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 Manuel Jose Garcia "Constructor de la Flota de Mar"

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MensajeTema: Manuel Jose Garcia "Constructor de la Flota de Mar"   Dom 14 Ago 2016 - 22:42

Contraalmirante Manuel José García: Constructor de La Flota de Mar




Nació en Buenos Aires el, 17 de febrero de 1859.
Fue hijo de Manuel Rafael García Aguirre, destacado diplomático argentino (encargado de los primeros programas de construcciones navales en Europa en la segunda mitad del Siglo XIX) y Eduarda Mansilla, pionera de la literatura femenina argentina.
Nieto paterno de Manuel José García, primer Ministro de Hacienda de la Argentina y de Manuela Aguirre, fundadora de la Sociedad de Beneficencia de la Ciudad de Buenos Aires.
Nieto materno del general Lucio Norberto Mansilla, guerrero de la Independencia Argentina y de Agustina Ortiz de Rozas, hermana menor de Juan Manuel de Rosas.

En 1863, como consecuencia de la decisión del Presidente Bartolomé Mitre de crear el Servicio Exterior, se designa a su padre como secretario de la Legación Argentina en Francia (dirigida por Mariano Balcarce).6 Por tal motivo la familia viajó a Francia, país en donde completó sus estudios primarios y secundarios en los colegios de Amiens (Región de la Picardie) y París.
Años después, cuando el Congreso argentino sancionó la primera ley de adquisición de armamentos navales autorizando la compra de "tres buques de guerra encorazados (asise le llamaba en la lengua coloquial argentina de laépoca), del sistema mas adelantado y más adecuado al servicio en las aguas de la República", el Presidente Domingo Faustino Sarmiento dispuso el traslado urgente de su padre Manuel Rafael García Aguirre en comisión a Londres para suscribir los contratos pertinentes y supervisar la construcción de los primeros buques de la Armada Argentina. Es precisamente allí, como asistente de su padre durante la construcción de nuestra primera escuadra, donde nace su vocación naval.

Dado que no había suficientes oficiales de marina para comandar los buques recientemente adquiridos y que no existía una escuela naval nacional, se decidió enviar algunos postulantes a reconocidas academias extranjeras para su formación. García Mansilla fue enviado a la Escuela Naval Francesa ubicada en Brest, Bretaña.

Ingresó a la Armada francesa como Guardiamarina el 10 de enero de 1875, con tan solo 16 años.
En la Escuela Naval de Brest cursó sus primeros estudios de naútica, los cuales se prolongaron hasta el año 1877, constando en su legajo:


"Excelente conducta - Carácter enérgico - Es un alumno que amerita elogios por su trabajo - Es uno de los mejores de su promoción".


En ese mismo año se embarcó en la fragata de guerra "Flore" en un viaje que duró hasta entrado el año 1878, navegando el Océano Atlántico, mar de las Antillas, costa de África y mar Mediterráneo. Durante dicho período -que abarcó un viaje de más de 12.500 millas- obtuvo el segundo puesto en la nómina de promociones pese a tener las mejores calificaciones, debido a su condición de extranjero. Al finalizar el viaje fue felicitado por el Almirante Pothan, quien el 17 de abril de ese año informaba al Ministro de Marina de aquel país cuánto lamentaba que García Mansilla fuera extranjero pues "hubiera hecho honor a nuestra marina."


El 9 de agosto de 1878, el gobierno francés informa al gobierno argentino que García-Mansilla se encontraba desde aquel momento a su disposición, ante lo cual el joven marino de 19 años solicitó una licencia de 2 años más para continuar sus estudios prácticos en la Marina de Guerra Francesa. Dicha petición fue aceptada por el Ministro de Marina Julio Argentino Roca el 4 de octubre de 1878, confiriéndole en el mismo despacho el grado de Subteniente de la Armada Argentina.
Posteriormente se embarcó en la fragata blindada La Victorieuse con el grado de enseigne,9 zarpando del puerto de Toulon el 18 de noviembre de 1878 para realizar la campaña de observación de la Guerra del Pacífico y circundar los Océanos Índico y Pacífico, a las órdenes del Almirante Abel-Nicolas du Petit Thouars.

Durante este viaje con "La Victorieuse", mientras navegaban durante la noche por el Mar Rojo, un marinero cayó al agua mientras se realizaban algunos cambios en la disposición del velamen. Consciente del peligro - eran aguas con gran presencia de tiburones -comenzó a gritar con desesperación pidiendo auxilio.
García Mansilla, que se hallaba en cubierta fue el primero en oírlo, y al grito de ¡Hombre al agua! se lanzó al mar sin vacilar ayudando a su compañero a mantenerse a flote10 hasta el arribo de la lancha de rescate. De regreso a bordo fue recibido con palabras de aliento y gritos de alegría por sus compañeros de tripulación.
El Almirante du Petit-Thouars lo felicitó y le comunicó que, no obstante, quedaba bajo arresto hasta nueva orden por haber abandonado su puesto de guardia (falta severamente castigada por el código naval francés).
Al día siguiente, escribió una carta a su madre Eduarda Mansilla relatándole lo acontecido la noche anterior y lamentándose por su reloj pues se había arruinado con el agua salada, pero le expresa que ello está compensado por haber salvado una vida y obtener la estima de sus camaradas franceses.


Días después, un domingo por la mañana, el Almirante du Petit-Thouars, mandó formar en cubierta a toda la tripulación del navío y ordenó a García Mansilla dar dos pasos al frente y comenzó a dar lectura a la resolución del Presidente de la República Francesa del 26 de diciembre de 1878 por la cual se le confería la Ordre National de la Légion d'Honneur en el grado de Chevalier11 por su acto de arrojo y valor al salvar la vida de un marino francés.

Para finalizar, el Almirante procedió a prender la insignia en el pecho del joven enseigne y la Banda del buque comenzó a ejecutar los acordes del Himno Nacional Argentino (el cual habían practicado en secreto para agasajar al oficial argentino).

En recuerdo de ese acto de arrojo, desde 1946 - año en que se instituyó el premio - sus descendientes entregan este galardón denominado "Almirante Manuel José García-Mansilla", que consiste en un reloj naval "símbolo de ese reloj perdido" al abanderado de la Escuela Naval Militar en reconocimiento a la excelencia académica, a la aptitud militar y a los valores éticos y morales que debe reunir todo oficial de la Armada

En la Armada Argentina

La foja de servicios de García-Mansilla con la Armada Argentina se extendió por más de 30 años desde su nombramiento como Subteniente por Julio A. Roca en 1878, hasta su muerte en 1910 siendo Director de la Escuela Naval Militar.
A lo largo de esos años participó de importantes sucesos como el Combate Naval del Espinillo en 1893 o las grandes maniobras navales de 1895, 1902 y 1909.
También desempeñó diversos cargos, desde Jefe de la Estación Central de Torpedos a Director de la Dirección General de Torpedos, Jefe del Estado Mayor de la Marina, Comandante de la Flota de Mar y Director de la Escuela Naval.

En 1880 pasa a integrar la Comisión Naval que firmó el 7 de febrero el contrato por el cual se convenía la construcción del ariete torpedero "ARA Maipú" con la firma John Elder & Co, de Glasgow, Escocia.
Luego de su botadura en agosto de 1880, García Mansilla se incorpora a su plana mayor. El "Maipú" (1.063 toneladas y 15 nudos de velocidad) partió hacia el puerto Austro-húngaro de Fiume (actual Rijeka), en la costa del Mar Adriático.
En esa ciudad se adquirieron 40 torpedos Whitehead modelo 1880 gracias al contrato14 celebrado por su padre, Manuel Rafael García Aguirre y el Ingeniero inglés Robert Whitehead (titular de la firma Whitehead & Co. y gerente del Stabilimento Técnico Fiumano), en virtud del cual también se le instaló al Maipú el sistema de lanzamiento.15
Durante los meses de Junio y Julio de 1881 tanto García Mansilla, como el Coronel de Marina Ceferino Ramírez16 y el ingeniero británico Ruben Warren, fueron instruidos en lo que el propio Whitehead llamó "el secreto".


El famoso "secreto" era la razón de ser de que el torpedo se mantuviese sumergido a una profundidad determinada y consistía en un dispositivo que se ubicaba en un compartimiento por detrás del depósito de aire comprimido y por delante del motor alternativo que permitía al torpedo mentener la profundidad durante todo su recorrido.17
Era un "secreto" ya que Whitehead jamás lo patentó por miedo a que sus planos cayeran en manos de alguna potencia extranjera capaz de producir sus propias imitaciones por lo que, sólo tras el desembolso por parte de su gobierno de una cuantiosa suma y de su compromiso de honor de no divulgarlo, explicó a García-Mansilla y Ramírez el funcionamiento de este dispositivo.


Del 21 de julio al 2 de agosto de ese año, se realizaron diversas pruebas con la nueva arma a bordo del "Maipú" en presencia de representantes de las marinas de Inglaterra, Austria, Francia, Dinamarca, Italia, Rusia y Grecia (lo cual denota la gran importancia del, entonces nuevo, sistema de armas).


El Maipú llegó al país en febrero de ese año, juntamente con las torpederas tipo Alerta recientemente adquiridas.
Ese mismo año, efectuó junto al ingeniero Hunter Davidson18 el relevamiento hidrográfico del puerto interior de Bahía Blanca a fin de determinar su viabilidad para levantar allí un puerto militar.19 Finalizada la tarea, fue destinado nuevamente al Maipú como ingeniero torpedista.

Creada en 1881, funcionó en las instalaciones construidas a tal efecto en las inmediaciones del río Luján en 1883,20 con el ARA Maipú como buque insignia, escuela y madre de torpederas.

García-Mansilla se desempeñó como Subdirector entre los años 1881 y 1885, pasando a ejercer la Dirección en octubre de 1886, gracias a la gran reputación que había adquirido en el uso del arma y en el empleo de las torpederas.
De su iniciativa surgieron modificaciones en el lanzamiento de los torpedos Whitehead, en su mira y en su tamaño. Le preocupó también la aplicación de la electricidad en el uso los mismos.
Es durante este período que, junto al Teniente de Fragata Guillermo Nunes, realiza experimentos con el objeto de reemplazar los complejos sistemas de lanzamiento con aire comprimido21 de los torpedos Whitehead por el más sencillo y eficaz sistema basado en los gases producidos por la inflamación de la pólvora.
Los experimentos alcanzaron notable éxito empleando cargas de pólvora para el lanzamiento de los torpedos de proa, las cuales se colocaban en un pequeño recipiente roforzado en la tapa de cierre de los tubos lanzatorpedos mientras que para producir la inflamación de la pólvora se utilizó una espoleta de fricción.

Por decreto presidencial del 28 de abril de 1891, se creó la Dirección General de Torpedos y Defensas Fijas, designándose a García-Mansilla como su Director. El organismo tenía jurisdicción sobre todas las cuestiones técnicas, administrativas y operativas vinculadas al arma de torpedos, incluyendo la elaboración de un Plan de Defensa del Litoral Marítimo y Fluvial.


El 27 de marzo de 1893, elevó al Gobierno su Plan Orgánico para la Defensa del Estuario del río de la Plata,30 el cual contemplaba la utilización de dos flotillas conformadas por dos grupos de torpederas (cada uno por cuatro torpederas de 1.ª clase) las cuales se relevarían mutuamente, o bien actuarían en forma simultánea


"...pues solamente así sería posible tener siempre al enemigo en continua alarma"


Director de la Dirección General de Torpedos y Defensas Fijas en 1891.
Una de las dos flotillas de 1.ª clase se encontraría aferrada por sus necesidades logísticas al puerto de La Plata, mientras que la otra constituiría la segunda línea de defensa.
Las torpederas de 2.ª clase, más pequeñas, se escalonarían entre Buenos Aires y el Banco Chico para formar la tercer línea de defensa


"...de tal suerte que una escuadra enemiga tendría que flanquear impunemente, sin contar nuestra escuadra de línea, un sistema de defensa compuesto de tres líneas de torpederas antes de llegar a Buenos Aires"


También señalaba la "trampa" en que caería una escuadra enemiga en el supuesto de adentrarse en el interior del estuario, al señalar


"Muy crítica le sería en efecto la situación de un Jefe de escuadra que intentase penetrar con su naves en un paraje tan favorable para el ataque de nuestras torpederas [...] su escuadra, obligada a navegar forzosamente por los canales, no podrá evitar que le corten la retirada y si llega a caer la noche antes de que pueda sacarla afuera, se verá obligada a afrontar un desastre casi seguro. Cuán fácil, en cambio, será el papel de un comandante audaz y resuelto que comande nuestra flotilla, la cual dotada de gran velocidad y capaz de navegar por encima de todos los bancos, podrá elegir la hora y paraje más conveniente para efectuar un ataque."


Juntamente con su "Plan Estratégico Operacional para la Defensa del Río de la Plata", García-Mansilla escribió sus "Instrucciones para los comandantes de torpederas", en las cuales explica las forma de aplicar las tácticas de defensa del estuario.


En ellas recomendaba que la torpedera:


"...se aproximara (al enemigo) a una marcha regular, no pasando de 3/4 de fuerza hasta el momento de ser apercibida ó que empiece a recibir fuego del enemigo. Forzará entonces la marcha hasta llegar a 600 metros del blanco, como máximo, disparando entonces el torpedo de proa. Se recomienda muy encarecidamente a los comandantes de torpederas, a pesar de estar bajo fuego, acercarse lo más posible al enemigo, siendo unos 200 metros la distancia más favorable al tiro. Se pondrá entonces el timón a una banda ya sea babor o estribor y se hará fuego con los dos torpedos del través en rápida sucesión o aún mejor simultáneamente. Disparados los dos torpedos, las lanchas se replegarán a la capitana para recibir nuevos torpedos o irán al apostadero. Los ataques deberán efectuarse sobre un mismo buque, por grupos de por lo menos tres lanchas, siendo la fila o la demarcación por aleta, la formación más sencilla"

El Plan Estrátegico Operacional, remarcaba la importancia de la inteligencia previa al ataque a fin de ubicar la localización de los blancos y obtener la composición de la fuerza enemiga (apuntando a no desperdiciar los costosos torpedos Whitehead en blancos no rentables y a economizar el uso de carbón).

Fue tal la labor de García-Mansilla al frente de la Dirección General de Torpedos y Defensas Fijas, que el Ministerio de Guerra y Marina expresó en su memoria anual que aquella repartición naval había alcanzado "un grado de organización tan satisfactorio en la defensa nacional que la convertía sin duda alguna en la primera institución de ese género en Sudamérica".

En 1895 el entonces presidente José Evaristo Uriburu convoca a García-Mansilla para ejercer la jefatura del Estado Mayor General de la Marina38 (siendo aún Capitán Fragata) en reemplazo del contraalmirante Daniel de Solier (veterano de la Guerra del Paraguay).

José Evaristo Uriburu (1831-1914), sucedió en la presidencia a Luis Saenz Peña. En su último año a cargo de la primera magistratura nombró a García-Mansilla Jefe del Estado Mayor de la Armada.
Para el año 1895, las tensiones limítrofes con Chile se encontraban en un nivel creciente y los riesgos de un conflicto cierto eran cada vez más plausibles.
Ante esta circunstancia, el nuevo Jefe del Estado Mayor puso manos a la obra y, a pesar de su corta edad, produjo una verdadera revolución en el arma naval de nuestro país a fin de prepararla lo mejor posible para el eventual conflicto.
Dice Jorge Rafael Bóveda, que


"...durante este período la Marina de Guerra alcanzó niveles de adiestramiento no vistos hasta ese momento."


Por orden general Nº 169/95 mandó crear la ”Escuadra de Instrucciòn”, compuesta por el crucero torpedero Patria, los cruceros 9 de Julio y 25 de Mayo y el acorazado Almirante Brown.
El Contraalmirante José Moneta deja un interesante testimonio sobre esta labor:


”Este grupo de buques, a cargo de capacitados jefes, marca una época de transición en nuestra marina; se abandonó entonces la vieja rutina de deslumbrar por el brillo de los bronces para dedicarse por completo al empleo eficaz de todas las armas de a bordo. Se trabajaba infatigablemente en toda clase de ejercicios e instrucción personal. García-Mansilla, en su carácter de Jefe de Estado Mayor, aceptaba y estimulaba toda clase de iniciativa de parte de los comandantes u oficiales, siempre que reportaran algún progreso o beneficio para la eficacia de los buques.”

Durante su gestión al mando de la Escuadra Nacional, se supervisó y culminó la construcción de los buques mandados a construir por el anterior Ministro de Guerra y Marina Don Eudoro Balsa como el destructor Santa Fe y el crucero Buenos Aires. Durante los ejercicios navales de ese año, comandó como Buque insignia del Jefe del Estado Mayor General al acorazado ARA Independencia en las grandes ejercitaciones navales de ese año.


Su obra no se limitó a la supervisión de los ejercicios navales ni a la adquisición de nuevas unidades, también se encargó de reorganizar a fondo la faz administrativa de la fuerza Naval creando la escuela de Cabos de Cañón y las direcciones técnicas de Artillería, Torpedos, Máquinas, Electricidad, Hidrografía, Personal, Faros, Fiscalía, etc.


El 22 de mayo de 1896 se aprobó un proyecto de su autoría que reglamentaba el uso de los uniformes de los Jefes y Oficiales de la Marina, quienes hasta entonces vestían el de la Marina Extranjera en la que habían servido. Hizo aplicar esta resolución rigurosamente, empezando por sí mismo (ya que hasta ese entonces utilizaba el uniforme naval francés).


Estableció las condiciones de ingreso y ascenso del personal subalterno y reglamentó sus insignias, también reglamentó el servicio médico de a bordo y el uso de la espada. Unificó el hasta entonces “desorganizado” servicio de señales, aplicó nuevos métodos de navegación y maniobra en conjunto, confeccionó el manual del torpedista minero, el del alumno artillero y del foguista.
También organizó la Oficina Hidrográfica, reglamentó la Inspección de Instalaciones Eléctricas y creó la Intendencia de Marina.

Consciente de la posibilidad de un eventual conflicto con el país transandino, dio instrucciones secretas para el establecimiento de puertos de refugio, estaciones de carboneo (para reaprovisionar combustible en caso de operaciones de larga duración) y apostaderos (entre otras medidas).

Poco antes de renunciar al cargo, publicó un libro titulado "Estudio sobre evoluciones navales y táctica de combate" el cual dedicó el presidente Uriburu por haberlo convocado a desempeñar


"el honroso cargo de Jefe de Estado Mayor General de Marina"


El 21 de mayo de 1897 fue designado por el Gobierno como Jefe de la Comisión Naval inspectora del crucero acorazado "Gral. San Martín" en reemplazo del comodoro Martín Rivadavia,43 hasta entonces inspector jefe.44
Considerando asentadas las nuevas bases para la dirección del arma naval, renunció a la jefatura del Estado Mayor General y se embarcó Italia ese mismo año.
Al arribar a la ciudad de Livorno, comenzó con la supervisión de los últimos tramos de la construcción del buque en el astillero Fratelli Orlando de esa ciudad.


Finalizado el alistamiento, se realizaron las pruebas de mar y artillería en la localidad de La Spezia.

El 15 de febrero de 1898 se dispuso su regreso al país comandando dicho buque, ocasión en la que el rey Humberto le confirió el grado de Commendatore de la Ordine al Merito della Repubblica Italiana.
Finalmente, el 25 de abril se afirma el pabellón argentino en el buque y zarpa de regreso a la Argentina, incorporándose a la escuadra el 13 de junio de ese año.
Más tarde ese mismo año, vuelve a Livorno a fin de recibir el gemelo del San Martín, el ARA Gral. Belgrano. Una vez completado y artillado el buque, se realizan las pruebas de máquinas y tiro de artillería pertinentes bajo el control del personal del propio astillero y de la Comisión Inspectora Argentina, dirigida por García Mansilla.
Terminado su alistamiento, comanda el buque de regreso al país zarpando el 8 de octubre y arribando el 6 de noviembre donde es incorporado a la recién creada División Bahía Blanca, con fondeadero en el nuevo Puerto Militar.
Inmediatamente, García-Mansilla es puesto al frente de esta división la cual se encontraba compuesta del crucero Buenos Aires y de los cruceros acorazados clase Giuseppe Garibaldi Belgrano, Pueyrredón, San Martín y Garibaldi.

Los planes navales para la hipotética guerra con Chile


Hacia fines del Siglo XIX, las tensiones con Chile se encontraban en su punto mas álgido.
La escalada armamentista entre los dos países se potenciaba año a año, amenazando con materializar un conflicto que parecía cada vez más inminente.

Ante este escenario, García-Mansilla redacta un informe titulado “Breve Estudio sobre las Operaciones Navales en caso de Guerra con Chile”, en el cual delineaba a grandes rasgos los pasos a seguir en caso de que estallaran las hostilidades.
En dicho informe, no preveía en lo inmediato un ataque directo al corazón del Río de la Plata ya que consideraba que la Armada Chilena debería comprometer el grueso de sus fuerzas en resguardar sus propias costas.
Teniendo en cuenta esta gran ventaja táctica, consideraba que la Argentina de las costas de Bahía Blanca hacia el sur sería


"invulnerable a la acción de una escuadra enemiga por la sencilla razón de que no existen en ella (la costa Argentina) poblaciones de importancia sobre el mar, y que las únicas riquezas que podrían destruirse (…) están desparramadas sobre grandes extensiones de territorio. (…) No habiendo nada valioso que resguardar sobre las costas (argentinas) el problema de la defensa queda resuelto de por sí y nos proporciona la enorme ventaja de poder disponer de todas nuestras fuerzas navales para fines puramente ofensivos –haciendo que a igualdad numérica, nuestra escuadra siempre resultará superior a la enemiga, por el hecho de que podemos disponer todos nuestros buques para el ataque. En cambio la costa de Chile posee desde Valdivia hacia el extremo norte un gran número de poblaciones (…) que adolecen todas del grave inconveniente de estar situadas sobre la misma costa, y por lo tanto, expuestas a ser hostilizadas, bombardeadas o sometidas a acciones de guerra por el solo hecho de presentarse, por pocas horas, delante de ellos un solo crucero enemigo."

Conforme el plan de García-Mansilla, este centro de aprovisionamiento debía ser capturado rápidamente para privar al enemigo de recursos.
En virtud de estas reflexiones no esperaba que la escuadra chilena, de tomar medidas ofensivas, lograra pasar más allá de Santa Cruz ya que de pretender aventurarse a Bahía Blanca se alejaría demasiado de sus centro de aprovisionamiento (Talcahuano, Puerto Montt y Punta Arenas) y sería interceptada fácilmente por la nuestra.
Otro de los puntos centrales del plan consistía en la rápida captura de Punta Arenas47 mediante el empleo de una división ligera de no menos de 3 buques con el objeto de tomar


"rápida posesión de la población e inutilizarla como centro de recursos para el enemigo"

Con esta acción se inutilizaría uno de los centros más australes de carboneo del enemigo, transformándolo a su vez en uno de avanzada propio.
A pesar de que la red de carboneo de la armada nacional se había extendido considerablemente gracias a las instrucciones secretas que impartió cuando ejercía la jefatura del Estado Mayor, recomendaba que la base de operaciones de la escuadra se mantuviera sobre el Océano Atlántico y a una distancia prudencial del Estrecho de Magallanes.


Como todo buen hombre de armas, si bien creía poco probable el accionar ofensivo de la escuadra trasandina previó que para impedir el desplazamiento de gran parte de sus fuerzas al Atlántico se enviase uno de nuestros buques en misión independiente al Océano Pacífico.

En virtud del plan de García-Mansilla, sería el encargado de hostigar la costa chilena en caso de conflicto con ese país.
Para ello disponía:


"el crucero más rápido (en ese entonces el Buenos Aires), escoltado por el Pampa (buque de transporte) debería pasar al Pacífico haciendo una derrota que lo alejara por lo menos a 300 millas nauticas de la costa y hacerse ver a la altura de Iquique en la región salitrera. Ello tendrá por objeto obligar a la escuadra de Chile a mantener parte de sus fuerzas en el Pacífico, so pena de dejar indefensa la región más rica de su litoral. Este crucero operará discrecionalmente teniendo muy en cuenta su aprovisionamiento de combustible que deberá reponer en algún puerto del Perú, o en las islas, buscando caletas o puntos convenientes donde se habrá mandado vapores carboneros fletados de algún puerto de California. Estas pequeñas operaciones preliminares serían de incalculable efecto moral y las reputo de la mayor importancia."

Ante el supuesto de un enfrentamiento cara a cara con la escuadra chilena, observaba:


"...no debemos librar el combate dentro del estrecho (de Magallanes), porque nos es superior en embarcaciones torpederas tipo destroyer y torpederas de mar la escuadra enemiga y no nos conviene exponer nuestras grandes unidades a los efectos de un tiro feliz de cualquier torpedero enemigo (…) Además, para desarrollar toda su potencialidad militar nuestra escuadra necesita poder disponer de un espacio libre de mar, para maniobrar y evolucionar con soltura, maniobras que nos resultarían provechosas por nuestra mayor práctica, uniformidad y cohesión en las escuadras. Bajo ningún pretexto debemos sacrificar ésta característica de nuestra escuadra adquirida a coste de grandes sacrificios y numerosos ejercicios de evolución."

Como se puede apreciar, la Argentina se encontraba muy preparada para afrontar un eventual conflicto con el país vecino.

Con respecto a este plan, afirma Jorge Rafael Bóveda:


"Todo indica que en caso de una guerra con Chile era el candidato más firme (García Mansilla) a comandar la escuadra de mar argentina, no sólo por su prestigio como oficial naval, sino también por sus expertos conocimientos en táctica. Su trabajo intitulado: Breve Estudio sobre las Operaciones Navales en caso de Guerra con Chile, apuntala esta hipótesis."


Para el año 1902, la llamada “paz armada” había alcanzado un grado de tirantez tal que se decidió realizar maniobras con toda la escuadra con el objeto de mejorar su funcionamiento general, pero principalmente con la idea de disuadir al vecino país mediante la demostración del poderío naval argentino.

Composición de la Escuadra


Los buques que participaron en las maniobras se dividieron en dos grandes grupos, los de mar y los de río. García-Mansilla, quien en ese entonces se desempeñaba como Director de la Escuela Naval Militar, dejó el cargo al ser designado para comandar la 2.ª. División de Mar en las maniobras.

La escuadra de mar, se subdividió a su vez en tres divisiones; la 1º, con apostadero en Puerto Belgrano, estaba compuesta por los cruceros acorazados “San Martín”, “Pueyrredón”, “Belgrano” y “Garibaldi” y era comandada por el Comodoro Artilio Barilari.
La 2º, con apostadero en Mar del Plata, estaba compuesta por los cruceros “Buenos Aires”, “9 de Julio”, “25 de Mayo” y “Patria”53 y era comandada por García-Mansilla.54
Por último, la 3º con apostadero en Buenos Aires y comandada por el Teniente de Navío José Moneta, estaba compuesta por los acorazados "Almirante Brown”, "Libertad”, "Independencia" y el crucero "Patagonia".

La escuadra de “Defensa General del Río de la Plata”, se conformaba por cuatro divisiones apostadas en Río Santiago: la 1º estaba conformada por lo Monitores “El Plata” y “Los Andes”, la Corbeta "Uruguay", los Avisos "Vigilante" y "Resguardo" y la Fragata "Presidente Sarmiento" como auxiliar y era comandada por el Capitán Feilberg.
La 2º, comandada por el Capitán de Fragata Adolfo Díaz se encontraba conformada por la torpedera de alta mar "Espora"; las torpederas tipo "destroyer" Santa Fe (hundida en 1897), "Entre Ríos", "Misiones" y "Corrientes"; las torpederas de primera clase Thornycroft "Comodoro Murature” y "Comodoro Py" y el transporte “25 de Mayo”.
La 3º, comandada por el Teniente de Navío José Moneta, se conformaba con las torpederas de primera clase Yarrow "Bouchard”, "Pinedo”, "Jorge”, "King”, "Bathurst" y "Thorne" más el Transporte "Ushuaia".
Cerrando la fuerza de río, la 4º división, comandada por el Teniente de Navío Leopoldo Gard, se componía de las torpederas de segunda clase o de río "Alerta”, "Ferré”, "Enrique Py" y las Torpederas Tipo Nro. 50 de segunda clase números 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10.

Por último, una división de “Defensa fija submarina”, comandada por el Teniente de Fragata Nicolás Bárbara y formada por el Transporte "República", el Minador "Fulton" y las torpederas de segunda clase Nros. 1 y 2, más algunas unidades menores y cables eléctricos cerraban la escuadra que conformaría las maniobras navales más grandes que hubiera visto el país.

Las maniobras[editar]

Una vez alistada la escuadra y finalizados los preparativos, el 1 de febrero se comienza con el fondeo de minas eléctricas entre Punta Atalaya y Banco Chico. Las maniobras se desarrollaron en varias etapas, distinguiéndose dos grades de "Bloqueo del Río de la Plata" y otra de ejercicios en alta mar.
La crucial importancia que revestían se puede constatar en el "Plan General para el bloqueo del Río de la Plata y entrada a viva fuerza" escrito por García-Mansilla, en donde afirma:


"Estas operaciones son las más importantes de todas las que tendremos que realizar, pues ellas tienen por propósito asegurar los medios eficaces para franquear el único obstáculo que encontraría una fuerza naval (chilena), de la importancia de la nuestra, para llegar a Buenos Aires."56

En la primera etapa, se preparó un ataque simulado por una escuadra "enemiga" con el objeto de tomar el Arsenal de río Santiago y bombardear Buenos Aires.
Al mando de la flota "atacante", García-Mansilla procede a intentar el bloqueo del Río de la Plata, simulando ser fuerzas enemigas.
Estos ejercicios se prolongan entre el 5 y el 19 de ese mes, dando los árbitros como triunfantes a las fuerzas bloqueadoras luego de ser “atacadas” por las de “Defensa General”.


Con respecto al desarrollo de esta primera etapa, García-Mansilla escribe en su "Parte de la Escuadra de Bloqueo" que:


"(...)en todos los casos he conseguido realizar sin torpiezo, el plan que me había trazado de antemano, no encontrando por parte de la defensa ningún obstáculo a la realización de mis miras. Apoderarme de Punta Indio y cerrar los angostos pasos que existen en ese paraje de nuestro gran río fue mi primer desideratum y lo obtuve, consiguiendo llegar en buena hora a ese punto y fondear (simuladamente) por medio del "Patria" dos líneas de minas mecánicas de 30 kilos, carga más que suficiente para lo que tenía en vista, es decir, cerrar por completo el paso, averiar seriamente a las torpederas enemigas y buques mercantes que no atendiendo a mi notificación pretendieran entrar o salir de noche por estos angostos canales."57

Sin perjuicio de ello, destaca:


"(...) es mi deber reconocer, que descartando el empleo demasiado frecuente que hicieron de las luces de navegación y proyectores, y tomando en cuenta los inconvenientes que sufrían las torpederas por la claridad de la luna y el carbón poco apropiado que empleaban, los jóvenes jefes y oficiales de defensa se han desempeñado con destreza, aplomo e infatigable actividad."58

De hecho, durante esta primera etapa se dio un osado ataque de la torpedera "Bouchard" al crucero "Patria" que, si bien no generó la "pérdida" del crucero,59 motivó al comandante de la flota bloqueadora a plasmar en su informe:


"Debo señalar sin embargo, que el comandante de la torpedera (Moneta) trajo un ataque muy hábilmente llevado al "Patria", razón por la cual lo llamé a mi bordo (el "Buenos Aires") y lo felicité."60

En una segunda etapa, se lleva a cabo un ejercicio de simulación de escolta, defensa y ataque de un convoy.
Dicho convoy es compuesto por los transportes "Chaco", "Pampa”, "Guardia Nacional" y "1° de Mayo" los cuales llevan tropas de desembarco a bordo que se dirigen hacia Buenos Aires. El convoy va protegido por los Acorazados "Almirante Brown", "Libertad" e "Independencia" y escoltados por el crucero "Patagonia" y las torpederas "Espora", "Misiones", "Corrientes" y "Entre Ríos". Posteriormente, refuerzan esta fuerza de escolta los cruceros acorazados “San Martín”’’, “Pueyrredón”’’, “Belgrano”’’ y “Garibaldi”’’ y los avisos "Tehuelche" y "Fueguino".


La fuerza enemiga está constituida por la 2º División de mar, comandada por García-Mansilla.

García-Mansilla con el Presidente Julio A. Roca, a bordo de la fragata "Sarmiento" desde donde dirigió la revista naval realizada frente a Mar del Plata luego de concluidas las maniobras.
Se determina que, si antes de llegar a San Antonio los atacantes logran colocarse a menos de tres millas del convoy, éste se considera perdido. La escuadra atacante logra ubicarse a menos de esta distancia, considerándosela vencedora en el ejercicio.
Luego de estas ejercitaciones, se procede a efectuar tiro de combate por lo que se procede con el disparo de proyectiles de todos los calibres y el lanzamiento de torpedos. Posteriormente, se realizan diversas evoluciones por divisiones.
Finalizadas las maniobras, el 5 de marzo se hace una gran revista naval en Mar del Plata, observada por el Presidente de la República Julio A. Roca desde la Fragata Sarmiento (capitaneada en la ocasión por García-Mansilla), con los buques divididos en cinco divisiones que "desfilaron" a media milla del muelle.


Es indudable, que sólo la capacidad de comunicación y planeamiento de los altos mandos y la efectividad del adiestramiento de los comandos y tripulaciones permitió realizar la enorme empresa de comprometer más de sesenta unidades de guerra en el mar y el río.
Con la realización de las Grandes maniobras, quedó demostrado que la Argentina contaba con un verdadero poder marítimo, hecho constatado por los obervadores de los diversos países que las presenciaron.

Es también probable, que esta demostración de poder naval haya tenido un efecto disuasivo en los altos mandos del país vecino, ya que poco tiempo después ese mismo año se firma el "Tratado de Equivalencia Naval, Paz y Amistad con Chile" que pone fin al conflicto y evita mediante la diplomacia lo que parecía una guerra segura.


El 18 de agosto de 1910, mientras se desempeñaba como Director de la Escuela Naval, falleció repentinamente de un infarto al corazón.

Su muerte causó honda conmoción en la Armada Argentina y en el gobierno argentino por lo que se le brindaron todos los honores.
Por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional, se conformó una comisión de homenaje compuesta por los Contraalmirantes, Atilio Barilari, Valentín Feilberg y Eduardo O'Connor y por los Capitanes de Navío Horacio Thwaites, Luis Maurette y Federico Martin, para que velaran el cadáver hasta el momento de la inhumación de sus restos.





Recorte de un diario de la época, anoticiando la muerte de García-Mansilla.
El sepelio se realizó en el Cementerio de la Recoleta- el día 19 de agosto a las 15 horas- y le rindieron honores efectivos de la Escuela Naval Militar, compuesta por todo el Cuerpo de Cadetes de la Escuela de Mecánica, que fueron trasladados en los avisos Bahía Blanca, Golondrina y Gaviota, un Batallón del Arsenal Naval del Río de la Plata, todos bajo el mando del Capitán de Navío Julián Irizar -uno de los defendidos por García Mansilla por el hundimiento de la Rosales-.
Sus restos fueron escoltados, desde las calles Quintana y Callao hasta la entrada del cementerio, por dos filas de marinería y llevado a pulso hasta el peristilo por los asistentes.
Recibió el responso de monseñor Mariano Antonio Espinosa, Arzobispo de Buenos Aires.

Jorge Rafael Bóveda (probablemente quien más estudió a García-Mansilla), culmina su trabajo diciendo:


"En resumen, García-Mansilla significó en vida para nuestra Marina el equivalente a diez acorazados, pues fueron hombres de su calibre e ilustración quienes posibilitaron el ascenso de la República Argentina al estadio de una verdadera potencia marítima sudamericana. Sus intachables condiciones personales, su hombría de bien, su refinada cultura y habitual profesionalismo en todas las tareas que emprendió lo señalan como el oficial naval mas destacado de su generación. Sus altas condiciones de jefe podemos apreciarlas en aquellos oficiales que sirvieron bajo sus órdenes, muchos de los cuales alcanzaron merecidamente el Almirantazgo. Todos ellos le profesaban un profundo aprecio y admiración, cualidades que también fueron muy valoradas por sus superiores.

en:

http://www.losgarcia-mansilla.com/2010/08/almirante-manuel-jose-garcia-mansilla.html

http://www.losgarcia-mansilla.com/


_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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Manuel Jose Garcia "Constructor de la Flota de Mar"
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