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 Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia

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Quequén Grande
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MensajeTema: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 29 Mayo 2010 - 8:17

Nace el Ejército Argentino

Hola muchachos, la idea es escribir sobre la historia de nuestro ejército en la guerra de la independencia, haciendo un desarrollo cronológico y detallado de cada acontecimiento ocurrido durante este periodo, espero que le guste y que además se prenda agregando anécdotas  y debatiendo algunos temas, tratare de no mezclar la política, sino referirme a lo militar, aunque muchas veces esto será difícil.

Esta historia comenzaría el mismo 25 de mayo de 1810, pero para entender un poco el porqué de los hechos que van a acontecer sería interesante ver cómo era la situación ese mismo 25 de mayo de 1810, y aunque no quería tengo que entrar en política.
En vez de nosotros viajar en el tiempo tratare de explicar la situación trayendo a los personajes a nuestro presente, y este comentario es mi punto de vista, que puede estar equivocado y que cada uno puede opinar y disentir, ese 25 de mayo significo la unión de varias posturas opuestas  contra un enemigo común, Francia.

Visto de una perspectiva siglo XXI, podemos definir la existencia de dos partidos políticos, los que denominamos el español, y el criollo. El primero como es de imaginar estaba formado por españoles cuyo único objetivo era la continuidad del virreinato bajo dominio español. El partido criollo, formado por habitantes nacidos en el virreinato pero no reconocidos por españoles lo dividiría en dos líneas, la monástica y la independentista. La primera de esta línea pretendía la continuidad del rey de España, pero en un estado autónomo, con un gobierno formado por originario del continente y con los mismos derechos que los españoles, la segunda solo tenía como objetivo la independencia total de esta tierra.

Tenían un enemigo en común, Francia, dado que el triunfo por parte de este país frustraba las ambiciones de las tres corrientes políticas, provoca la necesidad en esos días de unirse,  con muchas diferencias crearon la primera junta con miembros de las tres tendencias.

Era lógico pensar que esa unión iba a durar muy poco, ya que era una vana apariencia, un disfraz necesario. Tan claro era esto, que inmediatamente se rompieron las hostilidades entre los patriotas de Buenos Aires y los realistas de las demás intendencias del Virreinato, y del gobierno de Montevideo, dependiente de la Capital.

¿Quiénes eran los enemigos?, naturalmente el principal era España, que aun desangrándose en una guerra aun más cruenta que la nuestra para defender su independencia no permitiría la perdida de ningún metro cuadrado de tierra.

Buenos Aires estaba sola frente a un conjunto de conflictos que, por suerte para ella, no coincidían en un mismo objetivo,
Montevideo era una plaza fuerte, y el apostadero de la armada española en estos mares. Elio había salido en el mes de Abril para España, por orden de la Metrópoli, y la plaza estaba gobernada positivamente por los jefes de la marina real. En el Paraguay, era gobernador el General Velazco, que por sus conocimientos militares había sido llamado a Buenos Aires en 1807 para la defensa contra los ingleses. En Charcas (Bolivia) mandaba el anciano General Nieto, que había venido de España acompañando a Cisnero. En la Paz estaba Goyeneche. En Córdoba, en fin el marino Concha, era gobernador intendente, y se encontraba también allí el General Liniers.

Entonces esta  historia comienza ese 25 de mayo de 1810.

Ese mismo día en el acta se estipula

(...) entendiéndose ella bajo la expresa y precisa condición de que, instalada la Junta, se ha de publicar en el término de 15 días una expedición de 500 hombres para auxiliar las provincias interiores del reino, la cual haya de marchar a la mayor brevedad, costeándose ésta con los sueldos del Exmo. Sr. D. Baltazar Hidalgo de Cisneros, Tribunales de la Real Audiencia Pretorial, y de Cuentas, de la Renta de tabacos con lo demás que la Junta tenga por conveniente cercenar, en inteligencia, que los individuos rentados no han de quedar absolutamente incongruos, porque ésta es la manifiesta voluntad del pueblo.

El 27 de mayo la Junta envió una circular a las provincias pidiendo el envío de diputados a Buenos Aires y manifestando que enviaría una:

(...) expedición de 500 hombres para lo interior con el fin de proporcionar auxilios militares para hacer observar el orden, si se teme que sin él no se harían libre y honradamente las elecciones de vocales diputados (...)

El 29 de mayo de 1810 la Primera Junta transformó los batallones milicianos existentes en regimientos, fecha de nacimiento del Ejército Argentino.

Los Batallones Militares existentes se elevarán a regimiento con la fuerza efectiva de 1.116 plazas, reservado la Junta proveer separadamente sobre el arreglo de la caballería y artillería volante.
Queda publicada de este día una rigurosa leva en que serán comprendidos todos los vagos y hombres sin ocupación desde los 18 hasta los 40 años.
Volverán al Servicio Activo todos los rebajados que actualmente no estuvieron ejerciendo algún arte mecánico o servicio público.


Estas unidades fundacionales eran las siguientes:
• Regimiento de Infantería N° 1 (ex N° 1 de Patricios)
• Regimiento de Infantería N° 2 (ex N° 2 de Patricios)


• Regimiento de Infantería N° 3 (ex Arribeños)


• Regimiento de Infantería N° 4 (ex Montañeses)


• Regimiento de Infantería N° 5 (ex Andaluces)
• Regimiento de Granaderos de Fernando VII
• Cuerpo de Artillería Volante
• Escuadrón de Húsares del Rey
• Batallón de Castas (indios, pardos y morenos libres)

Muchos de los primeros comandantes fueron civiles u oficiales de graduación inferior, puestos al frente de las tropas más por su convicción política y su carisma de mando que por sus capacidades militares.



Fuentes:

Historia Argentina Tomo I, Luis Dominguez, edicíon 1861
Wilkipedia.org


Última edición por Quequén Grande el Miér 13 Ago 2014 - 9:11, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 29 Mayo 2010 - 18:51

Excelente trabajo Ricardo!

Saludos.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 29 Mayo 2010 - 21:33

Muy buen aporte!.
Saludos!
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Mar 1 Jun 2010 - 18:53

Montevideo el primer dolor de cabeza

Que existían grandes diferencias entre Montevideo y Buenos Aires, no era ninguna novedad, si nos remontamos a las invasiones inglesas, recordemos que la primera consistió en tomar Buenos Aires, y cuando se pidió ayuda directa a Montevideo, Ruiz Huidobro le niega el apoyo, aduciendo que existía una segunda ola de buques que iría directamente a Montevideo, por lo tanto Liniers tiene que cruzar el rio de la Plata con un grupo de voluntarios y 400 rifles.

En la segunda invasión inglesa ocurrió lo que pre dijo el gobernador de Montevideo, toman primero la capital de la banda oriental, esto fue en enero de 1807, desde esa fecha hasta julio salvo algunas débiles tentativas de liberación, no se hizo nada desde Buenos Aires para rescatar Montevideo, es más una vez derrotadas las tropas británicas en Buenos Aires, tardaron casi 6 meses en retirase de la actual capital de Uruguay.

Al subir Liniers como virrey y en total desacuerdo por parte de los gobernantes de la banda oriental de que fuese un francés el que gobernarse el virreinato del rio de la plata, proclama una junta autónoma y no reconoce al nuevo virrey, esta situación se normaliza con la llegada de Cisneros, donde la junta vuelve a reconocer formar parte del virreinato.

Con estos antecedentes no cabe duda que ese disfraz de unión que habíamos hablado terminaría prontamente.

A partir de la Revolución de Mayo y la instalación de la Primera Junta en Buenos Aires en mayo de 1810, los marinos españoles descontentos con el nuevo régimen se refugiaron en Montevideo donde organizaron la oposición bajo los auspicios del ex virrey Cisneros, de la infanta Carlota y del ministro español en Río de Janeiro, marqués de Casa Irujo. El 1º de junio de 1810, el Cabildo de Montevideo resolvió reconocer a la Junta de Buenos Aires bajo ciertas condiciones a estudiarse por una comisión especial. Pero al día siguiente llegó la noticia de la instalación del Consejo de Regencia en Cádiz, lo que produjo un cambio en la actitud del Cabildo montevideano, pues el 6 de junio hizo notificar a Buenos Aires que sólo reconocería a su gobierno si éste a su vez expresaba su adhesión al Consejo. Entonces los miembros de la Junta, que en modo alguno estaban dispuestos a reconocer a ninguna autoridad española alternativa a la del rey Fernando VII, encomendaron en misión especial a Montevideo a su secretario Juan José Paso, quien expuso ante el Cabildo de Montevideo los motivos por los cuales Buenos Aires no reconocía al Consejo de Cádiz y exhortó a unir todos los esfuerzos ante la amenaza de una posible expansión portuguesa y demás enemigos exteriores. Pero Paso no logró convencer al Cabildo montevideano y concluyó su misión.

Ante el inminente conflicto con Buenos Aires, las autoridades españolas de Montevideo solicitaron el apoyo de los marinos británicos destacados en el Río de la Plata, de la infanta Carlota y de su consorte el príncipe regente de Portugal, alegando los derechos eventuales de la princesa al trono español y los intereses comunes de España y Portugal en la lucha contra Napoleón. El capitán Elliot, jefe naval británico, se excusó de intervenir, fiel a la línea prudente del Foreign Office. Por su parte, la infanta Carlota ofreció a los montevideanos ayuda militar a través de su enviado Felipe Contucci, pero el gobierno de Montevideo no se animó a aceptar el apoyo portugués.

Estos manejos fueron denunciados el 1º de agosto de 1810 por la Junta de Buenos Aires a lord Strangford como una amenaza a la integridad de las posesiones españolas que Gran Bretaña estaba en el deber de impedir. A la vez, la Junta porteña cortó comunicaciones con Montevideo, y el gobernador realista José María Salazar contestó con la declaración del bloqueo de Buenos Aires, pidiendo además el auxilio de los buques británicos para hacer efectivo dicho bloqueo.

Finalmente, el 25 de octubre de 1810 el agente De Courcy, enviado por Londres, señaló al gobierno de Montevideo la necesidad de limitar el bloqueo para no dañar los intereses mercantiles británicos. Montevideo aceptó y esta limitación anuló de hecho los efectos negativos del bloqueo tanto para Buenos Aires como para los británicos. Fue un triunfo diplomático de la Junta porteña.

Fuentes:

Historia general de las relaciones exteriores Argentinas
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Jue 3 Jun 2010 - 14:59

Mendoza la primera rebelion


Al ocultarse el sol en uno de los días de mediados de junio de 1810, llegaba á la ciudad de Mendoza el oficial don Manuel Corvalan, (general en sus últimos años) portador de despachos de la Junta Gubernativa instalada en Buenos Aires el 25 de mayo de ese año, para las municipalidades de Mendoza, San Juan y San Luis. Este patriota y activo oficial, hijo de la primera de estas ciudades, había corrido precipitadamente la posta á caballo, en cumplimiento de las órdenes perentorias de aquella suprema autoridad. El Cabildo se reunió en el acto en la sala Capitular, y hallándose en ese año compuesto en su mayoría de respetables ciudadanos, iniciados en la revolución, convocó al pueblo á son de campana. La ciudad toda se puso en conmoción—la alarma fue dada, y los partidos de americanos y españoles (patriotas y godos), se pusieron en acción. La concurrencia era inmensa á los salones y galerías alta y baja de las casas coloniales, llenárosle, á la vez, el recinto de la plaza principal en donde estas ocupaban un costado—querían imponerse del despacho del gobierno de la Capital, no obstante que el oficial Corvalan, cercado y sostenido en hombros de la multitud entusiasmada, proclamaba los santos principios de la revolución de mayo y narraba los acontecimientos que acababa de presenciar en la Capital.

El silencio fue restablecido por un momento mientras se leían aquellos despachos, que contenían el acta del Cabildo abierto celebrado el 25 de mayo en Buenos Aires, el nombramiento del nuevo gobierno, depuesto que había sido el virrey Cisneros, y su circular á todos los pueblos del Rio de la Plata concitándoles á adherirse a la revolución y á reconocer, prestar obediencia, cooperación y ayuda á la suprema autoridad que investía. Concluido ese acto, el pueblo pronunciase en favor de aquella con ardorosos vivas á la libertad, al gobierno de Buenos Aires, y loco de júbilo corrió las calles y plazas mucha parte de la noche celebrando tan gran acontecimiento, vitoreando á sus autores en medio de los abrazos y felicitaciones mutuas.

Entretanto, los oficiales reales y el comandante Anzay presidiéndolos don Domingo de Torres, resolvieron en el acto oponerse á la revolución. Al efecto, dictó este todas las medidas conducentes á lograrlo, desplegando una actividad y energía propias de su genio y de la lealtad á su rey de que se preciaba. Trasladó se con sus colegas, con todos sus parciales. Españoles y algunas mal aconsejados americanos al cartel de los Olivos á tres cuadras de la plaza de Armas, donde estaban el armamento y municiones, y con los pocos soldados que había reunido, colocando dos cañones á la puerta, mecha encendida, se dispuso á sostener la autoridad real y castigar á los rebeldes.

Los patriotas por su parte, organizaban apresuradamente fuerzas y se disponían á atacar el cuartel y rendir á los opositores á la revolución. Llegado el momento oportuno, apostárnose en puntos convenientes para batir á Torres.

En el Cabildo abierto que acababa de tener lugar, la municipalidad había asumido el mando de la provincia en lo civil y militar á nombre de la suprema Junta gubernativa de la Capital, con las facultades que ella le confería, hasta tanto se nombrara por el pueblo una Junta gubernativa, que desempeñaría sus funciones bajo la dependencia de aquella.

El Cabildo intimó á Torres el día siguiente, por conducto de un oficial, entregar el cuartel, ofreciéndole seguridades para su persona y las de los demás que se hallaban con él en armas. Torres desechó la proposición de la autoridad, contestando no la reconocía, intimándole á su vez se sometiera al gobierno de la Península en nombre del cual estaba dispuesto á emplear la fuerza contra la rebelión. Durante ese día y parte del siguiente, la tensión era aumentada por momentos. Los patriotas que disponían de toda la ciudad y de la campaña, alistaban gente, reforzaban sus medios de ataque, y creciendo la irritación de todos, amagaron dar el asalto dos ó tres veces. Al fin los sitiados se apercibieron que hacían una resistencia inútil, de grave responsabilidad para los que la encabezaban. Leaño y algunos padres de familia españoles, de carácter pacífico, instaron, persuadieron á Torres que abandonase su temerario propósito, que se guardara de provocar el furor de un pueblo decidido por el nuevo orden de cosas, de hacer derramar una sola gota de sangre. El empecinado cabecilla cedió reconociendo su impotencia, entregó el cuartel y se retiró á su casa la que se le designó por cárcel lo mismo que á sus dos compañeros Leaño y Anzay, guardándoselas las consideraciones debidas á la calidad de sus personas, en cuanto era conciliable, sin embargo, con las circunstancias.

Obtenido tan feliz resultado, el pueblo se entregó al más expansivo regocijo por algunos días. En las ciudades de San Juan y San Luis, no tuvo lugar ningún género de oposición en el cambio de gobierno y sus municipalidades, como en Mendoza, fueron investidas del mando local siempre con dependencia de la autoridad central.

Así se operó en Cuyo la revolución de 1810. Sigámosla en su desenvolvimiento.

Pocos días después de estos acontecimientos, los señores Torres, Leaño, y Anzay, fueron conducidos en un carruaje escoltado por un piquete de caballería á la capital, y entregados allí á la autoridad superior. Esta medida era urgente, atendida la resistencia que hacían Liniers, Concha y otros en Córdoba á reconocer la Junta gubernativa nacida de la revolución.

Torres fue confinado á Patagones, en donde encabezó un motín más tarde, y apoderándose del famoso Queche, buque muy velero allí anclado en servicio de Buenos Aires, vino al frente de esta ciudad, disparó sobre ella algunos tiros á bala y dirigiese inmediatamente al puerto de Montevideo á llevar su presa á la escuadra española surta en esas aguas. Trasladó se luego á España. El año 1820 Torres se afilió, impulsado por sus propias convicciones, en el partido constitucional español. Perdida la causa de este y restablecido el trono despótico de Femado VII por los ejércitos franceses, emigró á Londres, pasando después á residir en París, donde permaneció hasta su vuelta á la Península, que verificó en virtud del primer decreto de amnistía dado por la reina Cristina. Obtuvo más tarde un empleo en Madrid, de los primeros en el ramo de hacienda. Murió por los años de 1847 ó 48.

Leaño que, como hemos dicho, tenía un carácter suave y mejores relaciones entre los patriotas, consiguió del nuevo gobierno la licencia correspondiente para retirarse á España. Allí vivió muchos años retirado de los negocios públicos.

Anzay, llegó á Buenos Aires, tuvo la ciudad por cárcel. Después se le desterró á Las Brucas, al sud de esta provincia, lugar á que se destinaron muchos otros españoles de algún rango en la milicia, ó que se consideraban peligrosos para la causa de la revolución. Allí permaneció hasta el año de 1817 ó 18, concediéndosele retirarse á su patria.

Volvamos á tomar el hilo de los acontecimientos que venimos narrando.

Consumada así, como antes dijimos, la revolución en Cuyo, principió á desenvolverse con asombrosa rapidez en toda la provincia ese espíritu de ardoroso patriotismo, de ejemplar abnegación, de generoso desprendimiento, con que más tarde se manifestaron sus hijas en la lucha gigantesca que la joven república tuvo que sostener para conquistar su independencia.

Comenzó se con actividad á dar organización á la milicia ciudadana. Dos batallones de infantería de 800 á 1.000 hombres por cuerpo, estuvieron en poco tiempo en la Capital de la provincia, arreglados é instruyéndose en el manejo de las armas. El uno bajo la denominación de Cívicos Blancos, por la clase á que pertenecían en la sociedad. Vestían chaqueta y gorra punzó y pantalón blanco. El otro, Cívicos pardos compuesto de la gente de color, llevaba uniforme azul, cuello y botamanga azul sajón. Dos regimientos de caballería.

En San Juan se organizó también un batallón cívico y un regimiento de milicias de caballería. En San Luis una compañía de infantería y escuadrones de caballería en los departamentos de su vasta campaña.

Los partidos de americanos y españoles, se distinguieron, desde luego, por el odio recíproco, por las calificaciones que se dieron de patriotas á los primeros y godos á los segundos—y por las divisas que adoptaron. Las señoras, con el privilegio de su sexo, ostentaban en sus trajes y adornos, los colores del bando á que pertenecían. El peinado mismo establecía un distintivo entre patriotas y godas —aquellas (lo mismo los hombres) echaban el pelo á su izquierda—estas á la derecha.— Apostrofábase unas á otras y festejaba cada fracción las noticias favorables á su causa. La exaltación era llevada muchas veces en esto al más alto grado. Algunas señoras principales adictas al gobierno español, fueron reprimidas hasta con prisión de algunas horas, ó destinadas á servir en los hospitales.

Fuente Revista de Buenos Aires, Recuerdo históricas sobre la provincia de Cuyo, por Don Damian Hudson.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 13 Jun 2010 - 11:02

Mientras en el Bolivia

Luego que el presidente de Chuquisaca, mariscal Nieto, y el gobernador de Potosi, D. Francisco de P. Sanz, tuvieron conocimiento del ascenso de la primera junta y la creación de un ejército, se sobrecogieron de tal modo y se alarmaron tanto, que, ambos de acuerdo, oficiaron al virrey de Lima, pidiéndole su apoyo y sometiéndose de hecho a su autoridad, no sin haberse pronunciado antes de una manera pública contra la junta de Buenos Aires, a cuyos habitantes calificaron desde entonces de insurgentes.

Una carta fechada en Potosí el 7 de junio de 1810, registrada en la Gaceta Extraordinaria de Buenos Aires de 7 de agosto del mismo año, dice así, a propósito de este extraño proceder:

“El intendente Sanz trata de hacer la liga santa contra los derechos de los pueblos y contra el plan de Buenos Aires. Ha convocado a los demás intendentes de las provincias. Remitió a Chuquisaca por plenipotenciario al conde de Casa Real, quien asistió al Congreso que se hizo con el presidente Nieto, el Arzobispo, dos Oidores, dos Alcaldes y dos canónigos. Acordaron la incorporación de estas provincias al virreinato de Lima. Se dice así, que Sanz, como su Cabildo, oficiaron a Lima expresando que este pueblo (Potosí) estaba contento en separarse de su capital Buenos Aires.”

El día 28 de junio del mismo año ordenó el presidente Nieto el desarme del cuerpo de Patricios de Buenos Aires que formaban parte de la guarnición de Chuquisaca, sin más que suponerlo adicto al personal de la Junta, llevando su temeridad hasta destituir de sus empleos a oficiales que gozaban de nombramiento real, y de hacer quintar el batallón, enviando a los quintados a los trabajos del socavón de Potosí.

Para ponerse a cubierto contra las tentativas de los revolucionarios, salió Nieto de Chuquisaca con sus tropas, y con cuatro compañías mas que sacó de Potosí al mando del coronel González Socaea, se dirigió al pueblo de Cotagaita, donde hizo levantar trincheras a lo ancho de la quebrada y abrir grandes foses a todo el frente del rio: de esta suerte se decidió a esperar s las fuerzas do Buenos Aires, en tanto le llegaban los auxilios pedidos al virrey de Lima.

Este, por su parte, aprovechando la favorable ocasión de ensanchar sus dominios, resolvió auxiliar a Nieto y ocupar definitivamente el Alto-Perú. Al efecto hizo salir de Lima a los cuerpos del Fijo, organizando otros en las provincias, y tiró a la vez aquella importantísima proclama en la que, entre otras cosas, decía de los americanos, que habían nacido para ser esclavos y para vegetar en la oscuridad y el abatimiento.

Hizo más todavía el virrey Abascal (mas tarde marques de la Concordia): publicó un bando por el cual declaraba que, «admitiendo la sumisión de Sanz y de Nieto, reasumía el mando del Alto-Perú, y unía sus provincias al virreinato de Lima.» Este acto público del virrey no podía ser mas atentatorio: porque ¿quiénes eran Sanz y Nieto para alterar las leyes de la monarquía española? ¿Quiénes para contrarrestar la voluntad de los pueblos de Sud-América, dado caso que los considerasen insurreccionados?.

Si respetaban la autoridad do Fernando VII, cometían un atentado sublevándose contra sus mandatos, y alterando nada menos que la organización política y administrativa de los virreinatos de Indias: por otra parte, ellos, procediendo así, se colocaban en abierta rebelión contra la autoridad de la Junta de Buenos Aires, exponiendo a todas las consecuencias de su temeridad.

Llamó nuevamente a Goyeneche para encargarle del mando de este segundo ejército, y puso a su disposición todos los elementos militares de que а la sazón podía disponer.

Goyeneche, activo y perspicaz como era, marchó inmediatamente a Puno y de allí al Desaguadero, donde se contrajo con asiduidad a la disciplina de sus tropas, permaneciendo allí acampado cerca de siete meses.

Fuentes: La guerra de los quince años en el alto Perú
Por Juan R. Muñoz Cabrera.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 13 Jun 2010 - 12:00

Hola Ricardo!

Amigazo acabo de hacer un archivo para que mis hijas usen este material en el cole.
Excelente tu trabajo!!

Un gran abrazo.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Miér 16 Jun 2010 - 15:03

Gracias Marcelo
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Miér 16 Jun 2010 - 15:13

Parte el ejército hacia el norte

En el segundo de los tres acuerdos populares del día 25 de mayo se fijó la condición de que el nuevo gobierno preparase en el término de quince días una expedición de quinientos hombres para auxiliar las provincias interiores, que debía marchar á la mayor brevedad, costeada con los sueldos del virrey, de los ministros de la audiencia y demás economías en el servicio que tuviese por conveniente. Autorizado de este modo, el gobierno la despachó el día 7 de julio, no con 500 sino con 1,150 hombres, en las tres armas de artillería, infantería, dragones y blandengues. El día 9, el gobierno pasó revista á los cuerpos en el Monte Castro (actual barrio de Floresta), tres leguas de la capital al oeste, y este mismo día rompieron la marcha para el interior, á cargo de una comisión compuesta, en primer lugar, del coronel don Francisco Ortiz de Ocampo, como comandante general; en segundo lugar, del coronel veterano D. Antonio González Balcarce, como mayor general; en tercer lugar, del ciudadano D. Hipólito Viéytes, como auditor de guerra; y en cuarto lugar, de D. Vicente López, como secretario, formando los cuatro una junta de comisión cuya mayoría debía decidir en las resoluciones.


Coronel Ocampo

El coronel Ocampo (1771 – 1840) era natural del pueblo de la Rioja y los otros tres de Buenos Aires, pero todos hijos de españoles. Originario de una de las primeras familias de aquel pueblo subalterno, y de un carácter tan valiente como bondadoso, Ocampo había merecido antes de la revolución el mando del cuerpo llamado arribeños ó naturales de las provincias interiores; las mismas circunstancias le dieron entrada en las primeras conferencias reservadas que prepararon la revolución; y en el congreso general votó sin trepidar por la deposición del virrey. Estas recomendaciones, unidas á los conocimientos que tenia de los pueblos interiores, por donde había viajado como negociante antes de abrazar la carrera militar, y el interés de lisonjear la vanidad de aquellos mismos pueblos, decidieron á colocarlo á la cabeza de la primera expedición, no obstante que él no tenía cabeza ni para mandar un regimiento.

/center]
[center]Coronel Balcarce

Balcarce (1774 – 1819) no había sido invitado ni para las primeras conferencias reservadas, ni para el congreso general; tampoco mandaba fuerza; pero, bien educado por su padre, antiguo militar de graduación, que había desempeñado largo tiempo la comandancia general de las fronteras de Buenos Aires, Balcarce, aunque de poca edad, contaba con la experiencia que había adquirido cuando fue hecho prisionero de los Ingleses el año de 1807 en el asalto de Montevideo, conducido á Inglaterra y trasladado á España, donde militó contra los primeros ataques de los ejércitos franceses; contaba también con el crédito que le habían merecido entre sus compatriotas, la formalidad de su carácter, su extraordinaria contracción á la carrera en que lo había educado su padre, y una energía de sentimientos patrióticos que sus amigos admiraban y procuraban imitar; y mereció por lo tanto el despacho de segundo de la expedición, no para que fuese el segundo, sino el primero en la dirección de las operaciones militares.
Viéytes era lo que podía llamarse entonces un literato colonial: había estudiado hasta las leyes, pero no era profesor; había tenido el coraje de redactar en 1804 y 1805 un periódico titulado Semanario de agricultura y artes; había servido de secretario del tribunal del consulado en tiempo del virrey Sobremonte, y de capitán con grado de teniente coronel del regimiento de patricios en tiempo del virrey Liniers: él había sido, sino el primero, uno de los primeros cuatro hombres que empezaron á trabajar en el cambio político de estos países, como lo fueron D. Manuel Belgrano, D. Juan José Castelli, D. Nicolás Rodríguez Peña y él; concurrió por consiguiente á las primeras conferencias reservadas , y votó en el congreso general por la deposición del virrey, en cuyo concepto marchaba en el ejército auxiliar como un representante de la revolución.

López se encontraba, al romper la revolución, preparándose para entrar en la carrera de abogado, y aun cuando dominaba en sus estudios el espíritu de Horacio y del Mantuano, sus talentos eran sólidos, sus costumbres de las más recomendables, y sus sentimientos decididos contra la humillación de su patria, como lo acreditó con su voto en el congreso general.

El ejército marchó del Monte Castro cantando victoria entre las aclamaciones de un concurso extraordinario, y la escena de este día no se ha reproducido ni se reproducirá en Buenos Aires; los soldados llevaban en su sombrero la cucarda española amarilla y encarnada, y en las bocas de los fusiles cintas blancas y celestes. Si los mandones del rey hubieran hecho el sacrificio de presenciar esta escena, acaso se hubiesen convencido que sin una vista de un alcance sumamente limitado, no hubieran podido ver como no vieron en los movimientos de la capital sino un trastorno causado por la lectura de algunos malos libros, ó por las astucias de unos pocos intrigantes.
Los soldados como los oficiales, los oficiales como los jefes; el militar y el paisano, el hombre de poncho ó de capa, las mujeres, los esposos, los hijos, los hermanos, el pobre y el rico, el joven y el anciano, mostraban en sus exclamaciones y en sus cánticos un sentimiento igual de patriotismo, un entusiasmo uniforme, un deseo ardiente de derramar su sangre, como los Griegos de los tiempos heroicos, por lo que hay de más sagrado entre los hombres, su libertad y su seguridad.


Una revista de las tropas fue realizada el 25 de junio en la Plaza de la Victoria. La fuerza estaba compuesta por las unidades siguientes:

• 1 compañía del Regimiento N° 1 (ex Patricios)
• 1 compañía del Regimiento N° 2 (ex Patricios)
• 2 compañías del Regimiento N° 3 (ex Arribeños)
• 2 compañías del Regimiento N° 4 (ex Montañeses)
• 2 compañías del Regimiento N° 5 (ex Andaluces)
• 2 compañías del Cuerpo de Castas
• 42 artilleros veteranos con sus respectivos oficiales del Real Cuerpo de Artillería
• 64 artilleros de la Compañía N° 7 del Batallón de Artillería Volante (ex de la Unión) con sus respectivos oficiales encabezados por el capitán Diego Solano
• 19 jinetes auxiliares de la artillería para cuidar el tren y la caballada
• 50 soldados del Regimiento de Infantería de Buenos Aires con sus oficiales
• 50 soldados del Regimiento de Dragones con sus oficiales
• 50 soldados del Escuadrón de Húsares con sus oficiales
• 100 soldados del Cuerpo de Blandengues con sus oficiales


La artillería estaba compuesta de 4 Cañones de 4 y 2 obuses.
Acompañaban también al ejército los capellanes: 1°, Dr. Manuel Albariños y 2° Dr. Manuel Ezcurra (despachos emitidos el 18 de junio, tras renunciar José Ruiz, designado 1° capellán). Como cirujanos iban: 1° Juan Madera y 2° Manuel Casal (despachos emitidos el 16 de junio). El boticario Sisto Molouni fue nombrado el 18 de junio.


Fuente:
• Anales histórico de la Revolución de América Latina tomo 1, Carlos Calvo.
• Archivo general de la República Argentina
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 20 Jun 2010 - 12:13

Fusilamiento de Liniers

El día 25 de mayo Cisneros, viéndose depuesto tumultuosamente, abandonado de todos los que consideraba sus defensores. Rodeado de tantos obstáculos y peligros, trato de dirigirse reservadamente su antecesor y condiscípulo Liniers rogándole salvara el país de su ruina. No encontraba persona fiel á quien sin riesgo pudiera entregar sus comunicaciones, cuando se le presento felizmente y á deshoras de la noche el intrépido joven Lavin ofreciéndoles sus servicios. Escribió una simple carta familiar al referido Liniers comunicándole su triste situación y el extraño suceso que en aquel día había ocurrido: confesaba su error en no haber abrazado sus amistosos consejos; manifestaba que solo en su fidelidad estribaba la única esperanza de contener el impetuoso torrente de los revoltosos, a cuyo fin le cedía sin restricción sus omnímodas facultades.

Salió Lavin para su misión, llego a Córdoba á las once y media de la noche del 28. Se dirigió á la casa del deán don Gregorio Funes, paso con él al palacio del obispo y á la habitación del señor Liniers.
El gobernador e intendente don Juan de la Concha reunió a las cinco de la mañana a los dichos señores obispo y Liniers, al oidor jubilado Mostoso, al honorario Zamalloa, a los alcaldes de primero y segundo voto, al coronel de milicias provinciales Allende, a los dos oficiales reales, al asesor del gobierno Rodríguez, y por mera política al citado Funes a pesar de las vehementes sospechas que había sobre su opinión.

El primer acto de dicha reunión fue prestar juramento en manos del obispo de guardar el más escrupuloso secreto hasta que los sublevados comunicasen oficialmente la noticia, tomando en el entretanto las medidas de seguridad que pareciesen más convenientes. Desconfiando Liniers de las tropas cordobesas, propuso salir para el Perú con el objeto de levantar un respetable ejército, y caer con él sobre Buenos Aires, ó rechazar en el campo las fuerzas que aquella ciudad hubiera destacado para insurreccionar las provincias interiores. Todos se conformaron con la opinión de Liniers, menos Funes.

Liniers suspendió su salida, y se dedico en su vez á circular órdenes a los comandantes de los fuertes y a los oficiales de milicias del Campo para que sin pérdida de tiempo se presentasen en Córdoba con toda la tropa disponible, cañones y armamento. Esta medida, dictada por lo crítico de las circunstancias, produjo los efectos más funestos: la reunión de tropas del país en la ciudad de Córdoba, donde residía un terrible fuego revolucionado, aunque artificiosamente encubierto, pervirtió su espíritu a tal grado que desaparecieron todos en la primera jornada, quedando solos 28 oficiales, casi todos europeos.

En tan inesperado apuro ya no quedaba más arbitrio que la desordenada fuga por diversos caminos y veredas. Así lo manifestó el bizarro general Liniers, deseando a todos sus dignos compañeros una fortaleza de ánimo capaz de superar los graves peligros de que se veían rodeados, y citándolos para el Alto Perú, a donde el trataba de dirigirse, aplicando para ello todos los esfuerzos de un denodado espíritu y arrojada decisión.

El clérigo cordobés Dr. Garría, salió en posta a participar las alarmantes ocurrencias de Buenos Aires al virrey de Lima, cuyo aviso llegado oportunamente sirvió para reforzar el ejército del Rey, y fortificar las gargantas del Perú.
El 17 de Julio, el ejército de buenos aires, puso el pié en la jurisdicción de aquella provincia dividida de la de Buenos Aires en la Guardia de la Esquina. En este punto se recibieron noticias repetidas y seguras de que el general Liniers emprendía su retirada al interior de la provincia con las fuerzas de su mando; con este motivo se desprendió desde aquel mismo punto el mayor general Balcarce con una vanguardia de trescientos hombres; en lugar de marchar, voló en persecución de los mandatarios españoles, que ya no se retiraban, sino huían, abandonados en su tránsito por sus soldados y aun por sus propias cabezas; y cuando se desparramaron como prófugos por diversos puntos de la serranía, el general Balcarce con una actividad extraordinaria penetró los espesos bosques que cubren el camino de Santiago del Estero, por donde los jefes españoles se dirigían á reunirse á sus partidarios en el Perú, y por una circunstancia especial dio con todos ellos en distintos lugares del punto conocido por las Piedritas.

En la noche del día 6 de agosto, descubrió una luz en el bosque: se acercó á ella, y supo de los moradores el lugar poco distante donde se ocultaba el general Liniers. Antes de dos horas el reconquistador de Buenos Aires se encontró aprisionado por los mismos brazos que le habían levantado estatuas tres años antes; al amanecer del día 7, fueron tomados el gobernador Concha, el gobernador Allende, el asesor Rodríguez, el ministro de las cajas reales Moreno, y á las pocas horas el ilustrísimo obispo de la misma provincia de Córdoba, doctor D. Rodrigo Antonio de Orellana. Con estos trofeos, de una importancia muy superior á todo encarecimiento, el general Balcarce retrocedió y entró en la capital de Córdoba por entre las aclamaciones del pueblo, unidas á los vivas del ejército que entretanto había penetrado en ella proclamando unión y libertad. Los reos fueron puestos bajo segura custodia; y mientras se recibían órdenes del gobierno de la capital, se tomaron medidas para asegurar la revolución en aquella provincia, donde las autoridades españolas habían echado profundas raíces, y para remontar el ejército, que aun tenía que ocurrir á grandes necesidades.

Las órdenes del gobierno no se hicieron esperar muchos días; en el acto de recibir la noticia, se reunieron en acuerdo extraordinario los nueve vocales, con inclusión del presidente, votaron por la muerte de los seis reos, mandando para este efecto órdenes terminantes al comandante general de la expedición.

El coronel Ocampo se encontró envuelto en graves embarazos para ejecutar esta sentencia imponente. En cuanto á su persona, se consideraba obligado al general Liniers, ya porque le debía su rango militar, como por las distinciones que le había merecido en tiempo de su mando; y si él no tenía bastante capacidad para penetrar los principios de una política revolucionaria, le sobraba bondad de corazón para condolerse ó para consternarse por las desgracias de sus víctimas, fuesen estas cuales fueren.

En esta disposición él fue asaltado, como los otros tres miembros de la junta de la comisión, por las principales familias de Córdoba, encabezando nada menos que el deán D. Gregorio Funes y el hermano de este D. Ambrosio; se clamó por la suspensión de la ejecución hasta que el gobierno de la capital reconsiderase la sentencia; interponiendo la respetabilidad del obispo prisionero en pueblos tan religiosos, los servicios del general Liniers en pueblos que lo amaban todavía tanto, y el carácter distinguido de las familias en que estaban emparentados los demás reos.

El comandante general y la comisión cedieron; pero en lugar de limitarse á dar cuenta y esperar el pronunciamiento del gobierno, pusieron á los reos en camino para.la capital, lo que importaba en muy sencillas palabras una resolución firme de endosarle al gobierno el compromiso por entero. Cuando este recibió los pliegos del comandante general, se sintió sorprendido y aun algo mas, indignado; no por el artículo de la responsabilidad, sino porque la concurrencia de los reos á la capital hubiera hecho indispensable un proceso para condenarlos, cuando las circunstancias apuraban á obrar militar ó revolucionariamente.

El gobierno por un segundo acuerdo confirmó su primer pronunciamiento, exceptuando al ilustrísimo Orellana, que fue sin embargo condenado á presenciar la ejecución de los otros cinco reos: pero entonces ya no se confió el cumplimiento al comandante general de la expedición, sino á un vocal del gobierno mismo, el doctor D. Juan José Castelli, revestido con el carácter de representante del gobierno, y auxiliado de D. Nicolás Rodríguez Peña en la clase de secretario.

La junta de gobierno se componía de siete miembros y dos secretarios. Los miembros eran don Cornelio Saavedra, don Juan José Castelli, don Mariano Belgrano, don Miguel Azcuénega, don Manuel Alberti, don Domingo Mateu y don Juan Larrea; y los secretarios don Juan José Passo y don Mariano Moreno. Según la tradición oral y el testimonio de algunos de los patriotas que tomaron parte activa en esos sucesos, consta que esa extrema y lamentable resolución fue arrancada por la mayoría de un voto después de una tenaz resistencia hecha por los señores Belgrano, Saavedra y Alberti.

Pero ¿cuál fue ese voto que decidió de la suerte cruel que ha cabido á los ilustres generales de Liniers y Concha, ligados por vínculos tan estrechos á las más grandes glorias del pueblo de Buenos Aires? Ese voto fue el de un español. De los siete miembros de la junta, cinco eran americanos y dos; Españoles, los señores Larrea y Mateu, de modo que solo dos americanos (Castelli y Ascuénega) votaron por la ejecución.

El representante salió inmediatamente de la capital con una escolta mandada por D. Domingo French, comandante del nuevo regimiento de infantería "América" o "de la estrella" roja por el color de la insignia que los soldados y oficiales llevaban en la manga del uniforme, á los cinco días se encontró con los reos poco antes de pisar la jurisdicción territorial de la provincia de Buenos Aires


Coronel Domingo French

A los pocos momentos, hora de las once de la mañana del 26 de agosto llego el doctor don Juan José Castelli, segundo vocal de la junta, don Nicolás Peña, asociado en clase de secretario, el coronel French, el teniente coronel don Juan Ramón Balcarce, varios oficiales y unos 50 soldados. En el momento mismo del encuentro, por vía de salutación intimo Castelli la sentencia de muerte a todos en común, añadiendo después de un gran rato, que el obispo y su capellán no eran comprendidos, y que solamente debían sufrir una confinación perpetua, como se había decretado en el injustísimo tribunal de Buenos Aires, sin formalidad de proceso, sin declaración, y sin permitir defensa. El asesinato debió ejecutarse en el instante mismo a no ser por los lamentosos ruegos del señor obispo, quien en medio de aquella gravísima aflicción suplico encarecidamente con las lágrimas en los ojos se les concediese la libertad para salir de aquellos dominios. Oyendo la negativa con amenazas y palabras indecorosas, pidió a lo menos la suspensión por algunos días para disponerse y morir como verdaderos cristianos.

Se les permitió la disposición espiritual, (mas por ningún estilo la testamentaria) en el termino perentorio de dos horas, ligando en el entretanto fuertemente sus brazos por la espalda con los cordeles que al efecto traían preparados. Llegado el fatal momento, elevan sus trémulas manos al cielo penetrando los aires los santos y religiosos ecos que resonaban, repitiendo uniformemente las consolatorias voces con que los auxiliaba su compañero el citado capellán, con una serenidad inimitable y sin permitir Liniers que le vendasen los ojos, presentaron sus respetables pechos a las punzantes bayonetas para recibir los mortales golpes. A la primera descarga cayeron en tierra, y a la segunda exhalaron el último aliento.

French, que como jefe superior dirigió el bastón en aquella horrorosa escena, humeando aun los cadáveres, bañados en la sangre que a borbollones corría de las heridas, y presentando las victimas un tristísimo espectáculo asesto un pistoletazo contra la cabeza de Liniers, este héroe que dos años antes había reconquistado Buenos Aires de los ingleses, con gloria sin igual, colmando entonces de beneficios a todos sus verdugos.
El propio día quedaron sepultados los restos en la Cruz Alta, la primera y la más miserable aldea que se encuentra al salir de la jurisdicción de Buenos Aires sobre las márgenes del rio Tercero.

Á los pocos días de esta ejecución extraordinaria, apareció en un árbol de la Cruz Alta una inscripción con letras grandes que decía — CLAMOR — formada con las primeras letras de los apellidos de los reos Concha, Liniers, Allende, Moreno, Orellana y Rodríguez. Y fácil es de advertir que si en aquellos lugares insignificantes y desiertos, hubo quien levantase la voz para conmover la sensibilidad de los pueblos, sobrarían exclamaciones contra esta catástrofe sangrienta en Montevideo, en el Perú, en el Paraguay y aun en el virreinato de Buenos Aires. El gobierno de la capital fue acusado por todas partes de ingrato, de sanguinario y aun de sacrílego; y aun cuando en un largo manifiesto que redactó el doctor Moreno, publicado entonces por la Gaceta de Buenos Aires, sujetó al juicio de los pueblos y del mundo la acusación, la sentencia y la ejecución de los reos.


Santiago de Liniers y Bremond



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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Miér 23 Jun 2010 - 14:49

Rebelión en Montevideo

Si ustedes recuerdan a partir de la Revolución y la instalación de la Primera Junta en Buenos Aires en mayo de 1810, la marina Real se retira á Montevideo, en donde con el apoyo del paisanaje, y con la decisión de las tropas y milicias, y con socorros del Brasil que habían pedido urgentemente al celoso ministro español marqués de Casa Irujo, trataban de hacer una empeñada resistencia al gobierno de Buenos Aires.
Pero dicha decisión no era unánime en la plaza de Montevideo, Prudencio Murriondo comandante del cuerpo de infantería del Rio de la Plata, que se hallaba de guarnición en la plaza de Montevideo, trató de conducir un movimiento en apoyo al a la junta de Buenos Aires. El obstáculo principal que se le presentaba para que el pueblo reconociese la nueva junta revolucionaria de Buenos Aires era el cuerpo de marina, que se hallaba animado de la más firme lealtad y decisión hacia el cabildo de Montevideo.
Una persona de las más influyentes era el sargento mayor y comandante de infantería ligera don Juan Balvin, Murriondo sabía que ganando á su hijo don Luis, por quien aquel era dominado, tendría á su disposición dicho cuerpo, procuró atraerlo á su partido en unas juntas que se celebraban en casa del escribano Pedro Cavia, hijo de Buenos Aires, casado con una parienta de dicho Balvin, bien conocido por su orgullo, modales desabridos, así como por su adhesión á la causa de los insurgentes. Fraguados en dichas reuniones los medios de dar ejecución á sus atrevidos planes, se esforzaron en desacreditar al citado cuerpo de marina, propagando la insidiosa voz de que trataba de desarmar á los voluntarios y de embarcar su oficialidad para España. Contando con el apoyo del respetable Balvin, con la consideración que le daban cincuenta y tres años de residencia en Montevideo, catorce hijos, su honradez, su fidelidad, sus distinguidos meritos, y sobre todo el amor que había sabido excitar en el pueblo.
Habiendo llegado el día 11 de julio la Zumaca del capitán Rodríguez con noticias que había adquirido en Santa Catalina del comandante de un buque de guerra portugués, del ataque que habían dado los franceses á la plaza de Cádiz i á la isla de León por ocho días consecutivos, y de que una escuadra salida de Tulon con tropa para Málaga había sido apresada por los ingleses, se fijaron carteles anunciando tan fastos acontecimientos, que el pueblo recibió con el mayor alborozo. Cuando se creía que por tal razón debería reinar el mayor sosiego y tranquilidad, se vio con gran sorpresa que á las ocho de la noche fueron avisados todos los individuos que componían los cuerpos de milicias para que acudiesen á sus cuarteles respectivos. Murriondo se hallaba en el fuerte, en donde se le invitó á salir para Maldonado con 60 hombres, prometiéndole el grado de coronel; pero en vez de acceder á estas propuestas pasó á las nueve de la misma noche á reunirse con su cuerpo y con el de Balvin que se hallaban en igual movimiento que las milicias. Los jefes de estas pasaron á las doce un recado al gobernador Soria quejándose del mal estado de su cuartel, que se había llenado de agua en la creciente última.
Al mismo tiempo que contestaba Soria manifestando la indispensable necesidad de que sufriesen por entonces aquella molestia, mandó retirar á sus casas á Murriondo i á Balvin, cuyos cuerpos habían seguido el impulso de las noticias, sin orden expresa para ello. Empeñados los comandantes de los tercios voluntarios en desconocer la voz del gobierno, se introdujo en el pueblo la mayor agitación.
En la mañana del 12 repitieron los comandantes Murriondo, don Juan Balvin, los mayores Murillo y Luis Balvin sus primeras intimaciones, de que se embarcase en el mismo día la marina y de que se separase del mando al virtuoso mayor de la plaza don Diego Poncé de Leon. Este tono firme y amenazador confirmó los justos recelos que se tenían concebidos. El gobierno y ayuntamiento mandaron llamar á dichos comandantes, quienes se rehusaron á comparecer sin que antes fueran satisfechas sus reclamaciones.
El huracán iba creciendo; el pueblo azorado recorría las calles sin atinar el desenlace de aquellos sucesos; la marina desembarcaba todas las armas de los buques mercantes, sus tripulaciones, gruesos destacamentos de aquel cuerpo y de milicias , mandados por oficiales escogidos, patrullaban en toda direcciones; las avenidas del barracón de marina habían sido guarnecidas con artillería, sus azoteas se veían llenas de gente armada. Todo, pues, anunciaba una horrorosa explosión. El cuerpo de Balvin, que guarnecía la plaza, fue relevado por el de Murriondo.
Una comisión del cabildo salió para la ciudadela con el deseo de celebrar una junta en la que se conciliasen los ánimos, y se evitase por este medio la efusión de sangre. Murriondo y Murillo prometieron asistir á ella si el cabildo salía garante de sus personas. Mientras el comandante, de marina don José María Salazar, se acercan á el varios vecinos y le juran sacrificarse en su defensa. Cruza en seguida un trozo del mismo cuerpo, que es recibido con públicos testimonios de alegría y aplausos. Todos estaban ansiosos por ver el resultado de aquel furioso choque de partidos. Salen tres divisiones con 2800 hombres con 8 cañones de batir, tirados por marineros, contra el cuartel de infantería ligera, mandada por Balvin; este que se hallaba entonces con su hijo en el cabildo, recibe la intimación de que sus tropas rindan las armas; dase esta orlen, sus dóciles soldados abrazan el partido de la obediencia, y resignación.
Celebrase una junta general en la sala capitular á la que asistieron los bulliciosos Murriondo y Murillo. Inquieto ya el pueblo al ver acercarse la noche, prorrumpen en execrables expresiones contra el primero, en voces alarmantes y amenazadoras, sino se concluía pronto aquella sesión que tenía en la mayor inquietud los ánimos de todo el vecindario. Conociendo Murriondo sus delirios, el inminente peligro que le amenazaba, firmó la orden para que su cuerpo se entregase á discreción del gobernador, la junta decretó su prisión en la fragata Proserpina, el arresto de Balvin, el de los mayores de ambos cuerpos, de todos los oficiales que habían tenido parte en aquellos acontecimientos, y el desarme de los soldados inclusive los sargentos. En el mismo día se llevaron á efecto estas medidas, se hicieron por la noche varias prisiones, el escribano Cavia se fugó precipitadamente, dejándose varios planes, y su correspondencia con la junta de Buenos Aires.
Sosegada por el gobierno de Montevideo esta conjuración, siguió en este estado Montevideo todo el año de 1810 esperando refuerzos de la Península, o una combinación con las tropas realistas del Alto Perú para derribar el naciente gobierno de la independencia.

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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Jue 24 Jun 2010 - 7:46

Paraguay se prepara para la guerra.

Las comunicaciones de la Junta (fechada el 27 de mayo) y del cabildo (fechada el 29 de mayo), fueron llevadas a Asunción por el coronel de milicias del Regimiento N° 2 de Voluntarios de Caballería del Paraguay (o de Costa Abajo), José de Espínola y Peña.

Espínola había ocupado el cargo de subdelegado y comandante de armas de Villa Real de la Concepción como lugarteniente del despótico e impopular gobernador Lázaro de Ribera, hasta que el nuevo gobernador-intendente, Bernardo de Velasco, lo reemplazó en 1805. Restituido en el cargo por el virrey Rafael de Sobre Monte, por providencia del 15 de diciembre de 1806, fue de nuevo separado por Velasco en 1810 por "los tristes lamentos de los pobladores de Villa Real hasta entonces oprimidos por el despótico manejo del expresado coronel". Espínola viajó a Buenos Aires en marzo de 1810 para gestionar su reposición, por lo que enterado el Cabildo de Asunción, hizo saber de su oposición y Velasco escribió al virrey Cisneros que "su solicitud además de ser intempestiva es poco decorosa a esa Superioridad, que ocasionará un disgusto general en esta Provincia si accediera a ella". Espínola ha sido descrito como "hombre ordinario, violento, arrogante, ambicioso e ignorante" y también que "no había un viviente más odiado de los paraguayos".

Producida la Revolución de Mayo, Espínola adhirió a ella, por lo que la Junta en razón de su jerarquía militar lo comisionó para obtener la adhesión de la Intendencia del Paraguay, y para que en el camino a Asunción llevara las comunicaciones oficiales destinadas a las ciudades y villas que se hallaban en la Carrera de Asunción, el camino de postas que pasaba por San Nicolás de los Arroyos, Rosario, Santa Fe de la Vera Cruz, Bajada del Paraná, Corrientes, y cruzaba al Paraguay por el Paso del Rey (hoy Paso de la Patria). Espínola llevaba además el nombramiento secreto como comandante general del Paraguay.

En la tarde del 5 de junio de 1810 Espínola llegó a Santa Fe, donde el teniente gobernador Prudencio de Gastañaduy despachó esa misma tarde una carta a la Junta manifestando su adhesión. Pasó ese mismo día a La Bajada en donde obtuvo la adhesión del alcalde de hermandad. El 15 de junio entregó los pliegos al teniente gobernador de Corrientes, Pedro Fondevila, logrando también su adhesión y partiendo al día siguiente en barco. Al llegar a la Villa del Pilar convocó al cabildo, presionándolo a reconocer y jurar a la Junta de Buenos Aires, y expidió células para el reclutamiento de tropas para enviar a Buenos Aires y tener un elemento de apoyo militar en el Paraguay. El 21 de junio llegó a Asunción, poniendo en manos del gobernador Velasco los pliegos que llevaba, excepto el de su nombramiento secreto, que ocultó. El gobernador se enteró confidencialmente que Espínola tenía instrucciones secretas de deponerlo y suplantarlo, a raíz de que éste las había mostrado a un confidente, por lo que sin seguir tratativa alguna le ordenó que abandonara la ciudad y se retirara río arriba hacia Concepción, en donde pensaba retenerlo hasta que se resolviera el acatamiento al movimiento revolucionario. Velasco entendía que si aceptaba a la Junta, sería depuesto. El intento de reclutar tropas en Pilar, que realizó Espínola, causó alarma en la población rural, por lo que Velasco emitió un bando el 2 de julio para tranquilizarla.

Espínola no acató la orden de dirigirse a Concepción, aparentando cumplirla se dirigió río abajo hasta hallar su barco frente a Villa Franca y se embarcó con sus dos hijos, el comandante de Villa Franca, un cañón y las armas que había en esa villa. Velasco despachó el 10 de julio en su persecución 12 hombres al mando del teniente Rafael Zavala Rodríguez Peña. Estos, luego de recabar ese mismo día informes sobre el prófugo en Villeta, cruzaron el río Paraguay en 4 canoas hacia la misión de Timbó en el Gran Chaco (cerca de la actual Puerto Bermejo en la Provincia del Chaco), pero no se atrevieron a atacar el barco de Espínola que se hallaba anclado en Timbó, sabiendo que estaba bien armado. Zavala Rodríguez Peña dejó el mando al sargento de artillería Pedro Fernández y con el auxilio del comandante de armas de Ñeembucú, Sebastián Esteche, intentaron capturar el barco de Espínola, pero éste mató a un cabo de artillería e hirió a dos soldados más, consiguiendo finalmente huir y regresar a Buenos Aires, anunciando a sus perseguidores que regresaría con una expedición militar. El 18 de agosto Velasco emitió una circular a los comandantes y comisionados de los pueblos de Costa Abajo declarando a Espínola "mal patriota, suspenso del mando que a su graduación corresponde", y amenazando a quienes lo auxilien o secunden.

El Paraguay no acata a la Junta de Buenos Aires

El 26 de junio en Asunción el gobernador convocó al Cabildo y le pidió su parecer en una reunión que él mismo presidió:
Acatando el dictamen del Cabildo, el 28 de junio el gobernador emitió un manifiesto convocando a una asamblea para el día 4 de julio, pero el día 2 de ese mes la aplazó hasta el 24 de julio para que pudieran asistir representantes de toda la provincia:

El 24 de julio se reunió en el Real Colegio de San Carlos (seminario), bajo la presidencia de Velasco, un congreso de 225 funcionarios y vecinos influyentes de toda la provincia. Comenzó con la lectura de una proclama por miembros del Cabildo de Asunción, explicando las razones de la convocatoria, dando a conocer las últimas noticias que se tenían de España y aconsejando las medidas que se deberían tomar. El congreso resolvió por aclamación (sin votación alguna) aceptar las medidas aconsejadas por el cabildo de no adherir al movimiento revolucionario porteño, aunque sí mantener relaciones fraternales con la Junta, y jurar obediencia al Consejo de Regencia de España e Indias, desechando el parecer de Gaspar Rodríguez de Francia, quien opinaba que el gobierno español había caducado en el Paraguay.
En precaución a la advertencia de la Junta de Buenos Aires respecto a una posible invasión portuguesa al Paraguay, la asamblea decidió la creación de una junta de guerra para tratar y poner inmediatamente en ejecución los medios que se adopten para la defensa de esta provincia.

Luego de jurar fidelidad a Fernando VII y al Consejo de Regencia con sede en Cádiz, la asamblea se disolvió. Velasco y el cabildo comunicaron el 27 de julio a Buenos Aires las decisiones tomadas, publicándose también ese día una proclama dando a conocer al pueblo lo decidido y aconsejando que se evite toda discusión y controversia sobre los puntos ya decididos por el juicio general de la Provincia, amenazando por poner en prisión a quienes perturben la tranquilidad pública. El 30 de julio Velasco publicó otro bando llamando a los paraguayos a alistarse para cuando la Patria los necesite, creando un cuerpo militar del cual él se puso al frente, secundado por un encargado de la economía y con una fuerza efectiva de todos los ciudadanos y habitantes sin distinción de patricios ni forasteros. Al capitán Carlos Genovés, nombrado por Velasco, y al regidor José García del Barrio, nombrado por el cabildo, se le encomendó la tarea de hacer una lista de individuos alistables de Asunción y de las armas que hubiera en manos particulares. El 8 de agosto Velasco prohibió que se gastase o vendiese pólvora y estableció un toque de queda en la ciudad.

Ruptura con Buenos Aires

A principios de agosto llegaron a Asunción dos circulares de Buenos Aires, fechadas el 18 de julio, comunicando que los diputados a elegirse debían serlo en los términos de la Real Orden del 6 de octubre de 1809. El Cabildo, cuyo alcalde de primer voto era Bernardo de Haedo, respondió el 18 de agosto reiterando que este Cabildo les dará el debido cumplimiento luego q.e S. M. lo ordene, comunicándole que se había recibido la Real Cédula de erección del Consejo de Regencia, á cuyas órdenes se halla sumisa y sujeta toda esta Provincia.

El 19 de agosto la Junta de Buenos Aires envió un ultimátum al gobernador, al Cabildo y al obispo del Paraguay:
Recibida la comunicación de Asunción, la Junta de Buenos Aires cortó las comunicaciones con el Paraguay e incentivó la actuación de grupos paraguayos favorables a la revolución.

Requisa de armas en Misiones

La junta de guerra encomendó a Velasco dirigirse a las Misiones al sur del río Paraná a recoger las armas que pudiera encontrar. A pesar de que la asamblea del 24 de julio había dispuesto que se formara la junta de guerra para resistir una posible invasión portuguesa, los preparativos militares que se hicieron tuvieron el objeto de resistir una invasión de Buenos Aires. En septiembre de 1810, antes de salir a las Misiones, Velasco delegó el mando en el cabildo, instaló el cuartel general en el colegio seminario, cerró el puerto y paralizó el comercio, pertrechó algunos barcos mercantes que destinó a Ñeembucú, y confinó a algunas personas del partido revolucionario en el Fuerte Borbón. Todo tránsito hacia y desde la provincia quedó cortado. A Pedro Gracia, coronel de milicias del Regimiento N° 2 de Voluntarios de Caballería del Paraguay (o de Costa Arriba) y comandante político y militar de la Villa de San Pedro de Ycuamandiyú, le ordenó realizar el alistamiento y acuartelamiento de tropas, pudiendo nombrar oficiales hasta el grado de capitán. Con Velasco ya en viaje, el 8 de septiembre llegó a Asunción una nota de Vicente Nieto, presidente de la Real Audiencia de Charcas, comunicando la negativa de las intendencias del Alto Perú a reconocer a la Junta, que fue publicada por bando al día siguiente.

El Gobierno Político y Militar de Misiones se hallaba al mando de comandantes subalternos desde que su gobernador, el propio Velasco, viajara en 1806 para luchar contra las Invasiones Inglesas. Las fuentes argentinas y paraguayas difieren en cuanto a si Velasco había renunciado al Gobierno de Misiones el 19 de enero de 1810 (afirmación de historiadores argentinos) o si seguía siendo gobernador, pero el mando lo ejercía el teniente gobernador, coronel Tomás de Rocamora (según las fuentes paraguayas). Al producirse la Revolución de Mayo, Rocamora adhirió a ella, solicitando el 23 de julio de 1810 la protección de la Junta, por lo que ésta lo nombró gobernador de Misiones.
Velasco se dirigió con 100 hombres a requisar armas en los departamentos de Candelaria y Santiago, en los que hizo jurar fidelidad al Consejo de Regencia de Cádiz. Esa invasión fue comunicada a Buenos Aires el 15 de septiembre por Rocamora, por lo que la Junta decidió enviar una fuerza militar para apoyar al partido revolucionario paraguayo. Al retornar a Asunción, Velasco solo pudo llevar escasas armas recolectadas en las Misiones.

Expedición naval a Corrientes y ocupación de área en litigio

Para librar el paso a los buques destinados al Paraguay que se hallaban retenidos en Corrientes, Velasco ordenó a Gracia desde Misiones el 15 de septiembre que enviara una flotilla naval a franquearles el paso y ocupar hasta el río Paraná. La región entre los ríos Tabicuary, Paraguay y Paraná y los esteros que formaban el límite occidental de las Misiones, era entonces objeto de un litigio entre la Intendencia del Paraguay y la Tenencia de Gobierno de Corrientes. En 1779 el virrey dividió provisoriamente el área en disputa en dos mitades, ese año en la parte norte el gobernador del Paraguay Agustín Fernando de Pinedo fundó la población que pasó a ser la Villa del Pilar en 1792. La sección sur estaba ocupada por hacendados correntinos, ciudad que tenía un comandante militar en el paso de Itatí y Lomas de Pedro González, además de ocupar el Paso del Rey y otros pasos del río Paraná y la Guardia de Curupayty.

La flotilla al mando del comandante José Antonio Zavala, estaba formada por 3 de los barcos mercantiles que Velasco había hecho alistar y por una cañonera. Iban en ella 38 artilleros de la Compañía de Milicias de Artillería del Paraguay, 40 milicianos de San Isidro del Curuguaty, 10 fusileros de la Compañía de Milicias de Artillería de Pardos Libres del Paraguay, 49 miñones y 69 milicianos del cuartel general. Al momento de partir la flotilla el comandante de Ñeembucú, Jaime Ferrer, avisó que una comunicación comprometedora enviada a Velasco por el alcalde de 1° voto del Cabildo de Corrientes, Dr. Cariaga, había sido interceptada por fuerzas adictas a la Junta. Gracia ordenó que se procurara liberar a Cariaga y a otras 3 personas y dio directivas para que los correntinos que tuvieran propiedades en la zona a ocuparse, y no juraran obediencia a Asunción, fueran expulsados sin usar ninguna consideración con ellos. Gracia ordenó al teniente Fulgencio Yegros ocupar con milicianos sin sueldo a expensas de los vecinos de Pilar la Guardia de Curupayty y luego ocupar los pasos del río Paraná, desalojando a los correntinos. El 28 de septiembre Ferrer comunicó que Fulgencio Yegros había hecho prisionero al comandante Píris del Paso de Itatí y que el alcalde de 1° voto del Cabildo de Asunción se uniría a Yegros con 40 hombres que se hallaban en Curupayty para ocupar los dos pasos que restaban.

La flotilla partió el 21 de septiembre de 1810 y regresó el 10 de octubre con 8 barcos que halló fondeados a una legua al sur de Corrientes, a pesar de que fue divisada desde la ciudad, pudo cumplir su cometido.

El 10 de octubre Velasco daba a conocer una comunicación del gobernador de Montevideo, Gaspar de Vigodet, por la cual le avisaba que el ex virrey Cisneros le había hecho saber que su firma en las circulares en las que aconsejaba reconocer a la Junta fueron arrancadas a la fuerza, hecho que reforzaba la posición de resistencia de Velasco. El 13 de noviembre Vigodet lanzó una proclama a los paraguayos, alentándolos en su resistencia a la Junta.


Fuentes: wilkipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Rechazo_del_Paraguay_a_la_Revoluci%C3%B3n_de_Mayo
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Jue 24 Jun 2010 - 7:49

Este tópico es un documento.
¡Excelente aporte Ricardo!

Un gran abrazo.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Vie 25 Jun 2010 - 16:27

Gracias Marcelo, en realidad lo que hago es compilar los datos que se encuentran en internet y tratar de ordenarlo.

No sé cuantos lo están siguiendo, pero viendo que nadie da una opinión, me tomo el atrevimiento en detener un poco esta historia para hacer mi humilde comentario.

Hace algunos meses en el foro de Aviacionargentina.net se abrió un debate con respecto a si esta fue una guerra civil o contra España, en ese momento dije que nunca fue una guerra, sino un conjunto de guerras, de las cuales algunas fueron entre personas de una misma banderas y en otras los que peleaban lo hacían bajo distintos colores.

Si analizan la situación hasta este momento, en donde todavía no se libro ninguna batalla, por lo tanto no había una guerra declarada, podemos ver lo enredado que se plantea la situación política de América del sur, y tengan en cuenta que como es la “historia militar del ejército argentino en la guerra por la independencia”, no eh involucrado, por ahora, la situación de Chile, que también se declaro independiente ni lo que está sucediendo en el norte del continente sudamericano.

Pero veamos, el enfrentamiento es entre dos virreinatos, uno el ya desmembrado Rio de la Plata y el otro el del Perú.

Perú era el estado más poderoso económica y militar del continente sudamericano, en donde el virrey Abascal no reconocía la primera junta formada en Buenos Aires, es algo lógico, el reconocerlo llevaría que posiblemente en su territorio pudieran proponer algo similar. Sin embargo tanto la primera junta como Abascal reconocían a Fernando VII como soberano. Es decir los dos se consideraban súbitos de España.

No existió en el ex virreinato del Rio de la Plata una unión de criterios, ya que vimos que en Montevideo, Chuquisaca, Asunción, Córdoba y Mendoza se produjeron movimientos contrarios contra la revolución, Mendoza y Córdoba se resolvieron, aunque costara la vida de Liniers. No ocurrirá lo mismo con las otras tres ciudades.

Pero vean que confuso se pone todo, las tres ciudades más Lima reconocen el Consejo de Regencia en Cádiz como gobierno alternativo hasta la liberación del rey Fernando VII, mientras Buenos Aires fue la única que no lo reconoció.

Pero ya vimos que no era todo armonía en Montevideo gobernada por Gaspar de Vigodet, por lo tanto no tiene una fuerza de unión suficiente para afrontar a Buenos Aires, solo espera los refuerzos, que van a llegar desde España.
Por otro lado Chuquisaca, encabezada por el Mariscal Nieto, junto con el gobernador de Potosi Francisco de Sanz anuncia la separación del Virreinato del Rio de la Plata, y se anexa al del Perú.

Mientras Paraguay, bajo el gobierno de Velasco, se separa del gobierno de Buenos Aires, pero si bien es reconocido por Montevideo no así por Vicente Nieto.

Como queda todo esto, hasta comienzo de octubre de 1810, es decir algo más de tres meses de comenzada la revolución y mes en que ocurrirá la primera batalla del ejército argentino, existían cinco bandos los cuales eran Buenos Aires, (Cornelio Saavedra), Montevideo (Gaspar de Vigodet), Asuncion (Velazco), Alto Perú (Vicente Nieto) y Perú (Abascal).

Abascal era en los papeles el autentico representante de España, que reconocía como aliado a Nieto y Vigodet, no así a Velazco, el cual se había aliado a Vigodet. Todos contra Saavedra.

Pregunto, ¿no piensan que en realidad existían intereses personales escondidos detrás de sus fidelidades al rey? Vean, Abascal quería el territorio de Bolivia y necesitaba a Nieto, pero no a Velasco. Vigodet aliado al virrey del Perú, estaba solo en espera de refuerzo de la madre patria, por lo tanto Velasco eran un buen aliado, al final tenían un mismo enemigo, Buenos Aires.

Mientras Buenos Aires tenía la suerte de tener enemigos que no se llevaban bien, no dudo que todo el fuego de libertad se hubiera apagado si en algún momento Velasco y Nieto decidieran realizar movimiento en forma conjunta.

Esto nos lleva a ver que hasta ese mes de octubre de 1810, lo que estaba por comenzar era una triste guerra civil manejada por intereses personales de gobernadores, que aprovechando la debilidad de España, hundida en una guerra de sobrevivencia con Francia, ponían sus ambiciones por sobre los del pueblo.

Ricardo Corino (Quequén Grande)
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 27 Jun 2010 - 12:02

Creación del ejército de la banda oriental

Al retornar a Buenos Aires José Espínola, quien murió el 8 de septiembre de 1810, expresó que bastaría una pequeña fuerza de 200 hombres para remover al gobierno realista de Asunción, pues la mayoría de los paraguayos se les unirían.
Pero los principales jefes de las tropas nativas, tanto en odio a Espínola cuanto por espíritu de localidad, se declararon contra la junta gubernativa, y dominando al cabildo hicieron que esta corporación se sobrepusiese a la autoridad del Gobernador, exigiendo que ella tomase participación en el mando, a lo que Velazco accedió, quedando así rotas las relaciones entre Buenos Aires y el Paraguay. Por consecuencia, aún cuando el partido de los nativos fuese preponderante, no era cierto que estuviese oprimido, ni que hubiera entusiasmo por la causa de la revolución.

El 19 de agosto la Junta cortó toda comunicación con el Paraguay y pensó enviar una pequeña expedición armada, que creía sería suficiente para auxiliar a los patriotas asuncenos que supuestamente anhelaban en su mayoría adherir al movimiento revolucionario.

Como se agravó la situación de la Banda Oriental, el 4 de septiembre de 1810 el abogado Manuel Belgrano, vocal de la Junta, fue designado comandante en jefe del improvisado ejército compuesto por el nuevo Regimiento de Caballería de la Patria y las milicias que encontrara o formara a su paso en las costas del Paraná, Santa Fe y Entre Ríos, pero enfermó y no se concretó su salida:

(...) pase a la Banda Oriental al frente del cuerpo de caballería de la Patria, y engrosando la fuerza con las milicias provinciales de aquellos partidos y demás reclutas que considerase conveniente levantar proteja a los pueblos, persiga los invasores y ponga el territorio en la obediencia y tranquilidad que la seducción y violencias de Montevideo han perturbado.
Instrucciones del 4 de septiembre de 1810.

Aún convaleciente, el 22 de septiembre Belgrano recibió instrucciones en las cuales se le ordenaba que primero dirigiera sus operaciones hacia el Paraguay, poniendo a su disposición las milicias de Corrientes y Misiones, 3 compañías de la guarnición de Buenos Aires y un piquete de artillería.

Habiendo llegado la noticia de la Junta que el Gobernador del Paraguay marcha con fuerzas contra los pueblos de Misiones, que reconocen a esta capital, lo atacará dispersando toda la gente reunida bajo sus órdenes, pasando al Paraguay y poniendo la provincia en completo arreglo, removiendo al Cabildo y funcionarios públicos, y colocando hombres de entera confianza en los empleos se volverá a pacificar el resto de la Banda Oriental.
Instrucciones del 22 de septiembre de 1810.

Formación del ejército expedicionario

Parte del recientemente creado Regimiento de Caballería de la Patria, basado en los Blandengues de la Frontera de Buenos Aires, se hallaba reunido en San Nicolás de los Arroyos con una fuerza efectiva de 160 hombres, de los cuales 60 eran veteranos y el resto unos 100 milicianos de los partidos de la zona que se agregaban al nuevo regimiento (piquetes de San Nicolás, Rosario y Coronda). Al frente del regimiento se hallaban el coronel Antonio de Olavarría y el sargento mayor José Ildefonso Machaín, pero el primero no se incorporó a la expedición.



Imagen de Blandengues

Como plantel del nuevo ejército expedicionario de destinaron hombres de la guarnición de Buenos Aires, entresacados de los cuerpos de Arribeños, Pardos y Morenos y del Batallón de Granaderos de Fernando VII.
El 23 de septiembre llegó a San Nicolás de los Arroyos una fuerza de 200 veteranos de infantería de la guarnición de Buenos Aires, al mando de de Juan Ramón Balcarce, hermano mayor del coronel Antonio Balcarce, al mando del ejército del norte.


Imagen de Juan Ramón Balcarce

• 1 Compañía del Regimiento de Infantería N° 3 ex Arribeños, al mando del capitán Campos,
• 1 Compañía de pardos del ex Batallón de Castas, al mando del capitán F. Carrera,
• 1 Compañía del Regimiento de Granaderos de Fernando VII, al mando del capitán José Cayetano Martínez.

Genera improvisado por la revolución y animado de su noble espíritu, salió Belgrano a tomar el mando que se le confiaba, y el 28 de setiembre llegó a San Nicolás de los Arroyos. Allí se encontró 360 hombres, de los cuales solo 60 eran veteranos, pertenecientes al famoso “Regimiento de blandengues de la frontera”, que acababa de tomar el título de Regimiento de Caballería de la Patria. El resto eran milicianos de los que dice el mismo en su oficio a la Junta “Los soldados todos son bisoños y los más huyen la cara para hacer fuego” del armamento dice “Las carabinas son malísimas, y a los tres tiros quedan inútiles.”


Manuel Belgrano, jefe de la Expedición Libertadora al Paraguay.

El 27 de septiembre salió de Buenos Aires hacia San Nicolás de los Arroyos un piquete del Batallón Real de Artillería Volante, compuesto por el capitán José Ramón de Elorga, 2 sargentos y 20 soldados, con 2 cañones de a 2 y 2 cañones de a 4, siendo la dotación total de 120 tiros. El 20 de octubre cruzaron el río Paraná.

Ese día nombró comandante del pueblo a Miguel Herrero, poniéndolo al mando de 50 milicianos para la defensa del pueblo Al día siguiente le encargó que remitiera a Buenos Aires 4 de los 6 cañones de a 2 que tenía el ex Cuerpo de Blandengues, explicando que: para mi serían inútiles, pues solo entorpecerían mi marcha. El 29 de septiembre las tropas de infantería y caballería partieron de San Nicolás de los Arroyos remontando el curso del río Paraná.

En Santa Fe

El 1 de octubre las tropas llegaron a Santo Tomé, entrando a Santa Fe el 2 de octubre, en donde Belgrano se alojó en el Convento de Santo Domingo.

En Santa Fe Belgrano nombró a Machaín mayor general de ejército de su mando y agregó al Regimiento de Caballería de la Patria a la Compañía de Blandengues de Santa Fe que se hallaba al mando del capitán Francisco Aldao, compuesta por 40 veteranos (entre ellos el sargento Estanislao López) y 60 reclutas. Unos 60 blandengues procedían del Fuerte de Súnchales, de donde hizo retirar los 2 cañones de a 4 que allí había, y al quedar el fuerte protegido por solo 18 soldados fue luego casi arrasado por los indígenas. Además ordenó que se formara una segunda compañía con otros 100 hombres al mando del capitán Agustín Martín Dacosta, para quedar en Santa Fe, y otorgó a la ciudad el título de “Noble”. En Santa Fe el ejército recibió donaciones y diversos ofrecimientos, destacándose Francisco Antonio Candioti.

En La Bajada

El ejército comenzó a cruzar el río Paraná el 8 de octubre al mando de Juan Ramón Balcarce, llegando Belgrano a La Bajada (actual ciudad de Paraná) el día 10, en donde fue recibido con aplausos. En La Bajada se instaló un campamento para instruir a las tropas, se recibieron víveres y el donativo de 750 caballos hecho por el pueblo. La ayuda fue tal que Belgrano escribió en sus Memorias autobiográficas:

No se me olvidarán jamás los apellidos Garrigó, Ferré, Vera, y Hereñú, ningún obstáculo había que no venciesen por la patria.

Luego de recibir noticias, la Junta estimó que la campaña del Paraguay sería más seria de lo que se había pensado, puso a disposición de Belgrano las milicias de Misiones que el gobernador Tomás de Rocamora tenía en Yapeyú y le envió a La Bajada el 16 de octubre 200 patricios (regimientos N° 1 y 2) de Buenos Aires al mando del teniente coronel Gregorio Perdriel.

El 19 de octubre Belgrano nombró a José Miguel Díaz Vélez comandante militar de los partidos de Entre Ríos, los que por orden de la Junta habían vuelto a depender de la Tenencia de Gobierno de Santa Fe el 5 de septiembre. Belgrano envió a Díaz Vélez a Concepción del Uruguay junto con una compañía de 45 soldados del Regimiento de Caballería de la Patria al mando del capitán Diego González Balcarce.

Divisiones del ejército expedicionario

Con este refuerzo el total del lo que entonces se denominó Ejército del Norte, aunque luego esta denominación fue dada al que operaba en el Alto Perú. El 20 de octubre llegó a La Bajada la artillería y Belgrano comunicó a la Junta el estado del ejército expedicionario, que hasta el momento contaba con 673 hombres, al que organizó en tres divisiones, distribuyéndose los cañones entre ellas:

Plana Mayor:
o Sargento Mayor: José Machaín
o Ayudantes: Francisco Sáenz y Gabriel Meléndez
o Comisario: Miguel Garmendia
o Capellán: inicialmente era José Lanchano, pero Belgrano lo reemplazó el 11 de octubre por Juan José Arboleya (o Arvolella), quien llegó huyendo de Montevideo
o Cirujanos: Juan Frubé (o Froure) y Mariano Vico

1° División, bandera roja:
• Comandante interino Celestino Vidal.
• ayudantes generales: José Espínola (hijo) y Ramón Espínola.
• Compañía de Granaderos de Fernando VII.
• 1°, 4° y 6° compañías del Regimiento de Caballería de la Patria.
• 30 hombres de la Compañía de Blandengues de Santa Fe.
• 2 cañones de a 4 del tren volante en un carro capuchino y un tercio de las municiones y útiles del parque conducidas en 8 carretillas.

2° División, bandera azul:
• comandante interino José Ramón Elorga,
• ayudante general: Pedro Aldecoa.
• Compañía de Pardos.
• 2°, 5° y 8° compañías del Regimiento de Caballería de la Patria.
• 30 hombres de la Compañía de Blandengues de Santa Fe.
• 2 cañones de a 4 del tren volante en un carro capuchino y un tercio de las municiones y útiles del parque conducidas en 8 carretillas.

3° División, bandera amarilla:
• comandante interino Manuel Campos.
• ayudante general: Manuel Artigas.
• Compañía de Arribeños.
• 9° Compañía del Regimiento de Caballería de la Patria.
• 30 hombres de la Compañía de Blandengues de Santa Fe.
• 2 cañones de bronce de a 2 y un tercio de las municiones y útiles del parque conducidas en carretillas.


Entre los paraguayos que acompañaban a Belgrano se encontraban los hijos del ya fallecido Espínola, José y Ramón, edecanes de Belgrano; el intendente de ejército José Alberto de Cálcena y Echevarría (incorporado en Curuzú Cuatiá, ya que Belgrano lo pidió a la Junta el 4 de octubre por la influencia que podía tener en el Paraguay); y el mayor general de la expedición, José Ildefonso Machaín.

El 21 de octubre Belgrano dictó sus instrucciones al ejército y entregó un itinerario a cada jefe de división. En las instrucciones se establecía una disciplina muy severa, que aplicaba la pena de muerte incluso para los hurtos menores. El 25 de octubre Belgrano recibió el despacho de coronel de ejército otorgado por la Junta.

Mapa de la región litoraleña del Virreinato del Río de la Plata, mostrando la ubicación de las principales ciudades enfrentadas y el avance del ejército de Belgrano hacia la Intendencia del Paraguay

Fuentes

Historia de Belgrano Tomo I – Bartolomé Mitre

Wilkipedia : http://es.wikipedia.org/wiki/Expedici%C3%B3n_Libertadora_al_Paraguay
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Vie 2 Jul 2010 - 17:02

En el mes de septiembre de 1810 se produce en el norte del virreinato la llamada revolución de Cochabamba, este levantamiento a favor del gobierno de Buenos Aires ha pasado desapercibido pero es de vital importancia, ya que el comandante Goyeneche, que había asumido la responsabilidad de preparar las tropas para iniciar una invasión hacia Buenos Aires, debe dispersar sus fuerzas, diezmado el numero de efectivo que se enfrentaron a las tropas de Balcarce en Suipacha y además, como veremos más adelante, las unidades realistas enviadas a Cochabamba también fueron derrotadas.

Este relato es extraído del libro la guerra de los 15 años en el Alto Perú por Juan R Muñoz Cabrera.



Insurrección de Cochabamba

La revolución de Cochabamba, de la que no hemos visto publicada hasta hoy una relación bastante exacta, es sin embargo uno de los hechos más importantes y trascendentales de la guerra de los Quince años, no solo por haber dado orejen al primer hecho de armas que con éxito favorable tuvo lugar en el suelo de Bolivia, sino por los grandes y ventajosos resultados que produjo.

Debemos sin embargo, a don José Miguel Cabrera, actor y testigo presencial de los sucesos de aquel tiempo, las noticias que a continuación trasmitimos, y que tenemos motivos para considerar exactas, no obstante haber pasado tantos años y ser ellas recogidas del álbum de la memoria.

Gobernaba Cochabamba en aquella época el intendente don José González Prada, yerno del coronel don Jerónimo Lombera, comandante general del departamento, al mando de varios cuerpos de milicia bien regimentados.

Habíase hecho sospechosos al intendente, por sus ideas liberales y por su valimiento entre el pueblo, los ciudadanos teniente coronel Francisco del Rivero; Manuel Estévan Arze y Melchor Guzman Quiton; estos dos últimos oficiales de milicia.

Tan luego como se tuvo noticia de la revolución de Buenos Aires y de la resolución tomada por la junta de expedicionar sobre el Alto-Perú, con mas la actitud asumida por Nieto y Sanz, que, después de declararse en: favor del virrey de Lima y de pedir su auxilio, habían pronunciado por primera vez la palabra insurgentes y preparado una división que guardase las fronteras de Tupiza, las inquietudes del intendente de Cochabamba fueron creciendo de punto, basta que se decidió por fin a alejar a los que su penetración le hacía designar como caudillos el día de un conflicto entre patriotas y realistas. Con tal objeto hizo salir para Oruro a los referidos ciudadanos Rivero, Arze y Guzman, encargando, en el oficio dirigido a las autoridades de aquel pueblo, que, cuando pasase por allí el coronel Basagoilia, que debía venir del Perú con una división en auxilio de Nieto, los incorporasen y los hiciesen marchar a la frontera.

Sabedores, no se sabe cómo, de esta extraña recomendación y de que se les tenía en vista para apresarlos, los tres bravos oficiales cochabambinos escalaron la casa en que vivían en Oruro y fugaron dirigiéndose al Valle de Cliza, donde permanecieron ocultos y desde donde entraron en comunicación con algunos otros patriotas de Cochabamba, entre los que se recuerda muy principalmente a los señores Mariano Carrasco, José Oropesa, N. Arauco y algunos sargentos de los cuerpos cívicos de caballería e infantería.

Puestos.de acuerdo estos ciudadanos y resueltos a llevar a cabo la revolución, reunieron en un momento dado las milicias del valle y cayeron de improviso sobre la ciudad, en número como de mil hombres, a los que se unieron otros tantos de los alrededores de Cochabamba.

Al amanecer del día 14 de setiembre de 1810, aquella falange heroica, capitaneada por Rivero, Arze, y por el intrépido Guzman Quiton, rodeó el cuartel en que se encontraban las tropas reales, y al grito de ¡de viva la patria ! les intimó rendición. El animoso Guzman, con un trabuco en mano y acompañado de los señores Oropes a y Manuel E. Paz, ocupó la puerta del cuartel y rindió la guardia, que luego se plegó a la revolución.

Las autoridades realistas fueron arrestadas, lo mismo que todos los españoles europeos capaces de contrariar la revolución; lo que hizo que, en menos de una hora y sin el menor derramamiento de sangre, ella quedase consumada.
Bello y grandioso era el espectáculo que ofreció en aquel día el pueblo de Cochabamba, en donde solo se oían las palabras, libertad y patria ¡viva la junta popular de Buenos Aires! ¡Viva la libertad!

Toda la población, sin distinción de clase, edad ni sexo tomó parte en ese movimiento glorioso; y cómo faltasen armas, muchas chifleras de la recova distribuyeron generosamente cuantos cuchillos tenían en su tienda; así como otros ciudadanos distribuyeron plata a los soldados e hicieron subscriciones voluntarias pará armar y vestir las tropas que expedicionaron más tarde al norte y sur de la república.

Depuestas las autoridades realistas y consumada la revolución, el pueblo de Cochabamba aclamó por unanimidad a Rivero, con el carácter de jefe político y militar de la provincia, levantándose una acta en que se reconocía y proclamaba la autoridad de la junta gubernativa de Buenos A iras.

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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 10 Jul 2010 - 9:48

Batalla de Cotagaita

El bautismo de fuego del Ejército Argentino se produce en la orilla del rio Cotagaita, esta batalla que finaliza con una derrota, es rápidamente superada por la victoria de Suipacha, tal vez por eso es bastante difícil encontrar bibliografía clara sobre los hechos acontecido en este combate, ya que se han escrito diversas versiones, y como un amante a leer historia trate de buscar coincidencias y realizar un relato lo más claro posible sobre los acontecimientos y protagonista de esta Batalla.

El historiador tarijeño Numa Romero del Carpio, nos dice: “… El combate de Cotagaita supone criterios dispares. Su relato e interpretación resulta difícil. ” Y todo esto es a causa de los documentos y crónicas de la época que relatan el episodio con diferentes protagonistas.

Terreno

Cotagaita, primera sección de la provincia Nor Chichas del departamento de Potosí, limita al norte con Chuquisaca, al sur con Tupiza y Atocha, y al oeste con Uyuni y Tomave.

Santiago de Cotagaita de encuentra a 180 kilómetros de la Ciudad de Potosí, con caminos de acceso permanente.
Tiene un clima templado y una temperatura promedio anual de 15.5 Grados centígrados. El origen de la población es quechua y mantiene tradiciones ancestrales que se demuestran en las festividades como la Feria Fruticola y las fiestas patronales de Santiago y santa Rosa.

Su fundación data del 25 de Marzo de 1570. Riega la vida del villorio los caudalosos ríos Tumusla y Catagaita.


Lugar donde se desarrolló el combate de Cotagaita

Preludio a la Batalla

Tropas realistas

Luego del  fusilamiento de Liniers y de la adhesión de las provincias de Tucumán y Salta al movimiento revolucionario de Buenos Aires,  existía por parte del virrey del Perú  el temor que las cuatros principales provincias del alto Perú, Potosí, La Plata, Cochabamba  y La Paz, sucumbieran fácilmente y que las tropas de Balcarce recorrieran con muy poco tropiezo el camino hacia Lima.

Por lo tanto el virrey del Perú don José Fernando Abascal  ordena al presidente de Cuzco don José Manuel de Goyeneche la preparación de la defensa y el ataque a las tropas de Buenos Aires.
La posición topográfica del punto en que ejercía su mando lo había colocado a retaguardia de los dos jefes españoles  Paula Sanz, intendente de Potosí, y  Nieto, presidente de Charcas, que debían ser los primeros diques a la invasión de las tropas revolucionarias.

El gobernador de Potosí, como el más próximo al peligro, aceleró la marcha de 600 provinciales al mando del coronel don Indalecio Gonzales de Socasa. Se puso en marcha esta división con dos piezas volantes y con suficientes municiones, para situarse en Chichas, y a los pocos días se le reunió en mayor general don José Córdova, con un corto número de marinos y provinciales.

Mientras que la guarnición de Tupiza se preparaba a recibir las primeras falanges enemigas, se observaba en la retaguardia española un activo movimiento. El teniente coronel Basagoitia había pasado a Potosí con 500 hombres de la milicia de Puno y Arequipa; don Juan Ramírez había dejado el mando de La Paz al coronel don Domingo Tristán, y se ocupaba en organiza en su cercanías 2000 milicias. El presidente del Cuzco Goyeneche, trabajaba sin cesar para amaestrar nuevos soldados en el arte de la guerra, a fin de proteger y apoyar las operaciones de los cuerpos de vanguardia. Todo se estaba preparando para  recibir a los revolucionarios cuando llego la terrible noticia de la insurrección de Cochabamba.

Aquel atentado trastorno todo el plan de los jefes realistas, fue preciso pedir a Lima nuevos refuerzos y consejos; se paralizaron los movimientos militares, se obstruyo una parte de los bien combinados planes contra el enemigo, y este inesperado golpe aumento el compromiso del gobierno, e hizo muy critica la posición de los comandantes que se hallaban organizando nuevas tropas en aquellos partidos.

La división de Ocampo por un lado, y los cochambambino del otro amenazaban dar un golpe decisivo a las armas del rey, ya estos últimos se habían situado en la villa de Oruro, que se halla en el centro de las cuatros provincias, y cortado con Potosí y La Plata la correspondencia.

Conociendo Ramírez la urgente necesidad de parar los progresos de aquella revolución, destaco al coronel don Fermín Piérola para que con 450 infantes escogidos y 150 dragones de Tinta se avanzase hasta Sicasica a fin de observar a los rebeldes, sin comprometerse en acción alguna hasta que él pudiera reunírseles.

Mientras llegaba información al comandante González  que las tropas de Balcarce recibiría un refuerzo de 600 hombre, con lo que compondría una fuerza de 1500, doblemente superior a la suya; puesto de acuerdo con su compañero Cordova, después de haber oído su consejo de guerra, determino abandonar la posición de Tupiza, cuyo extensos francos no podían cubrirse con menos de 4000 soldados, y retirarse a Santiago de Cotagaita, en donde podía hacer una defensa muy vigorosa con la simple fuerza que mandaba.

Tropas patriotas

Ocupada Córdoba el 8 de agosto por el resto del ejército, fue reemplazado su cabildo y Juan Martín de Pueyrredón fue nombrado gobernador intendente, asumiendo a mediados de ese mes, luego la marcha siguió en dirección al Alto Perú.
Por orden de la Junta, González Balcarce comandó la vanguardia de las tropas que continuaron hacia el norte, mientras que Ortiz de Ocampo organizaba los contingentes de retaguardia y milicias provinciales. Juan José Viamonte fue nombrado tercer jefe y en sustitución de Vieytes, Juan José Castelli ocupó el cargo de delegado y Bernardo de Monteagudo el de auditor. French y Nicolás Rodríguez Peña integraban también el nuevo comité político. Ortiz de Ocampo permaneció al mando nominal de la expedición quedando en Santiago del Estero y luego en Tucumán para reunir milicias y remitirlas a González Balcarce.

En Salta también recibió tropas, encabezadas por Martín Miguel de Güemes. En Santiago del Estero se formó un Batallón de Patricios Santiagueños comandados por el coronel Juan Francisco Borges, con 3 compañías con 317 hombres, que fueron incorporados al Regimiento N° 6 de Infantería.

El 4 de septiembre González Balcarce llegó con el ejército a Yavi.

El 6 de septiembre la Junta dispuso que Castelli asumiera el mando de la expedición, nombrándolo representante de la Junta.

El primero en entrar en suelo enemigo fue el mismo Güemes comandando tropas de Salta y Jujuy, es así como el 3 de setiembre toma un pequeño campamento realista donde se apodera de valiosa información como el sitio de la vanguardia enemiga, órdenes, armas y fuerzas que aglomeraba los del rey. (Archivo General de Nación - Sección Trelles p.56)

Llegado el Ejército Expedicionario a las órdenes del General González Balcarce se incorporó Güemes con su partida de observación. Conocedor de sus méritos, confió a Güemes la misión de ocupar la ciudad de Tupiza, la que verificó sin resistencia alguna. Luego Güemes seguiría a Tarija donde formaría una división de voluntarios que se sumaría a los ya reclutados en los Valles de Salta y Jujuy.


Movimiento de las tropas antes del enfrentamiento


Orden de Batalla

Las fuerzas realistas con aproximadamente 1.175 hombres estaban compuestas por:
•Batallón Provincial de Potosí, 200 hombres dividió en 4 compañias al mando del comandante Indalecio González de Socasa
•Batallón de Puno 350 milicianos al mando del teniente coronel Basagoitiaa con 4 cañones
•Compañía de Veteranos del Real Borbón integrada por 150 hombres al mando del tniente coronel Juan de Dios Cabero estaba integrada por 2 compañías del Regimiento de Infantería de Buenos Aires llevadas a Chuquisaca en 1809.
•Cuerpo de Voluntarios del Rey (formado con parte de las compañías de andaluces, montañeses y soldados del Fijo de Buenos Aires llevadas por Nieto en 1809), 150 hombres al mando de José Fernando de Fontaneda
•1 escuadrón de voluntarios de Dragones de Chichas 200 milisanos al mando de Marcos Llano
•Lanceros de Cinti., 100 indígenas al mando del Juan Crisóstomo Cabero con 4 cañones
•La artillería sumaba 10 cañones y 25 artilleros al mando del teniente Miguel Mugía

Las fuerzas revolucionarias estaban compuestas por

• El batallón primero, al mando del comandante Gregorio Perdriel
• Batallón sexto del comandante Carlos Forest
• Batallón cazadores, comandante Manuel Dorrego
• Batallón de Blandengues, comandante Abraham González
• Regimiento Húsares, comandante Martín Miguel de Güemes.

Nota:

Este comentario es personal y me baso en lo leído anteriormente, el orden de batalla lo obtuve de wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Combate_de_Cotagaita en él hay link con referencia a los comandantes de los batallones y en todos los casos, esta misma fuente, confirmada por otras que consulte, detalla que ninguno se encontraba con el ejército del norte para esa fecha

Veamos lo que dice wikipedia:

Gregorio Pedrel: En 1810 era capitán, y participó en la campaña de Manuel Belgrano al Paraguay. Fue ascendido al grado de mayor, y comandó la mayor parte de las tropas de infantería en las batallas de Campichuelo, Paraguarí y Tacuarí. Después de la derrota pasó al sitio de Montevideo, como teniente coronel.

Manuel Dorrego: En 1810 se encontraba estudiando en la Real Universidad de San Felipe, en Santiago de Chile, como muchos compatriotas suyos. Entre febrero y marzo de 1811 será el encargado de atravesar la Cordillera de Los Andes al menos en 4 viajes para llevar alrededor de 400 soldados voluntarios a reforzar las tropas argentinas inmersas en la Guerra de Independencia.

Abraham González: En su juventud vivió en la Banda Oriental y se enroló en las milicias que se unieron a José Artigas en el alzamiento patriota de 1811. Luchó en la batalla de Las Piedras y en la de Cerrito, formando parte de las divisiones que tomaron la ciudad de Montevideo en 1814.

Por lo tanto esta información es errónea, por otra parte partiendo de la formación del regimiento patricio en 1807, obtenemos que un escuadrón era conformado por cerca de 60 hombres, que 8 escuadrones formaban un batallón, (alrededor de 480 hombres, y que tres batallones componían al regimiento (alrededor de 1440 hombres).
Por consiguientes tres batallones, como figura en wikipedia serían cerca de los 1200 hombres, un número muy alejado de los 600 que muchas fuentes confirman como el número de hombres de las tropas patriotas.
Usando como referencia los datos obtenidos durante el desarrollo de esta historia, presumo que el cuerpo de ejército que se enfrento en Cotagaita estaría formado por


• Un Batallón formado por la unión de la  compañía del regimiento de infantería nº1 y la compañía del regimiento de infantería nº 2 (ambas ex Patricios)
• El Batallón de Patricio Santiagueño, formada por la 1º, 2º y 3º compañía, todos ellos agrupados bajo el 6º regimiento (317 Hombres)
• Los 50 hombres que formaban parte del Regimiento de infantería de Buenos Aires
• Cuerpo de Blandengues, formado por 50 hombres.
• Escuadrón de Húsares formado por 50 hombres.
• Compañía nº 7 Artillería  volante al mando del subteniente José Vázquez Urien con dos cañones de a 4, 24 artilleros y 3 naturales agregados

El número aproximado de hombres que formaría este conjunto rondaría los 600 hombres, 614 si asignamos 60 hombres a cada una de las compañías del regimiento Patricios.


Desarrollo

La fortificaciones de Cotagaita, por donde transitaba el camino, se hallaban en el fondo de una quebrada seca que desemboca en el río Santiago, el cual la atraviesa de oeste a este separando dos cerros al norte del río de dos al sur. El pueblo de Santiago de Cotagaita se halla en la ribera norte del río. Nieto hizo colocar dos baterías de 4 piezas de artillería a cada lado del pueblo sobre dos lomas que unió con una muralla de piedra. Con un profundo foso a los pies de la misma por donde hizo correr el río. En la muralla intercaló entre 6 y 8 piezas de artillería.

Al llegar los soldados frente a la fortaleza, se desbandaron en busca de refrescarse en el río durante una hora, mientras el representante de la junta de Buenos Aires, de acuerdo con el mayor general Balcarce, dirigió al mariscal Nieto, desde su campamento frente a Cotagaita, una nota de intimación, proponiéndole en todo caso un arreglo pacífico y amistoso e invitándolo a la unión y fraternidad.

El  oficio decía “A los Señores Generales, comandante de los cuerpos y oficiales de la tropa del Alto Perú”, indicándoles que la tropa a su mando no venía a “hacer conquistas ni derramar la sangre de sus connacionales”, estaba dispuesta a que el voto de los pueblos establezca el gobierno a que han de sujetarse estas provincias mientras la península se halle convulsionada. Que venían, no a conquistar, sino a liberar.

El mariscal Nieto, que a la sazón contaba ya con una fuerte división compuesta de la vanguardia que mandaba el general Córdoba, 350 hombres que trajo el coronel Basagoitía y 200 que él mismo había sacado de Chuquisaca, recibió con desdén la nota de Castelli, y se negó con insultante altanería a todo género de acomodamiento.
En vista de semejante contestación, y fiado siempre Balcarce en la decisión de sus soldados, resolvió llevar el ataque sobre Cotagaita, donde los realistas se habían atrincherado.

Movió entonces su campo, colocando su tropa a tiro de cañón del enemigo, bajo la acción de un sol abrasador, ya próximos ambos enemigos, lícito resultaba pensar que algunas de las partes apurara la decisión y sin duda que ello convenía más a los revolucionarios que a los realistas puesto que Córdova había adoptado una actitud defensiva o mejor dicho cautelosa.

De acuerdo con esta apreciación González Balcarce tomó la iniciativa, primero se aseguró de haber recibido las cargas de municiones de la artillería, luego avanzó y se situó en Cazón a 3 leguas de las trincheras enemigas, el ataque de Balcarce comenzó a las 10 de la mañana y finalizó a las dos de la tarde.
Los atacantes se dividieron en tres columnas y se intercambió fuego durante cuatro horas, no pudiendo expulsar a los realistas de sus trincheras.

La compañía de artillería estaba formada por 24 artilleros y 3 naturales agregados, comandada por Urien. Este en medio del combate se hace pasar por herido y abandona su puesto, pese a que los demás artilleros continuaron peleando al mando del sargento Juan Pedro Luna hasta agotar las balas. Urien fue separado del mando.

Al agotar las municiones de los cañones, Balcarce dispuso retirarse sin ser perseguido y sin haber intentado asaltar las trincheras. Resultando tres muertos y 6 heridos en sus filas y abandonando uno de sus dos cañones.
Así se produjo entonces el primer choque entre revolucionarios y realistas, de lo que fue la guerra por la independencia – no considerándose una derrota formal sino más bien un revés con retirada estratégica.


Campo de batalla


Bajas

En cuanto a las bajas, Córdoba y Rojas comunicó durante el combate que tengo la desgracia de que se me han desmontado tres piezas de cañón, y tengo herido aunque levemente, al valiente capitán Cabero (Juan de Dios Cabero) y que tomándoles un prisionero del cuerpo de Andaluces. En el oficio detallado expresa: haciéndoles huir vergonzosamente, con no poca pérdida de muertos y heridos en su retirada, y la de dos prisioneros de los cuerpos de andaluces y arribeños que se rindieron; habiendo tenido por nuestra parte herido al capitán Cabero un soldado veterano y dos voluntarios del Rey.

González Balcarce en el oficio del 1 de noviembre solo admite que en la del 27 hemos tenido tres muertos y seis heridos, entre los cuales estaba El atolondrado y covarde comte. de Artilleria D. Juan Ramon Urien.


Conclusión

Así se produjo entonces el primer choque entre revolucionarios y realistas, de lo que fue la guerra por la independencia – no considerándose una derrota formal sino más bien un revés con retirada estratégica.

Aunque esta victoria no fue aprovechada por las tropas realistas, ya que no deciden perseguir a los revolucionarios, tal vez por cautela, pensando que esta formación lo llevaría a una trampa.

Nadie podrá saber nunca lo que paso por la mente de Cordova, pero sin duda se le escapo una gran victoria, este error traerá como consecuencia la derrota de Suipacha.


Fuentes:

Portal informativo de Salta, Historia de Salta, Cotagaita – Primera Acción

http://www.camdipsalta.gov.ar/INFSALTA/cotagaita.htm

Wilkipedia  http://es.wikipedia.org/wiki/Combate_de_Cotagaita

Historia de la revolución hispano americana tomo I. Autor Mariano Torrente

La guerra de los quince años en el Alto Perú. Autor Juan R. Muñoz Cabrera

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Última edición por Quequén Grande el Dom 3 Ago 2014 - 6:58, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Jue 15 Jul 2010 - 16:37

Quequén, simplemente espectacular su trabajo, la verdad quiero felicitarlo por el trabajo hecho.
Muy buen aporte y muchas gracias por compartirlo.



Mobius
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Jue 15 Jul 2010 - 17:26

Embarassed Me van a poner colorado tantas felicitaciones. Gracias, me alegro que le gusten. Embarassed

Saludos


Batalla de Suipacha


Preludio de la Batalla

Situación Realista

Los Españoles habían abandonado momentáneamente á Cotagáita, pero volvieron á establecerse cuando supieron que los patriotas se hallaban en Tupiza. En donde recibieron las tropas de reserva del general Nieto 100 veteranos de los Granaderos Provinciales de La Plata provenientes de Chuquisaca y a Basagoytía con 350 hombres de las milicias de Puno y de Arequipa, Aunque el general Goyeneche había prometido enviarles algunas fuerza, no pudo cumplir su palabra, en razón de hallarse sus tropas sin disciplina ni instrucción, Previa al mismo tiempo, que aun cuando hubiera querido enviar refuerzos, tal vez no habrían llegado a tiempo, que en caso de recibir algún revés las tropas de Córdoba quedarían inutilizadas las de que él tanto necesitaba para contener el impetuoso arrojo de un enemigo victorioso. El ejército de vanguardia sin embargo era bastante fuerte para rechazar los ataques de Balcarce, si continuaba el mismo estado de abatimiento y escases de municiones, en que se hallo después de la acción de Cotagaita. De tal modo lo creían sus jefes, que dando la victoria por segura, se determinaron adelantarse contra él. Después de varios debates en que se perdió el tiempo más preciso para asegurar el éxito, fue designado por comandante de la expedición compuesta de 1200 hombres, el mayor general don José Córdoba.

Tropas Patriotas

Después del desfavorable combate de Cotagaita ocurrido el 27 de octubre, las fuerzas revolucionarias se vieron obligadas a retirarse en dirección a Tupiza sin ser perseguidas por los realistas.
El 5 de noviembre las fuerzas realistas comenzaron la marcha hacia Tupiza,  Balcarce desalojó ese pueblo, que fue ocupado al día siguiente por los hombres de Córdoba, los patriotas se había situado a dos leguas de distancia más debajo de la angostura del río, donde recibió 100 hombres de refuerzo mandado por el vizcaíno Larrea proveniente de Tarija. Luego levanta su campo de la angostura pasando a ocupar el pueblo de Nazareno, el 6 de noviembre, ubicado sobre el río Suipacha frente a la población de Suipacha, en donde recibió por la noche un refuerzo de 200 hombres provenientes de Jujuy con dos piezas de artillería, junto con municiones y la paga de las tropas.


Orden de Batalla

Las fuerzas realistas con 1200 hombres estaban compuestas por:
• Batallón Provincial de Potosí, al mando del comandante Indalecio González de Socasa
• Veteranos del Real Borbón
• 2 compañías del Regimiento de Infantería de Buenos Aires (llevadas a Chuquisaca en 1809)
• Cuerpo de Voluntarios del Rey (formado con parte de las compañías de andaluces, montañeses y soldados del Fijo de Buenos Aires llevadas por Nieto en 1809) al mando del capitán José Fernando de Fontaneda
• Dragones de Chichas
• Lanceros de Cinti.
• 2 Compañía del regimiento Granaderos de la Patria (100 hombres)
• Milicia de Puno y Arequipa al mando del general Basagoytía (350 hombres)

Las fuerzas revolucionarias con 900 hombres.
• Un Batallón formado por la unión de la  compañía del regimiento de infantería nº1 y la compañía del regimiento de infantería nº 2 (ambas ex Patricios)
• El Batallón de Patricio Santiagueño, formada por la 1º, 2º y 3º compañía, todos ellos agrupados bajo el 6º regimiento (317 Hombres)
• Los 50 hombres que formaban parte del Regimiento de infantería de Buenos Aires
• Cuerpo de Blandengues, formado por 50 hombres.
• Escuadrón de Húsares formado por 50 hombres.
• Escuadrón voluntarios de Tarija 100 hombres al mando de Larrea
• Batallón de voluntarios de Jujuy 200 hombres.
• Compañía nº 7 Artillería  volante al mando del subteniente con cuatro cañones de a 4.

Desarrollo

La mirada de Balcarce ha entrevisto cierto movimiento al otro lado del río. Es la madrugada del 7 de Noviembre. El ejército de Córdoba ya ha llegado, pero durante toda la noche se ha mantenido en inmovilidad y silencio.

El agitar advertido por Balcarce, una vez identificado, le hace sonreír. Es un pendón de andrajos y calaveras, símbolo del destino que los realistas prometen a los patriotas. El pendón es agitado a diestro y siniestro

Balcarce apela a otra estratagema. Envía a varios indios, convenientemente aleccionados, para que, mezclados con el enemigo. Propaguen versiones sobre pugnas internas en las filas del ejército patriota y comentarios en torno de la falta de armas, municiones y provisiones que padecen los soldados. Por su parte, el general Córdoba días antes ha emitido una vigorosa proclama donde anuncia una política implacable con los adversarios, prometiendo al mismo tiempo una benevolente actitud para quienes acaten al Supremo Consejo de Regencia. A quienes se pasen a las filas realistas, Córdoba les extiende el anzuelo del dinero ("los sueldos devengados y treinta pesos si trae el fusil y quince si viene sin él"). Tanto Córdoba como Nieto creen firmemente en la victoria. Cuesta creer que las tropas organizadas en tan breve lapso por el gobierno porteño puedan, enfrentar con éxito a las aguerridas unidades de la Marina, del Fijo y de Dragones, de que se compone el ejército español.

Por fin, a las once de la mañana, Córdoba ordena a sus hombres tomar posiciones sobre el río Suipacha.
En ese lugar el río una playa ancha y pedregosa, que a veces llega a tener una amplitud de tres mil metros. En el verano, las aguas que descienden tumultuosas desde las montañas andinas suelen cubrir el lecho. Hacia el norte se encuentra la población de Suipacha o Tupiza, y al sur, como se ha dicho, la de Nazareno, donde están los patriotas.


Las posiciones ganadas por los españoles toman parte de la playa y varias alturas sobre el flanco izquierdo de las fuerzas de Balcarce. Todas las unidades de Córdoba están desplegadas en este sentido, mientras que el general porteño prefiere ocultar sus hombres entre los cerros y quebradas de las vecindades, inclusive gran parte de la infantería y prácticamente el total de la artillería.
El General Córdoba ha dispuesto el ataque con cuatro piezas de artillería y 800 hombres.
Situados frente a frente sin atacarse hasta las 3 de la tarde, González Balcarce viendo que el general español preparaba medios de defensa y no de ataque se impacientó e ideó un plan para forzar a Córdoba a atacarlo, para eso hizo adelantar 200 hombres sobre la playa del río y con dos cañones abrió fuego, lo que dio inicio al enfrentamiento cuando Córdoba destacó algunas fuerzas de guerrilla.

González Balcarce desplegó más tropas simulando el envió de las reservas y Córdoba envió batallones para reforzar a sus guerrillas abandonando sus posiciones seguras.
El general patriota espero el momento oportuno para dar la orden y simular una retirada en aparente desorden, haciendo caer en la trampa a Córdoba, quien dio la orden de perseguirlos con todas sus tropas hasta las proximidades de la quebrada de Choroya.



Una vez en dicha quebrada las fuerzas de González Balcarce que en apariencia huían, giraron para enfrentarlos, mientras las tropas de infantería y la artillería que estaban ocultas entre los cerros aparecieron bruscamente, que al grito de viva la patria, cargó sobre los realistas con toda su tropa y artillería, dirige principalmente sus fuegos contra la tropa escogida de marinos y veteranos, rajase un cañón, desmontase otro, asoma al mismo tiempo grupos de indios curiosos por las lomas y campos que dominaba la vista de la refriega; se desconcierta Córdoba atribuyendo a una bien calculada combinación lo que era efecto de una rara aunque funesta casualidad, cree que aquellos paisanos son tropas de reserva, ve entre tanto desordenado su centro de batalla, rotas las alas y en particular la izquierda puesta en fuga


Desenlace  de la batalla

En menos de treinta minutos la fuga y el desorden eran tales en sus filas que abandonaron cuatro cañones con dos mil cartuchos; tres zurrones con dinero, dos banderas, ciento cincuenta prisioneros, entre ellos algunos oficiales, muchos heridos y cuarenta muertos, sin más pérdida de parte del ejército patriota que un soldado muerto, y dos oficiales subalternos y diez soldados heridos
Balcarce ordena distribuir el dinero entre los soldados. Luego, con mayor tranquilidad, advierte que hay también setenta mil tiros de fusil a bala en cartuchos. En cuanto a las banderas, no son verdaderamente dos, porque una de ellas es aquel macabro engendro de tibias y calaveras.

Conclusión

El ejército realista que luchó en Suipacha sufrió una completa derrota, perdió sus 4 cañones, sus tiendas de campaña, armas, municiones, 10.000 pesos en plata, víveres y se desintegró por completo.
El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte efecto moral, los jefes realistas del Alto Perú perdieron todo su prestigio, que se vio reflejado en el pronunciamiento de las ciudades de Potosí el 10 de noviembre apresando a su gobernador Paula Sanz, Chuquisaca, La Paz y Cochabamba (en donde Esteban Arze consiguió el triunfo de Aroma el 14 de noviembre) en favor de la Junta de Buenos Aires, ciudad en donde produjo una euforia generalizada.
En el momento de la batalla Juan José Castelli se hallaba en Yavi, desde donde el 8 de noviembre informó a la Junta sobre la victoria, redactando dos días después en Tupiza el parte completo, llevado a Buenos Aires por el mayor de patricios Roque Tollo.
La Junta autorizó a todos los comandantes victoriosos en Suipacha, a llevar en el brazo derecho un distintivo con la inscripción:
La patria a los vencedores de Tupiza




Fuentes
Wilkipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Suipacha
Anales históricos de la revolución de la América Latina por Carlos Calvo Pag 305
Historia de la revolución hispano Americana Tomo I por Mario Torrente pag 222
Historia del país http://www.historiadelpais.com.ar/castelli_peru.htm
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Jue 15 Jul 2010 - 21:24

Quequén Grande escribió:
Embarassed Me van a poner colorado tantas felicitaciones. Gracias, me alegro que le gusten. Embarassed

Saludos

Siga poniendose más colorado porque es EXELENTE el material. Lo Felicito!, y ahora que tengo 2 semanitas tranquilas empiezo a leer tranquilo algunas cosas pendientes del foro. Saludos!
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 17 Jul 2010 - 23:55

Muy bueno Quequén.
Un saludo.



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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 1 Ago 2010 - 7:47

Batalla de Aroma

Aquella batalla librada en noviembre de 1810 por un “ejército cochabambino” mal armado, bajo el gobierno liberador de la Junta de Buenos Aires, es hito incuestionable en la gesta por la independencia sudamericana, a tal punto que Cochabamba la celebró hasta romper campanas con la entusiasta idea de que la felicidad perdida se hallaba a la vuelta de la esquina.


Preludio a la batalla

Tropas Realistas

Solo había pasado una semana de la derrota de las tropas de Córdoba en Suipacha por los hombres de Balcarce cuando las fuerzas que responde al virrey de Perú reciben una segunda derrota, ahora por tropas cochabambino
Como consecuencia de los levantamientos de Cochabamba y Oruro Ramírez había destacado al coronel don Fermín Piérola para que con 450 infantes escogidos y 150 dragones de Tinta (otras fuentes mencionan 800 hombres) se avanzase hasta Sicasica a fin de observar a los rebeldes, sin comprometerse en acción alguna hasta que él pudiera reunírseles.

Tropas Patriotas

El 6 de octubre se produjo el pronunciamiento de Oruro, encabezado por el subdelegado de Hacienda y Guerra Tomás Barrón, adhiriendo a la Junta de Buenos Aires. El recién llegado ministro contador José María Sánchez Chávez decidió resistir, encerrándose con los caudales junto con las escasas fuerzas veteranas y solicitando ayuda al general Juan Ramírez Orozco. A su vez, los revolucionarios de Oruro solicitaron ayuda a los de Cochabamba.

Rivero envió a Oruro unos 2.000 soldados al mando de Arce, 200 de ellos de infantería armados con fusiles de estaño, 500 de caballería y el resto eran los cívicos urbanos al mando de Guzmán. Llevaban dos cañones de estaño, garrotes y hondas. Eufronio Viscarra relata sin embargo, que la fuerza era de 1.000 hombres divididos en 10 compañías, auxiliados por 174 indígenas que transportaban los pertrechos. Señala que sólo un tercio tenía armas de fuego.

Arce llegó a esa ciudad el 20 de octubre y reemplazó a Sánchez Chávez por Manuel Contreras. Luego de reforzar sus tropas con milicias locales, salió el 12 de noviembre junto con Guzmán y con 1.500 hombres mal armados al encuentro de las tropas realistas que el general Ramírez había enviado para sofocar la insurrección de Oruro.


Movimientos de unidades


Orden de Batalla

Las fuerzas realistas sumaban 600 hombres (algunas fuentes hablan de 800) al mando del coronel don Fermín Piérola.

• Batallón de infantes escogidos, 450 hombres
• Cuerpo de Dragones de Tinta, 150 hombres

Las fuerzas Patriotas con un número de 1000 a 2000 hombres, según distintas fuentes, al mando de Esteban Arze la formaban

• Infantería, 200 hombres
• Caballería, 500 hombre
• Indígenas,174 hombres
• Grupo denominado Cívicos Urbanos, indefinido
• Dos piezas de artillería

Desarrollo

“Ante vuestras macanas el enemigo tiembla” es la arenga más poética, casi un graffiti, que Cochabamba ofrendó a la memoria revolucionaria de los pueblos del mundo. La profirió Esteban Arze, el general de un ejército de cochabambinos desarmados e indisciplinados que infringieron una derrota estratégica a los colonialistas españoles en el altiplano aymara de Haru Uma (Aroma, en castellano), el 14 de noviembre de 1810, exactamente dos meses después de la gran revuelta valluna del 14 de septiembre en ese mismo año.

Aquello de las macanas fue real y fantástico. La batalla se produjo cuando el “ejército cochabambino” comandado por Esteban Arze y Melchor Guzmán Quitón se dirigía de Oruro a La Paz para impedir el avance de las tropas realistas hacia el sur altoperuano, protegiendo así los territorios liberados por el ejército auxiliar argentino. El choque se produjo en las riberas del río Aroma, a pocos kilómetros de Sica Sica, sobre un terreno donde, según una descripción de Eufronio Viscarra poco conocida, “numerosos conejos semejantes a la liebre (viscachasr) establecen en el suelo sus madrigueras en forma de largas y profundas encrucijadas, que se hunden bajo las plantas, produciendo agujeros donde caen fácilmente hombres y bestias. Los españoles, no acostumbrados a pisar un suelo tan accidentado, daban tumbos a menudo, deteniéndose por tal motivo y facilitando el avance de los cochabambinos que evitaban los peligros con su natural agilidad y por el conocimiento que tenían del lugar”. Según el relato de Viscarra, “instintivamente y sin previo acuerdo, los patriotas adoptaron una táctica harto singular: aprovechando de las concavidades naturales del terreno, de los pequeños barrancos formados por el río de Aroma en su curso caprichoso y de las tolas (arbustos que en esos parajes alcanzan proporciones considerables), se alebraban en el suelo mientras los enemigos hacían sus disparos, y cuando cesaba el fuego se adelantaban rápidamente para acortar la distancia que había entre los contendientes. A las nuevas descargas del enemigo volvían a agazaparse sin retroceder un solo paso y avanzando siempre, hasta que llegó el momento de lanzarse sobre los realistas”. Entonces las macanas entraron en acción en un cuerpo a cuerpo indescriptible. “Arrostrando serenos los fuegos de la fusilería, descargaban terribles golpes de macana sobre los realistas y les arrebataban las armas para seguir combatiendo con ellas. Los chuzos y los palos que empuñaban vigorosamente, caían sobre los adversarios haciendo saltar en mil pedazos sus cascos y corazas y convirtiendo en esquirlas sus cráneos”.

En los mil encuentros que se sucedían rápidamente, prevalecía, casi siempre, la fuerza muscular de los cochabambinos, que, acostumbrados como estaban a las rudas faenas del campo, manejaban sus garrotes con admirable desenvoltura y pujanza. “Encontróse en algunos sitios, después del combate, a más de un patriota muerto por la bayoneta de un soldado realista; pero cubriendo con su cuerpo el del enemigo muerto también, lo que manifiesta que el independiente, al sentir el frío de la espada en las entrañas, se daba modos para aplastar con su macana la cabeza del adversario, pereciendo en consecuencia los dos (…). Desconcertado el enemigo ante la pujanza descomunal de los cochabambinos, cejó de sus posiciones y bien pronto se entregó a la fuga para buscar en ella su salvación”.

Y así fue que el enemigo tembló.

La ética de Arze

Aroma tiene un significado de dimensiones aún hoy poco asimiladas en nuestra historia. Una vez impuesta la Gobernación Autónoma de Cochabamba como una extensión orgánica de la Junta Tuitiva de Buenos Aires, el gobernador Francisco del Rivero encomendó a Arze y Guzmán formar un ejército regular cuya primera misión consistía en dirigirse a Oruro para proteger unas arcas reales (con millonarios caudales producto de exaccivos impuestos y esclavitud en las minas de plata) que el realista Goyeneche ordenó saquear para llevarlas al Virreinato de Lima.

Mientras permaneció en Oruro desde el 20 de octubre para custodiar los caudales reales, Esteban Arze impuso en esa ciudad una autoridad rigurosamente celosa de la conducta ética en sus propias filas. Al general Arze le interesaba muy poco la corrupción de sus enemigos. Le preocupaba la de los suyos mismos, sabiendo que nadie es perfectamente inmaculado en estas viñas del señor, más aún detentando un poder nacido de las armas. Pocos días antes de la partida de los cochabambinos hacia La Paz, el 9 de noviembre, el Ilustre Cabildo de la Real Villa de San Felipe de Austria de Oruro, certificó que Esteban Arze “logró conquistarse las voluntades todas con el desinterés, talento, sagacidad política y demás virtudes que realzan y caracterizan su persona, consiguiendo por medio de ellas el fin laudable de que su gente no cometiese exceso, extorsiones ni incomodidad alguna en la citada población”.

El fugaz gobierno interventor de Esteban Arze en Oruro, previo a Aroma, fue un modelo de autocontrol administrativo inédito y singular en la historia política de ésta que terminó siendo la República de Bolivia 15 años después.

Conclusión

Si la batalla de Suipacha le abrió el camino del Alto Perú al ejército libertador, el combate de Aroma destruyó todos los obstáculos que podían levantarse en el centro de aquellos pueblos. Los habitantes de la capital recibieron ambas noticias con un regocijo increíble. Nada detenía pues al ejército independiente, sino la incorporación de las divisiones de Tarijeños, Salteños, Tucumanos, Santiagueños y Cordobeses, con la artillería, el material y las monturas necesarias. Poco después marchaba sobre Potosí, y en el camino se le reunieron los patricios de Buenos Aires, quintados cuatro meses antes por el mariscal Nieto y que habían logrado escaparse del mortal presidio del cerro de Potosí, después de la victoria de Suipacha. El general en jefe les confió la misión de perseguir á Nieto y Córdova, lo que efectuaron logrando apoderarse de ellos y trayéndolos á Potosí, que acababa de ser ocupado por los patriotas. La toma de esta ciudad fue de trascendencia para la revolución, pues ella consolidó la emancipación de los habitantes de quinientas leguas y puso en poder de los independientes el monte mineral de Potosí y la gran casa de moneda que había contribuido con más de dos millares de pesos fuertes á la esclavitud de la España y de la América.


Fuente:

nuestraamerica.info Por Wilson García Mérida http://www.nuestraamerica.info/leer.hlvs/4467

Wilkipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Aroma

Anales histórico de la revolución hispano americana tomo I. Autor Carlos Calvo

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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 8 Ago 2010 - 13:06

Luego de Suipacha y Aroma

Chuquisaca presta Adhesión a Buenos Aires

Las consecuencias de las acciones de Suipacha y Aroma fueron favorables a la causa revolucionaria. El ayuntamiento de La Plata cito a cabildo abierto el 12 de noviembre y al día siguiente en reunión presidida por el conde de San Javier, Gaspar Ramírez de Laredo, en que participaron el dispuesto presidente Pizarro y el arzobispo Moxó, se declaró nula la adhesión a Lima y, a la vez, se reconociera autoridad de la Junta de Buenos Aires, lo cual fue notificado a Goyeneche, Ramírez y al Virrey Abascal.

Las puertas de Potosí fueron inmediatamente abiertas a Castelli gracias a una enorme movilización indígena que tuvo lugar en la provincia de Chayanta.

Balcarce Ascendido

Luego de la batalla de Suipacha Balcarce fue ascendido a brigadier, y la confianza para avanzar hacia el río Desaguadero, límite del virreinato en la época colonial. El general Juan Martín de Pueyrredón fue nombrado presidente de la Audiencia de Charcas.

Entró luego la división de vanguardia del ejército auxiliar en Potosí, comandada por Martín Miguel de Güemes y posteriormente le siguió el resto del ejército. Las desavenencias internas llevaron a Castelli a despedir a Güemes y a su gente, fue confinado en Salta y la División de Salta, que estaba a su mando fue disuelta, incorporándose sus soldados a otras unidades.

El 15 de noviembre la Junta dispuso el relevo de Ortiz de Ocampo, quien se hallaba en Jujuy, quedando González Balcarce como jefe de la expedición, recibiendo la noticia el 12 de diciembre. Sin embargo, ninguna disposición podía tomar sin el asentimiento de Castelli.

El 21 de noviembre, un decreto de la Junta creó el Regimiento N° 7 de Infantería (Regimiento de Cochabamba) con fuerzas milicianas de esa ciudad, formado por 12 compañías de 100 soldados cada una, siendo su jefe el gobernador intendente de Cochabamba, Francisco del Rivero.

Captura de los jefes realistas

Al llegarle la noticia de la derrota, Nieto, quien había quedado en Cotagaita, entró en pánico e hizo destruir la fortaleza. Junto al párroco de Tupiza y algunos oficiales se aventuró en el despoblado en busca de alcanzar la costa del océano Pacífico. Siendo anciano, no pudo viajar con rapidez. Tras 16 días de marcha, cerca de Colcha en Lípez, el guía que los acompañaba ocultó las mulas mientras los prófugos descansaban, dejándolos sin poder continuar mientras se dirigía a denunciarlos al alcalde del lugar, Antonio Santos. Éste los apresó inmediatamente y los entregó a Castelli. Una partida salió en su búsqueda formada por soldados de las compañías de patricios que Nieto había mandado a trabajar en el socavón de Potosí cuatro meses antes.

Tras la derrota, Córdoba huyó con los restos de su ejército hacia Cotagaita y al día siguiente de la batalla escribió a su ex amigo en España, González Balcarce:

Venció usted en la lid y ahora estoy dando las órdenes más activas para que se junte lo que ha esparcido el indigno Presidente. Reconozco la Junta, me someto á ella, lo mismo que hace esta marina, y lo mismo que harán las tropas que yo he mandado, pues para ello he dado órdenes muy estrechas.

Castelli le respondió que se entregara con sus cómplices a la generosidad del Gobierno de la Junta. Adivinando cual sería su suerte, al recibir esa respuesta Córdoba se dio a la fuga el día 9 en dirección a La Plata (o Chuquisaca). El 12 de noviembre envió una carta solicitando un batallón de 300 cruceños a La Plata, pero la ciudad se estaba pronunciando por la revolución y en respuesta le enviaron una partida al mando del capitán Joaquín de Lemoine que lo apresó al día siguiente en Cuchihuasi en las cercanías de Potosí.

Indalecio González de Socasa tomó el mando de los restos del ejército realista y se dirigió hacia Puno para unirse a Goyeneche, siendo también apresado, aunque luego logró escapar.

Al huir Nieto envió a Potosí al Conde Casa Real con órdenes para Paula Sanz de que tomara los 200.000 pesos oro de la Casa de la Moneda y saliera de la ciudad. Sin embargo éste demoró su salida lo suficiente como para que el 10 de noviembre llegara a la ciudad un oficio de Castelli anunciando su inminente llegada con el ejército y ordenando al cabildo el apresamiento del gobernador. El cabildo se pronunció en favor de la revolución adhiriendo a la Junta y liberando a los detenidos del año anterior. Paula Sanz fue apresado inmediatamente, permaneciendo detenido en la Casa de la Moneda junto Nieto y a Córdoba durante un mes.

Gobierno de Castelli en Charcas

Castelli durante su gobierno en el Alto Perú tomó medidas drásticas que le ganaron la enemistad de gran parte de las clases acomodadas, como fusilar el 15 de diciembre en la Plaza Mayor de Potosí al mariscal Vicente Nieto, gobernador presidente de la Audiencia de Charcas, a Francisco de Paula Sanz, intendente de Potosí y al capitán de navío Córdoba y Rojas, luego de que se negaran a jurar obediencia a la Junta, cumpliendo las órdenes de Moreno en represalia por las ejecuciones de los líderes de la revolución de La Paz en 1809, el obispo de La Paz y Goyeneche también estaban sentenciados a muerte si eran capturados. A los tres se les realizó un proceso presidido por Eustoquio Díaz Vélez y fueron sentenciados a muerte el día 14 por crímenes contra el rey y la patria por Castelli, en nombre de la Junta, que a su vez actuaba en nombre del rey. El perdón que la Junta había otorgado a los reos, junto con la orden de no realizar nuevas ejecuciones por motivos políticos, llegó tarde a Potosí.

Confiscó Castelli también bienes de los españoles emigrados y desterró a muchos enemigos. Lo hacía en cumplimiento de órdenes emanadas de la Primera Junta el 12 de setiembre:

En la primera victoria dejará V.E. que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos.

Luego de dejar a Feliciano Chiclana como gobernador intendente de Potosí, llegó Castelli a Chuquisaca el 27 de diciembre de 1810 acompañado de González Balcarce y de 400 soldados, siendo recibido en triunfo. Castelli se hizo cargo de la presidencia de Charcas, que más tarde dejó al general Juan Martín de Pueyrredón. La Real Audiencia fue renombrada como Cámara de Apelaciones.

Entre las medidas tomadas por Castelli en el Alto Perú, estuvo la formación de los Consejos de Provincia en cada gobernación intendencia, presididos por el gobernador intendente y formados por cuatro miembros nombrados por los cabildos. Estos fueron renovados y purgados de contrarios a la revolución. Envió también Castelli diversos agentes a las provincias del Virreinato del Perú con el fin de realizar propaganda a la revolución, estas acciones dieron como resultado los pedidos de cabildo abierto en Tacna, Arequipa, Locumba y Moquegua, los que fueron rápidamente sofocados sin que Castelli pudiere prestarles ayuda.

Fuentes
Ni con Lima ni con Buenos Aires, autor José Luis Roca.
Wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Ej%C3%A9rcito_del_Norte
http://es.wikipedia.org/wiki/Primera_expedici%C3%B3n_auxiliadora_al_Alto_Per%C3%BA


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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 8 Ago 2010 - 14:43

Notable tu aporte y trabajo Ricardo!

Un gran abrazo
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MensajeTema: Expedición al Paraguay   Mar 17 Ago 2010 - 11:42

Expedición al Paraguay

En el frente con el Paraguay Belgrano partía con sus unidades desde La Bajada, las 3 divisiones que había agrupado su ejército salieron con intervalos de 24 horas los días 22, 23 y 24 de octubre, iniciando marcha por el interior de la Mesopotamia. Belgrano permaneció en La Bajada en espera de los patricios, que llegaron el 1 de noviembre, formando la 4º división, al mando del teniente coronel Gregorio Perdriel y del capitán Saturnino Saraza, partiendo al día siguiente luego de ser revistados y dejar 10 ó 12 enfermos. No llevaban cargas y los acompañaba un piquete de 25 a 30 milicianos de La Bajada. Antes de partir, el 2 de noviembre Belgrano creó el Escuadrón de Milicias Patrióticas de Caballería del Paraná, formado por 3 compañías al mando del teniente coronel Francisco Antonio de la Torre y Vera que ya habían partido distribuidas entre las 3 divisiones. El 8 de noviembre la Junta ratificó esta creación. La función de esta milicia de unas 200 plazas reclutada en la Bajada era cuidar las carretas y caballos y tirar la artillería, sin entrar en combate, pues no iban armados.

Excelentísimo señor:
He creado un escuadrón de caballería con el título de milicia patriótica del Paraná, nombrando de comandante, con el grado de teniente coronel, al sargento mayor de milicias urbanas de este pueblo don Francisco Antonio de la Torre y Vera, a quien he ordenado lo conveniente para el nombramiento de oficiales. Espero que vuestra excelencia se sirva aprobar esta determinación o resolver lo que juzgare oportuno. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.


Los expedicionarios cruzaron el arroyo Las Conchas, descansaron en la Estancia de la Torre y luego atravesaron el arroyo Antonio Tomás, deteniéndose en la Estancia Las Vizcacheras (estancia de Colobrán), al este de Santa Elena. Pasaron luego el arroyo Feliciano, descansando en el Puesto las Estacas de Juan Ventura de la estancia perteneciente a Gregoria Pérez, quien es conocida como la primera patricia argentina, ya que puso a disposición de Belgrano las haciendas, casas y criados, que poseía en su estancia:

Pongo á la orden y disposición de V. E. mis haciendas, casas y criados, desde el rio Feliciano hasta el puesto de las Estacas en cuyo trecho es V. E. dueño de mis cortos bienes, para que con ellos pueda auxiliar al Ejército de su mando, sin interés alguno.

Siguieron luego las estancias: El Sauce, Las Vizcachas (hoy El Rosario), La Mula de Candioti (en donde desertaron 2 soldados que luego de capturados por la escolta de Belgrano, fueron fusilados en Curuzú Cuatiá), el puesto de la Laguna (de Canteros), estancia de José Muñoz, pasando luego por las puntas del arroyo Basualdo a la actual Provincia de Corrientes. Siguieron las propiedades de José Antonio Casco y de Borda, llegando a Curuzú Cuatiá luego de 111,5 leguas de camino.

Desde Montevideo, el gobernador Vigodet, trata de dar apoyo a las tropas del Paraguay disponiendo controlar los ríos y cortar las comunicaciones del ejército revolucionario que avanzaba contra la Intendencia de Paraguay a través de la Mesopotamia. Una flotilla comandada por el capitán de navío Juan Ángel de Michelena desembarcó tropas en Concepción del Uruguay (antes conocida como Arroyo de la China) y la ocupó el 6 de noviembre con 300 soldados realistas, amenazando las comunicaciones de Belgrano con Buenos Aires.

Se encontraba allí el comandante Dr. D. Jose Diaz-Velez, auxiliado con una compañía de la mejor tropa de caballería de la Patria que mandaba el capitán D. Diego González Balcarce.

“Aquellas fuerzas de Montevideo se pudieron tomar todas, venían en ellas muchos oficiales que esperaban reunírsenos como después lo efectuaron y si D. José Diaz-Velez en lugar de huir precipitadamente, oye los consejos del capitán Balcarce y hace alguna resistencia, sin necesidad de otro recurso, queda la mayor parte de la fuerza que traía el enemigo con nosotros y se ve precisado á retirarse el jefe de la expedición de Montevideo Michelena desengañado de la inutilidad de sus esfuerzos, y quién sabe si se hubiera dejado tomar, pues le unían lazos á Buenos Aires, de que no podía desentenderse.”
Memorias de Belgrano

Los portugueses, en tanto, situaban un ejército de observación con 1.200 hombres en su campamento del río Ibirapuitá, en las Misiones Orientales. En la Capilla de Alcaraz supo Belgrano lo sucedido en Concepción del Uruguay y ordenó a Diego González Balcarce que se le reuniese con la compañía de blandengues, lo que ocurrió durante la marcha. Desde Alcaraz reiteró su solicitud a la Junta para atacar a las fuerzas de Michelena, pero en Curuzú Cuatiá recibió nuevamente la negativa. A los pocos días de viaje Belgrano dejó al mando de Perdriel la 4° división y se adelantó hacia la 3°.

Escribe Mitre:
Belgrano parece haber olvidado que en una comunicación suya fechada 10 de Noviembre (archivo general) decía a la junta, que lo que querían los de Montevideo “era distraerlo de su empresa con amagos sobre las costas, para reembarcarse y volver a amagar otro punto así que marchase sobre ello con sus fuerzas”, lo cual tenía razón.


En Curuzú Cuatiá y avance hasta el río Paraná

El 8 de noviembre Belgrano comunicó a la Junta su llegada a Curuzú Cuatiá con la 3° división, llegando dos días después la 4° división. Allí hizo fusilar a los dos desertores atrapados del Regimiento de Caballería de la Patria.

“Habia principiado la desercion, principalmente en los de caballería de la Patria, y habiendo yo mismo encontrado dos, los hice prender con mi escolta y conducirlos hasta el pueblo de Crusucuatia, donde los mande fusilar con todas las formalidades de estilo y fue bastante para que ninguno se desertase.”
Memorias de Belgrano

Belgrano reunió los pobladores dispersos y delineó el pueblo de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá, le fijó su jurisdicción territorial laudando en la disputa que el Cabildo de Corrientes tenía con el de Yapeyú, y el 16 de noviembre ordenó por carta la formalización del pueblo misionero de Mandisoví, otorgándole ejido y una amplia jurisdicción territorial en el noreste de Entre Ríos y extremo sur de Corrientes.

El 12 de noviembre el padre Arboleya bendijo la bandera del ejército expedicionario, que llevaba los colores amarillo, azul y encarnado, de acuerdo a las telas compradas en Santa Fe. Una bandera con los mismos colores y el escudo de armas del rey fue adoptada por los patriotas paraguayos en Asunción el 17 de junio de 1811.

Desde Coruzú Cuatiá ordenó al coronel Rocamora, teniente gobernador de las Misiones, que se le incorporase con las milicias de su jurisdicción, las cuales nunca llegaron a tiempo de entrar en campaña. Belgrano en el interés de ocultar a los paraguayos el punto preciso del Paraná por donde pensaba efectuar su invasión, había elegido el punto céntrico de Coruzú Cuatiá, y con el mismo objeto trazó el itinerario de Rocamora, desde Yapeyú hasta el paso de Capita Mini en el rio de Corrientes, alargando inútilmente su camino y privándose del auxilio de 400 hombres, que más tarde echo de menos.

“Hice alto en dicho pueblo para el arreglo de las carretas y proporcionarme cuanto era necesario para seguir la marcha. Nombré allí de cuartel maestre general al coronel Rocamora y le mande que viniese con la gente que tenia por aquel camino hasta reunirseme, pues como ya he dicho se hallaba en Yapeyú.

Pude haberle mandado que fuese por los pueblos de Misiones á Candelaria, pueblo sobre la costa sud del Paraná, con lo que había ahorrado muchas leguas de marcha, pero como el objeto de mi venida á Crusucuatia, había sido, así por el mejor camino de carretas, como para alucinar á los paraguayos de modo que no supieran porque punto intentaba pasar el Paraná, barrera formidable, le di la orden predicha”

Memorias de Belgrano

Quiero hacer un apartado ya que me resulto interesante la siguiente nota, la historia la sigo en dos libros, uno escrito por Mitre, en lo personal un escritor con una gran capacidad para relatar la historia pero la de evitar ciertos temas, (por ejemplo el no comenta nada sobre el fusilamiento de los desertores en Coruzú Cuatiá) y otro muy crítico como es José M. Paz.

Leamos lo que escribe uno y otro, el primero Mitre, justificando este error y el otro criticando al mismo


Escribe Mitre

“Este error militar de Belgrano que consta del Proceso que se formo en 1811, y de que él procura sincerarse en su Memoria, se lo puede ser atenuado por la falta de conocimientos que tenia de la topografía del país, y por la carencia de datos y noticias para ilustrar su juicio, pues el mismo dice en una nota a la junta de fecha 16 de diciembre que existe en el Archivo General: “Yo mismo me adelanto a ver el terreno; porque el plano es inútil y los vaquéanos sus autómatas”

Página 267 Tomo I edición primera (1859)


Escribe José M. Paz

“Muy singular parece al que escribe esta copia que para trasladarse el ejercito desde el pueblo del Paraná á Crusú cuatià, siguiese la costa del Rio Paraná por Alcaraz. Su dirección natural debía ser dirigiéndose al Gualeguay que podía haber pasado en el paso de la Laguna, lo que le ofrecía un camino más llano, más abundante de pastos y recursos, y de igual extensión con corta diferencia. Este le proporcionaba además la ventaja de pasar muy cerca por el Arroyo de la China, de modo que sin perder camino podría haber hecho la deseada operación sobre los marinos de Montevideo.”

Página 337 Impreso 1855


A fines de noviembre el ejército comenzó a moverse desde el campamento de Curuzú Cuatiá por la región del Pay Ubre, marchando en 3 divisiones comandadas por Machaín, Perdriel y el propio Belgrano, quien dejaba el mando de la 3° división a Saturnino Saraza cuando se adelantaba a inspeccionar las otras dos, este pequeño ejército ya contaba con poco más de mil hombres. El cruce del río Corrientes les insumió tres días por el paso de Caaguazú, cruzando el 20 de noviembre la 1° división. El paso debió hacerse en dos canoas allí encontradas y en pelotas de cuero, aunque la mayoría de los soldados cruzó a nado, ahogándose 2 de ellos. El día 25 pasaron por el pueblo de Yaguareté Corá (hoy llamado Concepción), llegando el 4 de diciembre a la costa del Parana, frente a la isla de Apipe.

Desde la Ciudad de Corrientes el teniente de gobernador Elías Galván envió 800 cabezas de ganado al ejército y prometió caballos que no se recibieron.

En Asunción el gobernador Velasco tuvo noticias de la movilización de fuerzas de Buenos Aires y ordenó que se movilizaran milicias a los pasos del río Paraná. Belgrano dio órdenes para confundir a los realistas paraguayos acerca de la dirección de su avance y del lugar por donde cruzaría el Paraná. Para esto, ordenó el 20 de noviembre desde Curuzú Cuatiá a Galván que 300 milicianos correntinos se situaran en Paso del Rey (actual Paso de la Patria).

“Desde dicho punto di orden al teniente gobernador de Corrientes que lo era D.Elias Galván que pusiese fuerzas de miliasen el Paso del Rey, con el ánimo de que los paraguayos se persuadiesen que iba á vencer el Paraná por allí, y para mayor abundamiento ordene que se desprendiesen unas grandes canoas, para que lo creyesen mejor y si podían escapar subiesen hasta Candelaria.”

Memorias de Belgrano


Fuentes:

Memorias póstumas del brigadier general D. José M. Paz, escrito por José M. Paz
Historia de Belgrano tomo I, escrito por Bartolomé Mitre

Wikipedia

http://es.wikipedia.org/wiki/Expedici%C3%B3n_Libertadora_al_Paraguay
http://es.wikipedia.org/wiki/Expediciones_Libertadoras_de_la_Banda_Oriental
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