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 La posición argentina frente al tratado de Tlatelolco (febrero de 1967) y al tratado de No Proliferación Nuclear (junio de 1968)

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sukhoi mki 30

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MensajeTema: La posición argentina frente al tratado de Tlatelolco (febrero de 1967) y al tratado de No Proliferación Nuclear (junio de 1968)   Jue 20 Mayo 2010 - 8:16

La política adoptada por el gobierno de Onganía en materia de desarme y no proliferación nuclear fue un notable ejemplo de occidentalismo heterodoxo. Además, fue uno de los temas de la agenda de política exterior que evidenció una notoria continuidad respecto de las gestiones anteriores. La actitud crítica de la diplomacia argentina hacia el carácter discriminatorio de las medidas de desarme y no proliferación adoptadas en los foros internacionales, y su reclamo al derecho de un desarrollo nuclear pacífico fueron posiciones que, desde mediados de la década de 1940 hasta la llegada del gobierno de Carlos Menem en 1989, se mantuvieron a pesar de los frecuentes cambios de gobierno ocurridos en los últimos cincuenta años de la historia argentina. Por cierto, esta notoria continuidad puede atribuirse a la persistencia de una óptica cultural que llevó a la Argentina a pretender un fuerte protagonismo en materia de política nuclear, aunque éste chocara con los intereses estratégicos de Estados Unidos y otras potencias occidentales. (1)
En numerosas ocasiones la diplomacia argentina sostuvo esta postura crítica a las políticas de no proliferación nuclear y desarme. En febrero de 1967 tuvo lugar la Cuarta Sesión de la Comisión Preparatoria para la Desnuclearización de América Latina (COPREDAL) en México, cuyo objetivo era concretar la firma de un tratado en esta materia. (2) La delegación argentina, presidida por Luis Santiago Sanz, sostuvo que la desnuclearización no era el fin sino un medio para alcanzar el desarme total y completo, y que si se asumía el compromiso sin una justa correspondencia de las potencias que tenían armamentos nucleares, éstas aumentarían sus efectivos de esas armas. (3) Sanz agregó que no venía a discutir un tratado sobre prescripción de armas nucleares en América latina sino tan sólo un proyecto, actitud que fue inicialmente calificada por el resto de los delegados como “no muy clara”. Asimismo, la delegación argentina exigió insertar en las minutas de la COPREDAL una resolución que expresara la solidaridad latinoamericana contra “las potencias extracontinentales que hacen reclamaciones ilícitas” sobre territorios reivindicados por miembros del pacto. Esta exigencia fue percibida por algunos delegados como un esfuerzo argentino por sacar alguna ventaja, aunque fuera de propaganda, sobre Gran Bretaña en la disputa por la soberanía en Malvinas. (4) La delegación argentina reclamó también su derecho a desarrollar sus propias explosiones con fines pacíficos. Esta postura generó la oposición de los delegados de Estados Unidos, Gran Bretaña, Chile, Uruguay y México, que sostuvieron que había muy poca diferencia entre un dispositivo nuclear ensayado para fines pacíficos y uno que pudiese ser empleado con fines bélicos. (5) Finalmente, el 13 de febrero de 1967, 14 países latinoamericanos aprobaron el tratado que proscribe las armas nucleares pero no los usos pacíficos de la energía nuclear en la extensa zona comprendida entre Estados Unidos y la Antártida, resultado que representó un triunfo de la postura sustentada por la Argentina. (6)
La delegación argentina firmó el Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina, conocido como Tratado de Tlatelolco, por entender que no reconocía ninguna categoría de países discriminados y no coartaba el desarrollo pacífico de la energía nuclear. No obstante, el Congreso argentino no lo ratificó, aduciendo que los dos mecanismos de sistema de control establecido por Tlatelolco para evitar la proliferación -los acuerdos de salvaguardia con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y los informes de los estados parte al OPANAL- no aseguraban una adecuada protección al secreto industrial, afectando las tecnologías nucleares nacionales. (7)
Por otra parte, el 21 de mayo de 1968, el embajador argentino ante la ONU, José María Ruda, justificaba la oposición de su gobierno al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), señalando que éste no tomaba en cuenta las necesidades tecnológicas de los países en desarrollo. La Argentina deseaba que el tratado especificara más detalladamente la forma en que los países en desarrollo se beneficiarían con los adelantos tecnológicos de las grandes potencias en materia del uso pacífico de la energía nuclear. La Argentina, como exportador de uranio y el país latinoamericano más adelantado en el terreno nuclear, estaba interesado en las posibilidades de la energía nuclear para el desarrollo. (8)
Al día siguiente, 22 de mayo, en una declaración que encajaba perfectamente con el occidentalismo heterodoxo de su gobierno, Ruda dijo ante la ONU que el gobierno argentino aspiraba a que el tratado fuera mejorado y que apoyaría cualquier gestión para prohibir la diseminación de armas nucleares, aunque sin dejar de defender el principio de independencia de las naciones para el desarrollo crítico de la energía nuclear. (9)
El 12 de junio de 1968, durante el XXII Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU se aprobó, por medio de la Resolución 2373, el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). (10) Hubo 95 votos a favor, 4 en contra y 21 abstenciones, entre ellas la de la Argentina. La Argentina no participó en los trabajos que condujeron a la presentación del proyecto ante las Naciones Unidas, en razón de no ser miembro del Comité de Desarme. El malestar que provocó la no incorporación de la Argentina a este organismo fue una causa inicial de fricción. Por otra parte, el gobierno argentino sostuvo que el TNP resultaba discriminatorio respecto de aquellos estados que no fueran miembros del “Club Nuclear”, integrado por las cinco potencias nucleares -Estados Unidos, Unión Soviética, China, Francia y Gran Bretaña-.
La preocupación central de las autoridades argentinas fue que el TNP coartaba los proyectos de investigación de la Argentina en el campo de la energía nuclear, que incluían explosiones atómicas. En un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre las estrategias a adoptar frente a los Estados Unidos y Gran Bretaña, las autoridades del Palacio San Martín explicitaban sus divergencias con el texto del TNP. Decía el informe:

Las garantías no pueden satisfacer integralmente los requerimientos de seguridad, por cuanto ellas se basan, en última instancia, en su poder disuasivo y éste supone un proceso psicológico a la posibilidad de errores de cálculo. En un sistema internacional en el que operan fuerzas nucleares estratégicas, el fracaso de la función disuasiva de la garantía implica el fracaso de la garantía misma (...) (11)

Durante el XXIII Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1968, el delegado argentino Ruda criticó las medidas de desarme, afirmando que la sola adopción de medidas colaterales periféricas al sistema internacional de poder de ese momento no aportaría la contribución que de ellas se esperaba -asegurar la paz y la seguridad internacionales-, y que el “desarme de los desarmados” no podía ser la vía que permitiera satisfacer los fines de la Organización. (12)
En otras palabras, la intervención de Ruda ante la ONU, en cumplimiento de instrucciones de la Cancillería argentina, reflejaba la visión de los nacionalistas “desarrollistas”, quienes objetaban la presencia en el TNP, de numerosas cláusulas que implicaban una traba al desarrollo nuclear argentino. Así, en ese mismo año de 1968, la delegación argentina sostuvo ante la Primera Comisión de la Asamblea General de la ONU que el TNP podía suponer

(...) La Argentina recibirá con gratitud toda asistencia que pueda concederse por parte de las Grandes Potencias para desenvolver su tecnología nuclear con fines pacíficos, pero no puede aceptar quedar subordinada a una constante dependencia en este campo, más aún cuando en el país están dadas las bases de una técnica nuclear necesaria para nuestro desarrollo económico. No se trata pues para nosotros únicamente de problemas de seguridad, aunque consideramos este concepto como el de mayor valor, sino también, y fundamentalmente un problema de desarrollo. (13)

Asimismo, la delegación argentina criticó la ausencia en el TNP de alguna cláusula que obligara a las potencias nucleares a una disminución en la carrera armamentista:

(...) Nada hace prever, en estos momentos, que a pesar de este avance en el campo de la no proliferación horizontal, existan síntomas que permitan suponer una disminución en la carrera armamentista de quienes tienen la mayoría de las armas. Este Tratado significa paradójicamente el desarme de los desarmados. (14)

Basado en estos dos tipos de objeciones (el carácter discriminatorio de algunas de sus cláusulas y la ausencia de una garantía de tipo negativo que obligase a las potencias nucleares a no usar o a no amenazar con usar las armas nucleares que poseían), el gobierno argentino se negó a firmar el TNP.

*

NOTAS

1.

Ver respecto de esta continuidad de la política exterior argentina en materia de desarme y no proliferación el artículo de Roberto Russell, “La posición argentina frente al desarme, la no proliferación y el uso pacífico de la energía nuclear”, en Varios autores, Desarme y desarrollo. Condiciones nacionales y perspectivas, Buenos Aires, Fundación Arturo Illia-GEL, 1989, pp. 53-64. Respecto de la incidencia de la “variable cultural” en esta continuidad ver Carlos Escudé, “Cultura política y política exterior: el salto cualitativo de la política exterior argentina inaugurada en 1989 (o breve introducción al realismo periférico)”, en Roberto Russell (editor), La política exterior argentina en el nuevo orden mundial, Buenos Aires, GEL, 1992, pp. 169-197. Ver asimismo Carlos Escudé, El realismo de los Estados débiles. La política exterior del primer Gobierno Menem frente a la teoría de las relaciones internacionales, Buenos Aires, GEL, 1995, pp. 11-17.
2.

Las negociaciones conducentes a la firma de un tratado de desnuclearización en América latina tropezaron con numerosas dificultades, derivadas de la oposición de varios países miembros y no miembros de la COPREDAL. Cuba sostuvo desde el arranque de las reuniones que no firmaría el tratado; por su parte, las potencias nucleares, contra los deseos de la delegación argentina, tuvieron poca voluntad de compromiso: China sostuvo que no podía estar obligada por convenios que partían de una organización de la cual no era miembro; la URSS dijo a la comisión que se inclinaba a respetar la zona desnuclearizada sólo “si las otras potencias nucleares asumen una obligación”, y Estados Unidos quiso mantener el derecho a transportar armas nucleares a través de la zona desnuclearizada, derecho al que Venezuela se opuso. Además, el delegado norteamericano sostuvo que el tratado no tenía valor si no era firmado por todas las naciones, y ello incluía a la renuente Cuba, que estaba dentro de la zona libre de armas nucleares. Otra objeción norteamericana al tratado de desnuclearización fue la cláusula del mismo que permitía el desarrollo de artefactos nucleares. El vocero del Departamento de Estado, Robert McCloskey, sostuvo que era prácticamente imposible distinguir entre usos pacíficos y bélicos de la energía nuclear. En este punto, la posición de Washington se enfrentaba a la de las autoridades de Buenos Aires, que reclamaron el derecho al desarrollo pacífico de la energía nuclear. Por su parte, Brasil coincidió con la postura norteamericana en cuanto a la existencia de una cláusula que pusiera al tratado en vigencia sólo cuando todas las naciones de la zona a desnuclearizar lo hubieran firmado. Pero Brasil y Colombia agregaron que además también las cinco potencias nucleares se debían comprometer a no violar el tratado. Clarín, 1º de febrero de 1967, p. 9; “México: Acuerdo de Desnuclearización”, por Manuel Gutiérrez Balcazar, editorial de Clarín, 5 de febrero de 1967, p. 6, y “Tropieza con obstáculos el Tratado para librar a Latinoamérica de armas atómicas”, Clarín, 5 de febrero de 1967, p. 6, y Clarín, 7 de febrero de 1967, p. 4.
3.

Declaración del delegado argentino en la Cuarta Sesión de la COPREDAL, Luis Santiago Sanz, cit. en Clarín, 2 de febrero de 1967, p. 7.
4.

Cabe aclarar que Guatemala respaldó la posición argentina en contra del artículo del proyecto de tratado de desnuclearización que incluía como firmantes del mismo a aquellos estados extracontinentales que tuvieran “de jure o de facto” territorios situados al sur del paralelo 30 en América. Este artículo permitía que países extrarregionales como Gran Bretaña, Francia y Holanda firmaran el tratado. La negativa argentina y guatemalteca se fundamentó en el hecho de que estos dos países no deseaban que se sentara ningún precedente en contra de las reivindicaciones territoriales que sostenían, respectivamente, sobre las islas Malvinas y Belice. “México: Acuerdo de Desnuclearización”, por Manuel Gutiérrez Balcazar, editorial de Clarín, 5 de febrero de 1967, p. 6; Clarín, 9 de febrero de 1967, p. 2; Clarín, 12 de febrero de 1967, p. 12.
5.

Clarín, 10 de febrero de 1967, p. 7.
6.

Ver al respecto “Proscribió Latinoamérica el armamento nuclear”, La Prensa, 14 de febrero de 1967, p. 2; editorial “La proscripción nuclear en América Latina”, La Prensa, 15 de febrero de 1967, p. 6, y Clarín, 15 de febrero de 1967, p.5.
7.

R. Russell, “La posición argentina frente al desarme...”, op. cit., p. 62.
8.

Declaración del embajador argentino ante la ONU, José María Ruda, del 21 de mayo de 1968, citada en “Veda nuclear: Objeciones argentinas”, Clarín, 22 de mayo de 1968, p. 11.
9.

Declaración del embajador argentino ante la ONU, José María Ruda, del 22 de mayo de 1968, citada en “Pide nuestro país que sea mejorado el Tratado de Proscripción Nuclear”, Clarín, 23 de mayo de 1968, p. 2.
10.

La Asamblea General de la ONU recomendó la firma del TNP en junio de 1970. El gobierno de Estados Unidos firmó el TNP en julio de 1969 y lo ratificó en marzo de 1970. Ver al respecto Jentleson, Bruce W. y Paterson, Thomas G., (editors), Encyclopedia of U.S. Foreign Relations, volume 3, Oxford University Press, New York, Oxford, 1997, p. 286.
11.

Informe sobre la estrategia a adoptar frente a los Estados Unidos y la Gran Bretaña, Buenos Aires, Ministerio de Relaciones Exteriores, 1968, cit. en J.A. Lanús, op. cit., vol. II, p. 126.
12.

Intervención del doctor Ruda ante el XXIII Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, diciembre de 1968, citada en J.A. Lanús, op. cit., vol. II, pp. 120-121.
13.

José María Ruda, “La posición argentina en cuanto al Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares”, Estrategia, Nº 9, Buenos Aires, enero-febrero 1971, p. 77.
14.

Ibid., p. 79.

fuente : http://www.argentina-rree.com/14/14-020.htm
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oscarlivy

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MensajeTema: Re: La posición argentina frente al tratado de Tlatelolco (febrero de 1967) y al tratado de No Proliferación Nuclear (junio de 1968)   Vie 25 Mayo 2012 - 17:39

Cuantos Mengueles hay en el mundo supuestamente civilizado. hace repensar muchas cosas.
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dacius



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MensajeTema: hola como estan   Sáb 26 Mayo 2012 - 21:42

Al final la Argentina firmo o no el tratado de no proliferación.
Tengo entendido que con Brasil se firmo un acuerdo de mutuo control y inspecciones de sus respectivos programas.
¿Brasil realizo una explosión subterránea no?
¿Cuanto tardaría Argentina en tener una bomba nuclear funcional con el presupuesto adecuado?
argentina!!
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wpascu

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MensajeTema: Re: La posición argentina frente al tratado de Tlatelolco (febrero de 1967) y al tratado de No Proliferación Nuclear (junio de 1968)   Sáb 26 Mayo 2012 - 22:05

dacius escribió:
Al final la Argentina firmo o no el tratado de no proliferación.
Tengo entendido que con Brasil se firmo un acuerdo de mutuo control y inspecciones de sus respectivos programas.
¿Brasil realizo una explosión subterránea no?
¿Cuanto tardaría Argentina en tener una bomba nuclear funcional con el presupuesto adecuado?
argentina!!
En el libro blanco de la defensa están todos los tratados que firmó argentina.
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