fue el Brown Bess, aca conocido como Tower, por la torre grabada en la pletina.



Una gran cantidad de ellos fueron botin de guerra capturado al enemigo ingles durante las invasiones de 1806/07. Los mismos sirvieron junto a a otras armas hasta mas alla del año 1850. Contra lo que se supone la Plaza de Buenos Aires no estaba muy armada durante este periodo (el virreinal).

Investigaciones historicas muestran que recien durate el gobierno de Virrey Ceballos se ingresaron cierta cantidad de mosquetes a esta ciudad, ya que se temia que los mismos sirviesen a propositos non sanctos. Un calculo recientemente publicado muestra que no mas de 2500 mosquetes y pistolas de chispa, varias de ellas ya con un uso prolongado encima, eran toda la dotacion da la Plaza porteña. La intencion fue en ese momento repeler una posible avanzada portuguesa, razon por la cual se comienzan a formar cuerpos militares.

Saludos.
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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 11:59

Llave de española de miguelete, notar diferencia con la inglesa.



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woody59

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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 12:07

Una replica exacta del Brown Bess fue fabricado por la Fabrica Militar de Armas portatiles DM de Rosario, durante la decada del `70.



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woody59

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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 20:27

Las armas cortas y carabinas usadas durante las Guerras de Independencia y que armaron a los oficiales patriotas.



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woody59

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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 20:35

Nota aparte que viene al caso, es muy interesante el regreso de nuestros Granaderos luego de 13 años de campaña militar...

El final de una gesta…

Durante la enorme gesta libertadora, imaginemos que los granaderos a caballo mudaron de
equipo, se hicieron de armas enemigas, reemplazaron sus viejos sables, intercambiaron lanzas
colombianas, pistolas, carabinas, tercerolas de Riobamba, sables de Junín; tal cual como ocurrió
con su antiguo uniforme azul que regularmente se mantuvo desde 1815 hasta 1822.
De 1823 en adelante fueron equipados probablemente con equipo y armamento colombiano,
manteniendo algunos “corvos” como su último trofeo, que la memoria les podía acercar a su
Patria.
A fines de 1825, tras trece años de campaña los granaderos a caballo reunieron sus armas y
dejaron el Perú rumbo a la ahora denominada Argentina. Arribaron a Chile 88 granaderos, donde
tuvieron que esperar meses para que el país se decidiera a costear su regreso.
Hostigados por la penuria económica, a partir del 6 de diciembre de aquel año cruzaron la
cordillera por última vez y arribaron a la bella Mendoza, la ciudad que tan entrañablemente une a
la historia de los granaderos y la de su creador. No demandó mucho tiempo confeccionar el
inventario de lo que traían de retorno, harto menos, ciertamente, que lo llevado al Perú en 1820:
86 sables, 55 lanzas, 84 morriones y 102 monturas.
Finalmente el 13 de febrero de 1826 llegaron estos 88 veteranos de la libertad sudamericana. Se
alojaron en los antiguos cuarteles de El Retiro; había entre estos, siete de ellos, que habían
partido del mismo lugar en 1814.
“La Gaceta Mercantil del 17 de febrero los había saludado con estas palabras:
«Tenemos el honor de haber recibido los restos del Ejército de los Andes conducidos desde el
Perú por el Coronel de Granaderos a Caballo D. Félix Bogado – cerca de nueve años han pasado
desde que estos valientes marcharon a libertar a Chile. En este largo período se pueden contar
los días de Gloria que han dado a la patria por las veces que se han batido contra nuestros
enemigos. Nuestra gratitud será siempre demostrada á estos viejos soldados de la libertad con
las más tiernas efusiones de nuestros corazones. Eternamente llenaremos de bendiciones a los
héroes de Chacabuco y Maipo; si, esos que han conducido en triunfo el pabellón argentino hasta
Quito y que han sabido derramar su sangre por la libertad de la patria en Junín y Ayacucho.
Nosotros al verles, siempre diremos con admiración: He ahí; esos sellaron con su sangre y sus
espadas la libertad de su patria y sus nombres hiran de padres á hijos, de generación en
generación
».
El Regimiento depositó sus armas en el cuartel del Retiro de donde un día las tomaron –se
depositaron en una Caja y sobre ella se colocó una plancha de bronce en la que se grabó
esta sencilla pero elocuente inscripción:
«Armas de los Libertadores de Chile, Perú y Colombia».”
28

HISTORIA DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO (1812 - 1826) Tomo II Volúmen 324 / Pag 510
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bashar
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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Miér 24 Jun 2015 - 23:47

Los Granaderos se hicieron temibles por el uso del sable. Hoy quizás nos parecería una perogrullada pero recordemos que la mayoría de las fuerzas revolucionarias eran milicianas y con poca experiencia en el uso de armas. El programa de entrenamiento que San Martín elaboró hacía rendir al máximo esta arma, y es por ello que la aparición de esta fuerza -aun en números reducidos- llamara a los realistas a refrenarse y no presentar cara.  Algunos datos:

El sable de los granaderos:
“El armamento de los Granaderos a Caballo consistía en sables de treinta y seis pulgadas (90 cm)4 (2),
lanzas que se construyeron en el Parque del Estado, de conformidad a las indicaciones del
teniente coronel San Martín
, carabinas o tercerolas (3) y pistolas, seguramente estas últimas por
el estilo de las que usaba la caballería napoleónica”.5
Comenta el señor Teniente Coronel (R) Anschütz en su libro (ver referencia Nota al pie, Nº 8) que
inicialmente el Regimiento de Granaderos contó con variados sables de latón, los cuales fueron
obtenidos de una existencia hallada en el Cabildo de Buenos Aires.
A poco de creado el Regimiento, cuando se estaba configurando la amenaza de la fuerza naval
realista sobre el Paraná (y la unidad contaba con los Escuadrones 1ro y 2do), la escasez era tal,
que el Teniente Manuel Hidalgo que marchó el 20 de enero de 1813 a Santa Fé con 38
granaderos, lo hicieron armados de machetes6 “impropio de toda clase de soldado”.
Recién después y por la intersección del Mayor Hilarión de La Quintana se consiguieron en
Concepción del Uruguay “28 sables de latón de varios paisanos a quienes he suplicado me los
donen” (18 de agosto de 1813).
El historiador Guillermo Palombo agrega en su trabajo “EL UNIFORME DE LOS GRANADEROS
A CABALLO”  que el sable era el del tipo “… corvo de los
usados primitivamente por los “Auxiliares de Chile”, de los que San Martín adquirió algunos a 6
pesos cada uno (afilados por el amolador Juan Busquiazo a 2 reales cada uno); con dragona de
cordón de hilo trenzado azul y blanco2.
Los granaderos del 3er y 4to Escuadrón que marcharon a la campaña de la Banda Oriental a
órdenes del 2do Jefe, Teniente coronel Matías Zapiola consiguieron que se les provean “sables de
Caballería con vaina de metal (4) y otros simples sables de vaina de acero y biriques”.
En la otra campaña simultánea, esto es, cuando marcharon los Escuadrones 1ro y 2do a Tucumán
el Coronel Mayor San Martín logró proveer con sables a toda la tropa, adquiriéndolos de las
milicias y proveyendo a éstas con las lanzas que llevaron los granaderos a caballo desde Buenos
Aires.
“El arma de los oficiales era la espada-sable larga de noventa centímetros, la de la tropa el sable,
la carabina, tercerola, la pistola y la lanza”9
El Teniente Coronel Anschütz rescató que en un “estado” (de la situación de armas de los
granaderos a caballo) en Santa Fé, con fecha 26 de noviembre de 1813, figurarían 51 granaderos
del Capitán Mariano Necochea todos armados con sables, “…además de 21 lanzas y 12
tercerolas,...”
La instrucción militar de sable la impartió el mismo Teniente Coronel San Martín “explicando con
paciencia y con claridad, los movimientos, sus actitudes, su teoría y sus efectos”.
Otro dato importante que aporta el Teniente Coronel es el desarrollo de una fábrica de armas en
Tucumán, construcción ordenada por el General Manuel Belgrano. Esta como tal se dedicaba
más a la reparación que a la fabricación en sí. Su jefe fue un Maestro Mayor de Armeros, Manuel
Rivera.
Rivera habría pertenecido al Real Cuerpo de Artillería (o sea, que inició su oficio trabajando para
el ejército realista) y también vio de fabricar espadas. En una nota que se menciona con fecha 25
de noviembre de 1813, este artesano fabricó ocho espadas a las que puso en consideración del
Triunvirato. De estas ocho, cuatro eran de las del tipo requerido para infantería y cuatro para
caballería.
Hacia el 27 de diciembre, se le ordenó a Rivera que se traslade a Córdoba conviniendo con él
este asentamiento. Es interesante como esta acción estratégica, ya a tres años de la revolución
fue coordinada eficazmente por el gobierno. A su vez se le proponía “que las hojas debían tener
dos dedos más de largo, y encareciéndole un escrupuloso cuidado en perfeccionar su temple.
Manuel Rivera trasladó la fábrica a Caroya (6), lugar que se encuentra a unos 50 km al Norte de
Córdoba y un kilómetro al Sur de de Jesús María, utilizando los locales del Convento Jesuítico allí
existente”10.
Aunque hoy en día parezca extraño, los realistas menospreciaban la calidad de los sables
patriotas, quizás para evitar contagiar el rumor y el temor de los terribles cortes que producían los
soldados de caballería. Así difundieron por ejemplo, que la calidad de estas armas era muy
pobre.
San Martín que siempre se mantuvo al tanto de la opinión de los mandos reales ordenó
especialmente el uso del sable en los minutos previos a la carga de San Lorenzo (3 de febrero de
1813). Esto produjo un sustancial incremento de la moral de los granaderos a caballo, cuando al
término del bautismo de fuego, tomaron conciencia del tipo de arma que San Martín les había
enseñado a blandir con tanta destreza. Los milicianos urbanos de Montevideo debieron pensar lo
mismo…
Al término de la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817) hubo un número de sables rotos,
más producto de la agresividad de los granaderos a caballo en los toques del trompa: ¡A
degüello!, que por la calidad de los mismos.
Sobre todo porque los realistas de Santiago de Chile difundieron la misma impresión sobre la
pobre calidad (habían afirmado que eran de lata) de los sables patriotas. Una vez más se lesdemostró que estaban equivocados. Los Granaderos a Caballo del 3er Escuadrón y los que
integraban la Escolta del Comandante, dejaron las terribles huellas de la muerte en los lugares
donde se sabía que habían cargado.
Lanzas, sables y espadas pasaron a fabricarse en Caroya (7) para todas las unidades patriotas
que marcharon a combatir contra las fuerzas reales. Respecto de los sables, afirma Anschütz que
“eran iguales en temple y poder cortante a las mejores hojas toledanas y según palabras del
general San Martín, eran capaces de dividir la cabeza enemiga como si fuera un melón”.
Allí dio inicio una de nuestras primeras fábricas militares, que permitieron armar a los soldados
independentistas en amplia desventaja con sus pares realistas durante los primeros años de la
revolución.
Lo cierto es que exceptuando los exiguos depósitos de armas hallados por los independentistas
en Buenos Aires y en puntuales lugares del interior; al estallar la revolución, la escasez fue total (nota de Bashar:  parece que en 200 años no cambiamos nada! Evil or Very Mad ).
Las arcas del tesoro o la recaudación no eran suficientes para encarar la compra de armas. Los
Granaderos a Caballo recientemente creados por el Teniente Coronel San Martín no escaparon a
esta cruda realidad.
Cuando inició la producción la Fábrica de Armas Blancas en Caroya (8), Córdoba, los granaderos
lograron uniformar sus sables. Antes del cruce de Los Andes los mismos fueron afilados “a
malijón” en Mendoza, por el maestro mayor de barberos Don José Antonio Sosa.


NOTAS

“A los oficiales se les entregaron 29 espadas toledanas de Caballería7, (5) que existían en la
armería a cargo de D. Domingo Matheu en julio 2 de 1813”8.
4 En el libro de la Dra. Patricia Pasquali: PASQUALI, PATRICIA – SAN MARTÍN, La fuerza de la misión y la
soledad de la gloria – Pag 108: “…36 pulgadas (90 cm) ligeramente corvada en su punta, tomado de los coraceros
franceses, debía ser el arma principal de los granaderos, destinada a probar su efectividad desde el momento mismo
en que, al extraerla de su vaina de latón, amedrentara al enemigo con el chirrido helado del acero...”.
5 HISTORIA DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO (1812 - 1826) Tomo I Volúmen 323 / Paginas 82
a 87.
6 En el libro de la COMISIÓN DEL ARMA DE CABALLERÍA “SAN JORGE” - HISTORIA DE LA CABALLERÍA
ARGENTINA - Tomo I - PERÍODO HISPÁNICO - AÑO 2004 – Paginas 168, describe al “Machete: arma más corta
que la espada. Ancha, de mucho peso y un solo filo. Cuchillo grande, de diversas formas, que sirvió para desmontar,
cortar la caña y otros usos. Fue un arma de zapadores y, como tal, en rigor lo usaron los artilleros e ingenieros”.
7 “Espada toledana para oficial de caballería: de hoja recta, a dos mesas hasta dos tercios y luego plana, dos filos
corridos a partir del recazo. Grabada con motivos fitomorfos y marciales, y la leyenda: «ESPADA TOLEDANA»”:
HISTORIA DE LA CABALLERÍA ARGENTINA - Tomo I – PERÍODO HISPÁNICO – Pag 166.
8 HISTORIA DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO (1812 - 1826) Tomo I - Volumen 323 / Pag 83.

Tengo información bastante interesante sobre carabinas armas y cartuchos pero lo dejo para después  para desarrollar con los aportes de los foristas de este interesante topic

saludos


_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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MensajeTema: Re: Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.   Jue 25 Jun 2015 - 10:38

Las fábricas de armas blancas durante la Guerra de la Independencia. ¿Fue la espada de Artigas forjada en Caroya?

por José Luis Mignelli  



“Es una vergüenza, es un desdoro que los Oficiales de este Ejército ni los Sargentos tengan

un espadín, una espada o un sable.

Porque no hay dónde comprarlas.

Y es indispensable que V.E. se sirva ordenar que a la mayor brevedad se me remitan 200

de  estas armas  -  para que se cumpla esta falta  - que yo cuidaré que se le descuente a los

Oficiales el valor de las que reciban.”


Manuel Belgrano al Gobierno Superior Provisional de las Provincias Unidas.
(Campo Santo,  5 de mayo de 1812)                                                


“… tengo el singular honor de poner en manos de V.S. dos espadas sables, con sus correspondientes vainas y guarniciones doradas.
El uno de ellos se halla por las sabias, juiciosas y bien pulseadas determinaciones de V.S., destinado al General Oriental, Don José de Artigas”…

Manuel Rivera a  José Javier Díaz. (26 de Julio de 1815)


Con la firme determinación de proveer a los ejércitos de la Independencia con armas, pólvora y cartuchería en el interior, los primeros gobiernos patrios habían decidido la instalación de una fábrica de fusiles en Tucumán, y otra de pólvora en Córdoba. A éstas se sumaría a la brevedad, una fábrica de armas blancas, anexa a la de Tucumán, comisionándose al Cnel. D. Manuel Rivera (c. 1764 – 1824) 1)  en calidad de encargado de la misma y colaborador de Belgrano (1770 – 1820), para que “metodice, adelante y perfeccione el trabajo” en la de fusiles. 2)  Prueba de ello fue la aprobación y devolución a vuelta de correo el 27 de Diciembre de 1813, por parte del gobierno de Buenos Aires, de una espada forjada en dicho establecimiento, con la instrucción de que se le agreguen dos dedos mas de largo, a las que se hicieren  en el futuro. En esa oportunidad, también se solicitó a Rivera, realizar el máximo esfuerzo en  organizar el  traslado de la fábrica a Córdoba, notificándose al Gobernador Intendente de esa provincia, D. Francisco Javier de Viana, después Ministro de Guerra del Director Posadas (1757 – 1833), para que contribuya  en  lo que esté a su alcance con el operativo de traslación, interesándose en sus progresos y adelantos. 3)

Fue el mismo Rivera quién a poco de visitar Córdoba en busca de lugares adecuados para las instalaciones, sugerirá Caroya o Altagracia, por la existencia en ellas de edificios donde albergarlas, así como por la abundancia de agua para abastecer la maquinaria. Poco después remitirá a solicitud del gobierno de Buenos Aires, “hojas templadas en el Río Caroya  y Altagracia” para su aprobación.

Decidida la ubicación en la antigua estancia jesuítica de Caroya viejo, 4) por entonces Convictorio del Colegio de Monserrat, cerca de Jesús María, se dará comienzo a la producción, previo aprovisionamiento de materiales y herramientas procedentes de la misma Córdoba y de Tucumán. A la designación de capellán, mayordomo y escribiente, se sumará una dilatada dotación de operarios, tales como: majadores, amoladores, bronceros, braceros, carpinteros, albañiles, plateros, talabarteros, etc., más un piquete de soldados a fin de custodiar  instalaciones y despachos.  El 13 de julio de 1815 ya remite bajo custodia al gobernador D. José Javier Díaz, 40 sables, entre ellos 4 corvos y 12 para oficiales, a cuenta de un total de 300 solicitados. Poco después, a 26 de julio, le comunica que entregó a don Francisco de Paula Pérez, la espada sable que se le ordenara construir para el General José Rondeau, Jefe de la tercera Expedición al Alto Perú. En la misma oportunidad también le hace saber, que ha puesto en manos del Rector del Colegio de Monserrat, ocasionalmente en viaje a Córdoba, la espada sable que le encargó para el Gral. Artigas y otra de obsequio para su persona. En el período histórico que nos ocupa, la gobernación de esa provincia pasaría sucesivamente de Francisco Javier de Viana, a  Francisco Ortiz de Ocampo y de este al Cnel. José Javier Díaz, cuya convicción por la causa federal y devoción artiguista, explican el obsequio. Había este asumido sus funciones con el título de Director Supremo y  Gobernador de la Provincia,  el  31 de marzo de 1815.




Fig. 1. La espada de Artigas según el dibujo de Grenón

Si bien un empréstito forzoso sobre el comercio cordobés que recaudó 19.000 pesos, habría permitido sobrellevar los primeros gastos y de instalación, desde su inicio y a través de su breve existencia (1814 – 1816), la fábrica sufrió serias carencias a causa de la estrechez de fondos del erario público, tanto nacional como provincial. El 13 de marzo de 1815 solicita Rivera al gobernador la suma de 3.000 pesos, a fin de poder dar comienzo a la producción, llegando el mismo director en oportunidades a comprometer fondos propios en el desempeño de sus funciones. Con fecha 27 de octubre de 1815, enviará Rivera a Buenos Aires por intermedio del Tte. Cnel. Matías Usandivaras, una espada de caballería para el Director Provisorio, circunstancia que motivó una requisitoria del Ejecutivo Nacional al gobernador de la provincia, acerca de los valores de las mismas. Las espadas de caballería  fueron  cotizadas en esa oportunidad a  un precio máximo de 10 pesos por unidad  y las de infantería entre 7,50 y 8, advirtiendo Rivera que no se encarguen, sin proveer anticipadamente los auxilios necesarios “en forma mensual y puntualmente con los ya vencidos.” Fueron frecuentes las deserciones de operarios por falta de pago de los salarios, circunstancia esta última que alcanzó al propio Rivera, así como una reducción de los mismos a un tercio de lo estipulado. El mismo director con vistas a optimizar la economía, había sugerido la supresión de los puestos de mayordomo y escribiente, sugiriendo crear en su lugar una Tesorería. El 19 de noviembre de 1815 solicitará al gobierno provincial una carreta y cajones, para el embalaje y despacho, de un lote de sables terminados y el 16 de enero de 1816  dejará asentado en el Libro de Contaduría, la compra de una carretilla por 46 pesos, a fin de cumplimentar el envío de 150 sables de caballería con sus correspondientes biricúes para el Ejército del Norte. Dos días mas tarde sin embargo, se le ordenará suspender todo trabajo, levantar inventarios de herramientas, materia prima, armas terminadas y en curso de producción y conducir a la postre instrumentos, máquinas y demás enseres a Buenos Aires. Parte del acero existente, fue sacado a remate o dado en pago por orden  del Directorio, a fin de satisfacer deudas y salarios atrasados. Rivera marchará por fin a Buenos Aires en compañía del maquinista Enrique Kalke y del maestro lustrador Antonio Semik, observando la mayor economía en el empaquetamiento y gastos de viaje, de todo lo cual debía “presentar relación instruída al Ministerio de Guerra.” A partir de entonces las armas blancas solo se producirían en Buenos Aires. Conforme a una resolución del Ministerio de Guerra del 20 de Enero de 1816, suscrita por el Director interino Ignacio Álvarez Thomas y por Tomás Guido, una docena de espadas de caballería forjadas en “los primeros ensayos”, resultaron de tan buena hechura “que su temple y finura haría honor a las fábricas mas acreditadas de Europa”. Ello motivó su exposición en la Sala de Armas de la Fortaleza, así como el ascenso de Esteban de Luca al grado de Sargento Mayor de Artillería y Director de la Fábrica de Armas del Estado, premiando a su colaborador D. Juan de la Cruz Tejada, con un sueldo de 90 pesos mensuales y el cargo de Maestro Mayor de Fraguas. La fábrica  contó con nueve de ellas, de las cuales cuatro estaban destinadas a la producción de bayonetas de cubo. Estuvo ubicada en las proximidades del solar que ocupa hoy el Palacio de Tribunales, zona conocida entonces como el Hueco de Zamudio  y cesó definitivamente en  su actividad en 1822. Señala Armando J. Frezze que su primera producción data de 1811 y consistió en 281 bayonetas. 5)

Los historiadores Pedro Grenón S. J. 6) y Efraín U. Bischoff  7) se han ocupado extensamente y con acopio documental de la Fábrica de Caroya, así como de la espada de Artigas, la que descansa hoy en el Museo Histórico Nacional de Uruguay en Montevideo. Fue el Mayor Leandro Gómez (1811 – 1865), después  héroe y mártir de Paysandú, quién la habría encontrado en 1842 en una armería de Buenos Aires, con su hoja y vaina quebradas y soldadas; “a remache con dos clavos” y “a plomo”, a 25 y 45 cm. de sus extremos respectivamente. En ocasión del traslado de las cenizas de Artigas (1764 – 1850), de Asunción a Montevideo en 1856, Gómez obsequió la espada al presidente Gabriel A. Pereira (1794 – 1861), cuya viuda la donó al repositorio en 1876. Se ha discutido reiteradamente si Artigas estuvo por algún tiempo en posesión del arma, registrándose al respecto posiciones encontradas. El Acuerdo del Ministerio de Guerra, de fecha 12 de Noviembre de 1816, resuelve  la cuestión en sentido negativo. En él puede leerse: “Acordó su S.E. prevenir a Dn. Manuel Rivera depositase en la Sala de Armas, el sable construido en Córdoba  para el Jefe de los Orientales Dn. José Artigas.”

Grenón se ocupa de la espada en dos lugares de su obra publicada en 1933. Lo hace entre las págs. 60/65 y 109, 106 y 108 respectivamente, pero abordando su descripción y mensura en tres oportunidades, con variada fortuna, en forma repetitiva y ocasionalmente contradictoria. Señala al principio que la espada es recta y de acero,  midiendo 71 cm. y la vaina 89; que la empuñadura provista de guarnición de bronce cincelado es de madera, de 1.350 ? mm. (sic), y que en el anverso de la hoja se lee en cursiva inglesa: “Córdoba (sic) independiente a su Protector” y en el reverso: “General Don José Artigas. Año de 1815”.  Continúa diciendo que el anverso de la vaina observa la leyenda: “Córdoba (sic) en los primeros ensayos a su Protector el inmortal Gral. Artigas. 1815”. Abunda luego en un  dato sustancial que omitirá Bischoff  años después,  para señalar a continuación que conforme a datos y dibujos facilitados por el Director del Museo de Montevideo, Sr. Telmo Manacorda y el dibujante C. W. Aliseris, realizó un dibujo mensurado de la espada (fig. 1), circunstancia que motiva una segunda descripción. Dice ahora que la hoja es de acero, de forma recta, tipo español y que mide 82,50 cm., asigna a la empuñadura 227,50 (¿mm?) y a la longitud total 1,05 mts. Describe a la hoja provista de un solo filo, punta, 36,00 mm. de ancho en la parte superior, 30,00 mm. en la media y 20,00 mm. en la inferior, presentando además una hendidura o váceo (sic). Continúa con el detalle de la empuñadura, señalando que es de madera negra y alberga nueve hilos de bronce (¿torzal o alambrado?), faltando el primero de ellos. Dice de la taza que es de bronce cincelado, estilo español clásico, con un sol y una cabeza de león coronada con un  gorro frigio, que se asemeja a un gorro de manga con  sus borlas cayendo a la izquierda. Asigna a la espada un peso total de 1050,00 grs. y a la vaina de metal dorado 600,00 grs., registrando esta última un ancho de 4,50 cm. en la parte superior  y 3,00 cm. en la inferior. Repite las leyendas en la espada y su vaina, omitiendo nuevamente “el”, en la correspondiente al  anverso de la hoja.

Finaliza Grenón con una tercera y última descripción en la pág. 109, la que continúa a causa de un error de impresión de la edición, en las nro. 108 y 106, reiterando que se basa en el dibujo de Aliseris y en datos suministrados por Manacorda, según comunicación oficial nro. 368/ 1933. Dice por fin que el largo total de la espada es de 105,00 cm., 22,50 cm. mide  la empuñadura y 82,50 cm. la hoja de acero, que es de  forma recta y tipo español, con 36,00 mm. de ancho en la parte superior, 30,00 mm. en la media y 20,00 mm. en la inferior. Esta provista de un filo y una hendidura (sic), que no llega a la punta y que ocupa solo tres cuartas partes de la misma. La empuñadura es de madera negra, con un espiral de bronce de 9 vueltas, faltando la primera. La taza de bronce cincelado, tipo español, con un sol y una cabeza de león tocada con un gorro frigio o de manga con sus borlas cayendo sobre la izquierda. La vaina en metal dorado es de tipo español, con guarniciones de bronce, a la que agrega ahora ojal y contera (suministrando las dimensiones de las dos últimas y asignándole 1,00 cm. al ojal 3,00 cm. al ancho de la contera y 1,50 cm. al largo de la misma), dos argollas de bronce para suspensión y un peso total de 600 grs. Repite el texto de la leyenda en el anverso y reverso de la hoja, escribiendo como esta grabado Córdova con “v” corta y agregando el artículo determinante “el” al final de la cursiva, que sirve de enlace con la frase del reverso. La leyenda en el frente de la vaina termina ahora con una rama de laurel y en el reverso  menciona la existencia de un dibujo de escamas que se alargan en su terminación. Es extraño que Grenón no haya suprimido en las pruebas de galera (si las hubo), sus dos primeras descripciones, dando a la estampa solo la última, si la estimó definitiva.





Fig. 2. Reproducción de la espada forjada en Caroya
para el general don José Gervasio Artigas

Creemos que el sacerdote jesuíta acierta con la longitud de la empuñadura en la primera de sus descripciones (presumiendo que se refería a 135,00 mm.), ya que 22,50 cm. se corresponden  con un mandoble o con una espada de mano y media, pero no con una espada sable  del siglo XIX; no acertando a nuestro juicio con ninguna de las longitudes asignadas a la hoja. De hecho en su buen dibujo,  anexo a la segunda descripción, en el que asigna 105,00 cm. al largo total de la espada, 22,50 cm. a la empuñadura  y 90,50 cm. a la vaina (omitiendo toda referencia al largo de la hoja), se observa una empuñadura pequeña y proporcionada en relación con el resto del arma. Una hoja de 71,00 cm. parece excesivamente corta y una de 82,50 cm. también lo es en relación a la longitud de la vaina, la que sobrepasaría el largo de la hoja en 8,00 cm. Esto no debería suceder con una vaina hecha a la medida, sino cuando la original es reemplazada por otra en calidad de substituta. Por otra parte en su dibujo, la vaina parece exceder razonablemente en 1,00 o 2,00 cm. al largo total de la hoja.

Bischoff por su parte, se ocupa de la espada en la pág. 112 de su obra publicada por la Universidad  de Córdoba en 1966 (OC).  La describe siguiendo a Grenón en su primera descripción, con una hoja de 71,00 cm. de longitud, una vaina de 89,00 cm. y una empuñadura de 135,00 mm. A poco sin embargo, le asigna 90,50 cm. al largo de la vaina, entrando en contradicción con un dato propio inmediatamente precedente. Ambas medidas, arrojan una diferencia desproporcionada entre el largo de la hoja y el de la vaina, de 18,00 cm. y 19,50 cm., respectivamente. La ilustración de la espada que acompaña el autor entre las págs. 64/65, bajo el título “Reproducción de la espada forjada en Caroya para el general don José Gervasio de Artigas” (fig. 2), exhibe una vaina que, por alguna razón, parece reflejar esa desmesura. Por último describe Bischoff las leyendas en las mesas o caras de la hoja, el anverso de la vaina y el dibujo del  reverso, escribiendo  Córdoba con “b” larga. Cita Bischoff como referencia de lo que expone, la pág. 109 de Grenón (OC), pero sus primeros datos corresponden a la primera descripción de ese autor de las págs. 61/62.

Dijimos que Grenón abundó en un dato sustancial omitido por Bischoff.  Este consiste en que la bigotera de la hoja lleva grabada en el anverso y “dentro de una cinta” (sic), “las letras LLARCY” a las que califica como “Marca de Fábrica” y en el reverso, dos cuños consistentes en un “sol heráldico” (es decir sin centro o rostro, por oposición al sol figurado y al sol naciente consistente en medio sol) y “una estrella de siete pétalos” (entendiendo que se refiere a una estrella de siete puntas, conocida como heptagrama o septagrama). Nótese que dice “letras” y no “palabra”,  lo que haría suponer que Grenón  pudo referirse a una sigla cuyo significado no sería  fácil  desentrañar. Si se tratase de un nombre  permitiría  preguntarnos: ¿pudo consistir la espada de Artigas en una hoja importada, solo montada y provista de vaina en el establecimiento de Córdoba?  Una respuesta afirmativa es lo probable. Dice Demaría (OC), que en la fabricación de fusiles a chispa, no existió un cuño que permitiera identificar un ejemplar enteramente hecho en Buenos Aires. Es posible que lo mismo ocurriera con las armas blancas producidas en Caroya. Ni siquiera la mera pertenencia de un arma al Estado estuvo debidamente acreditada, hasta la sanción de un decreto de la Provincia de fecha  24 de Diciembre de 1822, ya cesado el gobierno nacional a causa de Cepeda y de la anarquía del año XX. Por el mismo se dispuso que  Buenos Aires, debería grabarse en el casquillo que cubría el remache de la espiga en los sables, así como en la culata de las armas de fuego con una profundidad de 3 a 4 líneas. 8) La profusión de marcas observada en la espada de Artigas, consistente en una palabra y dos cuños, acrecientan por su extensión nuestras dudas. El forjado de la hoja se corresponde con la esencia misma del arma blanca y la documentación histórica acredita la producción de espadas en Tucumán, Córdoba y Buenos Aires, lo que supone sus tres etapas: forja, temple y revenido,  pero no parece ser este el caso. 9)

Por nuestra parte y sobre la base de las imágenes que acompañamos, describiríamos la pieza bajo estudio, como una espada sable de hoja recta, vaciada a una mesa y con vaceos en ambas caras que no llegan a la punta. Filo completo corrido al exterior y lomo corrido al interior, estimando la longitud de la misma en 88/89 cm. Carece en realidad de cazoleta, canasta o media canasta. Su guarnición parece simple aunque profusamente cincelada, compuesta de una rama principal y un crucero con double langets que remata en un galluelo. Es en principio, del tipo comúnmente llamado “de estribo”, con el aditamento de un lazo secundario que se bifurca al unirse con el arco,  proveyendo de  protección al dorso de la mano. Habitualmente se llama lado derecho del arma blanca al que presenta esa defensa, por lo cual correspondería adjudicar dicho nombre al de la mesa que lleva grabada la leyenda: “General Don José de  Artigas. Año de 1815” Posee pomo con monterilla corrida al interior hasta la virola y sin orejas, ostentando en la parte superior una cabeza de león con un gorro frigio “semejante a uno de manga con borlas”  y un sol emblema de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Dicho sol forma parte del brazo o  rama principal de la guarnición o esta incorporado a la misma y no aparece en la ilustración de Bischoff, como no aparece en el dibujo de Grenón, el escudete doble del lado derecho. El puño de la espada sable por su parte, presenta junquillo y torzal. (*)


 Referencias:

1)                 Conforme a las Tomas de Razón de marzo de 1807,  el extremeño Manuel Rivera fue Maestro Mayor de Armeros del Real Cuerpo de Artillería. Casado en Tucumán con Trinidad Indarte, fue también padre del controvertido poeta unitario José Rivera Indarte (1814 -1845), nacido en Córdoba un 13 de Agosto. Referido primero como “comisionado” y/o “encargado”, Rivera será designado oficialmente director de la fábrica el 18 de Noviembre de 1814.  Falleció en Buenos Aires el 1 de Diciembre de 1824.

2)                 El General Belgrano fue crítico respecto de la eficiencia de la fábrica de fusiles de Tucumán. En un oficio cursado por el prócer al gobierno de las Provincias Unidas en Buenos Aires, de fecha 3 de Junio de 1812, dice: “La fábrica de fusiles de Tucumán merece una atención particular y poner en ella un hombre que lo entienda; de unos cuantos fusiles nuevos que han enviado, se han reventado tres como granadas; las cajas a los primeros tiros se rajan; para las llaves no hay piedras que basten y tienen tanto fierro que muy bien podrían hacerse dos de cada una. Me he confirmado en lo que allí observé: que el vizcaíno (D. Francisco Joaquín Eguren) no es más que un practicón de fabricante de armas, sin entender palabra de mecánica,…” Poco después, el 18 de Junio de 1812 sostendrá “Las cartucheras que se hicieron para este ejército en Tucumán es de lo más malo que se pueda dar;…” Sin embargo en una comunicación posterior fechada el 27 de Noviembre de 1812, ya da cuenta al Gobierno que Rivera “esta entendiendo en el trabajo y economía de la armería.” Sostiene Demaría que la fábrica de Tucumán habría funcionado hasta 1819, utilizando con  la de Buenos Aires, hierro de Vizcaya y de Suecia en su producción. Los cañones eran forjados “a calda” y trabajados luego con mandril y barreno. La fábrica de pólvora de Córdoba voló en 1815 a causa de un incendio nunca aclarado y produjo durante su existencia pólvora gruesa para cañón y fina para fusil. En menor cantidad se produjo también pólvora en La Rioja, Santiago del Estero y Catamarca. San Martín por su parte, tuvo su propio laboratorio de pólvora en Mendoza. También se fundieron piezas de artillería en el Norte (obuses, morteros y culebrinas), por el Barón Eduardo de Holmberg  y a muy bajo costo. De ello dio cuenta Belgrano al Superior Gobierno de las Provincias Unidas, en una comunicación fechada en Jujuy el 23 de julio de 1812. (Vid. Rafael M. Demaría. Historia de las armas de fuego en Argentina, 1536 – 1852. Editorial Cabargón. Buenos Aires, 1972)

3)                 Conforme a un oficio fechado el 27 de diciembre de 1813 firmado por Juan Larrea, Gervasio Posadas, Nicolás Rodríguez Peña y Tomás de Allende. Por su parte Demaría (OC), hace referencia a la producción de armas blancas en Tucumán,  señalando que “La fábrica de Tucumán produjo también armas blancas, espadas y sables, que llamaron la atención de D. Tomás de Iriarte en 1818…” “Al parecer estas armas eran más de la especialidad de Rivera,…” El propio General Iriarte en sus Memorias dice: “en la maestranza se construían buenas hojas de espada de excelente temple; el general (Belgrano) quiso obsequiarme con una que mandó a hacer y montar con esmero, y en ella hizo grabar su nombre; yo conservé este presente hasta el año 20, en que lo perdí cuando fui hecho prisionero en las calles de Buenos Aires.” (Vid. Memorias del Gral. Iriarte. Textos Fundamentales. II Tomos. Selección y prologo de Enrique de Gandía. Tomo I, págs. 187/188. Compañía General Fabril Editora. Buenos Aires, 1962. Dice Bischoff  por su parte  (OC), que “a despecho de los inconvenientes, Rivera hizo por ese tiempo otro adelanto en la Fábrica, y logró hasta fabricar cuatro sables de caballería y cuatro para soldados de infantería. Al remitirlos, el 25 de Noviembre de 1813, hacía saber al Superior Gobierno, que era preciso trasladar la fábrica a Los Lules (pués las aguas de allí eran superiores), al igual que la de fusiles. Se comprometía a  fabricar (en Tucumán) espadas-sables de caballería, a diez pesos cada una y espadas de infantería a seis o siete”.  Muchos de los sables producidos después en Caroya, debieron ser copia del modelo inglés de 1796 para caballería ligera con guarnición de estribo (stirrup hilt), o de su versión prusiana, el más pesado Blüchersäbel de 1811, ambos dotados de una profunda curvatura aunque regular  y conocidos entre nosotros como latones. El primero había sido diseñado por el Brigadier Mayor John Gaspard Le Marchant (1766 – 1812) y producido por la firma Henry Osborn de Birmingham. El segundo recibía su nombre de un destacado líder prusiano, el Mariscal de Campo Gebhard Von Blücher Leberecht, Principe de Wahlstadt (1742 – 1819) y fabricado por las firmas espaderas de Solingen: Schimmelbush & Joest, Weyersberg y Schnitzler & Kirschbaum.

4)                 Sobre la Estancia de Caroya y su historia, puede también consultarse a Carlos Vigil, quién dice en lo referente a la fábrica: “Aumenta la importancia de esta propiedad el hecho de haberse instalado en ella en 1814 la primera fábrica de armas blancas del país, a cargo del maestro mayor de armeros perteneciente al Cuerpo de Maestranza de Artillería, don Manuel Rivera, comenzando a funcionar en junio de 1815.” “Se conservan aún las ruinas de la fragua y algunas piezas de las maquinarias del taller, así como el acueducto y el pozo donde se mezclaba el agua con los ácidos para dar dureza y elasticidad al acero.” Carlos Vigil. Los monumentos y lugares históricos de la Argentina. 2da. Edición. Pág. 147/148. Editorial Atlántida. Buenos Aires, 1959. Ricardo Piccirilli, F. Romay y Leoncio Gianello en su Diccionario Histórico Argentino (V Tomos. Ediciones Históricas Argentinas. Buenos Aires, 1954), también se ocupan de la instalación de Caroya a la que denominan: “Fábrica Patriota de Armas Blancas”.

5)                 Vid Armando J. Frezze. Enciclopedia de Cuchillería Argentina. Segunda edición de 50 ejemplares numerados y firmados. Edición del autor. Salta, 2009

6)                 Pbro. Pedro Grenón, S.J. (1916 – 1963). Sables Históricos. Archivo de Gobierno. Documentos Históricos. Talleres Gráficos de la Penitenciaría. Córdoba, 1933. En la portada de este libro el nombre del autor figura como P. Grenón, pero en el decreto adjunto autorizando su publicación, firmado por Frias y Agulla, figura como Reverendo Padre  Nicolás  Grenón SJ, siendo en realidad Pedro su verdadero nombre de pila.
Bajo el título Fábrica de Espadas en Córdoba (Págs. 23/53), reproduce Grenón importantes documentos oficiales sobre la historia del establecimiento.

7)                 Efraín U. Bischoff (1912 – 2013). La espada de Artigas. Universidad Nacional de Córdoba. Dirección General de Publicaciones. Córdoba, 1966

8)                 No es frecuente encontrar marcas de fábrica en la documentación sobre gran parte del armamento llegado a nuestras costas, durante la Guerra de la Independencia, desde el primer arribo acaecido en marzo de 1812. En general los despachos hacen referencia a fusiles de chispa de primera o  buena calidad con o sin sus bayonetas, sables comunes de caballería, sables finos para oficiales, etc. En una relación de 69 fusiles llevados a reparación pertenecientes al Cuerpo de Granaderos de Infantería encontró Demaría (OC) excepcionalmente, una referencia a una cifra o monograma conteniendo las letras R y D y correspondiente al parecer a la firma R. Davenport de Birmingham (circa 1800). Distinto fue el caso de los provenientes de manufacturas reales o imperiales francesas, tales como Charleville, Versailles, St. Etienne, Tulle y Mutzig. En cuanto a los fusiles con marcas del Arsenal de Springfield (USA), no siempre procedían de dicho arsenal, sino de contratistas privados, pudiendo llevar estampado o no el nombre del verdadero  fabricante. Los procedentes de Inglaterra podían presentar las marcas reales GR (George Rex),  alusivas a Jorge III°, o la palabra Tower en la platina, referente a la inspección a que eran sometidas las llaves de chispa en la Torre de Londres. En tiempos pretéritos las mejores espadas fueron consideradas objetos valiosos, cuyos precios podían ser  equivalentes a 120 bueyes o 15 esclavos y los forjadores identificaron las hojas con sus nombres y punzones para garantizar su calidad. Así lo acredita (a modo de ejemplo), el  prestigio del que gozaron entre los vikingos las espadas Ulfberth e Ingelrií entre los siglos IX y X de nuestra era; la nómina de 222 antiguos espaderos españoles publicada por el Barón de la Vega de la Hoz en 1898; las más de 200 marcas y monogramas de armeros y espaderos europeos mencionados por Auguste Demmin en su afamada Guide des Amateurs D’Armes et Armures Anciennes,  publicada por la Libbrarie de Ve. Jules Renouard de París en 1869; o por fin, la obra de John Walter: The sword and bayonet makers of the Imperial Germany 1871 – 1918, editada por The Lyon Press de Brighton - Sussex en 1973. Muchas armas blancas sin embargo carecieron de marca, firma o punzón de  fabricante, en razón  de urgencia y/o ausencia de interés comercial en una producción estadual, o por no haberse alcanzado en esa artesanía una alta cota en la calidad de sus productos. Así  también buenas espadas alemanas ostentaron falsas marcas de Toledo, debido al   prestigio alcanzado por las  labradas en esa ciudad. En la década de 1980 llegaron a nuestro país cuchillos - bayoneta de origen alemán producidos por Weyersberg (Solingen), de los modelos US M 7 (M 16) y KCB 70 M 1; desarrollado este último por Eickhorn (Solingen), a solicitud de NWM de Holanda para el fusil Stoner M 63 A 1. Pero también ingresaron sin marca visible, o provistos de una estampilla engomada facilmente removible.

9)                 Así también lo acredita el vasto “Inventario General” de enseres existente en los almacenes de Caroya, provistos por cuenta del Gobierno de Buenos Aires. Destacamos a modo de ejemplo: hierro de Vizcaya, acero de Milán, hierro vergajón de 1” y ½”, clavos, tachuelas, estaño, escofinas tablas de 9” y 12”, escofinas de media caña de 9” y 12”, limas de 4”, limas de 14”, limas triangulares, martillos de banco, tenazas, mazas de quebracho colorado, barretas, fuelles de fragua con tobera, martillos de banco, simbol, tornos de banco de 355 y 1/2 libras de peso, alambre amarillo para puños, alambre de fierro, barrenas chicas, grandes y pasaderas, tornillos de mano, fierros de corte, grapa de fierro, alicates chatos y de punta, esmeriles, chapas de latón, sierras de trozar, argollas de metal amarillo, bigornias de fragua y banco, torno de banco, herramientas de corte, piedras de amolar, escuadra y compases, crisoles blancos, bruñidores, máquina de brazos para lustrar, etc..
No incluye sin embargo “aceite dulce para aplanar sables,” curioso ítem solicitado por la Fábrica de Tucumán, y que no pudo satisfacer Domingo Matheu desde Buenos Aires en 1813.


*) Nota: Arribado nuestro estudio a este punto, confiamos en que una visita al Repositorio de Montevideo, nos permitirá en el futuro, ratificar o rectificar en su caso, nuestras conclusiones sobre las dimensiones de la  espada de Artigas, a las que asignamos por ello el carácter de provisorias.



Glosario:

Bigotera: Vid “Arma blanca: el recazo, orígenes y nomenclatura” en este Blog.

Biricú o Viricú: (biricúes): Cinturón de cuero provisto de un porta sable  con  uno o dos tiros.

Curvatura regular o simple: Es decir equilibrada en sus extremos y por oposición a la irregular o doble, que se acentúa en las proximidades de la punta y requiere de una vaina parcialmente ranurada junto al brocal.

Espada sable: Espada de hoja recta, filo completo corrido al exterior y lomo corrido al interior, con empuñadura y guarnición de sable. Fue llamada espada sable en España.

Espada de Infantería: Creemos que la expresión, tomada literalmente de un documento de época (“las de infantería…”), hace referencia al sable de infantería o hanger. Este consistía en un sable corto y corvo, con  filo corrido al exterior y  empuñadura con guarnición de bronce. Conocido entre los franceses como briquet (encendedor), por su similitud con un instrumento de época para encender las chimeneas, el término fue adoptado entre nosotros como birique. Su uso por la infantería en países de Europa, corresponde aproximadamente al período 1790 - 1833, siendo reemplazado por una espada corta y recta, de doble filo y vaciada a dos mesas, así como por el sable y la espada bayoneta. (Vid. Robert Wilkinson – Latham. Swords in color. Including other edged weapons. Arco Publishing Company Inc.. New York, 1978)

Junquillo: Ranura helicoidal cavada en la empuñadura, donde puede asegurarse el torzal.

Latones: (De “lata” y no del metal conocido como “latón” consistente en una aleación de cobre y zinc). Nombre que  se  dió al sable de nuestros granaderos por los soldados españoles, debido al ruido que producían al envainar y desenvainar. Dice al respecto la malograda historiadora Patricia Pascuali: “estaba destinado (el sable), a ejercer gran efecto sobre los realistas desde el mismo momento en que era desenfundado de su vaina metálica provocando ex profeso el chirrido helado del acero que amedrentaba al enemigo. Escasos en un comienzo, hasta que empezaron a ser surtidos por la fábrica de armas localizada en Caroya,… No se les oiría ya decir a los americanos: “Vengan con su sable de latón, que aquí están los vencedores de Bailen.” Los ahora temidos corvos habían cortado de cuajo su despectiva soberbia.” (Vid Patricia Pascuali. Juan Lavalle. Un guerrero en tiempos de revolución y dictadura. Págs. 28 y 46. Planeta. Buenos Aires, 1997). Los primeros de estos sables habrían llegado en la fragata Seaton  y  San Martín  ordenó al Maestro Mayor de Barberos D. José Antonio Sosa, antes del cruce de la cordillera, afilar los que estaban en servicio en el Ejército de los Andes.

Majadores: forjadores. (De majar: machacar y de majo: mazo de hierro)

Orejas u orejetas: Prolongaciones de la monterilla remachadas al mango y en ocasiones también a la espiga.

Stirrup Hilt: Guarnición de estribo. Llamada así por su semejanza con un modelo de estribos utilizado entre fines del siglo XVIII y principios del XIX.

Torzal: Hilo trenzado de hierro, bronce, cobre o metales finos como el oro o la plata, que envuelve el puño de la espada o sable, optimizando su adherencia a la mano  o “grip.” Se  llama “alambrado” cuando es simple o no trenzado.


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Publicado por José Luis Mignelli

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Armas de fuego durante el periodo Virreinal en el Rio de la Plata y su posterior evolucion.
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