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 De corsarios y Corsaristas

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Quequén Grande
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MensajeTema: De corsarios y Corsaristas   Dom 7 Oct 2012 - 6:38

De Corsarios y Corsaristas



Modelo de patente de corso

Entre los hechos acontecidos durante la lucha por la independencia de América del sur está la guerra de corso realizada por las Provincias Unidas del Sur a España en el período de 1815 al 1821, en donde patriotas y aventureros de todo el mundo sacaban sus patentes de corso y comenzaban a hostigar la flotas realistas, llegando incluso a navegar sobre la misma costa de la madre patria.

Tal vez la más conocida sea la travesía realizada por la fragata “la Argentina” comandada por Hipólito Bouchard y relatado por Mitre, pero existieron muchas más, en donde inclusive el almirante Brown, desobedeciendo una orden de la junta, se embarco en su “Hercules” en la aventura de capturar unidades enemigas.

El historiador argentino Ángel Carranza dedica el tercer tomo de su obra “Campañas navales en la guerra de la Independencia” a esta guerra de corso con historia de aventuras y desventuras de estos navegantes que, con distintos objetivos, algunos con idealismo patrióticos otros de ambiciones económicos navegaron los mares del mundo portando en su palo mayor los colores de una nueva nación.

Mi idea es usando como base al historiador Ángel Carranza y completado por otras bibliografía narrar algunas de estas historias siguiendo dentro de lo posible una línea cronológica.


Bergantín “Invencible”

Propiedad del comandante de la marina de Estados Unidos D. David Jewett, que la armó y abasteció por su cuenta. Tenía 480 toneladas, montaba 20 cañones, 14 carroñadas de a 24 y 6 cañones de a 12; la tripulaban 180 hombres. Se le extendió patente el 22 de junio de 1815, que devolvió, terminada su campaña, el 26 de septiembre de 1817.

El 22 de junio de 1815 David Jewett presenta una carta al director provisional de las provincias unidas del Rio de la plata ofreciendo su buque a la causa de la independencia, dice Jewett “…Que animado con el justo ideal de la libertad e independencia inculcado por los gloriosos instituciones de los Estados Unidos de América y acostumbrado á defender sus justos derechos en el servicio naval; y al mismo tiempo incitado con un selo entusiástico por la independencia de estas provincias; Tengo el honor de ofrecer á V. E. mis cortos servicios en la gran causa de la emancipación y de la independencia, en armando un buque particular de guerra de una fuerza respetable y bajo mi inmediato mando y dirección : a cuyo efecto A V. E. pido y suplico se sirva mandar extender el patente necesario para el apresamiento y destrucción de los buques y propiedades de los enemigos de estas provincias: Y al mejor tiempo para mejor efectuar este objeto que se sirva a V. E. darme una protección y pasaporte para la tripulación; y si es posible concederme el uso de 6 cañones de bronce de á 12 para el mejor armamento de dicho buque: gracia que espero de la conocida generosidad de V E.”

Con fecha de 22 de junio de 1815 el gobierno le entrega la patente de corso, además del material pedido.

Este oficial que luego comandara el buque “La Heroína”, al poco de partir es apresado por la marina de Portugal cuando navegaba por la costa del Brasil bajo bandera Norte Americana y retenido por 17 días.

Entre sus presas se encuentra:

16 de mayo de 1816 la fragata “Santander” arias “Los Santos Mártires”, capitán Juan Bautista Rontería y que fue declarada buena presa el 29 de agosto de 1816.

1º de marzo la polacra “Tita”, capitán Manuel Díaz.

Los bergantines "Júpiter" y "San Antonio".

Fuente
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III de Ángel Carranza.


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ai90

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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 7 Oct 2012 - 9:11

Gran aporte Quequen, Grande.

Saludos Rober
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bashar
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 7 Oct 2012 - 9:40

Un Dato, Jewett participo como capitan de la Marina del Imperio del Brasil en la Guerra de la Banda Oriental, (lo que hizo fielmente) aunque unos años antes como bien menciona Quequén, fue corsario de la Provincias Unidas, y el primero en izar la bandera Argentina en Malvinas.

Destino de los corsarios...

saludos
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 14 Oct 2012 - 4:54

ai90 escribió:
Gran aporte Quequen, Grande.

Saludos Rober

Me alegra que te guste Roberto y que además lo expreses, aunque no lo creas a veces uno duda si lo que hace le interesa al resto del foro, y un comentario como el tuyo alienta a seguir con el tema.

bashar escribió:
Un Dato, Jewett participo como capitan de la Marina del Imperio del Brasil en la Guerra de la Banda Oriental, (lo que hizo fielmente) aunque unos años antes como bien menciona Quequén, fue corsario de la Provincias Unidas, y el primero en izar la bandera Argentina en Malvinas.

Destino de los corsarios...

saludos

Bashar, siempre son oportunos y bienvenidos tus aportes, espero que este tópico que tratare de ir armando se complete con la participación de todos los que le interesan el tema.

Un abrazo Ricardo
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 14 Oct 2012 - 5:02

Corbeta Céfiro


También conocida con “Zephyr”, “Zefir”, ”Zephir” o “Zepyr” Desplazaba 163 toneladas, 34 metros de eslora, 5 metros de manga, 5,3 metros de puntal, 2 metros de calado medio.

Utilizaba el numeral 2 en la escuadra de Brown de 1814. Se incorporó a la escuadra el 1º de enero de 1814. Su primer comandante fue el sargento mayor Elías Smith, luego fue reemplazado por el sargento mayor Oliver Russell hasta el 21 de febrero de 1814, seguido por el sargento mayor (luego comandante) Santiago King hasta el 17 de mayo de 1814 cuando pasa al mando de Roberto Jones.

Participa en la campaña contra Montevideo, incluyendo el combate de Martín García, el del Buceo/Montevideo en el que capturó la “Paloma” y estaba frente a Montevideo cuando la plaza se rindió. Desarmada la escuadra, fue puesta a remate pero no hubo interesados, el 20 de octubre de 1814 es puesta bajo el mando de Tomas Taylor.

Con este buque cumplió Taylor una comisión del servicio a Río de Janeiro, consistente en transportar una delegación oficial ante la corte de los Braganza, dejando Río el 14 de marzo de 1815, con arribo a Buenos Aires el 29 del mismo mes. El 13 de mayo de 1815 el Gobierno contrató con Taylor las condiciones del corso, entregando la patente de corso el 13 de julio de 1815. Zarpó de Buenos Aires el 1º de agosto de 1815.

El armamento del buque vario según las distintas campañas militares, el su período de corso consistía en 15 cañones (5 de 18 libras y 10 de 10 libras, todos en cubierta).

Captura de la Corbeta Montserrat

El 19 de agosto en cabo frio, costa de Brasil detecta la presencia de una embarcación, (dice Taylor en su informe “la distancia no permitía conocer distintamente; aunque el corte de su velamen indicaba ser un buque Español”).

Se inicia una persecución que es detenida al mediodía por falta de viento, quedando ambos barcos parado, al llegar la noche la briza permite reiniciar la persecución. A las 10 de la noche el Céfiro se encontraba listo para el inicio del combate, ambas unidades se hallaban a solo cuatro leguas y medio del puerto de Rio de Janeiro.

El comandante Taylor requiere que se reconozca la unidad enemiga la que contesta ser la Corbeta mercante española “Montserrat” que venía de la Habana con dirección al Rio de Janeiro, su comandante Pablo Espriu ordena izar la bandera española la cual fue enarbolada en ese momento, mientras alistaba sus 6 cañones de menores calibres para el combate.

El Céfiro hace la señal indicando que era un buque de guerra sin explicar su procedencia y manda un bote a para traer al capitán, quien no acepta enviando a su segundo al mando permitiendo que un oficial del Céfiro se embarcara en la Montserrat. Una vez en la cámara del capitán Taylor presenta su patente de Corso indicando que eran sus prisioneros, abordando la corbeta española a las 11 de las noche.

La Montserrat es remitida a Buenos Aires bajo el mando del oficial Cristóbal Camilos, el buque fue considerado buena presa el 13 de octubre de 1815 y rematado.

Otra presa y su hundimiento

El 14 de septiembre se procede a la captura de la goleta “Divina Pastora” comandada por Manuel Parets cuando salía de Bahía con destino a la costa de África, con cargamento de efectos, tabacos, fusiles y espadas, para la compra de negros. El 8 de noviembre se declara buena presa, disponiendo que el cargamento se le entregara al comandante captor. Este donó al Estado el importe de las armas tomadas que alcanzó a 1359 $, por lo que el gobierno le concedió el privilegio de extraer por sí o a quien endosare esta facultad, veinte mil $ libres de derechos ''respecto a que son destinados al armamento de varios corsarios con órdenes del gobierno" (decreto de 6 de Noviembre).

Lamentablemente la suerte de este buque finaliza en la noche del 7 de octubre de 1815, al entrar al puerto de Buenos Aires queda varado en un banco de arena al día siguiente se parte en dos desapareciendo bajo las aguas.

fuente
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III por Ángel Carranza.
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ai90

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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 14 Oct 2012 - 7:16

Quequén Grande escribió:
ai90 escribió:
Gran aporte Quequen, Grande.

Saludos Rober

Me alegra que te guste Roberto y que además lo expreses, aunque no lo creas a veces uno duda si lo que hace le interesa al resto del foro, y un comentario como el tuyo alienta a seguir con el tema.

Un abrazo Ricardo

A mi me pasa lo mismo Ricardo, pero como aliento personal a veces me fijo la cantidad de entradas al tema, a veces uno no tiene ganas de escribir y sólo lee. Pero ahora que no soy el único que siente lo mismo, quedate tranquilo que cuando lea los tuyos voy a escribir, aunque sea cualquier boludes jajaja

Saludasos Roberto
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ai90

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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 14 Oct 2012 - 7:27

Además te comento algo, la historia y en especial nuestra rica historia debe ser contada en todos los medios para que todos los argentinos la conoscan y tú aporte contribuye a la cultura de este foro, por ejemplo saber de donde salen los nombres de nuestros actuales buques de guerra. Como el ARA King, La Argentina, Spiro, etc.

Saludos Roberto
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Sáb 20 Oct 2012 - 12:35

ai90 escribió:

A mi me pasa lo mismo Ricardo, pero como aliento personal a veces me fijo la cantidad de entradas al tema, Saludasos Roberto

Yo hago lo mismo que vos, un abrazo
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Sáb 20 Oct 2012 - 12:54

Fragata "Hércules" y Bergantín "Santísima Trinidad"

(Primera parte)


La Hércules y la Trinidad zarpando de la rada exterior, según un óleo del marino y artista argentino Emilio Biggeri (1907-1977).

Primero de Mayo de 1982 en algún lugar del atlántico sur se encuentra los grupo de tareas 79.1 y 79.2, forman parte del grupo los modernos destructores tipo 42 ARA "Hércules" y ARA "Santísima Trinidad", su misión atacar mediante una operación aéreo naval a la flota británica que estaba hostigando puerto Argentino, el 2 de mayo el viento jugó una mala pasada y los A4Q no pudieron despegar del portaavión ARA "25 de Mayo", regresando la flota a su base.

Esta operación no fue la primera en que dos buques con estos nombres unían su rumbo a una misma misión, corría el año de 1815 cuando dos buques de idéntica designación partían para cumplir una operación militar.

Ángel Carranza dedica todo un capítulo relatando la travesía de la Fragata "Hércules" y su fiel compañera el bergantín "Santísima Trinidad"sobre las aguas del pacífico hostigando las naves españolas.

Tratare de resumir en estas notas la historia de estos dos veleros corsaritas argentinos.

Antecedentes.

Fragata Hércules

Alias Fragata Negra (a no confundirse con él Perla Negra pirat ). El 22 de diciembre de 1813 entra a puerto de Buenos Aires al mando del capitán William Coffin, procedente de Liverpool, el 27 de diciembre de ese mismo año es adquirida para formar la segunda escuadra por una suma de 25.000 pesos (mitad al contado y el resto a abonar en documentos contra la aduana)

Portaba 350 toneladas y tenía 38 metros de eslora, 6 metros de manga, 5,8 metros de puntal y 2,25 metros de calado medio. Se la armó inicialmente con 30 cañones (4 de a 24 libras, 8 de a 18 libras, 12 de a 8 libras, 6 de a 6 libras y 6 pedreros. La tripulación era de 180 hombres entre tripulantes y tropa embarcada.

Se incorporó a la escuadra el 4 de enero de 1814 y fue elegido como buque insignia por el comandante Guillermo Brown. El mando le fue conferido al sargento mayor Elías Smith.

Participa en el combate de la Isla Martin García el 10 de Marzo de 1814, sufrió fuerte destrozo al recibir 82 impactos en el casco la pérdida de 45 hombres entre los que se encontraba su comandante Elías Smith y 50 heridos.

En su reparación se colocaron láminas de plomo bajo la línea de flotación y se cubrió su casco con cueros y brea, por lo que se la apodó la Fragata Negra.

Tras la muerte de Smith asume el mando el capitán Guillermo Mac Dougall. Una vez reparada el 15 de Marzo inicia una operación anfibia tomando definitivamente la Isla Martín García.

El 17 de abril de 1814 asume el mando el sargento mayor Ricardo Baxter quien desempeño hasta el 23 de junio de 1814.

El 14 de mayo participa en el combate del Buceo y estuvo presente en la rendición de Montevideo el 23 de junio de 1814.

La Hércules permaneció operativa hasta el 6 de agosto en que regreso a Buenos Aires para ser desarmada en la Ensenada de Barragán.

El 2 de agosto de 1814 es regalada al coronel de marina Guillermo Brown, como premio por sus servicios.


Bergantín Santísima Trinidad

También conocida como Trinidad originalmente era una sumaca, fue construida en la provincia de Corrientes en 1809 por el maestro Silvestre Martínez del Villar. Propiedad de Ángel Fernández Blanco y destinada al comercio fluvial, fue vendida el 3 de febrero de 1814 a Juan Thwaites en $ 9000 "a pagar a principios de abril" de ese año. No obstante, fue comprada el 14 de marzo por Guillermo Pío White a Thwaites, quien aún no había desembolsado suma alguna, "por cuenta y orden del estado" en $15370.

Cerrada la poco transparente operación, al mando del capitán Tomás Nother se incorporó a la escuadra con el numeral 9 el 15 de marzo y al servicio activo el 24 de ese mes, integrando como capitana la escuadrilla sutil destinada al Río Uruguay en persecución de la escuadra de Jacinto de Romarate, derrotada en el Combate de Martín García.

Participó del Combate de Arroyo de la China, en el cual murió su comandante y su segundo, el teniente David Smith. Tras hacerse cargo del mando el subteniente Bartolomé Cerretti y ser también herido asumió el comando el subteniente Nicolás Jorge, quien en la retirada consiguió salvar el buque, convertido en "un casco sin aparejo".

Arribó a Buenos Aires a comienzos de abril, pasando a reparaciones en el Arsenal de Barracas en custodia de Tomás Aueler, donde teniendo que reconstruir por completo su aparejo se optó por hacerlo en bergantín. También, aprovechando la fortaleza del casco y de la cubierta del buque, se reemplazó la artillería (2 cañones de a 24, 8 de a 6 y 4 de a 4) por 4 cañones de a 18, 2 carronadas de a 32 y 2 de a 34.

Al mando del subteniente Ángel Hubac se reintegró a la escuadra a tiempo de asistir a la rendición de la división de Romarate, producida tras la caída de Montevideo, siendo posteriormente afectada al transporte de prisioneros y material capturado.

En enero de 1815 transportó tropas a Concepción del Uruguay y en marzo fue afectada a la división porteña en operaciones contra el caudillo Francisco Ramírez. Posteriormente, recibió instrucciones de Álvarez Thomas de hacer base en la Isla Martín García y operar contra las fuerzas del general Carlos María de Alvear con el objetivo de "atemorizar al rebelde, maniobrando como convenga con sus buques".

Tras la retirada de Alvear y de acuerdo a lo establecido en el pacto secreto del 2 de septiembre de ese año, fue entregada en préstamo a Brown para acompañar a la Hércules en su operación de corso al Pacífico.

Alistamiento de las naves

Mediante un convenio con los emigrados chilenos el gobierno de Buenos Aires estaba alistando una pequeña flota que al mando del Coronel de Mar Guillermo Brown debería partir hacia la costa de chile. Esta campaña naval se emprendía con el fin de distraer las atenciones del Virrey de Lima, sobre Chile y Colombia, coadyuvando por otra parte a los esfuerzos que se hacían por tierra contra los españoles.

A principio de septiembre llega a Buenos Aires el teniente D. Cristóbal de Camelia, con la corbeta española “Montserrat”, de 6 cañones, apresada el 19 de Agosto anterior a la altura del Rio de Janeiro, por la de igual clase patriota "Céfiro", comandante Tomás Taylor, quien la enviaba a disposición de la Superioridad.

La llegada de este buque acelera los planes, alentando la posibilidad de enviar varias unidades corsarias a las aguas del Pacífico para hostigar el tráfico marítimo español.

Las dos unidades que finalizaron su alistamiento fueron la fragata "Hércules" y el bergantín "Trinidad". Estas naves con arreglo a las instrucciones reservadas obtienen las patentes el 1º y 2 de Septiembre respectivamente. Bajo la condición que las presas que hiciesen serian vendidas en Buenos Aires, y sus productos líquidos divididos en nueve partes; una para el Estado, dos para el dueño principal, Mr. W. Brown; y el resto para los oficiales y tripulación.

El gobierno decide no entregar el mando de la expedición al Coronel Brown considerando necesario su presencia en Buenos Aires, para otros servicios de mayor importancia y más urgente, por lo tanto, resolvió delegase aquél el mando y dirección de la expresada fuerza marítima y tropa embarcada a su bordo, en su hermano el comandante D. Miguel Brown.

El objeto de este crucero era hostilizar la bandera española en el Pacífico, por todos los medios al alcance de los expedicionarios; cruzar por los puertos de Valparaíso, Coquimbo, Huasco, Atacama, Arica, Arequipa, Pisco y Callao, interceptando las provisiones a todo género que pudiesen dirigirse sobre la plaza de Lima y demás provincias de su dependencia, con inclusión de Chile, ocupado entonces por Osorio.

Trasmitir al gobierno por conducto seguro y con la exactitud posible, las fuerzas que tuviesen los españoles en campaña, especificando las de Abascal, Pezuela y Osorio.

Averiguar el estado de la opinión en las costas del Pacífico, acerca de la causa que tenían sobre los brazos las Provincias Unidas, como igualmente el estado en que creían a la Península.

Finalmente, esta campaña no debía extenderse más allá de los once grados norte de la línea equinoccial, puesto que su principal objeto debía circunscribirse a interceptar la comunicación por agua entre Osorio y Abascal. A no ser que se tuviesen noticias fidedignas, de haber dado la vela alguna expedición española, desde cualquiera de los puertos que medían entre el Istmo de Panamá y Trujillo, con el objeto de ir en auxilio de Lima. En tal caso, debía gobernar sobre ella, a fin de destruirla, apresarla o incendiarla a toda costa, según las ocurrencias del momento.

Una vez concluido el alistamiento, las unidades contaban con el siguiente poder de fuego.

La fragata "Hércules" de gloriosa memoria, recientemente forrada y clavada en cobre, fue armada con 29 piezas, de 24,12 y 8. Su dotación no excedía el número de 102 individuos, incluso su comandante, (que lo era asimismo de la expedición, D. Miguel Brown.)

El bergantín "Trinidad", de 20 cañones, de 24, 12, 8, 6 y 3, tripulado por 58 hombres, capitán Walterio Dawis Chitty.

Total: 49 cañones y 160 hombres, con provisiones para seis meses, y sus repuestos correspondientes.


La rebeldía de Brown

El 15 de septiembre de 1815 en el momento de zarpar los buques hacia el pacifico, se presenta Brown en balizas, y con las instrucciones que se le dieron en 2 de Septiembre, pero ahora sin conocimiento ni licencia del gobierno, toma el mando de la expedición y ordeno dar la vela en dirección a la Colonia, en donde pensaba hacer provisión de carne de tasajo (charque).

Al saber que Guillermo Brown se había embarcado clandestinamente a bordo de los cruceros, quebrantando las leyes más sagradas de la obediencia militar y vulnerando los respetos debidos al gobierno, se despacha un falucho dirigiéndole un oficio confidencial fecha 16 de Septiembre, en que le llamaba a su deber y a la obediencia de quien había recibido tantas pruebas de consideración, para lo que se le invocaba el crédito del gobierno y su propio buen nombre.
Nada bastó para traerlo, el 17 de septiembre Brown contesta al gobierno de Buenos Aires "que la causa de los americanos del Sud, debiendo seguirse por un hombre capaz de servirla con honor y vigor, no podía regresar, ni se esperase lo hiciera después de haber hecho fuertes desembolsos en el equipo de ambos buques. Que teniendo en su poder los documentos necesarios para emprender su crucero al Pacífico, se alejaba contento de un lugar, en donde veía a los hombres honestos despreciados y a los picaros favorecidos".

Mientras el gobierno dirigió una orden reservada al capitán del destacamento de infantería embarcado en el Hércules, D. Nicolás García, para que "tomara las medidas que le dictase su celo, para compeler a Brown se presentase en Buenos Aires, con las mencionadas embarcaciones".

El 19 de septiembre, ante la negativa del dicho capitán de ordenar el embarque de Brown a Buenos Aires, el gobierno, ya resignado, envía el siguiente oficio a Guillermo Brown, el que nunca recibió, "Enterado de cuanto V. S. me expresa en su comunicación de 17 del que corre y convencido de los nobles principios que le animan por la prosperidad del Continente Americano, he tenido á bien autorizarlo para que en toda forma dirija los buques "Hércules" y "Trinidad" armados en corso contra los Españoles en el mar del Sud. — Yo confío en el acreditado celo de V. S. el mejor éxito de su comisión, que el Gobierno General del Estado sabrá recompensar generosamente llegado el caso del feliz resultado que es de esperar de su tino y prudencia.”

El 23 de Septiembre en acto de protesta el gobierno declara: "que la conducta del coronel D. Guillermo Brown era desarreglada, insubordinada y de la entera desaprobación del gobierno, considerándosele por lo tanto, desde su embarque, despojado del mando de la Comandancia General de Marina, y de todo goce de sueldos; debiendo reintegrarse el Estado, con toda preferencia y sin la menor consideración del producto de las primeras presas que se introdujesen en este puerto, condenadas por tales, en mérito de los cargos que con él tenía contraídos dicho Brown, según constancia de la carpeta de su corso, en la cual se pondría una nota que hiciera referencia a tal recuerdo, habiéndose tenido por objeto en la autorización que se le dio en 19 de Septiembre atraer a la dependencia del gobierno los buques que comandaba y no exponer los fondos nacionales invertidos en ellos a la violencia del carácter altivo del mencionado extranjero."

Algunos años más tarde Guillermo Brown trató de sincerarse, cuando se le sometió a un consejo de guerra, a causa de este paso, exponiendo que al despedirse de las tripulaciones, se negaron éstas unánimemente a dar la vela, toda vez que él en persona no tomase el mando de la expedición, puesto que se habían enganchado en esa creencia (este procedimiento no consta en el Diario de sobordo) a que se añadían las ventajas que debía reportar la causa de la libertad, no exponiendo a la inexperiencia de otro oficial los resultados que se prometía este armamento.


Continuara…

Fuentes
http://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A9rcules_(1814)
http://es.wikipedia.org/wiki/Sant%C3%ADsima_Trinidad_(1814)
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III de Ángel Carranza.


Última edición por Quequén Grande el Dom 4 Nov 2012 - 7:25, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 28 Oct 2012 - 5:38

Fragata "Hércules" y Bergantín "Santísima Trinidad"

(Segunda parte)

El accidentado cruce de Cabo de Hornos

Luego que completaron su provisión de víveres en la Colonia, nuestros buques salieron del Río de la Plata, con rumbo al Sur, y bajo las órdenes de Brown quien arboló su insignia en el "Hércules", dando el mando del "Trinidad", a su hermano D. Miguel, y transbordando a Chitty, en clase de segundo comandante, a bordo de la nave capitana. Para alterar estos nombramientos se fundaba Brown en la facultad de remover los oficiales a su cargo, según las conveniencias del servicio, que le fuera otorgada en 8 de Mayo de 1814.

La navegación continuó sin accidente hasta doblar el tempestuoso Cabo de Hornos; pero pronto la bravía naturaleza de aquellas regiones notificó a los patriotas que se encontraban ya en la dilatada mar del Sur, lejos de su patria, y a la merced de sus furores.

Ninguna embarcación enemiga había sido avistada. Las alturas de la isla Madre de Dios empezaban a perderse en la neblina del horizonte, cuando se vieron asaltados por uno de esos recios temporales del O. N. O., más peligrosos en aquellas aguas que en parte alguna del océano. El cielo tornase sombrío y el aire enrarecido; el viento fresco, comenzó a herirles con sus potentes latigazos, y momentos después sus bramidos traducían la violencia huracanada con que hacía hervir las aguas que estrellándose contra los flancos de las maltrechas naves las hacía escorar de babor a estribor, azotando los mástiles con las velas que parecían poseídas de furor. Y en medio de ese cuadro imponente, en que el corazón necesita fibras de acero para no flaquear, Brown, impávido, dirigía la dificilísima maniobra de su buque en peligro.

El "Trinidad" perdió su tajamar, quedando en estado lastimoso y muy expuestos su bauprés y trinquete, circunstancia que obligó al almirante a dirigir el rumbo de ambos buques al estrecho de Magallanes.

El fuerte viento soplaba directamente sobre la costa, las desgracia del "Trinidad" no habían terminado, su timón se rompió y empezó a maniobrar enteramente a la ventura.

Afortunadamente las naves pudierón acogerse antes de anochecer, a la pequeña isla de Westminster Hall, situada a la entrada del estrecho. Habiéndose encontrado el "Hércules" 22 brazas de agua por medio de la sonda, y volviéndose el mar bastante tranquilo, hizo señal al "Trinidad" que se hallaba a sotavento, para dar fondo. Pero este buque, encontrándose de súbito en las inmediaciones de unas toscas en que reventaba el mar con gran estrépito, arribó rápidamente para evitarlas, y poniendo la proa al Sur, se perdió de vista.

El "Hércules" derivó por sobre el banco que por un momento alimentara sus esperanzas, y ya no encontró fondo a 100 brazas.

En la imposibilidad de anclar, y aproximándose la noche con viento y nieve, se tuvieron que desasir nuevamente las velas, cuyos rizos se hallaban tomados, engolfándose resueltamente entre las muchas islas, arrecifes y rocas, que se percibían al vivo resplandor de los relámpagos.

Es de suponerse con fundamento, que fueron grandes por no decir milagrosos los peligros, a que escaparon en aquella aciaga noche.

Al día siguiente, continuando el temporal, y los horizontes acelajados y oscuros, aunque con menos fuerza, fue arrojado el "Hércules", por la violencia del viento, sobre unas rocas a flor de agua, en cuya posición permaneció por tres horas, batiendo fuertemente contra ellas, hasta abrirse un rumbo por una costura.

Con perseverancia y sumo trabajo se logró zafar el buque de esta siniestra posición, a que se prestaba el viento que había calmado un tanto: de lo contrario hubiera sido inevitablemente impelido sobre una restinga de piedras, que aparecía a sotavento, y en la que las olas se estrellaban a la altura de los palos de proa.

Dominado un tanto el peligro, pudo aproximarse el "Hércules", a poca vela, hacia una bahía, en que se encontró una especie de dique formado por la naturaleza.

En esta triste e inhospitable playa, cuyo asilo no había profanado quizá la planta del hombre, se desembarcaron las provisiones y artillería del "Hércules" con el fin de descubrir su quilla y achicar el agua que aumentando por momentos amenazaba anegarle.

Fue preciso mucho trabajo para reponerle un tablón de 6 pies de largo, que saltó de las inmediaciones del tajamar, a los primeros talonazos que diera el buque sobre las peñas.

Después de permanecer siete días en tan ingrata región, se reparó tolerablemente el "Hércules" y habiendo hecho su aguada y remontado la batería del entrepuente, se puso a la vela, después de haber disparado dos cañonazos para prevenírselo, a cuatro individuos de su dotación, que desertaron aterrorizados sin duda por los peligros pasados y los aún en perspectiva. Con un acto de humanidad Brown mandó desembarcar provisiones y algunos útiles que se dejaron en tierra, para que pudiesen servir a esos desgraciados en caso volviesen allí.

Muy luego se divisó una vela que cruzaba haciendo rumbo para salvar el estrecho a la altura del Cabo Pilares, y con gran satisfacción se averiguó ser el bergantín "Trinidad", el que habiéndose aguantado y reparado sus averías en la bahía Timor, sobre la Tierra del Fuego, esperaba el "Hércules" ya algunos días por aquellos parajes y con pocas esperanzas de volverlo a ver.

Dos días después de tan feliz encuentro salían ambos buques del Estrecho, mareando de conserva a toda vela sobre la isla Mocha en la costa Araucana.

Nueva separación y el reencuentro

Poco tiempo después otro recio temporal volvió a separar estas naves.

Superado el temporal el "Trinidad" primero captura a la goleta "Mercedes" que viajaba de Chiloé a Lima, para luego encontrar a la corbeta de las Provincias Unidas "Halcón", comandante Hipólito Bouchard, procedente de Buenos Aires y con instrucciones para ponerse a las órdenes de Brown, habiendo estado fondeada por espacio de 12 días antes de incorporarse en la bahía de San Francisco. Estas tres naves se dirigieron al punto de reunión que tenían previsto con el "Hércules", una vez agrupadas las cuatros naves se procedió a transbordar de la goleta "Mercedes" a la tripulación y su carga para finamente destruirla.

Bouchard comunicó a Brown la salida de Montevideo de la hermosa goleta "Constitución", comprada y armada por los emigrados chilenos, esta unidad la había equipado con gran sacrificio propio y de sus amigos el presbítero D. Julián Üribe, ardoroso revolucionario chileno, que había formado parte de la última junta de gobierno de su país. Tripulada con oficiales y soldados chilenos en su mayoría, fue nombrado su comandante al oficial escoses Russell, este valiente oficial había sido el segundo al mando de la fragata "Hércules" en la campaña de Montevideo.

Aquella embarcación jamás se incorporó a la expedición y es de creerse tocó su sepulcro en las oscuras y heladas latitudes del Cabo, entre elevados desfiladeros tajados a pique, y rocas áridas y despedazadas, cubiertas por nieves eternas, las que parecen constituir los límites de la naturaleza viviente, siendo una ola del océano austral la suerte probable del desgraciado Russell y sus bravos compañeros de infortunio.

En la isla de la Mocha, renovaron su aguada y embarcaron algunos cerdos salvajes los buques expedicionarios.

Viaje hacía Callao

Brown, en cumplimiento de sus instrucciones que le prescribían aproximarse a las islas de Juan Fernández y San Félix con el objeto de libertar del cautiverio de que eran víctimas varios patriotas confinados allí por Osorio y Abascal, siguió en el "Hércules" en aquel rumbo, después de haber ordenado a los dos restantes, mareasen sobre Valparaíso, y luego corriesen la costa hacia el Callao de Lima, punto de reunión general.

Desgraciadamente, sobreviniendo una ráfaga de viento, no común en aquellos mares, que se tornan benignos desde los 65 grados, rindió el bauprés del "Hércules", corriendo éste al arbitrio de las olas y de los vientos, cayó muy a sotavento de dicho Presidio y a duras penas pudo gobernar y reconocer la punta de Nasca, siguiendo de allí al Norte avistó los peñascos de las Hormigas y salió muy cerca del Callao, habiendo capturado el 12 de enero de 1816, en las inmediaciones del Morro Quemado, la fragata “Gobernadora”, en viaje de Guayaquil a Lima, cargada de cacao, cera, etc., y varios comerciantes de pasaje, libertando, entre ellos, al teniente coronel graduado Don Vicente Banegas, del Ejército de la Nueva Granada, que habiendo caído prisionero, era conducido engrillado a la Capital para ser juzgado.
El 14 de Enero de 1816, se reunió el "Hércules" al convoy.

El 16 apresaron al bergantín “San Pablo”, procedente del Callao. Le quitaron los palos y lo estacionaron en las Hormigas como pontón y hospital.

El carpintero de la “Gobernadora” logra fugarse del pontón con 21 tripulante en un bote casi inútil, llego el 18 a la población del Chancay (12 leguas N.O. de Lima) y al día siguiente logro comunicar en la capital la presencia de Brown con su pequeña flota.

El 18 se tomó un pailebot, que iba del Callao para Intermedios. Lo armaron con 2 cañones.

Luego de haber echado a pique un bergantín y caído en sus manos un Místico procedente de Pisco, el 20 de enero de 1816 fondeó la expedición a la vista del Callao.

Brown reúne a sus oficiales para organizar su plan de ataque.

Continuara…

Fuentes
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III de Ángel Carranza.

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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 4 Nov 2012 - 7:23

Fragata "Hércules" y Bergantín "Santísima Trinidad"
(Tercera parte)

Bloqueo del puerto de Callao

Son innumerables los hechos llenos de heroísmo y arrojo de los patriotas durante la guerra de independencia de los países de América del sur, lamentablemente no todos son valorados por la importancia y repercusiones acontecidas en su momento, el tiempo solo deja sobresalir aquellos que significaron cambios importantes en la historia.

Será por eso que el bloqueo que realizo el Coronel de mar Guillermo Brown, con una pequeña flota formada por solo cuatro naves, la fragata “Hércules”, la corbeta “Halcón”, el bergantín “Santísima Trinidad” y el pequeño pailebot “El Andaluz” armado con solo dos cañones, durante cinco días sobre el puerto de Callao, la más poderosa base naval de la América hispana, nunca tuvo la repercusión que se mereciera.

Para tener una idea del impacto producido esta acción, el virrey del Perú ordena formar una flota para buscar y destruir al pequeño grupo naval patriota, finamente rescato un párrafo del libro “Memoria para la historia de las armas españolas en el Perú” (tomo I) escrito por el General español García Camba en su edición publicada en Madrid en 1846.

“El virrey de Lima supo en marzo de 1815 el apresto y destino de esta escuadra al mando de Brown, como él mismo confiesa en la relación de su gobierno. Le parecía imposible que los independientes de Buenos Aires se hubiesen decidido á semejante empresa… Tan extraordinaria fortuna puso al gobierno de Buenos Aires en estado de destinar al mar Pacífico la escuadra que al principio del presente año de 1816 se presentó á la boca del puerto del Callao, durante cuyo bloqueo, aunque de corta duración, tuvo Brown la suerte de apresar dos fragatas mercantes.”

Siguiendo el relato de Ángel Carranza eh aquí una breve descripción del puerto del Callao.


Puerto de Callao

Dos leguas al sur de Lima, se encuentra El Callao, cuya rada pasa por la más grande, bella y segura del Pacífico, y está defendida por cerca de 200 bocas de fuego que guarnecen los celebrados castillos Real Felipe, San Miguel y San Rafael (después de 1821, Independencia, Sol y Santa Rosa).

Al extremo sur de la Rada, y formando el abrigo del puerto en aquel rumbo se encuentra la isla estéril de San Lorenzo, de 9 millas de circunferencia. Su situación es dominante, y su mayor altura o pico está a 600 pies sobre el nivel del mar.

Un cuarto de legua al sur de la plaza, se halla el tenedero de los buques de altura, con 6 a 7 brazas de agua y fondo de lama y arena.

En estas inmediaciones existió la primitiva población del Callao, sumergida con todos sus habitantes (4.000) en el gran temblor que tuvo lugar a las 10 y 30 de la noche del 28 de octubre de 1746. Con tiempo calmoso se distinguen aún sus ruinas en el fondo del mar, en aquella parte de la bahía dicha Mar Brava.

Al N. E. del surgidero principal desagua el Rimac, después de atravesar a Lima, formando las rebalsas o lagunas de Boca Negra. Siete leguas al N. se hallan los peñascos de las Hormigas, y hacia este rumbo corren las aguas del Pacífico, en toda la costa peruana.

Los vientos reinantes son del S. y algunas veces del S. E. o S. O. Los primeros causan mucha resaca e impiden acercarse a la playa, pero dentro del puerto se da de quilla con tranquilidad.

Excusamos decir que el inglés Jacobo Heremite Klerk, la sitió 5 meses en 1624, en cuyo empeño murió sin haberla podido rendir. Tuvo título de ciudad en 1671, y en la noche del 5 de noviembre de 1820, debía ser su rada teatro de un brillante hecho de armas de los chilenos dirigidos por Cochrane, abordando con insuperable abordaje la fragata Esmeralda, de 40 cañones, allí fondeada.

Más de una vez, Brown y los suyos contemplaron extasiados, desde las alturas de San Lorenzo, el bello y admirable panorama que se ofrecía a su vista, al ponerse el sol en aquella zona.

Por un lado, la cortina de montañas, que se eleva gradualmente, hasta confundirse en el horizonte con la imponente cadena de los Andes, cuyos soberbios picos se esconden en las nubes, forma un contraste pintoresco con la parte opuesta, en que se dilata una llanura risueña, brillando a la distancia, largo rato aún después que la sombra se ha extendido en la planicie, las cúpulas y campanarios de las iglesias de Lima, iluminados por los rayos del astro moribundo, hasta que oscurecida la Capital a su turno, la reluciente cresta de la Cordillera, destacándose sobre el horizonte, se asemeja a un luminar gigantesco encendido por las manos mismas de la naturaleza


Apresto de los españoles

En cuanto Lima obtiene las primeras noticias de que una escuadra enemiga cruzaba entre las islas de las Hormigas y el Callao, aunque sin dejarse ver de tierra. El virrey expidió inmediatamente las órdenes oportunas para la vigilancia y posible defensa de la costa, reforzó las observaciones de caballería del país con destacamentos de los escuadrones de húsares y dragones peninsulares, aumentó la guarnición de los fuertes del Callao con tropa de Extremadura, mandó que los buques surtos en el puerto se acoderasen de la manera más conveniente á juicio del jefe del apostadero; apostó una goleta correo en las islas de S. Galla y el falucho de rentas á sotavento del puerto para dar avisos, y finalmente apeló al acreditado patriotismo del consulado para un armamento especial en circunstancia que la marina no podía prestar auxilio alguno, porque carecía de fuerzas , y la real hacienda no se hallaba en estado de emprender erogación por pequeña que fuese.

Dos días después de recibida la expresada noticia , es decir, el 21 de enero á las tres y media de la tarde los cuatro buques enemigos se avistaron como a cuatro leguas al oeste del Callao con banderas largas. El virrey repitió sus prevenciones y muy particularmente á los buques que se hallaban en el puerto con el fin de precaver que pudiesen ser incendiados por sorpresa.

Primeros Movimientos

En la misma noche de arribo al puerto de Callao, el 20 de enero de 1816, el Coronel Brown comienza con los preparativos de la escuadra patriota, para atacar dicha plaza.

Luego que anocheció, se armaron y tripulados perfectamente la mayor parte de los botes independientes, singlaron intrépidamente hacia el interior de la rada, con la bandera desplegada y al inmediato mando de Brown en persona.

Metidos que se hubieron, abrieron un fuego 'mortífero sobre la ciudad y los buques españoles, teniendo que suspenderlo a poco rato, a causa de haberse extraviado parte de la fuerza por la oscuridad de la noche.

Las primeras luces del 21 señalaron a las habidas miradas de los españoles, los buques patriotas, tranquilamente acoderados en las vecindades de la boca del Rimac. Ellos no permanecieron por mucho tiempo en la inacción y suspendiendo antes del mediodía, se aproximaron a tiro de los castillos, a los que dirigieron algunos disparos que les fueron inmediatamente devueltos por una batería montada en la playa al intento y varias lanchas y otras embarcaciones que estaban armando a gran prisa.

Nuestros buques se mantuvieron el resto del día y parte de la noche, bordeando a la vista de la costa, y entretenidos en observar la confusión y alarma que reinaba en tierra. A las 12 de ésta, se volvió a renovar el ataque, el que fue esta vez algo reñido. La fragata española “Puente Hermosa” fue echada a pique por una bala de a 24. Varias embarcaciones y los edificios del pueblo más inmediato a la ribera, recibieron destrozos sensibles, ocasionados por las balas piráticas.

El asombro de tamaño esfuerzo, ejecutado por un puñado de valientes, entregó al terror la población del Callao.

"A primera vista, dice Amunategui, parece que sólo a un loco se le ocurriría acometer con cinco buques estropeados y faltos de tripulación, al más importante de los establecimientos españoles en la América del Sud: al Callao, defendido por esos célebres castillos, cuyos poderosos medios de resistencia pueden calcularse por su excesivo costo, que hacía preguntar a Carlos III si estaban construidos de piedra o de plata; al Callao, defendido por ciento cincuenta cañones colocados en tan fuertes baterías que de sus bocas partió el último tiro en favor de la Metrópoli; al Callao, en fin, defendido, más que por todo esto, por su fama de inexpugnable. El asombro que esta audacia inspira, subirá de punto cuando se sepa que Brown no intentaba sólo sacarse bajo el fuego de las fortalezas enemigas a los buques surtos en la rada y lanzar algunas balas rojas contra la población, sino que se proponía desembarcar en la ciudad misma y arrebatarle sus tesoros. Sin embargo, el resultado casi justificó este ataque temerario, que rayaba en la insensatez." (La Reconquista Española).


Nuevo ataque al puerto de Callao

Pero no era todo aún y Brown quería hacer algo más.

El 23 capturó la fragata “Consecuencia” procedente de Cádiz, con un rico cargamento y teniendo a su bordo varios oficiales de rango y pasajeros de consideración, entre los que se contaban tres oidores y el brigadier D. Juan Manuel Mendiburu, que iba a encargarse del gobierno de la Provincia de Guayaquil.

En ese mismo día desembarcó en la Isla de San Lorenzo como 50 prisioneros, y en la noche del 27 desprendió de la escuadra 4 ó 5 botes, con dirección a la bahía, habiendo encendido previamente varias luces o candeladas en el cabezo de dicha isla para llamar la atención y descuidar un tanto al enemigo.

Los botes entraron por sotavento de los buques en el surgidero, y al ¡quien vive! contestaban: ronda.

Mas pronto fueron reconocidos y sospechados, empeñándose en seguida un tiroteo sostenido. En lo más recio del fuego, el valiente capitán Chitty, segundo comandante del "Hércules" y hermano menor político del almirante, abordó arrojadamente con su bote a una de las seis lanchas cañoneras que los enemigos habían armado ya. No obstante los 50 extremeños españoles que tenía a su bordo esta embarcación, que ciertamente opusieron una tenaz y sangrienta resistencia, hubiera sido ella irremediablemente sacada, a no haber estado encadenada a la popa de un buque de alto porte, desde donde se hacía un fuego mortífero, lo que obligó al intrépido Chitty a abandonarla severamente herido.

Los patriotas tuvieron como 30 hombres fuera de combate, de los cuales la mitad muertos, en los tres ataques sucesivos que se hicieron, pero las averías de los buques fueron de poca consideración.

El pabellón de las Provincias Unidas, se mantuvo al frente del puerto del Callao, donde jamás se pensó tremolase, por espacio de veinte días.

“Se asegura que el jefe del puerto desplegó todos los recursos a su alcance para alejar a las independientes, y en sus apuros llegó a ofrecer 100 pesos fuertes a cada hombre que montase los lanchones planos aprestados por el comercio.”

El 25 fue apresado la fragata “Candelaria” a la vista del Callao, procedente de Chiloé y Valparaíso, con cargamento de granos.

No habiendo podido Brown en todo este tiempo comunicar con los patriotas en tierra, para proveerse de víveres que buena falta hacían a la escuadra, habiendo ésta perdido una gran parte de los suyos con las mojaduras sufridas al remontar el Cabo, y noticioso de que en la ciudad de Guayaquil se encontraba muy mal guarnecida habiendo marchado sus tropas con dirección a Quito, y pronta a insurreccionarse, resolvió en el acto presentarse allí con el propósitos de tomarla.

El 28 de Enero abandonó la Escuadra el bloqueo, y poniendo la proa hacia la zona tórrida, no tardó en aportar a la boca del Guayas, dando fondo en la Isla Puna, el 7 de febrero, procediendo a desembarcar los prisioneros en la isla del Amortajado, de donde bien pronto fugaron en balsas.

Al día siguiente, teniendo vehementes esperanzas de rendir la ciudad de Santiago de Guayaquil, toda vez que se la atacase con prontitud y antes que el enemigo se recobrase, dejó al Hércules y Halcón al cargo de su hermano D. Miguel, para proteger las siete presas, y arbolando su gallardete en el Trinidad, tomó un práctico y navegó aguas arriba de conserva con una goleta presa armada a la ligera.


Luego del Bloqueo

El efecto que causaron esta atrevida acción por parte de los “independentista” fue la preparación por parte del virreinato del Perú de una flota para la caza de Brown escribe el General García Camba en su libro; “Hasta el 5 de febrero no pudieron evacuarse en el Callao los aprestos de la armadilla compuesta de seis buques, estos buques eran las corbeta “Tagle”, “Minerva”, “Palafox”, “Reina de los Anjeles”, “Comercio” y el bergantín "Barbarita”, bajo el mando de don Isidoro Couseyro, con la fuerza de 126 piezas de calibres proporcionados á sus portes y 980 hombres de tripulación y guarnición, incluso los artilleros é infantes que se consideraron necesarios para su auxilio, quedando por fuerza sutil para defender el puerto cuatro lanchas cañoneras, un lanchón con un cañón de á 18 y la lancha de la fragata “Piedad” con uno de á 12, y además de los botes de fuerza de su dotación, los del comercio que se hallaban en estado de rendir provecho ó hacer algún servicio en la bahía.

Habiendo desaparecido la escuadra enemiga del Callao, y á pesar de que las probabilidades inclinaban á creer que hubiese hecho rumbo al norte, el consulado despachó la armadilla de su armamento hacia el sur, dándola las instrucciones á que había de sujetarse. A los pocos días de haberse hecho á la mar estos buques, se recibió parte de que los enemigos se habían avistado sobre la costa de Tumbes, y fue preciso despachar un alcance á nuestra armadilla para que, retrocediendo al Callao, pudiera luego seguir en demanda de la de Brown.


Continuara….


Fuentes
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III de Ángel Carranza.
“Memoria para la historia de las armas españolas en el Perú” tomo I del General García Camba en su edición Madrid en 1846.
La reconquista española, Miguel Ruiz y Gregorio Víctor Amustegui edición 1912


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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 11 Nov 2012 - 7:59

Fragata "Hércules" y Bergantín "Santísima Trinidad"
(Cuarta parte)

Llegada a Guayaquil

El 8 de febrero de 1816 los corsarios arribaron a la isla Puná, situada a la entrada del golfo de Guayaquil, la cual Guillermo Brown utilizó como base de operaciones, desde la que se preparó para atacar la ciudad.

Para la incursión, Brown trasladó su insignia al bergantín “Santísima Trinidad”, de reducido calado y más adecuado para navegar por el río Guayas, en donde los bajos fondos son frecuentes. Alistó para que lo escolte a la goleta “Nuestra Señora del Carmen” , alias “Andaluz”, trasladando a ambos buques a la infantería de marina de la corbeta “Halcón”.

Con estos buques inició el ingreso al Guayas por el canal de Jambelí, dejando en Puná a las 7 presas capturadas, custodiadas por la fragata “Hércules” y la corbeta “Halcón”, bajo la responsabilidad de Miguel Brown.

La ciudad de Guayaquil está situada a la margen occidental del Guayas, navegable hasta las Bodegas de Babahoyo, 40 leguas, dista aproximadamente 300 leguas al N. O. de Lima.

Siendo el Guayas sumamente tortuoso en su curso, y plagado de bancos de arena movedizos, su navegación se hace peligrosa y demanda el mayor cuidado y pericia. Sus orillas son llanas, aunque pantanosas y cubiertas de esteros y malezas.

Cuatro fuertes construidos sobre sus bordes defienden el pasaje; el primero, denominado Punta de Piedra, dista cinco leguas del puerto. Se necesitaba antes de penetrar en la bahía, posesionarse de esta fortaleza, que era como su llave.

Inicio del ataque

Con estos antecedentes, a la verdad poco halagüeños, se puso Brown en camino, calando su buque 7 pies de agua. Sobre la media noche (febrero 8 de 1816) se presentó delante del fuerte Punta de Piedras, a 5 leguas de la Plaza de Guayaquil, a la izquierda, y dando un seguro asalto, en que la guarnición le opone una débil resistencia, se posesiona luego se su recinto coronado por 12 cañones de a 18 y 24.

Al mando de esta expedición se encontraba el capitán chileno Ramón Freiré que saltaba valerosamente en tierra, y caminando a la sombra de unos bosques que ocultaban su marcha, la atacaba por retaguardia y se apoderaba de ella a la bayoneta, el soldado Carlos Martínez de Buenos Aires, del primer tercio cívico de esta ciudad, se apodera en medio del fuego, de la bandera que flameaba en sus baluartes, aclamado por sus compañeros que lo saludaron con potentes vivas a la patria.

El gobernador había procurado defenderla tan luego como recibió la noticia de encontrarse a las puertas el enemigo; mas el refuerzo que envió, regresó dando aviso de que había llegado demasiado tarde, porque ella estaba ya en poder de los asaltantes. Grande fue la confusión en Guayaquil, cuando se supo este desastre. Todos no pensaban más que en huir, las mujeres y aun la mayor parte de los hombres, y en poner a salvo los caudales tanto públicos, como particulares; pues todavía estaba vivo el recuerdo de los filibusteros, que varias veces se habían precipitado sobre la ciudad como aves de rapiña, cometiendo todo linaje de atrocidades y saqueando hasta los templos. En medio del espanto general, las autoridades organizaban la resistencia, cubrían la playa de soldados, levantaban baterías y procuraban, en una palabra, recibir del mejor modo que les fuese posible a sus adversarios.

Demolido este primer baluarte que servía de avanzada al enemigo luego de reembarcar las tropas, Brown continúa su rápida excursión en alas de la fortuna y del entusiasmo.

A la una y media del día 9 se hallaba el bergantín patriota bajo los fuegos de 4 cañones de bronce (calibre de 6 y 8 ), montados en batería la noche antes en lo de Elizalde, paraje distante de la población unas 20 cuadras.

En el acto, rompieron éstos sobre el "Trinidad" un fuego mortífero, reforzado con las descargas de fusilería de la tropa apostada en el recinto. Nuestro hermoso buque, convertido, a su vez, en un volcán, vomitaba la metralla sobre los españoles, que al fin fueron reducidos al silencio.

Rendida esta segunda batería, y habiéndose desprendido los botes con el objeto de clavar sus cañones, se dirigió Brown sobre la última defensa con que contaba el enemigo, que era el castillo San Carlos, armado con 4 piezas de a 24.

Este castillo, último punto defensivo de Guayaquil incomodaba al bergantín en sus movimientos; impacientado Brown por las averías que le estaban causando las balas enemigas, impelió el bergantín hacia tierra para colocarse á medio tiro de pistola y trabar el combate con mas ventaja. En ese momento bajaba la marea, y la corriente, ayudada por el viento que saltó al norte encalló el buque en la arena, dejándolo en seco y sin sus embarcaciones menores.

La desgracia quiso que quedase varado, precisamente a poca varas de una cantidad de alfajías que estaban apiladas sobre la barranca. Esta madera se convirtió pronto en seguro parapeto al enemigo, desde donde dirigía cerradas descargas de fusil a los patriotas que, sin abrigo y dominados por una posición semejante, tuvieron que ceder forzosamente, siendo ya inútil seguir en la demanda.

NOTA:
Existe en esta parte una divergencia entre el relato de Ángel Carranza y los historiadores Miguel Ruiz y Gregorio Víctor Amustegui.

Dice Carranza con respecto a las tropas que desembarcaron:
Estos, en lugar de regresar en el acto, como se les ordenó, luego que hubiesen llenado su comisión, no lo pudieron verificar por haber olvidado el oficial que mandaba este servicio proveerse de los espiches necesarios al objeto, por lo que fue forzoso arrojar los cañones al agua. Concluida esta operación, insubordinada la tripulación, se internó en la población en demanda de botín y bebidas. Dejando abandonados los botes en la ribera”.

Mientras Amustegui dice:
Las tropas de desembarco bajo la dirección de Freiré abordaron la ribera arrebatando una de las baterías, cuyos cañones echaron al río. Al observar Freiré la desgracia de Brown, reembarcó en la goleta “Carmen” las tropas con que había asaltado y tomado una de las fortificaciones de tierra, y se juntó felizmente con las otras embarcaciones, siendo él portador de la noticia de la triste prisión del jefe.”


Brown es prisionero

Testigo Brown de la barbarie del enemigo, que continuaba el fuego sobre un buque rendido y cuyo puente estaba cubierto de muertos y moribundos, se arrojó al agua, seguido de dos marineros, con el objeto de ganar la “Carmen”, fondeada fuera de la batería por falta de gente, o perecer víctima de los feroces caimanes que pululan en aquella ría. Uno de sus compañeros fue muerto a su lado, y no pudiendo Brown vencer la corriente, extenuado por las fatigas del día, retrocedió, gritando a Nelson para que imitase su ejemplo volviendo al buque; pero el destino de este infeliz estaba escrito, y fue ultimado por el plomo español, que le alcanzara aún en el agua.

Más no bien había puesto el pie sobre la cubierta ensangrentada de su buque, cuando el enemigo abordando por estribor, se siguió una escena de difícil descripción, dada su atroz barbarie.

Catorce infelices que aun sobrevivían a sus heridas fueron allí ultimados con el puñal, sin escuchar sus ayes lastimeros, en medio de gritos e imprecaciones salvajes.

Entonces fue cuando Brown, ileso aún en lo más recio del peligro, tomando una mecha encendida en la mano y la espada en la otra corrió hacia la popa y, ya para bajar a la cámara, gritó al capitán Cevallos, de la presa Consecuencia, que si no requería en el acto de los jefes realistas en tierra el que cesase la carnicería que se hacía en hombres inermes y rendidos, contra las leyes de la humanidad y de la guerra, daría fuego inmediatamente a la santa bárbara.

Ante tamaña resolución, y conociendo el carácter esforzado del jefe patriota, se apresuró Cevallos en trasmitir el mensaje al gobernador de la plaza, capitán de navío D. Juan Basco y Pascual, quien juró por su honor guardar al valiente comandante y tripulación del Trinidad las consideraciones y respetos debidos a todo prisionero de guerra.

Esta contestación fue llevada a Brown por una diputación de 4 individuos, dos de ellos oficiales, el que, considerando satisfecha su demanda, desembarcó acto continuo con sus 44 compañeros de guerra, muchos de ellos heridos, únicos vestigios de tanta gloria y heroísmo!

Habiendo sido saqueado el equipaje de Brown, como el de todos los que estaban a bordo, tuvo que bajar éste a tierra, envuelto, por toda vestidura, en la bandera patriota, que encontró por casualidad sobre cubierta. Desde la playa, atestada por una multitud inmensa atraída allí, deseosa de conocer a un hombre de arrojo tan extraordinario, fue conducido al cuerpo de guardia por algunos oficiales de confianza y varias personas respetables. No tardó el gobernador en enviarle ropa y brindarle su mesa. La calma que mostró Brown en la desgracia, le acarreó el respeto y las simpatías de todos, así como la intrepidez de que dio pruebas poco antes, había excitado su admiración y asombro hasta del mismo Obispo


El final del “Santísima Trinidad”

El populacho se vengó en el bergantín del miedo que los marinos le habían causado. En un instante lo despedazó furioso, saqueando las velas, jarcias y mástiles. Trabajo les costó a las autoridad s que no se robasen hasta los cañones.

No faltó quien se pusiese a fumar en la cámara, mientras que los demás se apoderaban a su antojo de lo que más les agradaba, en medio de la pólvora esparcida por el piso de aquélla, llegando su imprevisión, hasta arrojar dos puchos encendidos sobre el escotillón de los pañoles, los que cayeron en unos cajones que contenían porción de cartuchos vacíos, y estaban colocados sobre una cantidad de cuñetes de pólvora. Al humo que no tardó en abrirse paso, acudieron presurosos los jorbantes, y felizmente hubo un hombre resuelto que se arrojó sobre el fuego que principiaba a prender, y logró extinguirlo con sus pantalones mojados, pues acababa de nadar. Sin esta rara casualidad, difícilmente hubiera escapado el bergantín a una voladura cierta.

Luego del combate, a mediado de octubre de ese año el “Santísima trinidad” es entregado al mando del teniente de fragata Eugenio Cortés y Azúa, pero el mal estado del barco provoca que finalmente sea rematado en diciembre de ese año.

El rescate

D. Miguel Brown, en quien recayó el mando de la expedición, ordenó en el acto al "Halcón" siguiese los movimientos de la "Hércules", que se preparaba a remontar el río, deseosa de correr la suerte de su bravo comandante o conseguir su libertad a cualquier precio.

Mientras los guayaquileños habían recuperado su tranquilidad; pues creían que las fragatas no se animarían a entrar en la bahía, a causa de su magnitud y por no dejar sin custodia las valiosas presas que arrastraban consigo. Mucho se asombraron, pues, cuando percibieron la "Negra" y el "Halcón", que venían a proponer a tiro de cañón el canje de sus compañeros.

El 11 a las 10 y media del día, supo el gobernador Basco, que estos dos buques estaban al frente de Punta de Piedras. Los recelos de un segundo bombardeo, avivados por esta noticia, dio nuevo impulso al armamento y fortificación de la Plaza Española.

El 10 se había colocado en el muelle un cañón de a 24, y al mismo tiempo que se trataba de restablecer la batería de Elizalde, se parapetaban las piezas del Malecón con costales de harina, y se levantaba otra en la Tejería. Cifraron todas sus esperanzas en la oportuna llegada de la flota peruana, que según los partes del virrey debía aparecer de un momento a otro. Mas, en balde los atalayas consultaban el horizonte; no se divisaba ninguna vela amiga; mientras tanto todo el mundo podía ver estacionarse dentro de la misma bahía a los corsarios amenazante.

Además estos preparativos bélicos, no olvidó el gobernador español las vías pacíficas. Con este motivo, a las 11 del día despachó un parlamentario y a las 5 de la tarde llegó otro de los buques proponiendo canje.

Ante una circunstancia tan extraordinaria, se convocó el Cabildo, con el objeto de resolver la situación sobre tablas. Durante la discusión, (12 de la noche) regresó el enviado que se despachó a los buques patriotas y teniendo en consideración la pintura que hizo éste de la fuerza de los independientes y de su actitud resuelta, como también el mal estado de defensa en que aun se encontraba la Plaza, para resistir un ataque formal, se resolvió dar oídos a las propuestas de los rebeldes.

Mas habiendo vuelto de los buques a las 11 del día 12, el Parlamento de la Plaza, (salió de a bordo a las 3 1/2 de la madrugada) con la respuesta de que a la vista se trataría, quedó la la negociación in statu quo, hasta las 5 1/2 de la tarde, que se dejaron ver las fragatas.

El 13 los buques independientes amanecieron a tiro de la primera batería, a la que hicieron 5 disparos que les fueron contestados, retirándose en seguida y dando fondo a la vista de la población.


Propuesta del Cabildo de Guayaquil

En esta posición indefinida quedaron los contendientes hasta eso de las cuatro de la tarde, en que apareciendo un nuevo parlamentario, volvió a reunirse el Cabildo, el que después de deliberar detenidamente, formuló las bases siguientes:

“En primer lugar pedía la entrega de los buques de guerra, presas y armamento con la condición de darles una embarcación y 100.000 f. para que se fuesen. (Esto era como rendirse a discreción). En caso no fuese aceptada esta base, sólo entregarían las presas, prisioneros y correspondencia contra 10.000 f., comisionándose para tratar en unión del Gobernador, al Alcalde y Juez de Comercio.”

Como es de suponerse, no fueron admitidas bases tan absurdas y sólo ofrecieron entregar la "Candelaria", el bergantín "Místico", y 2 Paiteños, Los prisioneros entre ellos el nuevo gobernador Mendiburo, que venía de España a Guayaquil y la correspondencia, quedando abierto el Parlamento.

El 14 se publicó un bando en Guayaquil, en que se hacía saber al pueblo, por acuerdo del Gobierno y Cabildo del estado de la negociación. Este paso, no tenía, en efecto, otro fin que demorar los tratados, haciendo tiempo mientras llegaba la escuadrilla de Lima, que se había anunciado saldría el 6 compuesta de los buques siguientes, con ánimo de batir a los interdependientes:

Fragata "Tagle", 26 cañones (20 de 12 y 6 de 24), capitán: Manchaca.

Fragata "Reina de los Ángeles", 24 cañones (20 de 12, 2 de 18 y 2 carroñadas de 24), capitán: José Bandini.

Fragata "Palafox", 20 cañones, (16 de 8 y 4 de 18), capitán : Sarria.

Fragata "Minerva", 20 cañones (18 de 8 y 2 de 18), captán : Claudio Vila.

Bergantín “Europa”, 18 cañones (16 de 8 y 2 de 12), capitán: Lisondo.

Estos 5 buques eran montados por 1038 hombres y 108 piezas de artillería, todo bajo el mando de D. Isidoro Canseiro.

NOTA:
Esta flota difiere del citado por el general García Camba en su libro “Memoria para la historia de las armas españolas en el Perú” tomo I en donde indica una flota de 6 unidades: fragatas “Tagle”, “Minerva”, “Palafox”, “Reina de los Anjeles”, “Comercio” y el bergantín “ Barbarita”.


El 15 la Hércules estaba en la Isla Sonó y los demás buques acoderados hasta la Isla Verde, situada a la boca del Guayas (6 leguas del pueblo). A las 7 1/4 de este día llegó un parlamento con oficio para el Gobernador Pascual, exigiendo una contestación categórica sobre los tratados pendientes. Después de haberse reunido el Cabildo y los vecinos, se acordó unánimemente que el Gobernador sería en adelante el único encargado y responsable de conducir la negociación entablada.

El 16 contestó Pascual, aprobando las primeras bases en que se mantuvieron los independientes sin ceder un ápice, y al día siguiente a las 11 llegó la ratificación del Comandante Patriota.


Brown es liberado

El 18 a las 11 de la noche, entró a Guayaquil el brigadier Mendiburú, un regente, un fiscal, un ingeniero y otros subalternos que en virtud del tratado fueron puestos en libertad, embarcándose Brown y sus compañeros para restituirse a la Escuadra, que el 21 estaba en Balao y el 23 en Punta Arena.

Siendo uno de los artículos del convenio, cesar las hostilidades en la Ría, evacuándola a la brevedad posible, el honor de Brown empeñado en un pacto en que había intervenido personalmente, le obligó a dar a este artículo su debido cumplimiento desde que hubo recobrado su libertad.

En esta virtud, el 27 de Febrero de 1816 se separó de la escuadra patriota de la Isla de Santa Clara y dirigió su rumbo hacia las costas de Chile.

Fuentes
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III de Ángel Carranza.
“La reconquista española”, Miguel Ruiz y Gregorio Víctor Amustegui edición 1912


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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Mar 13 Nov 2012 - 13:03

Largo, bien largo, pero sin desperdicio. Excelente aporte Ricardo, una crónica de los tiempos interesantísimos que se vivían en los albores de nuestra nacionalidad, y de como todo tipo de personajes, valientes, aventureros, idealistas, controvertidos y contradictorios muchas veces, como cualquier ser humano, han contribuido a ello.

Creo que en el caso de las luchas por nuestra independencia es válido eso de que hombres comunes puestos en circunstancias excepcionales, son capaces de obtener resultados inesperados. Así se forjan los próceres y los héroes, o se derrumban los que no tienen interiormente la grandeza que hace falta.

Saludos
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 18 Nov 2012 - 4:30

Muchas gracias por el comentario, disculpe no haberle contestado antes pero siempre quiero disponer de tiempo para responder y lamentablemente lo encuentro solo los fines de semanas, como le dije a Roberto esto uno lo hace por afición y el estímulo son los comentarios de ustedes, además sirven para corregir y mejorar.

Con respecto a lo largo, (espero no haberle aburrido), soy una persona que no me gusta lo simple, creo que el “Brown cruzo el cabo de Hornos, bloqueo el puerto de Callao y fue tomado prisionero en Guayaquil” no me es suficiente para satisfacer mi curiosidad, por eso trato de buscar algo mas, como el ¿Por qué?, ¿para qué? y el ¿Cómo?, de las cosas y eso hace que cualquier tema se alargue.

Además disfruto leyendo varias versiones de una misma historia, y si son de distintos puntos de vistas mejor, usted sabe muy bien que el historiador por más que trate no es imparcial y siempre pone en sus argumentos algo de su parcialidad.

Por ejemplo en esta historias del "Hécules" y el "Santísima Triinidad" el eje es Ángel Carranza, pero lo complemento con dos libros uno de los hermanos Amustegui, que Carranza suele mencionar en su obra y que son de nacionalidad Chilena y él otro, lo encontré en Google libros, “Memoria para la historia de las armas españolas en el Perú” escrito en 1846 por un general español García Gamba, que como se imaginara no nos tira con rosas.

Donde existen diferencias de conceptos o datos trato de poner las dos versiones para que uno, el que lee, saque sus propias conclusiones, y si me deja confidenciar algo, esto, el de estimar la realidad es lo que más disfruto, y suelo hasta escribir mi punto de vista, pero eso me lo reservo solo para mí.

En fin es un placer saber que tiene algo de tiempo para leer mis trabajos, tratare de simplificar algunos temas para no hacerlo tan largo.

Un abrazo Ricardo.


Última edición por Quequén Grande el Dom 18 Nov 2012 - 5:16, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 18 Nov 2012 - 5:12

Fragata "Hércules" y Bergantín "Santísima Trinidad"
(quinta y última parte)

Brown y Bouchard se separan.

El l 27 de Febrero de 1816 se alejó la escuadra patriota de la Isla de Santa Clara y dirigió su rumbo hacia las costas de Chile, para luego volver a cruzar el cabo de Hornos para volver a Buenos Aires.

El 4º día de navegación subió a bordo del “Hércules” el capitán Bouchard, para notificar a Brown del pésimo estado de su buque para montar el Cabo por segunda vez, y que tanto la humanidad como la misma seguridad de la gente embarcada en él, exigía se transbordase a otro buque, expresando al propio tiempo sus deseos, por que se diese cumplimiento a las estipulaciones sobre reparto de presas, que se acordaron en la Isla de la Mocha.

Esta enojosa circunstancia obligó a Brown a variar su derrotero, encaminándose a la isla de San Carlos (una de las Galápagos). Allí se procedió a la partición del botín, tocando a Bouchard, la fragata “Consecuencia” (este navío luego cambaría de nombre pasando a llamar “La Argentina” y escribirá muchas páginas de gloria para la armada Argentina), valuada en 30.000 f, y el pailebot “Carmen”, y adjudicándose a Brown el “Halcón”, tasado en 10.000 f, quien creyó, por ser muy velero este buque, poderlo conducir a Buenos Aires, alijado todo lo posible.

Finalizado el arreglo, del modo más amigable, y mientras refrescaba la gente, se ocupó Brown en el embarque de galápagos, únicos habitantes de aquella terrible soledad, con el objeto de suplir en algo las necesidades que ya se sufrían por la carencia de víveres.

Brown, no contento con esta sola provisión para hacer frente a la larga travesía que le esperaba, calculando que en aguada y víveres, sólo alcanzarían a la tercera parte del camino, cedió a las repetidas instancias del Comandante Banegas, quien aseguró se obtendrían ambas cosas en abundancia, toda vez que se aproximasen a la costa del Chocó, o a la bahía de San Buenaventura, donde dicho oficial había servido anteriormente con los independientes.

En vista de estos informes, y previa consulta de oficiales, dio la vela con el “Hércules” y “Halcón” hacia él 10 de Abril, dejando en aquellas islas a Bouchard, que con la “Consecuencia” y la “Carmen”, comandante subteniente Pedro Dautant, dijo a Brown iba a cruzar a la altura de Filipinas o costa de África y desde allí dirigirse a Buenos Aires, por el Cabo de Buena Esperanza. Luego que partió Brown, dejó Bouchard su primer proyecto, y llegó a Buenos Aires por el Cabo de Hornos, el 18 de junio de 1816. La goleta “Andaluz” llegó en octubre siguiente.

Después de 14 días de penosa travesía, anclaron los buques de Brown en la espaciosa y segura Bahía de San Buenaventura, sobre el río Dagua, con gran satisfacción y alegría de sus tripulaciones, que se veían rodeadas de leña y agua potable de que tanto necesitaban.

En el acto despachó Brown al cirujano de la Expedición Doctor D. Carlos Handford, en compañía del oficial Banegas, con dirección a Calí y Popayán,en busca de auxilios y provisiones.

El Doctor iba muñido de dos cartas congratulatorias del Comandante Brown para los Gobernantes Patriotas de Ambas Provincias. En ellas se les noticiaba la llegada a aquellos parajes, de los cruceros de Buenos Aires, sus operaciones y concluía ofreciendo sus servicios a favor de la emancipación de aquellos países.

Receloso Brown de la aparición de alguna fuerza naval española, que no sería difícil siguiese su estela, montó en la playa, una batería de 6 piezas para proteger el puerto y mientras esperaba la vuelta de Handford.


Perdida del “Halcón” y partida hacia el Cabo de Hornos

Concluido este trabajo, se dio principio a la carena del “Halcón”, que era otro de los objetos de la recalada en este punto. El 2 de mayo se internó el buque, a falta de dársena, en un estero de Anchicayá, para descubrir su quilla. Estando en esta difícil operación, se tumbó anegándose casi completamente. Después de esfuerzos prodigiosos se logró agotarlo, y una vez suspendido se continuó el calafateo de sus fondos y costuras. Mas no tardaron en reventar sus aparejos, y bandazo sobre el bergantín “Socorro”, que le servía de chata, perdió el equilibrio y se fue por ojo a pique, teniendo que abandonársele enteramente habiéndose desvencijado por ser endeble y de construcción francesa.

El Dr. Handford, no habiendo encontrado víveres en Calí, le fue forzoso marchar a Popayán en cumplimiento de sus instrucciones. El tiempo lluvioso en extremo, retardó su arribo a aquella ciudad. En estas circunstancias, cayó en cama el Doctor, atacado por la fiebre.

Cuarenta y un días de mortal expectativa habían corrido ya desde la partida del Doctor y éste no aparecía. Enfermedades distintas se originaron a las tripulaciones, provocada en su mayor parte de la escasez y mala calidad de los alimentos, a que se añadía lo mortífero del clima.

El cruel Morillo se avanzaba rápidamente sobre esa parte de la costa por el camino de Novita, y en pocos días debía quedar dueño del país. Reuniendo todo esto a la noticia adquirida de un bote pescador, de que tres buques de guerra españoles salidos de Panamá, estaban en las inmediaciones de la Isla Gorgona, y traían el ánimo de batir a los insurgentes luego que se pusieran a su alcance, debió ser apuradísima, si no desesperante, la situación de Brown, el que sin esperar ya el socorro deseado, y sabiendo que Handford, conductor de los despachos era presa de una fiebre maligna, resolvió dar la vela, prefiriendo morir de hambre en la inmensidad de los mares, antes que caer en manos de tan feroces y sanguinarios enemigos.

De este modo se alejó el “Hércules” de la costa occidental de Colombia, a principios de junio, teniendo 53 hombres por toda dotación, muchos de ellos convalecientes aún del escorbuto, y sin más amparo, recursos ni esperanzas que la misericordia divina.

Sesenta quedaron en San Buenaventura, habiendo sido ajustados por su parte de presa a razón de 10 $ en dinero y 500 $ en géneros

Al cabo de 12 días de tristísima navegación, en que tenían por toda provisión algunas gallinas y sacos de maíz, que pudieron procurarse en los días que precedieron a su partida, tomaron la isla de Abington (Galápagos).

El “Hércules” hacía mucha agua, no obstante el permanente ejercicio de ambas bombas, por lo que fue necesario alijarlo, arrojando al mar muchos objetos que no eran de absoluta precisión. Concluido este trabajo y aumentadas las provisiones con 70 grandes tortugas que se tomaron (pesaba 150 libras una). Dejaron los fuegos del trópico, hacia el 20 de Junio haciendo rumbo en demanda de la Patria. La escasez de las provisiones, hizo que se regulase la ración de cada hombre en un bizcocho, una corta medida de arroz o maíz, media libra de tortuga o carne salada, y media pinta de ron; la que equilibrada con el trabajo de las bombas y el buque, bastaba apenas para sostener la vida.

Durante la travesía se trató de arribar a la Isla de la Pascua, pero siendo de noche cuando llegaron a su altura, y refrescando el viento, fue imposible desembarcar en ella, resignándose a guiar sobre el Cabo, el que doblaron sin más novedad que haber sorteado felizmente una gran banca de nieve, en la que hubo de estrellarse el buque una noche que corría 10 millas por hora.

En esta latitud estuvo el “Hércules”, muy expuesto a un incendio, habiéndose volcado sobre el escotillón de la Santa Bárbara una caja del botiquín, que contenía varias botellas de vitriolo y agua fuerte. Brown, Chitty y dos marineros trabajaron mucho para sofocar el fuego.

Luego que hubo rebasado el paralelo de la isla de los Estados, por cuya altura se mató la última tortuga y quedando casi agotados los víveres, se resolvió tocar en las Islas Malvinas, con el objeto de procurarse los que fuesen posibles, y al propio tiempo averiguar de algún ballenero que tal vez estacionase por aquellas soledades, las noticias más positivas sobre el estado político del Río de la Plata. Por desgracia, luego que se aproximaron al puerto Egmont, para efectuar lo premeditado, sobrevino una fuerte ráfaga y siendo de noche tuvieron que alejarse de aquellos peligrosos y desamparados parajes.

El 16 de Agosto de 1816, encontrándose el “Hércules” como a 300 millas de la costa del Brasil, dirigió su derrota con la intención de cortar el paralelo de Cabo Frío. Navegaba en este rumbo, cuando encontró el 19 de Agosto al bergantín inglés “Janne”, que hacía 18 días había salido de Montevideo en viaje para Plymouth (Inglaterra).

El comandante de este buque les comunicó que a su salida de Montevideo, era esperada allí por momentos una división naval portuguesa que debía operar en unión de 12.000 hombres de la misma nación, que ya habían pasado la frontera del Brasil y se internaban en la Banda Oriental a marchas forzadas sobre su capital. Añadiendo que había encontrado dos buques de guerra, al parecer portugueses, que cruzaban a la altura de Maldonado, además que Rondeau había sido batido en el Perú y la ciudad de Buenos Aires era presa de la anarquía más espantosa, habiendo sido depuesto el Director Don Ignacio Alvarez y Thomas.

Muñido Brown de estos informes y teniendo la mayor parte del equipaje enfermo, determinó dirigirse al puerto amigo más próximo, donde pudiese reparar su buque, proveerse, adquirir noticias fidedignas sobre las Provincias Unidas y ponerse en estado de batir al enemigo a su vuelta, caso de estar aún bloqueado el Río de la Plata.

En esta virtud, y previo consejo de oficiales, se siguió viaje en dirección a la Barbada (Isla de las Antillas). Con el último día de víveres a bordo tuvieron que tocar en Pernambuco. A la vista de esta ciudad, permanecieron a la vela y sobre bordos por espacio de 5 días, mientras regresaba el capitán Chitty, despachado en busca de víveres. Al fin, y serenado un tanto el tiempo, regresó éste de su comisión con unas 2 lanchadas de provisiones, suministradas por un comerciante inglés que lo acompañaba.

Luego que recibió el “Hércules” un ancla que le hacía falta, hecha la aguada, se siguió viaje.

Todavía recalaron en Río Grande, con el fin de desembarcar al comandante D. Miguel Brown, atacado de fiebre, y a quien la falta de facultativo a bordo impedía seguir embarcado. Allí hablaron con el comandante del bergantín inglés Coronel Alien, que ratificó los anteriores informes relativos a la situación de las Provincias Unidas

Finalmente, el 25 de Septiembre de 1816, se presentó el “Hércules” en la bahía de Carlisle y dio fondo en aquellas balizas, frente a Bridge-Town.


La captura del “Hércules”

Habiéndose abolido la esclavitud dos meses antes, el gobierno inglés se vio en la necesidad de adoptar precauciones muy particulares para evitar la continuación de tan ominosa trata. Debiendo ser visitados todos los buques que mojasen en aquellas aguas, el “Hércules” tuvo que someterse también a esta medida preventiva. Practicada esta operación, bajó Brown a tierra, con el objeto de imponer al Gobernador de la Isla, Sir James Leith, de su nombre, colocación, rango, etc., como también someter los papeles de sobordo a un prolijo examen y darle los motivos de su recalada.

En la entrevista que se siguió y manifestando Brown la necesidad apremiante en que se veía de proceder a reparar su buque en caso de fuese permitido, hecho lo cual debía volver al Río de la Plata; el Gobernador Británico negó su asentimiento a tales deseos recordando las instrucciones comunicadas a los almirantes ingleses en 27, de abril de aquel año, relativas a la estricta neutralidad que se les mandaba observar en la guerra pendiente entre la Península Española y sus Colonias. Añadiendo, en conclusión, que debía dar la vela inmediatamente con dirección a cualquier otro puerto franco de su elección, en cumplimiento de lo que prescribía aquella sentencia del Vice-Almirantazgo.

En esta virtud, habiendo recogido sus papeles, se preparó a zarpar. En estas circunstancias, y mientras se hacían los preparativos de leva, compradas las provisiones necesarias, 3 marineros en estado de embriaguez absoluta, se obstinaron en transbordarse a la corbeta de S.M.B.”Erasen”, anclada en aquellas inmediaciones.

Informado de lo que ocurría, el capitán de dicho buque, Mr. James Stirling, envió un bote en busca de estos hombres, los que fueron dejados en completa libertad.

Muy luego una segunda embarcación, perfectamente armada v tripulada, se desprendió del mismo buque, y acostando el “Hércules”, procedió a su registro del modo más escrupuloso y descortés. Concluida la operación y apoderados de los papeles y documentos del buque, se retiraron a su bordo, con el capitán Chitty y casi toda la tripulación en calidad de prisionera, declarando el buque buena presa, a cuyo efecto se le dejó una guarnición inglesa. A Brown se le intimó bajase en el acto a tierra.

Sospecháramos que su verdadero móvil estaba en la relación que le hicieron los marineros, causa ostensible de su intervención, de que el “Hércules” tenía a su bordo muchas onzas y oro en polvo.

El capitán Chitty tuvo que prestar declaración ante un tribunal investigatorio.

Después de tantas vejaciones y sobre los reclamos de Brown, habiéndosele levantado el embargo, el 28 se preparó para dirigirse a la Isla de Antigua, con el objeto de conferenciar allí con el almirante Harvey, jefe de la estación de las Antillas.


El final de la fragata “Hércules” y su tripulación

Se suspendió el ancla, y a las 2 de la tarde de aquel día, navegando el “Hércules” a barlovento de la Martinica (entre la Barbada y la Antigua) y en conserva de la goleta inglesa “Erasen”, que seguía sus aguas, fue repentinamente abordado y ocupado por fuerzas británicas, trasbordando toda la tripulación, salvo solamente tres hombres, que se le declaraba en calidad de prisionera.

Una vez llegado al puerto de Barbado se llamó a la tripulación a popa para hacerle saber que cualquier hombre que deseara entrar al servicio de S. M. Británica y declarase en contra del buque tendría participación del dinero de presa caso de ser condenado, al ver que la oferta es rechazada por la tripulación se procedió, pues, contra el barco y la propiedad que contenía, por no haber cumplido una u otra de las leyes de navegación y de comercio, y luego de condenarle se vendido en almoneda con gran pérdida.

Al desembarcarse los valores del “Hércules”, antes de ser condenado, no le permitieron ni a Brown ni a sus marineros retirar nada, hasta las cajas de los pobres marineros fueron saqueadas de todos los pequeños objetos que contenían. Se extrajo del barco un valioso cargamento sin que lo presenciara ninguno de su dotación.

A la tripulación, al día siguiente de la condena, se le negó comida, sabiendo que muchos estaban atacados por la fiebre pútrida, siendo dejados a merced y caridad de los habitantes de una isla que tenían poco para sí mismos, y a las expensas de un comandante cuyo corazón estaba desgarrado, y falto hasta de los medios indispensables para sostenerse ni aun 24 horas.

Los habitantes de San Juan, diciendo que la gente del “Hércules” estaba infestando al pueblo con una fiebre maligna a consecuencia de su estado asqueroso y situación desamparada, se les negó asistencia médica, como también remedios y entierro a los infelices que caían víctimas de un mal trato tan inmotivado.

Convaleciente aún de la terrible enfermedad que lo puso en peligro de muerte, el almirante se dirigió a Londres, donde arribó el 3 de junio de 1817, con el propósito de apelar de la sentencia de la corte inferior de Antigua y reclamar del gobierno inglés la justicia que le debía.

A principios de 1818 se vio la causa en juicio con declaración de que aquél carecía de jurisdicción y por consiguiente nulo su procedimiento y sentencia, debiendo reintegrar la propiedad secuestrada a aquellos a quienes se les había tomado; pero solicitando el abogado de los reclamantes españoles declarara el juez a quien debía entregarse la propiedad, manifestó éste que "no se pronunciaba sobre el derecho de propiedad " por lo que se retenían los fondos hasta la decisión final del caso, después de lo cual Brown resolvió regresar a Buenos Aires, confiando la prosecución del asunto a los señores Hullet Hnos., agentes del gobierno argentino en aquel país.

El mal éxito de su expedición, amén de muchas causas que habían contribuido a ello, preparárnosle un ambiente desfavorable en absoluto; y aquel pueblo que acostumbraba recibirlo en sus brazos y clamoreaba su nombre con clarinadas de victoria y loor, le recibió con indiferencia, en tanto el gobierno ordenaba su prisión y enjuiciamiento.

Sobre el fin de la fragata “Hércules” hay dos versiones contradictorias, ambas documentadas: el “Courier” de Londres del 4 de abril de 1817 aseguraba que la “Hércules” había sido rematada en Antigua y se había agregado a la flota del almirante venezolano Brion (noticia reproducida por “Le Moniteur Universel” de París el 4 de abril de 1817); el “Evening Post” de Nueva York, aseguró en cambio el 5 de agosto de 1818 que esta nave fue remitida a La Habana, procedente de Antigua, para ser vendida allí.

Fuentes
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III de Ángel Carranza.


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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 18 Nov 2012 - 21:28

¡Qué sería de Hollywood si nosotros nos pusieramos a filmar historias como estas!. Realmente encuentro ciertos capítulos de la historia nacional e internacional tan entretenida como cualquier thriller cinematográfico de los buenos. Que entretenida sería Historia en el colegio si nos contaran esto.

Otro muy buen aporte Ricardo. Saludos. Ernesto
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 18 Nov 2012 - 22:29

Coincido con Ernesto, solo hay que filmar.
Historias hay de sobra y bien jugosas. Que lindo sería educar a nuestra gente a través de material propio no?

Felicitaciones Ricardo, acabo de terminar de leer la "saga"!!

Saludos
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 18 Nov 2012 - 23:24

Impresionante gracias por las historias reales. Declaro mi desconocimiento hasta que pude leer el libro de Felipe Pigna y su detalle sobre las campañas de Brown y Bouchard. Me atrapo realmente.
En su pagina www.elhistoriador.com.ar que visito seguido , hay tanto para conocer.
Realmente un pelicula acercaria mucho estas historias a todos. Felicitaciones.
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 25 Nov 2012 - 12:06

Corbeta "Halcón" y Goleta “Constitución”


Hipólito Bouchard

Corbeta Halcon

“Halcón”/“Alcón” (la ortografía de la época aún era bastante anárquica, aparece también como “Falcon” e inclusive como “Hawk”; utilizaba el numeral 5 en la escuadra de Brown de 1814). Corbeta del Estado, luego corsaria. 240 toneladas, 36 metros de eslora, 6 metros de manga, 5,9 metros de puntal, 2,5 metros de calado medio. Armamento de 22 cañones (2 largos de a 9 libras y 20 carronadas de a 12 libras ó 6 de a 18 libras y 16 de a 12 libras); en general, las fuentes acuerdan que su artillería era demasiado pesada para esta nave; como corsario sólo montó 18 cañones “de demasiados calibres distintos” (12 cañones de a 8 libras y 6 carronadas de a 10 libras); Tripulación 150 hombres (como nave de guerra) y 102 (según patente de corso) hombres (como corsario). Corbeta mercante construida en Francia y comprada por el Gobierno en mayo de 1814. La paga de su tripulación fue abonada desde el 9 de mayo hasta el 15 de noviembre de ese mismo año. Bajo el mando del comandante o sargento mayor Juan D. Handel.


Goleta Constitucion

La goleta o queche Constitución, de origen norteamericano, desplazaba 235 t y tenía 28 m de eslora, 8,75 de manga, 5,60 de puntal y 2,90 m de calado medio. Provista para su misión de corso de 1 cañón de bronce de a 16, 2 cañones de hierro de a 8 y 4 cañones de a 4, 210 tarros de metralla, 100 balas de a 16, 200 de a 8, 400 de a 4, 30 palanquetas de a 16, 12 quintales de pólvora, 2 quintales de cuerda mecha, 1000 cartuchos de fusil, 100 piedras de chispa para pistola, 50 piedras de fusil, etc.


Historia de la Halcón

Asistió al asedio y bombardeo de Montevideo, tocándole, por ser el buque más velero de la escuadra, salir en persecución del queche Hiena que, forzando el bloqueo, escapó a Río de Janeiro, conduciendo a su bordo al famoso fray Cirilo de Alameda y Brear, despachado por Vigodet en una misión de confianza, v. según Brown, se suponía que llevando una gran suma de dinero y papeles valiosos.

La rendición de Montevideo despejó de peligros la región del Plata y tornó innecesarios los servicios de los buques mayores de la escuadra, por lo que el gobierno ordenó desarmarlos y enajenarlos en subasta pública, con excepción de la fragata Hércules cuya propiedad trasmitió al coronel Brown en premio de sus servicios y testimonio de la gratitud nacional.

La corbeta Halcón fue adquirida por el conocido hombre público Doctor Vicente Anastasio de Echevarría, para dedicarla al corso, en la cantidad de 8.000 $ a pesar de superar su verdadero valor, según tasación pericial, la de 13.000; pero que el gobierno aceptaba considerando la circunstancia de destinarla su adquirente a un servicio de positiva importancia y para el cual fue habilitada, otorgándole patente el 12 de Septiembre de 1815.

En consecuencia, el gobierno se obligaba: a facilitarle las armas, pólvora y municiones para su habilitación, conceder a su comandante la facultad de apresar o destruir, según conviniese, los buques enemigos, y al armador las de vender las presas introducidas a puertos nacionales, y sus cargamentos, sin abonar derechos de aduana, previa, naturalmente, la declaración de haber sido ejecutada con arreglo a derecho; a adquirir los cañones que fueran tomados en las presas con preferencia a otro particular, y todo aquel armamento que excediendo de la dotación correspondiente fuera capturado en ellas.

En caso que el resultado del corso fuera favorable a los intereses del armador, se obligaba éste a satisfacer al gobierno dos mil pesos más, toda vez que esta cantidad estuviera en proporción a las ganancias de los accionistas, y si aquel fuera contrario quedaba absuelto de toda responsabilidad pecuniaria.

El corso duraría, a lo más, un año, contando desde la fecha de su salida, a menos que el gobierno prolongase el término por otra patente especial; y su principal objeto sería exactamente igual al encomendado a la expedición compuesta por la Hércules y Trinidad. Haciendo el crucero por los puertos de Valparaíso, Coquimbo, Guaseo, Atacama, Arica, Arequipa, Pisco y Callao, procuraría introducir por los medios que se le ofrecieran o ingeniara, impresos y proclamas revolucionarias de que se le proveía, dirigiéndola a las personas de conocida afección a la causa pero cuidando no comprometerlas.

Provista del armamento necesario, 18 cañones, y todos los enseres correspondientes, fue tripulada por 102 hombres, de comandante a mozo de cocina; y confiado su mando a Hipólito Bouchard. Siendo el segundo al mando el sargento mayor graduado D. Roberto Jones, antiguo comandante de la corbeta Céfiro.

El armador Echevarría se dirigía el día anterior al Director Supremo diciéndole que el corsario "no esperaba sino sus últimas órdenes para darse a la vela y saber si había de despedirse o no de la plaza, saludándola con las salvas de sus cañones", lo que fue contestado en el día por intermedio del ministro respectivo, autorizándole a dar la vela sin necesidad de saludar a la plaza "puesto que esa pólvora tenía mayor empleo quemándola contra los enemigos de nuestra libertad”.

Inmediatamente de recibida por el armador la autorización solicitada, el Halcón levó silenciosamente de su surgidero en conserva, hasta el puerto de Montevideo, en cuya demora se le separó a poco, con la goleta Constitución, barco norteamericano que habían adquirido los expatriados chilenos y puesto al mando de Oliverio Russell destinaban al corso en el Mar Pacífico.

NOTA: Existen discrepancia sobre el nombre de la goleta “Constitución” al mando de Oliver Russel, Amunátegui. en su trabajo, "La reconquista española"., dice que el presbítero bautizó con su apellido "Uribe" al barco cuyo mando confió al italiano Barrios Barros Arana. No hay patente ni permiso otorgado a ningún corsario con aquel nombre, en tanto que el de “Constitución” está registrado en la concedida a Andrés Barrios el 20 de septiembre de 1815. Todos los historiadores están contestes en que el barco llevaba este nombre y era mandado por aquel conocido marino.

La aparición de este barco, destinado a trágico fin, se explica en la siguiente forma:

Cuando en Buenos Aires se tuvo conocimiento del próximo ataque de una expedición naval española, las autoridades dispusieron preparar la defensa reorganizando la escuadra vencedora de Montevideo, pero se reconoció que no eran sus condiciones las que se requerían para combatir a naves de guerra como las que componían la armada enemiga, por lo que se pensó que más cuadraría a sus características y serían más ventajosamente utilizadas en el corso contra el comercio marítimo español. A este pensamiento se asociaron los emigrados chilenos residentes en Buenos Aires, movidos por la voluntad infatigable y la energía del presbítero D. Julián Uribe. A fines de octubre salieron de ese puerto, llevando bandera "negra". El viaje del Halcón y la “Constitución” distó mucho de ser feliz, dice el historiador chileno Amunátegui "No encontraron en su camino a los realistas, ningún navío procuró cerrarles el paso; pero al doblar el cavo tuvieron que combatir a enemigos más terribles todavía, los vientos, que concitaron contra ellos una deshecha tempestad de catorce días. Durante ese tiempo las dos embarcaciones marcharon convoyadas, para que en caso de desgracia, una de ellas sirviese de asilo al equipaje de la otra. La que menos resistencia ponía al embate de las olas era el “Uribe”, que su armador había cargado con tantos cañones y de tan grueso calibre, que se hundía naturalmente en el agua bajo un peso que su porte no le permitía sostener. Un día, a la caída de la tarde, y en lo más recio de la borrasca, lo percibió el Halcón medio envuelto entre las nubes y las sombras de la noche, en un estado de angustia tal, que su pérdida le pareció inevitable. No le fue posible prestarle ningún auxilio; porque él mismo resistía apenas a la furia de la tempestad, que levantaba olas tan altas y tan prontas a reventar, que una sola que hubiera azotado contra la embarcación la hubiera sumergido.

Cuando a la mañana siguiente se disiparon las tinieblas, el Halcón no divisó por ningún lado a su compañero de viaje. Desde entonces nadie volvió a ver al Uribe”.

La tripulación del Halcón era en su mayoría compuesta de argentinos y chilenos, la generalidad de aquéllos procedentes de los Tercios Cívicos de Buenos Aires, y éstos de los emigrados que la derrota de Rancagua arrojara al Oriente de los Andes.

Batido por las tempestades en que, más desgraciada halló tumba ignorada la goleta chilena, el Halcón llegó a la isla de la Mocha donde se incorporó a la escuadrilla de Brown. Puestos allí de acuerdo Brown se dirigió a Juan Fernández con la Hércules, con el intento de dar libertad a los patriotas chilenos allí confinados por el despotismo, en tanto que Bouchard, con el Halcón y el Trinidad, se dedicó a recorrer los mares que bañan las costas de Chile y Perú, apresando los buques de bandera española que encontraba en su ruta, alarmando con su acción a las autoridades terrestres que por ello tuvieron noticia de su presencia en aquellas aguas.

La primera noticia que tuvo el gobierno chileno de la llegada de los corsarios a la isla de la Mocha fue el 2 de diciembre de 1815, y prohibió en el acto que saliesen de puerto los barcos que pudieran caer en sus manos, medidas precautorias que no impidieron el apresamiento de algunos, como la goleta Mercedes, capturada por la Hércules, y la fragata Candelaria que, cargada de frutos, se dirigía al Perú; y apostándose en la isla de Las Hormigas, al Norte del Callao, hicieron sentir su hostilidad sobre aquel importante puerto militar, plaza fuerte de la mayor importancia en la América del Sud. Allí se les unió Brown. y sus operaciones posteriores las hemos narrado en “la fragata “Hércules” y el bergantín “Santísima Trinidad” hasta la partición en la isla de Carlos, una de las Galápagos, tocando el Halcón al almirante Brown, quien se dirigió con sus naves a la bahía de San Buenaventura, en la costa del Chocó, donde, pocos días después, (abril de 1816), pretendiendo reparar sus averías, y siendo buque de construcción francesa muy endeble, naufragó y se le abandonó.

Así concluyó, de tan melancólica suerte, su vida histórica aquella nave que cooperó a pasear gallardamente por los mares del Pacífico nuestra enseña celeste y blanca anunciando su presencia con el poderoso estampido de sus cañones, heraldos de libertad

Fuentes
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III de Ángel Carranza.
“La reconquista española”, Miguel Ruiz y Gregorio Víctor Amustegui edición 1912


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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 25 Nov 2012 - 23:13

Como siempre, muy interesante aporte Ricardo. Para no quedarme en la mera felicitación y hacer un pequeño aporte, el calibre de los cañones de esa época es un asunto bastante controvertido, ya que para determinarlo se deben tener en cuenta algunas cosas. El peso de "12 libras" o "18 libras" en teoría está determinado por el peso de las balas que se disparaban, constituídas por esferas de hierro fundido, pero este peso variaba no solo por la calidad del hierro que usaba cada fabricante, sinó también por el tipo de "libra" -la unidad de medida- empleada, utilizándose en nuestro medio las medidas de la libra inglesa y de la francesa, ya que esta última era la utilizada por los españoles desde 1743 hasta 1849.

Entonces, antes de calcular el peso hay que determinar el origen del cañón para darse una idea del patrón utilizado por su fabricante. Luego hay que saber la calidad del hierro fundido utilizado, pudiendo variar entre 7 a 7,2 kg/dm3 (o lo que es lo mismo, 7 o 7,2 kg por cada litro de volumen de material), siendo los más livianos los de peor calidad. En la práctica, las bolas inglesas se calculan a razón de 7,43 kg/dm3, y las francesas a 7 kg/dm3, por los huelgos para que entren por la boca del cañón (las inglesas, por ende, tenían mayor huelgo). Luego, saber a cuanto peso corresponde cada libra (373 g o 454 g según el caso, agregándose más tarde la libras castellana de 460 g), para sacar los decímetros cúbicos necesarios y recién allí, por la fórmula de la esfera, saber cual era el diámetro correspondiente, sabiendo que la boca del cañón, por lo menos, era por lo menos un 5% mayor que el diámetro de la bala que arrojaba. Allí recién se medía el calibre en pulgadas (de nuevo, según el usuario y la época en francesas, inglesas o castellanas, respectivamente de 2,7; 2,54 y 2,32 cm). En base a esta medida de calibre de boca se determinaba el calibre del tubo, o sea el largo de este, en la cantidad de veces que se repite el calibre de la boca en el largo del tubo (este sistema se sigue empleando aún hoy, un cañón de 155L45 tendrá un diámetro de boca de 155 mm y un largo de ánima de 6.975 mm).

Pero la cosa no termina aquí, de acuerdo a cada calibre de boca y largo de tubo, y según las épocas, estos los cañones recibían distintas denominaciones, por ejemplo la "carronada", que era un cañón de solo 5,5 a 7,5 calibres de largo.

Como ven, más o menos complicado, pero interesante para quien le interesen los detalles históricos.

Saludos
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Lun 26 Nov 2012 - 16:50

Ernesto no cabe duda que por aquello tiempos no existía conceptos de globalización ni normalización, algo muy pegado en el mundo actual, cada potencia de su época desarrollaba su propia tecnología con los materiales que podía conseguir, tanto Gran Bretaña, España, Francia e inclusive Rusia desarrollaban y construían sus propios cañones con sus calibres y materiales. Las unidades de medidas, tanto de masa, volumen o dimensiones eran particulares y siempre existían diferencias entre sí

Este es un muy interesante tema, la que respecta a las tecnologías navales del siglo XVIII y XIX.

Por ejemplo los cañones navales, eran de caño corto, esto se debía a que al cargarlo por la boca debían introducirlo en el puente y si lo hacían muy largo dificultaban la maniobra, además de incrementar el peso del mismo.

Como se pueden imaginar al tener un ánima corta la velocidad final del proyectil era relativamente baja, por lo tanto de muy poco alcance, por eso las batallas se hacían prácticamente un buque paralelo al otro.

Siguiendo un principio físico la poca velocidad hacía que este tuviera muy poca energía potencial y debido a la superficie que provocaba la esfera, difícilmente las balas podían perforar la madera que estaban protegido los barcos.

Pero el golpe de estas balas provocaban que en el interior del puente que la madera se astillaran, estas astillas era la causante de la mayor mortalidad en el combate.

No debería haber sido algo muy placentero estar en el interior de uno de estos barcos en un combate, por ejemplo, antes de comenzar una batalla se tiraba arena por todo el puente, esto se hacía para que absorbiera la sangre de los heridos ya que de los contrarios se podían resbalar los artilleros.

Bueno es un tema para lago, pero muy atrayente.
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Lun 26 Nov 2012 - 22:13

Ya lo creo que es atrayente Ricardo, pero también necesario aclararlo para entender mejor esa parte de la historia militar naval, sobre todo en el uso de las tácticas de combate que se empleaban entonces, lo cual amplía el contexto, y muchas veces sus detalles no son tan conocidos.

Saludos
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MensajeTema: Re: De corsarios y Corsaristas   Dom 2 Dic 2012 - 9:57

Goleta “Congreso”



Goleta “Congreso”
Esta goleta, armada en corso en los Estados Unidos, ex Orb de 160 t de porte y casco forrado en cobre, armada con 7 cañones largos de a 9, uno de ellos giratorio, y tripulada con 90 hombres. La Orb había actuado como corsario en la guerra de 1812 al mando del capitán Robert Hart, armada por la casa D'Arcy and Didier (Henry Didier Jr. y John N. D'Arcy), recibió a su comandante, el ciudadano portugués nacionalizado norteamericano D, José Joaquín de Almeida, el 29 de mayo de 1816 "cerca de los cabos de Virginia" según expresaba en carta que hacía a ello referencia. Frente a las costas de Virginia, Almeida alzó el pabellón argentino al que saludó con una salva de cañones iniciando su primer crucero.

Capitán José Joaquín Almeida
José Joaquín Ameida (Almeyda o D’Almeyda) nacido en 1777 emigro a Estados Unidos en 1796, en el conflicto de este país con Gran Bretaña en 1812 participo como corsario americano contra los barcos británicos. En una campaña de seis días al mando de la goleta Kemp, en el que quizá fue el más audaz golpe dado por un corsario de Baltimore, Almeida había rendido ocho buques sin auxilio alguno, capturado cuatro con cuarenta y seis cañones y ciento treinta y cuatro hombres. La acción del Kemp pasó a la historia naval como uno de los mayores logros de la guerra corsaria en 1812.
En total capturó con la Kemp 11 naves enemigas, entre ellos los bergantines Lady Mary Pelham y Portsea, los navíos Ottawa y Princess, la balandra P. W. Mynes y la goleta 'Resolution.

Luego con la goleta “Caroline” hizo 24 presas, entre ellas los bergantines Drake, Abel, Elizabeth, Elizabeth City, Experience, Criterion y Stephen, las goletas Carlscrona, Fanny, Jasper', Jason y Mariner, la barca Joachim y las balandras Eliza, Osiris, Industry, Maria y Peggy.

Primer crucero
Su crucero fue fructuoso: el 21 de Junio navegando a 37° de latitud norte y 10° de longitud oeste, apresó al bergantín español “San Andrés”, capitán Antonio de Subiaga, el 24 la fragata “Nuestra Señora de Gracia” (a) La Atrevida, capitán Don José de Rivas y el bergantín “Sereno” capitán Don Antonio Pascual Soler, el 25 la goleta “Leona”, capitán Benito Massa, que enviada a Buenos Aires arribó a su puerto el 24 de Agosto conduciendo una interesantísima correspondencia entre las autoridades de Méjico y la Península interceptada por los patriotas, el 22 de julio la polcra “San Francisco” que iba rumbo a Cartagena desde Santiago de Cuba, el 24 de Julio la fragata “Carlota”, capitán D. Miguel Martín, y el 25 de Juilo el bergantín “Los tres Amigos”, capitán José Manuel de Arrachavaleta, y visitó a numerosos buques que halló en su ruta.

Otras presas de la campaña fueron la fragata “San Rafael”, los bergantines “Diamante”, “Los Dos Hermanos” y “Carmen”, la goleta “San Francisco de Paula” y el místico “Nuestra Señora de los Dolores”. Entre junio y septiembre la Congreso junto a otros cuatro corsarios de Buenos Aires hicieron presas por más de 3.000.000 de dólares

El 25 de septiembre de 1816 la Congreso regresó a Buenos Aires dando por finalizada su campaña y fue rematado. Adquirida en compra el 14 de octubre de 1816 por su capitán comandante Almeida, con el propósito de continuar en el corso contra el comercio español, y solicitó en el día, de las autoridades respectivas, la patente correspondiente, que le fue expedida el 7 de Noviembre bajo el N.° 67, así como los despachos que le habilitarían para ejercerlo, y los de oficiales y cabos de presa, ofreciendo la fianza del conocido comerciante y distinguido ciudadano D. Juan
Pedro Aguirre.

Solicitó entretanto la ciudadanía pero Pueyrredón se la negó el 25 de octubre de 1816 afirmando que la patente de corso era suficiente a los efectos de acreditar que actuaba al servicio de la nación y no como mero pirata.

Segundo Corso
Trece días después de recibida la patente de corso, la goleta “Congreso”, el 20 de Noviembre de 1816, zarpó de la rada interior de Buenos Aires emprendiendo una campaña cuyo objetivo principal era el mar de las Antillas y muy especialmente las inmediaciones de la isla de Cuba que mantenía un comercio activo con la península.

Llevaba a su bordo al coronel D. Manuel Dorrego con orden de deportación a la isla de Haití. Para terminar con este episodio adelantaremos que después de cruzar la goleta algún tiempo en el paralelo de Cabo Frío (costa del Brasil) y en el mar Caribe, habiendo apresado a inmediaciones de Cuba una goleta llamada “San Antonio”, accediendo Almeida a las súplicas del distinguido prisionero, que iba enfermo, lo trasbordó a ella, despachándolo para su destino; pero quiso aún la fatalidad que el cabo de presa, en lugar de cumplir las órdenes recibidas, se pusiera a contrabandear en las Costas de Jamaica hasta que, capturado por un crucero inglés, fue sometido a prisión en la villa de Montego acusado de piratería. Más, habiéndose evadido dicho cabo de presa con los papeles del buque, pudo librarse Dorrego después de diecinueve días de encierro en una fortaleza y de tener algunos votos para ser ahorcado, según confesión propia en carta dirigida al general González Balcarce. — fue expulsado en la primera goletilla que dio la vela para Baltimore (E. U.) en medio de las borrascas del mes de Marzo, y a donde aportó en Abril de 1817.

Volvamos ahora a nuestro corsario. En sólo diez días hizo 16 presas y si bien no siguió a ese ritmo la campaña de cuatro meses en esas aguas le dio grandes ganancias. Entre las presas se encontraban el bergantín “San Antonio de Padua”, capturado el 28 de enero de 1817 con carga de azúcar, tabaco, pañuelos de seda (quemado), la goleta “Nueva Catalina”, el bergantín “San Antonio Abad” (19 de febrero), de Veracruz y en lastre, incendiado, el bergantín “Paz” capturado el 24 de febrero en viaje de Sisal a Habana,13 el bergantín “San José “ de La Habana a Campeche, con carga de brandy y vino y las goletas “María” y “Ardilla” (con carga de zarzaparrilla y 2000 dólares, incendiada).

Combate con el bergantín “Fernando VII”
Al capturar la goleta “Nueva Catalina” la despachó, con las formalidades estatuidas, rumbo al río de la Plata; pero la presencia por las cercanías, de un bergantín español de guerra, “Fernando VII”, hizo sospechar al comandante Almeida una posible represión. Siguiendo sus aguas y convencido de sus intenciones, no vaciló un momento en el partido a tomar, y sin entrar a considerar la diferencia de fuerza y condiciones que le exponía a grave riesgo, decide salirle a la cruzada, y cortándole el rumbo, se atraviesa en su ruta, arbola en lo alto de sus mástiles la blanca y celeste enseña de los libres, que afirma con un cañonazo, cuyo potente estampido parece pronunciar en el eco que rueda sobre las ondas un enérgico: ¡No pasarás!. . .

El íbero no se demuestra remiso ni perezoso en contestar el reto, y alzando a su vez, y también en lo más elevado de su árbol, el gualda y rojo de su patria y de su rey, contesta al cañón de la República con el fuego y el hierro de los suyos.

Siguiese un combate sostenido con valor y tesón por ambas partes, que dura cuatro horas... el tiempo necesario que ha apreciado Almeida para el alejamiento y salvación de su presa en peligro. Obtenido el propósito, calculando que la “Nueva Catalina” está fuera de riesgo, dirige al enemigo su última andanada, le saluda con la bandera con altiva y caballeresca hidalguía, y gobierna en dirección donde aquélla navega libre de toda amenaza. Pero la alcanza y constata que su esfuerzo varonil ha sido inútil, la presa está en poder del enemigo, Un bergantín corsario español, “El Campeador”, se ha apoderado de ella y obligado a seguir sus aguas, como un esclavo a la zaga de su señor . . . ¡ No, pues ! Arriba otra vez los colores del cielo, pronto los artilleros al pie de los cañones, hiera el ambiente el toque de zafarrancho de combate tan grato al oído de los bravos, listos todos a la pelea. El “Campeador” abandona la lucha.

Problemas diplomáticos en Baltimore
Ante necesidad del “Congreso” de recibir reparaciones decide refugiarse en un puerto de la costa americana y elige el de Balfimore, al que arriba el 2 de Abril. Allí siente de inmediato la acción hostil de la diplomacia puesta en juego por el representante español, siendo retirado el barco y acusado de pirata.

El 28 de marzo Almeida se presentó en la corte defendido por el brigadier general William Henry Winder y Walter Dorsey, juez de la corte del condado de Baltimore. El argumento de la defensa era simple: la Congreso no era un buque norteamericano sino de las Provincias Unidas, su propietario (Aguirre) era ciudadano de las Provincias Unidas y también Almeida, lo que en realidad era falso, y Baltimore no era base del corsario sino sólo un puerto seguro. Si bien el juez James Houston no creía en privado en la veracidad de los argumentos y bromeaba incluso ante los cambiantes nombres anglosajones de la lista de tripulantes, desestimó por pruebas insuficientes la causa y ordenó restituirle su nave.
Su tripulación era básicamente extranjera. En su campaña de 1817 iban a bordo 22 ingleses, 17 norteamericanos, 9 porteños, 7 irlandeses, 6 franceses, 3 suecos, 1 portugués de las Islas Azores, 2 españoles, 2 italianos, 2 mallorquines, 1 de Cartagena de Indias, 1 holandés, 1 de Indias Occidentales.

Resumen de su Corso
Almeida trabajando a marcha forzada para alistar su nave y tripulación volvió a partir rumbo a Cádiz, o en palabras del embajador español "aprovechó el primer viento favorable para hacerse a la mar y continuar con gran furia sus atrocidades".

Aquel barco actúo como una escoba del océano desde el mar de las Antillas a las costas españolas, y el resultado de su acción demuestra con la irreplicable verdad del hecho cuan eficaz fue el sistema de corso contra el comercio y el poder militar de la metrópoli, de veinticuatro buques de esta bandera que se cruzaron en su rumbo, escaparon al estrago los que sus apresadores quisieron librar.

Ciento sesenta y siete buques fueron reconocidos, de todas las banderas, entre los que se encontraban
45 Ingleses
40 Norteamericanos
24 Enemigos españoles,
21 Franceses, 1 de ellos de guerra con 8 cañones
15 Portugueses
13 Suecos
3 Dinamarqueses
2 Nacionales (de guerra)
Además de un buque de las siguientes naciones Grecia, Turquía (de guerra con 24 cañones), Hamburgo, Holanda,
Total, 167.

De los veinticuatro navíos españoles cinco fueron entregados a las llamas, una goleta utilizada para enviar prisioneros a la isla de Cuba, ocho embarcaciones menores, costaneras, que fueron devueltas a sus dueños en consideración a su escasez de recursos y en premio y pago del trabajo de trasportar a tierra los prisioneros, una goleta que fue confiada a las órdenes de D. Tomás Cappam con destino a Santo Domingo conduciendo a su bordo al coronel. Manuel Dorrego y pliegos del gobierno argentino para el famoso Petion, dos que se dirigieron a Norfolk y prestaron servicios al general Alina que se había declarado por la causa de la libertad en Méjico después de asombrar con su valor a los franceses en defensa de la independencia española; restando siete que fueron remitidas a Buenos Aires y cuyo detalle es el siguiente:

Bergantín “Tenerife”, capitán Mateo Zalazar, apresado el 3 de julio y declarado buena presa el 9 de octubre de 1817.

Bergantín “San francisco de Asís” (a) Los dos hermanos, capitán Antonio Rodríguez, entró a Buenos Aires en noviembre de 1817.

Bergantín “San Francisco de Paula”. Tomado a la altura del Cabo de Santa María, en viaje de Vigo a Barcelona, cargado con 270 bultos de sardinas prensadas. Su capitán, Guillermo Barrs, entró a Buenos Aires el 6 de diciembre de 1817.

Fragata “Diana“(a) El Pájaro, apresada a la altura de las Baleares, con procedencia de la Habana para Cádiz, cargada de azúcar, cochinilla, café, carey, zarza, campeche y cueros, capitán Jocobo Bartteu, el 3 de diciembre, que estuvo en inminente riesgo de perderse por haber varado en el banco "Chico" y ser abandonada de la tripulación, salvándola personalmente Almeida después de ocho días de trabajos.

Bergantín “Hermosa María”, apresado sobre el Cabo de Santa María, el 4 de octubre de 1817, con procedencia de la Guayra y en viaje a Cádiz, cargado de algodón y cacao, su capitán Tomás Traske.

Fragata “Mariana” (a) La Veloz, capitán Manuel de la Sierra apresada frente a Cádiz, con 512 cajas de azúcar blanca y cuarenta palos de caoba, capitán José Miers, entró al puerto el 19 de diciembre.

Otras presas, como el bergantín “Sereno” y la fragata “San Rafae”l (a) Industria fueron dirigidas a Estados Unidos. La última llegó a Puerto Norfolk y su tripulación robó la mayor parte del cargamento, pero avisada la autoridad local por los patriotas caraqueños salvados por Almeida que iban a su bordo fueron arrestados los ladrones y puestos a buen recaudo los efectos hasta las resultas de la competente reclamación.

Caducado el plazo de su patente, el 24 de noviembre de 1817 el Congreso arribó a Buenos Aires.

Fuentes
“Campañas navales en la guerra de la Independencia” tomo III de Ángel Carranza.
http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Joaqu%C3%ADn_Almeida

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
José Manuel Estrada
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