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 Combate de Chacabuco

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MensajeTema: Combate de Chacabuco   Dom 5 Ago 2012 - 13:20

Combate de Chacabuco


El 12 de enero de 1817 iniciaba desde distintos puntos de la provincia de Cuyo la expedición mandada por el General don José de San Martin para cruzar la cordillera de los Andes con el fin de liberar el territorio de chile.

Las columnas del centro comandadas por San Martin y Las Heras se volvieron a juntar el 10 de enero en la Villa de Santa Rosa.

El 11 de febrero, San Martín abandonó la villa de Santa Rosa, y dio orden de continuar adelante. Sólo la cuesta de Chacabuco separaba ya a los combatientes. La jornada de ese día fue corta. San Martín se empleó en estudiar el terreno y en coordinar su plan de ataque. Hizo que sus dos ingenieros, don Antonio Arcos y don José Antonio Álvarez, le levantasen un croquis de la cuesta y sus cercanías, y cuando poseyó todo los datos, adoptó su partido y aguardó tranquilo que llegase el momento de la ejecución.

De esta manera al amanecer del siguiente día las tropas patriotas se pusieron en marcha.


Fase previa al combate.

Característica del terreno.

La zona donde se daría la batalla, explica el historiador Ornstein, era la comprendida entre el valle del río Aconcagua, donde había acampado el Ejército de los Andes, y la Hacienda de Chacabuco. Allí esperaba el ejército comandado por Rafael Maroto. Por esta zona, de norte a sur, cruzaba el camino principal que va de Santa Rosa de los Andes a la ciudad de Santiago.

Tras pasar el río Aconcagua, el lado sur del valle limitaba con una cadena de cerros. Estos ascendían unos 15 kilómetros y terminaban en la cresta de la serranía de Chacabuco, cuya altura máxima es de 1.280 metros.
Luego del paso de la cresta, el camino empezaba el descenso hacia el sur (rumbo a la Hacienda de Chacabuco), que está a unos 10 kilómetros.

El camino de bajada, entre la serranía y la hacienda, iba por un cajón llamado Quebrada de la Ñipa. Terminaba en un bañado, el Estero de las Margaritas.

La quebrada estaba flanqueada por dos líneas de cerros: una al este, coronada por los cerros Cardonado, Los Halcones, Guanaco y Quemado, y otra al oeste, por los cerros de Las Cabras, Almendro, Morrillos y Chingue.
Donde la cuesta llegaba al Estero de Las Margaritas, había un mamelón o cerro saliente y plano llamado morro de las Tórtolas Cuyanas.

Desde el norte, al llegar la cresta de Chacabuco, y empezar el descenso hacia la hacienda, el camino se dividía en dos.
Uno era más transitado, directo y corto (la Cuesta Vieja), que terminaba en el Estero de las Margaritas. El más largo y sinuoso (la Cuesta Nueva) iba por el oeste de los cerros de Las Cabras, Morrillos y Chingue. Quedaba oculto por estos que te hacían de cerrillada o pantalla, impidiendo que se lo viera desde el lado de la Cuesta Vieja.

Orden de Batalla

Según los distintos autores el número de hombres de los ejército varían, en el lado patriota de 3000 a 4000 hombres siguiendo los informe de Ornstein el número da aproximadamente 3300 hombres, del lado de los realista es aún más confuso con un número que oscila entre 1000 a 3000 hombres, siguiendo los datos del mismo autor alrededor de 3500 hombres.

Por ejemplo el historiador Chileno Fernando Campos Harriet en su libro Los defensores del Rey (1976) escribío “Solo alcanzaron a concentrarse en la cuesta de Chacabuco, para cerrar el paso a los 3500 argentinos de San Martín, 1660 hombre,…”

Tropa Patriota
Estado Mayor del ejército
General José de San Martín, comandante en jefe del ejército
Ayudantes de campo: Coronel Hilarión de la Quintana Teniente coronel Diego Paroissien Sargento mayor José Antonio Álvarez Condarco

1º División
Comandante General Miguel Estanislao Soler

Infantería
Batallón Nº 1 de Cazadores Comandante, teniente coronel Rudecindo Alvarado; Sargento Mayor, José García de Zequeira; 27 oficiales y 543 de tropa
Batallón Nº 11 de Línea Comandante, coronel graduado Juan Gregorio de las Heras; Sargento Mayor Ramón Guerrero; 26 oficiales y 579 de tropa.
Compañías de Granaderos y Volteadores del Batallón nº 7
Compañías de Granaderos y Volteadores del Batallón nº 8

Caballería
Escuadrón de escolta de Granadero a Caballo del General San Martín comandante Coronel Mariano Necochea
Escuadrón IV de Granaderos a Caballo comandante Teniente coronel Manuel Escalada
Artillería: 2 piezas de artillería.
Aproximadamente 1.300 hs. (1257)

2º División
Comandante General Bernardo O’Higgins

Infantería
Batallón Nº 7 de Línea Comandante, teniente coronel Pedro Conde; Sargento Mayor, Cirilo Correa; 26 oficiales y 741 de tropa
Batallón Nº 8 de Línea Comandante, teniente coronel Ambrosio Crámer; Sargento Mayor, Joaquín Nazar 26 oficiales y 767 de tropa.

Caballería
3 escuadrones de Granaderos a Caballo comandante Coronel José Matías Zapiola
Escuadrón I, Teniente coronel José Melián
Escuadrón II, Teniente coronel Manuel Medina
Escuadrón III, Mayor Nicasio Ramallo
Artillería: 2 piezas de artillería.
Aproximadamente 2000 hs.

Tropa Realista
Comandante General Rafael Maroto Ysems

Infantería
Batallón Valdivia (560 hs). Comandante Pinuer
Batallón Talavera (660 hs). Comandante Maroto
Batallón Chilloé (560 hs). Comandante Arena

Caballería
Carabineros de Abascal (300 hs). Comandante Quintanilla
Húsares de Abascal (330 hs). Comandante Baraño
Artillería 400 Artilleros. Comandante Cacho
Aproximado 2800 hs.

Plan de Combate

El plan de San Martín

San Martin había previsto dividir el ejército en dos divisiones, la primera al mando del general Miguel Soler que descendería por la Cuesta nueva y la segunda comandada por el general Bernardo O’Higgins que descendería por la Cuesta Vieja.

El plan consistía a enviar a O’Higgins por el camino más corto hasta el morro de las Tórtolas Cuyanas, atraer las tropas de Maroto y ofrecer combate de forma defensiva, el objetivo era “entretener” las tropas realistas aferrado en esa posición hasta la llegada de la división de Soler, que al tomar el camino más largo tardaría al menos dos horas más, una vez en el llano sus unidades atacaría por la retaguardia realista


El plan realista
El general realista Rafael Maroto esperaba poder disponer de dos días más para recibir refuerzos, pero se vio obligado a moverse en la madrugada del 12 desde las casas de Chacabuco.

Colocó su línea de batalla a cinco kilómetros hacia el este, al pie de la Cuesta Vieja. El objetivo final era esperar a las fuerzas patriotas en la cumbre de la cuesta de Chacabuco.

La marcha anticipada del ejército patriota, sumado a lo rápido y bien combinado de la maniobra del primer ataque, no le dieron tiempo a los realistas para ocupar dicha la cumbre como lo había proyectado su general.

Ni siquiera para poder proteger a su vanguardia que, al ver a la luz de la luna -explica Ornstein- el movimiento de avance de los patriotas, decidió abandonar sus posiciones. Descendió en fuga, pero ordenada, perseguido por los granaderos de la caballería argentina.


Preludio al Combate

Comienza el movimiento de las tropas patriotas

La vanguardia realista, al mando de los coroneles José María de Atero y Antonio Marquelí, se acordonaban. Eso quiere decir que se colocaba en posición extendida sobre los cerros a los lados de la cuesta de Chacabuco, y mirando hacia el norte, donde estaba el Ejército de los Andes, que formaba al pie de la serranía del lado del valle del Aconcagua, en el orden de batalla previsto por San Martín.

Al ejército patriota se le repartieron las municiones a razón de 70 cartuchos de bala por hombre. Además, los soldados abandonaron sus mochilas con los bagajes para marchar al combate sin peso en las espaldas. A las 2 de la mañana del 12 empezaron a ascender la montaña en la forma de columna sucesiva por lo estrecho del terreno. Esto es: los hombres formados en columnas, más largas que anchas, y una columna marchando a distancia de la otra.

Al llegar a la bifurcación en los dos caminos, la división del general Miguel Estanislao Soler debía tomar el de la derecha (la Cuesta Nueva), a la cabeza de la columna iba el batallón de Cazadores de los Andes.

En tanto, la división o columna del general Bernardo O'Higgins debía hacerlo por el camino de la izquierda (la Cuesta Vieja), ambos caminos iban rumbo sur, pero la Cuesta Nueva, como se dijo, daba una vuelta más larga abriéndose primero hacia el sudoeste para doblar luego y volver hacia el sur.

San Martín marchaba a retaguardia de las dos columnas con su estado mayor y la bandera de los Andes, custodiada por el resto del batallón de artillería, cuyos cañones de batalla (la artillería pesada) no habían llegado aún. El Libertador decidió no esperarlos e iniciar el avance.

La división de Soler avanzó en silencio por los desfiladeros de la derecha, protegida por una larga cerrilíada -formada por los cerros ya mencionados-, que lo ocultaban de la vista del enemigo.

Mientras las tropas de Soler marchaban sin contratiempo las de O’higgins tuvieron dos situaciones imprevistas la primera un encuentro sorpresivo con las tropas de avanzada realistas y la segunda el observar que las tropas de Maroto se encontraban en la posición que debían detenerse para presentar combate.

Una vez descubierta la avanzada realista, la división de la izquierda (este), la de O'Higgins, trepó hasta llegar a la Cuesta Vieja formada en columna. Una guerrilla desplegada del batallón N" 8 de Libertos cubría su flanco izquierdo por un sendero paralelo separado por una quebradilla. Tenían como objetivo llamar la atención de los realistas y distraerlos, reconocer la posición enemiga y a la vez estar prevenidos ante un posible ataque de flanco.

Un piquete de caballería de Granaderos exploraba los rodeos del camino a fin de ahuyentar las posibles emboscadas en los recodos y descubrir si se habían construido fortificaciones o atrincheramientos.

La guerrilla flanqueadora se posesionó de unas breñas (tierra quebrada y poblada de malezas) inmediatas a la cumbre y rompió el fuego, que fue contestado por otra guerrilla realista que salió a su encuentro.

Apenas habían cambiado algunos tiros cuando de repente, para sorpresa de los realistas, apareció la cabeza de la columna de O'Higgins dando vuelta un recodo a tiro de fusil, tocando los tambores a la carga.

La vanguardia realista no esperaba el ataque. Recién había visto a la columna de la derecha argentina asomar por su flanco izquierdo al término de la cerrillada, que hasta entonces la ocultaba. Y de golpe se vieron acometidos al mismo tiempo por el flanco y la retaguardia. Abandonaron rápidamente la posición sin siquiera pretender hacer resistencia. La cumbre de la serranía de Chacabuco fue coronada por los patriotas atacantes con las primeras luces del alba al son de músicas militares.

Desde la altura pudieron divisar a la vanguardia realista que se retiraba en formación y ordenadamente cuesta abajo. Más lejos, al final de la cuesta, vieron al ejército enemigo formado en la planicie de Chacabuco.

El primer obstáculo estaba vencido -señalan Mitre y Ornstein- y la batalla se daría punto por punto, con algunas variantes imponderables, según las previsiones de San Martín.

El combate

Defensa realista

Según analizó Mitre, las disposiciones que tomó el general realista en tan crítico momento fueron acertadas, pues tendió su línea de batalla plegada, es decir apoyada, sobre la falda de los cerros opuestos a la serranía de Chacabuco y dando frente a la Cuesta Vieja.

Protegido, en parte, por tapiales y cercos de espinillos, de forma que cubría la bajada de la Cuesta Vieja, podía dominar con los fuegos de fusilería el lecho de un estero de unos 400 metros de ancho. Por su centro corría el arroyo del Tebo, que bajaba desde un profundo barranco o quebrada del este.

El general Maroto apoyó el ala derecha de su ejército en el barranco, usándolo como posición invulnerable.

Allí colocó dos piezas de artillería que podían cañonear diagonalmente la boca dé la quebrada de los cuyanos, por donde debía, según sus cálculos, asomar el ala izquierda argentina.

Su propia ala izquierda, la puso en un mamelón (una saliente alta y escarpada) que coronó de infantería.
Entre estos dos extremos formó sus batallones desplegados en columnas cerradas, intercalando ente ellas las tres piezas de artillerías que le restaban.

Finalmente, la caballería realista fue colocada en la retaguardia sobre el franco izquierdo, y parte de ella dispersada en guerrillas, para proteger la retirada que estaba efectuando la vanguardia.

De esta manera esperó con decisión y firmeza el ataque de los patriotas. Así fue -dice Mitre-, pese al desaliento visible de su tropa, del cual él mismo participaba por verse en una complicada situación.

Maroto aún no sospechaba del movimiento de la columna patriota del oeste que venía por la Cuesta Nueva, la que debía tomarlo por el flanco izquierdo y la espalda, cerrándole la única retirada posible hacia el valle.


Ataques patriotas

En tanto San Martín, desde la altura de la serranía de Chacabuco, observaba que no era la fuerza principal de Maroto a la que había hecho retroceder. Sólo era el destacamento de vanguardia. Alcanzó a ver con su catalejo -dice Omstein- al ejército de Maroto, ubicándose en la meseta al norte de la hacienda. Esta primera parte de la operación fue nítidamente diferenciada de la batalla por el propio San Martín en su informe, explica el historiador Omstein. En uno de los párrafos expresa: "El resultado de nuestro primer movimiento fue como debió serlo, el abandono que los enemigos hicieron de su posición sobre la cumbre; la rapidez de nuestra marcha no les dio tiempo de hacer venir las fuerzas que tenían en las casas de Chacabuco para disputarnos la subida. Este primer suceso era preciso completarlo; su infantería caminaba a pie. Tenía que atravesar en su retirada un llano de más de cuatro leguas y aunque estaba sostenida por una buena caballería, la experiencia nos había enseñado que un solo escuadrón de Granaderos a Caballo bastaría para arrollarla y hacerla pedazos; nuestra posición era de las más ventajosas".

A pesar de la variación de la situación estratégica producida por el movimiento de los realistas, el plan de San Martín no necesitaba modificaciones sustanciales. Se trataba ahora de perseguir al destacamento de vanguardia enemiga y ampliar la maniobra de cerco encerrando a toda la división realista.

La misma geografía del terreno le estaba indicando cuál era la maniobra más adecuada.

Ordenes a O'Higgins

San Martín dispuso que O'Higgins continuara con la persecución del enemigo, que se retiraba. Y mandó desprenderse de la división de Soler el tercer escuadrón de Granaderos a Caballo para que pasara a la división del general chileno.
Pero le ordenó a O'Higgins que no pasara del morro de las Tórtolas Cuyanas. Le recalcó que allí sólo debía “entretener” al enemigo sin comprometerse a ninguna acción seria, hasta que apareciera la división de Soler. Este venía por la cuesta nueva hacía la vieja, para atacarlo por el franco.

San Martín instaló su cuartel general en lo alto de la cuesta desde donde podía ver la retirada de la vanguardia realista y la persecución de O'Higgins.

También podía ver cómo se internaba la columna de Soler por la Cuesta Nueva hasta que vio desaparecer al último hombre tras la cerrillada que ocultaba el camino.

Por su parte, luego de tocar la cumbre y pasar al otro lado el ala izquierda argentina, los tres escuadrones de Granaderos a caballo comandados por el coronel José Matías Zapiola se habían lanzado a picar la retirada de la vanguardia realista, sosteniendo fuertes tiroteos.

Lo escabroso del terreno impedía que la caballería maniobrara con ventaja. Su avance fue lento, de modo que sólo pudo llegar a la boca de la quebrada, cerca del morro de las Tórtolas cuyanas, a eso de las 10 de la mañana.
A esa misma hora, la división de O'Hliggins estaba aún a media cuesta. Pero una hora antes, a las 9, la vanguardia realista, en fuga pero ordenada y no deshecha, había alcanzado la planicie y se unía al resto de sus fuerzas.
La boca de esta quebrada da acceso a la parte más estrecha del valle de Chacabuco -dice Mitre-, y desde allí se transforma en un suave plano inclinado al tocar el llano, y está flanqueada por un elevado cerro al este, Los Halcones, y por un morro destacado al oeste, que desde entonces se llamo de las tórtolas cuyanas. Si los españoles hubiesen ocupado esta fuerte posición -explica el historiador Ornstein-, habrían dificultado la marcha de e O'Higgins; pero el avance de los Granaderos no les dio tiempo. En un principio destacaron una guerrilla sobre el morro del oeste o de las Tórtolas, que son como caminos cubiertos. La maniobra fue evitada por una compañía de tiradores patriotas.

Mientras, un escuadrón de granaderos impedía que tomaran el cerro del este.

Los dos escuadrones restantes de granaderos ocupaban el espacio intermedio en espera de la llegada de la infantería de la columna de O'Higgins.


En esos momentos los dos cañones realistas del ala derecha rompieron un vivo fuego. Por lo que el coronel Zapiola, al considerar innecesario exponer a sus hombres, tomó una posición más segura hacia la retaguardia. Eran las once de la mañana. En ese momento llegaba el ala izquierda, con O'Higgins a la cabeza.

Al arribar el general chileno ordenó ocupar a paso de trote la boca de la quebrada al costado del morro de las Tórtolas cuyanas y desplegó en línea de masas sus batallones dejando detrás como reserva a los granaderos plegados en columna.

De esta forma se colocó en posición de amenazar a los realistas y tenerlos aferrados, como lo había previsto San Martín.
Maroto, al ver como se desplegaba las unidades patriotas decide desplaza al fogueado batallón de Talavera junto al de chiloé, con parte de la artillería en medio de ellos, en su flanco derecho. Los Carabineros quedaron en el centro, de frente al camino de la Cuesta Vieja. El batallón Valdivia quedó como ala izquierda y, detrás de ellos, la caballería de los Dragones de la Frontera y los Húsares.



Primeros combates

Su ejército estaba apoyado sobre los cerros que dan a la hacienda de Chacabuco.

Apenas la columna de infantería patriota pisó el último plano de la Cuesta Vieja, O'Higgins desplegó su línea sobre la boca de la quebrada que se abría. Enseguida se adelantó hasta el llano, entre los cerros de las Tórtolas y los Halcones. Buscaba campo para desplegarse. Durante más de una hora se combatió a tiro de fusil.

A las primeras descargas entre las posiciones, cayó muerto el coronel Ildefonso Elorriaga, de largos servicios al Rey en Chile. Mandaba el ala derecha del ejército realista, con el Talavera y el Chiloé, y que constituía su nervio.

Los patriotas, por su parte, sufrieron algunas pérdidas sensibles. Ahora la acción estaba parcialmente empeñada, y el ataque de aferramiento o concurrente se convertía de golpe en el ataque principal pero sin obtenerse un resultado ni favorable ni inmediato, como señaló Mitre.

Lo que en ese momento percibieron los patriotas de la división de O'Higgins era que el ala izquierda de la posición realista no terminaba en el cerro Victoria. Del otro lado del arroyo y la quebrada, a la altura del cerro del Chingue, que separaba la Cuesta Vieja de la Cuesta Nueva, se habían colocado los restos reagrupados de la vanguardia realista al mando del mayor Antonio Marquelí.

Estaban en un morro y atacaban el flanco derecho de la infantería patriota que avanzaba, dejándola encerrada entre dos fuegos, de frente y de costado.

Igualmente se vio de pronto -como señala Leopoldo Ornstein- que delante de la posición realista había una grieta insalvable al pie de la meseta donde se parapetaban.

También se vio que entre el Chingue y el Victoria, el arroyo formaba un pantano (el Estero de las Margaritas), con lo que el ala izquierda enemiga -pese a no estar formada por el mejor batallón realista-, era la más fuerte y su posición era una trampa para quien quisiese atacarla.

La situación era crítica, pues si la retirada tenía peligros, este avance en inferioridad era heroico, pero por demás temerario, a la par de innecesario aunque se ganase la posición.

O`Higgins desobedece

Si se seguía el plan combinado de San Martin, los realistas estaban perdidos. Habían tomado una posición defensiva y aceptado la batalla dentro de un recinto del que ignoraban que no tenían retirada posible.

Por ello -juzgan Mitre y Ornstein-, era innecesario arriesgar a las tropas patriotas de antemano en tal ataque frontal.
Mitre llega más lejos y señala que si el general Maroto hubiese tenido iniciativa, en vez de permanecer a la defensiva hubiera podido aprovechar la situación y llevar en aquel momento un ataque ventajoso.

Pero sólo se limitó a amagar débilmente por los flancos de la columna de O'Higgins, con despliegue de guerrillas que fueron rechazadas, sosteniéndose pasiva y defensivamente a fuego de fusilería y de cañón.

Cuando se dio cuenta y trató de pasar a la ofensiva, ya era tarde.

De pronto -apunta el historiador Leopoldo Ornstein-, como si se hubiera propuesto conquistar la victoria por sí solo, O'Higgins hizo a un lado las instrucciones dadas por San Martín.

Prescindió de Soler y de su maniobra envolvente. Se lanzó al ataque contra la fuerza principal enemiga nada más que con 1.300 hombres, mientras que el comandante realista Rafael Maroto tenía 2.800 hombres, seis cañones y ocupaba una fuerte posición defensiva en el borde de un barranco escarpado.

O'Higgins, con su instinto heroico, llevado por los juramentos hechos tras la derrota de Rancagua en 1814 -según sus propias palabras-, deseaba vengarse de la opresión a su Patria por parte de los españoles. Creyó, debido a su valor, que podía decidir por sí solo la victoria contra los realistas sin el concurso del general Soler.

Ordenó el avance de su infantería y repitió la histórica proclama que había dado en los combates de El Roble y de Rancagua:

"¡Soldados! ¡Vivir con honor o morir con gloria! ¡El valiente siga!
¡Columnas a la carga!".


Los tambores dieron la señal con el toque de calacuerda. Se lanzaron a paso acelerado en columnas de ataque con apenas 700 bayonetas, de los batallones de infantería de libertos N° 7 y N° 8 del Ejército de los Andes.

Sus comandantes eran los tenientes coroneles argentinos Pedro Conde y Ambrosio Crámer.

Avanzaron contra al menos el doble (1.500) de infantes realistas, bien posicionados y sostenidos por su artillería.
Además, O'Higgins le ordenó al coronel José Matías Zapiola que con sus granaderos intentase penetrar por el flanco derecho sobre la posición realista.

Los batallones, formados por esclavos libertos argentinos marcharon valerosamente a la carga. Lo hacían sin disparar un tiro, inflamados por las palabras y el ejemplo de su general.

Pero antes de llegar a la falda de los cerros que ocupaba el enemigo, se encontraron con el obstáculo de una enorme grieta y de un arroyo que bajaba del barranco en que los realistas apoyaban parte de su fuerza.

Los cañones españoles estaban ubicados en este punto, lo mismo que los infantes, en el cerro del Chingue.

Según Mitre, los patriotas quedaban dentro de la zona peligrosa, en pleno campo de tiro de los fusiles y los cañones, por el frente de su avance.


Los patriotas son rechazados

A pesar de esto, los infantes patriotas hicieron tenaces esfuerzos para ganarle la posición a los realistas; aunque no pudieron trepar la altura de la barranca en que estaba acordonado el enemigo.

Tuvieron que retroceder en desorden, de vuelta hacia su primera posición en la boca de la quebrada de donde habían salido. Buscaron reorganizarse fuera del alcance de los fuegos de los realistas.

Para colmo de males -señala Ornstein-, la orden de atacar dada por O'Higgins a los granaderos de Zapiola, los había enviado al Estero de las Margaritas, donde se quedaron empantanados, recibiendo también el fuego cruzado desde el morro del Chingue y el cerro Victoria, intentaron, en vano, penetrar por entre el flanco izquierdo y el del centro del enemigo.

El morro del Chingue en que apoyaba el ala izquierda realista era un verdadero castillo por su elevación.
Sin esperar contraorden, Zapiola sacó a sus granaderos de esa situación y para volver en orden a situarse fuera del fuego enemigo, protegidos tras el morro de Las Tórtolas Cuyanas. Al mismo tiempo mandaba al teniente Rufino Guido a la cumbre de Chacabuco a informar de la situación al Libertador.

Todo ello sucedía mientras los infantes argentinos eran dispersados de nuevo por el fuego cruzado y retrocedían en desorden.


Al verlo que ocurría, San Martín, convencido de que su plan era la garantía de la victoria, si se cumplía al pie de la letra hasta la rendición del enemigo, llegó a temer por la suerte de la división del general O'Higgins.

Se encontraba comprometida en un ataque heroico, pero temerario y en contra sus órdenes.

Al recibir el parte del teniente Guido, extendió el brazo señalando en dirección a la Cuesta Nueva, y le gritó a su ayudante de campo, el mayor Antonio Álvarez Condarco: "Corra usted a decir al general Soler, que cruzando la sierra, caiga sobre el enemigo con toda la celeridad que le sea posible".

Enseguida espoleó su cabalgadura que se encabritó y lo llevó a la carrera cuesta abajo con toda la velocidad que le permitía lo escabroso del terreno.

Como debió frenarlo un poco, esto le restó rapidez y llegó hasta la boca de la quebrada en los momentos en que O'Higgins se había adelantado otra vez sobre el llano con el propósito de renovar el ataque directo, y ya no podía retroceder.

Se lanzaban al ataque en columnas con el Batallón N" 7 al frente y volvía a ser detenido por la grieta y atacado por el frente y por el flanco por tos realistas y lo obligaban a retroceder en desorden -señala Ornstein-. Era la una y media del día.

El enemigo, advertido ahora de que no había más tropas patriotas que esas, comenzó los preparativos para un contraataque, cosa que vio claramente el Libertador, así como los oficiales del Regimiento de Granaderos a Caballo de los dos escuadrones de la reserva de O'Higgins que al pasar su general, a su orden, se le unieron en la marcha.

Era imperioso que los granaderos cargaran a los realistas para frenar su contraataque y salvar a los infantes a la vez de abrirles una brecha por donde penetrarla línea enemiga.

La última carga de caballería del General José de San Martín

El general San Martín tomó la bandera de los Andes y con ella animó a la infantería a reagruparse y volver al ataque.
Devolvió la enseña al portaestandarte, desenvainó su sable y se puso al frente de los escuadrones de granaderos.

Encabezó el ataque a la carga, con dirección al centro del ala izquierda enemiga, en medio del fuego graneado de los batallones realistas.

Pero a poco de llegar a ellos, a unos doscientos metros -dice Ornstein-, el fuego enemigo comenzó a disminuir.
En ese momento, San Martín advirtió que la línea enemiga vacilaba, y que algo extraordinario pasaba en sus filas.
Ocurría que la vanguardia del ala derecha argentina, la columna de Soler, cuyo movimiento no había alcanzado a prever el general Maroto, estaba desembocando en el valle de Chacabuco y avanzaba a paso de trote y al galope sobre la izquierda de la posición realista. El momento decisivo había llegado.

Soler había alcanzado, a la una y media del mediodía, la base del cerro del Chingue, sin que los realistas que estaban en su altura lo advirtieran, porque estaban ocupados en rechazar el ataque de O'Higgins. Por ello cuando la avanzada del batallón de Cazadores de los Andes de su división atacó a los 200 realistas allí apostados los tomaron por sorpresa y sin poder defenderse.

Lanzadas nuevamente las columnas de infantería de O'Higgins al ataque, San Martín ordenó -según Mitre- a los tres escuadrones de Granaderos mandados por los comandantes José Melián, Manuel Medina y el mayor Nicasio Ramallo, con el coronel Zapiola a la cabeza, que cargaran a fondo hasta chocar con la caballería realista situada a la izquierda de la retaguardia enemiga.

Como se ha visto, Ornstein lo señala en un documentado estudio, San Martín mismo se puso al frente de los escuadrones y dirigió el ataque.

El escuadrón de Medina, pasando a través de un claro de la línea de la infantería patriota en marcha, cayó sobre la izquierda del centro enemigo llegando a acuchillar a los artilleros realistas sobre sus cañones.

Mientras, Zapiola con los otros dos escuadrones penetraba por su costado derecho. Al mismo tiempo, los batallones N°7 y N" 8 encabezados por el general O'Higgins podían finalmente, tras superar la grieta y el barranco, tomar, bayonetas mediante, la posición realista.

Los fuegos desde el mamelón (colina de forma redondeada) que tanto habían detenido el avance se habían terminado. La infantería realista estaba en retirada y formaba en cuadro en el centro de su campo.


Maniobras combinadas

Simultáneamente, el teniente coronel Rudecindo Alvarado, que con el batallón Nº 1 de Cazadores de los Andes llevaba la vanguardia de la columna derecha argentina, desprendía dos compañías al mando del capitán Lucio Salvadores y del teniente José Zorrilla, que se apoderaban del mamelón, matando incluso al coronel español Antonio Marquelí, que lo sostenía.

Mientras tanto, entra en acción el mayor Mariano Necochea con el escuadrón de Granaderos de la Escolta y sostenido por el cuarto escuadrón de Granaderos a Caballo al mando del cuñado de San Martín, Manuel de Escalada. Ambos pertenecían a la columna de Soler. Aparentando descolgarse de los cerros, penetraron por la retaguardia y arrollaron a la caballería realista por la izquierda. A su vez, Zapiola ejecutaba idéntica maniobra por el otro extremo.

Los húsares realistas, al ver que eran atacados por dos lados, decidieron no esperar y se retiraron a la carrera hacia el Portezuelo de la Colina en dirección a la hacienda.

En ese momento, San Martín devolvió el mando del regimiento a Zapiola y le ordenó la persecución del enemigo.

Al romperse el frente de la línea realista, los batallones de los costados de la ruptura se desbandaron y se pusieron en fuga.


El jefe realista Maroto había perdido el control de sus hombres y sólo algunos oficiales lograron formar un cuadro con los dispersos del Talavera y el Chiloé para tratar de resistir. Los batallones de O'Higgins, ahora vencedores, convergieron sobre el cuadro en que se habían refugiado los últimos 500 realistas, que en unos 15 minutos fueron hecho pedazos. Los que quedaban buscaron huir por los cerros a sus espaldas.


Triunfo contundente

Allí encontraron cortada su retirada por el grueso de la infantería de la división de Soler que ya ocupaba el valle. Entonces trataron de resistir parapetados tras las tapias de la viña y del olivar contiguo a la hacienda de Chacabuco. Finalmente y luego de muchas pérdidas, se rindieron.

Los que buscaron salvarse huyendo por el estero y por la prolongación del valle hacia el sur fueron exterminados en la persecución. El camino quedó sembrado de muertos desde Chacabuco hasta cerca del Portezuelo de la Colina.
Los sables afilados de los Granaderos -dice Mitre- hicieron estragos: en el campo de batalla se encontraron un cráneo dividido en dos partes y el cañón de un fusil tronchado como una vara de sauce.

A las 15, San Martín se reunió en el centro del campo de batalla con el general Soler, que llegaba con el grueso de su división por el desemboque de la Cuesta Nueva, para comunicarle las contingencias de la batalla al recién llegado.
El resultado de la jornada, fue: 500 realistas muertos, 600 prisioneros, en su mayor parte de infantería; toda la artillería, un estandarte de caballería y dos banderas de infantería (las de los batallones de Chiloé y Talavera, aún conservadas en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires).

También se consiguió armamento y el parque de artillería de los vencidos, aunque lo más importante fue la restauración de la libertad de Chile.

Las pérdidas de los patriotas fueron: 12 muertos y 120 heridos, muchos de los cuales morirían luego a causa de las heridas recibidas.

Nadie duda de que si el plan de San Martín se hubiese ejecutado punto por punto, como pudo y debió hacerse, la batalla hubiera terminado por una rendición del enemigo.

No hubiera habido el derramamiento de sangre que causó la valiente temeridad de O'Higgins, quien, como combatiente, fue uno de los héroes del día.

San Martín, al dar cuenta de esta victoria, resumió su empresa en estos términos:

"Al Ejército de los Andes queda la gloría de decir: en veinticuatro días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile".

Dice Bartolomé Mitre en su Historia de San Martín refiriéndose a la estrategia del Libertador: "El mérito de la batalla de Chacabuco consiste precisamente en lo contrario de lo que constituye la gloria de las batallas". Y explica que el resultado de la hábil planificación de San Martín había hecho que la batalla estuviera ganada antes que los soldados la dieran.

Todo respondía a un plan metódico en el que los días y las horas estaban contados y los resultados estaban, y fueron, los previstos. "Fue una sorpresa a la luz del día en que nada se libró al acaso", cierra Mitre.

Luego del combate

El 14 de febrero de 1817, el ejército Libertador hizo su entrada triunfal en la ciudad capital del Reino de Chile.

La batalla de Chacabuco dio la libertad a Chile, que se afianzaría al año siguiente luego de Maipú, pero además, dio la señal de que los americanos del Sur iniciaban la guerra ofensiva por su independencia, que culminaría siete años después (1824) con la victoria final en la pampa de Ayacucho.

San Martín logró con ella cerrar la primera fase e iniciar la segunda de su Plan Continental para a la revolución americana.

Aisló al poder español en el estrecho recinto del Perú; salvó a la revolución argentina de su ruina y contuvo la invasión que la amenazaba por el Alto Perú, suprimiendo a un enemigo peligroso que la amenazaba por el flanco de la cordillera.
Fue la primera batalla americana con largas e importantes proyecciones históricas. El virrey del Perú, Pezuela, confiesa que marcó el momento en que la causa de España empezó a retroceder en América y su poder a ser conmovido en sus fundamentos:

"La desgracia que padecieron nuestras armas en Chacabuco, poniendo el reino de Chile a discreción de los invasores de Buenos Aires, trastornó enteramente el estado de las cosas, fue el principio de restablecimiento para los disidentes, y la causa nacional retrogradó a gran distancia, proporcionando a los disidentes puertos cómodos donde aprestar fuerzas marítimas para dominar el Pacífico. Cambióse el teatro de la guerra: los enemigos trasladaron los elementos de su poder a Chile, donde con más facilidad y a menos costa podían combatir al nuestro en sus fundamentos”.

Fuentes

Las Batallas de San Martin. Tomo III Chacabuco un paso clave. Arte gráfica Editorial Argentino edición S.A. 2007
La reconquista española de Chile en 1814. Por Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui. Editorial América Madrid 1860
Los defensores del Rey. Por Fernando Campos Harriet. Editorial Andres Bello 1976.
Chile desde la batalla de Chacabuco hasta la Maipú. Por Salvador Sanfuentes Edición Santiago 1850
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woody59

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MensajeTema: Chacabuco.   Jue 12 Feb 2015 - 12:11

12 de Febrero de 1817 el Ejército de Los Andes al mando del General José de San Martín derrota a las fuerzas realistas en la hacienda de Chacabuco.
Parte de la batalla de Chacabuco y cuadro del estado de muertos y heridos.
Documentos escritos. Sala X.
Transcripción:
Excelentísimo Señor
Una división de mil ochocientos hombres del Ejército de Chile acaba de ser destrozado en los llanos de Chacabuco por el Ejército de mi mando en la tarde de hoy. Seiscientos prisioneros entre ellos treinta Oficiales; cuatrocientos cincuenta muertos y una bandera que tengo el honor de dirigir, es el resultado de esta jornada feliz con más de mil fusiles y dos cañones.
La premura del tiempo no me permite extenderme en detalles, que remitiré lo más breve que me sea posible: en el entretanto debo decir a Vuestra Excelencia que no hay expresiones como ponderar la bravura de estas tropas: nuestra pérdida no alcanza a cien hombres.
Estoy sumamente reconocido a la brillante conducta, valor y conocimientos de los Señores Brigadieres Don Miguel Soler y Don Bernardo O’Higgins.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Cuartel General de Chacabuco en el campo de batalla, Febrero 12 de 1817.
Excelentísimo Señor
José de San Martín





O la América es libre a costa de sus propios esfuerzos, o desciende encorvada al cadalso que le preparan los tiranos. No hay medio. Mi ejército viene decidido a morir o a ser libre.”
José de San Martín

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ariel
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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Jue 12 Feb 2015 - 12:34

Buenísimo! Gracias Ale !
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Jue 12 Feb 2015 - 18:05

Muy Bueno.

Perdón por auto citarme pero si le gusta leer un poco de historia.

http://defensanacional.argentinaforo.net/t4943-combate-de-chacabuco

Un saludo Ricardo

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ariel
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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Jue 12 Feb 2015 - 20:35

Excelente Ricardo!
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bashar
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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Jue 12 Feb 2015 - 23:48

Necochea , Bogado, Olazabal y Villanueva también figuran en Ituzaingó... vaya que les sirvió entrenar en la Palestra de Don José...


saludos




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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
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plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Brandsen   Vie 13 Feb 2015 - 12:51

bashar escribió:
Necochea , Bogado, Olazabal y Villanueva también figuran en Ituzaingó... vaya que les sirvió entrenar en la Palestra  de Don José...


saludos




Y aunque no estuvo en Chacabuco, pero sí en Ituzaingo, el gran Brandsen que habiendo contestado "me manda al muere" cargó al frente de sus tropas y murió heroicamente.

Que mal que me cae Carlos de Alvear...
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ariel
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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Vie 13 Feb 2015 - 13:10

+1
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Sáb 14 Feb 2015 - 5:32

Gracias Ariel.
Si Woody59 esta de acuerdo creo que tendrías que unificar los dos tópicos ya que se refieren al mismo tema.

Un abrazo Ricardo.

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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Sáb 14 Feb 2015 - 5:34

Como comente en el otro tópico, sí Woody59 esta de acuerdo creo que tendrías que unificar los dos tópicos ya que se refieren al mismo tema.

Un abrazo Ricardo.

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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Sáb 14 Feb 2015 - 9:47

Llegue tarde, ya estaba unificado!
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woody59

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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Sáb 14 Feb 2015 - 11:01

Quequén Grande escribió:
Como comente en el otro tópico, sí Woody59 esta de acuerdo creo que tendrías que unificar los dos tópicos ya que se refieren al mismo tema.

Un abrazo Ricardo.

Totalmente de acuerdo, abrazo.
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Sáb 14 Feb 2015 - 11:22

Woody59 por lo visto no le dieron tiempo a opinar.

Gracias y un saludo Ricardo.

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woody59

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MensajeTema: Re: Combate de Chacabuco   Sáb 14 Feb 2015 - 15:34

Quequén Grande escribió:
Woody59 por lo visto no le dieron tiempo a opinar.

Gracias y un saludo Ricardo.

Esta todo bien Ricardo, un abrazo.
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