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 Puerto de Sancti Spiritu

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MensajeTema: Puerto de Sancti Spiritu   Sáb 25 Ago 2012 - 20:32

Puerto de Sancti Spiritu


Sobre el sudoeste del Departamento de San Jerónimo, Provincia de Santa Fe, está ubicada la localidad de Gaboto, un pequeño poblado de algo más de 2500 habitantes, en las afueras de la población se encuentra un parque arqueológico y un museo estatal, denominado Sancti Spiritu.

Esta construcción es la réplica del primer asentamiento europeo sobre tierras argentinas, la fundación de dicho fuerte se produjo el 9 de junio de 1527 por orden de Sebastián Gaboto. En septiembre de 1529 fue incendiada y destruida, según algunas versiones culpan a los Querandies y otras a los Timbues.

Mientras un número de escritores indican que fue consecuencia del mal trato que recibieron los indígenas por parte de la población europea, historiadores como don Gregorio Funes en su libro “Ensayo de la historia civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay”, o Pedro de Angelis en su “Colección de obras y documentos sobre la historia de las provincias del Río de la Plata” realizan un relato un poco mas novelesca dentro de un drama romántico, lo que lleva al cacique Marangoré, atraído por los encantos de una mujer cuyo nombre era Lucia Miranda a atacar y destruir la población.
Así sucedieron los hechos, según la versión de estos dos autores.

El 3 de abril (el 5 según otras fuentes) de 1526 leva ancla desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz una flota compuesta por 4 naves, las “Trinidad”, “Santa María”, “San Gabriel” y la goleta “Santa Catalina” y 600 hombres al mando del navegante, cartógrafo y astrónomo Sebastián Gaboto, oriundo de Venecia con 40 años, con orden de “pasar a las Malucas y tentara el descubrimiento de tharsis, Phir y Catayo”.

En un viaje dilatado, escaso de víveres y con gente disgustada decide cambiar de rumbo llegando al puerto de los Patos, en la actual isla brasileña de Santa Catalina, en donde encontró a dos náufragos del viaje de Solis, que les informaron de las supuestas riquezas del “Rey Blanco”. Estos relatos provocaron el interés de Gaboto, que por su cuenta, sin consultar a España, inicia el viaje al Rio de Solís, actual Rio de la Plata, partiendo de la isla en febrero de 1527.
Remontó este río hasta una isla que llamó de San Gabriel por haber llegado a ella el 18 de marzo, día del santo. Cerca de la isla, en la que denominaban Banda Oriental, se establecieron en un puerto que denominaron San Lázaro y que resulta así ser el primer asentamiento en esta parte de América.

En el transcurso de la expedición se había encontrado con el grumete Francisco del Puerto, único sobreviviente de la expedición de Juan Díaz de Solís, quien se ofreció para señalarle el camino hacia la ambicionada Sierra de la Plata, que en realidad quedaba en la aún no conquistada región del Perú y Alto Perú. Decide entonces dejar en mayo a las naves “Trinidad” y “Santa María” con treinta hombres al mando de Antón de Grajeda para que construyera un fuerte más seguro en lo que se llamaría San Salvador, también en la Banda Oriental. El veneciano parte con cerca de 200 hombres en la “San Gabriel” y la goleta “Santa Catalina”, navegando por el río Paraná de las Palmas hasta la desembocadura del río Carcarañá.

En la margen izquierda del río Carcarañá, sobre una barranca saliente de seis metros de alto, en el ángulo que forma este río con el río Coronda se detuvieron el 27 de mayo y fundaron el fuerte Sancti Spiritu, cerca del río Paraná. Allí levantaron además 20 casas, convirtiéndose en la primera población blanca del actual territorio argentino.
Los trabajos de construcción del fuerte quedaron terminados el 9 de junio de 1527, fiesta católica de la Pascua de Pentecostés, lo que explica el nombre, en latín, de Sancti Spiritu (Espíritu Santo) con que lo designó Gaboto. El fuerte levantado sobre la barranca estaba rodeado por un foso de tres metros de ancho por cuarenta de largo, formando un semicírculo con una empalizada de palos a pique. Tenía dos torreones y en su interior una casa de tapias de madera y techo de paja que servía de cuartel general.

Construyeron además un bergantín, y el 23 de diciembre, después de nombrar a Gregorio Caro capitán del fuerte y dejarle treinta hombres para defenderlo, Gaboto partió aguas arriba por el río Paraná.

Escribe Gregorio Funes “Los aborígenes vecinos a la fortaleza eran los timbúes, gente mansa, dócil y sensible al dulce placer de la amistad. A beneficio de estas prendas sociales y del buen trato de los españoles se mantenía este puesto en perfecta tranquilidad”.

En septiembre de 1529 gobernaba el fuerte el alcalde Ñuño de Lara, noble hidalgo dotado de prendas singulares: era cariñoso, afable, circunspecto, prudente, respetable, mandando con el dulce imperio de las obras que facilitan y vencen las dificultades. Mantenía una severa disciplina, inspirando en sus corazones humanidad y clemencia con los indios: á estos conservaba en mutua correspondencia, rescatando de ellos los alimentos, sin lesión de la equidad y justicia. Todo prometía bonanza, y aseguraba hermandad incontrastable por muchos años. Así sucediera si la furia de una pasión no lo convirtiera todo en cenizas.

Marangoré, cacique de los Timbúes, á pesar de ser un bárbaro, no pudo resistir los tiros inflamados del amor. Había entre los españoles una dama llamada Lucia Miranda, mujer del valeroso Sebastián Hurtado, y esta era la que á los principios con su agasajo, inocentemente, abría en el bárbaro una herida, que jamás había de curar. Lucia con suma discreción procuraba ocultarse de sus codiciosas miradas, esconder unos ojos cuyas chispas habían producido tanto incendio.

Deseoso de tomar a Lucia, ya por la fuerza, llamo á consejo á su hermano Siripo, para buscar un aliado para realizar el ataque al poblado, luego de una dura discusión entre ambos y para evitar la acusación de cobarde, Siripo acepta formar parte del ataque cuyo objetivo era matar a todos los españoles excepto a Lucia.

Espero el momento en que una comisión de 50 hombres al mando del capitán Rodríguez Mosquera partiera por unos días en buscar víveres para la guarnición, entre estos hombres se encontraba Hurtado, esposo de Lucia. De esta manera la población quedaba extremadamente debilitada.

Marangoré reunió un grupo de 4000 hombres que los dejo cerca del fuerte, con la orden de atacar por la noche. El entre tanto, seguido de treinta soldados escogidos y cargados de subsistencias, llegó hasta las puertas del baluarte: ofreciendo las provisiones que llevaban sus vasallos para socorro de la necesidad que se padecían, esto fue recibido con agrado por Lara, ingenuo al ver que llegaba la noche y al estar el cacique lejos de su tribu le ofreció pasar la noche dentro del fuerte.

Acobijado en unos mismos techos y mezcladas una gente con otras, cenaron y brindaron muy contentos hasta que el cansado del festín llevó a la población e invitados a descansar. El sueño oprimió á los españoles y los dejó á discreción del asesino. Marangoré realiza las comunicaciones mediante señas e inicia el ataque, hizo prender fuego á la sala de armas, abrió á su tropa las puertas de la fortaleza, y todos juntos cargaron sobre los dormidos, haciendo una espantosa carnicería. Los pocos españoles, como Pérez de Vargas y Oviedo, que pudieron lograr sus armas, vendieron muy caras sus vidas. El comandante Lara con un valor increíble repartía en cada golpe muchas muertes, en la desesperada lucha respirando estragos y venganza buscaba desesperadamente con los ojos á Marangoré; al punto mismo que lo vio, se abrió paso por entre una espesa multitud, y aunque con una flecha en el costado, no paró hasta que la hubo enterrado su espada entera en el cuerpo del cacique. Ambos cayeron muertos; pero Lara con la satisfacción de haber dado su último suspiro sobre el bárbaro, y saber que en adelante no gustaría el fruto preparado por la más vil de las traiciones. Ninguno escapó con vida en esta borrasca, á excepción de algunos niños y mujeres, entre ellas Lucia Miranda. que quedó en libre cautiverio de Siripo, hermano de Marangoré, sucesor suyo en el gobierno.

Todos fueron llevados ante presencia de Siripo el sucesor de Marangoré. El nuevo cacique en el momento que vio á Lucia comprendió que aquella cautiva haría el dulce destino de su vida. Se arrojó á sus pies, y le aseguró que era libre, siempre que condescendiese en hacer felices sus días. Pero Lucia con un aire severo y desdeñoso rechazó su proposición, y prefirió la esclavitud.

La expedición al mando de capitán Rodríguez Mosquera volvió al siguiente día de la desgracia sucedida en el fuerte. Sebastián Hurtado, marido de Lucia, la busco entre los cadáveres, y al no hallarla, escapo hasta la población de los Timbues, para rescatar á su cautiva esposa llegando hasta la presencia de Siripo.

El nuevo cacique Timbúe al verlo no dudo en decretar su muerte en forma inmediata. Lucia desesperada suplico a favor de su marido. Ella consiguió la revocación de la sentencia; pero bajo la dura condición de que eligiese Hurtado otra mujer entre las doncellas Timbúes, y que en adelante no se tratasen con 'las licencias de la unión conyugal”. Acaso por ganar partido en el corazón de Lucia, tuvo Siripo, la humana condescendencia de permitirles que se hablasen.
Corría el año de 1532, cuando el cacique Siripo los sorprendido a ambos juntos. Cargado de ira mando a la hoguera a Lucia y Sebastián es amarrado á un árbol, y hecho el blanco de las flechas.

Los demás españoles, finalizado la sepultura de las víctimas del ataque, abandonaron el fuerte, y embarcados siguieron el curso de su fortuna, ya desgraciada, y de costa en costa, á vista siempre de tierra, llegaron á las cercanías de San Vicente, colonia lusitana en el Brasil. Allí levantaron unas chozas, y aliados con los portugueses se mantuvieron poco más de año en buena correspondencia.

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