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 La locura del Coronel Estomba

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bashar
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MensajeTema: La locura del Coronel Estomba    Sáb 27 Abr 2013 - 20:56

En nuestra historia, una mención debe llevar la del coronel Ramón Estomba, que no por corta (sólo vivió 38 años) deja de ser interesante.

Vida particular la de este oficial, que nació en Montevideo hacia 1790. La madre de Estomba era tía de Bartolomé, Emilio y Federico Mitre (al pobre Federico, que llegó a coronel, nadie lo recuerda.) El nombre de bautismo fue Ramón Bernabé Antonio y a los 20 años comenzó su carrera militar sirviendo en el ejército del Norte, combatiendo en Suipacha, las Piedras, Tucumán y Salta, hasta los desastres de Vilcapugio y Ayohuma. Herido durante este combate, fue tomado prisionero, la vida de Estomba fue defendida por dos subalternos, que murieron defendiéndo. Cayendo prisionero, fue detenido durante siete largos años en las infames Casamatas del Callao. Terrible lugar era esta cárcel ya que los españoles no tenían misericordia por los criollos a los que consideraban traidores. Las condiciones de hacinamiento y salubridad convertían a esta prisión en una trampa mortal. De 1500 prisioneros patriotas, solo 500 sobrevivieron a este presidio. Entre ellos estaba Ramón Estomba, que aprovechó ese tiempo para leer y cultivarse entre el horror. Finalmente, cuando la Expedicíon Libertadora del Perú llegó, recuperó la libertad tras un cambio de prisioneros que el General San Martín concertó con el virrey del Perú. Prontamente se incorporó al Ejercito Libertador sirviendo con distinción, y el Protector le otorgó la Orden del Sol. Participó en la toma de Lima y persiguió a las tropas derrotadas de Canterac.

Cuando las tropas del Regimiento Río de la Plata, acantonados en el Callao defeccionaron, dado el estado crítico de vestimenta, alimentación y falta de pago, Estomba fue tomado prisionero y volvió a su antiguo calabozo. Allí fue cuando el negro Falucho, gracias a el relato de Mitre, ganó fama y bronces eternos, al negarse a sumarse a la rebelión.

El sorteo de Matucana

Desde las casamatas de El Callao, una columna del ejército español, al mando del General Monet, conducía con destino a la isla de Los Prisioneros, en el lago Titicaca a 160 patriotas tomados por sublevados en El Callao. Era el 8 de marzo de 1824. En la primera jornada pernoctaron a 30 kilómetros de Lima.

Dos de ellos, el mayor don Juan Ramón Estomba y el capitán don Pedro José Luna, se tendieron fatigados en el suelo, uno al lado del otro, y antes de entregarse al sueño se concertaron para fugarse en la primera ocasión propicia, comunicando su proyecto al mayor don Pedro José Díaz y a los oficiales Juan Antonio Prudán y Domingo Millán.

El 21 de marzo llegaron a una estrecha ladera. Marchaban los presos en desfiladas. Estomba y Luna iban entre Millán y Prudán. Al descender al fondo de la quebrada y pasar uno de sus puentecillos, Estomba y Luna se deslizaron a lo largo de una acequia como por un camino cubierto. Millán y Prudán cerraron el claro, renunciando a la salvación para burlar la vigilancia de la custodia. Esta abnegación debía costarles la vida.

Informado Monet de la evasión, luego que la división llegó al pueblo de San Juan de Matucana, que dista 19 leguas de Lima, los prisioneros fueron colocados sobre la ribera del río del mismo nombre, bajo la guardia de dobles centinelas de vista.
Inmediatamente se presentó el general García Gamba, jefe de estado mayor de la división, acompañado del coronel español Fur. El primero ordenó a los prisioneros que formasen en ala, lo que ejecutaron todos, con excepción del general don Pascual Vivero, que estaba separado de ella.

Así que los prisioneros estuvieron formados, García Gamba les habló en términos duros, con el semblante airado que le era habitual.
-Señores -les dijo-, tengo orden terminante del general de la división de sortear a ustedes, para que mueran dos, por los dos que se han fugado; en la inteligencia de que, de hoy en adelante, serán responsables los unos de los otros, pues si se fugan diez, serán fusilados diez; y si se fugase la mitad, morirá el resto.
El doctor López Aldana, auditor de guerra del ejército independiente, fiel a sus compañeros de infortunio -y a los sagrados deberes de abogado, no pudo contener su indignación y levantó su voz enérgica en favor de los oprimidos, como si abogase ante el tribunal.

-En ninguna parte se ha visto -dijo López Aldana- que la víctima sea custodia de la víctima. En las sociedades bárbaras no se recuerda un hecho tan atroz ni tan injusto. Que responda el oficial de las faltas, pero jamás ninguno de los prisioneros porque ninguno ha negado ni niega sus brazos y sus pies a las cadenas que quieran ponerles. Sobre todo, reclamo que se observe con nosotros el derecho de gentes y. . .

-Bastante se ha observado el derecho de gentes con usted y sus compañeros -le interrumpió García Gamba-, pues tiene aún la cabeza sobre los hombros.

Inmediatamente se dispuso lo conveniente -para proceder al sorteo, y los prisioneros, comprendiendo que se hallaban bajo el peso de una resolución implacable, guardaron silencio, salvando así su dignidad y esperando tranquilamente el misterioso fallo del destino.

El coronel argentino Videla Castillo, que formaba, por su elevada graduación, a la cabeza de sus compañeros, quiso hacer aún un último esfuerzo por ellos, inmolándose por la salvación común.
-Va a procederse al sorteo -dijo García Gamba en alta voz, dirigiéndose a los prisioneros.
-¿Con qué derecho se hace esto? -le preguntó Videla Castillo.
-¡Con el derecho del que lo puede! -repuso secamente.
-Bien; tenga cuidado con la represalia, señor Gamba.
-Señores, va a procederse al sorteo -volvió a repetir García Gamba.
-Es inútil esa suerte -dijo con tranquila firmeza el noble coronel Videla Castillo-. Aquí estamos dos coroneles: elija usted cuál de los dos ha de morir, o fusílesenos a los dos juntos si se quiere, y hemos concluido.
- ¡No! ¡¬No! ¡¬A la suerte! -gritaron casi a un mismo tiempo todos los prisioneros.
El general Vivero, que en este intervalo había advertido lo que pasaba en el campo de los prisioneros, se dirigió hasta donde ellos estaban, y sin proferir una palabra se formó tranquilamente a la cabeza de la fila, como si fuese a cumplir con un deber ordinario del servicio.

Era el general don Pascual Vivero un anciano de más de setenta años, de figura marcial y fisonomía simpática, a la que daban apacible majestad los blancos cabellos que coronaban su cabeza.
García Gamba, que se hallaba en aquel momento distraído presidiendo los preparativos del sorteo, notó al general Vivero al levantar la vista.
-Señor don Pascual -le dijo, haciéndole con la mano ademán de que se retirase-, con usted no reza la orden.
-¡Sí, reza! -contestó sencillamente el noble anciano.

-No, señor don Pascual, esta orden sólo reza para los prisioneros que marchaban unidos.
-Debe rezar conmigo, porque debo participar de la suerte de mis compañeros, así en las desgracias como en la felicidad. Por mi grado me corresponde sacar la primera suerte.

-¡Se va a proceder al sorteo! -gritó el implacable jefe del estado mayor, sin darse por enterado de la insistencia. .
Entonces, el general Vivero, sensibilizado en presencia de tantos jóvenes que iban a jugar sus vidas, se dirigió al ejecutor de tan tiránica orden, hablándole en estos términos:

-Soy un viejo soldado que ha sido traidor a Fernando VII; que ha entregado la plaza de Guayaquil, y he devuelto todos los honores al Rey. He perdido dos hijos en el campo de batalla y han muerto defendiendo su patria, que es también la mía, porque era mía la sangre que derramaron. De consiguiente, poco útil puedo ser ya a la patria: esos jóvenes todavía pueden darle días de gloria, por lo que pido y suplico que se sacrifique a este pobre viejo y que se salven tan preciosas vidas.
García Gamba, que en aquel momento escribía las cedulillas del sorteo a muerte sobre una caja de guerra que le tenía su tambor de órdenes, no oyó, o acaso aparentó no oír, las sentidas palabras del generoso anciano.
Escritas las cedulillas, eran dobladas por el tambor y arrojadas en el morrión cónico de un sargento del Regimiento de Cantabria, que daba ese día la guardia. Acto continuo se procedió a pasar lista a los prisioneros, que para algunos de ellos iba a ser la última lista de la vida.

El primero que metió la mano en el morrión que contenía la ciega sentencia de muerte que pesaba sobre aquellas nobles cabezas fue el coronel don José Videla Castillo. Tomó su cédula sin que se le notase agitación en el pulso, la abrió y vio que era blanca, y ningún síntoma de alegría se dibujó en su semblante austero y reposado.

El coronel Ortega, el mayor Magan, los capitanes Reaño, López y don Pedro José Díaz, tomaron sus cédulas con igual serenidad, imitando el bello ejemplo que les daba su jefe. A todos ellos les tocó blanca.
Parecía imposible que entre tantas almas tan bien templadas pudiese haber un cobarde, y sin embargo lo hubo. El nombre de ese infame debe elevarse en la picota de la historia para eterno baldón suyo.

Cuando llegó su turno al mayor Tenorio, su rostro se demudó, y retiró instintivamente la mano, que iba a meter en el morrión fatal, que contenía la vida o la muerte.
-Yo no tomo cédula -exclamó al fin, después de algunos momentos de vacilación en que no vio por todas partes sino semblantes adustos.
-Tome usted su suerte como los demás -le ordenó con imperio García Gamba.
-Que declare primero el señor -dijo Tenorio, señalando a Ramón Lista que estaba a su izquierda -él sabe quiénes son los que protegieron la fuga.

-¡Yo no sé nada! -interrumpió bruscamente Lista-.Venga la suerte
-Usted me ha dicho que sabía quiénes eran y no deben pagar los justos por los pecadores.
-Es usted un infame -le apostrofó Lista-. Si yo he dicho algo a usted será en el seno de la confianza.
¬A ver, venga mi suerte -añadió metiendo la mano en el morrión fatídico del impasible sargento de Cantabria y sacando una cédula se dispuso a desdoblarla con toda sangre fría.
En aquel momento salió un joven de entre las filas, y adelantándose cuatro pasos, exclamó con voz vibrante:
-¡Yo soy uno!
-¡Yo soy el otro! -dijo inmediatamente otro oficial, que imitó la acción de su compañero.
-Venga la suerte
¬-Venga la suerte -gritaron todos al mismo tiempo, a excepción del infame Tenorio.
-Es inútil -les contestaban aquellos dos grandes corazones que se ofrecían al sacrificio como víctimas propiciatorias de sus compañeros de armas.
El primero de éstos, joven todavía, se llamaba don Juan Antonio Prudán y era natural de Buenos Aires.
El segundo, de mayor edad, con la frente calva y con una orla de cabellos negros que le circundaban el cráneo, dándole un aspecto imponente, era el capitán don Alejo Millán, hijo de Tucumán.
Ambos habían hecho casi todas las campañas de la Independencia, especialmente Millán, quien había estado presente en todas las guerras del Alto Perú. Prudán, prisionero en Vilcapugio, había permanecido siete años preso en las casamatas de El Callao, hasta que la expedición del general San Martín a Lima puso fin a su largo cautiverio.
A pesar de la tranquila resolución de Prudán y Millán, todos exigían que se continuase el sorteo.

-¡Es inútil! -volvió a repetir Millán-. En prueba de que soy yo el que debe morir, aquí está una carta del coronel Estomba.
-En el equipaje que viene en mi maleta se encontrará la casaca de Luna -dijo Prudán.
-No les crean -gritaron los prisioneros.
-Es cierto -contestaba Prudán.
-No hay que afligirse -añadía Millán con entereza. ¬Verán morir dos valientes.
-Es inútil seguir la suerte -dijo entonces con frialdad García Gamba-; habiéndose presentado los dos culpables, serán fusilados.
Millán, prisionero de los españoles en la batalla de Ayohuma, y que había estado encerrado en las casamatas de El Callao cerca de siete años, dijo entonces:

-Prefiero la muerte, de cualquier modo que sea, a los tormentos de ser presidiario de los españoles.
Las dos víctimas predestinadas fueron puestas en capilla, y por una de aquellas coincidencias burlescas que siempre aparecen en las catástrofes, el capitán encargado de custodiarlos llevaba el apellido de Capilla.
Dos horas les dieron para encomendar su alma a Dios. El cura de Matucana los confesó y fue el que los asistió hasta los últimos momentos. Habiendo cumplido con los deberes religiosos del cristiano, Prudán y Millán no cesaron de apostrofar a sus verdugos, y cuando se acercaba la hora del suplicio, dijo Millán al capitán Capilla:
-Espero que me hará usted el último favor que le voy a pedir: voy a morir por la patria, y quiero que me traigan mi uniforme que tengo en mi maleta.

Habiéndole traído la casaca y vistiéndose con ella, sacó de entre su xxxx las medallas con que había sido condecorado y, colgándolas al pecho, dijo a sus llorosos compañeros:
-He combatido por la Independencia desde mi juventud; me he hallado en ocho batallas, he caído prisionero en Ayohuma; he estado siete años encerrado en casamatas y habría estado setenta antes de transigir con la tiranía española, que va a dar una nueva prueba de su ferocidad. Mis compañeros de armas, testigos de este asesinato, algún día lo vengarán, y si ellos no lo pueden hacer, lo hará la posteridad.
Pocos momentos después se oyó el sordo redoble del tambor. La custodia de los prisioneros se puso sobre las armas, la guardia de capilla los condujo al lugar del suplicio, sobre la ribera del río. Los demás fueron formados de a dos en dos dando frente al río, y Millán y Prudán dando la espalda al pelotón y él frente a sus compañeros. Los ejecutores quisieron vendarles los ojos, pero se resistieron, permaneciendo de pie, con la cabeza erguida en actitud valerosa, prontos a dar su vida por su religión política.

La escolta del suplicio-preparó sus armas, que traía cargadas, y al tiempo de echárselas a la cara, Millán, que con pelo echado hacia atrás y con el rostro encendido de nobles iras, apostrofaba enérgicamente a sus asesinos, gritó con voz estentórea: “¡¬Compañeros, la venganza les encargo!”

Y abriéndose con furor la casaca, añadió: “¬Al pecho, al pecho. ¬Viva la patria”
Al sonar la fatal descarga, cayó bañado en su sangre generosa, repitiendo el valiente grito de -¡Viva la patria! Prudán, menos ardiente que su compañero de suplicio, guardaba silencio, ostentando la apacible serenidad y la mansa resignación de un mártir, y murió exclamando también: “¡¬Viva la patria!”
Los verdugos de Prudán y de Millán, no satisfechos con aquel bárbaro crimen, hicieron desfilar a todos los prisioneros por delante de los cadáveres sangrientos de aquellas dos nobles víctimas.
Estomba, al conocer estos sucesos, cayo en una depresión tal que durante lo que le quedó de vida se sintió culpable por la muerte de estos dos héroes, alguno sugieren que la depresión fue el primer paso a su desequilibrio emocional y luego mental.

Después de muchas penurias, Estomba pudo reincorporarse al Ejercito que ahora conducía Bolívar, peleando en los llanos de Junín. Al parecer no se llevaba muy bien con Bolívar, por la preferencia de este a privilegiar por sobre el rango a sus entenados, aunque el Libertador lo nombró Prefecto de Ayacucho, y éste lo puso preso a Estomba en dos oportunidades. La última vez lo implicaron en un complot del que no tenía nada que ver. Aunque absuelto, quedó muy sentido por la injusticia y decidió volver al río de la Plata, donde al poco tiempo le fue reconocido el grado. Las autoridades le indicaron al coronel la formación de un contingente destinado a guerrear en el Brasil. Poco después el ministro Balcarce, antiguo camarada de armas de los días de Suipacha, le encomendó el cuidado de la frontera al sur de la Bahía Blanca. Allí, Estomba, partiendo del recientemente levantado fortín Independencia, hoy Tandil, al mando del regimiento 7 de Caballería y construyó un fuerte que se llamó “La Esperanza” y un fortincito titulado “ Fortaleza Protectora Argentina”, que se convirtió con el tiempo, en el punto estratégico de la soberanía Argentina en la Pampa y la Patagonia. El gobernador Dorrego la llamó “Nueva Buenos Aires”, pero quiso la tradición que se impusiese el nombre por el que hoy la conocemos: Bahía Blanca.

El loco Demóstenes

Cuando en febrero de 1829, luego del levantamiento decembrino y el fusilamiento del Gobernados Dorrego, y el fuego de la guerra civil y los desencuentros políticos marcaran el inicio de la vida argentina, Estomba tomo partido por el Unitarismo y se unió a Lavalle para pelear contra Rosas, comenzaron a percibirse los primeros signos inéquívocos de deterioro mental, con ordenes contradictorias, marchas y contramarchas y un despliegue de rigurosidad excesiva, lo que comenzó a dar sospechas a sus subalternos, que se vieron obligados a degüellos y matanzas sin sentido, en la campaña de persecución sobre los federales. Hasta que un día colocó un cartel en la plaza principal de San Antonio de Areco que decía “Desde ahora para siempre y hasta la muerte y más allá de la muerte dejo el insignificante nombre de Ramón y me llamaré Demóstenes Estomba” . En estas condiciones fue destituido de su cargo e internado en el Hospicio General de Hombres, cerca del convento de los Recoletos (Hoy Cementerio de la Recoleta). En sus delirios terminales, y quizá –creyéndo que estaba presode nuevo en las pavorosas casamtas del Callao, huyo del hospital, cayendo muerto a unas cuadras, donde una partida policial lo encontró semidesnudo y sucio el 27 de mayo de 1829.

Según algunos autores, el acto de llamarse Demóstenes era un signo de megalomanía producida por la sífilis cuaternaria, (la última fase de la enfermedad), enfermedad que acosaba a uno de cada cuatro hombres en aquella época en el Río de la Plata.


Una tumba sin nombre


En mayo de 1978, el arquitecto Enrique Cabré Moré comunicó al intendente municipal, Víctor Julio Mario Puente, el hallazgo de la tumba donde fueran inhumados, en 1829, los restos del coronel Ramón Estomba, fundador de Bahía Blanca.

Apenas despuntaba la década del 70 cuando un grupo de vecinos bahienses encomendó a Cabré Moré una búsqueda que parecía poco menos que imposible: determinar con precisión dónde había sido enterrado el fundador, casi 150 años antes, que falleciera en un estado de completa demencia, sin descendientes directos conocidos y apenas acompañado por la policía, que recogió su cadáver del Hospital de Hombres, donde se encontraba internado.

Cabré sabía, por un muy modesto certificado de defunción, que Estomba había sido enterrado en el Cementerio del Norte (actual Recoleta), en un área que no podía precisar, destinada a las "personas beneméritas".
La búsqueda fue ardua y por momentos desalentadora, hasta que el investigador encontró, en un archivo porteño, un calcado de tela que reproducía el original realizado en 1822 por el ingeniero Próspero Catelín, por orden de Bernardino Rivadavia, donde figuraba la primitiva nomenclatura de ese cementerio. A partir de allí, determinó con exactitud dónde se ubicaba la tumba, sin lápida ni cruz alguna que diera cuenta de su existencia. A poco de concretado el hallazgo, Cabré compró claveles blancos y los desparramó sobre esa tierra.

En 1980, comenzaron las tareas para trasladar los restos a Bahia Blanca, lo cual demandó un delicado trabajo. Se pudo obtener tierra del lugar, donde se hallaban resumidos los restos del fundador, y se la colocó en la urna hoy ubicada en el atrio de la catedral local.

Un Prócer sin rostro

En 1928, la ciudad cumplía 100 años de su fundación y los festejos merecían un recordatoriode su fundador, pero no había certezas claras de como era su efigie, y esto generaba un problema serio, dado que en la época, las efigies conmemorativas eran necesasia para cualquier festejo histórico.

Se sabía que el coronel era primo hermano de Bartolomé y Emilio Mitre, y, a partir de ello se podía aceptar un parecido físico
Mientras los miembros de la comisión Pro Centenario pensaban como resolver la cuestión, ocurrió lo impensado, el reconocido pintor y retratista José Fonrouge se interesó en el tema y viajó a Montevideo, donde entrevistó Irma Santurio Estomba, sobrina nieta de Estomba.

Al poco tiempo anunció la buena nueva: había hallado una miniatura del prócer que le era suficiente para pintar un retrato fidedigno del fundador. Fonrouge llegó a Bahía Blanca, con el retrato bajo en brazo.

La Comisión Pro Centenario colocó la pintura en el salón Blanco de la municipalidad, para presentarlo a la ciudadanía el 11 de abril. Pero la satisfacción duró muy poco. Ocurrió que el pintor platense publicó el retrato en el diario “El Día” y un periodista de “La Prensa” reconoció en aquel rostro a otro personaje.

De inmediato publicó la reproducción de los óleos. Y resulta que nuestro Estomba era, en realidad (rasgos, pose y estilo incluidos), el mariscal de Francia y duque de Treviso, José Alejandro Casimiro Portier.
Conocido (y asumido) el engaño, la apenada comisión descolgó la pintura y la mandó, sin miramiento alguno, al sótano de la municipalidad.

Tras el frustrado intento del centenario, con los años, aparecieron nuevos retratos. Uno de ellos del pintor Fortuna que, al decir de los entendidos “no respondía a la información que se tiene de su físico”; otro de autor desconocido y, finalmente, el que se dio a conocer el 11 de abril de 1965 el artista Juan Lamela, quien se inspiró en los rasgos que le trasmitió su abuelo, compañero de armas del fundador.

Ninguno de esos retratos mereció la confianza necesaria.

Se llegó así a 1980, cuando la Comisión de Reafirmación Histórica, presidida por el capitán de navío (R) Carlos Migliore, elevó a las autoridades de la Policía Federal Argentina los antecedentes históricos del prócer, para que evaluaran la posibilidad de realizar su gráfica.
La Policía derivó los datos disponibles a la división Planimetría y Reconstrucciones, donde el pintor y retratista, comisario (R) Jorge Aníbal Muñoz, recreó el rostro del coronel.

El 11 de diciembre de 1980, el intendente Víctor J. Puente recibió la obra. El comisario Muñoz le explicó, los pasos seguidos: “Tuve en cuenta su vida interior – dijo – su vida de sacrificio desde la adolescencia. Esa lucha configuró la expresión del rostro. También usé antecedentes familiares y datos de historiadores. Con todo ello, confeccioné el retrato”
El arquitecto Enrique Cabré Moré hizo entrega de copias, de lo que él llamó “retrato literario”, a todas las escuelas del distrito.






De Estomba, aparte de calles, el Regimiento N ° 7 “ Tiradores Blindados” lleva su nombre



fuentes


http://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_Bernab%C3%A9_Estomba


http://www.hablemosdehistoria.com.ar/estomba.html

http://tangomias.crearblog.com/2009/06/05/389/
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/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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Última edición por bashar el Dom 28 Abr 2013 - 0:58, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Dom 28 Abr 2013 - 0:06

Bashar, otra interesantísia página de nuestra historia que me resultaba desconocida. Un lujo el relato.

Saludos
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bashar
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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Dom 28 Abr 2013 - 0:42

es muy interesante el intento de reconstrucción de su rostro, algo que hoy podría ser mas fidedigno... si vemos el exelente trabajo que se hizo con el Libertador Simon Bolivar, siempre pensé que se podri hacer algo con San martin "rejuveneciendo" mediante computadora, el daguerrotipo de su imagen... sería un trabajo interesantísimo...

saludos y gracias por leer...

PD. También es interesante la cantidad de militares orientales que estuvieron en las filas del ejército, desde la independencia hasta la Organización Nacional... Mitre se trajo varios luego de 1852 y se merecen un historia aparte...

saludos

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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Dom 28 Abr 2013 - 18:37

Gracias a vos Bashar por postear este tipo de historias, un gusto de leer encima por lo excelentemente redactadas.

Respecto a la reconstrucción del rostro, siempre es una técnica válida para "humanizar" a estas personas, pero creo que no varía mucho desde el punto de vista histórico, tal como no creo que varíe el pensamiento sobre lo hecho por San Martín por ver un retrato suyo con gafas y barba, estos hombres valen por lo que hicieron y no por como lucían, como vos bien lo mostrás.

¿Que nos separa de los orientales, más que caprichos oligárquicos porteños y montevideanos?. Aunque ahora algunos piensen que somos todos chorros, del primero al último (pero no modifiquen el régimen bancario, a ver si los chorros fugan la plata para otra parte), o seamos presididos por una vieja terca y no por un viejito malhablado, cada vez que voy al Uruguay me siento en casa, más allá de su tranquilidad, con esa fascinación que tengo al visitar otros lugares en donde veo que lo que tenemos en común es mucho más que lo que nos diferencia. Y antes los lazos eran más fuertes, sobre todo en épocas de la Liga de los Pueblos Libres, por lo cual no me cabe duda que muchos orientales han sido partícipes de nuestra historia nacional, en cada una de nuestras etapas históricas.

Saludos
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bashar
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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Dom 28 Abr 2013 - 19:27

por ahí estoy muy envilecido por ver el History el Nat Geo y otros canales poco recomendables ( jajaja ) pero a mi me parecen válidos, si se los hace seriamente. Al menos nos dan un poco mas la idea de quienes fueron los hombres, si son bien acompañados con datos válidos y que nos acerquen a las personas.... no deja de ser cosmético, claro está pero son entretenidos.

Indudablemente la historia de Uruguay y los Uruguayos y los Argentinos en términos históricos, está bastane mezclada, porque creo que hasta las rebeliones saravistas, no había mucha diferencias entre unos y otros... después, claro, la necesidad de los Estados de crear una identidad diferenciada y acentuar por ello los nacionalismos hizo que comenzáramos a escribir versiones distorsionadas de nuestra historia común, que invariablemente nos llevaron a una distancia algo exéntrica...

Pero es singular que los oficiales que mas participaron en nuestra organización Nacional fueran oficiales tales como Gelly y Obes, Charlone, Ignacio Rivas, Wencesleo Paunero, y me olvido de unos cuantos, fueron las espadas del Estado Nacional en su formación... sin duda, Mitre y su largo lazo familiar en la Banda Orienal tuvo que ver, per es muy interesante el papel de estos militares...

saludos

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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Dom 28 Abr 2013 - 19:42

No te olvides que la Banda Oriental era un terreno clave en la estrategia rioplatense, y eso era visto por todo el mundo que pretendiera acceder y controlar el Río de la Plata y sus afluentes, que significaba tener el control de gran parte del subcontinente. Aparte la Banda era el territorio de disputa y fricción con Brasil, y Montevideo un importante centro aliado a los realistas, así que desde temprano o los orientales no les quedó mucha más opción que pelear y ver de que bando lo hacían, así que su participación no solo fué prolífica en nuestras filas, sino también en la de los realistas o luso-brasileños.

Saludos
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bashar
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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Dom 28 Abr 2013 - 19:46

Es interesante este punto, porque creo que en la Banda oriental, la geoestrategia Británica le aplicó las enseñanzas aprendidas en Europa desde finales del siglo XVIII y luego de las guerras napoleónicas... convertirlo en un territorio "neutral" y que las potencias que cohabitaban la región no pudieran desbalancear el equilibrio geopólitico... no por nada Uruguay y Bélgica se convirtieron en "campos de Batalla" de estos intereses...

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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Dom 28 Abr 2013 - 21:35

De hecho es reconocido hasta por los mismos uruguayos su rol como "estado tapón" (o "colchón" como lo llaman otros), y en esto la ingeniería estratégica británica fué determinante, fijate que su idea era que todo punto del litoral marítimo que implicara pasos oceánicos, marítimos o acceso a grandes cuencas (como la del Río de la Plata) estuviera compartida entre varios estados, inclusive en sus propias colonias, de forma tal que siemre pudieran tener uno de los mismo como aliados en detrimento de alguno rebelde, y de esa forma permitirse el libre desplazamiento de sus flotas de acuerdo a su estrategia indirecta materializada en la "fleet in being".

Por ello la conformación de los bloques regionales viene a romper esa lógica, y ello pone "nerviosos" tanto a ingleses como a estadounidenses (éstos como continuadores de aquella estrategia), no porque nadie hoy día o a futuro les impida el acceso a ningún lado, pero sí como elemento de ruptura de esa estrategia con la idea del "tomorrow never knows".

Saludos
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bashar
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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Dom 28 Abr 2013 - 21:59

Y es indudable que esos afanes les dieron frutos, dado que el Rio de la Plata, el Canal de la Mancha, el Golfo Pérsico (Con Kuwait) , el estrecho de Malaca, (con Singapur) y sus colonias del mar de China (Hong Kong) , y a la división de India y Pakistan, que tan caro les costo a los Nacionalistas Indios que seguían a Ghandi) responden a esa política de asegurar accesos a las grandes vías comerciales internacionales.... Si bien Gran Bretaña luego de la guerra tuvo que desmantelar ese poder geopolítico a favor de Estados Unidos, se reservó ciertos aspectos de decisión a fin de tener su propio eje de control, que si bin se vieron "abandonados" temporalmente" responden bien al "Tomorrow never Knows" que mencionas... Yalta no fue en vano...


_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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MensajeTema: Re: La locura del Coronel Estomba    Lun 3 Jun 2013 - 20:29

La relacion entre orientales y argentinos siempre ha sido de odio/amor, es natural que asi sea. A traves de nuestra historia hemos sido una sola parte, hemos sido aliados pero tambien enemigos.
Y sobre la ingerencia brtanica basta saber que Lord Ponsomby, el representante de la corona britanica actuó en la intermediación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio de Brasil, proponiendo como solución definitiva la independencia de la Provincia Oriental, creándose a través de la Convención Preliminar de Paz el Estado Oriental del Uruguay.
Posteriormente fue enviado a Bélgica a promover la creacion del reino de Belgica colocando a Leopoldo I al trono de ese reino creado entre dos paises gigantes, practica ya tenia!!

saludos
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