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 Soldados de San Martín

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bashar
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MensajeTema: Soldados de San Martín   Dom 21 Jul 2013 - 0:26

General ángel Pacheco:

Sobre quien fue el mejor militar de la Historia Argentina podríamos hablar mucho y con buenos argumentos para el elegido. Sin duda, San Martin sería el gran ganador, aunque el mismo consideraba- porque lo conoció- que Manuel Belgrano tenía merecidamente ese honor, “porque había vencido cuando tenía que vencer”.  Pero entre aquellos Titanes de la Independencia y de la guerra civil se distingue uno por su bajo perfil: el General Ángel Pacheco.

Para comenzar, nació en la época virreinal, y no en el del recientemente creado Virreinato Del Río de la Plata, sino en la Capitania de Chile, en Santiago,  el 13 de Julio de 1793 , (otros que en Buenos aires el 14 de julio de 1795) siendo su padre Julían Pacheco, español, y Teresa Concha, criolla Chilena. Su padre decidió radicarse en Buenos Aires, dado que era comerciante y el comercio del Puerto platense crecia solapadamente a favor de la libertad de puertos y el contrabando. Su padre, lo educo esmeradamente, siendo de los pocos que concluyeran sus estudios en el Colegio de San Carlos y gracias a sus negocios, hizo que el Joven Angel Pacheco y Concha viajara por los puertos del continente, y se radico especialmente en La Habana, donde residió un  extensa temporada.

Cuando retorno de su viaje formativo, la escena revolucionaria lo llamó a las armas, como todo joven de aquellos agitados días para hacerse de una carreara y un nombre. Al crearse el Regimiento de Granaderos a Caballo se incorporó al mismo, iniciándose en la Carrera de las armas en el Combate de San Lorenzo. Estuvo también en la acción de Rincón de Zárate, luchando contra las fuerzas realistas. Formó parte más tarde de las fuerzas expedicionarias al Alto Perú, donde lucho en todas las acciones importantes hasta el desastre de Sipe Sipe. En 1816 pasó a prestar servicios en el Ejército de los Andes. Fue ayudante mayor del selecto  Escuadrón de Cazadores de la Escolta .Se halló envuelto en las acciones de Putaendo, Chacabuco, Curapaligüe, Cancha Rayada, Maipú y las campaña del  Bío- Bío. Tenía entonces el grado de sargento mayor A su regreso a Buenos Aires, cargando con una vasta experiencia y le fue confiado, en 1825, el Regimiento 3º de Caballería. Participó, a su frente, en la guerra con el Imperio de Brasil, batiéndose en Ituzaingó y en otras acciones de la misma campaña, hasta que llegó el fin de las hostilidades.

Cuando el fuego de la guerra civil comenzó Pacheco tomó una serie de decisiones que mostraron su calibre profesional: Era un oficial de escuela y como tal quiso mantenerse ajeno a las luchas civiles. Su misión como militar, entendía, era la de sostener a las autoridades constituidas. Actuó en la frontera oeste bonaerense, destinado a la línea de fortines entre rojas y Cruz de Guerra. No apoyó a  su antiguo camarada Lavalle en su revolución contra Dorrego, por su amistad con él, fue preso, pero liberado luego de Puente de Marquez se sumó a las filas federales, indignado por la muerte de Dorrego. Combatió contra Paz, hstaque éste cayo prisionero. Pronto la carrera política de Rosas lo convocó para dirigir la campaña del Desierto, dado que era un conocedor de la región y un hábil comandante y organizador, que seguía los planes concienzudamente, y con el apoyo material de Rosas (o sea de la Provincia)  y puesto que siendo educado en la Palestra del Libertador –un gran logístico- pudo concluir la campaña de manera eficiente.

Sin duda Rosas –hábil político pero de pobres o nula dote militar- lo convirtió en su primera espada, y se aprovechó de la apatía por el poder que Pacheco demostraba en palabras y en acciones: rechazó la investidura de gobernador y ocupó solo cargos efectivos como Ministro de Guerra, diputado legislativo e Inspector de Armas, en este último demostró sus habilidad y conocimiento, puesto que convirtío al Ejército de Buenos Aires –degradado casi a milicia montonera- en una máquina eficiente, bien armada y mejor vestida. De su acción, el propio Sarmiento se quejaba , cuando criticaba al “civilizado” ejercito Unitario:

“Los ejércitos Federales marchan al Compas… tienen reglamentos y lucha a pie (…) su infantería  usa Uniformes europeos (…) y artillería reglada (…) los unitarios  pelean como bárbaros (…) a caballo, con poncho y con pincho en las astas de un palo…”

 Pacheco actuó eficientemente frente a los Ejércitos de la divisa Punzó, cuando Rosas le dio el mando militar: En Quebracho Herrado comandó el ala derecha federal, de acción decisiva en ese combate. Alli tomó prisionero y dio garantías al coronel Pedro José Díaz. En San Calá derrotó al coronel Vilela, en inferioridad numérica de fuerzas (500 hombres contra 2.200), provocando un verdadero desastre a la coalición unitaria. . Algunas desintelingencias con Oribe, que no vio con buenos ojos su actuación en Quebracho Blanco, lo indujeron a renunciar el mando de las fuerzas de Cuyo, pero Rosas no lo aceptó. Había sido amigo de éste en su juventud tutéandose recíprocamente, "...pero así que Rosas subió al poder, Pacheco jamás volvió a tutearlo ni en su correspondencia ni en su trato, y siempre lo llamaba señor Gobernador", según las palabras del historiador Ernesto Quesada.

Cuando llegaron los días de Caseros, las discordias con rosas lo dejaron afuera de la batalla. Otra hubiera sido la historia si el hubiera comandado las fuerzas Federales ese día, puesto que hubiera salido a buscar al Ejército Grande en la frontera porteño santafecina, o meterse dentro de la ciudad y esperar que las discordias entre los brasileños y entrerrianos terminaran con aquella difícil alianza… si el hubiera tomado el mando, y teniendo a oficiales tan capacitados en el Campo –como Chilavert- la balanza de aquel día le hubiera dado la victoria al Restaurador… pero Pacheco fue el Gran ausente.

Sin embargo, no hubo represalias contra él, y nadie confisco sus propiedades de su querida Estancia del Talar –donde se había retirado- cuando las tornas cambiaron. De hecho, su última actuación militar fue en 1853, cuando su colega de armas, el General Lagos se reveló y sitió la ciudad.
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"...Su timbre de honor, su gloria, era haber sido soldado de San Martín: no quería aspirar otra. Nació con la vocación militar y con ella murió, sin haber claudicado una sola vez en su vida..., dice Quesada." Y añade: "...era un hombre de mundo, de proverbial galantería con las damas, siendo conocido su profundo respeto por las mujeres en general" . Falleció en Buenos Aires el 25 de setiembre de 1869. En el acto del sepelio de sus restos hablaron aliados y viejos adversarios entre otros, el poeta Carlos Guido y Spano y el General Bartolomé Mitre.

su nombre distingue a un Partido de la provincia de Buenos Aires, donde residía su propiedad y un Regimiento de Caballeria del Ejército Argentino lleva su nombre
Fuentes
ww.galeon.com/tigre/textos/historia/pacheco.htm
Pichirilli, Ricardo, diccionario histórico
Quesada Ernesto: Pacheco y la Campaña de Cuyo. 1927
http://www.lagazeta.com.ar/pacheco_angel.htm

http://imageshack.us/scaled/thumb/15/pivq.jpg

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/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
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MensajeTema: Re: Soldados de San Martín   Dom 28 Ago 2016 - 16:02

Teniente General Eustoquio Frías

Pocos saben de su existencia. Para muchos será un nombre anónimo. Un verdadero desconocido.
Con quince años, ingresó al Regimiento de Granaderos a Caballo en 1816, en Mendoza
No hizo el Cruce, pero sí participó de la Campaña del Sur de Chile. En 1821 partió al Perú con la Expedición Libertadora.
Hizo casi toda la Campaña del Perú bajo las órdenes del Sargento Mayor Juan Galo de Lavalle.
Estuvo en "Nasca", "Cerro de Pasco" y "Callao".
Fue uno de los 96 Granaderos a Caballo que vencieron a más de 400 realistas en la elegante osadía de "Riobamba".
Las cumbres del "Pichincha" también lo conocieron.
Estuvo en "Junín", siendo uno de los 120 elegidos que se bañaron de Gloria ese día de agosto de 1824.
A las órdenes de Alejo Bruix, fue una de las ochenta lanzas que brillaron bajo el violento sol peruano de un lejano 9 de diciembre de 1824, en un lugar llamado "Ayacucho". Era uno de los últimos ochenta Granaderos sobrevivientes de toda la Gesta Libertadora que pelearon en aquella Batalla épica, la última de la Guerra de Independencia Americana. Su sangre regó aquel suelo sagrado, manada de una herida en el muslo.
Vuelto al país, siendo el Portaestandarte del Regimiento de Granaderos a Caballo, partió a la Guerra contra el Brasil. Se batió con bravura en "Ombú" bajo las órdenes del inmortal Olavarría.
Héroe en "Ituzaingó", en donde ganó sus galones de Capitán.
Era lavallista, y cuando Lavalle se alzó en contra de Dorrego, unió su espada a la del "León de Riobamba".
A fines de 1830, ya derrotado Lavalle, y cuando se estaba organizando la campaña contra la Liga del Interior, fue convocado para la misma. Pero escribió al gobernador Rosas, pidiéndole su pase a retiro, ya que:

"...pertenezco al partido contrario al de V.E. y mis sentimientos tal vez me obliguen a traicionarle, y para no dar un paso que me desagrada, suplico a V.E. se digne concederme el retiro...."

Siguió luchando con distinta suerte en el bando Unitario.
El 1852, se unió al Ejército Grande de Urquiza, y su espada desenvainó en "Caseros".
También estuvo presente en "Pavón".
Cuando llegó la Guerra de la Triple Alianza, volvió a ofrecer sus servicios, pero no fue aceptado a causa de su avanzada edad.
Murió de casi 90 años, en 1891, en la Ciudad de Buenos Aires.
Ya viejito, su generosa memoria sirvió a Mitre para ilustrar la Campaña Libertadora. Sus recuerdos sirvieron para construir la Historia de la Independencia Americana.
Ya en el final de sus días, una vez le preguntó el Presidente Carlos Pellegrini si conservaba alguna de sus espadas usadas en las campañas de la libertad, y él le contestó con voz pausada:

"No, aunque he cuidado mucho mis armas, porque la Patria era pobre y yo también. El sable que me regaló Necochea en Mendoza, lo rompí en Junín. Ya estaba algo sentido...."

Era Salteño, nacido en Cachi, en 1801.
Sus venerables reliquias duermen el sueño de los justos en la Catedral de Salta, en el Panteón de las Glorias del Norte.
¿Su nombre? Teniente General Eustoquio Frías, Granadero de San Martín.


Daguerrotipo del Teniente General Eustoquio Frías de poco antes de su muerte. Su pecho entorchado de cordones y medallas atestiguan el valor del Héroe.

Fuente: Granaderos Bicentenario

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MensajeTema: Re: Soldados de San Martín   Dom 28 Ago 2016 - 17:50

Gran aporte este tópico, muchas gracias

saludos
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MensajeTema: Re: Soldados de San Martín   Dom 28 Ago 2016 - 20:21

Juan Manuel Cabot: El Ala derecha de San Martín





San Juan tuvo activa participación en un momento clave de la campaña libertadora de José de San Martín. El cruce de los Andes era una odisea para liberar al suelo chileno del dominio español y desde San Juan no sólo hubo ayuda en el aporte económico para equipar a los soldados, sino que también partió una columna que contribuyó en la emancipación. El hombre de confianza de San Martín para dirigir esa columna fue Juan Manuel Cabot.

Nació en Tucumán el 23 de marzo de 1784 y de niño se trasladó con su familia a Buenos Aires. En 1806 se sumó al Batallón de Voluntarios Urbanos cuando la ciudad resistió las invasiones inglesas y ahí despertó su vocación por la carrera militar. El 25 de mayo de 1810 se inclinó por el movimiento revolucionario y fue nombrado teniente. Fue logrando ascensos mientras combatía al mando de Belgrano en la campaña del Alto Perú. En 1815 pasó al Ejercito de los Andes y ya demostraba una férrea disciplina, cualidad imprescindible para adiestrar a los soldados que partirían a Chile. Un año más tarde San Martín lo designó Comandante de Armas de San Juan, es decir la autoridad máxima militar del lugar, con el grado de teniente coronel.

Así formó y adiestró el Batallón N° 1, Cazadores de los Andes, integrado exclusivamente por sanjuaninos y también instruyó parte del Batallón N° 8, constituido por negros libertos.

Hasta que en enero de 1817, llegó la orden de invadir Chile y Cabot encabezó el ala derecha a la columna central que comandaba el propio San Martín.

En el camino a Pismanta las proclamas sumaban a más hombres a la 4ta. División del Ejercito de los Andes, que atravesó la Cordillera por el paso de Guana con 800 combatientes, aunque solamente 60 de ellos eran soldados "profesionales".

Uno de los objetivos principales de Cabot en el plan total del Cruce era confundir al enemigo sobre el avance del grueso del ejército (simultáneamente actuaba otra ala al Sur) e insurreccionar a las poblaciones chilenas contra el domino de los reales.

Los españoles hicieron una tibia resistencia en la batalla de Salalá, pero se retiraron rápidamente. Así Cabot, luego de 700 kilómetros de recorrido en total, ocupó Coquimbo y La Serena el 11 de febrero y la confusión ya estaba instalada en las fuerzas españolas. Un día más tarde, San Martín vencía en la batalla de Chacabuco y la operación resultaba de un completo éxito.

Cabot nunca regresó a la provincia. Se retiró por invalidez, ya que fue herido en su mano izquierda y perdió su movilidad. En Chile conoció a una dama con la que se casó y se dedicó al comercio de trigo y animales durante el resto de sus días.

La otra Bandera de los Andes
Esta bandera, llamada "Bandera Ciudadana", confeccionada por mujeres sanjuaninas, "se usó como distintivo de la división comandada por Juan Manuel Cabot, que según las instrucciones del General San Martín cruzó la Cordillera de los Andes por caminos inaccesibles de la cordillera sanjuanina para sorprender al enemigo".




La restitución del pabellón a la provincia de San Juan fue ordenada por la Ley 26.676, promulgada en mayo de 2011, y se hizo efectiva en abril siguiente, tras una restauración de la que muestra una escena la imagen que precede. La enseña fue declarada Patrimonio Cultural de San Juan.





La bandera se exhibe actualmente en el Centro Cívico de San Juan, en un mueble especial dotado de un espejo que permite ver también el reverso del pabellón, ocupado por un gran sol:

Tanto la bandera misma como el escudo y el sol que ella exhibe, son de gran interés para la Heráldica, la Vexilología y otras disciplinas afines.
Publicamos esta entrada en el aniversario de la partida desde San Juan de la columna de Cabot. Esa columna había salido de El Plumerillo el 9 de enero de 1817. En San Juan se le unió otro contingente de soldados, y el día 12, siempre bajo el mando de Cabot, siguió la marcha desde esa ciudad para dirigirse hacia la cordillera que debía cruzar.
Además de la calle que lo recuerda, el Regimiento de Infantería de Montaña N° 22, con asiento en Marquesado, adoptó su nombre en 1997.

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MensajeTema: Re: Soldados de San Martín   Dom 28 Ago 2016 - 21:48

Otro héroe desconocido...

Era chileno, nacido en 1787. Se llamaba Francisco Olmos.
En octubre de 1812 entró a formar parte de las filas del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Estuvo en la Banda Oriental en 1814, siendo integrante del grupo sitiador que obtuvo la capitulación de la Plaza Fuerte de Montevideo. Por sus méritos obtuvo el grado de Sargento.
Hizo el Cruce de los Andes, y su sable brilló en "Chacabuco", "Cancha Rayada" y "Maypo".
Fue integrante del recientemente formado cuerpo de "Cazadores de los Andes", escisión del Regimiento de Granaderos. Con los "Cazadores" viajó al Perú junto a la Expedición Libertadora. Fue ascendido a Alférez. Participó de la "Toma de Lima" y del "Sitio del Callao". Cuando los Granaderos y los Cazadores fueron reunificados, recibió el ascenso de Teniente 1ro.
Junto a Juan Galo de Lavalle fue uno de los 96 Granaderos a Caballo de los Andes que se cubrieron de heroísmo y gloria en "Riobamba", el 21 de abril de 1822. Allí, en las afueras de la villa ecuatoriana de Riobamba, 96 Granaderos despedazaron a 400 realistas. Tan grande e importante fue su participación en el Combate, que fue citado en el Parte Oficial redactado por Lavalle:
"...Entre tantas acciones brillantes de los oficiales y tropa del Escuadrón, es difícil hallar la de más mérito; sin embargo, es preciso nombrar al valiente sargento mayor graduado D Alejo Bruix, al teniente D. Francisco Olmos, a los sargentos Díaz y Vega, y al granadero Lucero..."
También su sable estuvo presente en la memorable "Batalla de Pichincha" del 24 de mayo de 1822.
Hizo también la Campaña de los Puertos Intermedios, y se halló en los desastres de "Torata" y "Moquehua". En esta última batalla fue uno de los protagonistas de las famosas Veinte Cargas de Lavalle....
Combatió en "Junín", el 6 de agosto de 1824, y fue una de las ochenta lanzas que brillaron en "Ayacucho", el 9 de diciembre del mismo año.
Terminada la Guerra de Independencia, Olmos fue uno de los 78 Granaderos sobrevivientes que volvieron en harapos a Buenos Aires, de donde habían partido trece años antes, en enero de 1826. Olmos figura como capitán de la 3ª compañía del 3er escuadrón; y de la 1ª compañía del Regimiento en la revista del 14 de julio de 1826.
Disueltos los Granaderos a Caballo por orden de Rivadavia, fue asimilado por el Regimiento de Lanceros N°16, del Coronel Valentín Olavarría. Con él partió a la Guerra contra el Brasil. Combatió en esa guerra en "Calera de las Huérfanas", "Ituzaingó", "Camacua" y "Yerbal", ésta última junto a Lavalle. Luego participó en los Combates de "Padre Filiberto" y "Las Cañas", ya como Jefe del Regimiento N° 16, ya que Olavarría había pedido licencia.
Vuelto al país, se suma a la Revolución de Lavalle, y acompaña al "León de Riobamba" en su campaña, estando presente en "Navarro" y Puente de Marques". Vencido Lavalle, por su mal estado de salud es dado de baja del Ejército.
Volverá a ser reincorporado con el grado de Teniente Coronel a fines de 1833.
Seguramente la dureza de la vida militar hicieron grave mella en su salud, muriendo éste formidable Guerrero de la Independencia el 1ro. de Julio de 1835 a la edad de cuarenta y ocho años.

Fuente: Granaderos Bicentenario



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MensajeTema: Re: Soldados de San Martín   Sáb 21 Ene 2017 - 12:00

21 DE ENERO DE 1823 - BATALLA DE MOQUEGUA.

LAS VEINTE CARGAS DE LAVALLE.

Apenas dos días antes, el 19 de enero de 1823 el Ejército Libertador del Sur, enviado a la Campaña de los Puertos Intermedios, había recibido un duro golpe en "Torata", a manos del Ejército Real del Perú, al mando del General Canterac.

Estamos en el sur del Perú, y las tropas patriotas son comandadas por el General Rudecindo Alvarado.
La victoria realista de "Torata", había dejado a los patriotas en una situación muy desfavorable. Cargados de heridos, faltos de municiones y agua, los sobrevivientes del día 19 intentaban una huida desesperada.

Mucho no pudieron escapar, ya que dos días después, el 21 de enero de 1823, son alcanzados nuevamente por los soldados del Rey, los cuales, a su vez, habían recibido refuerzos.
Los nuestros dieron media vuelta, y presentaron batalla. Era dar la cara al enemigo, o ser acuchillados por la espalda.

Lo previsible sucedió. La carga realista fue violenta, y poco y nada pudieron hacer los integrantes del Ejército Patrio para poder contenerlos. Pronto el frente de batalla se desmoronó, y los regimientos del Ejército Libertador del Sur daban la espalda al enemigo y huían en desbandada al grito de "sálvese quien pueda".

Aprovechando esta situación, la caballería realista arremete contra los soldados que huyen, sableándolos por la espalda sin piedad. La batalla se ha transformado en una carnicería. Decenas de cadáveres de soldados patriotas van quedando tirados, marcando el camino de la huída de los sobrevivientes.

¡Algo hay que hacer!
Y como en cada situación apremiante, aparece el ungido por el destino para evitar la catástrofe.
El Sargento Mayor Juan Galo de Lavalle, se pone al frente del Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes, y arremete feroz contra la caballería realista que persigue a los infantes. Son apenas 380 contra varios cientos.

Lavalle carga una vez. Carga otra vez. Y una vez más. Y otra más, dejando jirones de sus hombres en los arenales de "Moquegua". Sabe que quizás el sacrificio es inútil, y que muy probablemente no logre la victoria. Pero aún así carga una vez más con sus Granaderos que lo siguen a una muerte segura sin titubear. ¡Si Lavalle ha de morir, ellos lo harán también!. Sabe que con su sacrificio gana tiempo, para favorecer la huida de los infantes aterrados.

Las cargas de Lavalle se suceden una tras otra, hasta llegar al número de 20, cuando los realistas deciden terminar con su persecución, que le estaba resultando muy costosa.

El Sargento Mayor reúne al puñado de valientes que lo rodea. Son apenas ochenta los Granaderos sobrevivientes. El resto, más de trescientos, han muerto o han caído prisioneros del español.
Con la soberbia que lo caracteriza, soberbia -justificada- que lo señala como un Granadero de San Martín, manda a formar a aquel pelotón de Granaderos, y abandona el campo de batalla al tranco, cubriendo la retirada de las reliquias del Ejército Libertador del Sur.

De éste modo, Don Juan Lavalle, revalida el apodo con el que todos lo conocen.

Lo llaman "El León".

Fuente: Granaderos Bicentenario

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MensajeTema: Re: Soldados de San Martín   Dom 12 Mar 2017 - 13:18

ALEJO BRUIX...GRANADERO...

Corría el año 1816 en sus comienzos. Belgrano y Rivadavia se encontraban en París; los llevaba el afán de resolver los problemas de la patria naciente, por la vía diplomática. Pero estaban convencidos que era inútil buscar en la diplomacia las soluciones a nuestros problemas.

- Luchamos para afirmar el derecho a gobernar nuestro propio país.
- Perdón señor...donde queda vuestro país...???

Quién lo interrumpía era un joven oficial del ejército imperial.

- Mi país queda en el Sur de América, teniente, sobre el Río de la Plata...

- Acaso es ese en el que el Señor Liniers fué virrey...???

- El mismo.

La curiosidad y el interés del joven oficial, emocionaron a Belgrano:

- Señor Belgrano: Mi espada en Francia yo no tiene mas nada que hacer. Podría ponerla al servicio de ese pueblo de valientes...???

Y en Mayo de 1817, se presenta a San Martín en Santiago de Chile, el joven oficial:

- Alejo Bruix, francés, con grado de teniente de los ejércitos de Su Majestad Imperial. Hice la campaña de Rusia en el arma de caballería.

- Bién, el gobierno de Buenos Aires me pide que lo incorpore para la campaña de Chile...Tiene algo que solicitar...???

- El General Belgrano, en París, me ha hablado largamente de Usted, General, y de su cuerpo de Granaderos a Caballo.

- Es un cuerpo de normas severas, de disciplina sin conseciones y destinado a las posiciones de mayor riesgo.

- Lo sé, mi general, y es por eso que pido ser incorporado a sus cuadros.

En Cancha Rayada fué su bautizmo de fuego. Maypo lo vió luego conduciendo las huestes granaderas con valor indomable. Bio Bio lo vió cumplir una hazaña extraordinaria, cruzando al frente de doce granaderos las enfurecidas aguas del río en plena creciente y tomando la fortaleza de Nascimiento. San Martín lo distinguó por esa hazaña.

- Solo a una cosa aspiro, mi general: Seguir perteneciendo a este cuerpo cuyo uniforme honra a cualquier soldado del mundo.
Larga historia de hazañas audaces y heroicas, fueron cubriendo la foja del capitán Bruix. Acompañó a San Martín en la campaña del Perú, estuvo en el asalto a los catillejos del Callao. Mas tarde se cubrió de gloria en la epopeya de Rio Bamba a las órdenes de Lavalle.

Su grito de combate fué acicate de aquel escuadrón en cien pruebas de gloria. Y siempre con el heroico cuerpo, paseando la bandera de la libertad por medio continente.
Y ahora es ya el 9 de Diciembre de 1824....arde la batalla en los campos de Ayacucho. Córdoba da las órdenes finales:

- Atención: La artillería enemiga ha quedado anulada...Ahora estamos a mano...Hay que ordenar las cargas: Primero cargaré yo sobre sobre el centro de la fuerza enemiga. Luego Laureano Silva con sus lanceros colombianos. En su apoyo, Lara con sus escuadrones...y entonces, Suarez con los Húsares de Junin y Bruix con los Granaderos...A la carga....!!!!
Culminaba la libertad de América. Alto el sol de Ayacucho anunciaba la gloria de la carga final. Y allí estaba Bruix, coronel ahora, frente a ochenta granaderos. Allí estaba, el último jefe de aquel grupo de veteranos; los únicos que quedaban del total de hombres con que San Martín cruzara los Andes. Antes de la batalla, había lanzado la última proclama a sus ochenta heroes:

- Cuerpo de Granaderos...!!! Doce años de Gloria, pesan sobre vuestras espaldas...Pertenecer a este regimiento es haber asumido el mas solemne compromiso de bravura, de conducta y de amor a la patria...Desde San Lorenzo hasta Junín, cada vez que la bandera granadera flameó en el campo de combate, un chispazo de gloria brilló bajo el sol...

El destino ha querido que yo, nacido bajo un cielo distante, sea quien os conduzca a esta batalla en la que podemos sellar la libertad de un continente. Solo sois ochenta soldados que habeis quedado de aquel heroico regimiento. Uno por uno puedo nombraros. Os conozco como pudiera conocer a mis hijos porque estais todos dentro de mi corazón....Soldados del Cuerpo de Granaderos a Caballo, veteranos del coraje, amigos mios....Que esta última carga cierre un ciclo de gloria...y ahora....Viva la Patria....!!!!

Y ochenta voces emocionadas le respondieron.

Caía la tarde sobre el campo de Ayacucho. Córdoba, Silva, Lara y Suarez habían lanzado ya sus cargas bravías sobre las fuerzas de Monet. Y, entonces, estalló el último grito victorioso.

- A la carga...Granaderos....!!!!

Y a la órden de Bruix, los ochenta veteranos del coraje, fueron sable en alto, a recoger el último rayo de sol de un día de gloria.

Fuente: Granaderos Bicentenario

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MensajeTema: Re: Soldados de San Martín   Lun 13 Mar 2017 - 0:36

buen dato!
sumo esto: vinieron dos Bruix uno es Alejo y el otro fue Eustaquio, ambos hijos de  Étienne Eustache Bruix, el almirante Frances que fue derrotado por Nelson en la Rada de Abukir. Eustaquio era hermano mayor de Alejo (o Alexis), muerto en la Segunda Campaña al Bìo Bio, al ser destrozado por una bala de Cañon.  Es interesante que Rivadavia contratò a un grupo mas que interesante de oficiales Napoleonicos  (¡Bonapartistas?) en Europa: D Albe,   Juan José Dauxión, Lavaisse,  Trolé, Salvigni, Viel, Sowersby , Rauch, y Danel... y Brandsen Esta injerencia de Franceses en el Ejercito no le cayo muy bien a San Martìn, -que anglofilo como era, preferia oficiales britanicos, algo escasos de conseguir. Pese a ello no era tan tonto para no utilizarlos dada la notable capacidad y experiencia bèlica que tenian. Hay cierta evidencia que muchos de estos oficiales -en especial uno aqui no mencionado, Brayer, estaba involucrado en el arribo de Napoleòn a America, puesto que en Santa Helena el Corso aun pergeniaba planes para hacerse un Espacio en el Continente americano.

saludos

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MensajeTema: Re: Soldados de San Martín   Vie 21 Abr 2017 - 18:29

21 DE ABRIL DE 1822

COMBATE DE RIOBAMBA

Parte del Combate de "Riobamba", escrito por el Sargento Mayor Juan Galo de Lavalle González Bordallo, para el General José Francisco de San Martín y Matorras.

"Exmo. Señor—
El día 21 del presente se acercaron á esta villa las divisiones del Perú y Colombia y ofrecieron al enemigo una batalla decisiva. El primer escuadrón del regimiento de Granaderos á caballo de mi mando, marchaba á vanguardia descubriendo el campo, y observando que los enemigos se retiraban, atravesé la villa, y á la espalda de una altura en una llanura me vi repentinamente al frente de tres escuadrones de caballería, fuertes de ciento veinte hombres cada uno, que sostenían la retirada de su infantería: una retirada hubiera ocasionado la pérdida del escuadrón ysu deshonra, y era el momento de probar en Colombia su coraje: mandé formar en batalla, poner sable en mamo y los cargamos con firmeza. El escuadrón que formaba noventa y seis hombres parecía un pelotón respecto de 400 hombres que tenían los enemigos: ellos esperaron hasta la distancia de quince pasos, poco mas ó menos, cargando también: pero cuando oyeron la voz de á degüello y vieron morir á cuchilladas tres ó cuatro de los mas valientes, volvieron caras y huyeron en desórden. La superioridad de sus caballos los sacó por entonces del peligro con pérdida solamente de doce muertos, y fueron á reunirse al pié de sus masas de infantería. El escuadrón llegó hasta tiro y medio de fusil de ellos, y temiendo un ataque de las dos armas, le mandé hacer alto, formar, y volver caras por pelotones: la retirada se hizo al tranco del caballo, cuando el General Tolrá, puesto á la cabeza de sus tres escuadrones, los puso á la carga sobre el mío.
El coraje brillaba en los semblantes de los bravos granaderos, y era preciso ser insensible á la gloria para no haber dado una segunda carga. En efecto, cuando los cuatrocientos godos habían llegado á cien pasos de nosotros, mandé volver, caras por pelotones y los cargamos por segunda vez: en este nuevo encuentro se sostuvieron con alguna más firmeza que en el primero, y no volvieron caras hasta que vieron morir dos capitanes que los animaban. En fin los godos huyeron de nuevo, arrojando al suelo las lanzas y carabinas y dejando muertos en el campo cuatro oficiales y cuarenta y cinco individuos de tropa. Cincuenta Dragones de Colombia que vinieron á reforzar el escuadrón lo acompañaron en la segunda carga y se condujeron con braveza.
Nosotros nos paseamos por encima de sus muertos á dos tiros de fusil de sus masas de infantería, hasta que fué de noche, y la caballería que sostenía antes la retirada de su infantería fué sostenida después por ella. El escuadrón perdió un granadero muerto, y dos heridos, después de haber batido á un número tan superior de enemigos en el territorio de Quito. Entre las acciones brillantes de los oficiales y tropa del escuadrón, es difícil hallar la de más mérito. Sin embargo es preciso nombrar al valiente Sargento Mayor graduado, Capitán D. Alejo Bruix, al Teniente D. Francisco Olmos, á los sargentos Díaz y Vega y al granadero Lucero. Tengo el honor de asegurar á V. E. mis respetos, y que soy su atento servidor Q. S. M. B.
— Juan Lavalle.
— Al Exmo. Sr. D. José de San Martín, Capitán General en gefe del ejército libertador del Perú y protector de su libertad."

fuente: Granaderos Bicentenario

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