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 Aquel otro 2 de Abril: Azules y Colorados

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bashar
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MensajeTema: Aquel otro 2 de Abril: Azules y Colorados   Sáb 16 Mar 2013 - 15:39

EL OTRO 2 DE ABRIL: Azules y colorados

Una fecha de la historia argentina reciente, tan cara a nuestros sentimientos, fue la del 2 de abril de 1982. Pero hay otro 2 de abril, el de 1963, en que sucedió un hecho en el que también se dio participación a conscriptos con pocos días de instrucción militar, los de la clase 1942, que como los de la clase 1963, vieron la guerra de cerca y a sus compañeros mutilados y muertos, y se repitieron nombres que tiempo después volverían a la escena pública: Menendez, Rattenbach.

Fue el enfrentamiento entre “azules” (“fuerzas propias” en lenguaje militar) y “colorados” dos facciones del Ejército enfrentadas, con distintas ideologías e intereses. Se sublevó la Marina, encabezada por el almirante Rojas, siendo su objetivo evitar las elecciones convocadas, y de ese modo erradicar la participación del peronismo en la política Nacional.

La convulsionada y anárquica década del 60 vio nacer dos facciones en las Fuerzas Armadas. Azules y Colorados se enfrentaron duramente en 1962 y 1963, llegando al derramamiento de sangre. El último choque, que dejó 24 muertos y 87 heridos, se inició con un alzamiento del bando Colorado que buscó derrocar al presidente José María Guido. En tres días los Azules se impusieron, lo que dio paso a purgas masivas en el Ejército y la Armada.
Ese día amaneció espléndido, propicio al plan de los conjurados, que pretendían ungir presidente a un conspirador veterano, el general retirado Benjamín Menéndez, "comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias de Aire, Mar y Tierra". El almirante Rojas estaba entre los complotados.

La Armada se sumó casi en pleno a la sublevación. En el Ejército, los rebeldes contrarios a la cúpula azul, encabezados por el general retirado Federico Toranzo Montero, lograron controlar algunas unidades del interior, mientras que en la Fuerza Aérea no pudo imponerse el sector minoritario del comodoro Lentino.

Para comprender esta pelea hay que retroceder a 1955, a la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Perón y proscribió su movimiento. En 1958, Arturo Frondizi pactó y ganó las elecciones con los votos del líder exiliado. Los militares no se lo perdonaron, y menos que recibiera en secreto al Che Guevara en agosto de 1961. Frondizi fue derrocado ocho meses después y en su lugar asumió el senador Guido, condicionado por el "Partido Militar".

Antiperonista, anticomunista y alentado por un puñado de conspiradores ambiciosos, "el Partido Militar, en contacto con el oxígeno político se oxidó rápidamente y como todo partido argentino que respete la tradición, se dividió en dos. Así nacieron los azules y colorados", escribió un testigo de la época, el periodista Rogelio García Lupo.

Tenían contrastes: eran "antiperonistas pero en distinta forma", según el historiador Alain Rouquié. Para los colorados, el peronismo era un movimiento sectario y violento que daba lugar al comunismo. Para los azules, pese a su demagogia y sus abusos, el peronismo era una fuerza cristiana y nacional que había salvado a la clase obrera del comunismo y la subversión.
Los azules ("fuerzas propias" en lenguaje militar) nacieron como tales en setiembre de 1962 y llamaron "colorados" (los "enemigos") a sus rivales. Mediante la acción psicológica y el comunicado 150 se vendieron como "legalistas" y, tras cuatro días de escaramuzas, encumbraron a Juan Carlos Onganía como jefe del Ejército.

El día elegido fue ese 2 de abril. El combate más grave involucró al Regimiento 8 de Tanques de Magdalena y a su vecina Base de Aviación Naval de Punta Indio. El comandante de Punta Indio, capitán de navío Santiago Sabarots, intimó sin éxito al jefe tanquista, coronel Alcides López Aufranc, a unirse a la revuelta. Desde una avioneta se arrojaron panfletos dando 20 minutos de plazo previos al ataque. "El escuadrón era un hormiguero, y la orden fue evacuar el cuartel. A las 12.30 comenzó a ser atacado por aviones Panther y Corsario con fuego de metralla, bombas incendiarias y destructivas" , recuerda el conscripto clase 42 Hermindo Belastegui. Impactado por años por esa vivencia, este ex obrero metalúrgico plasmó su recuerdo en “El C-8 no se rinde”, . El libro relata cómo fueron atacados todo el día con más de cien bombas, también de napalm. Hubo 9 soldados muertos y 22 heridos.







Antecedentes:

La situación se había preparado en Septiembre de 1962, con la lucha dentro del Seno del Ejército.

El día 18 de Septiembre,de 1962, el clima de ansiedad aumenta y los diarios dejan traslucir con mayor precisión lo que está aconteciendo.

También "La Razón" habla de "cierto nerviosismo" que se debe al relevo y arresto del director de la Escuela de Mecánica del Ejército, coronel Roberto Arredondo, y del subdirector del mismo establecimiento, el teniente coronel Carlos M. Padrón, y del jefe del Cuerpo de Aspirantes, teniente coronel Ramón E. Molina, por reuniones ajenas a su labor y en las que se vertieron opiniones "no precisamente de acatamiento a los mandos neutrales".El otro motivo del "nerviosismo" es que el general Carlos Aníbal Peralta -ex secretario de Guerra y, hasta hace poco tiempo, director de la Escuela Superior de Guerra- presentó un memorial al secretario de Guerra en nombre del sector "legalista".Esa noche se reúne el secretario de Guerra, general Octavio Cornejo Saravia, con el subsecretario Carlos Caro -que se considera proclive a los rebeldes- y los hombres cuestionados: el comandante en jefe, general Lorio, y el jefe del Estado Mayor, Labayrú.

En esa misma crónica se señala que: "Resulta difícil saber entre 'legalistas y rebeldes' quiénes usan ajustadamente el término".

Campo de Mayo se ha sublevado. La noticia corre, pero sin embargo, "La Razón" se mantiene prudente, dando como versión que "en Campo de Mayo se habría concretado un estado de desobediencia" y comenta una "reunión realizada la noche anterior en la casa de Onganía, ex comandante del Cuerpo de Artillería, a la que asistieron, entre otros: el coronel Alejandro Lanusse, Toscano, Aguirre Arrieta, el ex ministro de Defensa, Rodolfo Martínez, y los recientemente sancionados Arredondo y Molina". ¿El punto en común? La disidencia con el nombramiento de Labayrú y Lorio.

Por si quedaran dudas respecto al tipo de crítica que hace Campo de Mayo a Lorio y Labayrú, el diario comenta el contenido de un panfleto, que no sabemos si existió o no, y que habría sido "volanteado" desde la Secretaría de Guerra, en el que se explica con lujo de detalles los motivos del descontento. El panfleto hace referencia a la Ley 14767, según la cual el retiro es definitivo y produce vacante de grado, por lo cual Lorio y Labayrú no podrían haber sido ascendidos y pasados a situación de actividad después del mismo. ¿Es ésta la legalidad que defienden los "azules"? Esta también.

Las tropas en movimiento inician una estrategia de medición de fuerzas.
Recién el 19 estalla en titulares el suceso "Movimiento de tropas", que anuncia el vespertino, y relata los hechos ocurridos la noche anterior.
El detonante: el relevo del general Pistarini como comandante del Cuerpo de Caballería y del general Julio Aisogaray como comandante de la División de Caballería Blindada Número Uno.

El relato de los hechos, hora por hora, es el siguiente, con nuestras palabras: 18.30: el subsecretario general Carlos Caro se dirige a Campo de Mayo, designado comandante de la Primera División Blindada de Caballería, con asiento en dicho lugar, y comandante de la guarnición.

18.40: Algo ha sucedido porque se declara el acuartelamiento de la Policía Federal.

18.45: Se reúnen en el Ministerio de Defensa el señor Lanús, el secretario de Guerra, Cornejo Saravia, el comandante en jefe Lorio y los titulares de Marina y Aeronáutica.

19.00: Juan Carlos Onganía, ex jefe de Caballería, se ha constituido en la Escuela General Lemos, de Campo de Mayo.

20.00: Llega a todos los medios de difusión el pronunciamiento del general Osiris Villegas, de la División de Caballería, con asiento en Concordia, que, al ser un radiograma, deja por primera vez sentado el motivo de la rebelión de los legalistas: "Por compartir criterio sustentado por comandante del Cuerpo de Caballería y comandante de la Primera División Blindada, desconozco la autoridad de mando de los generales Lorio y Labayrú, esperando patriótico renunciamiento de los mismos".
Osiris Villegas anuncia que la Cuarta División de Caballería, con asiento en Curuzú Cuatiá, también se pliega y reconoce como comandante en jefe al general Pistarini.

20.15: Se produce el primer informe sobre lo que está sucediendo en Campo de Mayo cuando el coronel Lanusse, jefe del Centro de Instrucción de Caballería, con asiento en Campo de Mayo, informa a los periodistas acreditados en Casa de Gobierno, telefónicamente, sobre los últimos acontecimientos: La llegada de Caro, que se reúne con Alsogaray, Pistarini, Lanusse y otros, y luego parlamenta con Onganía a solas, para retirarse con el objeto -supuestamente- de presentar su renuncia.

Lanusse confirma que en Campo de Mayo Onganía ha tomado el mando. Asegura que esperan la decisión definitiva del presidente de la Nación, proponiendo al Ejército como una institución castrense y no como una organización dedicada a la materialización de ambiciones políticas. Presenta sus objetivos, que son: Salvaguardar la Constitución y el plan político vigentes, que culminará con el "restablecimiento pleno de la vigencia de la ley".
En tanto, el presidente Guido permanece reunido con los ministros de Relaciones Exteriores, del Interior y, eventualmente, con Lanússe, y el Ministerio de Defensa, que está en contacto permanente con los altos mandos.
A las 21 llega Caro, que se suma a la reunión en el Ministerio de Defensa y no parece renunciar, como había previsto Lanusse.
Toda esa noche, mientras el país duerme apaciblemente, los dos bandos se mantienen en vela.

A las 23.25 el jefe de la guarnición de Tandil, Olavarría y Santa Rosa, general Oriondo, informa que "no tiene conocimiento de un comando 'paralelo' encabezado por Onganía" y las versiones indican que el jefe del Regimiento Primero de Caballería, coronel Fernando Dubra, estaría arrestado en Tandil.

A las 23.40 se conoce el acuartelamiento de los Granaderos a Caballo y de la Escuela Superior de Guerra.

A las 0.10 del día 19, efectivos de la Gendarmería y del Ejército se presentan en la Central de Comunicaciones de Cuyo, para tomar la emisora. Momentos antes, comandos civiles que apoyan a los "azules" habían hecho lo mismo con Radio Nacional y Radio Pacheco.

Una hora después llega a Campo de Mayo el helicóptero de Guevara.

En la madrugada los periodistas apostados en Campo de Mayo entregan al general Onganía un cuestionario basado en los siguientes puntos: Si Onganía se apresta a defender la posición de Campo de Mayo hasta sus últimas consecuencias; si hay arrestos militares dentro de la guarnición; ¿qué unidades lo apoyan?; si se ha solicitado la renuncia de Lorio y Labayrú.

La respuesta llega 35 minutos más tarde: "El comando constituido en Campo de Mayo ha solicitado que se dejen sin efecto las convocatorias y ascensos del comandante en jefe (Lorio) y del jefe del Estado Mayor General del Ejército (Labayrú), por considerar que dichas situaciones están en contra de disposiciones reglamentarias y que, por lo tanto, son inaceptables. Campo de Mayo sostiene el compromiso contraído por las Fuerzas Armadas en repetidas oportunidades y sostiene al actual Poder Ejecutivo en la medida en que sus actos sean conducentes a la normalización constitucional en cumplimiento estricto de las leyes vigentes. Los movimientos de Campo de Mayo son los normales en estas situaciones, es decir, está alistado. La masa del ejército apoya al comando constituido en el lugar.

Fracasan las negociaciones y, pese a los desmentidos, el enfrentamiento es un hecho

En una reunión realizada entrada la madrugada en la Casa de Gobierno, Cornejo Saravía confiesa que se han tomado medidas de prevención, pero descarta que se hayan tomado medidas de represión en el interior del país. Guido se retira a la residencia presidencial de Olivos y se afirma que el general Caro continúa en el cargo de subsecretario de Guerra. Luego de una aparente calma hasta la mañana, dos jefes de Campo de Mayo se entrevistan con Cornejo Saravia. Al mediodía circula la versión de que los dos jefes en cuestión, Villegas y Oriondo, habían sido relevados y detenidos.
Se propala como un reguero de pólvora que el parlamento entre los dos bandos había concluido y que, en cualquier momento, se podrían desencadenar los acontecimientos.

Como para confirmar esta especie se produce, poco después, el desplazamiento del Regimiento de Caballería Blindada Cazadores General Necochea, desde Magdalena hacia La Plata.

Mientras Guido hace su entrada en la Casa Rosada, al mediodía, los jefes de Campo de Mayo, Aisogaray, Pistarini y Lanusse están reunidos y disponiendo los aprestos. En la Secretaría de Guerra se afanaban en desmentir los hechos mediante comunicados: "Ante las informaciones difundidas sobre movimientos de tanques que, partiendo desde Magdalena se dirigen hacia la ciudad de La Plata, la Secretaría de Guerra aclara que no ha habido tal movimiento de tanques, habiéndose comprobado que se trata solamente de vehículos de exploración adelantados, permaneciendo los efectivos en la unidad de Magdalena".

En la madrugada de ese 19 se produce un acontecimiento alarmante para la población: se vuelan dos puentes para cortar el avance de esos tanques hacia La Plata. Los estallidos se producen cerca de la capital bonaerense. La policía de Ensenada y Berisso, junto con la de La Plata, se moviliza. En la base naval de Río Santiago se informa que "se desconoce el origen de lo ocurrido". Finalmente, la policía determina que ha sido volado un puente en la ruta 11, entre las ciudades de Magdalena y La Plata, en el paraje denominado "El Pescado". La orden de voladura había sido impartida por la Secretaría de Guerra y cumplida por el coronel Marco Aurelio Lobo, comandante de la Segunda División del Ejército, con asiento en La Plata. Se moviliza también en esta ciudad el Batallón Geográfico Militar y, desde City Bell, el Regimiento VII de Infantería y el Batallón II de Comunicaciones, para encontrarse en Florencio Varela y oponerse a los tanques de Magdalena que avanzaban por la ruta 2.

Mientras tanto, en Campo de Mayo el nerviosismo se acrecentaba y las reuniones se sucedían unas a otras. El capitán de navío Lonkhart, jefe de la Casa Militar de la Presidencia, va a entrevistarse con Onganía y Pistarino, y en el camino es interpelado por el coronel Levingston, quien, enérgicamente, le dice: "¡Que se pruebe quiénes son los criminales que están perturbando la vida del país! Como puede usted ver, aquí están todas las jerarquías del Ejército. Tiene que transmitir esta realidad al doctor Guido". Luego, Lonkhart y Onganía se dirigen a la Capital para entrevistarse con Guido.

En Palermo, los Regimientos I y II de Infantería hacen saber de su acatamiento a la Secretaría de Guerra y señalan que aún dentro de Campo de Mayo cuentan con importantes efectivos: La Escuela de Suboficiales Sargento Cabra!, el Batallón Número I de Zapadores Blindados y la Gendarmería Nacional. Fuera del acantonamiento cuenta con la D1, la D2, la D3, la D4, la D7 y la D8 en distintos puntos de Buenos Aires y del interior del país. En la madrugada del 20, estos regimientos de Infantería de Palermo inician la marcha hacia el sur por la avenida Santa Fe, con veinte vehículos con tropas armadas.

En esa misma madrugada el general Rattenbach intenta evitar el derramamiento de sangre que se avecina. Para ello se entrevista con Cornejo Saravia y le propone el relevo o renunciamiento de Lorio y Labayrú.

Los "azules" se deciden y Campo de Mayo avanza hacia Buenos Aires.

Campo de Mayo considera agotadas las instancias y se ordena a los efectivos de Magdalena marchar sobre Buenos Aires.
Los "colorados", por su parte, inician su convergencia sobre las posiciones "azules".

La Federación Universitaria Argentina señala que "repudia una vez más las maniobras antinacionales de sectores militares que juegan con el destino del país y sumen a la población en la amenaza y el peligro permanentes".

La Marina comienza a tomar partido en el conflicto y llama a las naves que están tomando parte en el operativo Unitas Tres, para que se pongan en camino a Buenos Aires.

A las 11 de la mañana del día 20, emite un comunicado la Secretaría de Guerra:

"1°) El Ejército está recibiendo del Comando en Jefe las órdenes necesarias para iniciar, desde los dispositivos alcanzados anoche, las operaciones para reducir al foco rebelde. El Cuerpo de Ejército ha sido reforzado con las siguientes unidades que ya se encuentran sobre el terreno: Escuela de Artillería Antiaérea de Mar del Plata, Grupo II de Artillería de Azul, Grupo II de Artillería pesada y Comando de Artillería DI y D2, Regimiento II de Caballería de Olavarría y Escuela de Tropas Aerotransportadas de Córdoba. Desde el litoral marchan el Regimiento II de Infantería desde Santa Fe y el Grupo III de Artillería Antiaérea de Guadalupe, que alcanzaron Rosario a media mañana. La Escuela de Suboficiales se desplaza para reforzar las filas del Ejército Primero.
"El Comando en Jefe del Ejército mantiene con completa firmeza su decisión de terminar con la acción del sector rebelde, llevando esta resolución hasta las últimas consecuencias.

"2°) El Comando en Jefe del Ejército hace saber: Primero: que los oficiales alumnos de la Escuela Superior de Guerra se han presentado en su mayoría en sus puestos, testimoniando su lealtad a este Comando en Jefe. Segundo: Algunos oficiales pertenecientes al Centro de Instrucción Logística General Lemos se han presentado a este Comando, expresando que han adoptado esta actitud en vista de que en esa unidad se ha deteriorado gravemente la situación interna y la moral de los cuadros está desmoronada. "

En medio de una gran tensión, que se iba acrecentando a medida que pasaban las horas, hace su entrada en la quinta de Olivos Onganía, acompañado por Levingston y, posteriormente, el general Caro y el general Rosas. Onganía y el subsecretario de Guerra se retiran sin hacer declaraciones.

Las fuerzas coloradas tratan de desmoralizar a sus oponentes y, por medio de la Secretaría, dan el siguiente comunicado: "Ha comenzado a cundir el desaliento en las fuerzas rebeldes, las que ven menguado su caudal por deserción continua de oficiales con su tropa, que se han dado cuenta del error a que fueron inducidos por los jefes insurgentes".

Ricardo Balbín también eleva una nota a Guido en la que expresa: "Nadie puede quedarse impasible frente a la inminencia de una lucha fratricida. Reclamamos un instante de reflexión y sensatez. Se debe evitar el derramamiento de sangre de nuestros jóvenes soldados, que son entraña de nuestro pueblo. Es menester retomar con urgencia al imperio de la ley, del orden y de la disciplina, y guardar las armas para el momento en que esté en juego la defensa de la soberanía de la República y la integridad del territorio nacional".
El general Caro renuncia a su cargo de subsecretario de Guerra y Cornejo Saravia designa en su reemplazo al general Juan Carlos Reyes.
Los desplazamientos bélicos continúan. En Florencio Várela los tanques de Magdalena provocan el repliegue de los efectivos del Centro de Instrucción de Artillería Antiaérea.
Mientras, en la ciudad de Buenos Aires, se requisan ómnibus frente a la Secretaria de Guerra para ser utilizados en barricadas.
La Confederación General Económica también hace un llamamiento a la reflexión y al renunciamiento para evitar un "trágico enfrentamiento".
Al caer la noche, LR3, Radio Belgrano, en poder de los "azules" emite el siguiente comunicado: "A raíz de un pedido del Excelentísimo Señor Presidente de la Nación, el Comando de las Fuerzas de Campo de Mayo ordenó a las tropas a su mando detener sus movimientos entre las 23.05 del día de hoy y la 1.15 de la mañana. Las tropas continuarán con los desplazamientos previstos. Se comunica que durante ese lapso, este comando se abstendrá de efectuar comunicados radiales, salvo la repetición del presente. Firmado: Juan Carlos Onganía, general de Brigada".
Efectivos colorados formaron barricadas en Entre Ríos y Garay; el centro de la ciudad adquiría la fisonomía de una ciudad en guerra.
Aramburu declara "imprescindible" dar salida por las urnas al problema nacional.
El 21 de setiembre la Marina propone una reunión formal con jefes de las tres armas a fin de detener el enfrentamiento, con el propósito de: "Evitar el caos general y entregar el país a cualquier tipo de comunismo y extremismo, a cuya consecución se llegaría mediante la disociación de las instituciones".
Campo de Mayo da una respuesta negativa a la Marina y no acepta más conferencias fuera de su comando. Acto seguido, envía a la Compañía X sobre Buenos Aires. Marina también realiza aprestos movilizando al Regimiento I de Infantería y a la Escuela de Mecánica de la Armada.
En la madrugada, las acciones más importantes se desarrollan en la zona de Florencio Várela.
3 horas: Un avión sobrevuela las fuerzas coloradas destacadas en la zona. Se efectúan disparos de batería antiaérea. Estas fuerzas vuelan dos puentes de la ruta a Brandsen.

4.30: Tanques de Magdalena abren fuego en el cruce de Etcheverry y ruta 2 contra colorados que intentaban cortar su avance. Estos se repliegan sin bajas para ambos bandos por la ruta a Brandsen.

10.30: La Segunda División de Infantería de La Plata, que responde al comandante en jefe del Ejercito, general Lorio, toma LS11, Radio Provincia.

12.00: La columna de tanques de Magdalena continúa avanzando fuera de la ruta 2 a campo traviesa.

Al comenzar el día 22 las acciones se concentran en la capital de la república: Constitución, Parque Chacabuco, Parque Avellaneda son los epicentros donde se suceden las escaramuzas. Ante versiones que daban como renunciante a Guido, la Secretaría de Prensa de la Presidencia afirma: "Ante versiones circulantes, según las cuales el señor Presidente de la Nación habría declinado su cargo, se las desautoriza categóricamente".

A las 21.45 del día 22 de setiembre de 1962 finaliza el enfrentamiento entre azules y colorados con la rendición de éstos últimos. El comunicado 149, propalado a esa hora, anuncia la designación de Juan Carlos Onganía como comandante en jefe del Ejército. Al día siguiente a las 12 se difundiría el comunicado 150.

El general Federico Toranzo Montero fue arrestado junto con doce .camaradas, entre los que se encontraban los generales Lorio, Labayrú, Martijena, Túrolo, Cornejo Saravia, Bonnecarrere y Elisondo. Ochenta y cinco oficiales superiores (coroneles o mayores) fueron arrestados en Campo de Mayo y cincuenta y dos en diferentes guarniciones. Los oficiales subalternos no fueron sancionados.
El triunfo de los azules no sólo aseguraba a Guido en la Presidencia, y de alguna manera la continuidad institucional, sino que parecía haber terminado con la injerencia de los sectores militares en la política… pero no sería asi.

El contraataque Colorado
La derrota militar de los colorados en los sucesos de setiembre lejos estaba de suponer una derrota definitiva. En realidad, lo que hizo fue abrir las compuertas para que la lucha continuara en otro campo: el político.

Los hechos consumados tuvieron como consecuencia inmediata la reestructuración del gabinete en donde se reflejaron los cambios en la relación de fuerzas. En el Ministerio del Interior se nombró nuevamente a Rodolfo Martínez y en Relaciones Exteriores a Carlos M. Muñiz, de la Unión Cívica Radical Intransigente, al igual que el Presidente de la República.

Señalamos esta última "coincidencia" porque es curioso cómo, en la mayor parte de los textos sobre la historia argentina en ese período, pasan por alto la presencia del presidente Guido, quien se tuvo que adaptar, calladamente, a los cambios ministeriales que resolvían las Fuerzas Armadas.
Era tal la participación de ellas en el ejercicio real del poder que, meses más tarde, el general Rauch llegó a proponer que el cargo de ministro del Interior estuviera ocupado, por norma, por un miembro de estas fuerzas. Pero a eso llegaremos más adelante.
Por ahora nos detendremos en la lucha política que estalló a partir de que los "azules" garantizaron la continuación de la "legalidad" y la salida electoral para el 7 de julio de 1963.







Entre tanta mediocridad, Onganía se perfila con brillo propio

Otra de la consecuencias políticas de los acontecimientos de setiembre fue lo que señala Félix Luna: "La proyección popular de la imagen de Onganía como un jefe comprometido con el orden y la legalidad y, además, con espíritu de lucha y valor personal. La opinión pública se sintió impresionada con este soldado de espesos bigotes y lacónicas palabras que, sin vacilaciones ni tibiezas, había terminado, en pocos días, con el 'golpismo' y el 'gorilismo' del Ejército. Desde 1945 un militar no despertaba resonancias semejantes en el corazón del pueblo".

Como ejemplo de esta naciente "popularidad" del jefe de los "azules", el historiador cita aquel estribillo que se popularizó en la hinchada de Boca Juniors que decía: "¡Melones! ¡Sandías! ¡A Boca no lo paran ni los tanques de Onganía!"

Una nueva figura entraba a tallar con peso propio desde las filas del Ejército, pero no era la primera vez que sucedía. En otro color y en otras circunstancias, Aramburu también había logrado traspasar sus condiciones de líder de las Fuerzas Armadas al campo político y le toca desempeñar un papel importante en estas elecciones, en las que logra ubicar a UDELPA (Unión del Pueblo Argentino) en tercer lugar con 1.326.855 votos.

Fue una opción ante un radicalismo dividido, anémico, y un peronismo proscripto y perseguido.

Pero a nadie se le ocurría comparar a Aramburu con Perón, su enemigo acérrimo -al menos hasta ese momento- si no fuera desde una óptica despolitizada que mide sólo la injerencia de las Fuerzas Armadas en la estructura de poder en la Argentina (análisis muy rico que desarrolla bien el sociólogo José Luis Imaz).
La "popularidad" de Onganía en un primer momento se debe a dos razones conexas. La primera es una característica psicosocial: la necesidad de encontrar líderes que asuman los valores morales y espirituales de un pueblo.

La destreza, el valor, la fuerza, la capacidad táctica son valores arraigados en el pueblo, que busca y encuentra sus ídolos fundamentalmente en dos campos: el deportivo y el militar. En ambos se desencadena una lucha entre dos bandos, lo que hace fácil tomar la determinación de estar de un lado o del otro, cosa que no siempre sucede en la realidad, en la que se transita, casi toda la vida, por los matices.

Además de esta característica común a todos los pueblos -al menos los occidentales y "cristianos"-, en una sociedad altamente militarizada como la Argentina, que desde 1943 a 1958 vivió o en una dictadura militar o gobernada por un líder de ese origen y los otros cuatro años que la separan del momento que estamos viendo, tuvo un gobierno civil que soportó graves presiones de este sector, no es raro que parte del pueblo, dirigentes políticos, e inclusive algunos dirigentes sindicales, pusieran sus ojos en las Fuerzas Armadas como si fueran una especie de "semillero" donde se podía encontrar con facilidad un "líder".

La experiencia de Perón, que había logrado el apoyo popular, y que de coronel "influyente" del Ejército pasó, en poco tiempo, a constituirse en el líder indiscutido del pueblo argentino, marcaba a fuego la conciencia política y funcionaba como un modelo interno para mirar la realidad.

Onganía, además, tenía algunas características que lo acercaban a esa imagen; por ejemplo, su proclamado nacionalismo y su posición contra el golpismo "gorila" (por eso la comparación de Luna no es tan errada).

Todo esto hizo sembrar expectativas alrededor de su persona como candidato de un nuevo frente político para estas elecciones, conformado por el viejo pacto Perón-Frondizi, al que se sumarían los conservadores populares y sectores de las Fuerzas Armadas, además de otras fuerzas.

En busca de objetivos coincidentes nace a la política el Frente Nacional y Popular
Alain Rouquié define este frente como el lugar donde "los militares azules tenían que ponerse de acuerdo con los peronistas respetuosos, notables locales o burócratas sindicales, a fin de formar una alianza de grupos políticos y de clases sociales análoga a la que anhelaban Frigerio y sus acólitos: una coalición de 'productores' (obreros e industriales) interesados en modernizar el país con el apoyo de un Ejército resueltamente industrialista", hasta aquí el texto de Rouquié.

El principal gestor de esta idea, que movió los hilos durante este período desde el Ministerio del Interior, fue Rodolfo Martínez.

Frondizi y Frigerio vinieron a llamar "productores" a los que Perón, apoyado por la clase obrera, llamó "una sola clase de hombres: los que trabajan". El interés era "defenderlos", no "igualarlos" oponiéndolos como unidad frente a la oligarquía agroexportadora que creía que podía prescindir de los sectores industriales que tanto conflicto traían al país; una clase ociosa que vive de rentas y que está aliada al imperialismo por su extrema dependencia del mercado exterior.

En el Ejército, por un lado crecía el compromiso con la política de defensa continental delineada desde el Pentágono, por la cual los enemigos estaban, ahora, de las fronteras para "adentro" y, como lógica contrapartida, los aliados estaban "afuera", concepción que empezó a delinearse al final de la guerra, en 1945, como señalamos al inicio de este trabajo.

Pero, por otra parte, los mandos cada vez tomaban más conciencia de las falencias del material bélico que Estados Unidos les "prestaba" por algunos años, manteniendo, con la propiedad, el derecho a intervenir en las decisiones para su utilización. Lo que la potencia del Norte vendía a los ejércitos latinoamericanos era material de desecho, casi inútil, pagado a altos costos. La falta de modernización hundía más a las Fuerzas Armadas, convirtiéndolas en meros custodios de los intereses norteamericanos en la región.

Esta situación, alimentó posiciones industrialistas, sobre todo en el Ejército, e impulsó planes de desarrollo de industrias de base -en especial las vinculadas con la producción de guerra-, de modernización del Estado y de actualización de la infraestructura: todo cuanto a usinas hidroeléctricas, puentes y caminos se refiere.
Había condiciones para que estos sectores del Ejército se sumaran a un proyecto "industrialista" digitado por el frigerismo con el apoyo popular del general Perón.
Civiles y militares se pusieron en marcha con el fin de hacer coincidir, en la práctica política, un plan que, desde afuera, desde el punto de vista de un observador ajeno a las particulares características de nuestro país, parecería totalmente descabellado.

El frente reaviva el sentimiento "gorila" de los sectores militares

Católicos y ateos, frondicistas, desarrollistas, corporativistas y peronistas, obreros y burgueses, civiles y militares sumaban fuerzas coordinados por tres figuras ausentes: Perón desde Madrid, a través de su delegado personal y de una amplia y bien manejada correspondencia, mantenía casi intacto su poder de convocatoria. Frondizi, desde su confinación en Bariloche y Rogelio Frigerio -el "Maquiavelo" de la política desarrollista- que actuaba incansablemente desde su exilio en Montevideo.

El peronismo había encontrado la fórmula para participar de las elecciones a través de un pequeño partido, la Unión Popular, fundado en 1955 por el ex ministro de Perón, Bramuglia, y liderado por Rodolfo Tecera del Franco, que formaba parte del Consejo Coordinador del Justicialismo.
El Frente Nacional y Popular estaba integrado, por lo tanto, por la UCRI, la Unión Popular, el Partido Conservador Popular, el Movimiento del Frente Nacional, el Movimiento por un solo Radicalismo, el Partido Federal y la Unión Federal.
El problema era encontrar candidato..., pero ésa es otra historia. Antes de que se empezaron a barajar los nombres, la Marina reaccionó enérgicamente, en febrero, para que se aplicara a la Unión Popular el decreto nº 7165/62 por el que se reprimía al peronismo y a toda fuerza o persona que pretendiera su presentación política.

El gobierno, presionado, emite un comunicado en el que decía: "Las agrupaciones o sus posibles candidatos o dirigentes que admitiesen nexos de dependencia o injerencia política del responsable máximo de aquel régimen (se refiere al peronismo), estarán moralmente inhabilitados y judicialmente excluidos".
Como esto no fue suficiente, la Marina pidió oficialmente, el 18 de marzo, la prohibición del partido Unidad Popular.

Los azules consideraban que esa era una medida extrema. Esperaban que los acontecimientos definieran mejor los contenidos de la Unión Popular y veían con agrado la posibilidad de que el peronismo se integrara a un frente, con lo cual se captaban los votos "fantasmas", al mismo tiempo que creaban un "colchón" para que el general exiliado se viera condicionado. Estaban tratando de "domesticarlo", pero la carta final de Onganía era eliminar al líder quitándole las bases sociales y políticas que lo sustentaban aquí.

Los otros partidos, la UCR y los conservadores, vieron en esta actitud de la Marina una excelente arma para librarse de un competidor que llevaría, con seguridad, la mayoría de los votos.

Entre los obstáculos con que tropezó el frente, ese no era el más importante. Dentro mismo de sus huestes había serios inconvenientes. El sindicalismo argentino, desde la ausencia de Perón, había aprendido a caminar solo -aunque siguiera fiel al peronismo-. Por una parte, crecía el "peronismo sin Perón", cuyo mejor exponente sería Augusto Timoteo Vandor, dispuesto a negociar con el poder, aunque éste sea militar y antipopular; el peronismo burócrata, el que tomó de Perón las banderas de conciliación de clases, que se vendía -y se vende- al mejor postor como "freno al comunismo".

Por otra parte, el sindicalismo combativo que rescataba del peronismo las reivindicaciones sociales, la lucha de los trabajadores, la solidaridad obrera, etcétera, aprendió a foguearse en la oposición y sintió en la marginación del peronismo de la vida política del país la marginación de la clase obrera de los beneficios del sistema de producción. Este último sector se expresó en contra de la política frentista repudiando el comunicado N° 150 y la "política entreguista" de Frondizi, es decir, repudiando a los aliados de Perón.
En el frente surge la idea de calmar los ánimos, al menos con los que podían cortarle el camino a la Presidencia -la Marina y los sectores gorilas de adentro y de afuera de las Fuerzas Armadas-. Para esto no se les ocurre mejor idea que ofrecerle la candidatura de vicepresidente a un conocido y acreditado "gorila": Miguel Ángel Zabala Ortiz. La tarea estuvo a cargo del ministro Martínez, quien no contó con la astucia de este dirigente que, no sólo no aceptó lo que a todas luces era una trampa para desarmar a sus correligionarios, sino que, ofrecimiento en mano, lo denunció a viva voz.

Zabala Ortiz, en una carta abierta, denuncia, además del ofrecimiento, el apoyo que tenía el frente por parte de las Fuerzas Armadas, como forma de integrar al peronismo en "pequeñas dosis".

Fue la chispa que hizo estallar la bomba. Peronistas y antiperonistas se alzaron en una protesta generalizada. El 27 de marzo renuncia Rodolfo Martínez. Onganía desmiente su vinculación con el frente y su posible candidatura.

El clima estaba creado.

la sublevación Colorada

El desconcierto y el escándalo es aprovechado por la Marina que, el 2 de abril -¿fecha especialmente grata a esta arma?- se subleva transmitiendo por dos radios ocupadas una virulenta proclama firmada por el general retirado Benjamín Menéndez.

El ex vicepresidente Isaac Rojas y los almirantes Sánchez Sañudo y Rial fueron los mentores ideológicos del levantamiento y lo apoyaron grupos civiles de distinta extracción política.

Tanto Benjamín Menéndez como otro de los almirantes implicados, Jorge Palma, tenían como "honroso" antecedente, como título certificado de conspicuo "gorilismo" el haber intentado, muchos años atrás, derrocar a Perón.

Ha estallado la segunda parte de "azules y colorados".

El conflicto se inicia a las 7 de la mañana en la base naval Punta Indio, desde donde salen tropas de Infantería de Marina hacia la ciudad de La Plata, y aviones navales atacan repetidas veces, durante toda la mañana, el VIII Regimiento de Caballería Blindada de Magdalena, destrozando las instalaciones.

Era la revancha a aquellas exitosas maniobras dirigidas por López Aufranc, durante los sucesos del año anterior.

Ocupan también el V Regimiento de Infantería de Bahía Blanca. Los infantes de Marina se sublevan en Mar del Plata y un pequeño foco en Buenos Aires. Por primera vez el ataque es violento y con derramamiento de sangre; se suceden los primeros atentados a altos mandos "azules", ejecutados por comandos civiles -no siempre "tan civiles"-. En total se calcula que hubo, durante los episodios que duraron tres días, 15 muertos y casi cincuenta heridos.

Los tanques de Magdalena y Campo de Mayo salieron a la calle y los efectivos del Ejército de Palermo y Campo de Mayo limpiaron la Capital Federal. Los "azules" volvían a triunfar.

El Ejército, al tiempo de encarar las acciones represoras, dio a conocer un comunicado que llevó el número 151, por el que reafirmaba la continuación del proyecto instaurado el 23 de setiembre. Llevaba la firma del comandante en jefe del arma, Juan Carlos Onganía, y anunciaba la represión violenta e inmediata "de los totalitarios que creen en la dictadura militar como solución nacional e intentan nuevamente negar al pueblo el derecho a construir su propio futuro".

La Aeronáutica será la que terminará de definir el conflicto con el apoyo del secretario del arma, brigadier MacLaughin. Sectores internos, como el liderado por el comandante Lentino, no logran tener peso suficiente.
Con la capitulación de Puerto Belgrano termina la sublevación. El secretario de Marina, Derozi, renuncia, y se encarcela a los principales cabecillas, incluido el ex vicepresidente partidario de la "dictadura de la democracia", almirante Isaac Rojas.

Vuelve el tiempo político. Un nuevo ministro ocupa la cartera del Interior. Es el general Rauch, de conocida actuación durante el primer enfrentamiento entre "azules" y "colorados".

La Unión Popular podrá seguir siendo una opción, pero, ahora, les toca a los políticos tratar de destruirla por todos los medios.

La vieja consigna ahora se renueva contra el frente, para acabar con el peronismo

Rojas, Sánchez Sañudo y otros "colorados" apoyan a la Unión Cívica Radical del Pueblo, que había canalizado, como señalamos en otra parte, los votos antiperonistas de los sectores medios.

Pero, más que "derrotados", los "colorados" habían sido "absorbidos" por los "azules".

Como si los hubieran despertado de un largo letargo o se sintieran necesitados de lavar alguna culpa, los "azules" dan el comunicado nº 200, con el que se cierra el episodio, que tiene un marcado tono antíperonista.

Por decreto del 10 de abril se extiende la proscripción a todos los que elogien al "tirano prófugo" y a los que mantengan algún tipo de contacto con él distribuyendo información, visitándolo o comunicándose de alguna otra forma, directa o indirecta, los que serán plausibles de prisión o de suspensión de sus derechos cívicos.

La acción de Rauch en el Ministerio del Interior es congruente con este decreto: encarcela a la más variada muestra de pensadores y políticos que están relacionados de alguna forma con el peronismo, el frondizismo o el comunismo. Caen así, por "antidemocráticos", Ernesto Sabato y Ricardo Rojas, en la misma bolsa y por. la misma sinrazón.

La UCRI apoya a Rauch, pero éste se extralimita en su afán "anti-frondicista" y cuestiona a los ministros de esta tendencia que, como dijimos, es la misma que la del Presidente.

Su "coloradismo interior" le hace proponer, como anunciamos antes, que el ministro del Interior sea, para siempre, nombrado por las Fuerzas Armadas entre sus miembros, con lo cual está "legalizando" una forma de poder dictatorial.

El secretario de Guerra, también "azul", el general Rattembach, presiona para acallar a este hombre y lo logra, aunque le cuesta el puesto a él y a todo el gabinete. Al parecer, Onganía no estaba del todo en desacuerdo con Rauch. Este es suplantado por el general Osiris Villegas que mantuvo, sin embargo, la misma postura antifrentista de su antecesor.

Entretanto, el frente busca su candidato. Intenta primero con un magnate petrolero, Carlos Pérez Companc, pero, ante la aireada protesta de las bases obreras, se descalifica la fórmula desde Madrid (uno de los que se opuso fue el entonces "fiel" peronista Augusto Vandor, que viajó de inmediato a ver al general).

Finalmente, el líder exiliado elige su candidato: un hombre de trayectoria política coherente, aunque silenciosa, que fue leal aliado de Peron: Vicente Solano Lima. El vicepresidente de la fórmula será Carlos Sylvestre Begnys.

Al poco carisma de los candidatos se sumó la deserción de Oscar Alende, que se presentaba con fórmula propia.

Así las cosas, se acercan las elecciones. Pocos días antes, los "azules", en plena ruptura con el frente, establecen la legalidad de los decretos que reprimen al peronismo y, para sorpresa de todos, el día antes Perón y Frondizi dan la orden de votar en blanco.
¿Qué había sucedido? ¿Onganía había descubierto en este frente una maniobra de Perón para forzar a las Fuerzas Armadas a aceptar su retomo a la presidencia? Lo cierto es que los "azules" empiezan a volverse "colorados". El defensor de la "legalidad" empieza a pensar en el golpe. Los que combatieron "la dictadura de la democracia" abrieron el camino democrático para llegar a la dictadura.






Los "azules" no pueden renegar de su pasado y cambian de color

El proyecto político de Onganía para las elecciones de 1963 había fracasado. Su opositor, Illia, asumía el gobierno con el beneplácito de los "colorados" ya que, aunque en su discurso, y luego en su accionar, tuviera un toque "antiimperialista" que podía molestar a los amigos norteamericanos, tenía todas las garantías de antiperonismo que podían solicitarse a un candidato y, al mismo tiempo, su imagen era potable para las masas populares. Es probable que en ese momento haya surgido en el comandante en jefe del Ejército la idea de asumir el poder en forma dictatorial: exactamente lo contrario de lo que había pregonado y por lo cual había expuesto su honor y su persona... y la de sus subordinados.

La elaboración que va a tener el Estatuto de la Revolución Argentina y las alianzas políticas que anticipan su acceso a la primera magistratura, hacen pensar que así fue. No es un acto improvisado. Más bien da la impresión de que la única función de Illia fue la de dar tiempo a los mandos militares a elaborar un plan de acción para derrocarlo. Su suerte estaba echada desde el primer día y la frialdad que reinó durante todo el período entre ambos no fue más que un augurio.
La debilidad del gobierno democrático fue sólo una excusa. Aunque, en efecto, Illia asume con sólo el 25 % de los votos y los opositores erradicados del panorama político -Perón exiliado y Frondizi preso-, no son razones suficientes para justificar el golpe. Aunque, ¿hay alguna razón "suficiente"? ¿Hay alguna razón para "justificar" la proscripción y el encarcelamiento de enemigos políticos?

La campaña de descrédito del Presidente se desata sobre la perspectiva de este golpe anunciado que se parece al libro de García Márquez "Crónica de una muerte anunciada": todos sabían qué iba a suceder y nadie pudo evitarlo.

Entre las principales usinas "golpistas" se encuentra la revista "Primera Plana", desde cuyas editoriales el joven abogado que redactó el famoso comunicado Nº 150, Mariano Grondona, habla de la "tierra prometida" y del "mesías", y pide a gritos la intervención de las FF.AA.:

"El Ejército tiene que tomar partido en lo que ocurre en el país porque siempre lo ha hecho".

El sindicalismo moderado, dispuesto al pacto del cual hablamos antes, encabezado por el dirigente metalúrgico Augusto T. Vandor, ve la oportunidad de separarse del paternalista líder exiliado. Intenta su primera prueba en las elecciones de Mendoza, en 1965, donde fracasa. Pero tiende sus redes hacia todos los costados, inclusive hacia los cuarteles. Esta no es la única experiencia en el movimiento obrero. El plan de lucha que lanza la CGT será un factor determinante en la conciencia de las propias fuerzas que adquiere la clase obrera.

Se acerca la definición. La intervención de Estados Unidos en Santo Domingo pone al Presidente en un serio aprieto: por una parte, como jefe de Estado de un gobierno democrático, debe defender la no intervención de las fuerzas norteamericanas en un país soberano; por otro lado, el Ejército clama por la participación activa en el conflicto.

Se pone a prueba en los hechos la doctrina expresada por Onganía en agosto de 1964, durante la celebración de la V Reunión de Comandantes de Ejércitos Americanos en West Point.

La doctrina de West Point abre las compuertas que nos llevarán al genocidio

El discurso que Onganía pronuncia en esta oportunidad es de tal organicidad que quedó para la historia como la doctrina de West Point o la doctrina de Onganía, y se considera el primer antecedente de la llamada "Doctrina de la Seguridad Nacional", en nombre de la cual se produjo, en Argentina, el peor genocidio de su historia, a partir de 1976, y los Argentinos, como el Dante hubiéramos leído las palabras escritas en las puertas de los Infiernos “ Vosotros los que llegaís hasta aquí, abandonad toda Esperanza”.


Alain rouquié " Poder Militar y sociedad política en la sociedad Argentina" EdEmecé" 1994

Revista "yo fui Testigo" nota de guido Brablavsky "Batalla entre Azules y colorados, 1986

_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: Aquel otro 2 de Abril: Azules y Colorados   Dom 17 Mar 2013 - 20:06

Excelente nota Bashar, creo que muy intresante al puntualizar aspectos que muestran acabadamente lo que era por entonces el "Partido Militar", y el delirante surrealismo que era vivir en una nación gobernada -directa o indirectamente- por estos simios que mancillaban el uniforme de la Patria y a una de sus más importantes instituciones con estos siniestros "jueguitos de guerra" que lo único que escondían era el profundo temor a los deseos de libertad del pueblo argentino. Esta gente es la que se autodenominaba por entonces "reserva moral de la Nación", frase bajo la cual se creía habilitada para la ejecución de cualquier tipo de barrabasadas, como las que se recuerdan en esta nota, y hasta peores a estas.

Creo que es importante conocer esto para ver en que desencadenó el proceso iniciado casi una decada antes, sino también este proceso histórico es fundamental para entender lo que pasó solo una década después, ya que la llamada Resistencia Peronista que era reprimida en esta época inspirará y justificará a los grupos armados que surgieron a fines de los 60 y principios de los 70 -aunque la mayor parte de sus integrantes eran distintos-, mientras que un sector del "Partido Militar" comenzaba a mover sus fichas alrededor del Perón cazado por Isabel Martinez y Lopez Rega.

Después vivieron los 70, el Proceso de Desorganización Nacional y todo lo que más o menos sabemos o vivimos más de cerca, por eso creo muy oportuno este repaso histórico para encadrar a estos hechos como una continuidad del proceso histórico y social y no como hechos aislados salidos de una galera.

Esperemos nunca más volver a vivir pesadillas como estas.

Saludos
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MensajeTema: Re: Aquel otro 2 de Abril: Azules y Colorados   Dom 17 Mar 2013 - 21:00


Saludos Tam!

es increible como esta parte de nuestra Historia es poco analizada y en general, pasada por arriba. Otras rebeliones militares, tales como la de Pomar en los 30, son bastante poco estudiadas, y me vi en perillas buscando información... de hecho, el unico diario que se metió de lleno fue la Razon, y creo que porque era dirigida por Peralta Ramos, cuya trayectoria es una garantía de periodismo. Salve esta nota de una vieja revista "yo fui testigo" que nació al calor de la democracia y fue un intento honesto de recuperar algo de aquella época compleja y llena de autenticas barbaridades, que creo podemos hoy, comenzar a reveer, si es que nos consideramos ciudadanos maduros. Quizá muchos de los foristas de cierta edad puedan aportar información interesante...

En mi caso, mi abuelo se vió involucrado en estos eventos, dado que era tanquista, aunque no le duro mucho la profesión, dado que estuvo envuelto en el levantamiento de Valle primero y luego con Onganía y su pasado peronista, lo pasaron a disponibilidad, nada raro, en aquellos dias de purgas políticas.

Hay un texto, llamado "Clase 1940" del que seria interesante tener mas información... sólo encontre esta nota periodistica

http://edant.clarin.com/diario/2003/04/02/p-02301.htm

saludos

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MensajeTema: Re: Aquel otro 2 de Abril: Azules y Colorados   Jue 21 Mar 2013 - 2:17

Sobre los sucesos del 2 de Abril de 1963, por un participante

(Nota de Primera Plana, 2 de abril de 1968)

Tri, dos, uno ¡Top!" Hace cinco años, el 2 de abril de 1963, a las 6 y 30 de la mañana, cuatro comandos civiles rodearon el automóvil del general Osiris G. Villegas, quien abandonaba su chalet en Bella Vista (Buenos Aires). Uno de los facinerosos introdujo el cañón de su revólver por la aleta de ventilación y disparó varios tiros sobre el oficial: el tercero de ellos acertó a dar en la sien de Villegas y, milagrosamente, resbaló después hacia la nuca, ocasionándole una herida superficial.
El atentado señaló el comienzo de un motín aeronaval; también clausuró una política militar nacida durante la pequeña guerra de setiembre anterior: prometía facilitar al justicialismo el acceso a las urnas, desalojó a los colorados (antiperonistas) del Gobierno, y ungió un nuevo líder castrense. Ese líder se llamaba Juan Carlos Onganía, y, con su respaldo, el Presidente José María Guido se animó a convocar a elecciones nacionales. Sin embargo, en marzo de 1963, la alternativa "comicios versus dictadura" aún subsistía. El gobierno con mayoría azul debía elegir: o toleraba la presencia condicionada de los peronistas —como lo prometió Onganía por medio del Comunicado 150—, o impedía la participación electoral de esa fuerza y daba la razón a los colorados, quienes, aun vencidos, mantenían rescoldos en la derecha, el socialismo y la UCRP .
Que la intranquilidad reinaba, lo muestran las sanciones impuestas por los aviadores azules Conrado Armanini y Eduardo Mac Loughlin, el 9 de marzo, al comodoro colorado Osvaldo Lentino; el 18, mientras la agitación crecía en los partidos tradicionales, la Marina de Guerra pidió, a través de un documento público, que el Estado "apele la personería electoral de la Unión Popular" (justicialismo). Ese mismo día, el Ejército y la Aeronáutica le respondían: "No es imprescindible".
Pero también entre los militares subsistían las dudas respecto de la legalidad peronista. Para conjurarlas, el Ministro del Interior, Rodolfo Martínez, alentaba en secreto las gestiones para constituir un Frente Nacional y Popular: se trataba de rodear a los justicialistas con suficientes partidos "democráticos" como para neutralizar en el futuro la influencia de Juan Perón. A la vez, esos partidos podrían usufructuar los votos de la mayoría e instalarse en el poder: la UCRI, los conservadores populares, el socialcristianismo.
Visto que la oposición liberal al Frente crecía, Martínez intentó acercarla a sus huestes: a mediados de marzo ofreció al colorado Miguel Ángel Zavala Ortiz la Vicepresidencia de la Nación en la boleta del acuerdo. El 20 de ese mes, Zavala Ortiz denunció a la opinión nacional esa oferta, que Martínez desmintió; el Ministro no pudo, sin embargo, ocultar que el Frente tenía inspiración oficial. La ficción de una alianza, independiente del Gobierno, se derrumbó con estrépito, en beneficio de Pedro Eugenio Aramburu y Arturo Illia, los candidatos opositores; el 25 de marzo, los demócratas cristianos optaron por desmontar el caballo del comisario. Antes, el Juez Leopoldo Insaurralde había desestimado las apelaciones contra la Unión Popular. Incapaz de sujetar el peronismo a su artilugio, Martínez dimitió el 27. Sin embargo, el Presidente Guido, al despedirlo, asumió la promoción del Frente: el mismo día pidió al país que acepte un "acuerdo grande"; horas después, el colorado Emilio Hardoy entregaba a Primera Plana el texto de su columna firmada: dos carillas proféticas o, más bien, pletóricas de información sobre lo que inmediatamente habría de suceder. "Por ensayar una política demasiado sutil —sostenía Hardoy—, el Gobierno no da más, los partidos no dan más y, lo que es peor, el país no da más. Las circunstancias históricas impedirán la participación del peronismo en las soluciones, porque lo contrario es, ni más ni menos, la contrarrevolución del 16 de setiembre de 1955. Si el Gobierno no lo entiende caerá y si los partidos no lo entienden se quedarán sin elecciones."
Para detener la crisis sólo existía una solución: avanzar hasta el final en el camino abierto por Rolo Martínez y proveer al Frente de un jefe militar tan poderoso que nadie pudiese discutirlo. El 30, Oscar Alende, de la UCRI, con las plenipotencias que le cedió Alberto Iturbe, delegado de Perón en Argentina, ofreció la candidatura presidencial a Onganía. La conferencia se celebró en un automóvil que recorría la Capital, piloteado por el propio Comandante en Jefe del Ejército: "Yo, a Perón no le creo ni con escribano público", rechazó la oferta el militar.
La reacción liberal era inminente, pero, según Alfredo Oliva Day —acaso el único civil azul que acompañó al Ejército en operaciones—, sólo la conocía el coronel (hoy general) Julio Eladio Aguirre, "quien el 1º de abril fue notificado del levantamiento naval sin que, a pesar de todo, adoptase las providencias necesarias para evitar la efusión de sangre. éL opinaba —cuenta Oliva Day— que era preciso actuar como en la medicina: dejar que madure, el forúnculo para luego extirparlo".
En la mañana del 2 de abril, cuarenta minutos después del ataque a Villegas, la Armada tomó las instalaciones de Radio Argentina, en Lomas de Zamora, y difundió la proclama revolucionaria firmada por el general en retiro Benjamín Menéndez (a la sazón, de 69 años); calificaba al régimen de "fraudulento y anárquico, antidemocrático, inconstitucional e ilegal, sin sentido moral ni de Patria, huérfano de opinión". A las 7 y 30, radio Nacional —copada desde la central "Cuyo", en el barrio del Once— sumaba otras dos arengas rebeldes: las del general Federico Toranzo Montero, y Lentino.
Todo ocurría mientras se libraban acciones militares: en Bahía Blanca, efectivos navales obtenían la rendición del regimiento 5 de infantería y, en La Plata, la guarnición de Río Santiago lograba la del regimiento 7; el aeropuerto metropolitano fue tomado por los adictos a Lentino, entre quienes se contó el ex comandante aéreo de combate, brigadier Cayo Alsina. Tropas de la Escuela de Mecánica de la Armada se desplazaron por la Capital Federal y fuerzas de la infantería de marina le cubrieron las espaldas sobre la avenida general Paz. En Mar del Plata, el Centro de Artilleros (militar) fue neutralizado por la Armada.
En Córdoba, unos mil hombres del cuerpo de tropas aerotransportadas se atrincheraron en la margen del río Primero. Esa noche fueron puestos en fuga por tropas leales de la Aeronáutica y el Ejército, a las cuales se rindieron en Jesús María; el caudillo civil colorado de Córdoba era Guillermo Becerra, que en 1966 ocuparía una cartera en el Gobierno Ferrer Deheza.
La revolución en Salta consistió en un ataque a las emisoras radiales por parte de comandos civiles que luego se refugiaron en Jujuy, en el regimiento 2 de artillería de montaña. En Río Gallegos (Santa Cruz) se amotinaron dos unidades militares y un batallón lo hizo en Bariloche, a las órdenes del coronel en retiro Martín Rodríguez.
A mediodía, el vespertino Noticias Gráficas —que había reaparecido poco tiempo atrás, tal vez merced a subvenciones navales— salió a la calle en Buenos Aires con un título que casi ocupaba toda la primera página: "Revolución triunfante". Pero ya, a media mañana, el regimiento mecanizado c-10 de Campo de Mayo ocupaba la estación de radio Belgrano, junto al añoso talar de Pacheco. En esa guarnición, Onganía lanzaba al aire el comunicado número 151: "Los totalitarios que creen en la dictadura militar —rezaba— intentan nuevamente negar al pueblo el derecho a construir su propio futuro". El bando número 153 decía: "Ellos quieren pensar y decidir por usted. El Ejército argentino se compromete a eliminar a la minoría antidemocrática, causante principal de la crisis".
En las primeras horas de la tarde, fuerzas militares salidas de Palermo retomaron el aeroparque metropolitano; Alsina calificó su presencia en el lugar de "accidental" y justificó el uniforme militar que lucía con un pretexto: el de haber enviado a la tintorería toda su ropa civil. A las 12 y 45 del 2 de abril, el Ejército y la Aeronáutica intimaron a la Marina: si no se rendía antes de las 15, aquellas armas iniciarían las operaciones represivas.
La respuesta vino del aire: máquinas de la base naval de Punta Indio bombardearon el Regimiento de Tanques c-8, que, al mando del coronel Alcides López Aufranc, intentaba dirigirse desde su apostadero, en Magdalena, hacia La Plata.
"En la noche del 1º de abril, enterado de los aprestos revolucionarios por mi amigo, el jefe del Regimiento c-10, de Campo de Mayo, coronel Tomás Sánchez de Bustamante, me sumé a sus efectivos porque quise participar en la lucha por la ley", relata hoy Oliva Day, un abogado de 46 años, casado, padre de dos hijos y oficial de la reserva. "Al día siguiente, cuando el c-10 inició su marcha hacia La Plata, en la columna blindada que condujo el general Alejandro Lanusse me impresionó la seriedad de Sánchez de Bustamante; su febril actividad contradecía su primera actitud de la mañana: la de santiguarse y rezar."
"El avance del c-10 hacia Magdalena fue alterado por las incursiones de los aparatos navales que nos bombardearon, provocando víctimas. Confieso que tuve miedo —admite Oliva Day—: en medio de la noche, la incursión de los aviones —cuyos pilotos al iniciar la "picada" silenciaban los motores— era precedida por lanzamientos de luces de bengala, destinadas a iluminar los objetivos. En diversos lugares, la Marina había pintado con óleo fosforescente las banquinas y mojones para facilitar el ataque; recuerdo que una pareja, detenida dentro de un automóvil a la vera de la ruta, tuvo que ser conminada mediante una ráfaga de ametralladoras a apagar las balizas de posición."
A las 18 y 30 cayó City Bell, una posición avanzada de los rebeldes; media hora más tarde, los marinos dejaron La Plata, mientras en Buenos Aires sus camaradas se retiraban hasta la plaza San Martín desde una posición cercana a la Casa Rosada, cuyo edificio fortificaron luego los Patricios del regimiento 1. Por la noche, el contingente naval, a quien acompañaba el general Menéndez, embarcó en el rompehielos general San Martín hacia Bahía Blanca: tenían el propósito de unirse a la flota de mar que avanzaba en sentido contrario para cercar el río de la Plata-La base de Río Santiago fue ocupada por el batallón de ingenieros militares.
"En la medianoche del 2 —prosigue Oliva Day— nos reunimos con López Aufranc en Magdalena y marchamos sobre Punta Indio, a donde llegamos el 3, a las nueve y media de la mañana, a través de un campo minado. Pude ver cómo un sulky voló por los aires al explotar uno de los artefactos: su conductor perdió ambas piernas. La entrada a la base fue desoladora: sus jefes habían huido, y sólo quedaban allí suboficiales y soldados. El capellán del cuerpo, vestido con ropas militares, pretendió entregarlo a Lanusse, quien lo despidió de mal talante luego de pedirle que se dedicara a su ministerio espiritual. Como insistiera, se lo echó.''
El capitán de navío Santiago Sabarots —de 45 años, casado y padre de 3 hijos—, ex comandante de Punta Indio, hoy en retiro tras haber sufrido la baja por rebeldía, que luego se le conmutó, dijo el miércoles último a Primera Plana que cuando entró Lanusse a tomar la base, ésta ya había rendido sus fuerzas: un hecho que se comunicó doce horas antes a las autoridades navales atrincheradas en la Secretaría de Marina. Sabarots niega que en el choque con López Aufranc se hubiese llegado al extremo de bombardear ambulancias. Las bajas en Punta Indio montaron a 6 hombres; el ex comandante rechaza la versión de que en el lugar sólo había conscriptos: sostiene que dejó el mando al capitán de fragata Raúl Torrent. Si él optó por exilarse en Montevideo —donde permaneció hasta fines de 1963—, fue porque sus colegas se lo aconsejaron: no faltaría un militar dispuesto a fusilarlo.
La mujer de Sabarots, María Garay Díaz, vestida de pantalones, pidió a Lanusse un camión para trasladar el moblaje de su casa; no lo consiguió, y, en cambio, los militares le aconsejaron que abandonara la guarnición vencida. "Al otro día —relata Oliva Day—, el Ejército licenció a la marinería, y entonces huyeron también del lugar varios oficiales de la Armada que se habían disfrazado de conscriptos."
Desde el 2 de abril, radio Nacional y la central "Cuyo" estaban ya en manos del Gobierno; también, la renuncia del Secretario de Marina Carlos Garzoni. Perdido el juego, la Marina optó por concentrarse en Bahía Blanca; el Jefe de la Flota de Mar, Eladio Vázquez—hoy Gobernador de Santa Fe—, convenció al rebelde Jorge Palma de que era necesario parlamentar: un menester que el propio Vázquez cumplió el 3 en la Casa Rosada. Aunque Onganía deseaba una rendición incondicional de la Marina, los Secretarios Benjamín Rattenbach (Ejército) y Mac Loughlin (Aviación) sugirieron a Vázquez condiciones aceptables. El 2 al mediodía, la Armada se retiró del perímetro urbano de Mar del Plata y devolvió el control al Ejército.
Al promediar el 3, Vázquez ordenó a la escuadra que cesara en sus operaciones y volviese a Puerto Belgrano; en la madrugada del 4, el Ejército tomó la base de Mar del Plata, mientras las primeras avanzadas militares asomaban por Tres Arroyos, cerca de Bahía Blanca. "No hay cese de operaciones", declaró Onganía a los periodistas en la mitad de la mañana: su rigidez amenazaba comprometer la capitulación naval. Por fin, a las 16 y 30 se conocieron las bases del convenio ideadas por Rattenbach: 1) La Flota sería respetada y la Aviación naval quedaría reducida a las unidades que no fueron destruidas en combate. Pero serían diezmados los efectivos de la infantería de Marina, acaudillada en ese tiempo por Guillermo Pérez Pitón, actual mandatario del Chubut; 2) Los cabecillas serían juzgados por tribunales marciales. El día 5 de abril, en fin, se rindió la base de Puerto Belgrano, y, conocido el hecho, nueve aviones con 46 marinos a bordo recalaron en Uruguay; ese día entregó las armas, en Jujuy, el último insurgente: el coronel Urbano de la Vega. Sólo en el Ejército azul, el simulacro costó 12 muertos y 41 heridos. En cuanto a Benjamín Menéndez, desapareció envuelto en el misterio: se había negado a abandonar el país; hacia la primavera, la enhiesta figura del prócer fue vista otra vez en un partido de polo. Por cierto, nadie lo molestó. Es un hecho que Isaac Rojas —sindicado entonces como autor intelectual del alzamiento— desempeñó un papel simbólico; si hasta se le impidió el acceso a las deliberaciones del Consejo de Almirantes (liderado entonces por el almirante Carlos Sampietro, hoy Prefecto General Marítimo). "Yo simplemente me solidaricé con mis camaradas", declararía Rojas.
Con todo, sus ideas respecto del peronismo triunfaron: es que el levantamiento del 2 de abril epilogó con la victoria política de los vencidos. Una proclama de la Aeronáutica ya señalaba, el 3, que "no habrá retornismo". "El regreso del peronismo es imposible", resumía, el 4, el comunicado 179 del Comando en Jefe del Ejército.
Meses después, el propio general Villegas impuso restricciones a la Unión. Popular. En junio de 1963 triunfaba en las urnas el partido Radical del Pueblo, una expresión colorada y minoritaria que tres años más tarde caería por obra de los mismos militares, que ayudaron a encumbrarla: en 1966, Onganía fundó un Gobierno idéntico al que los sediciosos pretendieron instalar.
Nº 275 - 2 de abril de 1968
Página 7 - PRIMERA PLANA





http://img59.imageshack.us/img59/50/lopezaufrancgeneralazul.jpg


_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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MensajeTema: Re: Aquel otro 2 de Abril: Azules y Colorados   Jue 21 Mar 2013 - 19:24

Excelente documento histórico que muestra la locura que poseían la "Reserva Moral" de nuestra Nación por entonces. Hasta parece increible que cosas así hubieran pasado en este país.

Saludos
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MensajeTema: Re: Aquel otro 2 de Abril: Azules y Colorados   

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Aquel otro 2 de Abril: Azules y Colorados
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