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 El hombre que salvó al mundo, Stanislav Petrov

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MensajeTema: El hombre que salvó al mundo, Stanislav Petrov   Mar 27 Sep 2016 - 4:26

El hombre que salvó al mundo, Stanislav Petrov



A veces en la historia es más importante lo que casi pasó que lo que realmente ocurrió. Y quizás lo más asombroso de estas increíbles historias de héroes tan lejos del glamour de las historietas sean las sincronicidades que las rodean.

Hace 33 años, un hombre del que la mayor parte del mundo jamás ha oído hablar se convertiría en el héroe más grande de todos los tiempos, por haber salvado “literalmente” al mundo de un Apocalipsis atómico.

Corría el año 1983, plena guerra fría, pero tan caliente como no lo había estado desde la crisis de los misiles en Cuba. El 23 de marzo, el Presidente Reagan lanzó “Star Wars – Guerra de las Galaxias”, llamando literalmente a Rusia “El Imperio del Mal”.

Y contaba con un importantísimo aliado igualmente decidido en terminar con el comunismo, Juan Pablo II. Los planetas parecían alineados para acabar con la Unión Soviética, y los soviéticos se lo tomaron muy en serio.

EEUU y la OTAN planeaban colocar misiles en Alemania Occidental y organizaban un ejercicio militar en Europa, entre otras cosas…

Pero los líderes de URSS eran de la generación de la Segunda Guerra y recordaban perfectamente cómo, con el pretexto de un ejercicio, Hitler había engañado a Stalin y lanzado la Operación Barbarroja.

Permitir que se repitiera era inadmisible.

Asumieron que lo del ejercicio era una tapadera para una invasión real, y tomaron su decisión. Disparar todo su arsenal al recibir la primera indicación de un ataque nuclear.

La tensión era Máxima. A punto tal que el 1° de septiembre de 1983, un avión de línea surcoreano entró por error en el espacio aéreo soviético y no dudaron en derribarlo sin aviso matando a 269 personas, incluido un senador y varios ciudadanos americanos.

Esta historia no pudo haber llegado en peor momento.

La noche del 25 de septiembre de 1983, el Coronel Stanislav Petrov, de 44 años, de la sección de inteligencia militar de los servicios secretos de la Unión Soviética llegaba a su puesto de mando en el Centro de Alerta Temprana de la inteligencia militar, desde donde coordinaba la defensa aeroespacial rusa.

Sin embargo, ésa debería haber sido su noche libre. Fue convocado a último momento porque quien debía estar había dado parte de enfermo…

Su trabajo consistía en analizar y verificar todos los datos de los satélites sobre un posible ataque nuclear americano. Contaba para ello con un Protocolo sencillo y claro. Tan claro y tan sencillo que había redactado él mismo…

Después de las verificaciones correspondientes, debía alertar a su superior, quien de inmediato iniciaría el contraataque con armamento nuclear masivo sobre los Estados Unidos y sus aliados.

Poco después de la media noche, exactamente a las 00:14 del 26 de septiembre del ‘83, todos los sistemas de alerta saltaron; las sirenas sonaron y las pantallas de las computadoras mostraban: “ATAQUE DE MISIL NUCLEAR INMINENTE”.

Un misil había sido lanzado desde una de las bases de los Estados Unidos.

Pidió mantener la calma y que cada uno hiciera su trabajo. Y él hizo el suyo.

Verificó todos los datos y pidió confirmación de visión aérea, los únicos que no pudieron confirmar dadas las condiciones climáticas.

A pesar de las confirmaciones, concluyó que tenía que haber ocurrido un error. No era lógico que EEUU lanzara UN SOLO MISIL si estuviera atacando a la Unión Soviética.

Y desestimó la advertencia como una falsa alarma.

Pero poco después, el sistema indicó UN SEGUNDO MISIL. Y después UN TERCERO.

Preso de una fuerte descarga de adrenalina, desde el segundo piso del bunker podía ver, en la sala de operaciones, el gran mapa electrónico de Estados Unidos con la base militar en la costa Este, desde donde habían sido lanzados los misiles nucleares, parpadeando.

En ese momento el sistema indicó otro ataque. UN CUARTO MISIL NUCLEAR, e inmediatamente UN QUINTO.

En menos de 5 minutos, 5 misiles nucleares habían sido lanzados desde bases americanas contra URSS. El tiempo de vuelo de un misil intercontinental balístico desde los EEUU era de 20 minutos.

La actividad era frenética. Mientras él analizaba…

Después de detectar el objetivo, el sistema de alerta temprana lo hacía pasar por 29 niveles de seguridad que debían confirmar, lo hizo sospechar lo contundentemente que pasaban las alertas los niveles de seguridad.

Sabía que el sistema podía tener algún mal funcionamiento. Pero, podría todo el sistema haberse equivocado, 5 veces? ¿O estaba frente a Armagedón?

El principio básico de la estrategia de la Guerra Fría habría sido un lanzamiento nuclear masivo, una fuerza abrumadora y simultánea de cientos de misiles, no 5 misiles de a uno. Tenía que ser un error…

¿Pero si no lo era? ¿Si era una inteligente estrategia americana? El holocausto tan temido estaría sucediendo y él no haría nada?

Tenía cinco misiles nucleares balísticos intercontinentales en dirección a URSS y sólo 10 minutos para tomar la decisión “de qué informar” a la dirección soviética… Siendo perfectamente consciente que si informaba lo que todos los sistemas confirmaban, desencadenaría la Tercera Guerra Mundial.

Los 120 oficiales e ingenieros militares, con sus ojos fijos en él, esperaban su decisión.

Nunca antes en la historia, ni después, la suerte del mundo había estado en manos de un solo hombre como en esos 10 minutos. El futuro del mundo, o no, pendía de su decisión, mientras él luchaba entre si debía o no hacer accionar el “botón rojo’’.

Pensó: los americanos aún no tienen el sistema de defensa misilístico y saben que un ataque nuclear contra URSS equivale a la aniquilación inmediata de su propia población. Y aunque desconfiaba de ellos, sabía que no eran suicidas. Se dijo: “Ese gran imbécil no ha nacido todavía ni siquiera en los EEUU.”

Sabiendo que si estaba equivocado una explosión 250 veces mayor a la de Hiroshima ocurriría sobre ellos pocos minutos después sin que pudieran hacer nada, fue capaz de mantener la cabeza fría, de tener el coraje de escuchar a su instinto y de ajustarse a la conclusión lógica que le indicaba el SENTIDO COMUN.

Y decidió reportar un mal funcionamiento del sistema.

Paralizados y sudando a mares, él y los 120 hombres a su cargo contaban los minutos que faltaban para que los misiles alcanzaran Moscú…

Cuando DE GOLPE, segundos antes, las sirenas dejaron de sonar y las luces de advertencia se apagaron.

Había tomado la decisión correcta. Y salvado al mundo de un cataclismo nuclear.

Sus camaradas, empapados de sudor, se lanzaron sobre él abrazándolo y lo proclamaron un héroe.

Él se desplomó en su sillón y bebió más de medio litro de vodka sin respirar. Al terminar esa noche durmió 28 horas seguidas.

Cuando regresó al trabajo, sus camaradas le regalaron un televisor portátil de fabricación rusa para agradecerle. Todos estaban vivos gracias a la decisión que él había tomado.

Al enterarse de lo ocurrido, su superior le dijo que sería condecorado por haber evitado la catástrofe y que propondría crear un día en su honor.

Pero no fue así.

Rusia no podía permitirse que EEUU y el pueblo ruso se enteraran de lo sucedido.

Fue reprendido por no haber cumplido el protocolo. Se lo transfirió a un puesto de menor jerarquía. Y poco después se le dio la jubilación anticipada.

Vivió el resto de su vida en un modestísimo 2 ambientes en los suburbios de Moscú, sobreviviendo con una mísera pensión de 200 U$S por mes, en absoluta soledad y anonimato.

Hasta que en 1998, su comandante en jefe, Yury Votintsev, presente aquella noche, reveló lo ocurrido, el llamado “Incidente del Equinoccio de Otoño” causado por una rarísima conjunción astronómica: se había determinado que las falsas alarmas fueron causadas ​​por una rara alineación del sol sobre las nubes de gran altitud y las órbitas de los satélites Molniya, un error más tarde corregido por las referencias cruzadas de un satélite geoestacionario. El Sol se había elevado sobre el horizonte en el ángulo exacto para que los satélites interpretaran sus señales térmicas como un ataque de misiles.

Esto fue relatado en un libro de memorias, que por casualidad llegó a Douglas Mattern, Presidente de la Organización Internacional de Paz, “Asociación de Ciudadanos del Mundo”.

Después de verificar tan alucinante historia, salió en persona en busca de ese héroe anónimo al que todos le debíamos estar AÚN en este mundo, para hacerle entrega del “Premio Ciudadanos del Mundo”.

La única pista sobre dónde encontrarlo la recibió de un periodista ruso, que le advirtió que tendría que ir sin hacer una cita porque su teléfono no funcionaba, y su timbre tampoco.

Encontrar su rastro en una fila enorme de complejos conventillos grises a 50 kilómetros de Moscú no le resulto fácil.

Uno de los vecinos a quien le preguntó le dijo: “Usted debe estar loco. Si un hombre que ignoró una advertencia de un ataque nuclear estadounidense realmente hubiera existido, habría sido ejecutado. En esa época no había tal cosa como una falsa alarma en la Unión Soviética. El sistema nunca se equivocaba. Sólo el pueblo”.

Finalmente lo encontró en el segundo piso de uno de los edificios. Sin afeitar y desalineado, asomó la cabeza. “Sí, soy yo, pase.”

“Sentí que me encontraba con Jesús cuando él abrió la puerta”, dijo Douglas Mattern.

“Sin embargo, él estaba viviendo como una persona de la calle. Cojeando, con sus pies hinchados, sin poder caminar mucho y constándole ponerse de pie, me dijo que sólo salía para conseguir provisiones”.

Además de relatarle la historia más o menos como se las acabo de contar, este hombre le diría: “No me considero un héroe; sólo un oficial que a conciencia cumplió con su deber en un momento de gran peligro para la humanidad’’. “Sólo fui la persona correcta, en el lugar y momento indicado”.

“En un mundo tan lleno de vanidosos que “pretenden” salvar algo cuando en realidad lo único que hacen es daño a los demás y al planeta. En un mundo tan lleno de miserias, mezquindades, egos, avaricia y ambiciones; la humildad de este hombre y su indiferencia por la fama y la importancia, estremece profundamente”, dijo Mattern.

Después de conocerse este hecho, expertos de EEUU y Rusia calcularon cuál habría sido el alcance de la devastación según el arsenal con el que contaban y habrían lanzado en ese momento.

Y llegaron a la friolera de que entre 3 y 4 MIL MILLONES de personas, directa e indirectamente, fueron salvadas por la decisión que ese hombre tomó esa noche.

“La faz de la tierra se hubiera desfigurado y el mundo como lo conocemos, acabado”, dijo uno de los expertos.



Recibió:

• El Premio Ciudadano del Mundo el 21 de mayo 2004.

• El Senado australiano lo premió el 23 de junio 2004.

• Fue honrado en las Naciones Unidas el 19 de enero 2006. Dijo que fue su “día más feliz en muchos años.”

• En Alemania, en 2011, el dieron el Premio Alemán de Medios, que reconoce a personas que han hecho contribuciones significativas a la Paz Mundial, por haber evitado una potencial guerra nuclear.

• Fue Premiado en Baden Baden el 24 de febrero del 2012.

• Galardonado con el Dresden Preis en 2013.

• Y Kevin Coster realizó el documental “El Botón Rojo” en su honor.

Hoy en día continúa viviendo en su pequeño departamento de las afueras de Moscú, con su pequeña pensión de 200 u$s al mes, en relativo anonimato. Les dio la mayor parte del dinero de los premios a sus familiares y guardó un poco para comprarse una aspiradora con la que había soñado, y resultó defectuosa.

Fuentes:
https://www.informadorpublico.com/internacional/hoy-se-cumplen-32-anos-de-la-decision-de-un-hombre-que-salvo-al-mundo-y-nadie-conoce
https://es.wikipedia.org/wiki/Incidente_del_equinoccio_de_oto%C3%B1o

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Bernardo Alberto Houssay
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Néstoran

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MensajeTema: Re: El hombre que salvó al mundo, Stanislav Petrov   Mar 27 Sep 2016 - 19:57

Que historia!!!, parece un cuento de Asimov. saludos
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: El hombre que salvó al mundo, Stanislav Petrov   Mar 19 Sep 2017 - 5:00

Muere Stanislav Petrov, el hombre que salvó al mundo de una guerra nuclear

Exoficial del ejército soviético


Stanislav Petrov (Scott Peterson / Getty)

GONZALO ARAGONÉS | MOSCÚ, Moscú
19/09/2017 07:00 | Actualizado a 19/09/2017 08:30 Lea la versión en catalán

Era el 26 de septiembre de 1983 y al mundo le había llegado su hora. En el centro de mando de Inteligencia soviético, un búnker secreto a las afueras de Moscú, las luces se volvieron rojas y los radares comenzaron a dar la alarma: lo que parecía un misil balístico de Estados Unidos se acercaba a la Unión Soviética. Poco después, los sistemas soviéticos localizaron otros cuatro artefactos en el aire. Una guerra atómica estaba a punto de empezar.

Parece el comienzo de una historia de ficción apocalíptica, pero hasta ese momento todo era absolutamente verdad. Pero afortunadamente el apocalipsis nuclear no llegó porque quien estaba al frente de los radares era un oficial del ejército soviético que, a pesar de las circunstancias, supo mantener la cabeza fría. “Sólo fue un episodio de mi trabajo. Fue difícil, pero reaccioné bien. Ya está”, dijo Stanislav Petrov con flema militar en el documental del 2014 El hombre que salvó el mundo. La misión como supervisor de Petrov, que entonces era un teniente coronel del Ejército del Aire de 44 años, habría sido avisar al Kremlin o a sus superiores en 15 minutos. Eso podría haber desencadenado una respuesta con el lanzamiento de misiles soviéticos 15 minutos después, lo que a su vez podría haber provocado el lanzamiento de verdaderos misiles estadounidenses. La destrucción mutua estaba asegurada.

Sin embargo, decidió esperar unos segundos. Un “buen instinto” le decía que si los estadounidenses hubiesen desempolvado sus bombas atómicas para atacar a su gran enemigo habrían utilizado todo el arsenal disponible y el radar habría detectado cientos de misiles. Así que en vez de activar la tercera guerra mundial, decidió que no podía ser y que lo que estaba viendo era en realidad un error del sistema de alerta temprana de misiles. No estaba del todo seguro, pero “veintitrés minutos después me di cuenta de que no había pasado nada. Si hubiese habido un ataque de verdad, ya me habría enterado. Eso fue un alivio”, confesó en el 2013 a la BBC.

No es exagerado decir que con lo que hizo, o mejor con lo que no hizo, salvó al mundo. La humanidad vivía la guerra fría con gran intensidad. Ronald Reagan, que hacía planes para poner en marcha su guerra de las galaxias, había declarado a la URSS “el imperio del diablo” y Yuri Andropov estaba convencido de que EE.UU. preparaba un ataque nuclear. Tres semanas antes el ejército soviético había derribado un avión de pasajeros surcoreano con 269 personas a bordo.

Una investigación interna posterior demostró que el buen instinto de Petrov fue una bendición, pues los satélites soviéticos habían confundido los rayos de sol reflejados en las nubes con el motor de supuestos misiles. Aunque al principio sus superiores alabaron su acción, no recibió ningún reconocimiento. Al contrario, el mando militar, avergonzado por el fallo de los sistemas, le utilizó como chivo expiatorio y le reprendió por no haber completado el papeleo de rutina durante el incidente. Se retiró un año después, y desde entonces vivió en Friázino, una pequeña ciudad a 20 kilómetros de Moscú.

Lo ocurrido ese 26 de septiembre de 1983 sólo se hizo público en 1998, al publicarse las memorias del general Yuri Vótintsev, su superior en esos minutos cruciales. Por su acción recibió entonces, entre otros, dos premios World Citizen de la Asociación de Ciudadanos del Mundo, el premio de la Paz de Dresde y fue homenajeado en la ONU y en el Senado de Australia.

Nacido en Vladivostok el 7 de septiembre de 1939, Stanislav Petrov falleció en Friázino el pasado 19 de mayo, aunque la noticia de su muerte no se conoció hasta ayer.

Fuente: La Vanguardia

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
José Manuel Estrada
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