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 Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia

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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 7 Nov 2010 - 8:44

Las necesidades Logística del General Belgrano


Buscando en el diccionario, más precisamente en la Real Academia Española el termino Logística encontré esta definición “Parte de la organización militar que atiende al movimiento y mantenimiento de las tropas en campaña.”, y pensé, nunca más acertado este término para definir el gran problema que se encontró Belgrano para realizar su movimiento al tratar de cruzar el río Paraná, frente a Campichuelo. El desafío que tuvo que enfrentar el ejército que se encontraba bajo su mando, fue grande, tal vez minimizado por la historia al comparar con el que afronto San Martin para cruzar los Andes, o como siempre ocurre, una derrota o una mala campaña militar borra todo el esfuerzo realizado para cumplirla. Por eso me voy a detener a repasar, siguiendo los relatos de Belgrano para ver como el creador de la bandera y su ejército supero, lo que en mi humilde opinión, fue el primer gran desafío logístico del ejército Argentino en la lucha por la independencia.

Recordemos que Belgrano llegaba a la frontera del actual país hermano del Paraguay con las intención de derrocar a Velasco. Con la errónea información de que el pueblo Paraguayo apoyaba la revolución y que con pocos hombres podría derrotarlo.

Pero este sueño se fue convirtiendo en una pesadilla a medida que las tropas se acercaba a su capital, Asunción, por eso las tropas se iban reforzando, y ya sobre la orilla del rio Paraná Belgrano sabía que no tendría más alternativa que enfrentar al ejército que comandaba Velazco.

Frente a su posición, al otro lado del río, se encontraba un fuerte con cerca de 500 hombres. Por lo tanto a la dificultad de cruzar dicho rio se sumaba que las tropas enemigas los esperaban lista para combatir. Veamos que hace Belgrano para obtener un movimiento seguro sobre el rio.

Comenzamos repasando lo últimos echos ocurrido en la anterior nota, pero siguiendo los relatos de Belgrano.*

“Llegamos al rio Corrientes, al paso ya referido y solo encontramos dos muy malas canoas, que nos habían de servir de balsa para pasa la tropa, artillería y municiones: felizmente la mayor parte de la gente sabía nadar y hacer uso de lo que llamamos pelota y aun así tuvimos dos ahogados y algunas municiones perdidas por la falta de la balsa. Tardamos tres días en este paso no obstante la mayor actividad y diligencia y el gran trabajo de los nadadores que pasaron la mayor parte de las carretas dando vuelcos. El rio tendría una cuadra de ancho y lo mas de él á nado.”

Lo que Belgrano llamo “pelota” es conocido como “odre de cuero”, eh aquí su significado

“El odre es un recipiente hecho de cuero, generalmente de cabra, que, cosido y empegado por todas partes menos por la correspondiente al cuello del animal, sirve para contener líquidos, como vino o aceite, y otras sustancias, como mantequilla y queso. Era el recipiente más generalizado en la antigüedad”

Esta acción debió haber causado una muy mala impresión al general Belgrano, nadie gustaría ver a sus hombres cruzar un rio a nado, realizando varias pasada para transportar sus pertrechos, y que además le llevara tres días para terminar.

Como van a ver desde ese instante la única obsesión de Belgrano era la obtención de una flota fluvial que permitiera el transporte rápido y seguro de sus hombre y sus pertrecho.*

Sigamos el relato del general.

“Seguí siempre la línea recta á salir al frente de San Gerónimo atravesando según el plan que llevaba la famosa laguna Iberá que nunca vi, (el camino no atraviesa la laguna, pero sí esteros y aun canales que son dependencias), observe sí, unos cierregos inmensos al costado derecho del camino que sería parte. Pasamos los Ipicus, miní y guazú que son desagües de ella o comunicaciones con el Paraná, y después de marchas las más penosas, por países habitados de fieras y sabandijas de cuanta especie es capaz de perjudicar al hombre, llegamos á dicho punto de San Gerónimo sufriendo inmensos aguaceros, sin tener una sola tienda de campaña, ni aun para guardar las armas.

Allí empezaron con más fuerza las aguas y nuestros sufrimientos y nos encaminábamos al paso de Ibirricury, habiendo yo formado la idea de atravesar á la isla celebre llamada Apipe, para de allí pasar á San Cosme según los informes que me habían dado los baqueanos. No encontré más que una canoa y me propuse hacer botes de cuero para vencer la dificultad en la estancia de Santa María de la Candelaria y no dije entonces Santa María la mayor por haber visto así el título en el altar mayor.

Mientras estuve en los trabajos de botes de cuero, tuve noticia de que en Caraguatá había unos europeos construyendo un barco y que habían salvado el bote del fuego con que los paraguayos devoraron cuanto buque pequeño y canoas había por aquella parte de la costa sud del Paraná, con el intento de quitarme todo auxilio.”


Me detengo en este punto para ver lo importante que era para Belgrano poder tener una “flota de apoyo y desembarco” para poder cruzar el río.*

“Con este motivo me dirigí allí, mandé fuerzas á la Candelaria y ordene al mayor general que viese por sí mismo el ancho del rio en aquella parte y que diese cuenta, pues no fiaba del plano que llevaba, y veía muchas dificultades en este paso de Caraguatá, por su demasiada anchura.

El que construía el barco era un gallego de nación, pero de muy buenas luces, adicto á nuestra causa o al menos lo parecía ello es que trabajó mucho para alistar el bote y ponerle una corredera en que se colocó un cañón de á dos, giratorio con su respectiva cureña que también se formó: me acompañó á la Candelaria y anduvo en toda la expedición conmigo hasta que no fue necesario.

Volvió el mayor general que dio las noticias que yo deseaba y entonces habiendo logrado saber de algunas canoas que se habían podido salvar las hice venir á Caraguatá y forme una escuadrilla, cuya capitana era el bote y le hice subir hasta Candelaria al mando del expresado mayor general, con gente armada de toda confianza pues debía pasar por frente de Itapua donde tenían los paraguayos toda ó la mayor parte de la fuerza que debía impedirnos el paso hacia aquella parte y el depósito de las canoas.”


El mayor general que nombra Belgrano es José Ildefonso de Machain, entonces ¿podríamos decir que Machaín fue el comandante de la primera escuadrilla naval?. La historia no reconoce esto.

Lo que no imagino Belgrano es que al pasar esta flota por la costa de Itapua dio a las tropas Paraguayas la creencia que las fuerzas porteñas eran mucho mayores que la realidad, y esto permitirá un desenlace favorable en el combate de Campichuelo. *

Sigamos con Belgrano

“Casi á un mismo tiempo llegamos á Candelaria unos y otros el 15 de Diciembre después de haber sufrido inmensos trabajos por las aguas y escasez y particularmente los que subieron por agua por tener que trabajar contra la corriente y no hallar ni arbitrio para hacer su comida por la continua lluvia.

Allí empezamos una nueva faena para formar las balsas y botes de cuero á la vista del enemigo y apresurando lo más posible para no dar lugar á que subieran las fuerzas marítimas que tenían los paraguayos en el Paso del Rey.

Entre las balsas que se dispusieron se hizo una para colocar un cañón de á cuatro, con que batir los enemigos que estaban en el Campichuelo, que es un escampado que está casi al frente de este pueblo en la costa norte del Paraná: las demás eran capaces de llevar sesenta hombres cada una y teníamos alguna que otra canoa suelta y un bote de cuero.”


Tengan en cuenta este hecho, ya que luego de las derrotas de Belgrano el gobierno de buenos Aires se convence de la necesidad de crear una flota para apoyar al ejército del norte.*

Dice el historiador Ángel Carranza

“La fracción de ellos que estaba por la continuación de la guerra, pedían se enviasen al general Belgrano, sin pérdida de momento, mil y tantos hombres, para que tomara nuevamente la ofensiva. Parte de esta fuerza caminaría por agua hasta Corrientes, en buques armados al intento una vez allí, remontando el rio Paraguay, debían desembarcar y demoler la guardia de Ñeembucú ó Villa del Pilar, y otras puntos del tránsito hasta llegar á la Asunción.

Concluida que fuese esta campaña marítima, regresarían dichos buques, hasta quedar incorporados al Ejército del Norte, en cuya combinación debían operar en lo sucesivo.”


Finalmente Belgrano comenta

“Como no viniese la contestación del gobernador y hubiese hecho hostilidades una partida paraguaya que atravesó el Paraná y fue á la estancia de Santa María ya referida, le avise el 18 al comandante de aquella fuerza, que había cesado el armisticio por su falta y que lo iba a atacar.”

¿Belgrano se sentía ya seguro por su flota?, ¿había completado sus necesidades logísticas para transportar su tropa?, no hay duda que una de las razones de la victoria de Campichuelo fue que él determino el momento y el modo en que se desarrollaría el combate.*

* Son comentarios personales

Fuentes

www.rae.es

Memorias póstumas del brigadier general José M Paz.

Campañas marítimas durante la guerra de la Independencia, por el doctor don Ángel J. Carranza ( libro “Revista de Buenos Aires tomo III”)
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 7 Nov 2010 - 9:14

Diossss!!! Que ganas de tomarme el expreso del tiempo para ir a ayudarlo a hacer botes portamorteros.

Excelente tu aporte!
Hoy más que nunca, deberíamos aprender de la história! Está todo ahí,ya nos pasó estar en carencia de medios, y como el tesón y la determinación quedan por encima de las necesidades y falencias.
Un lujo este topic.

Un gran abrazo.
Marcelo
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 21 Nov 2010 - 7:08

Combate de Campichuelo



El Combate de Campichuelo fue un enfrentamiento menor ocurrido durante la Expedición Libertadora al Paraguay, como parte de la Guerra de Independencia de la Argentina. El combate ocurrió cuando las fuerzas al mando de Manuel Belgrano iniciaban el cruce del río Paraná comenzando la invasión al territorio de las Misiones controlado por los realistas paraguayos, tomando la posición fortificada de Campichuelo.


Terreno

El Paraná tiene frente a La Candelaria más de 1.000 metros de ancho y fuerte correntada, y se estimó que iba a desviar la ruta de la escuadrilla en más o menos una legua y media aguas abajo en el lugar elegido, un claro del monte llamado El Campichuelo.


Preludio a la Batalla

La Junta de Buenos Aires determinó mandar una expedición a la Intendencia del Paraguay en atención a que se creía que allí había un gran partido por la revolución, que estaba oprimido por el gobernador realista Bernardo de Velasco y Huidobro. El 24 de septiembre de 1810 se le dieron instrucciones al abogado Manuel Belgrano para que iniciara las operaciones militares sobre el Paraguay. Luego de improvisar un pequeño ejército con tropas de Buenos Aires, blandengues y milicianos de los pueblos por donde pasó, Belgrano se situó en el pueblo misionero de Santa María de la Candelaria.

Debido a que los realistas paraguayos habían retirado o destruido las embarcaciones del río Paraná, las fuerzas al mando de Belgrano debieron cruzarlo con balsas, botes y canoas construidas al efecto, llevando gran parte de las cargas en odres de cuero. El cruce se realizó el 19 de diciembre de 1810 a partir de la antigua capital misionera Candelaria (actual Provincia de Misiones). Belgrano cruzó al frente de una reducida fuerza: 800 hombres, mitad de caballería e infantería, con 6 cañones de pequeño calibre. A su frente se hallaban las avanzadas paraguayas realistas de 500 hombres al mando de Pablo Thompson.


Orden de Batalla

Fuerza Realista
500 hombres al mando de Pablo Thompson.

Fuerza Revolucionarias
Unidades que tuvieron en acción durante el combate
• Granaderos de Fernando VII
• Caballería de la patria
• Patricios
• Arribeños


Desarrollo del combate

Luego de avisar a los comandantes paraguayos de que serían atacados, Belgrano formó el ejército en la tarde del día 18, realizo la siguiente proclama

PROCLAMA.
“Soldados: vais á entrar en territorios de nuestro amado Rey Fernando VII, que se hallan oprimidos por unos cuantos facciosos. Os encargo el mayor orden, y que no me deis motivo para imponeros las penas que nuestras ordenanzas señalan á sus infractores, y el bando que he expedido: manifestad con vuestra conducta, que sois verdaderos soldados de nuestro desgraciado Rey, y dignos súbditos del gobierno superior de estas provincias, que reside en la Exma. Junta: que vean nuestros PP., hermanos y amigos, que solo venís á libertar á los paraguayos y naturales de Misiones, del cautiverio en que se hallan: haced palpable á los pueblos y habitadores de la banda Septentrional del Paraná, la notable diferencia que hay de los soldados del Rey Fernando VII, que le sirven y aman de corazón, y son gobernados por jefes, que están poseídos sinceramente de esos sentimientos nobles, á los que solo tienen el nombre del Rey en la boca, para conseguir sus malvados é inicuos fines. Soldados: paz, unión, verdadera amistad con los españoles amantes de la patria, y del Rey: guerra, destrucción, y aniquilamiento á los agentes de José Napoleón, que son los que encienden el fuego de la guerra civil: acordaos de que nuestros camaradas del Perú, se han hacho dignos de llamarles fieles, y leales á la patria, y que los que existen en la gran capital, tienen puestos los ojos en vosotros para daros un titulo tan honroso. Soldados: no desmintáis el concepto que tantos años conserváis, y haced que estos pueblos os deban el uso de sus derechos: arrancadles las cadenas, y haceos dignos de la patria á quien servís, y del infeliz Rey á quien aclamáis.”

Dice Belgrano

“Tuve la satisfacción de ver en todos los semblantes de los soldados de la patria, el ardor que caracteriza á los valientes, y el deseo de ir á destruir las cadenas que oprimen á nuestros hermanos los paraguayos, forzados por unos cuantos españoles europeos, que habiendo sido vergonzosamente batidos en su propio país, quieren oprimir al suelo que les ha dado honor, y medios de vivir.”

“Marché con una columna al puerto á probar las balsas, y observar todo cuanto fuera posible para evitar toda desgracia en el Rio; y fenecidas las experiencias con que alarmé á los enemigos, y quienes de antemano había dicho, que iba á pasar; advirtiéndoles, que á todo europeo que encontrase con las armas en la mano, ó fuera de sus hogares, ó todo natural del Paraguay, ó de cualquiera otra provincia nuestra, que hiciera fuego á las armas de Fernando VIl, que mandaba, seria arcabuceado, me restituí á los cuarteles, ya entrada la noche.”


Como comenta Belgrano luego de probar los botes hace desembarcar a todas las tropas esperando que llegue el amanecer para iniciar el desembarco en la orilla enemiga.

Previo a la operación decide enviar un grupo de exploración para determinar un lugar seguro para el desembarco de sus hombres. A las once de las noche parte en tres canoas pequeñas una expedición formada por el baqueano Antonio Martínez, los sargentos Evaristo Bas, Rosario Abalos y 10 soldados, todos voluntarios de la compañía de granaderos de Fernando VII, una vez en la otra orilla logran hacer prisioneros a dos guardias realistas, tomándoles las armas de fuegos y capturando una canoa, que utiliza luego Martínez junto con tres soldados y los prisioneros para regresar y notificar a Belgrano que ya tenían una playa segura para el asalto de las tropas.

Eran las 2 y media de la mañana cuando arriba la canoa con los prisioneros, Belgrano una vez informado sobre la situación por Martínez dio la orden al mayor general Pira que bajases con las tropas, acelerando de esta manera el embarque de las tropas que en un principio había sido prevista para el amanecer.  

De esta manera se inicia la operación de embarque de las tropas revolucionarias, desde las tres y media hasta las 6 de la mañana pasaron a la otra orilla el mayor general José Mechain acompañados por los edecanes de Belgrano Ramón Espínola, Manuel Artigas, sus ayudantes Juan Espeleta, Juan Mármol, y las compañías de Celestiano Vidal de granaderos de Fernando VII, Gregorio Perdriel, al cual acompañaba Manuel Correa, y Saturnino Zaraza de patricios,  Manuel de Ocampo de arribeños, y Diego Balcarce de caballería de la patria.

Como luego explicara Belgrano el desembarco no fue todo lo feliz como se había previsto, el fuerte caudal de la corriente, la oscuridad y un espeso busque provocaron que las tropas tomaran posiciones muy dispersa y se hiciera lento el agrupamiento de las unidades.

Cerca de la posiciones patriotas se encontraba una batería de artillería enemiga formada por tres piezas, (un cañón y 2 pedreros) al mando del capitán de urbanos Domingo Soriano con trece hombres.
 

Al salir el sol José Mechain logra reunir un grupo de hombres, formados por  los edecanes del general Belgrano, sus ayudantes y el subteniente de patricios Gerónimo Elguera y 27 hombres, de los cuales 6 eran del granaderos de Fernando VII, 17 patricios y 4 arribeños y parte hacia la posición de avanzada realista.

Entre ellos se encontraban Manuel Artigas(1), capitán del regimiento América que con cinco soldados habían embarcado en el bote de cuero acompañado por el subteniente de patricios D. Gerónimo Elguera, con dos soldados de su compañía, en una canoa paraguaya, por no haber cabido en la balsa, estas dos unidades se separaron  de la restantes arrastradas por la corrientes logrando desembarcar ambas al final del bosque por el Campichuelo.

Artigas y Engueras al ver que el resto de las unidades no llegaban decidieron iniciar el ataque contra esta posición, los hombres Paraguayos abren fuego y luego de realizar 7 disparos, Ramón Espinola, y D. Artigas se apoderan de uno de los pedreros y comenzando a dispara contra el enemigo, logrando que estos huyeran, abandonado las armas, las municiones y de una bandera.

Esta es el único intercambio de fuego ocurrida durante este combate, en el cual no hubo bajas ni de patriotas ni de realistas. Una vez tomado el campamento de Campichuelo Belgrano ordena que algunas unidades persigan a los fugitivos, mientras finaliza el paso del resto del ejército y demás objetos. Finalizado el desembarco, al no poder cruzar la caballada la tropa inicia el avance a pie hacia Itapua, distante a 4 leguas. Al mediodía Belgrano recibe el aviso de que el pueblo misionero de Itapúa, había sido abandonado precipitadamente por los milicianos paraguayos, por lo que envió al mayor general José Machaín con artillería a ocuparlo. Thompson con 40 milicianos abandonó 60 canoas, un cañón y municiones, que fueron tomadas por Machaín sin lucha.

Conclucion

El combate de Campichuelo significo el bautismo de fuego del comandante Belgrano, permitió la entrada del ejército revolucionario en territorio de Paraguay y la ocupación de Itapúa. Por otra parte Bernardo de Velasco, inicia la preparación de sus tropas para un enfrentamiento cerca de la Asunción.

Referncias

1) Manuel Artigas
(28 de Marzo de 1774 - 25 de Mayo de 1811)




Nació el 28 de Marzo de 1774 en Montevideo, hijo de Don Esteban Artigas (Tío del Gral. José Gervasio Artigas) y de Doña Ana López.

En 1806 fue designado, junto a otros prestigiosos ciudadanos de la época, por las autoridades del Virreinato para el contralor del tráfico de cueros de la Banda Oriental. En ocasión de desempeñarse en estas labores se mostró diestro para la vida en campaña y para las tareas montadas.

En 1807 intervino en la heroica defensa de San Felipe y Santiago de Montevideo durante las Invasiones Inglesas, donde el enemigo superior en armas y en personal obligó a la rendición a las Tropas Orientales.

En 1809 se pliega al Movimiento Revolucionario "Los Chisperos" formado por compatriotas y argentinos para luchar por la libertad de nuestros pueblos de la dominación española, siendo de los iniciadores de la "Revolución de Mayo".
El 27 de Junio de 1810 recibe el nombramiento de Capitán de la Sexta Compañía del "Regimiento de América" por disposición de la Junta Suprema de Buenos Aires, en mérito a sus aptitudes y condiciones como líder.

Ese mismo año es designado por el Gral. Manuel Belgrano para realizar junto a él una marcha por las Provincias del Río de la Plata para instruir a sus pueblos en los principios de la Revolución de Mayo.

El 21 de abril de 1811 participa de la Batalla de Paso del Rey sobre el río San José, donde las tropas patriotas, al mando del Coronel Joaquín Gayón y Bustamante, vencen a las fuerzas españolas y las obligan a replegarse a la ciudad de San José de Mayo.

Cinco días más tarde toma parte en las acciones del Combate de San José, donde tras más de cuatro horas de encarnizada lucha los Orientales conquistan la ciudad, y es herido en un pie.

Esta herida lo postrará en cruel agonía, extinguiendo lentamente su vida, hasta apagar toda la llama de su valentía y fervor patriótico el 25 de Mayo.

Su devoción a la causa de la Libertad de los Pueblos del Río de la Plata desde las primeras horas le ha guardado un lugar con letras de oro en la historia de nuestros pueblos.

Homenaje
Existe una única placa, de bronce, de 85 cm de largo y 57 de alto, colocada sobre el lado oeste de la Pirámide de Mayo. Todo su contenido son dos nombres: Felipe Pereyra de Lucena y Manuel Artigas. Estos nombres, casi desconocidos para la mayoría de los paseantes, fueron los dos primeros oficiales que perdieron la vida en los campos de batalla luchando por la revolución de mayo. La noticia de estas dos bajas causó impresión y la Junta Gubernativa dispuso que se grabaran sus nombres en una lámina de bronce el 31 de julio de 1811 en la Pirámide de Mayo. Al no poder costearse la placa no se cumplió con la disposición. Fueron inscriptos en la Pirámide durante la presidencia del Dr. Carlos Pellegrini, en 1891, por iniciativa de una comisión de personas que corrieron con los gastos, y en cumplimiento a lo resuelto por la Primera Junta en 1811.

Aporte:
Si alguien pasa por la plaza de mayo y le saca una foto a esta placa, le agradecería que me lo mande asi completamos todos juntos el trabajo .
Desde ya Gracias


Marcelo Cimino me envio esta imagen de la placa, muchas gracias.


Fuentes
http://es.wikipedia.org/wiki/Combate_de_Campichuelo
http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Artigas
http://www.ejercito.mil.uy/armas/infanteria/bni6/biografia.htm
Revista de Buenos Aires Tomo XII “Descripción histórica de la antigua provincia del Paraguay” por don Mariano A. Molas.
Memorias póstumas del brigadier general José M Paz.
Imágenes Google Map.


Última edición por Quequén Grande el Dom 2 Mar 2014 - 6:00, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 21 Nov 2010 - 7:54

PROCLAMA.
“Soldados: vais á entrar en territorios de nuestro amado Rey Fernando VII, que se hallan oprimidos por unos cuantos facciosos. Os encargo el mayor orden, y que no me deis motivo para imponeros las penas que nuestras ordenanzas señalan á sus infractores, y el bando que he expedido: manifestad con vuestra conducta, que sois verdaderos soldados de nuestro desgraciado Rey, y dignos súbditos del gobierno superior de estas provincias, que reside en la Exma. Junta: que vean nuestros PP., hermanos y amigos, que solo venís á libertar á los paraguayos y naturales de Misiones, del cautiverio en que se hallan: haced palpable á los pueblos y habitadores de la banda Septentrional del Paraná, la notable diferencia que hay de los soldados del Rey Fernando VII, que le sirven y aman de corazón, y son gobernados por jefes, que están poseídos sinceramente de esos sentimientos nobles, á los que solo tienen el nombre del Rey en la boca, para conseguir sus malvados é inicuos fines. Soldados: paz, unión, verdadera amistad con los españoles amantes de la patria, y del Rey: guerra, destrucción, y aniquilamiento á los agentes de José Napoleón, que son los que encienden el fuego de la guerra civil: acordaos de que nuestros camaradas del Perú, se han hacho dignos de llamarles fieles, y leales á la patria, y que los que existen en la gran capital, tienen puestos los ojos en vosotros para daros un titulo tan honroso. Soldados: no desmintáis el concepto que tantos años conserváis, y haced que estos pueblos os deban el uso de sus derechos: arrancadles las cadenas, y haceos dignos de la patria á quien servís, y del infeliz Rey á quien aclamáis.”


No entiendo ¿Belgrano dice esto?
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 21 Nov 2010 - 8:38

Si Marcelo, Belgrano dijo eso.

Acordate que estamos en 1810, la revolución de mayo es un movimiento en apoyo al Rey Fernando VII que en esos momentos se encontraba prisionero de Napoleón.

España se encontraba en una sangrienta guerra contra las tropas francesas (en la historia de España se conoce como “guerra de la independencia”).

La característica de esa guerra fue que cada estado actuaban en forma autónoma sin coordinación entre ellos, los Gallegos, Catalanes, Malagueños, Valencianos, Madrileños actuaron todo en forma espontanea eso hizo que de repente Napoleón se encontrara no en una guerra sino en un conjunto de guerras separadas, solos los gallegos habían recibido refuerzos aportados por los ingleses que le entregaron 4000 hombres españoles prisioneros de la guerra entre estos países armados, España estaba gobernadas por muchísimas juntas autónomas que todas reconocían a la otra como aliada pero no como superior. Durante muchos tiempos estas no coordinaron esfuerzos.

Esto se trato de repetir en el virreinato del Rio de da Plata por eso cuando llega la orden de aceptar un gobierno denominado Consejo de Regencia en Cádiz, se produce la discrepancia entre las distintas ciudades del virreinato, dicho consejo no era reconocido por todos los estados españoles.

Te invito que vuelvas a leer esta explicación que escribí el 25 de junio de este año

Quequén Grande escribió:


Si analizan la situación hasta este momento, en donde todavía no se libro ninguna batalla, por lo tanto no había una guerra declarada, podemos ver lo enredado que se plantea la situación política de América del sur, y tengan en cuenta que como es la “historia militar del ejército argentino en la guerra por la independencia”, no eh involucrado, por ahora, la situación de Chile, que también se declaro independiente ni lo que está sucediendo en el norte del continente sudamericano.

Pero veamos, el enfrentamiento es entre dos virreinatos, uno el ya desmembrado Rio de la Plata y el otro el del Perú.

Perú era el estado más poderoso económica y militar del continente sudamericano, en donde el virrey Abascal no reconocía la primera junta formada en Buenos Aires, es algo lógico, el reconocerlo llevaría que posiblemente en su territorio pudieran proponer algo similar. Sin embargo tanto la primera junta como Abascal reconocían a Fernando VII como soberano. Es decir los dos se consideraban súbitos de España.

No existió en el ex virreinato del Rio de la Plata una unión de criterios, ya que vimos que en Montevideo, Chuquisaca, Asunción, Córdoba y Mendoza se produjeron movimientos contrarios contra la revolución, Mendoza y Córdoba se resolvieron, aunque costara la vida de Liniers. No ocurrirá lo mismo con las otras tres ciudades.

Pero vean que confuso se pone todo, las tres ciudades más Lima reconocen el Consejo de Regencia en Cádiz como gobierno alternativo hasta la liberación del rey Fernando VII, mientras Buenos Aires fue la única que no lo reconoció.

Pero ya vimos que no era todo armonía en Montevideo gobernada por Gaspar de Vigodet, por lo tanto no tiene una fuerza de unión suficiente para afrontar a Buenos Aires, solo espera los refuerzos, que van a llegar desde España.
Por otro lado Chuquisaca, encabezada por el Mariscal Nieto, junto con el gobernador de Potosi Francisco de Sanz anuncia la separación del Virreinato del Rio de la Plata, y se anexa al del Perú.

Mientras Paraguay, bajo el gobierno de Velasco, se separa del gobierno de Buenos Aires, pero si bien es reconocido por Montevideo no así por Vicente Nieto.

Como queda todo esto, hasta comienzo de octubre de 1810, es decir algo más de tres meses de comenzada la revolución y mes en que ocurrirá la primera batalla del ejército argentino, existían cinco bandos los cuales eran Buenos Aires, (Cornelio Saavedra), Montevideo (Gaspar de Vigodet), Asuncion (Velazco), Alto Perú (Vicente Nieto) y Perú (Abascal).

Abascal era en los papeles el autentico representante de España, que reconocía como aliado a Nieto y Vigodet, no así a Velazco, el cual se había aliado a Vigodet. Todos contra Saavedra.

Pregunto, ¿no piensan que en realidad existían intereses personales escondidos detrás de sus fidelidades al rey? Vean, Abascal quería el territorio de Bolivia y necesitaba a Nieto, pero no a Velasco. Vigodet aliado al virrey del Perú, estaba solo en espera de refuerzo de la madre patria, por lo tanto Velasco eran un buen aliado, al final tenían un mismo enemigo, Buenos Aires.

Mientras Buenos Aires tenía la suerte de tener enemigos que no se llevaban bien, no dudo que todo el fuego de libertad se hubiera apagado si en algún momento Velasco y Nieto decidieran realizar movimiento en forma conjunta.

Esto nos lleva a ver que hasta ese mes de octubre de 1810, lo que estaba por comenzar era una triste guerra civil manejada por intereses personales de gobernadores, que aprovechando la debilidad de España, hundida en una guerra de sobrevivencia con Francia, ponían sus ambiciones por sobre los del pueblo.

Ricardo Corino (Quequén Grande)

Como veras en diciembre de 1810 estábamos inmersos en una guerra civil por la continuidad del rey Fernando VII en el poder.

Saludos.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 21 Nov 2010 - 8:49

Gracias por la aclaración.
No había leído ese posteo.
Al menos tengo asegurada otros festejos por el bicentenario en el 2016.
Ahora el gauchaje, seguía cualquier cosa a la hora de ir a guerrear, o había una moneda en el medio?
Translado lo mismo a los terratenientes , comerciantes etc.
Noi es de malicioso la pregunta, sinó para esclarecer como era el desarrollo de la vida en esa época y las espectativas que la emancipaci´pon generaba.

PD,si me vienen a plantear el paso del Paraná ,en ese punto geográfico, en nombre del amado rey xx, sabés a donde los mando ,no?

Saludos
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 21 Nov 2010 - 10:11

A ver Marcelo si esto te aclara el tema del pago

Parte de la carta de González Balcarce desde Tupiza a la junta de gobierno luego de la derrota de Cotagaita

» hemos tenido tres muertos y seis heridos; y mi retirada se verificó, no por que temiese una derrota, ni esperase un ataque que absolutamente no pudiese resistir; estaba á una corta distancia de los enemigos convencido ya de que trataban de defenderse á todo coste; la tropa se hallaba sumamente escasa de subsistencias y sin recurso alguno para remediarla; no tenía dinero para el pago de sus haberes vencidos


Parte de la carta de Castelli a la junta de gobierno luego de la batalla de Suipacha

Los naturales porción nobilísíma de este estado respiran y ven el fin de su abatimiento en el principio de su libertad civil; estan perfectamento impuestos de la causa, y bendicen al nuevo gobierno. Concurren sin escases con quanto tienen, y sirven personalmente sin interés, y á porfía. Al conducir artillería se pegan 300 indios, y en hombros trastornan con ellos los cerros más encumbrados como si fuera una pluma y andan remisos para tomar dinero, diciendo que es la vez primera que se les paga por servir al Rey.

Saludos
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 21 Nov 2010 - 11:14

Gracias Ricardo !!
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 4 Dic 2010 - 12:39

Gracias Marcelo.

El martes 30 cuando me levante a trabajar y abrí mi correo me encontré con un email del “tio” Marcelo, en el se encontraba la foto que él había sacado en la plaza de mayo de la placa de reconocimiento a “Felipe Pereira de Lucena y Manuel García”, esta fenomenal persona había ido a visitar CINAR y de paso hizo tiempo para pasar por la Plaza de Mayo y sacar algunas fotos de la placa.

Marcelo sos un tipo excepcional, trate de mejorarla y así quedó, luego de subir esta imagen edito la nota sobre la batalla de Campichuelo.

PD. Consejo de un amateur a la fotografía, si sacas una imagen que se encuentra bajo una sombra, ya sea parcial o total conviene tomar la imagen usando el flash, de esa manera se atenúa la diferencia de luz.

Un abrazo y de nuevo GRACIAS, Ricardo.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 5 Dic 2010 - 14:40

Los problemas políticos 1ª parte

Con la batalla de Campichuelo finaliza prácticamente las acciones militares en el año de 1810, junto con la victoria de Suipacha se puede decir que existió un final feliz desde el punto de vista militar sin embargo la situación no era nada adecuada en el campo político.

Las ambiciones de poder y necesidades de formar bloques diplomáticos comenzaban a dividir a la junta de gobierno, tratare de resumir en dos notas los eventos ocurridos en el gobierno desde la revolución de Mayo hasta fin de año.

Primeros pasos

Desde la primera hora en que el último representante del Rey de España depositó el cetro en manos de los nueve hombres escogidos por el pueblo para substituirle en la autoridad virreinal, desde esa misma hora sintieron estos nueve hombres el enorme peso que habían admitido sobre sus hombros, y los peligros que correrían ellos y la revolución si se reducían a conducirla tan desprovistos como la habían principiado. El Virrey Cisneros empezó á disputar el puesto desde la noche en que tuvo la debilidad de abandonarlo, apareciendo al frente de los españoles de la capital, cuya resistencia no se ocultaba ni en sus semblantes, ni en sus palabras, ni en sus acciones: á toda hora llegaban avisos de que en este mismo espíritu se pronunciaba cada español que recibía la noticia á inmediaciones de la capital, y fácil fue prever por consiguiente cual sería la conducta que observarían á lo lejos los españoles del Paraguay, Montevideo y Perú, en posesión de todos las recursos y materiales de guerra, y de una influencia sobre los naturales poco menos que absoluta.
Un golpe de sentido, ó de los que se llaman golpes de Estado, dejó á los españoles de la capital en la más completa acefalia: el día 20 de Junio por la noche, el Virrey y los oidores, fueron embarcados y despachados con destino á las. Islas de Canarias.

Buscando una protección

Mientras se ocupaba el nuevo gobierno de otras medidas de seguridad, así como de los preparativos de guerra para espedicionar si era necesario sobre cualquiera de los diferentes puntos del virreinato, puso en ejecución el pensamiento de buscar la protección de un gobierno poderoso. Muchas razones aconsejaban dirigirse con preferencia al gobierno del Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda; pero bastaba el recordar los grandes esfuerzos que había hecho la nación, y las provocaciones que se habían permitido sus generales tres años antes, para trastornar la situación encerrada y colonial de todos estos países: se creía como seguro que ella se prestaría fácilmente á proteger un movimiento que correspondía á sus más altas combinaciones en aquel tiempo, y que contaba con la mayor garantía de haberlo encabezado los americanos en cuyo poder dejaron ellos mismos tres años antes la influencia de los cañones.

Nadie pensó por entonces formalmente en apelar á la Francia, al Portugal, ó a los Estados Unidos de Norte América. En cuanto á la Francia, independientemente de las prevenciones que los españoles habían engendrado con sus algazaras y maldiciones contra Napoleón y los franceses, y del estado de nulidad en que había quedado su poder marítimo, se tenían pruebas ciertas de sus miras interesadas respecto de esta colonia: Napoleón proclamó el 10 de Junio de 1808 á su hermano José, como Rey de las Españas, garantiéndole las posesiones de la monarquía en las cuatro partes del mundo; y á fines del mes de Julio siguiente llegó al Rio de la Plata un emisario que había anticipado para negociar el reconocimiento de la nueva dinastía. En cuanto al Portugal cuyos reyes espantados por los ejércitos de Napoleón, se trasladaron al Brasil en 1807, nada podría alcanzarse que no fuese una más humillante sumisión: desde su traslación a esta parte de América, la esposa del Rey D. Juan VI, Da. Carlota de Borbón, no había cesado de abrumarnos con pretensiones, alegando sus derechos eventuales á los dominios de su padre D. Carlos IV, que entretanto permanecía detenido con toda su familia en un castillo de Francia. Y en cuanto á los Estados Unidos de Norte América, aun cuando se tenían algunas nociones generales sobre su revolución, ni se conocía su poder y su política, ni se contaba con un solo motivo que hubiera hecho presumir disposiciones favorables en su gobierno.

El Gobierno primitivo se decidió, pues, á mandar una misión á Inglaterra, confiándola á un oficial de marina, D. Matías Irigoyen, que solo había alcanzado en el servicio del Rey al grado de alfares de Navío. No fue fácil penetrar el motivo que determinó á los legistas que habían hecho y hacían tanto juego en la revolución, á ceder esta comisión honrosa y delicada, a un militar que solo había contraído el mérito de dar su voto por la destitución del Virrey en el Congreso del 22 de Mayo: él era, a la verdad, de pocos años, de alguna apariencia personal, hablaba medianamente el francés, correspondía á una de las primeras familias de Buenos Aires, y sus maneras tanto como su carácter, eran un poco aristocráticos; pero ni tenía capacidad para calcular toda la importancia de la grande época que se iniciaba en su Patria, ni aun de comprender en toda su extensión la trascendencia del negociado que se le confiaba, con la circunstancia especialísima, de que fuesen cuales fuesen sus nociones sobre la ciencia del diplomático, un español necesitaba de intérprete para entender su fraseología castellana, y por consiguiente un inglés no hubiera podido entenderla ni aun con intérprete.


El Gobierno ocultó el verdadero objeto de esta misión: se hizo valer en el público que se destinaba á dar cuenta al Gobierno, que existiese entonces en España, del espíritu de lealtad con que se había conducido el pueblo en el movimiento del mes de Mayo, y de la necesidad que había obligado al Gobierno a embarcar y mandar á su disposición, al Virrey y los vocales del Tribunal de la Real Audiencia.

Las discrepancias entre Saavedra y Moreno

Apenas habían pasado seis meses desde la instalación del Gobierno primitivo, en cuyo corto periodo había conseguido dará la revolución un carácter imponente dentro y fuera del virreinato, cuando se encontró paralizado por una cuestión que empezó entre dos personas, y se hizo muy luego general.


El Dr. D. Mariano Moreno, uno de los nueve vocales del Gobierno, desempeñaba al mismo tiempo las funciones de secretario de todos los departamentos, menos el de Hacienda: en uno y otro carácter, él se había constituido campeador de la revolución, arrastrado por una aspiración desmedida á la gloria de merecer este renombre, sobre la conciencia que él tenía del poder de sus talentos, de la energía de su alma, y de la fuerza de su genio emprendedor.


El Teniente Coronel D. Cornelio de Saavedra fue nombrado Presidente del Gobierno desde el día de su instalación, conservándose en su sola persona el tratamiento de Excelencia, y los demás signos exteriores de distinción que habían ostentado los virreyes, como coches, lacayos, edecanes, escolta, honores militares en las guardias y cuarteles, y asiento de preferencia en las concurrencias y funciones públicas: con todo ese aparato, el Presidente arrastraba la atención, mientras que los demás vocales de la Junta, solo figuraban en las horas y en el interior del despacho. El había entrado en la revolución mas bien arreado que convencido: originario de una familia no común, educado entre la clase mas vanidosa de los españoles, de costumbres moderadas y timoratas, y con bastante despejo para hacer de hombre no común entre la primera clase, ó para merecer el dictado de hombre honrado en la clase mas inferior de la sociedad, él había disfrutado entre los españoles, de una consideración que rara vez alcanzaban los naturales del país,
En el carácter y en los principios de Saavedra, sus aspiraciones quedaron satisfechas desde que se vio rodeado, como Presidente, del tratamiento y de las decoraciones que realzaban la majestad de los Representantes del Rey, y que sin duda alguna alimentan á los que cuentan con más capacidad para aparecer, que para ser, según la máxima del poeta. El Dr. Moreno se limitaba á ridiculizar en los círculos privados los delirios del Presidente, y aun la simpleza de los que le cortejaban mirando en él una imagen del Soberano, mas bien que un delegado del pueblo; y aun que en un sentido general, ó puramente abstracto, cada semana, en la Gaceta que redactaba al mismo tiempo que ejercía las funciones gubernativas y ministeriales, doctrinaba sin cesar sobre los verdaderos intereses del Pueblo, mostrándole el camino por donde debía ponerse á cubierto de los asaltos de la tirania, y asegurar los derechos de igualdad y libertad que acababan de recobrarse.

No tardó mucho, como era natural, en hacerse trascendental al público que existía una disidencia en el Gobierno, principalmente entre el Presidente y el Secretario: los unos empezaron á decir sin embozo que el Presidente aspiraba á restablecer en su persona la tiranía de los Virreyes, con cuyo objeto no permitía que los demás vocales del Gobierno mereciesen en el público ninguna clase de consideración: se decía por los otros que el Secretario se había apoderado con incidencia de la influencia de todos los negocios, abusando de tal manera, que no permitía el nombramiento de un portero que no fuese de su predilección. Los progresos de esta disidencia fueron tan rápidos, que en cuatro días ya se marcó como ocupando la primera escala de las disensiones civiles: los unos tomaron el nombre de Saavedristas, y los otros el de Morenistas; pero entretanto, la causa general de la revolución marchaba, por que aquellas diferencias no habían roto, ni hubieran podido romper la unidad activa y enérgica con que marchaba el Gobierno, á no sobrevenir el lance que es menester detallar en sus principales accidentes.

La gota que derramo el vaso

En la noche del cinco de Diciembre de 1810, tubo lugar una gran concurrencia en el cuartel del Regimiento de Patricios, con el objeto de celebrarla batalla de Suipacha, que dio el General Balcarce á los españoles, en el territorio de Potosi, el dia siete de Noviembre: la concurrencia fue tan extraordinaria, como marcada su composición, notándose en ella principalmente los amigos y partidarios del Presidente: las centinelas de la portada no dejaban entrar del paisanaje, sino ciertas y determinadas personas, mientras que la portada estaba libre para todo el que vestía uniforme militar.

El Dr. Moreno con uno de sus colegas paseaba por la calle del cuartel, entre la multitud de espectadores que se habían agolpado desde prima noche, cuando supo, no solo que la entrada no era libre, sino que pecaba en cuanto á réprobos y escogidos; y queriendo confirmar por si mismo lo que se le refería, con cierto grado de exaltación, tomó á su colega del brazo, se dirigió á la portada del cuartel, y trató de penetrar sin pedir permiso al centinela. Se supuso después que el centinela no había conocido á los dos miembros del Gobierno, y parece un hecho cierto que ellos tampoco se hicieron conocer; pero de cualquier modo que fuese, el Dr. Moreno y su colega necesitaron someterse á la misma resistencia que habían experimentado los que le precedieron en esta tentativa. Las impresiones que él experimentó por el momento pudieron traer un grave compromiso, si las reflexiones de su colega y de los amigos que le rodearon en el acto, no lo hubiesen ayudado á formar la resolución de retirarse en silencio á su casa.

Cuando apenas habrían pasado dos horas desde este suceso, se encontró de nuevo acometido con una noticia que acabó de exasperarlo, sumergiéndolo en las más agitadas cavilaciones. Entre las aclamaciones y los brindis que se prodigaron al Presidente, se distinguió el de D. Atanasio Duarte, capitán de Húsares, natural de Montevideo, hombre de una vida licenciosa, y de un carácter insolente: él tomó del ramillete que cubría la sala principal del cuartel, una corona de dulce, llamó la atención del concurso á un brindis que quería proponer, colocó la corona en la cabeza de la Sra. Da. Saturnina esposa del Presidente y gritó: ¡Viva el Emperador de América!.

Esta noticia de cuya exactitud y veracidad no pudo dudar el Dr. Moreno, hizo una explosión en su ánimo prevenido; y por resultado de sus profundas meditaciones en esta misma noche, se presentó al día siguiente en la Sala del despacho con un proyecto de decreto que despojaba al Presidente de todos los honores virreinales, y desterraba para toda la vida al Capitán de Húsares que había saludado al nuevo Emperador: ya se ha dicho: el Presidente era solo, y enteramente nulo en el despacho; pero aun cuando no lo era del despacho, no se animó á resistir el proyecto de decreto, recibió la estocada con serenidad, y la autorizó con su firma como los demás vocales, que se reducían entonces al número de siete, por hallarse ausentes, el Dr. Castelli al frente del ejército que operaba sobre las Provincias del Perú, y el General Belgrano que mandaba el ejército destinado al Paraguay.


fuentes Noticias históricas de la República Argentina por Ignacio Nuñez

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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 12 Dic 2010 - 10:35

Los problemas políticos 2º y última parte

Los enemigos de Moreno

Era claro que el Reglamento de 6 de Diciembre, dejó al Presidente sin voz ni tono en el Gobierno, también dejó al Secretario más expuesto que nunca á los tiros de sus adversarios, que encontraron en él un campo basto para poner en juego esas mismas preocupaciones que el Dr. Moreno quería desbaratar en un momento.

Aun cuando él era segundado decididamente por todos sus colegas, menos el Presidente, y por la juventud de la capital que marchaba como embriagada en el espíritu mas pronunciado de la revolución, tenia contra si una fuerte resistencia.
Esta resistencia se la oponían los españoles en primer lugar: los amos no podían avenirse con su repentino estado de servidumbre, y como procuraban sacudirse pronto de ella, temían que el Dr. Moreno con su enérgica decisión, cruzase sus combinaciones ulteriores, como había cruzado las primeras arrojando del país al Virrey y los oidores, y ordenado la ejecución a los mandones de Córdoba.

Le hacían oposición muchos de los hijos del país mismo, unos que habían abrazado la causa sin saber ni calcular cual debía ser su paradero, y que por consiguiente se espantaban con una marcha revolucionaria; y los otros, que aun cuando lo supiesen ó calculasen, querían á precaución que la revolución marchase enmascarada.

Se le oponían por último los cuerpos militares, y principalmente los jefes de estos cuerpos: entre la muchedumbre de esta clase, el Presidente Saavedra, era el autor de la revolución, era el padre de la Patria, el único en quien, se cifraban todas sus esperanzas; y en cuanto á los jefes de los cuerpos: su conducta era verdaderamente inexplicable, cegándose hasta el grado de no advertir la contradicción en que se mostraban, afectándose con exaltación por el auto que despojaba al Presidente de los honores del Virrey, cuando con igual exaltación habían pisoteado los del Virrey mismo; y poniéndose en resistencia de los principios decididos del Dr. Moreno por la revolución, para marchar sometidos al Presidente Saavedra que había entrado en ella menos por voluntad que por fuerza.

Llega Dean Funes a Buenos Aires


Existían en Buenos Aires ya por este tiempo nueve diputados de las provincias, nombrados para formar, con los que todavía faltaban, el Congreso General acordado desde la instalación del Gobierno primitivo. Entre estos diputados figuraba mayormente el de Córdoba, Dr. D. Gregorio Funes, Deán de la Catedral, Rector de la Universidad, y natural de aquella Provincia. Este eclesiástico, había aspirado siempre á que se le reconociese como el primer entendimiento del Virreinato, acaso sin mas razón que haber concluido sus estudios en España, recibiendo el grado de Bachiller en derecho civil en la Universidad de Alcala de Nares; y sus pretensiones eran en esta parte tan apasionadas, que se encarnizaba propiamente contra toda superioridad bien ó mal establecida.

Cuando el Deán bajó á Buenos Aires por Agosto ó Setiembre del mismo año de 1810, sino esperó que se le recibiese bajo de palio, entró al menos como seguro de que el nuevo Gobierno le consultarla como se consultaba á los oráculos en Grecia. El Dr. Moreno y sus compañeros en su causa de la revolución no desconocían al Deán Funes: lo acataron como una notabilidad que honraba en efecto la causa, por la cual se había decidido sin trepidar, poniéndose en competencia con el General Liniers, con el Gobernador Concha, y con el Obispo Orellana, que en vano trabajaron en Córdoba por trastornar sus ideas eminentemente patrióticas; pero ni el Dr.. Moreno, ni ninguno de los hombres capaces de valorar las capacidades reales del Deán Funes, pensaron jamás en admitirlo como un genio excepcional, ó como un fanal sin cuya luz debería escollar la causa de la revolución: hasta entonces el Deán solo había producido dos oraciones fúnebres, la una a la muerte de Carlos 3. ° Rey de España, y la otra á la muerte del Ilustrísimo Moreno, Obispo de Córdoba, en cuyos trabajos había principiado a descubrir, no lo que se conoce por genio, sino lo que se llama plagio, sirviéndose de pensamientos ajenos, y aun de las mismas palabras con que los hablan expresado y desenvuelto los autores originales.

En muy pocos días se fatigó el Deán Funes de esperar que se implorasen los recursos de su sabiduría: apenas mereció una consulta sobre derechos de patronato que se publicó en la Gaceta; y como entretanto el Dr. Moreno se remontaba con su genio hasta las nubes, el Dean no tardó en descubrirse animado del doble espíritu de rivalidad y de venganza, de que era en alto grado susceptible.

Saavedra y Funes se “asocian”

El Deán Funes había encontrado una distinguida acogida en el Presidente Saavedra, cuya relación y amistad le era fácil cultivar asiduamente porque uno y otro se entendieron desde el principio, y poco ó nada los ocupaba los negocios públicos que marchaban á expensas exclusivas de las meditaciones y del impulso material del Dr. Moreno: uno y otro se habían puesto de acuerdo en el principio de que el Dr. Moreno precipitaba la revolución, y ambos á la vez, aun que sin plan concertado, defendían esta idea, el Presidente entre los jefes militares, y el Deán entre los Diputados, de las Provincias. Cuando se expidió el Reglamento de seis de Diciembre que desnudó al Presidente de los honores con que se había engalanado seis meses, el Deán creyó que había llegado el momento de sacar todo el partido á que lo precipitaban también sus desmedidas aspiraciones: propuso al Presidente, como único recurso para enfrenar las demasías del Secretario, que se incorporasen al Gobierno primitivo los Diputados de las Provincias, pensamiento que él había conducido en la cabeza desde Córdoba, habiéndose figurado que podía generalizarse y dirigirse la revolución contra los españoles, por los mismos medios de que se habían servido los españoles en la Península para sublevarse contra la infidelidad de sus mandones, y hacer la guerra al Emperador de los franceses.

El pensamiento estaba reducido al establecimiento de Juntas de Gobierno en todos los pueblos del virreinato, y á que estas obrasen bajo la dirección de una Junta numerosa, concentrada en la misma Capital.

El error era craso y pernicioso: el Deán pretendía sublevar los pueblos con una Constitución, y dirigir la revolución con la anarquía: pretendía trasplantar en Buenos Aires una idea española que no había comprendido, y cuyas consecuencias fatalísimas para la suerte de la misma España, eran conocidas del mundo entero cuando el Deán se estaba lisonjeando en Córdoba de atolondrar á los hijos de Buenos Aires con su portentoso pensamiento. Las Juntas de Gobierno que se establecieron en España fueron el resultado de un gran conflicto, sin meditación, sin cálculo, sin una combinación previa: los pueblos se sublevaron al saber que sus reyes habían traspasado la corona la nueva dinastía del Emperador de los Franceses, y en la orfandad á que se vieron reducidos, cada uno formó una Junta de Gobierno soberana é independiente: esto sucedió por Mayo de 1808. No había acabado este año, cuando se instaló una Junta Suprema Central Gubernativa, que tuvo por uno de sus primeros objetos disolver las Juntas de las Provincias, cuyo desorden conducía la nación á una ruina irresistible: la existencia, pues, de la central no fue simultánea con la de las Juntas; y corno la central se compuso nada menos que de treinta ó cuarenta individuos, llevando probablemente la mira de dar entrada á los aspirantes de todos los pueblos, en 1809 corrió la misma suerte que las Juntasen el año anterior, porque habiendo acabado de arruinarla España, tuvo que refugiarse a Cádiz, donde por un tumulto se disolvió completamente, cediendo el mando á una Regencia de cinco individuos que empezó á gobernar con el año de 1810.

El Deán Funes teniendo en reserva la gran trascendencia de su extraordinario pensamiento, hizo observar al Presidente Saavedra que no se podía oponer ninguna objeción racional al proyecto de incorporar los Diputados al Gobierno, porque él era a la vez legal y popular: legal, porque en el decreto del mes de Mayo, que dio nacimiento al Gobierno primitivo, se llamaban los Diputados de las Provincias para un Congreso General, bajo la condición de incorporarlos al Gobierno a medida que llegasen á la capital: popular, porque era pronunciado el sentimiento público en favor de un Gobierno depositado en muchas manos, así como lo era en contra del Gobierno de uno solo, como lo había sido el de los Representantes del Rey.

En cuanto a la parte intencional del proyecto, ni el Deán tuvo porque ocultar en la altura á que habían llegado las diferencias, ni el Presidente dejo de reconocer como un argumento decisivo, que por este arbitrio caería completamente la influencia del Secretario, la cual quedaría reducida á seis votos con el suyo, mientras que los Diputados reunirían diez incluyendo el del Presidente. Para asegurarse de la exactitud de esta combinación antes de abrazarla como un compromiso, el Presidente y el Deán acordaron poner primero en el secreto al Dr. Manuel Felipe de Molina, Diputado de Mendoza, con quien el Presidente entretenía relaciones estrechísimas de amistad, habiendo descubierto muy anticipadamente que abrigaba las ideas más prevenidas contra el Dr. Moreno, y los que se reputaban como los mejores entendimientos de la capital.

Se inicia el complot contra Moreno

El proyecto quedó apoyado sin restricción, y él formó entonces el fundamento del primer complot que se ha conocido en Buenos Aires; si hemos de entender por complot lo que explican algunos maestros del arte, esto es, un concierto clandestino de pocas personas que se ligan para destruir, por un golpe tan eficaz como inesperado, lo que les incomoda, lo que les causa envidia, lo que les hace sombra, lo que les sirve de obstáculo. Cada uno tomó su papel: Funes y Molina cargaron con la responsabilidad de disponer á los Diputados de las Provincias: esta farsa era fácil porque los Diputados, en lo general, habían llegado animados de ese espíritu de rivalidad que ya dominaba en aquellos tiempos entre los naturales de las Provincias, contra las aptitudes de los hijos de Buenos Aires; y por que nada era capaz entonces de lisonjear cualquiera aspiración, como la ocasión de figuraren un Gobierno que ya se había formado un gran renombre dentro y fuera del Virreinato. La tarea que se impuso el Presidente también era sencilla: él había recibido pésames exaltados de los jefes militares por la muerte de sus honores; y en el carácter de esta gente, era inútil ó innecesaria toda discusión.

Cuando todo estaba dispuesto, el Presidente rompió la marcha haciendo saber á los vocales del Gobierno en la Sala del Despacho, que los Diputados de las Provincias exigían su incorporación, y que era debido invitarles á una conferencia formal para explorar sus razones; esta notificación tuvo lugar el quince de Diciembre. El Secretario no padeció la menor sorpresa porque ya había penetrado el pensamiento, y estaba perfectamente al corriente de los motivos ó de los pretextos que se habían puesto en movimiento para darle un golpe de sentido; y aun que tenia sobrada resolución, y las más fuertes razones de conveniencia pública para oponerse a semejante procedimiento, se vio obligado á moderarse, en primer lugar, porque consideraba que consintiendo en el sacrificio de sU persona, se evitarían funestas consecuencias para la causa de la revolución; en segundo lugar, porque aun cuando él había creído fácil detener el torrente, oponiéndole unas pocas medidas vigorosas, había encontrado en sus colegas las desconfianzas á que aludía el párrafo del discurso, anteriormente copiado, publicado en la Gaceta después de las agitaciones que mostraron los partidarios del Presidente por el Reglamento de seis de Diciembre. A costa, pues de una ligera discusión, el Presidente obtuvo el resultado que buscaba, quedando acordado que se invitase á los Diputados para una conferencia en la sala del despacho, en el día diez y ocho del propio mes de Diciembre. En este día, en efecto, se reunieron los vocales y los diputados que constan de la nómina siguiente:

Vocales.de la Junta Primitiva.
Presidente D. Cornelio de Saavedra, natural de Potosi.
D. Miguel de Azcuénaga, natural de Buenos Aires.
D. Manuel Alberti, natural de Buenos Aires.
D. Domingo Matheu, natural de Cataluña.
D. Juan Larrea, natural de Cataluña.
Secretario de hacienda. D. Juan José Passo, natural de Buenos Aires.
Secretario de Gobierno D. Mariano Moreno natural de Buenos Aires.

Diputados de las Provincias.
D. Gregorio Funes, natural y diputado de Córdoba.
D. Manuel Felipe de Molina, natural de Mendoza.
D. José Garcia de Cosio, natural de Corrientes.
D. Manuel Ignacio Molina, natural de Tucumán.
D. José Antonio Olmos, natural de Catamarca.
D. Juan Ignacio de Gorriti, natural de Salta.
D. Francisco de Guruchaga, natural de Jujuy.
D. Juan Francisco Tarragona, natural de Santa Fé.
D. José Julian Perez, natural de Tarija.

Abierta la conferencia por el Presidente, el Deán Funes tomó la palabra y dijo: "que los diputados se hallaban precisados á reclamar el derecho que les competía para incorporarse á la Junta Provisional, y tomar una parte activa en el mando de las Provincias hasta la celebración del congreso que estaba convocado. Esta proposición se sostuvo por el Deán con el derecho que tenían los pueblos para elegir sus gobernantes y no sujetarse á los que nombrase la capital, y con los términos de la circular que los había convocado, expresándose en ella que se les daría parte en el gobierno á medida que llegasen. El Deán agregó en seguida que además de sus derechos urgía la necesidad de restituir la tranquilidad pública que estaba gravemente comprometida por un general descontento con la Junta: que el crédito del gobierno había quebrado considerablemente, y que no pudiendo ya contar con la confianza pública, que hasta allí había servido de apoyo á sus resoluciones, era necesario reparar esta quiebra con la incorporación de los Diputados, que los mismos descontentos reclamaban.”

Estas pocas palabras descubrían todo el velo del misterio, según las cuales no era tanto el derecho de los diputados, como el hecho que se suponía de haber quebrado el crédito del Gobierno, lo que servía de protesta para lanzarse, ó para abrir la carrera de las revoluciones; y aun que los vocales de la Junta Primitiva habían concurrido decididos á no dar por su parte motivo alguno que convirtiese la discusión en un tumulto, contestaron con energía negando el punto de derecho, sobre el principio de que habiendo sido nombrados los Diputados para celebrar un Congreso Nacional, este carácter era inconciliable con el de individuos de un Gobierno Provisorio, como lo acreditaban los mismos poderes de los pueblos que habían presentado, según los cuales no se les destinaba á gobernar interinamente el Virreinato, sino á formar un Gobierno sólido y permanente.

La clausula de la circular, dijeron, ha sido un rasgo de inexperiencia, que el tiempo ha acreditado después enteramente impracticable; y en cuanto á las convulsiones, como ellas solo provenían del reglamento del día seis, en el cual se habían abolido los honores reservados al Presidente, los vocales replicaron con vigor que no consideraban un conflicto formado por la opinión preponderante del pueblo, en el número ó en su más sana parte, sino por, algunos díscolos, que podían ser fácilmente contenidos siempre que la Junta se mantuviese firme en la energía que inspiraba el testimonio de la buena conciencia, y a cuyo ejercicio se debían los prodigiosos efectos del nuevo Gobierno, que habían producido el asombro de esos mismos que porque equivocadamente se persuadían que ya no existían peligros, se ostentaban orgullosos é insolentes.

Esta filípica como bala roja iba en línea recta al corazón del Presidente, que había entrado á la revolución con menos voluntad que miedo: era también un desahogo a que tenían derecho los vocales, cuando se veían recompensados con injusticia, después de haber trabajado tanto, y de haber corrido ellos solos los riesgos mas inminentes; pero por lo demás lejos de insistir en oponer una oposición tenaz, ó de querer estrellarse contra una sublevación que se presentaba con todos los caracteres del desenfreno y la violencia, convinieron llanamente en la segunda proposición que el Presidente tubo la candidez de adelantar para cerrar el debate, esto es, que se sujetase a votación si los Diputados debían ó no incorporarse al Gobierno.

Admitida la proposición, la Victoria del complot era una consecuencia forzosa: también el resultado de la votación excedió á las esperanzas que habían concebido, por que independientemente de los nueve votos que llevaban en el bolsillo, se agregaron el del Presidente, que votó por la incorporación, expresando que aun cuando no la consideraba de derecho, la creía de conveniencia pública: el del Sr. Azcuenaga, que accedió á la incorporación en obsequio de la unidad y la política: el del Sr. Alverti, que también accedió por conveniencia política, no obstante que la contemplaba contra derecho y origen de muchos males: el del Sr. Matheu, que se conformó con el voto del Sr. Alverti; y el del Sr. Larrea que votó simplemente por la incorporación a pesar de que sus principios eran decididos en contra.

Éntre los vocales de la Junta, los hombres propiamente de saber eran los dos Secretarios: el Dr. Paso se negó rotundamente á la incorporación; y el Dr. Moreno expresó su voto en estos términos. "Que consideraba la incorporación de los Diputados a la Junta, contraria á derecho y al bien general del Estado en las miras sucesivas de la gran causa de la constitución: que en cuanto á la convulsión política que había preparado esta reclamación, arribándose toda ella de la publicación del Reglamento del 6 de Diciembre, creía contrario al bien de los pueblos y á la dignidad del Gobierno, preferir una variación en su forma, á otros medios enérgicos con que pudiera apaciguarse fácilmente; pero que decidida la pluralidad, y asentado el concepto de un riesgo inminente contra la tranquilidad pública, sino se aceptaba esta medida, era un rasgo propio de la moderación de la Junta conformarse con ella. Últimamente, que habiéndose explicado de un modo singular contra su persona el descontento de los que habían impelido á esta discusión, y no pudiendo ser provechosa al público la continuación de un magistrado desacreditado, renunciaba su empleo, sin arrepentirse del acto de 6 de Diciembre que le había producido el presente descrédito; antes bien esperaba que algún día disfrutaría la gratitud de los mismos ciudadanos que entonces lo perseguían, á quienes perdonaba de corazón, mirando su conducta errada con cierto género de placer, porque prefería al interés de su propio crédito, que el pueblo empezase á pensar sobre el Gobierno, aunque cometiese errores que después enmendaría, avergonzándose de haber correspondido mal á unos hombres que habían defendido con intenciones puras sus derechos.”

La incorporación de los Diputados quedó decidida, no haciéndose lugar a la renuncia del Secretario: al día siguiente volvieron a la sala del despacho, prestaron juramento, y tomaron posesión. Este primer trastorno dio una gran consistencia á las dos parcialidades en que habían principiado á fraccionarse los hombres que seguían la revolución, porque la una ostentó sin la menor cordura el triunfo que acababa de reportar derrocando la influencia del Secretario Moreno, y la otra se afectó sin medida de la preponderancia en que quedaba la del Presidente Saavedra. El Secretario todo lo había dicho y previsto en su voto: este no se publicó entonces porque se tuvo cuidado de ocultarla acta de la conferencia; pero no tardó en penetrarse, y en glosarse con sus amigos y partidarios de un modo que pudo traer compromisos de otro género, si el Dr. Moreno hubiera sido capaz de autorizarlos.

Era visible el principio vicioso de donde se había partido: un espíritu de venganza, ó una aspiración tan ciega como desnaturalizada, habían decretado el sacrificio del mérito verdadero, y pisoteado, si se puede decir así, el grande interés de la causa pública, cuya salvación exigía mas bien que se concentrase; en lugar de repartirse entre diez y nueve cabezas, la acción del Gobierno revolucionario; y dígaselo que se quiera, en este primer ensayo que hicieron nuestros pueblos del sistema Representativo, se encontrará siempre el germen de las grandes calamidades que entonces apenas se pudieron entrever. Los Diputados de los pueblos lejos de tomar el carácter de mediadores, lejos de empezar por apaciguar, abrieron su misión amparándose y frecuentando por consiguiente las primeras chispas de la discordia: ellos se colocaron en la impotencia funesta de poder marchar sin mantenerla ó robustecerla, como sucedió en efecto, porque no solo continuó en el interior del Gobierno, no solo se complicó en el interior de la capital, sino que se estableció entre la capital y las provincias, las cuales abrazaron, como era natural, el partido de sus representantes, preparadas de antemano contra la superioridad á que se creían con derecho los hijos de Buenos Aires, y seducidas por los informes que entonces recibieron de sus representantes contra la aspiración á dominarlas que suponían haber descubierto en lo que llamaban los porteños. Los Diputados sembraban viento para recoger tempestades.
Lo que Ignacio Nuñez llamo junta primitiva es hoy conocido como primera junta y lo que llama junta general es conocida como junta grande.

Luego...

El cierre del año 10 abría la puerta un 1811 con graves diferencias políticas y como se puede ver comenzaban las primeras intenciones de un gobierno independiente de España y de una intención autonomista de las distintas provincias que llevara a una larga y cruenta guerra civil que concluirá por la década del 50.
Mientras los morenistas seguían perdiendo poder con la muerte de Alberti el 31 de enero.
Este sacerdote ya había tenido duros enfrentamientos con el Deán Funes en las primeras reuniones de la junta grande, se convierte en el primer miembro del gobierno a fallecer por un síncope cardiaco.



Por otra parte Moreno revelo a sus compañeros el deseo de alejarse del país para no formar parte de las decisiones de la junta grande por lo tanto sus compañeros propusieron que la fuera enviado a Inglaterra como representante del gobierno. El 24 de diciembre recibe un despacho del Marqués de Wellesley ministro de relaciones exteriores de S.M. Británica, en que se acreditaba como representante de la junta provisional. Moreno también recibió credenciales para representar al gobierno en la corte de Portugal.

El 22 de enero se embarca en la escuna de guerra de H.M.S. Misletoe, conducido por su capitán Ramsay al puerto de la Ensenada de Barragán, donde trasbordó a la fragata inglesa mercante Fama, en el se encontró con uno de sus hermano Manuel Moreno y su secretario Tomas Guido, siguiendo el viaje escoltado por la Misletoe hasta las afueras del cabo de Santa Maria, por los peligros que estaba expuesta la navegación del Rio de la Plata, dominada entonces por la marina española de Montevideo. Un viaje que no tendría fin ya que luego de 30 días de sufrir mareos su salud se debilito y fallece el 4 de marzo a los treinta y un año. Su cuerpo fue echado en la mar á las cinco de la tarde.



Imagen de un escuna

Luego vendrían las acusaciones de envenenamiento que entonces se levantó contra los primeros rivales y antagonistas del doctor Moreno.

Si ustedes me permiten mi opinión luego de leer a historiadores como Ángel Carranza o al mismo autor de este libro Ignacio Nuñez, soy de lo que creen que la muerte de Mariano Moreno fue natural.

Un abrazo.

Fuente: Noticias Históricas de la República Argentina por Ignacio Nuñez
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 26 Mar 2011 - 8:24

Belgrano avanza hacia Asunción

Una vez finalizado el combate de Campichuelo, el día 19 de Diciembre de 1810 el mayor general José Marchain marcha sobre el pueblo de Ytapúa, al día siguiente Belgrano cruza el río con sus tropas y se reúne en esa posición con el general José

El 25 de diciembre el general Marchain parte con misión de exploración y poder reunir caballos, componían la vanguardia las compañías del capitán Saraza, de los Regimientos 1 y 2, de Granaderos de Fernando VII, la de Vidal, la de Pardos y tropa de Caballería de la Patria. Entre su misión está la de juntar la mayor cantidad de caballo posible.
Dice Belgrano:
Al día siguiente mande al mayor general que saliese con su división para que se hiciera de caballos y me mandase los que pudieran juntarse: entretanto esperábamos las carretas y yo dispuse el modo de llevar el bote en ruedas por cuanto las aguas eran copiosas; habían muchos arroyos que se cruzaba a nado.

Belgrano parte al día siguiente con dirección al río Tebicuary-Guazú, en el punto en que se une con el río Tebicuary-Mini, con el objeto de evitar el pasaje de este rio, acercándose lo más posible á la capital por el camino más corto. Desde el Tacuary, rio que se derrama en el Paraná entre San Cosme é Itapua, había empezado comprender que se hallaba en país enemigo, y que no debía contar con más recursos que los que llevaba. Los pueblos estaban desiertos, las casas de campo abandonadas y los ganados habían sido retirados: las poblaciones habían emigrado en masa barriendo el terreno que iban pisando los invasores.

En precaución de los obstáculos que le esperaban, Belgrano había hecho montar en ruedas el gran bote de cuero, de modo que, la capitana de la escuadrilla formada en la Candelaria, se vio seguir las marchas de la columna expedicionaria arrastrada por ocho yuntas de bueyes. A esta precaución, que hizo murmurar á algunos militares noveles, debió más tarde el ejército su salvación. Desde el Tacuary empezó aprestar el bote sus servicios, y ya todos comprendieron que aquella frágil navecilla que atravesaba y los bosques solitarios, llevaba consigo las armas de la revolución y su fortuna.

Belgrano reagrupa sus fuerzas

A pocos días de marcha Belgrano recibió la noticia del arribo de Rocamora con las milicias misioneras a Candelaria, ordenándole que cruzara inmediatamente el río Paraná y lo alcanzara. Las milicias de Rocamora llegaron con muchas deserciones y alcanzaron a Belgrano en Tacuarí, con 2 cañones de a 4 y 2 de a 2. En Santa Rosa se reunieron las columnas de Belgrano y Rocamora con la del general Marchain, que había logrado juntar cerca de 750 caballos, luego continuaron hacia el Tebicuary, límite entre Misiones y Paraguay.

Cuando el 7 de Enero llega al Tebicuary y vio nuevas casas abandonadas, y que no se le presentaba ni un hombre, ya empezó á pensar en asegurar un camino militar en el caso probable de una retirada, por lo tanto decide dejar en reserva las tropas de Rocamora, esta acción es muy criticada tanto por Mitre como por el Brigadier Paz, este último dice en sus memorias

“Cometió el error de esterilizar aquel refuerzo, destino las tropas de Rocamora á conservar franco el paso del Tebicuary donde dejó una parte de sus carretas”

Mientras tanto las fuerzas de observación que se replegaban de las costas del Paraná, siguiendo por los flancos de la columna patriota, le obligaban á marchar reconcentrado, impidiéndole extenderse en el país para buscar los recursos de que carecía.

La estrategia de Velazco

Dice Mitre con respecto a la estrategia de Velazco

Las fuerzas paraguayas que guarnecían el Paraná desde Nembucü hasta Itapua, eran simples divisiones de observación. El General de los Paraguayos era un militar bastante entendido para cometer el error de pretender cerrar con tropas bisoñas la barrera del Paraná, exponiéndose por la larga línea que tenía que abrazar, ó á ser batido en batalla, ó á tener que combatir en un campo elegido por el enemigo… El comprendió desde luego que cuanto más se internase el ejército patriota, y más se alejase de su base de operaciones, mayores serían las dificultades que tendría que vencer y mas desastrosa sería su retirada a su derrota. Abandonándole, pues, una extensión de territorio despoblado por la emigración en masa, cortado por ríos y pantanos henchidos por las copiosas lluvias de la estación, y totalmente desprovisto de recursos, le oponía por primer enemigo á la naturaleza misma; mientras que él, tomando una posición central mas a retaguardia, podía contar con mayores recursos; cubrir mejor la capital, que era el punto estratégico, y obligarle a la batalla en el terreno que él eligiese de antemano.

La línea natural de operaciones del ejército paraguayo era el Tebicuary-Guazú, y esta fue precisamente la que meditó ocupar el Gobernador Velazco; pero careciendo de los medios suficientes de transporte para ello, reconcentró su defensa, y se situó en el punto llamado Paraguari, antiguo colegio dé los jesuitas, á diez y ocho leguas de la Asunción. Desde este punto cubría la capital y cerraba la entrada de los valles. Esta posición, fuerte por la naturaleza, estaba resguardada por el flanco derecho y asegurada por la retaguardia por el rio Caañabé, caudaloso tributario del Paraguay, defendido por una cadena de pantanos intransitables, que borda su margen izquierda.

El ejército paraguayo fuerte de 7,062, según el Dr. Somellera, y de "más de 6,000 hombres," según el mismo Velazco, se hizo fuerte en esa posición; apoyando su espalda en el Yuquery, gajo del Caañabé, y escondiendo su izquierda en la espesura de los bosques que limitan la planicie qué se extiende al norte de Paraguari. Diez y seis piezas cubiertas por fortificaciones pasajeras defendían los pasos del Yuquery y barrían la planicie, las que eran sostenidas por 800 infantes de fusil, europeos en su mayor parte, y á mas por dos divisiones de caballería, que bajo las inmediatas órdenes de Velazco formaban el núcleo de las líneas del Paraguari. El resto del ejército, dividido en dos cuerpos, se componía de las milicias de caballería del país, y ocupaba los pasos y las nacientes del Caañabé, prontas á replegarse á su reserva y apoyar sus flancos ó su espalda en la fuerte posición de Paraguari.

En esta posición esperaba Velazco la invasión de Belgrano, quien necesariamente debía encontrarse con el ejército paraguayo en su camino á la capital, que distaba cerca de cien leguas de Itapua, donde á la sazón se hallaba el pequeño ejército patriota.



¿Quién era Bernardo de Velazco y Huidobro?

Nació en Villadiego, Burgos , España en 1765.

Enrolado joven en el ejército español, participó en las campañas contra los revolucionarios franceses, destacándose en la campaña del Rosellón en 1793.

En 1803 llegó a Sudamérica con el grado de coronel y con el cargo de gobernador de las Misiones guaraníticas, en el que sucedió a Santiago de Liniers.

En 1806 fue nombrado gobernador de Paraguay, reteniendo el cargo de gobernador de Misiones. En esa provincia fue nombrado como subalterno suyo el teniente coronel Tomás de Rocamora.

Durante la primera invasión inglesa envió tropas para unirse a las fuerzas con que el virrey Sobremonte pretendía reconquistar Buenos Aires; éstas fueron devueltas a Asunción al conocerse la noticia de la reconquista por Liniers.
Al año siguiente, al llegar la noticia de la invasión a Montevideo y del inminente regreso de los británicos a la capital, dirigió esas mismas fuerzas hasta Buenos Aires. Allí se destacó entre los más aguerridos jefes militares de la defensa de la ciudad. Con fama de valiente y ascendido al grado de general, regresó a ocupar su puesto de gobernador del Paraguay.

En 1809 dirigió una expedición contra la Junta de Montevideo que había formado Francisco Javier de Elío, pero no llegó a destino. El nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, la disolvió por su sola autoridad.

Combate de Maracaná

Antes de emprender el paso del Tebicuary tuvo lugar en el bosque de Maracaná una refriega entre una compañía de Patricios de Buenos Aires al mando de D. Gregrorio Pedriel y un destacamento paraguayo.

El 5 de enero de 1811 la vanguardia del ejército de Belgrano, al mando de Machain, pasó el río Tebicuary. Belgrano, quien avanzaba a dos días de marcha a la retaguardia, recibió la noticia de que 100 soldados paraguayos se había llevado detenido al subdelegado del pueblo misionero de Santiago, Pedro Rivera, por haber publicado sus proclamas. Belgrano ordenó inmediatamente que la compañía de patricios al mando del capitán Gregorio Perdriel, en compañía del edecán José Espínola, marchase en su búsqueda. Luego de caminar toda la noche, hallaron a las fuerzas paraguayas al mando del comandante Roxas que los esperaban en un monte denominado Maracaná, al otro lado de un arroyo.

Los paraguayos lograron realizar una descarga, pero el avance de los patricios los hizo retroceder precipitadamente, sin ser seguidos debido al estado de los caballos. El enfrentamiento no dejó bajas en ninguna de las dos fuerzas, dispersándose los paraguayos en la espesura dejando en el campo algunas armas, un soldado miñón español fue capturado, y luego ejecutado de acuerdo a las órdenes recibidas de la Junta de Buenos Aires para con los españoles que la resistieran militarmente. También fue capturado un miliciano paraguayo. Manuel Artigas tuvo una actuación destacada en el combate.
Informe de Belgrano
"Descubiertos por las avanzadas, según me avisa Perdriel hizo echar pié á tierra, y los atacó; pero los insurgentes se contentaron con hacer su descarga bien cubiertos; y viendo el denuedo patricio, que contestó avanzando por el monte y arroyo, huyeron precipitadamente, siendo el Comandante Roxas él primero que fugó, llevándose á Rivera, hombre setentón; solo cayeron en manos de los nuestros un miñón, á quien se le encontró con pistola y sable, y á consecuencia de la orden de V. E. se pasó por las armas, y un paraguayo que me traen prisionero de nuestra parte no ha habido perdida ninguna."
Dice Mitre con respecto a la ejecución del soldado español
Esta ejecución bárbara, que consta de oficio de Belgrano que original existe en el Archivo, es la única mancha de su campaña al Paraguay, y la explica, ya que no la disculpa, el odio contra los españoles, que la revolución había hecho estallar.


El encuentro con el ejército Paraguayo

Estos triunfos parciales, cuya importancia se exageraba Belgrano, atribuyéndolos al terror de sus armas, le estimulaban á perseverar en su empresa, luchando con la naturaleza y la soledad.

Así marchaba Belgrano ignorante de la situación y de los planes del enemigo, esperando encontrarle en el camino que seguía hacia la Asunción, y que pasaba precisamente por el centro de la posición de Paraguari. Los enemigos mientras tanto observaban todos sus movimientos desde la espesura de los bosques, y Velazco recibía por momentos avisos que le instruían de su situación y de los progresos de su marcha. Asi es que, cuando supo (el 11 de Enero) que evitando los pantanos del Caañabé se dirigia á despuntar el río, hizo replegar á Paraguari los dos cuerpos de ejército que había situado á vanguardia, y que eran mandados por el coronel D. Pedro Gracia, uno de los principales promotores de la resistencia; y por el comandante D. Manuel Atanasio Cabañas, que mas tarde debía serlo de la revolución paraguaya.
Los patriotas por el contrario marchaban fraccionados en dos divisiones: una á vanguardia, de 500 hombres, que dirigía Belgrano en persona, y otra de 200 hombres, que con intervalo de una jornada cubría la retaguardia y custodiaba los bagajes pesados. Este fraccionamiento imprudente, cuando debía suponerse próximo al enemigo, muestra en el nuevo General mas temeridad que conocimiento de las reglas de la guerra.

En esta disposición avanzaba el pequeño ejército de la Junta revolucionaria, cuando en la tarde del 15 de Enero la partida exploradora que le precedía dio con un destacamento paraguayo situado en el Arroyo de Ibañez, que huyó precipitadamente á su vista. Era una guardia avanzada del campamento de Paraguari, que distaba de ella poco más de dos leguas. Con este aviso y con el de que se divisaba mucha gente reunida más adelante, apresuró Belgrano su marcha, y haciendo echar el bote al agua, atravesó el arrollo de Ibañez, que estaba á nado, y se adelantó con su escolta y su estado mayor en la extensa llanura despejada que se extiende hasta el Yuquery. A su frente y como á distancia de dos millas, veía se iluminado por los rayos oblicuos del sol, un cerro cubierto de bosque, que los naturales llaman de Mbaé, que en lengua guaraní significa fantasma, y que los españoles llaman del Rombado. Allí subió Belgrano y con el auxilio de su anteojo, pudo ver al ejército paraguayo que le esperaba formado en varias líneas, fortificadas por el arte y por la naturaleza. Este espectáculo habría hecho decaer un ánimo menos resuelto que el suyo, pero él, lejos de desalentarse comprendió que en la difícil posición en que se encontraba no le quedaba más recurso que batirse para salvarse. Ninguna alteración se notó en su semblante grave y reposado, y cerrando su anteojo con la mayor sangre fría, dispuso que el ejército acampase á la margen izquierda del arroyo de Ibañez; y cuando todos creían que se disponía á retirarse, recibió orden el Mayor General de aprontar una división de 200 hombres con dos piezas de artillería, para atacar en la noche el campamento enemigo. Esta operación, más atrevida que bien combinada, tenía por objeto efectuar una sorpresa nocturna por uno de los flancos del enemigo, para producir la confusión en su campo, y dar ocasión á que se le incorporasen los adictos á la causa de la revolución que él suponía en aquellas filas.

Afortunadamente la operación no tuvo lugar; pero en una circunstancia desesperada era una temeridad qué la misma prudencia habría aconsejado, y que prueba el ánimo varonil del General Belgrano.

Al anochecer se retiro Belgrano á su tienda, y estando á solas con su secretario D. José Mila dé la Roca, español que le había acompañado en calidad de amigo, y que nos ha conservado esta escena, el General patriota le confió sus impresiones y sus propósitos, "Es menester convenir' le dijo, "en que los enemigos son como moscas; pero en la posición en que nos encontramos hallo que sería cometer un grande error emprender ninguna marcha retrógrada." Como le observase Mila de la Roca la desproporción considerable del número y la lejanía de su base de operaciones, circunstancias que agravarían las consecuencias de un contraste, él le repuso con el tono del que ha tomado una resolución inconmovible, y se da cuenta razonada de ella: "Mas le digo á Vd., y es que para nosotros no hay retirada, sin que primero tratemos de imponerles atacándolos, si es que ellos no nos atacan antes." Y añadió con esa firmeza, que indica el perfecto equilibrio del alma: "Esos que hemos visto esta tarde, no son en su mayor parte sino bultos: los mas no han oído aun el silbido de una bala, y así es que yo cuento "mucho con la fuerza moral que está á nuestro favor. Tengo mi resolución tomada, y solo aguardo que llegue la división que va quedado á retaguardia, para emprender el ataque." Tranquilo, como queda el hombre después de tomar una gran resolución, pasó la noche en vigilancia, y antes de amanecer el día 16 situó su campo en el cerro de la Fantasma.

El día 16 se comprometieron algunas guerrillas, que pusieron de manifiesto la superioridad de los patriotas, en cuanto á moral y disciplina. Con esta superioridad moral contaba Belgrano, y mientras los soldados se acostumbraban á despreciar al enemigo, él escribía á la Junta desde la cumbre del cerro, donde había establecido su observatorio, lo siguiente: "He llegado a este punto con poco más de quinientos hombres, y me hallo al frente del enemigo, que está situado en la banda norte del Yuqueicy, según unos con cinco mil hombres, y "según otros con nueve mil. Desde que atravesé el Tebicuary no se me ha presentado ni un paraguayo, ni menos los he hallado en sus casas; esto, "unido al ningún movimiento hecho, hasta ahora, á nuestro favor, y antes por el contrario presentarse en tanto número para oponérsenos, le obliga al ejército de mi mando a decir que su título "no debe ser de auxiliador, sino de conquistador "del Paraguay." Esta comunicación, que de puño y letra de Belgrano tenemos á la vista, manifiesta la tranquilidad de su pulso y la serenidad de su espíritu en aquel momento, que debió ser para él lleno de zozobras.
Fuentes
Historia de Belgrano tomo I, escrito por Bartolomé Mitre
Memorias póstumas del brigadier general D. José M. Paz, escrito por José M. Paz
Revista de Buenos Aires tomo X “Avance de Belgrano sobre el Paraguay” por Mariano Antonio Molas, anotado por Angel Carranza
http://es.wikipedia.org/wiki/Bernardo_de_Velasco
http://es.wikipedia.org/wiki/Combate_de_Maracan%C3%A1

PD: agradecería que me comunicaran si no se ven las imagenes, gracias.

Ricardo Corino (Quequén Grande)
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 26 Mar 2011 - 13:19

Las imágenes se ven perfectas Ricardos, y estos artículos están excellentes. Cuando tenga un tiempito libre, me los leo completo. Un gran laburo te mandaste.

Saludos!
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jas_39
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Sáb 26 Mar 2011 - 18:29

Es la primer vez que veo este post, (todavia no termine de leerlo todo).
Tremendo laburo, un lujo, espectacular como siempre, Ricardo.
Saludos al historiador de Interdefensa.
Diego

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“Tengamos ideales elevados y pensemos en alcanzar grandes cosas, porque como la vida rebaja siempre
y no se logra sino una parte de lo que se ansía, soñando muy alto alcanzaremos mucho más”.


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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 27 Mar 2011 - 8:37

Sebastián y Diego gracias por sus comentarios, me alaga mucho el ser el “Historiador de Interdefensa” pero aclaro que no soy historiador, me gusta ciertas historia, y lo que hago es leer, y resumir, te comento mi profesión son los “ordenadores” como se dice en esto pagos y me gusta ver en imagen lo que me cuentan los libros. Por eso mi afán de dibujar lo que mi mente imagina.

En fin, todos tenemos nuestra locura, esta es la mía.

Un abrazo
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 24 Abr 2011 - 12:13

Combate de Paraguarí



Este combate conocido en la historia Paraguaya como combate de Cerro Porteño fue una batalla desproporcionada entre el pequeño ejército de Belgrano, unos 600 hombres y el ejército de Velazco con más de 6000 hombres.


Preludio a la batalla

Luego de tres meses de marcha, llegó Belgrano al Paraná, en los últimos días de diciembre cruzo el río por Candelaria sin oposición alguna. Esta circunstancia lisonjeó mas su esperanza, viendo que no encontrando oposición en aquella frontera, pensó que abría la puerta para penetrar francamente hasta la capital. Del Paraná, siguió su marcha ignorando él la fuerza que se le iba á oponer.

Con la noticia que se tuvo de haber pasado el Paraná movió el gobernador Velazco sus tropas que hasta entonces permanecían en la capital y en sus alrededores. Condujo en trozos hasta Paraguarí, donde acampó, colocando el ejército en tres divisiones cada una con suficiente artillería.

El Gobernador Velazco general en jefe del ejército, y su mayor general don Juan Cuestas, con otros oficiales de estrado, se establecieron en el colegio de Paraguarí. El día 13 de Enero, cuidaba así todo, bien ordenado dispuesto en actitud de resistir vigorosamente á cualquier ataque; cuando apareció la vanguardia de Belgrano.


Movimientos previos a la batalla

El 15 de enero la partida exploratoria que comandaba Manuel Artigas dio con un destacamento paraguayo (la guardia avanzada del campamento de Paraguarí) en el arroyo de Ibáñez, que se retiró precipitadamente, avistado también fuertes contingentes paraguayos. Belgrano cruzó el arroyo y subió al cerro Mbaé, desde donde pudo divisar las divisiones realistas. Durante la noche decidió enviar a Machaín con 200 hombres y 2 piezas de artillería para sorprender a los paraguayos, generar confusión y permitir la deserción de los de su partido que suponía se hallaban allí, pero el ataque no se realizó. A la mañana siguiente instaló su campamento en el cerro Mbaé (conocido desde entonces como cerro Porteño) desde donde observó el campamento paraguayo. A pesar de que la fuerza enemiga, como mínimo, superaba las suyas en una relación de diez a uno, decidió atacar sin agotar las posibilidades de negociar. Durante el día 16 Belgrano envió varias veces a Machaín con 2 cañones a observar las posiciones enemigas, y adelantó a Artigas hasta las cercanías de las trincheras, produciéndose una fuerte descarga de artillería contra él. El día 17 el capellán ofició misa en la cumbre del cerro, observando asombrados los soldados paraguayos el hecho, pues llevaban cruces en sus sombreros al creer que combatirían contra herejes. Esa noche Belgrano hizo poner proclamas, invitando a los paraguayos a pronunciarse por la revolución, Velasco prohibió guardar los panfletos bajo pena de muerte, y la orden fue cumplida. Belgrano consideraba que, de triunfar, tendría abierta la entrada a Asunción. Y si era derrotado, al menos estaba suficientemente adentro de territorio enemigo como para evitar ser completamente expulsado. Por otro lado, él y sus oficiales despreciaran la capacidad combativa de los paraguayos y sobreestimara la posibilidad de contagiar su entusiasmo patriótico.

El 18 un soldado entró en una chacra y fue cargado por un destacamento realista, por lo que Belgrano envió al capitán Balcarce con 100 hombres y un cañón a defenderlo, retirándose los paraguayos. Ese día Belgrano realizó una junta de guerra, manifestando a los jefes la decisión de atacar al día siguiente, una vez que se le había incorporado la división que marchaba a la retaguardia.

Paralelamente luego de 5 días de esperar una acción por parte de las fuerzas porteñas Velazco también decide el 18 iniciar el ataque a las tropas invasoras.

Orden de Batalla

Fuerzas patriotas
Comandante General Manuel Belgrano
2º Al Mando del Sargento Mayor José Machaín

1º División.
Comandante José Marchain
220 hombres, con dos piezas de artillería de a 2
Compuesta por
3 compañías del Regimiento de granaderos de Fernando VII (1º 4º y 6º)
2 compañías del Regimiento Patricios (1º y 2º)
1 compañía del batallón Pardos

2º División.
Comandante Gregorio Pedriel
240 hombres, con dos piezas de artillería de a 4
1 compañía del regimiento de infantería nº 3 (ex arribeños)
Regimiento Blandengues de Santa Fe

Caballería
2 compañías del Regimiento de Caballería de la Patria (2º y 5º)

Reservas
General Belgrano
94 Hombres 2 piezas de artillería de a 4
Su escolta de 18 hombres
8º compañía del Regimiento de Caballería de la Patria (60 hombres)
2 Cañones de a 4 con su dotación de 16 artilleros al mando de Elorga

Fuerzas Paraguayas

Comandante en jefe general Velazco
1º División en el franco izquierdo al mando del sargento mayor Manuel Anastacio Cabañas con 1000 hombres y 5 piezas de artillerias
2º División En el centro al mando de coronel de Milicias Pedro Garcia con 2000 hombres y 5 piezas de artillería
3º División en el franco derecho al mando del Juan Manuel de Gamarra con 1000 hombres y 6 piezas de artillería
2000 Voluntarios que se fueron sumando al desplazarse desde Asunción al Paraguari.
En total 16 piezas de artillería


Desarrollo

Junta de guerra previa

En la tarde del 18 reunió al Mayor General Marchain y á los capitanes en junta de guerra, más bien que para pedirles parecer, para hacerles saber su resolución. Les manifestó la necesidad en que se hallaban de atacar, por lo mismo que el número de los enemigos era considerable; por cuanto emprender una retirada con tropas bisoñas y diminutas, era exponerse a desmoralizarlas y á ser devorados en la persecución; que era preciso pelear para salvarse; y aprovechando el buen espíritu en que estaba la tropas, pelear con el propósito de alcanzar la victoria; pues con soldados como los que iban á combatir, que nunca habían oído silbar una bala, era de esperarse que se amedrentasen, si se les cargaba con resolución.

El discurso de Belgrano convenció y entusiasmó á todos los jefes de cuerpo, que salieron en el acto de la junta a hacer poner la tropa sobre las armas la excepción fue el capitán Ramón Elorga que proponía esperar a ser atacado, con lo que lograba explorar bien todas las fuerzas del enemigo, y por su movimiento conocer si estaban diestro en las armas.

El General recorrió la línea á caballo arengándola, recordando á los soldados los triunfos recientes de sus hermanos en el Perú, y que en aquel día cumplía un mes de su glorioso paso del Paraná; que era preciso dar otro día de gloría á la patria, y portarse como dignos hijos de ella, haciendo esfuerzos de valor; y después de recomendarles la unión, que despreciasen las ventajas parciales que se obtuviesen, y no se separasen en el campo de batalla, terminó con estas palabras: “Jurad alcanzar la victoria y la obtendréis.” La tropa quedó electrizada con esta arenga y ansiosa de marchar al enemigo.

Enseguida dispuso al ejército en dos columnas de ataque, é impartió sus órdenes, previniendo que á las dos de la mañana se pusiese la tropa sobre las armas. Su plan era caer sobre el enemigo antes de amanecer, contando con la sorpresa que produciría en unas tropas bisoñas un ataque inesperado, evitando al mismo tiempo en la oscuridad los fuegos de su artillería. El resultado probó la exactitud de su cálculo.

A las dos de la mañana se levantó el General y recorrió el campamento en persona despertando amistosamente á la tropa, y alentándola con esas palabras breves y familiares que tanta influencia tienen sobre el soldado. Las columnas de ataque se formaron del modo siguiente: La 1ª división de 220 infantes y dos piezas de artillería, destinada á iniciar el combate, al mando ubico a Comandante José Marchain.
La 2º división compuesta de 240 infantes y otras dos piezas de artillería, al mando de Comandante Gregorio Pedriel destinada á apoyar á la primera, tomó su posición á retaguardia.

Una partida exploradora las precedía, y 130 hombres de caballería cubrían sus flancos, confiando el mando de toda la fuerza á su Mayor General Marchain. Él, con 78 hombres de caballería, dos piezas de artillería, algunos pocos milicianos y los peones de las carretas armados de palos para figurar armas á la distancia, se encargó de mantener el campamento, fortificado con las carretas del parque y del hospital.


Las tropas porteñas inician el ataque

Por una coincidencia, al mismo tiempo que la primera columna de ataque caía sobre el enemigo, este se movía para ir á atacar á los patriotas en su campo.

El mismo Velazco se apersono en el centro de su ejército el viernes 18 de enero para activar la marcha el día siguiente con intención de rodear el Cerrito fuera del alcance de los cañones enemigos, pero en esa hora y cuando menos se lo esperaba fue atacado por el centro.

En esta disposición, á las tres de la mañana rompió la marcha la columna de ataque, y á las cuatro sonaron los primeros tiros de la partida exploradora, que había caído improvisamente sobre el enemigo, precediendo á la 1.a división, la que rompió pocos momentos después un vivo fuego de fusilería y de cañón, que duró más de media hora. La aurora empezaba á despuntar en aquel momento, y antes de que el sol iluminase aquella escena, el centro del ejército realista compuesto en su mayor parte de infantería estaba en completa dispersión, rota en dos partes su línea y abandonada la principal batería del paso del Yuquery, que se componía de cinco piezas de grueso calibre. Velazco cortado de los suyos abandonó el campo de batalla arrojando su uniforme, y dándolo todo perdido; y la noticia de la derrota trasmitida en pocas horas a la Asunción, puso en conmoción á toda la ciudad.

La sorpresa y la derrota fue completa, y el misino Velazco la confiesa en su parte al Gobernador de Montevideo: "La falta de cuidado y vigilancia”, dice, “que es inevitable entre unas tropas compuestas del paisanaje y no ejercitadas en la guerra, dio motivo a que en los primeros momentos de la marcha se viese asaltada la división del Coronel García por el ejército enemigo, que á muy corta distancia rompió el fuego sobre ella. A pesar de la sorpresa que debió causar en nuestro ejército este movimiento inesperado de los enemigos, se les contestó con viveza y valor por la infantería y artillería de dicha división: sostuvo media hora el fuego, y ella hubiese derrotado á los insurgentes, si la primera impresión de la sorpresa no hubiera dispersado la mayor parte de las tropas de que se componía, de las cuales se incorporaron en las otras divisiones con la artillería, á excepción de un cañón desmontado que se clavó, y otras salieron del campo, especialmente la caballería”.

Dice el historiador paraguayo Mariano Antonio Molas
Velazco lo desamparó y fugo; subió con sus adheridos oficiales la cordillera arriba con miras de seguir y no parar hasta los establecimientos portugueses del Norte. Su mayor general don Juan Cuesta, fugó antes que él, y entro en la capital, se presentó en la Sala Capitular asegurando que el ejército de Velazco quedaba completamente derrotado, y victorioso Belgrano

Si el Mayor General Machain hubiese sabido aprovechar aquel momento, lanzando las dos columnas simultáneamente sobre las alas rotas del ejército enemigo, que vacilaba conmovido por el primer choque, la victoria habría sido completa; pero lejos de esto, cometió el error de destacar su caballería y algunos infantes en persecución de Ias tropas dis-persas que huían despavoridos hacia la capilla del Paraguarí (entre 100 a 120 hombres), situada como á 700 varas á retaguardia de la línea enemiga, donde los patriotas en vez de perseguir se entretuvieron en saquear los equipajes del Cuartel General que allí encontraron. Debilitada así la columna de ataque y divida su atención sobre tres puntos a la vez, quedó reducida a la impotencia para obrar decididamente; y hostigada en todas direcciones por las fuerzas enemigas vueltas de su primera sorpresa en vista de la inacción del grueso de los patriotas.


Reacción del ejército Paraguayo

Las alas del ejército paraguayo, al mando de Manuel Atanacio Cabañas y Juan Manuel Gammarra reaccionaron y se desplegaron a los costados de las divisiones porteñas tratando de rodearlas, asestando sobre ellas once piezas de artillería que les habían quedado. El combate se hizo más recio y por el espacio de tres horas se mantuvo el fuego con actividad por una y otra parte, quemando los patriotas hasta el último cartucho de cañón. Mientras tanto el Mayor General hacia tocar reunión, para que se le incorporasen las fuerzas que se habían adelantado hasta Paraguarí; pero estas, sordas al llamamiento, continuaban en el pillaje, ó se embriagaban con los licores que allí encontraron, ó se entretenían en perseguir dispersos considerando ganada la batalla. En esta situación el Mayor General mandó al General en Jefe el parte de que se le habían agotado las municiones. El parque distaba como dos millas del campo de batalla. En el acto que recibió Belgrano el parte remitió un cañón con una carretilla de municiones y con los 60 hombres de caballería y su escolta de 18 soldados formado en ala. Para empeorar las cosas, los hombres de Machain confundieron con enemigos a los auxilios que enviaba Belgrano y al ver de aquel grupo se oyó la pavorosa voz: ¡Nos cortan! Que salió de las filas patriotas, y persuadido el Mayor General de que eran en efecto enemigos que procuraban interceptar sus comunicaciones con el campamento de reserva, tocó la retirada y abandonó el campo, dejan-do desamparados los 120 hombres que hablan avanzado hasta la capilla de Paraguarí.

La retirada se efectuó con orden y sangre fría bajo el fuego de artillería del enemigo, que al mismo tiempo que reorganizaba su línea, caía con furor sobre la tropa abandonada en Paraguarí. Al observar Belgrano aquel movimiento retrógrado, bajó del cerro á gran galope y á la mitad de su camino contuvo la retirada.


Se inicia el contraataque
En aquel momento oíanse á lo lejos las descargas de los que atacaban y se defendían en Paraguari. El General digiriéndose á la tropa les dijo que era preciso volver al ataque para librar é sus hermanos que iban á ser sacrificados: y ordenó al Mayor General que pro-curase retomar el paso del Yuqueri, para abrirles un camino de salvación.

Observándole Machain que la gente estaba desanimada, Belgrano le contestó con sequedad: "Yo mismo la conduciré de nuevo al ataque”—"A mí me corresponde como segundo jefe continuarlo” repuso Machain ofendido, y se puso de nuevo á la cabeza de la columna, que volvió á avanzar sobre la línea enemiga. Era aquel un ataque desesperado, pero el deber de salvar á los que se defendían en Paraguarí lo ordenaba imperiosamente, y el General en Jefe debió dirigirlo en persona. La circunstancia de haber intentado los paraguayos atacar el parque, gritando: "Vamos al campamento de los porteños” le persuadió que su presencia era más importante en aquel punto, y cedió el mando á su Mayor General, á quien según las reglas militares de aquella época, le correspondía en efecto llevar personalmente el ataque en todo caso.

Apenas la columna entró bajo el tiro de los cañones de la batería paraguayas, se observó que la puntería eran más certeras y que los soldados patriotas flaqueaban hasta perder su formación. Convencido el Mayor General después de un cuarto de hora de tiroteo de la inutilidad de aquel esfuerzo supremo, y notando que el fuego había cesado en Paraguarí, lo que anunciaba la rendición ó el exterminio de los que iban á salvar, determinó replegares al campamento, como lo verificó. Hacía cuatro horas que el combate duraba y la tropa estaba exhausta de fatiga.


El final en Paraguarí

Mientras tanto, los 120 hombres aislados en Paraguarí habían sucumbido bajó la muchedumbre de sus contrarios, rindiéndose casi todos a discreción, contándose entre los prisioneros un Sargento santafecino llamado Estanislao López, que mas tarde debía encontrarse con Belgrano en el campo sangriento de la guerra civil. Algunos mas animosos intentaron abrirse paso al través de la muchedumbre enemiga, entre ellos D. Ramón Espinóla, quien habiéndose avanzado en persecución de Velazco, al que logró cortar de sus tropas, se vio repenti-namente atacado por un número considerable de paraguayos. Se defendió con denuedo por largo tiempo abriéndose paso con su espada por entre aquella selva de lanzas, pero al fin cayó víctima del número, escribiendo su nombre con su sangre generosa al frente del martirologio argentino. Su cabeza dividida del tronco fue paseada en triunfo en la punta de una pica á lo largo de los caminos. Velazco dice en su parte: “Entre los muertos lo fue ignominiosamente D. Ramón Espinóla, cuya cabeza me presentaron."

El repliegue de las tropas Porteñas y final del combate

Replegadas á su campamento las reliquias del ejército patriota, se vio que había perdido más de la quinta parte de su fuerza, dejando en el campo 120 prisioneros entre ellos 7 oficiales y diez muertos, y salvando en hombros todos sus heridos, que llegaban a quince. La pérdida del enemigo no alcanzaba á setenta, entre los cuales se contaban 30 muertos, 16 prisioneros y varios heridos.

Belgrano hizo descansar a las tropas antes de intentar un nuevo ataque, pero el comandante de la artillería Elorga difundió la versión falsa de que los realistas los estaban cercando, causando temor entre los oficiales. Cuando Belgrano los reunió, solo el capitán Campos aceptó entrar de nuevo en combate, viendo todo perdido, Belgrano ordenó la retirada hacia el sur.

El comportamiento del capitán de artillería Elorga hizo que Belgrano lo remitiera a Buenos Aires el 27 de enero con la recomendación de colocársele donde no tuviera que esperar balas. Para reemplazar a Elorga como comandante de la artillería Belgrano ascendió a teniente al sargento Andrés García.

Antes de abandonar aquel campo en el que se había creído vencedor, escribió el parte de la batalla, que terminaba con estas palabras: "Saldremos dentro de dos horas para volver por el camino que trajimos. Mi ánimo es tomar un punto fuerte en la provincia, en donde pueda fortificarme hasta mejor tiempo, y hasta observar el rebultado de las medidas que medito para que se ilustren estos habitantes acerca de la causa de la libertad que hoy miran como un veneno mortífero, todas las clases, Sr. Exmo., y todos los estados de la sociedad paraguaya"

A las tres y media de la tarde levantó su campo y tendió su línea al frente del enemigo, pasándole personalmente en revista, arengándola en términos enérgicos, é imponiendo pena de la vida al que se separase veinte pasos de la columna. Hizo pasar á vanguardia el gran bote de cuero, las carretas, la artillería y los ganados y caballadas, y en seguida emprendió su marcha desfilando al frente de los vencedores de Paraguarí, que no se atrevieron á seguirle. A la oración se hallaba á dos leguas del enemigo, continuando su marcha con la luna, y atravesando los ríos y arroyos que estaban á nado con el auxilio del bote de cuero, sin el cual habría sido imposible la retirada y el ejército todo hubiese sucumbido.

Los tres generales paraguayos, García, Cabañas y Gamarra retrocedieron aunque ya victoriosos sin atreverse a apurar y oprimir o cortar la retirada a Belgrano. El gobernador Velazco una vez vuelto al ejército, determino perseguir, y al efecto se destacaron algunas compañías ligeras, con orden de seguir pisándole la retaguardia, hasta dejarle pasr libremente el rio Tacuarí.


Luego del combate

Belgrano marchó hasta el Tebicuary, donde le esperaba un refuerzo de 150 hombres de las milicias de Misiones y el escuadrón de caballería que había dejado en Candelariay cuya falta había echado de menos el día de Paraguarí. Tres días tardó en atravesar el rio Tebicuary al cabo de los cuales empezaron á aparecer las cabezas de las columnas paraguayas, que venían en su persecución, limitándome á observar sus movimientos á la distancia. Después de descansar dos días en la banda sur del Tebicuary, trasladó su campamento a Santa Rosa á donde llegó al finalizar el mes de Enero. Allí recibió un correo de Buenos Aires que le anunciaba haber sido elevado al rango de Brigadier, empleo recién creado por la Junta, y que esta corporación cometió la inmoralidad de repartir entre tres miembros de su seno uno de los cuales era Belgrano. Así dice él: "Sentí mas el título de Brigadier que si me hubiesen dado una puñalada" Por una coincidencia singular Belgrano era nombrado Brigadier General en Buenos Aires el mismo día que se batía en Paraguarí.

Fuentes
Historia de Belgrano tomo 1, Bartolomé Mitre
Revista de Buenos Aires tomo X “Avance de Belgrano sobre el Paraguay” por Mariano Antonio Molas, anotado por Angel Carranza.
Revista de Buenos Aires tomo XI “Avance de Belgrano sobre el Paraguay” por Mariano Antonio Molas, anotado por Angel Carranza
Wilkipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 24 Abr 2011 - 14:28

Impresionante Post. Tremendo Trabajo. Muchas gracias por compartirlo Quequen.

Saludos.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Dom 24 Abr 2011 - 16:35

Gracias el perro, me alegra que te guste el tema.

Saludos Ricardo.
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mario venditto

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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Jue 28 Abr 2011 - 2:31


Estimado Quequen...este es un trabajo espectacular....no lo lei todo, pero lo que llegue a cubrir es interesantisimo...el unico que me enseno este tipo de historias fue Pigna, al que lei mucho...mis felicitaciones Ricardo..muy bueno todo!!!
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   Jue 28 Abr 2011 - 16:42

Mario mucha gracias por su comentario, me alegra y mucho saber que le gusta.

Un abrazo Ricardo.
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MensajeTema: Re: Historia del Ejercito Argentino en la guerra de la independencia   

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