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 En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación

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woody59

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MensajeTema: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Jue 29 Ene 2015 - 19:54

Por Luz Marina Mateo
Departamento África del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP
Los negros constituyeron un porcentaje muy importante de las milicias que defendieron la ciudad de Bs. As. ante los ingleses y de los ejércitos que sostuvieron las luchas de la independencia. Sin embargo, fueron las víctimas de la primera gran masacre de nuestra historia
Los negros comenzaron a llegar a Latinoamérica en los siglos XV y XVI con la esclavitud, que ha sido el instrumento por excelencia para servir a las necesidades de mano de obra de los colonos europeos, en este caso de las coronas española y portuguesa. Fueron la fuerza de trabajo en los albores del capitalismo. En nuestro país fueron afectados a tareas rurales, venta ambulante y servicio doméstico.
Según un censo de 1778, en Santiago del Estero el 54 % de la población era negra, en Catamarca el 52 %, en Salta el 46%, en Córdoba el 44%, en Tucumán el 42%, en Buenos Aires el 30%. Los africanos y los afro-argentinos participaron activamente en la lucha independentista argentina. Durante la vigencia de la esclavitud, la Ley de Rescate obligaba a cada propietario de esclavos a dar 2 de cada 5 para el servicio de armas. Y por otro lado se les prometía la libertad a los que estaban 5 años en el servicio militar.
El problema era que nunca alcanzaban a cumplir ese plazo, los mataban antes. En 1801 ya había formaciones milicianas -las compañías de pardos y morenos- que durante las invasiones inglesas tuvieron activa participación en la defensa de Bs. As. Cuando San Martín viene de España y se hace cargo del ejército del norte, de los 1200 hombres con que contaba, 800 eran negros libertos. Todas las milicias tenían hombres afro-argentinos -incluyendo al heroico Sargento Cabral- y hubo cantidad de coroneles negros. Por eso, la militarización y el estado de belicosidad permanente del país, y la guerra del Paraguay en particular, hizo que gran cantidad de negros y de afro-argentinos desparecieran por estar en la primera línea de fuego. Una de las naciones del Buenos Aires del siglo XIX- la nación Mayombé- quedó sin hombres porque todos murieron sirviendo en el ejército de Rosas.
La abolición de la esclavitud llega con la libertad de vientres en 1813 y, posteriormente, con la Constitución de 1853. Tuvo sus contrarios antes de ser sancionada: los propietarios y la mayoría de las familias ilustres de Bs. As. conformaban lo que se conocía como el partido esclavista, que incluía apellidos como Martínez de Hoz. Acasusso, Warnes, Lavallol y Necochea. La abolición, si bien fue muy importante, quedó en una libertad formal; como a los que habían sido favorecidos por esa medida no se les dio las herramientas necesarias para poder iniciar una vida autónoma, la mayoría terminó volviendo a su vida anterior, sometidos al poder y dinero de sus patrones, o mendigando en las calles.
En Buenos Aires, la epidemia de fiebre amarilla de 1871 tuvo efectos devastadores. Por entonces los negros vivían en las zonas del sur de la ciudad en condiciones paupérrimas. El ejército valló esos barrios para que no pasaran a los barrios de los blancos que era donde estaba la capacidad de atención médica de la fiebre amarilla. Esto contribuyó muy fuertemente a la disminución importantísima de los negros del Buenos Aires del siglo XIX.
Los negros fueron las víctimas de la primera de las cuatro grandes masacres de nuestra historia (la segunda fue la de los originarios en la Conquista del Desierto, la tercera fue la de los obreros de la Patagonia en 1921 y la cuarta corresponde a la dictadura militar de 1976).
Argentina decidió desde sus albores ser la Europa de América y, por lo tanto, blanca.
Sarmiento, por ejemplo, planteaba: “Llego feliz a esta Cámara de Diputados donde no hay gauchos, ni negros, ni pobres. Somos la gente decente, es decir patriotas”. Estas políticas de blanqueamiento y de negación de la presencia negra se mantienen hasta el día de hoy. En 1994, el entonces presidente Menem decía: “En Argentina no hay discriminación porque no hay negros. Ese ´problema´, sí lo tiene Brasil”.
Decir que en la Argentina de hoy no hay negros es una falacia. Hay descendientes de aquellos que vinieron como esclavos, hay descendientes de los que vinieron con las oleadas inmigratorias europeas de fines del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX (es decir, los caboverdianos) y están los inmigrantes que han venido desde los estados colapsados o fallidos del África, a partir de la caída del muro del Berlín.
Las políticas de negación intentan ocultar esta presencia y las importantes contribuciones de los negros y afro-argentinos no sólo en las guerras de la independencia, sino también en la vida económica y en la cultura de este país.



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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Jue 29 Ene 2015 - 20:09

El Coronel Lorenzo Barcala



El 4 de noviembre de 1831, Facundo Quiroga venció completamente al general Gregorio Aráoz de Lamadrid en la Ciudadela de Tucumán. Las fuerzas del caudillo riojano provocaron una verdadera carnicería entre las huestes del General Vidalita, como apodaban al héroe de la Independencia por su afición al canto y la guitarra. Si éste logró huir, treinta y tres de sus oficiales cayeron prisioneros. Sólo dos consiguieron salvarse del pelotón de fusilamiento: el capitán Pedro Morat, que logró evadirse, y el coronel Lorenzo Barcala. Fue el mismo vencedor quien lo llamó a su presencia y le ofreció la vida y el cargo de edecán. El célebre jefe de color, sorprendido por el gesto de quien había ordenado la muerte de sus camaradas de armas, aceptó bajo la formal promesa de que no sería obligado a luchar contra los unitarios, a cuyas filas se había incorporado hacía tiempo.

Dos contemporáneos brindan diferentes versiones sobre los motivos que impulsaron a Facundo a proceder de tal modo. El general Jerónimo Espejo afirma que gravitó la recomendación de la matrona mendocina Manuela Corvalán de Segura, a quien Quiroga debía importantes servicios. En cambio, Domingo Faustino Sarmiento asigna al gesto un carácter eminentemente utilitario: "El coronel Barcala, el ilustre negro… era el amo de Córdoba y Mendoza, donde los cívicos lo idolatraban. Era un instrumento que podía conservarse para lo futuro; ¿quién sabe lo que más tarde podrá suceder?"

El coronel había nacido en Mendoza el 23 de diciembre de 1795, de padres esclavos, en la casa del escribano español Cristóbal Barcala, cuyo apellido recibió. Era un adolescente cuando ingresó como soldado raso en el regimiento de Cívicos Pardos. Si bien por aquellos años se formaba el Ejército de los Andes en la ciudad cuyana, no fue destinado a los batallones de hombres de color que se cubrieron de gloria en Chacabuco y Maipú, sino que permaneció en su tierra natal. Al comenzar 1820 era sargento primero.

El 9 de enero de ese año, al sublevarse en San Juan el Regimiento 1° de los Andes, las tropas mendocinas fueron acuarteladas en previsión de que el movimiento se propagara por toda la región, y Barcala recibió el cometido de organizar y disciplinar algunas fuerzas. Lo hizo con tanta energía y acierto que ascendió a alférez. Poco más tarde marchó a campaña, al mando del general Bruno Morón, para enfrentar la invasión del caudillo chileno José Miguel Carrera, quien abrigaba el propósito de invadir su patria. Fue perseguido por el general Bruno Morón, alcanzado en Río Cuarto, y posteriormente fusilado. Barcala, que peleó con fiereza, se hizo acreedor a un ascenso y un escudo de honor que expresaba: "Aniquilé la anarquía".

En junio de 1824, el gobernador José Albino Gutiérrez mandó fusilar a algunos opositores, hecho que reprobó todo el pueblo y el propio general San Martín, cuando se enteró de ello. Barcala, capitán y segundo jefe del batallón de Granaderos, se pronunció contra el mandatario, a quien respaldaban el comandante de la unidad y varios oficiales, y contribuyó a poner al frente de las tropas al coronel Juan Lavalle, de paso hacia Buenos Aires. Este fue elegido gobernador interino hasta que se hizo cargo el titular, Juan de Dios Correa.

Luego de formar parte de las fuerzas enviadas a San Juan para reponer en el mando a Salvador María del Carril, que había huido a Mendoza al acercarse una división comandada por Facundo Quiroga, Barcala recibió orden de ponerse a disposición del coronel Estomba para marchar con sus soldados a la guerra con el Brasil. Luego de una serie de alternativas que demoraron la partida, se incorporó al ejército republicano como segundo jefe del Batallón 4 de Milicia Activa de Infantería. Poco tiempo más tarde se distinguió en el asalto de Punta del Este. Pronto ganó el respeto y aprecio de los jefes y oficiales en campaña, particularmente del coronel José María Paz, quien le brindó su confianza por su inteligencia natural, disciplina y valor.

Tuvo la mala fortuna de caer prisionero de las tropas imperiales, en uno de los encuentros parciales librados contra éstas, y fue canjeado por oficiales brasileños al concluir la guerra. Formaba parte de las tropas mal alimentadas y harapientas que se aprestaban a volver a la Argentina como consecuencia de un tratado de paz inicuo, cuando recibió los despachos de coronel de la Nación.

En Buenos Aires, participó del movimiento revolucionario del 1° de diciembre de 1828, y pasó a formar parte de las tropas puestas a las órdenes del ahora general Paz, quien debía extender el alzamiento al interior. Estuvo en el combate de San Roque, Córdoba (22 de abril de 1829) en el que fue completamente derrotado el gobernador Juan Bautista Bustos. Concluida la acción, el comandante en jefe lo comisionó para que reorganizara el batallón de Cívicos, con el nombre de Cazadores de la Libertad. Estaba formado por hombres de color e integrantes de las clases menos acomodadas de Córdoba y sus suburbios. Al frente de sus soldados, tuvo una destacada participación en la batalla de la Tablada (22 y 23 de junio de 1829), en que Paz venció a Quiroga, al decir del propio caudillo riojano, "con figuras de contradanza".

Pero el célebre Manco de Venta y Media no era popular en su ciudad natal, y pronto encontró el rechazo entre el gauchaje y la gente de pueblo de La Docta. Sarmiento refiere, con palabras vehementes, en el Facundo: "Pero Paz llevaba consigo un intérprete para entenderse con las masas cordobesas: ¡Barcala! El coronel negro que tan gloriosamente se había ilustrado en el Brasil, y que paseaba del brazo con los jefes del Ejército: Barcala, el liberto consagrado durante tantos años a mostrar a los artesanos el buen camino, y hacerles amar una revolución que no distinguía ni color ni clase para condecorar el mérito. Barcala fue el encargado de popularizar el cambio de ideas y miras obrado en la ciudad, y lo consiguió más allá de lo que podía esperarse. Los cívicos de Córdoba pertenecen desde entonces a la ciudad, al orden civil, a la civilización. Barcala fue en Córdoba lo que había sido cinco años antes en Mendoza: el genio inspirador de las nobles ideas entre la gente del pueblo y el propagandista sincero de los principios de orden y de cultura entre las masas".

Y sigue el ilustre escritor sanjuanino: "La moral más pura, el vestir y los hábitos de los hombres decentes, el amor a la libertad y a las luces distinguieron a los oficiales y soldados de su escuela. En Mendoza ha costado muchos años diezmar a los patricios, para borrar las profundas huellas que Barcala dejó en los ánimos; y en Córdoba la revolución de 1840 contra Rosas reunió un batallón de infantería numeroso y decidido hasta el martirio a merced de un farol de retreta que tenía esta palabra: Barcala."

Después de la Tablada, Paz volvió a vencer a Quiroga en Oncativo, el 25 de febrero de 1830. El negro Barcala, con sus Cazadores de la Libertad, dio cohesión y fuerza al ala izquierda, lo cual permitió afianzar el triunfo.

Era necesario aprovechar la victoria. Barcala fue comisionado para que garantizara el apoyo de Mendoza, pero Quiroga cayó como un huracán sobre la provincia y derrotó a las fuerzas del general Videla Castillo y de Barcala en Rodeo del Chacón. Este último se defendió hasta el último cartucho y recién entonces emprendió la retirada. Volvió a Córdoba, pero Paz fue tomado prisionero. A las órdenes de Lamadrid, el ejército se retiró hacia el norte para ser derrotado en la Ciudadela, donde ocurrió el episodio que narré al comenzar.

Quiroga le otorgó el mando de un batallón denominado Defensores del Honor Nacional, para que participara en la expedición al desierto comandada por Juan Manuel de Rosas, como integrante de la División Centro, y peleó en la acción de Las Acollaradas.

Pero Facundo fue asesinado en Barranca Yaco en febrero de 1835, y Barcala consideró roto su compromiso. Pasó a San Juan con el propósito de descansar de sus luchas y campañas. Sin embargo, fue más fuerte su deseo de derribar del mando que ejercía sin títulos en Mendoza el fraile Aldao, y entró en contacto con sus opositores en aquella provincia. Delatado por uno de sus agentes, el gobernador de Mendoza, Molina, a requerimiento del antiguo religioso que casi dos décadas antes se había arremangado la sotana para degollar españoles en la batalla de Maipú, el mandatario se dirigió a su colega sanjuanino para reclamarle la prisión de Barcala.

Se le remacharon barras de grillos en las piernas y en los brazos, y fue conducido sin ninguna contemplación a Mendoza. Para salvar las formas, lo juzgó una comisión militar que antes de reunirse tenía decidido el veredicto fatal, y fue fusilado en la plaza principal el 1° de agosto de 1835.

El día anterior, el juez supremo de alzada, Timoteo Maradona, había recibido estas líneas, escritas con pulso firme por el valiente soldado: "Amigo mío: cuando ésta llegue a sus manos ya no existiré quizá: estoy en capilla y mañana a las 11 seré ejecutado. La amistad que he tenido con usted y toda su casa sirva pues para que haciendo los mayores esfuerzos, mande mi equipaje a mi desgraciada familia: así se lo suplica su atento servidor y desgraciado amigo, Lorenzo Barcala".


Su hijo Celestino Barcala peleó contra los federales en la década de 1860 y fue fusilado por Felipe Varela poco antes de su derrota en la batalla de Pozo de Vargas.

Tal la historia de luchas, sacrificios, infortunios, prisión, vejámenes y glorias de uno de los hombres de color que alcanzaron altos rangos en las armas argentinas.


* Presidente de la Academia Nacional de la Historia

en : http://archivo.losandes.com.ar/notas/2000/12/17/sociedad-2571.asp

saludos

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plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Vie 30 Ene 2015 - 17:17

Del libro Historia de Belgrano tomo I por Bartolomé Mitre, haciendo el relato del festejo de la victoria española-criolla antes las tropas británicas luego de la segunda invasión en el año de 1807

Las fiestas con que se celebraron estos triunfos fueron graves, conmovedoras y dignas de un pueblo poseído de sentimientos generosos. Honores fúnebres a los muertos, pensiones vitalicias para las viudas y los huérfanos, premios á los inválidos y la manumisión de setenta esclavos por la valiente comportación de sus compañeros en los días de la defensa; tales fueron las demostraciones públicas decretadas por el Cabildo, á que se asociaron todas las autoridades y todos los ciudadanos. El acto de la manumisión de los setenta esclavos fue imponente. En un tablado elevado en la Plaza al pié de los balcones capitulares se verificó el sorteo, con asistencia de todas las corporaciones y en presencia de un inmenso concurso. En una urna colocada á la izquierda se encerraban los nombres de seiscientos ochenta y seis esclavos, considerados por sus hazañas dignos de la libertad: á la derecha se escondían setenta suertes, interpoladas con otras bolillas blancas, y dos niñas colocadas al pié de ellas extraían simultáneamente los nombres y las suertes. Cuando se proclamaba el nombre del esclavo libertado, un redoble de tambor anunciaba el premio, y entonces una diputación del Batallón de Pardos y Morenos libres, lo conducían á son de música bajo sus banderas, incorporándolo en sus filas, brotando de sus ojos las lágrimas de la gratitud y la alegría. La Legión Patricia, que había contribuido con una suscripción voluntaria á la libertad de una parte de los esclavos, les decía en una alocución que les dirigió: "Valerosos esclavos, el cuerpo voluntario de Patricios, á la par que ensanchó su corazón al ver el lucido número de los que entre vosotros la suerte y elección premiaron sus servicios á la patria, no puede sin resentirse volver los ojos hacia vosotros los que con igual mérito quedasteis por la suerte sin obtener el premio á que fuisteis tan dignamente acreedores; pero tened entendido que el no veros por ahora remunerados con igual premio, es el único tormento que angustia los corazones de los Patricios."

Un saludo Ricardo.

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Vie 30 Ene 2015 - 18:35

El rostro negro del Sargento Cabral


Juan Bautista Cabral nació en Saladas provincia de Corrientes en 1789. Era hijo de los africanos esclavizados José Jacinto Cabral (algunos historiadores lo mencionan como indio Guaraní) y Carmen Robledo, nacida en Angola. Esclavizado él también desde su nacimiento, ya que aconteció antes de la “libertad de vientres”.




En 1807, cuando ocurrieron las invasiones inglesas, Juan Bautista se hallaba en Buenos Aires. La fuente utilizada para confirmar esta declaración es una carta suya del 19 de agosto de ese año dirigida a Don Luis Cabral, “su amo”. En ella da cuenta de haberse salvado milagrosamente de ser degollado por los ingleses. Finalmente le pide autorización para regresar a Corrientes y le es concedido el permiso.




Vivió seis años más en Salada, hasta que en 1812 fue reclutado por el Gobernador de Corrientes, Toribio Luzuriaga en las Milicias de Voluntarios de Caballería de Don Juan Bautista Parret y Figueroa. Desde allí, después de cuatro días de viajar a pie llegaron a Santa Fe, donde continuaron su itinerario a caballo hasta Buenos Aires.




Originalmente el contingente estaba integrado por setenta y dos correntinos, pero arribaron al Cuartel del Retiro, en Buenos Aires, solamente cincuenta hombres. El día de llegada, 19 de Noviembre de 1812, es la fecha oficial de la incorporación de Juan Bautista Cabral al Regimiento de Granaderos, donde inmediatamente, al igual que sus compañeros, fue sometido a instrucción militar.




El 3 de Febrero de 1813, en la Batalla de San Lorenzo, acontecida junto al Convento de San Carlos de Borromeo, en la provincia de Santa Fe, una bala de cañón impactó en el caballo del General San Martín.

El animal cayó muerto, aplastando la pierna derecha del General. Un soldado realista se preparó para matar a San Martín con su bayoneta por la espalda.


El Granadero Juan Bautista Cabral se arrojó del caballo al ver a su jefe en tan difícil situación, con intención de socorrerlo, pero fue baleado. Cabral continuó corriendo a pesar de todo y llegó a tiempo para liberar al General San Martín de la opresión que el cuerpo muerto de su caballo ejercía sobre su pierna, manteniéndolo inmóvil e indefenso. Ese día, a los 23 años, el soldado Cabral perdió su vida.




Algunos historiadores consideran que el grado de Sargento le fue dado por San Martín post mortem. Oficialmente sus últimas palabras fueron: Muero contento, mi General, hemos batido al enemigo. Los historiadores argentinos Tulio Halperín Donghi y Norberto Galasso sin embargo, consideran que las últimas palabras de Juan Bautista Cabral fueron dichas en su lengua, el guaraní: Muero contento porque cagamos a esas mierdas o quizás solo haya maldecido por el dolor de las heridas

saludos

en http://nengumbicelestin.blogspot.com.ar/2014/02/aportes-en-la-reconstruccion-de-la.html


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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Vie 30 Ene 2015 - 20:26

El negro Falucho: ¿Existió o fue una invención de Bartolomé Mitre?
¡Malo es ser revolucionario, pero peor es ser traidor!
Por Martín A. Cagliani
La noche del 4 al 5 de febrero de 1824, se sublevó la guarnición patriota del Callao, a la cual componían los restos del Ejército de los Andes, que eran el regimiento Río de la Plata, los batallones 2º y 5º de Buenos Aires, y los artilleros de Chile, a los que se les unieron dos escuadrones amotinados del regimiento de Granaderos a Caballo. Estos pobres soldados se sublevaban porque les debían cinco meses de paga, a lo que se agregó que el día anterior se habían abonado los sueldos de los jefes y oficiales, el deseo de regresar a la patria, ya sea Buenos Aires o Chile, y la repugnancia de tener que embarcarse hacia el norte para engrosar el ejército de Bolívar. Nunca tuvieron la intención de traicionar a la patria.
El motín fue encabezado por Dámaso Moyano y Francisco Oliva, ambos sargentos del Regimiento Río de la Plata. La tropa se entrego a los excesos. Al ver la indisciplina reinante, el mulato Moyano, acepta la sugerencia de Oliva de consultar al coronel realista José María Casariego, que estaba prisionero y alojado allí. Este vio el partido que podía sacar de la situación, aconsejo reemplazar a los jefes patriotas por los españoles. Mientras tanto los peruanos no se decidían a pagar los sueldos atrasados. Casariego los convence de que se unan a las filas realistas donde serian recompensados, mientras que en las patriotas recibirían castigo.
En medio de este desorden se desenlaza la admirable historia de Falucho. En esto vamos a seguir al relato de Mitre que la publicó por primera vez el 14 de mayo de 1857 en el periódico Los Debates.
La noche del 6 de febrero hacia guardia en el torreón del Rey Felipe el negro Falucho, que pertenecía al regimiento del Río de la Plata. Falucho, este su nombre de guerra era muy conocido por su valentía y por su patriotismo, era porteño y amaba a su ciudad. Como muchos en caso igual había sido envuelto en la sublevación, que hasta aquel entonces no tenia más carácter que un motín de cuartel. "Mientras que aquel oscuro -cuenta Mitre- centinela velaba en el alto torreón del castillo, donde se elevaba el asta-bandera, en que hacía pocas horas flameaba el pabellón argentino, Casariego decidía a los sublevados a enarbolar el estandarte español en la obscuridad de la noche, antes de que se arrepintiesen de su resolución". En ese momento se presentan ante el negro Falucho los soldados con el estandarte español, contra el que combatía desde hace 14 años. Falucho no lo podía creer, y sintiéndose totalmente humillado se arroja al suelo y llora amargamente. Los soldados con ordenes de subir el pabellón español, ordenaron a Falucho que presentase el arma al pabellón del rey que se iba a enarbolar. Falucho contesta "Yo no puedo hacer honores a la bandera contra la que he peleado siempre", con melancolía, recogiendo el fusil que había dejado caer. A esto le gritan "¡Revolucionario! ¡Revolucionario!". Según Mitre, Falucho les contesta "¡Malo es ser revolucionario, pero peor es ser traidor! (...) y tomando su fusil por el cañón, lo hizo pedazos contra el asta-bandera, entregándose nuevamente al más acerbo dolor. Los ejecutores de la traición, apoderándose inmediatamente de Falucho, le intimaron a que iba a morir y haciéndole arrodillarse en la muralla que daba frente al mar, cuatro tiradores le abocaron a quemarropa sus armas al pecho y a la cabeza (...). Aquel momento brilló el fuego de cuatro fusiles, se oyó su detonación; resonó un grito de ¡Viva Buenos Aires!, y luego, entre una nube de humo, se oyó el ruido sordo de un cuerpo que caía al suelo. Según Mitre Falucho había nacido en Buenos Aires y su verdadero nombre era Antonio Ruiz.
La historia de Falucho fue publicada nuevamente por Mitre en La Nación del 6, 7, 8 y 9 de abril de 1875. Años después aparece la obra "Historia de San Martín y de la emancipación americana". Con respecto a Falucho, Mitre escribió lo siguiente: "La bandera española fue enarbolada en el torreón Independencia, con una salva general de los castillos (7 de febrero). Un negro, soldado del regimiento Río de la Plata, nacido en Buenos Aires, llamado Antonio Ruiz (por sobrenombre Falucho), que se resistió a hacerle honores, fue fusilado al pie de la bandera española. Murió gritando: ¡Viva Buenos Aires!".
Bartolomé Mitre tomó como base de la historia de Falucho testimonios verbales del general Enrique Martínez, jefe de la División de los Andes; el testimonio de los coroneles Pedro José Díaz (a cuyo cuerpo pertenecía Falucho) y Pedro Luna; y el testimonio escrito del coronel Juan Espinosa. Mitre diría a continuación que hubo dos negros apodados Falucho, aduciendo que este seria un apodo genérico que se daba a los héroes desconocidos de raza negra.
Desde la primera publicación de Mitre se levantaron críticos y detractores. En 1899, Manuel J. Mantilla escribió en su libro "Los Negros Argentinos" que se decía que hubo dos Faluchos, el fusilado, del que dan testimonio Martínez, Díaz y Espinosa, y otro más que vivía en Lima en 1830, según carta del general Miller a San Martín del 20 de agosto de ese año. Miller lo nombraba diciendo que "el morenito Falucho, que era de la compañía de cazadores del número 8 y tomó una bandera en Maypu", le mandaba saludos a San Martín. Lo que indica que Falucho había uno solo, y era muy bien conocido, pertenecía al batallón numero 8. Los atestiguan, además de Miller, el general Tomás Guido. Según el historiador Mantilla en una lista de fines de 1819, había un cabo segundo Antonio Ruiz en la compañía del capitán Manuel Díaz. Mientras que en la de Pedro José Díaz no había ningún Antonio Ruiz.
Muchos autores afirman que la muerte heroica de Falucho fue un invento de Mitre. A la luz de todos los testimonio existentes, lo único que se sabe con seguridad es que, ciertamente murió, en El Callao, heroicamente un soldado negro que no quiso rendir homenaje a la bandera realista. Pero ciertamente este soldado no era Falucho. Falucho fue un soldado negro en el batallón 8º del Ejercito de los Andes que posiblemente fuera el cabo segundo Antonio Ruiz. Este soldado era bien conocido por San Martín y Guido, y vivía en Lima en 1830.
No importa que el heroico negro que se hizo fusilar por nuestra bandera no se apodara Falucho, ya que la tradición lo seguirá inmortalizando con ese nombre.


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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Vie 30 Ene 2015 - 21:24

Linda la primera nota o informe histórico que la primera que leí aca, muy bueno Woody, también hubo masacres de indios aborígenes en el sur brasileño y misiones a los jesuitas.

Por otro lado no recordada la fiebre amarilla del 71, luego sigo leyendo el resto para engordar mis conocimientos flacos.
Una sugerencia, formar párrafos a fin de hacer la lectura mas piola. Muy bueno repito.

Saludos Roberto
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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Vie 30 Ene 2015 - 21:27

Alberdi también fue racista, ya que fue el con su libro bases y sus peleas con Sarmiento (mucho mas gorila que Alberdi) quienes promovieron la oleada de europeos, expresada claramente en la constitución nacional del 53 creo que era el art 19, se fomentará la inmigración, especialmente la europea
Rosas era demagogo, pero mas piola con el trato, incluso con los indios.

Saludos Roberto
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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Sáb 31 Ene 2015 - 1:21

Hoy de casualidad por curiosidad me puse a leer sobre las epidemias en buenos aires de la fiebre amarilla... en especial la del 1871...

Se dice que en parte aqui es donde la mayoria de la poblacion negra "desapareció" de argentina...
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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Sáb 31 Ene 2015 - 1:58

TheLastHuman escribió:
Hoy de casualidad por curiosidad me puse a leer sobre las epidemias en buenos aires de la fiebre amarilla... en especial la del 1871...

Se dice que en parte aqui es donde la mayoria de la poblacion negra "desapareció" de argentina...

El genocidio negro en la Argentina
“En Argentina no hay negros”…
Esta frase esta instalada en el imaginario popular.
Remontémonos a la historia. En 1813 se declaró en el Virreinato del Río de la Plata -actual República Argentina- la “libertad de vientres”, por la cual los futuros hijos de las esclavas serían libres.
negros
Pero recién en 1853 se terminó efectivamente con la esclavitud, mediante una nueva constitución que abolía esa práctica en todo el país.
La cuestión negra, es decir la del sistema de la esclavitud, estaba ligada a los comerciantes porteños, particularmente desde mediados del siglo XVIII hasta la Revolución de Mayo.
El partido esclavista era muy fuerte durante el sistema colonial español, y tuvo todavía, en los primeros años de la Independencia, una presencia política importante. Los apellidos de los esclavistas permiten advertir su continuidad con el sistema oligárquico.
Teniendo en cuenta que en 1816, el general José de San Martín tuvo en su poder un censo de esclavos negros posibles de reclutar militarmente, y que ascendía a 400.000, la pregunta es qué pasó con esos seres humanos en estas tierras.
La esclavitud no fue totalmente abolida hasta la consagración de la Constitución Nacional de 1853, es decir, cuarenta y tres años después de haberse iniciado el proceso emancipador. Esta demora se produjo por dos razones, una, porque los negros esclavos fueron utilizados, en esa calidad, como fuerza de los ejércitos criollos; en segundo lugar, porque el partido esclavista era muy poderoso entre los comerciantes porteños.
El esclavismo en el Río de la Plata
negros
“El comercio de esclavos estaba relacionado principalmente con los comerciantes porteños, es decir, con el partido unitario. El partido saladeril bonaerense, el de Rosas, Anchorena, Roxas y Patrón, Ezcurra, Terrero, carecía de ideas abolicionistas. Los negros también poblaban la campaña bonaerense. Eran utilizados en el trabajo como siervos, especialmente por hacendados y representantes eclesiásticos. Pero los saladeriles no estaban vinculados específicamente con el tráfico de esclavos aunque los utilizaban como mano de obra servil”.
“Cuando Juan Manuel de Rosas asumió el poder, tampoco dio la libertad a los esclavos, pero mantuvo un mejor trato con los hombres y mujeres de color. Rosas tenía estrecha relación con las capas populares y en relación a los negros, solía participar con miembros de su familia, de las fiestas en el barrio del Tambor, en Monserrat, en San Telmo y en la Recoleta (el viejo Buenos Aires). Eran los famosos candombes y marimbas”.
En la época de Rosas (mediados siglo XIX), los africanos eran el 30% de la población argentina.
“Cuando volvieron los antirrosistas al gobierno, después de 1851, no olvidaron a esos negros que habían motivado sus fantasías de terror. La venganza llegaría años después, durante la tragedia de la fiebre amarilla y la Guerra del Paraguay, a fines de los años sesenta”. (Síntesis del trabajo El Genocido Negro en la Argentina de Emilio Corbierie).
La limpieza étnica continúa a través de la ocultación y del olvido sobre la existencia de la raza negra en nuestra Nación. No nos debe extrañar cuando se niega y se desprecia a nuestros propios aborígenes, a nuestros propios habitantes de tez morena, a nuestros propios criollos.
El Proletario
negros
Un intelectual negro, Lucas Fernández, creó y dirigió el semanario El Proletario, que vio la luz el 18 de abril de 1858, el cual expresó servir los “intereses de clase”, los de la “clase de color”. El movimiento se llamó Democracia Negra y se frustró porque se produjo el exterminio de la comunidad negra durante los aciagos días de la epidemia de fiebre amarilla.
El movimiento Democracia Negra, movimiento progresista de la negritud estaba dirigido, en primer lugar, a formar conciencia entre los negros bonaerenses, particularmente a los sectores alfabetos. Pero tenía, indudablemente, un mensaje hacia los blancos, de todas las clases sociales, previendo los prejuicios y el racismo latentes, salía a identificarse con formas más evolucionadas de la organización social.
De Lucas Fernández, se tienen escasas referencias, no se sabe si murió durante la fiebre amarilla o cuándo ocurrió ese hecho, intentó oponerse al racismo imperante. Denunciaba la “malevolencia” y el “ultraje de la justicia” de la discriminación racial y social. Reclamaba la igualdad ante las leyes para los hombres y mujeres de color y planteaba la necesidad de la educación y el conocimiento de las ciencias como forma de liberación.
La Tragedia
Resulta sorprendente cómo los historiadores han tratado el tema de la negritud.
negros
Lo ignoran, o construyen teorías imaginarias sobre el destino de la enorme masa humana que componía ese sector de la sociedad porteña y bonaerense.
Lo cierto es que los negros de la etapa colonial y de las cinco primeras décadas posteriores a la Revolución de Mayo parecen haberse esfumado. Sin embargo hay hechos que desmienten muchas teorías incongruentes.
Si se cruza el Río de la Plata, aún hoy, a finales del siglo XX, se encontrarán barrios montevideanos habitados por personas de color. A lo largo del siglo XX, especialmente en la primera mitad, aparecieron revistas, periódicos, diarios, movimientos, como Nuestra Raza, que difundió la cultura de la negritud. A fines de los años cuarenta recibieron la visita del poeta e intelectual cubano Nicolás Guillén que fue agasajado con actos y fiestas. El movimiento negro en Montevideo estaba dirigido por Valentín Guerra.
En este final del siglo XX los argentinos deberíamos meditar sobre esta etapa olvidada de nuestra historia.
Los historiadores, especialmente los que han dedicado su esfuerzo a la historia del movimiento obrero y social argentino, están en deuda con Lucas Fernández y el movimiento Democracia Negra, una página memorable de la lucha social en la Argentina.
Conclusiones
Ausencia versus negación
“La pregunta no es por qué no hay negros en Argentina, sino por qué no los vemos cuando sí los hay. “Esto tiene que ver con lo que se llama ‘invisibilización’ de los negros y con el hecho de que fueron replegándose hacia el interior del país”.”El imaginario popular repite constantemente que Argentina es Europea“,
“El problema es que cuando se dice ‘negro’ todos piensan en el estereotipo, en Kunta Kinte (personaje de la vieja serie televisiva ‘Raíces’). Pero negro en Argentina puede ser alguien como yo, es amplio”.
“Además el imaginario popular repite constantemente que Argentina es europea, que Buenos Aires es ‘la París de América’ y una serie de mitos que no condicen con la realidad”.
Carlos Menem, a quien estando en una universidad en el extranjero le preguntaron si hay negros en Argentina y respondió “no, ese problema lo tiene Brasil”.
Cultura afro
PALABRAS DE ORIGEN AFRICANO
Candombe
Marimba
Tango
Matungo
Mandinga
Dengue
Mucama
el tango -que evidentemente tiene una raíz negra- algo del ritmo africano que ha quedado en el folklore argentino, algunos ritos paganos. Pero no mucho más, porque es una cultura que no ha sobrevivido demasiado”.
el tango, que es afro argentino, el candombe argentino, que no es el uruguayo y muchas manifestaciones que están teñidas de lo afro.
la “cantidad increíble de palabras de origen africano que hay en el castellano del Río de la Plata: candombe, marimba, tango, matungo, mandinga, cafúa, dengue, mucama.
Si bien los criterios pueden diferir, lo cierto que es que los descendientes de esclavos negros en Argentina no tienen tanta presencia como en países vecinos, pero existen y muchos de ellos están trabajando para conseguir hacerse ver.

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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Sáb 31 Ene 2015 - 7:05

Del fracaso del comercio de Ballenas al éxito de los esclavos Africanos

Que tiene en común las Ballenas y la esclavitud africana, aunque no lo crean el fracaso del comercio de una llevo a la decisión de la otra

Para entender esta historia recordemos que España era el único país que no aceptaba la esclavitud ni comercializaba con ello ya que iba contra el principio católico.

Pero… como diría un amigo hecha la ley hecha la trampa, durante muchísimos años existía un castigo a los indios, principalmente los que habían combatido contra el español, denominado Servicio Personal.

Estos prisioneros de guerra debían cumplir una condena en donde eran obligados a trabajar para uso personal de algún español, ya sea para servicios domésticos o trabajo en el campo. Es conocido por ejemplo la exigencia de la gobernación del Paraguay al virreinato del Perú el de 300 indios de servicio personal todos los años para levantar la cosecha de Yerba Mate.

No podían ser vendidos ni mal tratados, queda en ustedes buscar el significado de mal trato, pero principalmente azotados o matados.

Una vez cumplida la condena eran libres de volver a sus pueblos.

También es conocida la vista gorda que se hacían ante la presencia de los mamelucos, ¿Quiénes eran estos? Portugal traficaba con esclavos americanos, como le quedaba pocos sobre su tierra tenían como costumbre entrar en territorio español, principalmente en Misiones, para capturar indios y se lo llevaban a su territorio.

Las autoridades no hacían nada ante el constante reclamo de los pueblos aborígenes, claro todo se imaginan que al ser vendido en San Pablo siempre quedaba una propina para los gobernadores españoles.

Esta historia termina en 1636, cuando los pueblos guaraníes, recordemos que estos eran la élite de los guerreros aborígenes, ya que en toda campaña militar española utilizaban a estos guerreros como tropa, por lo tanto conocían el manejo de armas y estrategias europeas deciden dar batalla.

Según cuenta el historiador Gregorio Funes, una expedición portuguesa formada por  500 mamelucos y de los 2000 indios Tupies cayeron en una trampa organizada por los guaraníes de estos solo 30 hombres lograron escapar y volver a San Pablo, en esta batalla fueron liberados 2.000 cautivos.

El gobierno español al ver la decisión de los guaraníes a evitar estos abusos y temiendo un conflicto con este pueblo decide iniciar una protesta formal contra Portugal reduciendo enormemente esta expediciones.

Ahora ¿Cuándo y cómo comienza la comercialización de esclavos africanos en la América española?. Dejo este párrafo del sexto tomo del “Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán”, escrito por Gregorio Funes, impreso en 1816, en el capítulo VI “Tratado de alianza entre España y Gran Bretaña.” Recordemos que el virrey del Rio de la Plata en esos años se llamaba Nicolás de Arredondo.

… Por no mezclar los autos inconexos he retardado la relación de uno, cuyo principio pertenece al año de 1789. Uno de los principales motivos que tuvo la corte de Madrid para promover los establecimientos patagónicos, fue el grande interés que se prometía de la pesca de la ballena. A la verdad todo propendía á fomentar este ramo de industria, fácil y lucrativo.

¿Qué duda cabe en que los españoles y americanos pudieron dedicarse a esta pesca con muchos menos gastos que los ingleses y anglo-americanos? Toda la costa patagónica abunda de estos animales, hasta encontrarlos según los diarios dentro de las mismas bahías: y cuando el mar pacífico sea más ventajoso para el efecto ¿qué hay más que hacer que doblar el cabo de Hornos tan vecino? No eran los costos y la falta de brazos los que tenían en olvido este importante artículo, sino la natural desidia de sus habitantes y las negligencias de su gobierno. ¿Cómo era posible hallar marineros que abrazasen una profesión tan dura, entre unas gentes que prefieren un trozo de carne á todas las comodidades de la vida? Ni cómo podrían animarse sin los auxilios del gobierno?.  La esperanza de la ganancia, dice el sabio varón de Humboldt, es un estímulo demasiado débil bajo una zona donde la naturaleza bienhechora ofrece al hombre mil medios de procurarse una existencia cómoda y apacible, sin dejar su país, y sin ir á luchar con los monstruos del océano.

Aunque por los tratados antecedentes Inglaterra había cedido á España Puerto Egmont en la Gran Malvinas, parece que esta cesión era sin renunciar el derecho de frecuentar estos vastos y retirados mares, por el interés permanente de esta pesca. Los barcos balleneros se dejaban ver todos los días, y hacían mención en aquellos puntos que mas conducían al mejor éxito de sus empresas. Estas noticias tan repetidas volvieron á sacar á la España de su letargo. La compañía marítima creada en 1789 para la pesca de la ballena y otros peces en todos los mares del dominio español, debía hacer sus especulaciones en la costa patagónica con el doble objeto de aprovecharse de este ramo de industria, y prevenir los establecimientos intentados por los ingleses. El fondo de esta compañía fue de 6 millones de reales distribuibles en acciones de mil. Para su fomento, fuera de otros mil privilegios, se le concedió el de vender exclusivamente los productos de la pesca en África y América; como también de reclutar en la Península personas voluntarias de ambos sexos, con que fundar colonias en las costas desiertas de éste continente. Luego que Arredondo recibió la real cédula de erección, mandó en 1790 hacer un censo de familias pobladoras residentes en la banda del Norte, desde el año de 78, de las que se encontraron en Maldonado y san Carlos, 124 con 636 individuos; y en la jurisdicción de Montevideo 77 con 324.

Por el artículo veinte de la indicada real cédula se decía, que podían continuar en su religión los extranjeros empleados en el servicio de la compañía. Este artículo recibió su esclarecimiento en real orden posterior limitando el permiso á los transeúntes sin fijo domicilio; pues los que intentasen tenerlo debían hacer constar que profesaban la religión católica, apostólica, romana, y prestar juramento de fidelidad y vasallaje. No hay duda que si un novador tuviese la audacia de propagar en un Estado los errores de su falsa doctrina, se hacía digno de toda la severidad de las leyes penales: la tolerancia en tal caso sería un crimen. Pero parece que no debe estar en la misma línea la que deja gozar de su fortuna al ciudadano pacífico que no perturba el orden público. Nosotros, decía el gran Teodorico, no tenemos ningún imperio sobre la religión, porque la creencia debe ser libre. Si a mas de esta recomendación tiene la de ser útil, son dos las injusticias que se causan, una al ciudadano y otra á la república.  España debía estar escarmentada por sus atrasos desde que con la expulsión de los moros y judíos, se vio sin artes, industria, ni comercio; pero ella entendía que no podía amarse la religión católica sin aborrecer y perseguir a los que no la profesaban. Atribuimos en mucha parte á esta aversión el mal éxito de la compañía marítima. Los ingleses y anglo-americanos eran las únicas gentes de mar capaces por su instrucción, su economía y robustez de sostener con ventaja los duros trabajos que exigía este ejercicio; pero repugnando entrar al servicio de un reino que en la división de su creencia hallaban el motivo de los ultrajes y de su mala hospitalidad, se echó mano de la marinería española corrompida con toda la indolencia de que se resentía la nación. Las primeras embarcaciones de la compañía arribaron á estos mares á principio del año de 1790 y habiendo tomado sus refrescos, siguieron á formar su establecimiento en Puerto Deseado. Las gentes de esta colonia solo beneficiaron la grasa, peletería de lob, y leones marinos en la isla de Reyes, cuyos artículos condujeron á España.

El interés de esta pesca hizo nacer celos muy activos entre los dos gabinetes de Londres y Madrid. Una guerra cercana iba á terminar las diferencias suscitadas por este tiempo, á no haber sido prevenida por una convención pacífica celebrada en 1790. Si el tenor de esta especie de tratados señala el grado de poder de las potencias contratantes, debe creerse era de un orden secundario el de la España: pues por los artículos 3, 4, 5, y 6 se ven cedidos á Inglaterra derechos, que en otro tiempo defendió con su altanería de costumbre: son los siguientes—

ARTÍCULO III.—Y á fin de estrechar los vínculos de amistad, y de conservar en lo venidero una perfecta armonía y buena inteligencia entre las dos partes contratantes, se ha convenido que los súbditos respectivos no serán perturbados ni molestados, ya sea navegando, ó pescando en el océano pacífico, ó en los mares del Sud; ya sea desembarcando en las costas que circundan estos mares, en parajes no ocupados, ya á fin de comerciar con los naturales del pais, ó para formar establecimientos; aunque todo ha de ser con sujeción á las restricciones y providencias que se especificarán en los tres artículos siguientes.

ARTÍCULO IV.—Su Majestad Británica se obliga á emplear los medios más eficaces para que la navegación y la pesca de sus súbditos en el océano pacífico, ó en los mares del Sud no sirva de pretexto á un comercio ilícito con los establecimientos españoles; y con esta mira se ha estipulado además expresamente que los súbditos británicos, no navegarán ni pescarán en los dichos mares á distancia de diez leguas marítimas de ninguna parte de la costa ya ocupada por los españoles.

ARTÍCULO V.—Se ha convenido que así en los parajes que se restituyan á los súbditos británicos en virtud del artículo primero, como en todas las otras partes de la costa del N. O. de la América septentrional ó de las Islas adyacentes situadas al Norte de las partes de la dicha costa ya ocupada por españoles, en cualquiera parte donde los súbditos de la una de las dos potencias hubiesen formado establecimientos desde el mes de abril de 1789 ó los formaren en adelante, tendrán libre entrada los súbditos de la otra, y comerciarán sin obstáculo ni molestia.

ARTÍCULO VI—Se ha convenido también por lo que hace á las costas, tanto orientales, como occidentales de la América meridional, y á las Islas adyacentes, que los súbditos respectivos no formarán  en lo venidero ningún establecimiento en las partes de estas costas situadas al Sud de las partes de las mismas costas y de las Islas adyacentes, ya ocupadas por España. Bien entendido que los dichos súbditos respectivos conservarán la facultad de desembarcar en las costas, é Islas así situadas para los objetos de la pesca, y de levantar cabañas y otras obras temporales que sirvan solamente á estos objetos.

Concluido este convenio, siguió su giro la compañía marítima; pero obligada á formarse principios sin el socorro de la experiencia, sobre el arponare, derretir la ballena, trinchar, salar, y demás operaciones, cometió errores, que la privaron de las ganancias á que aspiraba; y se propuso reformar algunos artículos de su primitivo reglamento. El que de nuevo se formó, y se halla inserto en la cédula de 1792 con un cumulo de gracias y excepciones nada comunes, parecía que iba á dar una mejor dirección á las empresas de la compañía; pero sus pérdidas siempre constantes hasta su total aniquilamiento nos conducen á creer, que proyectos, cuyo buen éxito dependían de la inteligencia, economía, y actividad, no eran dados á una nación atrasada enluces, disipada y perezosa.

Fue infructuoso otro proyecto mercantil llevado á ejecución por estos mismos tiempos. Al paso que la nación Española se propuso sacar grandes ventajas poblando sus Américas de esclavos negros, era de las pocas europeas que no hacían su comercio directo con el África. Si este método indirecto le fue lucrativo cuando, bien pobladas de habitantes las costas marítimas de este tráfico, lo salían los esclavos á un bajo precio, dejó de serlo después que la avaricia activa de las naciones comerciantes las redujeron á espantosos desiertos, y les fue preciso proveerse á grandes costos de las regiones interiores. Por el cálculo que formó el célebre Raynal, las colonias americanas estaban obligadas á soportar el aumento de un precio cuádruplo con respecto á los primeros tiempos. Esta consideración unida al deseo deformarse una marina práctica de aquellos mares, hizo que el rey de España por su cédula de 1791 no solo habilitase á sus vasallos para este tráfico, sino que con derogación de las antiguas leyes, abriese estos puertos á las demás naciones. La poltronería española se mantuvo siempre insensible á las riquezas comerciables que les prometió esta negociación en primera mano. Fue excepción de esta regla el genio vasto y emprendedor de D. Tomas Antonio Homero, vecino de Buenos Aires. Sin los temores que sirven de tropiezo á un espíritu común, dirigió este hábil negociador á las costas de África una fragata de 300 toneladas en 1792. El éxito correspondió á la exactitud de sus cálculos. A los ocho meses de viaje estuvo el barco de retorno con 425 piezas, fuera de 110 que perdieron la vida en la travesía. Homero emprendió otra expediciones-; pero su ejemplo no tuvo imitadores. No atreviéndose los demás comerciantes españoles á engolfarse en los mares de África, limitaron sus especulaciones mercantiles al Brasil. Los portugueses fueron los que más se aprovecharon del indulto. El número de negros importados en Montevideo por todas estas vi as en el curso de cerca de tres años ascendió á 2680.

Por premio de la importación de negros se concedió el permiso de exportar frutos del país directamente á puertos extranjeros de la Europa. Si el cuero al pelo bajo la calidad de fruto era comprendido en esta gracia, dividió de pronto las opiniones entre los comerciantes de Buenos Aires, y so hizo uno de los asuntos más litigiosos. Era innegable que en el idioma del comercio, aun de las leyes de Indias, siempre fue considerado el cuero como fruto natural, y acaso el más fecundo que cooperaba al alivio de nuestras necesidades. Por lo demás, la prohibición de extraerlos á reinos extranjeros había sido hasta aquí una de esas leyes que introdujeron en nuestra sociedad un desorden legal. El interés de los labradores que gemían en 'medio de su abundancia, y aun el de los comerciantes cuya actividad se veía aprisionada, pedían que se mirase la nueva gracia como una restitución de sus derechos. A pesar de esto, no faltaron de este último gremio, quienes unidos con los monopolistas gaditanos, se levantasen contra esta libertad de comercio como contraria á los principios de la común prosperidad. Oídos en un largo y estrepitoso juicio, fue de mucho honor para Arredondo haber hecho enmudecer su codicia…

Fuente consultada:
“Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán”, escrito por Gregorio Funes


Un saludo Ricardo.

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Sáb 31 Ene 2015 - 11:40

Bien muchachos los felicito por el trabajo, gracias.


Saludos Roberto
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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   Sáb 7 Feb 2015 - 9:57

A 190 años... 7 de febrero 1824- 7 FEB-2014



Duerme el Callao /
ronco son hace del mar la resaca /
y en la sombra se destaca /
del real Felipe el torreón.

 

En él está de facción
porque alejarle quisieron,
un negro de los que fueron
con San Martín de los grandes,
que en la pampa y en los Andes
batallaron y vencieron.

 

Por la pequeña azotea
Falucho, erguido y gentil,
echado al hombro el fusil
lentamente se pasea.
Piensa en la patria, en la aldea
donde dejó el hijo amado
donde su dueña adorada
lo aguarda triste y llorosa
y en Buenos Aires, la hermosa
que es su pasión de soldado.

 

Llega del fuerte a su oído,
rumor de voces no usadas
de bayonetas y espadas
agrio y áspero ruido
Un ¡Viva España! seguido
de un otro ¡Viva Fernando!
y está Falucho dudando
si dan los gritos que escucha
sus compañeros de lucha
o si está loco o soñando.

 

Abierta el ala luciente
hacia los mares batía
cuando Falucho que ansía
dar un viva a su manera
izó nervioso a tirones
la azul y blanca bandera.

 

Por mi cuenta te despliego
dijo airado, y de esta suerte,
si a tus pies está la muerte,
a tu sombra muera luego.
Nació el sol. Besos de fuego
dióla en rayas de carmín.
Rodó el mar desde el confín
un instante estremecido
y en la torre quedó erguido
el negro de San Martín.

 

No bien así desplegados /
nuestros colores lucían, /
por la escalera subían /
tropel los sublevados. /
Ven a Falucho y airados /
hacia él se precipitan.

 

¡Baja ese trapo! le gritan
¡y nuestra enseña enarbola!
¡Y es la bandera española
a que los criollos agitan!

 

Dobló Falucho entretanto
la oscura faz sin sonrojos
y ante aquel crimen sus ojos
se estremecieron en llanto.
Vencido al punto el quebranto
con fiero arranque exclamó:
¿Enarbolar esa yo,
cuando está aquella en su puesto?
Y un juramento fue el gesto
con que el negro dijo: ¡No!

 

Con un acento glacial
en que la muerte predicen,
¡Presenta el arma! le dicen
¡al estandarte real!
Rotos por la orden fatal
de la obediencia los lazos,
alzó el fusil en sus brazos
con un rugido de fiera
y contra el asta bandera
lo hizo de un golpe pedazos.

 

Ante tamaña insolencia
de una acción inesperada
la infame turba exitada clamó:
¡Muera el insurgente!
y asestados al valiente
cuatro fusiles brillaron.
¡Ríndete al Rey! le intimaron
mas como el negro exclamó:
¡Viva la Patria y no yo!
los cuatro tiros sonaron.

 

Uno, el más vil, corre y baja
el estandarte sagrado
que cayó sobre el soldado
como gloriosa mortaja.
Alegre diana la caja
de los traidores batía.
El Pacífico gemía
 melancólico y desierto
y en la bandera del muerto
nuestro sol resplandecía.


saludos

_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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MensajeTema: Re: En la línea de fuego: Los negros y las políticas de negación   

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