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  Página Histórica de Hoy

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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 28 Mar 2015 - 4:35

bashar escribió:
Día 26 de marzo (1820)

San Martín renuncia al mando en jefe del ejército de los Andes



Lamentablemente siempre llego tarde, pero si les interesa leer algo mas sobre la retirada del general San Martín del Perú los invito a leer

http://defensanacional.argentinaforo.net/t8787-el-retiro-del-general-san-martin-del-peru

Un abrazo Ricardo

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
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bashar
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 28 Mar 2015 - 8:48

Quequén Grande escribió:
bashar escribió:
Día 26 de marzo (1820)
R
San Martín renuncia al mando en jefe del ejército de los Andes



Lamentablemente siempre llego tarde, pero si les interesa leer algo mas sobre la retirada del general San Martín del Perú los invito a leer

http://defensanacional.argentinaforo.net/t8787-el-retiro-del-general-san-martin-del-peru

Un abrazo Ricardo

Como decia Fangio amigo Quequen. "No importa llegar primero sino saber llegar"  y usted siempre llega a lo Fangio! Saludos!

PD: Aclaro que la renuncia de san Martín no es el del Protectorado sinó del Ejército de los Andes antes de la expedición al Perú justamente luego de Cepeda y el fin del Directorio (luego del Tratado del Pilar) posteriormente, San Martin es ratificado por el Acta de Rancagua en el mando (2 de Abril de 1820)

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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 28 Mar 2015 - 21:05

Día 28 de marzo (1829)

Combate de Vizcacheras


En un dibujo del pintor Fortuny  inmortalizó la muerte de Federico Rauch, la que tuvo lugar el 28 de marzo de 1829 en el combate de Las Vizcacheras. En la escena puede apreciarse a un gallardo militar que sable en mano, trata de enderezar a su caballo, el que ha sido boleado. Luce un uniforme que se sugiere impecable, una gorra que pese a la violencia del entrevero, está firmemente instalada sobre su cabeza. Se muestra elegante hasta en la derrota. Su monta tiene las patas traseras enredadas por un bolazo. A su alrededor, pueden contarse trece jinetes originarios. Algunos sonríen. Uno de ellos carga lanza en ristre sobre la espalda del soldado. Otro ya echó pie en tierra. Pisa los pastos generosos de la pampa. Es un gran trabajo plástico: semiocultas por la polvareda que levantó el enfrentamiento, varias siluetas continúan con la pelea.


Si no hubiera más datos sobre Las Vizcacheras, se podría concluir que se trató de una emboscada. En el lienzo, el infortunado  Rauch sufre una abrumadora inferioridad numérica. No hay otros soldados que aparezcan cerca. El más próximo está montado y de espaldas, sable en mano, luchando contra algún adversario que no alcanza a divisarse. Su vestimenta se adivina similar a la del caído. Trece contra uno... Al pintar también se construyó el estereotipo del "indio flojo" y traicionero, solo vencedor en la abrumadora superioridad...

Pero el combate de Vizcacheras fue diferente:Por un lado, no fue en el actual departamento de Rauch, sinó en un paraje a una legua y media  al suroeste de Guardia del Monte (San miguel del Monte).

no estuvo exclusivamente protagonizado por los Ranqueles "rosistas" de un lado y las tropas bonaerenses por el otro. En rigor, allí se enfrentaron un contingente federal de aproximadamente 600 hombres y otro unitario, de número similar. En el diciembre anterior, los sectores que habían sido desplazados del poder por la gestión de Manuel Dorrego, se habían sublevado e inclusive, el malogrado gobernador fue fusilado. Allí comenzó uno de los innumerables capítulos que constan en la historia de las guerras civiles argentinas. A Las Vizcacheras hay que situarla en ese marco. Las tropas leales a Lavalle -que había derrocado a Dorrego- eran comandadas por Rauch, quien marchaba al frente de sus Húsares del Plata y contaba con otras unidades. Del lado federal participó Prudencio Arnold, quien más tarde llegó al grado de coronel y como muchos de los militares de su época, tuvo la ocurrencia de escribir sus memorias.

Según Arnold, en su libro "Un soldado argentino", que Rauch les venía pisando los talones, con la ventaja de comandar tropas veteranas de la guerra del Brasil. Los federales llegaron a Las Vizcacheras casi al mismo tiempo que un nutrido contingente de lanceros ranqueles, que combatirían a su lado y estaban ligados a la influyente personalidad de Rosas. Dice Arnold:

"en tales circunstancias el enemigo se avistó. Sin tiempo que perder, formamos nuestra línea de combate de la manera siguiente: los escuadrones Sosa y Lorea formaron nuestra ala derecha, llevando de flanqueadores a los indios de Nicasio; los escuadrones Miranda y Blandengues el ala izquierda y como flanqueadores a los indios de Mariano; el escuadrón González y milicianos de la Guardia del Monte al centro, donde yo formé". Arnold no brinda más datos sobre los caciques que guiaban a los ranqueles salvo que Nicasio llevaba como apellido cristiano Maciel, -conocido popularmente como Arbolito

"valiente cacique que murió después de Caseros" finaliza Arnold.

Rotas las hostilidades, Rauch arrolló el centro de los federales y se empeñó a fondo –siempre según el relato de su adversario- sin percibir que sus dos alas eran derrotadas. Se distrajo y comenzó a saborear su triunfo pero pronto se vio rodeado de efectivos a los que supuso suyos. Hay que recordar que por entonces, los federales sólo se diferenciaban de los unitarios por un cintillo que llevaban en sus sombreros, el que decía "Viva la federación". Anotó su rival:

"cuando estuvo dentro de nosotros, reconoció que eran sus enemigos apercibiéndose recién del peligro que lo rodeaba. Trató de escapar defendiéndose con bizarría; pero los perseguidores le salieron al encuentro, cada vez en mayor número, deslizándose por los pajonales, hasta que el cabo de Blandengues, Manuel Andrada le boleó el caballo y el indio Nicasio lo ultimó... Así acabó su existencia el coronel Rauch, víctima de su propia torpeza militar".



A raíz de su acción, Andrada fue ascendido a alférez. No obstante, no figura en el dibujo de Fortuny, en el cual sólo aparecen "indios". Sobre el degüello del prusiano, Arnold se limita a señalar que "se le cortó la cabeza...". No afirma que fueron manos indias quienes cercenaron el cuello del Prusiano, aunque bien podría haberlo hecho, porque en el resto de su narración queda en claro que no le tenía la menor estima a los originarios que combatían a su lado. Para evitar cualquier condena posterior, tenía a mano el recurso de depositar esa responsabilidad en los "salvajes". Así lo hicieron los historiadores liberales del Siglo XIX de más tarde, que en lugar de convivir con la práctica de ese acto que hoy consideramos deleznable, prefirieron ubicarlo afuera, en el "Otro". Es más cómodo, más soportable, suponer que Rauch fue descabezado por un Pampa que por un soldado federal, que en definitiva era un criollo, y pese al pecado de ser Federal,  era un hombre de la civilización. Claro que más tarde, los jefes "nacionales" se cansaron de degollar gauchos durante las insurrecciones montoneras.  

Pero esa es otra historia.


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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 29 Mar 2015 - 11:45

Día 29 de Marzo (1865)

Paraguay declara la guerra a la Argentina (guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay)




López convocó al Congreso Nacional paraguayo a partir del 15 de febrero. Este cuerpo aprobó las medidas de López adoptadas contra Brasil, otorgó al presidente el grado de Mariscal de los Ejércitos Patrios y confirmó la creación de la Orden del Mérito. En su análisis de la actitud del gobierno de Mitre respecto del gobierno paraguayo, la comisión parlamentaria hizo una interesante diferenciación entre el mitrismo y el resto de las provincias argentinas, la cual quedó explicitada en el correspondiente informe al Congreso. Afirmaba éste que la guerra era el resultado de "las maquinaciones de los porteños (...) porque lejos está la mente de esta comisión al confundir al pueblo argentino con esa fracción demagógica de Buenos Aires".  

    El 18 de marzo el Congreso aprobó el informe y autorizó por ley al presidente López a declarar la guerra "al actual gobierno de la República Argentina". López promulgó la declaración y ésta fue publicada en El Semanario el 23 de marzo. Finalmente, los motivos alegados por el presidente López en su nota del 29 de marzo para declarar la guerra contra el gobierno de Mitre fueron los siguientes:  

1º La negativa del gobierno de Buenos Aires á conceder el tránsito inocente por su territorio de las tropas paraguayas que llevaban la guerra al Brasil.
2º La protección prestada por el mismo gobierno á la revolución del general Flores en el Estado Oriental, para derrocar á su gobierno legítimo.  
3º Connivencia del gobierno argentino con el Imperio del Brasil para que éste se apoderara del Estado Oriental, hecho que perturbaba el equilibrio político del Río de la Plata.  
4º Tolerancia del presidente Mitre para la formación de una legión paraguaya en Buenos Aires, destinada a unirse al ejército brasileño.  
5º "Empero el gobierno de V.E. (de Mitre) no juzgó todavía suficiente este proceder hostil é ilegal para realizar los fines de su política con el Paraguay: la calumnia y los insultos á la nación y gobierno paraguayo no le detuvieron, y los órganos oficiales de la prensa porteña abundan en producciones tan soeces é insultantes que en ningún tiempo la más desenfrenada licencia y abuso en ningún país supo producir".  
6º El pedido de explicaciones hecho al gobierno de la Asunción acerca de la reunión de fuerzas nacionales en la orilla izquierda del Paraná.  
7º Los insultos y las calumnias de la prensa oficial porteña al Paraguay y su gobierno.

Por lo que se desprende del texto de declaración de guerra al gobierno argentino emitido el 29 de marzo de 1865, al gobierno de López le afectaban sustantivamente las opiniones de los periódicos de Buenos Aires acerca de su régimen.    


El gobierno de Mitre quedaba mal parado ante la declaración de guerra de López, ya que no estaba suficientemente preparado para afrontar semejante compromiso bélico. Los medios con que contaba se reducían al ejército integrado por las unidades de línea y la Guardia Nacional en servicio activo, los que sumaban un total de 6000 hombres, distribuidos en distintas partes del territorio argentino con el objetivo de prevenir levantamientos internos y custodiar la frontera con el indígena. Debió entonces Mitre recurrir a medidas especiales, pues estas fuerzas apenas bastaban para cumplir su objetivo específico.
    Se ordenó la movilización de la Guardia Nacional en todo el país, reforzada con el reclutamiento en Entre Ríos y Corrientes de 10.000 soldados que se pondrían al mando de los generales Urquiza y Cáceres. Se dispuso además la creación de un ejército de operaciones a través de la contribución de las provincias, que permitiría en teoría organizar 19 batallones de 500 hombres con los contingentes de Guardias Nacionales de cada una de ellas, número luego ampliado a 25.000. Pero estas medidas tropezaron con dificultades: la impopularidad de la guerra contra el Paraguay dificultó el reclutamiento de hombres, y se dieron numerosos casos de deserciones, tales como la sublevación, en noviembre de 1866, de un contingente de fuerzas acantonadas en la provincia de Mendoza con el objetivo de reponer las bajas aliadas producidas en Curupaytí, y un episodio similar en Entre Ríos, que culminó con el desbande de 8000 soldados de caballería reunidos por Urquiza.

    En el segundo año de su presidencia, Mitre creó un ejército nacional, compuesto originariamente de 6.000 efectivos, que afrontó la defensa de la frontera con el indio y la represión de las montoneras provinciales. La presencia de dicho ejército nacional no eliminó automáticamente las guardias nacionales mantenidas por las provincias, ya que el gobierno central no contaba aún con el suficiente poder para extirpar este caro resabio de la autonomía provincial.

Mensaje del Mariscal López al congresos Nacional Paraguayo:


Mensaje de S.E. el Señor Presidente de la República al H.C.N.




Muy honorables Señores Representantes de la Nación: Siento la más viva satisfacción al veros reunidos en este augusto recinto en momentos solemnes para la Patria.


"El interés público y las graves materias de que vais a ocuparos, me han decidido a usar de las atribuciones que me confiere el Art. 40 Tít. 7° de la Ley del 13 de Marzo de 1844, convocándoos extraordinariamente para buscar en vuestro patriotismo y luces el consejo que ha de guiar al gobierno, y en vuestra autoridad, la cooperación que ha de robustecer su fuerza para corresponder a las respuestas de la Nación".


"Desde que me habéis confiado la dirección de los destinos de la República, uno de mis más constantes objetos ha sido la conservación de las relaciones internacionales y me es grato anunciaros que se conservan en pie de cordialidad con todas las potencias amigas, a excepción del Imperio del Brasil y la República Argentina".


"El gobierno Imperial, prevalido de una política insana, y de circunstancias dignas de lastimarse, ha provocado a nuestras armas a la lucha, sin que para evitarla haya sido bastante todo el esfuerzo, la moderación y el espíritu conciliatorio del Gobierno".


"El Gobierno Argentino, a quien el Paraguay, nunca ha cesado de dar exuberantes pruebas de una sincera amistad, ha creado también una situación incierta en nuestras relaciones a consecuencia de un cambio de notas en que aquel Gobierno, lejos de corresponder a la lealtad y franqueza, ha creído conveniente eludir las explicaciones amistosas que le eran demandadas".


"Una dificultad momentánea surgió también en la República Oriental del Uruguay, pero dadas las satisfacciones debidas, las relaciones amistosas se han restablecido".


"Los motivos de la ruptura de nuestras relaciones con el Imperio del Brasil, y del estado poco cordial en que han quedado con el gabinete argentino; son los sangrientos acontecimientos que hoy enlutan la República Oriental del Uruguay, y amenazan dislocar el equilibrio del Río de la Plata".


"Estas dos potencias garantes de la independencia de aquel Estado, son las que hoy la atacan, y el Brasil que en 1850 en un tratado solemne sostenía con nosotros la necesidad del statu quo de las nacionalidades de esta parte de América, y especialmente la autonomía de la República Oriental, se alía al partido rebelde que lanzado de la capital argentina, y con los auxilios de un comité revolucionario públicamente establecido allí, desola la riqueza nacional, y ensangrienta el suelo patrio".


"La República del Paraguay a quien, ni por la importancia que había conquistado por sus constantes esfuerzos, ni por la seguridad y vida interior y exterior, no era dado prescindir del principio de equilibrio de los poderes del Río de la Plata, ni podía mirar con indiferencia los sucesos que allí se preparaban, hizo cuanto estuvo de su parte para precaver tan grandes males, ya solicitando amistosas explicaciones del Gobierno Argentino, para desvanecer los recelos del Oriental, sobre su neutralidad en la guerra intestina que le devoraba, y ya ofreciendo su mediación amistosa al Imperio del Brasil, para el arreglo pacífico de sus diferencias con la misma República Oriental, a quien se amenazaba con la presión de una escuadra y el ejército terrestre".


"La efusión de sangre, no pudo, sin embargo evitarse, porque infructuoso el ofrecimiento de mediación, el Imperio del Brasil bien pronto declaró que la cuestión de reclamaciones sobre damos y perjuicios, datados desde doce años atrás, confiaba a las fuerzas navales y terrestres para ejecutaran represalias, y con este nombre se ha hecho la guerra que hoy aflije aquel país".


"Resolución tan grave no fije comunicada al gobierno de esta República, cuya amistosa mediación acababa de ser eludida como no necesaria".


"Hasta entonces el Gobierno de la República esperaba todavía que mejor aconsejado el de S.M., el Emperador, le ofrecería las explicaciones honorables, que aquietasen los serios temores que abrigaba por la conmoción del equilibrio de los estados del Plata, base de la prosperidad, tranquilidad y respetabilidad de estos países, y así lo notificó en una formal declaración al Gobierno Imperial, pero este acto solemne fue también inútil, y el Gobierno, despreciando en él a la República, procedió a la ocupación y conquista del territorio oriental".


"Ultrajada la honra y la dignidad nacional, y comprometida la seguridad e integridad de la República, el Gobierno se ha visto en la imperiosa necesidad de aceptar la guerra a que el Imperio le obligaba para sostener los principios de su vital interés, y lavar el honor patrio, tantas veces insultado por el mismo Imperio".


"Razones militares y políticas y la seguridad de nuestras fronteras del Norte, aconsejaron al Gobierno la inmediata ocupación de tina parte del territorio de Matto-Grosso, que el Imperio había usurpado a la República, con injuria de los derechos que le asisten por el descubrimiento, la posesión y los Tratados, acumulando en ellos grandes recursos militares, para ejecutar avances en territorio nacional".


"El gobierno ordenó la ocupación de aquellas comarcas, y las expediciones militares que allí se han empleado, han tenido ocasión de gloria para nuestras armas, y de prueba para su disciplina y bravura".


"Era necesario repeler así la injuria del Brasil, y para ello el Gobierno ha sido estimulado por el dictamen del Consejo de Estado, y la pública manifestación que de la Nación ha recibido".


"En previsión del conflicto que pudiera suceder con el Imperio del Brasil por nuestra frontera del Este, y en el deseo de precaver todo motivo de desavenencia con la República Argentina, y abundar todavía en pruebas de consideración y respeto hacia el pueblo argentino sobreponiéndose a justos resentimientos, solicitó el beneplácito de aquel gabinete para transitar el territorio de Corrientes, cuando los sucesos cíe la guerra así lo obligasen, pero no solamente acaba de denegar ese beneplácito al mismo tiempo que protege la acción del Brasil, franqueando sus aguas para la Escuadra y Ejército Imperial, sino que extiende esa negativa al territorio nacional de las Misiones Orientales del Paraná, reclamando urgente explicaciones sobre la presencia y objeto de nuestras fuerzas por aquella parte".


"La situación del país reclamaba la adopción de medidas conducentes a su defensa, y el ejército de línea ha sido considerablemente aumentado, llamando a las armas de los ciudadanos, que han corrido a la voz de Patria a ocupar sus puestos en las filas, con un entusiasmo digno del mayor elogio, y consecuente con las manifestaciones populares, en favor de la causa perdida".


"Ahora viene a solicitar el Gobierno vuestra soberana decisión, y la conducta que debe guiarle en tan grave emergencia".


"En la edad casi octogenaria y decadente salud del Reverendo Obispo Diocesano, la conservación y aumento del culto del Estado, aconsejaba la provisión de un Coadjutor, y haciendo mérito de las relevantes cualidades, el Dean de la Santa Iglesia Catedral, Presbítero ciudadano Manuel Antonio Palacios, fue presentado para este fin a Su Santidad el Papa Pío IX, que reconociendo la urgente necesidad se dignó proveer sin demora las Bulas de institución, y mediante el celo paternal de su Beatitud, la Igesia paraguaya no ha tenido que deplorar una nueva viudedad a la muerte del Reverendo Obispo ciudadano Juan Gregorio Urbieta".


"El estado interno del país es satisfactorio, la paz y armonía reinan en la administración y los funcionario públicos desempeñan sus deberes con patriotismo y celo".


"Las finanzas del Estado han hecho y continúan haciendo frente a las crecidas erogaciones que exigían los trabajos públicos y los preparativos bélicos".


"Los ministros secretarios cíe estado en los diferentes departamentos darán a V.E. cuenta de sus respectivos departamentos".


"Al llamaros, Honorables Representantes, a estas sesiones, ha sido mi objetivo daros cuenta de la situación del país, de las medidas que he creído conducentes a salvar sus más vitales intereses; y con entera fe en vuestra ilustración y patriotismo os someto los graves negocios que vais a traer, cierto de que animados cíe un verdadero amor a la Patria, y poseídos de todo el celo, que demanda la honra, dignidad y prosperidad del país, corresponderéis con vuestras deliberaciones a esta confianza, y a la de vuestro compatriotas que en momentos fijan los ojos en vosotros".




Mariscal López

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 29 Mar 2015 - 13:26

Frondizi en vísperas de su derrocamiento: "No me suicidaré, no me iré ni cederé"

Frondizi en vísperas de su derrocamiento: "No me suicidaré, no me iré ni cederé"
El 29 de marzo de 1962 el presidente radical Arturo Frondizi fue derrocado por las Fuerzas Armadas, quienes instalaron al frente de la primera magistratura al ex presidente del Senado, José María Guido. Concluían de esta manera cuatro años de gobierno signados por los condicionamientos militares.

Desde antes de asumir, Frondizi debió hacer frente a los planteos castrenses. Su triunfo en las elecciones de febrero de 1958, tras un acuerdo con Perón, le granjeó una decidida oposición de las Fuerzas Armadas.

Durante su gobierno, el líder radical intentó impulsar el desarrollismo, promoviendo industrias básicas -petróleo, siderurgia y maquinarias-, que permitirían a su vez abastecer a la industria liviana, liberando recursos antes destinados a importar. Sin embargo, tras un año de gestión, las presiones de los factores de poder condujeron a un cambio radical en la política económica, que se cristalizó en el reemplazo de Rogelio Frigerio por el ingeniero Álvaro Alsogaray en el Ministerio de Economía.

A lo largo de su gobierno, Frondizi auspició políticas heterodoxas que le fueron restando apoyos a ambos lados del espectro político. Mientras que por un lado su inicial alianza con Perón, su política internacional -opuesta a la exclusión de cuba del sistema interamericano- y su encuentro secreto con Ernesto “Che” Guevara crisparon al Ejército y a los sectores conservadores; por el otro, la firma de los contratos petroleros con empresas extranjeras, la obtención de un crédito del FMI comprometiéndose a aumentar tarifas eléctricas y de transportes, despedir empleados públicos, congelar salarios por dos años, y la implementación del plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), que otorgaba al Ejército la facultad de arrestar, detener e interrogar a los gremialistas y opositores, le irían restando el apoyo de obreros, estudiantes, empleados públicos y sindicatos.

Con las elecciones de marzo de 1962 comenzaría la cuenta regresiva. En ellas, el peronismo ganó 10 de las 14 gobernaciones, entre ellas la estratégica provincia de Buenos Aires. El líder radical dispuso entonces la intervención de esa provincia, pero ya era tarde. Pocos días después, el 29 de marzo, Frondizi fue destituido por las Fuerzas Armadas y recluido en la isla Martín García.

A continuación reproducimos una carta que Frondizi enviara dos días antes del golpe de Estado a Alfredo García, presidente del Comité Nacional de la UCRI, expresándole su firme decisión de permanecer en su puesto.

Fuente: Arturo Frondizi, La conspiración reaccionaria y los objetivos del pueblo argentino, Juventud UCRI, Buenos Aires, 1962, págs. 87-92.

Buenos Aires, 27 de marzo de 1962.

Señor presidente del Comité Nacional de la UCRI, doctor don Alfredo García.

Querido correligionario y amigo:

Deseo comenzar esta carta recordando algunas frases del discurso que pronuncié el 9 de febrero de 1957 y que hoy recobran cabal vigencia: “Los hombres que el destino señaló para servir la causa del pueblo sufrieron siempre los peores embates. Tengo presente el suicidio de Alem, la tentativa de asesinato de Lisandro de la Torre y su posterior suicidio. A Yrigoyen se lo dejó solo”.

Tengo la firme decisión de enfrentar todo lo que pueda sobrevenir. No me suicidaré, no me iré del país ni cederé. Permaneceré en mi puesto en esta lucha que no es mía ni sólo del pueblo argentino. Se está librando en nuestra América; la están librando a lo largo y a lo ancho de todo el mundo los pueblos que se levantaron contra la opresión y el privilegio y combaten por la libertad, la justicia y el progreso del género humano.

En momentos en que la crisis política que vivimos llega a su máxima gravedad, quiero ratificar ante usted y demás integrantes de ese comité nacional partidario mi irrevocable determinación de no renunciar y de permanecer en el gobierno hasta que me derroquen por la fuerza.

Nuestros enemigos -los enemigos del pueblo argentino- quieren mi renuncia. Con mi renuncia se prepara una parodia institucional, sobre las bases de una democracia restringida que excluya a todos los sectores populares y, como consecuencia ineludible, una despiadada represión contra el pueblo, con la que me han amenazado continuamente. Esta es, por lo tanto y, lo digo aquí con tanta solemnidad, la razón fundamental de mi obstinada y tenaz negativa a renunciar a mi cargo o terminar con mi vida. Quienes se atrevan a sacarme del gobierno por la fuerza o a eliminarme físicamente deberán asumir ante la historia la responsabilidad de haber desatado en la Argentina la represión popular y su inevitable consecuencia: la guerra social. Ellos, si logran sus designios, abrirán las puertas al comunismo que con tanta vehemencia dicen combatir.

Este episodio de hoy es la culminación de un largo proceso a través de cuyo desarrollo se libró un incesante combate entre la legalidad y el despotismo, entre la paz social y el caos, entre el desarrollo y el colonialismo.

En casi cuatro años de gobierno informé en forma permanente al pueblo del sentido de esta lucha. Una y otra vez denuncié qué fuerzas y con qué medios se oponían a un programa de legalidad, paz social y desarrollo económico. Si esta lucha no derivó en forma cruenta ha sido por la vocación de paz que anima a nuestro pueblo y por el tesonero esfuerzo pacificador de nuestro gobierno.

Si esta crisis no se superara, se hace necesario que el pueblo sepa cómo han sucedido los hechos, quiénes son los responsables de la situación a que se ha llegado, qué consecuencias se derivan de la misma y cuáles son los métodos de lucha que el pueblo tiene que llevar adelante para lograr sus objetivos. Para que esta experiencia no se pierda y fructifique en victorias próximas es necesario el análisis sereno de nuestra reciente historia, con cabal conocimiento de la verdad.

Por lo pronto, del análisis de las circunstancias actuales del país surge con claridad que por mucho que hoy se imponga una solución violenta la derrota del pueblo es solamente transitoria. Tengo absoluta fe en su triunfo final y sé que nada ni nadie podrá evitarlo si se actúa conforme a las enseñanzas que proporcionan los episodios vividos. El pueblo ha comprendido, definitivamente, que su fuerza reside en el número de voluntades que representa, es decir, en la fuerza de la democracia. Está, asimismo, en la unidad y la coincidencia, es decir, en la comprensión de los objetivos comunes.

Cuando el 23 de febrero de 1958 encontramos este camino común, la victoria correspondió a la causa de la Nación y del pueblo. La ciudadanía asimiló así la experiencia que surgía de los comicios anteriores de convencionales constituyentes, cuando el enemigo pudo dividirnos y resultamos vencidos.

El 23 de febrero de 1958 no triunfó un partido ni un hombre: triunfó el pueblo, triunfó la idea de lanzar a la Nación a su destino irrenunciable de desarrollo, bienestar y libertad. Este programa necesitaba para realizarse que se procediera rápida y eficazmente. Entrañaba una revolución tan pacífica como profunda. Debíamos terminar con el colonialismo y, en consecuencia, afectar los intereses locales ligados a esta estructura económica.

Sin embargo, el programa de desarrollo había de beneficiar a todos los argentinos, a todos los sectores sociales y a todas las regiones geográficas. Era por lo demás un programa inevitable si no queríamos sucumbir en la desocupación y la miseria, ya que la vieja estructura no podía sostenerse ni alimentar a veinte millones de argentinos. Si los sectores ligados al colonialismo hubieran comprendido ello y hubieran tenido fe en el país habrían facilitado el camino, incluso para no trabar su propio futuro. Pero no fue así. Pudo más el interés sórdido por lo inmediato. Y entonces comenzó la lucha, que se inauguró aun antes del 1º de mayo de 1958. Continuistas y quedantistas deliberaron sobre si debían o no entregar el poder a la inmensa mayoría triunfante en los comicios. Acepté, entonces, recibir el poder en forma condicionada. Debí optar entre la frustración de la victoria, con que se abría ya el camino a la dictadura o la guerra civil, o un punto de partida que permitiera ir construyendo las bases de una legalidad cada vez más extensa, de una paz social cada día más firme y de un desarrollo en acelerado crecimiento. El pueblo conoce bien cuán larga y difícil ha sido esta lucha. A cada avance por el camino propuesto correspondió una reacción, que se fue haciendo cada día más violenta. Desde la tentativa de sustituir al Presidente mediante un mecanismo aparentemente legal, como la utilización del entonces vicepresidente, hasta la provocación de huelgas como la de enero de 1959 y la proyección al primer plano de los protagonistas de la crisis de septiembre de 1959. A ello debe sumarse el terrorismo y el sabotaje. No se dejó de lado ningún medio que pudiera conducir a la caída del poder, sostenido por el pueblo para un plan de progreso económico y bienestar social, utilizándose para ello aun a sectores del mismo pueblo.

Con el fracaso de la conducción surgida de la crisis de septiembre de 1959 se cierra un ciclo. Pero ya entonces sabíamos que el golpismo y la reacción, acorralados y resentidos por su derrota, asumirán formas más peligrosas. En la tentativa de ensanchar las bases de la legalidad, levantamos las proscripciones. Al mismo tiempo tratamos de hacer entender a las fuerzas en pugna, dentro de la línea nacional, que debían buscar la forma de presentar un frente unido. Personalmente llevé a mi partido la idea de abrir las listas de candidatos para dar cabida en ellos a todos los sectores de opinión- radicales, conservadores, peronistas-, sin más exigencia que la honradez y la inteligencia y que estuvieran dispuestos a luchar por la convivencia y el desarrollo. Infortunadamente, mi iniciativa no fue comprendida ni aceptada en toda su extensión y llegamos a los comicios de marzo en posiciones aparentemente antagónicas. Que este enfrentamiento era puramente formal y producto de las pasiones de la hora, surge claramente ahora, al constatar la consternación que invade los sectores que pudieron unificar sus fuerzas y no lo hicimos. Ahora, con la legalidad a punto de perecer, comprueban con angustia que su fortaleza estaba en la unidad. La masividad del voto hubiera hecho imposible la tentativa de burlar la opinión popular.

Conocidos los resultados electorales y enfrentado a una grave situación de hecho, acepté las intervenciones como un recurso heroico destinado a preservar una parte de la legalidad. Desde esta plataforma podríamos lanzarnos de nuevo a la tarea de su ampliación. Sin tiempo para una consulta más profunda, pero sabiendo que interpretaba la vocación legalista y pacifista de mi pueblo, adopté, en su nombre, esa decisión. No creo haberme equivocado al proceder así. No hay duda de que ahora todo el pueblo sabe que era el mal menor. Ustedes como correligionarios comprenderán mejor que nadie lo doloroso que fue para mi espíritu firmar esos decretos. Pero de la misma manera que soporté con humildad y con paciencia la calumnia y la infamia, como así también sucesivas lesiones a mi investidura presidencial, no vacilé un instante en ese nuevo renunciamiento en defensa de la paz de mi pueblo. Sobre el orgullo personal y mi jerarquía de presidente de la Nación, privó siempre mi responsabilidad suprema de evitar la quiebra de la legalidad y la lucha entre hermanos. Un estadista argentino dijo alguna vez que el hombre público carga su cruz y bebe su vinagre. Ustedes saben bien qué pesada ha sido mi cruz y qué amargo ha sido mi vinagre.

Paradójicamente, quienes me instaban a intervenir todas las provincias en que triunfó el peronismo, quienes lanzaban proclamas incendiarias advirtiendo a los peronistas qué género de represión intentarán contra ellos, aducen que la legalidad fue quebrantada por el presidente de la Nación al decretar esas intervenciones. Esto constituye el símbolo de la contradicción de quienes sostienen sin rubor la tesis de una democracia de selectas y reducidas minorías que se arrogan el derecho de tutelar al pueblo todo. Son los mismos a quienes debí ofrecer la banda y el bastón presidencial cuando exigían mi firma para un decreto que interviniera la CGT y que posibilitara los fusilamientos en la Argentina. Su objetivo es dividir al pueblo para que prevalezca su interés particular.

Se aproximan horas difíciles para el país. Si no se supera esta crisis, lo serán mucho más aún. Por mi parte, trato de evitar esa perspectiva de sangre y encono para mi patria. No renuncio para no abrir el cauce a la anarquía, pero si pasan por encima de mi voluntad, si me arrojan del gobierno o me eliminan físicamente, quiero que el pueblo todo conozca la realidad de lo ocurrido para que pueda aprender la lección de la historia. Los últimos comicios señalan que más del 70% del electorado se ha pronunciado por el desarrollo económico, la justicia social y la convivencia democrática. Las bases de la expansión están logradas en forma irreversible y por tanto es más claro el derecho del pueblo a gozar de los beneficios que de esa situación deriva. La lucha que se abre ahora lo es por la legalidad y la paz. Y la legalidad y la paz sólo se pueden asegurar por la unificación de todos los sectores populares. Pero si los enemigos de la Nación y del pueblo lanzan sobre los argentinos la calamidad sombría de la dictadura y la lucha fratricida habrá que enfrentar con decisión inquebrantable todas las contingencias. Sería ése un camino más doloroso, que no ha dependido de nosotros, pero que conduciría igualmente a la victoria final del pueblo. Tanto para ese camino, que nos pueden imponer, como para el democrático y pacífico que estamos sosteniendo hasta sus últimas consecuencias, importa fundamentalmente preservar la unidad de los sectores populares como condición indispensable de su triunfo. El método es alcanzar un frente unido, indisolublemente unido, por encima de diferencias ocasionales que el enemigo tratará de ahondar.

Cualesquiera sean las características de la lucha, nuestra concepción cristiana y democrática debe estar íntimamente unida a nuestra acción. Sólo así se evitaría que alguna fuerza antinacional capitalice la lucha histórica del pueblo argentino por su autodeterminación.

En estas horas sombrías de la República puedo comprender cabalmente, con honda emoción republicana, el drama de ese gran argentino que fue Hipólito Yrigoyen, cuando solo, enfermo y abandonado, fue derrocado por las fuerzas antinacionales. Felizmente Dios ha querido librarme de esa dolorosa experiencia, porque mi partido y mis amigos de lucha de toda una vida me han acompañado con una conmovedora solidaridad que obliga a mi emocionada gratitud y que me ha recompensado de la soledad y las penurias del poder. Cualquier fuere mi destino, sé que he contado con la lealtad de mis amigos y de mi partido y con la comprensión de mi pueblo. No necesito más.

De esta carta envío copias autenticadas a un grupo de amigos comunes. Quiero que ella sierva como único y veraz testimonio de las razones de mi decisión, de mi estado de ánimo y del programa de acción que propongo a mis conciudadanos. Ella sólo debe hacerse pública en el caso de que se me eliminara físicamente o se me hiciera prisionero. Espero de Ud. y mis correligionarios que sigan, como he seguido yo, hasta sus últimas consecuencias esta lucha por la liberación de la Argentina, por su desarrollo económico, por su soberanía, por la unidad de nuestro pueblo y por sus derechos a un nivel de vida cada día mejor. Esto es la expresión auténtica de la democracia.

Invoco para mi patria la protección de Dios.

Con un gran abrazo.

Arturo Frondizi
Presidente de la Nación Argentina

http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/frondizi_e_illia/frondizi_en_visperas_de_su_derrocamiento_no_me_suicidare_no_me_ire_ni_cedere.php
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MensajeTema: Dos respuestas...   Lun 30 Mar 2015 - 9:14

Hola,

Dos respuestas:

Solano López no podía pretender en su sano juicio que se le diera derecho de paso por nuestro territorio... si no estábamos en condiciones de entrar en guerra con Paraguay, mucho menos con Brasil. Como todo autócrata, se dejó llevar por sus propias fantasías. Y dejo constancia de que siempre vi como un error la guerra contra Paraguay, el enemigo siempre fue otro...

Frondizi fue el más grande estadista argentino del siglo XX. Lástima que como a tantos otros grandes hombres su entorno no lo haya protegido en la decadencia intelectual...

Saludos,

JL



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ariel
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Lun 30 Mar 2015 - 9:27

Gracias muchachos por tantos aportes!! me esta costando llegar a leerlos todos en tiempo, pero me esfuerzo por hacelo!
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Lun 30 Mar 2015 - 20:10

El 30 de marzo de 1793 nacía el militar y político argentino, Juan Manuel de Rosas, principal dirigente de la Confederación Argentina.

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bashar
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Lun 30 Mar 2015 - 20:18

Día 30 de Marzo (1900)

Reforma del Himno Nacional Argentino


Tenido por Himno Nacional la Canción Patriótica de Vicente López y Planes, a través de un largo período de la nacionalidad fue interpretado de acuerdo con el texto original. Pero una vez desaparecido el furor de la contienda contra España, en aras de un acercamiento político con ésta, debido a numerosas críticas por parte de representantes diplomáticos españoles, la canción nacional sufrió en su enunciado una modificación de forma en lo relativo a aquella parte que pudiera tener un concepto peyorativo para otros países.

Durante la segunda presidencia del general Julio Argentino Roca, el 30 de marzo de 1900 un decreto refrendado con la firma del Presidente de la Nación y de los ministros Luis María Campos, Emilio Civit, Martín Rivadavia, Felipe Yofre, José María Rosa y Martín García Merou disponía que:


"Sin producir alteraciones en el texto del Himno Nacional, hay en él estrofas que responden perfectamente al concepto que universalmente tienen las naciones respecto de sus himnos en tiempo de paz y que armonizan con la tranquilidad y la dignidad de millares de españoles que comparten nuestra existencia, las que pueden y deben preferirse para ser cantadas en las festividades oficiales, por cuanto respetan las tradiciones y la ley sin ofensa de nadie, el Presidente de la República, en acuerdo de ministros decreta:


Artículo 1°. En las fiestas oficiales o públicas, así como en los colegios y escuelas del Estado, sólo se cantarán la primera y la última cuarteta y el coro de la Canción Nacional sancionada por la Asamblea General el 11 de mayo de 1813."



Desaparecieron así las marciales referencias a "los bravos [argentinos] que unidos juraron su feliz libertad sostener, a esos tigres sedientos de sangre [los españoles] fuertes pechos sabrán oponer". También se quitó: "Son letreros eternos que dicen: aquí el brazo argentino triunfó, aquí el fiero opresor de la Patria [el soldado español] su cerviz orgullosa dobló", y toda referencia al Antihispanismo, dado que la llegada de miles de inmigrantes de ese origen y las nuevas relaciones con la Madre patria habían variado mucho.

Marcha Patriótica
(Versión original)
Letra: Vicente López y Planes
Música: Blas Parera

Coro
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.

Oid ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, libertad, libertad!
Oid el ruido de rotas cadenas:
Ved en trono a la noble Igualdad.

Se levanta a la faz de la tierra
Una nueva y gloriosa Nación:
Coronada su sien de laureles
Y a su planta rendido un León.

Coro

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
La grandeza se anida en sus pechos,
A su marcha todo hacen temblar.

Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
Lo que ve renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.

Coro

Pero sierras y muros se sienten
Retumbar con horrible fragor:
Todo el país se conturba con gritos
de venganza, de guerra y furor.

En los fieros tiranos la envidia
Escupió su pestífera hiel
Su estandarte sangriento levantan
Provocando a la lid más cruel.

Coro

¿No los veis sobre Méjico y Quito
Arrojarse con saña tenaz?
¿Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y la Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
Luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

Coro

A vosotros se atreve ¡Argentinos!
El orgullo del vil invasor,
Vuestros campos ya pisa contando
Tantas glorias hollar vencedor.

Mas los bravos que unidos juraron
Su feliz libertad sostener.

A esos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.

Coro

El valiente argentino a las armas
Corre ardiendo con brío y valor,
El clarín de la guerra cual trueno
En los campos del Sud resonó;
Buenos Aires se pone a la frente
De los pueblos de la ínclita Unión,
Y con brazos robustos desgarran
Al ibérico altivo León.

Coro

San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
Del tirano en la Banda Oriental;
Son letreros eternos que dicen:
“Aquí el brazo argentino triunfó.”
“Aquí el fiero opresor de la patria
Su cerviz orgullosa dobló.”

Coro

La victoria al guerrero argentino
Con sus alas brillantes cubrió,
Y azorado a su vista el tirano
Con infamia a la fuga se dio;
Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos a la Libertad.
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
Trono digno a su gran majestad.

Coro

Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
Les repite ¡mortales! Oíd:
¡Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud!

Himno Nacional Argentino
(Versión que se canta actualmente)
Letra: Vicente López y Planes
Música: Blas Parera

Oid Mortales, el grito sagrado:
¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!
¡Oid el ruido de rotas cadenas:
ved en trono a la noble Igualdad!

Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud,
y los libres del mundo responden
¡Al gran Pueblo Argentino salud!

Coro
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.





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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 31 Mar 2015 - 19:59

Día 31 de marzo (1870)

La expedición del coronel Mansilla a los Ranqueles


En 1870 el coronel Lucio V. Mansilla, nombrado el año anterior comandante de la frontera de Córdoba, realizó un viaje extraordinario en esa época y llegó hasta Leubucó, donde tenían las tolderías los indomables Ranqueles, dirigidos por el Legendario Panghitruz Guor , mas conocido como Mariano Rosas.

El propósito de la expedición fue el de resolver ciertas dificultades nacidas a raíz de un tratado firmado por él y los jefes originarios y que el congreso tardaba en refrendar, y además ganar tiempo para organizar las represalias si las tribus, hartas de esperar comenzaran de nuevo con los malones. Hay que decir que Mansilla, como muchos de aquella época, estaba lleno de prejuicios de la “civilización” por lo cual palabras como “Salvajes” y “Barbaros” era una idea que se tenía mas que acabada en las mentes de aquellos  hombres.

Sin embargo, estos prejuicios lentamente irán cambiando a raíz de este viaje a la pampa profunda, de salvaje libertad.
El 31 de marzo, Mansilla salió del fuerte Sarmiento, en la frontera del Río quinto, acompañado por dos padres franciscanos, 4 oficiales y un destacamento de 11 soldados y baquianos.
Gran parte de la población fortinera se había reunido para despedir a estos viajeros, creyendo que jamas volverían a verlos. Buscar a los ranqueles en la inmensidad de la pampa no era seguridad de buena salud y perspectivas de vida.
De este viaje el Coronel Mansilla ha dejado un completo relato en su libro "Una excursión a los Indios Ranqueles”, que comenzó a publicarse como folletín en el diario “La Tribuna” y que luego se convirtió en uno de los textos  mas interesantes de aquellos días y la forma de vida de la Pampa indómita. Al final de su libro, aquellos pensamientos había variado, y de alguna manera justificaba a los originarios:

...Sea esto lo que fuere, la triste realidad es que los indios están ahí amenazando constantemente la propiedad, el hogar y la vida de los cristianos.
¿Y qué han hecho éstos, qué han hecho la civilización en bien de una raza desheredada que roba, mata y destruye, forzada a ello por la dura ley de la necesidad?
¿Qué han hecho?...

Al acercarse a las tierras del Cacique Ramón un grupo de ranqueles los interceptó y la comitiva tuvo que soportar las diversas pruebas a que los sometieron los originarios.

Estos comenzaron a respetarlos al darse cuenta de la entereza con que soportaban las provocaciones, los insultos y el acoso. Finalmente le dieron la bienvenida y el coronel y los suyos debieron dar un fuerte apretón de manos a cada jinete lanzando un ¡hurra! Y luego el cacique Ramón abrazó y levantó en vilo a Mansilla y él debió hacer lo mismo, (Ramón era según el Coronel,  de grandes dimensiones y obeso).

Siguiendo la marcha, los viajeros llegaron a Leubucó la Toldería principal y residencia de Mariano rosas. El cacique había dispuesto lo necesario para ajustar el ceremonial de la recepción de los visitantes para que no quedasen dudas de su poderío :

Me daban una lección sobre el ceremonial decretado para mi recepción, cuando llegó un indiecito muy apuesto, cargado de prendas de plata y montando un flete en regla.
Le seguía una pequeña escolta.
Era el hijo mayor de Mariano Rosas, que por orden de su padre, venía a recibirme y saludarme.
La salutación consistió en un rosario de preguntas -todas referentes a lo que ya sabemos, el estado fisiológico de mi persona, a los caballos y novedades de la marcha.
A todo contesté políticamente, con la sonrisa en los labios y una tempestad de impaciencia en el corazón.
Esta vez, a más de las preguntas indicadas, me hicieron otra: que cuántos hombres me acompañaban y qué armas llevaba.
Satisfice cumplidamente la curiosidad.
Ya sabe el lector cuántos éramos al llegar a las tierras de Ramón.
El número no se había aumentado ni disminuido por fortuna; ninguna desgracia había ocurrido. En cuanto a las armas, consistían en cuchillos, sables sin vaina entre las caronas y cinco revólveres, de los cuales dos eran míos.
El hijo de Mariano Rosas regresó a dar cuenta de su misión. Más tarde vino otro enviado y con él la orden de que nos moviéramos.
Una indicación de corneta se hizo oír.
Reuniéronse todos los que andaban desparramados; formamos como lo describí ayer y nos movimos.
Ya estábamos a la vista del mismo Mariano Rosas; yo podía distinguir perfectamente los rasgos de su fisonomía, contar uno por uno los que constituían su corte pedestre, su séquito, los grandes personajes de su tribu, ya íbamos a echar pie a tierra, cuando, ¡sorpresa inesperada!, fuimos notificados de que aún había que esperar.
Esperamos, pues...
Habiendo esperado yo tanto; ¿por qué no han de esperar ustedes hasta mañana o pasado?
La curiosidad aumenta el placer de las cosas vedadas difíciles de conseguir.
Lucio V. Mansilla. Una excursión a los indios ranqueles, capítulo XXIII


Para atraerse la confianza de los locales Mansilla participó en cada uno de los festejos y el cacique le
contó la razón de su nombre “Cristiano”.

En un asalto llevado por el legendario Painé contra Arroyo del Medio  cayó prisionero cuando una partida de soldados los sorprendió cuidando animales porque a los niños y alos viejos los llevaban para que cuidasen de los ganados  y los arreos si había botines. Él junto con unos cuantos mas fueron remitidos al cuartel de Santos Lugares donde pasó un año engrillado y tratado duramente por los guardias.  Finalmente, llevado en presencia del mismo gobernador, y preguntándoles el Restaurador quienes eran, este pudo contarle que era hijo de uno de los grandes jefes de la Pampa. Rosas entonces decidió bautizarlo con su apellido y mandarlo a una de sus estancias. Durante unos años el joven Mariano aprendió las habilidades rurales, el idioma y adquirió una fuerza que lo convirtieron en un líder exepcional. Así educado en la austera y dura vida de los gauchos en las Estancias rosistas y pese a que luego escapó  y juró no volver a pisar el otro lado de la frontera, siempre estuvo agradecido a Rosas “por lo que aprendió y lo convirtió en lo que es” y decidió usar siempre su apellido, al igual que su legendario Hermano Epumer.

En su libro Retratos y Recuerdos escribió Mansilla:

“...de los manjares mas exquisitos que comí en mi vida fueron Ostras saladas  en Aix la Provence y huevos de ñandú con miel  con mi querido amigo el Cacique Mariano Rosas”.

Mansilla hizo oficiar una misa en el desierto y apadrinó a varios niños, entre ellas a una hija de Mariano, honor sin igual para un jefe “Huinca”. También apadrinó al hijo del cacique Baigorrita.
Después de prolongadas conversaciones se convocó a los grandes jefes del desierto para tratar las condiciones del tratado, en un parlamento que duro 11 horas continuas.

La simpatía del Coronel Mansilla superó todos los obstáculos y se concertó un nuevo acuerdo.

Años después, ya anciano, Mansilla pasaba su vejez en París, como muchos de los que se habían enriquecido con la venta de ganado y trigo de la pampa, aunque a diferencia de muchos otros, el la había conocido Salvaje y libre.

En unos de esos días recibió a un huésped amigo, quiso mostrarle a un objeto que para él tenía un gran valor afectivo: el poncho  que le regalara la mujer principal de Mariano Rosas, cuando se despedía de aquel memorable viaje. Sin embargo, al hacerlo, se encontró que había sido comido por las polillas. Mansilla, agobiado cayó sobre su sillón, llorando tristemente. Ya no había frontera, ni pampa, y solo recuerdos apolillados de lo que fue algunas vez un pueblo orgulloso.


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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 31 Mar 2015 - 20:44



Foto de la época, Lucio V. Mansilla en Río Cuarto junto a sus oficiales, el quinto de izquierda hacia la derecha con capa y la espada.
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MensajeTema: Los Mansilla   Mar 31 Mar 2015 - 20:49

Los Mansilla... ¡qué personajes, qué parte de nuestra historia!
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 31 Mar 2015 - 21:15

JLBA01 escribió:
Los Mansilla... ¡qué personajes, qué parte de nuestra historia!

Cuenta Lucio que su padre, en las vísperas de Obligado, en la Legislatura, dio seguridades de vencer a la flota Anglofrancesa exaltando con "típica" fanfarronada criolla:

"...!que nos van a ganar estos gringos flojos, que no se aguantan una galopada de noche!"

fue tal la algarabía que levantó que fue uno de los motivos por lo que lo designaron jefe de las baterías.

por lo que hizo después guapeza no le faltaba..

saludos!

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Miér 1 Abr 2015 - 22:46


Día 1 de Abril (1856)

Pasa a la posteridad el general Estaquio Diaz Vélez


Su nombre original era Eustoquio ("Eustochio Antonio" según consta en su partida de bautismo), pero se lo cita habitualmente como Eustaquio. Nació en Buenos Aires el día 2 de noviembre de 1782. Sus padres fueron Francisco José Díaz Vélez, comerciante nacido en Huelva, España y María Petrona de Aráoz, oriunda del Tucumán, ambos de importantes familias coloniales.

Se incorporó joven al ejército, en el regimiento de Blandengues de la Frontera. Combinó estas actividades con el comercio, reuniendo alguna fortuna. Colaboró con Santiago de Liniers en la lucha contra las Invasiones Inglesas y se incorporó al Regimiento de Patricios. Durante la asonada de Álzaga del 1 de enero de 1809, luchó del lado de los leales a Liniers y fue herido. Esa acción le valió el ascenso a teniente coronel graduado.

Tenía buenas relaciones con los revolucionarios que, antes de 1810, pretendían lograr la instalación de una junta para suplantar al virrey. Apoyó la Revolución de Mayo, participando en las reuniones que resolvieron la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, asistiendo a la del 19 de mayo convocada por Nicolás Rodríguez Peña. En ocasión del Cabido Abierto del 22 de mayo el coronel Cornelio Saavedra lo designó como jefe de las guardias de Patricios que posibilitó la reunión de esa asamblea popular que expresó la voluntad del pueblo. Surgida la Primera Junta de Gobierno, ésta le encomendó como primera misión militar ocupar la plaza de Colonia del Sacramento, cuya población simpatizaba con los patriotas revolucionarios, venciendo a su guarnición y llevando para Buenos Aires gran cantidad de municiones. Por esta victoria la Primera Junta lo nombró teniente coronel, con carácter efectivo.

Formó parte del Ejército del Norte y participó en la derrota de Cotagaita. Semanas más tarde, el día 7 de noviembre de 1810, luchó en la batalla de Suipacha, primer triunfo de las armas revolucionarias rioplatenses, que permitió el levantamiento revolucionario de las ciudades de Potosí, Chuquisaca, La Paz y Cochabamba, abriendo a los patriotas el Alto Perú. Por orden del Jefe del Ejército de la Junta Juan José Castelli, ejecutó en Potosí a los jefes realistas Nieto, Córdova y Sanz. Fue ascendido al grado de coronel.

Castelli firmó un armisticio con el jefe español José Manuel de Goyeneche, que probablemente ninguno de los dos pensaba cumplir. Díaz Vélez y Juan José Viamonte, al frente de sus batallones, fueron enviados como avanzada en dirección a la frontera. Al producirse el ataque realista en la batalla de Huaqui, el 19 de junio de 1811, estos dos regimientos fueron destrozados sin poder recibir ayuda ni ayudar al resto del ejército.

La huida fue un verdadero desastre y, faltos de todo apoyo, los grupos de soldados cruzaron el Altiplano como pudieron, huyendo hacia Humahuaca. Antonio González Balcarce fue reemplazado por Juan Martín de Pueyrredón al frente del Ejército. En su retirada, las fuerzas de Díaz Vélez fueron derrotadas dos veces, en Nazareno y en Cobos.

Participó en la organización del Éxodo Jujeño, bajo el mando de Manuel Belgrano. Creó un cuerpo de caballería denominado los "Patriotas Decididos", y tuvo a su cargo la retaguardia del éxodo. Cuando los patriotas fueron alcanzados y comenzaron a ser derrotados, Díaz Vélez reaccionó rápidamente y contraatacó en la batalla de Las Piedras, del 3 de septiembre de 1812, logrando una victoria que logró revertir la desmoralización de las tropas.

En parte por esta victoria, Belgrano se atrevió a dar la batalla de Tucumán, del 24 de septiembre de 1812, la que resultó la victoria más importante de la guerra de la independencia argentina. Díaz Vélez ofició de mayor general o segundo jefe del ejército. Tomó el parque del general realista Pío Tristán, con treinta y nueve carretas cargadas de armas, municiones, parte de los cañones y prisioneros. Luego se hizo fuerte en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en donde — frente a la intimación de rendición que le efectuara el jefe realista bajo amenaza de incendiarla — le respondió que, en tal caso, degollaría a los prisioneros, entre los que se encontraban cuatro coroneles. Tristán no se atrevió a cumplir con su amenaza.

A los pocos días fue enviado a tomar Salta, antes de que llegara hasta allí el ejército enemigo. Liberó de la cárcel al coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, junto al cual logró ocupar la ciudad. Pero debió evacuarla a principios de octubre.

En la batalla de Salta, a principios del año siguiente, dirigió un ala de la caballería argentina y fue gravemente herido. Belgrano aprovechó esa circunstancia para nombrarlo gobernador de la provincia de Salta.

Acompañó al Ejército del Norte en la segunda campaña al Alto Perú, y ocupó la ciudad de Potosí. Dirigió la caballería en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, dos terribles derrotas.


Por orden de Belgrano, y para cubrir sus espaldas, intentó volar el edificio de la Casa de la Moneda de Potosí; pero el aviso de un oficial a la población lo evitó.

Volvió a Buenos Aires donde contrajo matrimonio con Carmen Guerrero y Obarrio. Con ella tuvo tres hijos: Carmen, Manuela y Eustoquio. Fue ascendido a general. Inmediatamente fue enviado por el Directorio de las Provincias Unidas como gobernador intendente de Santa Fe, con el claro objetivo de impedir que la provincia se pronunciara por el federalismo de José Artigas. Asumió en abril de 1814 y ocupó la ciudad militarmente. Se dedicó a enviar todo lo que pudo, por las buenas o por las malas, al Ejército del Norte. Su gobierno no contaba con las simpatías del pueblo, principalmente por no ser santafesino, pero también por su carácter arbitrario y por no respetar al cabildo local.

En marzo de 1815, una gran cantidad de gente se reunió frente a la casa de gobierno y exigió la entrega del mando al Cabildo. Al mismo tiempo, cruzaba el río Paraná una flota de canoas comandada por el entrerriano Eusebio Hereñú, que exigió cumplir lo que pedía el pueblo. Díaz Vélez renunció y en su lugar fue electo Francisco Candioti.

Díaz Vélez retornó a Buenos Aires y permaneció inactivo por unos meses. Al año siguiente participó de la expedición hacia Santa Fe, a órdenes de Viamonte, como jefe militar de Rosario. El fracaso de Viamonte lo obligó a retirarse en febrero de 1816.
En abril de ese mismo año fue enviado en un tercer ataque hacia Santa Fe y sitió la ciudad por el río. Pero fue derrotado, firmó con el gobernador Mariano Vera el pacto de Santo Tomé y se retiró hacia Rosario. Allí depuso a su superior, Belgrano, y asumió el mando del ejército. Esta extraña rebelión de Díaz Vélez provocó la caída del director Ignacio Álvarez Thomas. Pero pocos días después, desconoció el pacto que él mismo había firmado y atacó Santa Fe. Por tercera vez fue derrotado y su acción provocó el encumbramiento de Estanislao López en esa provincia.


Pasó después a Buenos Aires, donde formó en la Logia dirigida por el director supremo Pueyrredón y por su ministro Gregorio García de Tagle. En 1817 fue designado Comandante Ayudante General del Estado Mayor y el 13 de diciembre de 1818 fue nombrado Gobernador Intendente interino de Buenos Aires, reemplazando a Juan Ramón Balcarce, quien se encontraba enfermo. En enero de 1819 dispuso la supresión de las corridas de toros en El Retiro por encontrarse el circo en estado ruinoso y evitar males que pudieran sobrevenir al público. Revistó asimismo en la Plana Mayor del Estado Mayor hasta finales del año 1821.

En marzo de 1819 solicitó la separación del cargo de Gobernador conservando únicamente las funciones de Intendente General de Policía hasta que se produjo la batalla de Cepeda, después de la cual se exilió en Montevideo. Las principales reformas policiales que efectuó fueron: la creación de un comando único para su funcionamiento, la implantación del "boleto de seguridad" o registro de identidad de las personas, el traspaso de la administración del juego de lotería que se encontraba en manos de particulares y la puesta en práctica de la abolición total de la pena de azotes a los que eran sometidos los niños en las escuelas.

A su regreso, en octubre de 1821, se presentó al servicio activo, quedando comprendido en las disposiciones de la Ley de Reforma, por lo que pasó a retiro el 26 de febrero de 1822 con sueldo completo. Aprovechó entonces la ley de enfiteusis del ministro Bernardino Rivadavia y compró gran cantidad de terrenos. Fundó varias estancias, y se convirtió en el mayor propietario individual de campos en la provincia de Buenos Aires. Las más conocidas fueron: "El Carmen" (en los actuales Partidos de Rauch y Ayacucho), "Campos de Díaz Vélez" y "Médanos Blancos" (en el actual Partido de Necochea).


No participó en las guerras civiles o externas de los años que siguieron, hasta el año 1839, en que apoyó la revolución llamada de los “Libres del Sur” contra el dictador Juan Manuel de Rosas desde su estancia de Tandil. Fue arrestado y sometido a un largo proceso, pero algún tiempo después fue puesto en libertad y se le permitió pasar a Montevideo. Sus campos fueron embargados por el gobierno.

Regresó a Buenos Aires después de la batalla de Caseros y se negó a participar en política; recuperó todos sus campos y gran parte de su hacienda antes de morir en Buenos Aires, el día 1 de abril de 1856.


Sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta en la bóveda familiar declarada monumento histórico nacional (decreto 3.039 del año 1946 del Poder Ejecutivo Nacional).


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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Jue 2 Abr 2015 - 15:49


Lo subí hace dos años, si lo quieren volver a leer

http://defensanacional.argentinaforo.net/t6046-2-de-abril-de-1982-malvinas-vehiculos-anfibios

Un abrazo Ricardo

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Jue 2 Abr 2015 - 20:24

Quequén Grande escribió:

Lo subí hace dos años, si lo quieren volver a leer

http://defensanacional.argentinaforo.net/t6046-2-de-abril-de-1982-malvinas-vehiculos-anfibios

Un abrazo Ricardo

de primera calidad

saludos!

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Jue 2 Abr 2015 - 20:27

Dia 2 de Abril (1820)

San Martín ratificado en el mando del Ejército de los Andes

Acta de Rancagua

En la ciudad de Rancagua, a 2 de abril de 1820, reunidos todos los jefes i oficiales del ejército de los Andes en la casa del estado mayor, a presencia del señor coronel jefe de estado mayor del ejército espedicionario i comandante jeneral del mismo, se abrió un pliego rotulado para dicho señor, í dirijido por S. E. el señor jeneral en jefe con espresion en el sobre de no romper el nema hasta no estar reunida toda ¡a oficialidad; i procediéndose a su lectura por el señor comandante jeneral, concluyó i se procedió a la votación, según está prevenido, para elejir jefe, en virtud de no existir el gobierno que nombró el presente: como en el mismo acto tomase la palabra el señor coronel comandante del número 8 don Enrique Martínez, i espusiese que no debia precederse a la votación por ser nulo el fundamento que para ello se daba, de haber caducado la autoridad del señor jeneral, fue preciso considerar esta objeción, que al mismo tiempo reprodujeron los señores comandantes don Pedro Conde i don Rudecindo Alvarado, i proceder después a la votación de los señores oficiales, que unánimemente convinieron en lo mismo; quedando, de consiguiente, sentado como base i principio que la autoridad que recibió el señor jeneral para hacer la guerra a los españoles i adelantar la felicidad del pais no ha caducado ni puede caducar, porque su oríjen, que es la salud del pueblo, es inmudable. En esta intelijencia, si por algún accidente o circunstancia inesperada faltase por muerte o enfermedad el actual, debe seguirse en la sucesión del mando e! jefe que continúe en el próximo inmediato grado del mismo ejército de los Andes. I para constancia, lo firmaron un oficial mas antiguo de cada clase de todos los cuerpos i todos los señores jefes.—

Batallón de artillería, Manuel Herrera.— Comandante Francisco Diaz.— Sarjento mayor Eujenio Giroust.— Capitán José Olavarría.- Teniente ayudante Hilario Cabrera.—

Granaderos a caballo, Nicasio Ramallo, comandante.— Benjamín Viel, comandante de escuadrón.— Juan O'Brien, sarjento mayor. — Bernardino Escribano, capitán— Pedro Ramos, teniente.— Antonio Espinosa, alférez.—

Batallón número 7, Pedro Conde, comandante.— Cirilo Correa, sarjento mayor.— Félix Villota, capitán.— Miguel Cortes, teniente.—

Batallón número 8, Enrique Martínez, comandante.— Manuel Nazar, capitán.— Aniceto Vega, teniente.— José del Castillo, subteniente.-

Batallón número 2, Román Antonio Dehesa, capitán comandante accidental.— José Nicolás de Arrióla, capitán.- Manuel Castro, teniente.— José Ignacio Plaza, subteniente.—

Cazadores a caballo, Mariano Necochea, comandante.— Rufino Guido, sarjento mayor.— Manuel José Soler, capitán.— Pedro Ramírez, teniente.— Manuel Latui, alférez.—

Estado mayor jeneral, Juan Gregorio de las Heras, jefe de estado mayor.— Juan Paz del Castillo, segundo jefe.— Rudecindo Alvarado, coronel.— Juan José Quezada, teniente coronel.— Luciano Cuenca, sarjento mayor.— Francisco de Sales Guillermo, ayudante-secretario.— Javier Antonio Medina, oficial-ordenanza.— Juan Andrés Delgado, secretario.

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Jue 2 Abr 2015 - 20:38


Dia 2 de Abril (1982)

Desembarco Argentino en las Islas Malvinas


El 1 de abril a las 21.18 el primer grupo de botes se desprendió del D-2: 84 comandos anfibios y buzos tácticos bajo el mando del Capitán de Corbeta Guillermo Sánchez-Sabarots. A las 22.45 el grueso de la Agrupación de Comandos Anfibios salió del buque en 19 embarcaciones destacándose, inmediatamente, el destructor en su zona de patrullado. Desembarcaron en Mullet Creek sobre las 23:00 horas. A esa misma hora, el submarino ARA Santa Fe (S-21) libró a otros diez buzos tácticos para colocar balizas de radionavegación y ocupar el Faro San Felipe (Pembroke). Cuando el ARA Santa Fe (S-21) emergió fue detectado por el radar de navegación del buque costero Forrest dándose inicio a las hostilidades. A las 23.40 en la zona del aeropuerto se observó una bengala verde y al poco tiempo fue apagado el Faro San Felipe.
Ya 2 de abril a las 1.55 el submarinos ARA Santa Fe (S-21) salió a la superficie, frente a Punta Calebroña y lanzó sus Buzos Tácticos a unos 3.000 metros del Faro San Felipe, que se encontraba apagado, alejándose, luego, a máxima velocidad en superficie, para regresar a su lugar de patrulla. A las 4.20, el destructor ARA Hércules (D-1), iza su Pabellón de Guerra e comenzó su patrullado en Puerto Groussac, protegiendo a la iniciación de la fase de asalto, la aproximación del BDT ARA Cabo San Antonio (Q-42) y de la corbeta ARA Drummond (P-1). A las 5.45 se ordenó a la Fuerza de Desembarco, abordar los vehículos anfibios, los LVTP-7 y LARC-5. Cerca de 6.00 se apagaron las luces de la bodega del BDT, se abrieron las compuertas de proa y se pusieron en marcha los enormes extractores de gases. A las 6.22 llegó la orden: "Primera ola al agua!" y desde el BDT ARA Cabo San Antonio (Q-42) comienzan a desembarcar los vehículos anfibios, con fuerzas del Regimiento de Infantería 25 del Ejército Argentino. A las 6.30 desde el D-2 se irradia un comunicado en el que intimaba a la población a no ofrecer resistencia para evitar derramamiento de sangre.
Llegada, la avanzada de las fuerzas argentinas a la casa del Gobernador se le intima su rendición, no se recibe respuesta y comienza un tiroteo generalizado, donde se produce la primer baja del conflicto, el CCIM Pedro Giachino, que es herido mortalmente, también son alcanzados por las esquirlas y resultan heridos de gravedad, el Teniente de Fragata Diego García Quiroga y el Cabo Primero Ernesto Urbina. Sin embargo la resistencia es en vano y finalmente es tomada la casa del Gobernador, y el resto de lo planificado. A pocos minutos ya aterrizaba el primer Lockheed C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina en el Aeropuerto de Puerto Stanley.
Utilizando el helicóptero Westland Lynx Mk.23 0739/3-H-141, desde el ARA Hércules (D-1), se trasladó al abanderado de la Flota de Mar, el Teniente de Fragata Martín Cazaux, para afirmar el pabellón en Stanley (posteriormente llamado Puerto Argentino).
En esas circunstancias, y ante la necesidad de brindar apoyo logístico a las unidades navales que operaban en el puerto de la capital de las islas, el comandante de la Flota de Mar dispuso la creación del Apostadero Naval Malvinas, designando como jefe del mismo al capitán de fragata Adolfo A. Gaffoglio.
Cumplida su tarea por la Fuerza de Desembarco, algunas de sus fracciones se encontraban listas para el repliegue al Continente, que comenzó el mismo 2 de abril.
A la 1:30 horas del 2 de abril, los hombres de Sánchez-Sabarots se dividieron en dos grupos: el primero, comandado por él mismo, se dirigió a los barracones de la infantería de marina británica en Moody Brook para atacarlos; el segundo, bajo el mando del Capitán de Corbeta Pedro Edgardo Giachino, avanzó hacia Puerto Argentino con objeto de tomar las oficinas del Gobernador y capturarlo. Pero los británicos, sobre aviso, habían evacuado los barracones y estaban desplegados en posiciones de combate para defender la localidad.
A las 5:45 horas, la partida de Sánchez-Sabarots abrió intenso fuego automático y de granadas sobre los barracones donde suponían a los Infantes de Marina Británicos. A los pocos minutos, descubrieron que nadie devolvía el fuego (estaban vacíos). El ruido, por el contrario, alertó al mayor Norman —que dirigía a las fuerzas británicas— de que los argentinos habían llegado.
Observando refuerzos preparados para rechazar el ataque, el grupo de Giachino, evitándolos, se dirigió directamente a la residencia del gobernador, con intención de atacarla por la puerta trasera. Entraron al anexo de los sirvientes, donde estaban atrincherados tres Marines Reales, y se entabló un combate. Giachino cayó gravemente herido junto a dos suboficiales; el resto de sus hombres se replegaron, aunque mantuvieron el asedio sobre la sede del gobierno británico, disparando desde una posición elevada ubicada al sur de la misma. Los constantes cambios de posición de los comandos y el uso de granadas de aturdimiento hicieron creer a los defensores que estaban bajo el ataque de una fuerza numéricamente muy superior a la real, lo cual resultó decisivo para obtener su rendición. Pedro Giachino murió después, convirtiéndose así en la primera baja de la Guerra de las Malvinas (por esta acción, el Capitán Giachino recibió la Cruz al Heroico Valor en Combate).
A las 6:20 horas, el ARA Cabo San Antonio (Q-42) libró la compañía E de vehículos anfibios LVTP-7 y LARC-5 del 2º de Infantería de Marina, orientándose con las balizas que habían colocado los buzos tácticos del ARA Santa Fe (S-21). La primera oleada, bajo el mando del Capitán de Corbeta (IM) Hugo Santillan, llegó a tierra y tomó la dirección del aeropuerto. La compañía D desembarcó poco después para ocupar el faro.
Cuando la compañía E llegó a las proximidades del viejo aeropuerto, sufrió el primer ataque de la infantería de marina británica. Un blindado LVTP-7 fue averiado por disparos de una ametralladora, pero la tripulación resultó ilesa. El Contraalmirante Busser, responsable del desembarco, comenzó a preocuparse: las tropas blindadas aún no habían entrado en contacto con los comandos, y la resistencia británica era más intensa de lo esperado. Ordenó entonces que una compañía del Batallón de Infantería de Marina 1 con lanzacohetes de 105 mm fuesen helitransportados a la costa.
A las 8:30 horas, el gobernador Hunt y el mayor Norman, bajo presión, debatieron qué hacer. Se sugirió dispersarse por el interior para iniciar una guerra de guerrillas, pero finalmente, creyéndose rodeados por un batallón de Infantería de Marina, decidieron que este plan de acción no tenía sentido. Hicieron traer a Héctor Gilobert, un argentino residente de las islas al que consideran un espía, y le encargaron negociar el alto el fuego. A las 9:30 horas, el gobernador Hunt rindió las islas Malvinas al contraalmirante Busser. Un avión de transporte militar argentino llevó a Hunt a Montevideo, desde donde se dirigió a Londres.
Sin embargo, en las islas Georgia del Sur los británicos no aceptaron la rendición, que les fue comunicada desde el ARA Bahía Paraíso (B-1). Cuando en la mañana del día 3 las fuerzas argentinas trataron de tomar Grytviken, los 22 infantes de marina británicos reaccionaron. No sólo derribaron el helicóptero Puma del Comando de Aviación del Ejército Argentino, sino que averiaron a la corbeta misilística ARA Guerrico (P-2) (actual P-32) con denso fuego de infantería y un lanzacohetes Carl Gustav cuando intentaba aproximarse a la población. El cabo Guanca, y los conscriptos Mario Almonacid y Jorge Águila, resultaron muertos y otros heridos. Intervino el Alouette del COAN, que artillado atacó a las posiciones inglesas. Finalmente, la P-2 logró alejarse y —aunque tenía inutilizado su cañón principal de 100 mm— disparó una salva con el de 40 mm contra las posiciones británicas. Ante este hecho, con un marine herido en un brazo y con los conscriptos infantes argentinos aproximándose, los Marines Reales decidieron rendirse.
Por lo demás, las fuerzas argentinas desistieron de atacar la base de la Isla Bird, permaneciendo allí y en Bahía Schlieper, Glaciar Lyell y Bahía Saint Andrews, 15 británicos que se mantuvieron fuera del control argentino hasta el retorno británico a las islas.
Pasado el mediodía del 3 de abril de 1982, la bandera argentina ondeó sobre las islas Malvinas, las islas Georgias del Sur y las islas Sandwich del Sur (en estas últimas hacía varios años).
Los prisioneros británicos volvieron a su país vía Montevideo.


bandera Argentina izada por infantes de Marina del BIM 2
en:

http://batallonbim2im.blogspot.com.ar/2010/01/bim-2-actual.html

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Vie 3 Abr 2015 - 3:08

bashar escribió:
Día 30 de Marzo (1900)

Reforma del Himno Nacional Argentino







Si tienen tiempo disfruten esta versión completa de nuestro himno nacional


Un saludo Ricardo.

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Vie 3 Abr 2015 - 8:36

Estos dos últimos posteos erizan la piel.
Tanto tiempo ha pasado y parece ayer.

Saludos
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Vie 3 Abr 2015 - 14:20

El 3 de abril de 1815 se sublevó el ejército porteño en Fontezuelas. Las tropas enviadas para combatir a Artigas, al mando de Ignacio Álvarez Thomas, se sublevaron contra el gobierno del general Alvear, quien debió renunciar al directorio y al sueño del protectorado británico para estas tierras.
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 4 Abr 2015 - 0:03

woody59 escribió:
El 3 de abril de 1815 se sublevó el ejército porteño en Fontezuelas. Las tropas enviadas para combatir a Artigas, al mando de Ignacio Álvarez Thomas, se sublevaron contra el gobierno del general Alvear, quien debió renunciar al directorio y al sueño del protectorado británico para estas tierras.

Aporto:

El 3 de abril tuvo lugar el motín de Fontezuelas. Las fuerzas de Ignacio Alvarez Thomas, vanguardia del ejército al mando de Francisco Xavier de Viana, para destruir a Artigas, se sublevan y vuelven sobre Buenos Aires. El 15 huye Alvear. Poco habrá de durar el triunfo de Artigas. Entre los nuevos encumbrados están Pedro J. Viera, Eusebio Baldenegro y Miguel Estanislao Soler. En su apogeo invita una vez más, y es la última, a Rodríguez de Francia a adherirse al Sistema de América.

carta de Artigas a Gaspar rodriguez de Francia sobre el Motín de Fontezuelas y la derrota de Alvear:

Al fin llegaron los momentos de felicitarnos en la destrucción de los tiranos que nos oprimían. Los sucesos de mis armas victoriosas me condujeron hasta las márgenes del Paraná. Inmediatamente la guarnición de Santa Fe cedió a mis intimaciones y lo mismo se verificó en Córdoba, estableciéndose al instante la dignidad popular en estos lugares. En seguida tuve la satisfacción de recibir las protestas de amistad de varios oficiales de Buenos Aires y entablando mis relaciones con el coronel don Ignacio Alvarez, invistió su fuerza el precioso carácter de ejército libertador, a cuyo frente, protegiendo los votos generales de aquella provincia, sostuvo el clamor universal.

Las invectivas del brigadier general Alvear en campaña fueron deshechas, su facción puesta en prisiones y él mismo confinado a bordo de una fragata de Su Majestad Británica, herido de toda la execración de un pueblo que respetaba en los suyos los derechos de los demás pueblos. Acontecimiento tan brillante exige un detalle más circunstanciado, para encantar más extensamente el juicio de los interesados; pero la premura del tiempo me impide entrar en él, dando a usted una idea del suceso en sí por proporcionarle tan ventajosa satisfacción sin retardarla un momento. Usted conoce que éste es precisamente el triunfo de fijar la estabilidad del dogma general; que usted se decida y que, entrando en una combinación exacta conmigo, demos a la América un ejemplo grande de moderación, circunspección y firmeza, haciendo llevar al cabo el sistema sacro-santo de equidad que sirvió de objeto a nuestra gloriosa revolución.

Usted sabe que es preciso aprovechar los momentos y que ahora es cuando deben ponerse en acción todos los resortes para impedir hasta la menor demora, conciliando la brevedad con cualquier exigencia de investigación, para no perder en manera alguna el provecho que nos ofrece el momento favorable que tocamos.

Tengo el honor de repetir a usted mi más respetuosa adhesión.

General Artigas en Paraná. 21 de abril de 1815.
Al señor Supremo Dictador de la República del Paraguay.



Alvarez Thomas

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 4 Abr 2015 - 0:14

Dia 4 de abril (1917)

Hundimiento del buque mercante argentino Monte Protegido


El 4 de abril de 1917 se registró un hecho que tuvo impacto en las relaciones argentino-alemanas y demostró la intención del gobierno de Yrigoyen de adoptar una postura equidistante de los bandos en guerra. En esa fecha, el velero de bandera argentina Monte Protegido, que llevaba un cargamento de lino con destino a Rotterdam, fue hundido por un submarino alemán frente a las islas Scilly (islas Sorlingas), ubicadas en el área de bloqueo decretado por la guerra submarina alemana, reiniciada dos meses antes con el objetivo de neutralizar los efectos de la política de listas negras y embargos contra empresas alemanas declarada por Gran Bretaña.
    El día 10 de abril el cónsul argentino en Londres, Arturo Parker, reclamó ante el gobierno británico por el incidente. Tres días después, el entonces encargado de negocios argentino en Londres notificó al canciller argentino las averiguaciones que éste le solicitara acerca del Monte Protegido: el buque era de propiedad argentina, llevaba bandera argentina izada en el mástil y en la proa, mientras su capitán y tripulación eran provenientes de Noruega, una nación neutral como la Argentina .
    El 22 del mismo mes, el gobierno argentino reclamó al alemán enérgicamente, señalando que el incidente



es evidentemente contrario a los principios de Derecho Internacional consagrados, a la neutralidad observada estrictamente en todo momento por la República Argentina, y a las relaciones cordiales entre este país y ese Imperio. (...)

(...) el hundimiento del "Monte Protegido (...) constituye una ofensa a la soberanía argentina, que pone al gobierno de la República en el caso de formular la justa protesta y la reclamación de las explicaciones consiguientes. El gobierno argentino espera que el gobierno imperial alemán (...) le dará las satisfacciones debidas, desagraviando el pabellón, y acordará la reparación del daño material (...).


La respuesta alemana tuvo un tono conciliador. Presentó sus excusas a través del secretario de Estado Arthur Zimmermann el 28 de abril de 1917, utilizando el argumento legal de que el barco había zarpado antes de que se declarase la guerra submarina sin restricciones y señalando la disposición del gobierno alemán a reparar el daño causado. Por su parte, el ministro alemán en Buenos Aires Luxburg sostuvo que las autoridades germanas habían resuelto desagraviar el pabellón argentino por este incidente y por el hundimiento del vapor argentino Toro. Esta actitud flexible del gobierno alemán permitió cerrar el incidente y dejar momentáneamente bien parado a Yrigoyen en su postura de neutralidad .

    Vale acotar que el incidente ocurrido con el velero argentino Monte Protegido también generó ecos en la política interna. El gobierno argentino dispuso que los barcos alemanes internados en el puerto de Buenos Aires fuesen vigilados por guardias armados argentinos, medida que quedó sin efecto una vez solucionado el incidente. Pero además una parte importante de los sectores proaliados argentinos iniciaron una campaña en favor de la ruptura de las relaciones con Alemania. El 14 y 15 de abril, antes de que el gobierno de Yrigoyen se pronunciase ante las autoridades alemanas en repudio del incidente, se registraron tumultos en el centro de Buenos Aires. Como consecuencia de éstos, los negocios alemanes y el Club Alemán fueron saqueados, lo mismo que la legación y los diarios alemanes. Estos desórdenes fueron conducidos por el Comité de la Juventud Pro Ruptura, una organización integrada por jóvenes de la alta sociedad porteña, que contó a su vez con el respaldo de integrantes de las comunidades italiana, francesa e inglesa y muchos intelectuales aliadófilos. El día 22, el mismo que el gobierno argentino envió su protesta a las autoridades alemanas, una manifestación presidida por Francisco Barroetaveña, el socialista Alfredo Palacios, el entonces nacionalista Ricardo Rojas y otros protestó contra el hundimiento del Monte Protegido, exigiendo además la ruptura de vínculos con Alemania . No obstante, la solución obtenida en este incidente dejó la imagen de Yrigoyen bien parada, al menos durante el mes de mayo de 1917, y motivó incluso el aplauso de los diarios La Prensa y La Nación, opositores al gobierno.


goleta Monte Protegido

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 4 Abr 2015 - 21:59

Dia 5 de Abril (1818)

Batalla de Maipú



1.El campo de Maipú

El teatro en que se desenvolvieron las operaciones, es una llanura, limitada al este por el río Mapocho que divide la ciudad de Santiago; al norte, por la serranía que la separa del valle de Aconcagua, y al sur por el Maipú que le da su nombre.

Hacia el oeste se levanta una serie de lomadas y algunos montículos que corren de oriente a poniente, y se destacan en monótonas líneas prolongadas en el horizonte, rompiendo la uniformidad del paisaje algunos grupos de arbustos espinosos en un campo cubierto de pastos naturales, y en lontananza, las montañas que circundan el valle y le dan su perspectiva. Al sur de Santiago, se prolonga por el espacio como de diez kilómetros, en la dirección antes indicada, una lomada baja de naturaleza caliza que por su aspecto lleva el nombre de Loma Blanca. Sobre la meseta de esta lomada evolucionaba el ejército patriota.

En su extremidad oeste y a su frente, se alza otra lomada más alta, que forma un triángulo, cuyo vértice sudoeste se apoya en la hacienda de "Espejo", antes mencionada, conduciendo a ella un callejón en declive como de veinte metros de ancho y trescientos de largo, cortado por una ancha acequia en su fondo, y limitado a derecha e izquierda por viñas y potreros que cierran altos tapiales.

Esta era la posición que ocupaba el ejército realista. Las dos lomadas están divididas por una depresión plana del terreno u hondonada longitudinal como de un kilómetro en su parte más ancha y doscientos cincuenta metros en la más angosta. Al este del vértice o puntilla de las lomas del sur se extiende un grupo de cerrillos aislados, y entre ellos uno más elevado, en forma de mamelón, que hace sistema con el triángulo ocupado por los realistas. El vértice este de esta posición, que era su parte mas elevada, se destacaba como un baluarte, y hacía frente a un ángulo truncado fronterizo de la Loma Blanca, que lo flanqueaba por una parte y lo enfilaba por otra. En este campo iba a decidirse la suerte de la independencia sudamericana.


2.Prelimimares

El general San Martín, situado en la extremidad este de la Loma Blanca a diez kilómetros de Santiago, dominaba en su conjunción los tres caminos que comunican con los pasos del Maipú y amagaba el de Valparaíso, asegurándose una retirada, a la vez que cubría la capital por sus dos únicos puntos vulnerables, la cual para mayor garantía hizo atrincherar, guarneciéndola con 1.000 milicianos y un batallón bajo la dirección de O'Higgins, a quien su herida (producto de la refriega de Cancharrayada) impedía asistir al campo de batalla.

Su plan era atacar al enemigo sobre la marcha, sin darle tiempo a combinaciones, si se presentaba por los caminos del frente; correrse por su flanco derecho si tomaba el de la Calera, e interceptarle el de Valparaíso, maniobrando a todo evento con seguridad sobre la meseta de la loma en terreno ventajoso para dar y recibir la batalla. Al efecto, dividió su ejército en tres grandes cuerpos formados en dos líneas: el primero a órdenes de Las Heras, cubriendo el ala derecha; el segundo, a las de Alvarado a la izquierda; y un tercero en reserva en segunda línea a cargo del coronel Hilarión de la Quintana.

Confió a Balcarce el mando general de la infantería, reservándose el de la caballería y de la reserva. El primer cuerpo lo formaban los batallones núm. 11 de Las Heras (argentino), los Cazadores de Coquimbo, comandante Isaac Thompson (chileno); los Infantes de la Patria, comandante Bustamante, (chileno), el regimiento de caballería argentino Granaderos a caballo, a que se había agregado un escuadrón provisional de artilleros montados del ejército argentino por no tener piezas que servir, y la artillería chilena compuesta de 8 piezas de campaña a cargo del mayor Blanco Encalada.

El segundo cuerpo lo componían: los batallones núm. 1 de Cazadores (argentino), de Alvarado; el núm. 8 de los Andes (argentino), comandante Enrique Martínez; el núm. 2 de Chile, comandante Cáceres; los Cazadores y Lancero s de Chile (argentinos y chilenos), a órdenes de Freyre y Bueras, con nueve piezas ligeras de artillería chilena a cargo del mayor Borgoño. La reserva constaba de: los batallones núm. 1 y núm. 3 de Chile, comandantes Rivera y López; núm. 7 de los Andes, (argentino) comandante Conde, y cuatro piezas de batir de a 12, mandadas por de la Plaza, y servidas por los artilleros argentinos que habían perdido su artillería en Cancharrayada.


3.Movimientos tácticos


Tomadas estas disposiciones y dictadas estas prevenciones, formó su ejército en dos líneas: en primera línea las divisiones 1ra. y 2da., con sus respectivas baterías desplegadas a cada uno de los flancos y su caballería escalonada, poniendo la reserva en segunda línea y su artillería de batir, al centro de la primera. En este orden permaneció los días 2, 3 y 4 de abril, con una vanguardia volante mandada por Balcarce, en observación de la línea del Maipú.

Al tener noticia de que el enemigo vadeaba el río inclinándose hacia el poniente, desprendió toda su caballería con orden de atacar sus puestos avanzados, hostilizar sus columnas en la marcha y mantenerlo durante la noche en constante alarma. El fuego de las guerrillas, aproximándose cada vez más, y los repetidos partes, anunciaban que los realistas seguían avanzando. La noche del 4 se pasó así en alarma, rodeando los soldados patriotas grandes fogatas de huañil, que iluminaban todo el campo. San Martín dormía mientras tanto en un molino a la orilla del camino, envuelto en su capote militar.

Al amanecer del día 5 de abril, las guerrillas patriotas al mando de Freyre y Melián se replegaban, dando parte que el enemigo avanzaba en masa, en rumbo al camino que entronca con el de Santiago a Valparaíso.

San Martín, que lo había previsto por su dirección en el día anterior, pensó que no podía tener por objeto sino cortarle la retirada sobre Aconcagua, o efectuar un movimiento de circunvalación interponiéndose entre él y la capital, o reservarse una retirada más segura en caso de contraste, pues la larga distancia y los ríos que tendría que atravesar, la hacían dificilísima hacia el sur.

Lo primero estaba previsto y se neutralizaba por un simple cambio de frente; lo segundo era impracticable, pues tenía que describir un arco, de cuya cuerda era dueño; y lo último, una promesa más de triunfo completo. Para cerciorarse por sus propios ojos de este error estratégico y concertar sus movimientos tácticos, disfrazóse con un poncho y un sombrero de campesino, y acompañado por su inseparable ayudante O'Brien y el ingeniero D´Albe, seguido de una pequeña escolta, se dirigió a gran galope al ángulo truncado de la Loma Blanca señalado antes.

Desde allí pudo observar a la distancia de cuatrocientos metros con el auxilio de su anteojo, la marcha de flanco que en perfecto orden ejecutaban las columnas españolas a tambor batiente y banderas desplegadas, al posesionarse de la lomada triangular fronteriza prolongando su izquierda sobre el camino de Valparaíso. "¡Qué brutos son estos godos!" -exclamó con esa mezcla de resolución y buen humor que caracteriza a los héroes en los momentos supremos-. Y agregó: "Osorio es más torpe de lo que yo pensaba". Dirigiéndose luego a sus acompañantes, les dijo: -" El triunfo de este día es nuestro. El sol por testigo!" El sol asomaba en aquel momento sobre las nevadas crestas de los Andes.

La mañana estaba serena; ninguna nube empañaba el cielo, el aire estaba cargado de perfumes, y las aves cantaban entre los espinos en florescencia.


4.San Martín y Brayer


A las diez y media de la mañana el ejército argentino-chileno rompió una marcha de flanco en dos columnas paralelas, caminando rumbo al oeste por encima de la meseta de la Loma Blanca.

En el curso de la marcha, ocurrió un episodio, que la historia debe recoger por la espectabilidad de los personajes, y da idea del temple de alma del General en ese momento. A medio camino, presentóse el mariscal Brayer solicitando licencia para pasar a los baños (termales) de Colina.

San Martín le contestó fríamente: "Con la misma licencia con que el señor general se retiró del campo de batalla de Talca, puede hacerlo a los baños; pero como en el término de media hora vamos a decidir la suerte de Chile, y Colina está a trece leguas y el enemigo a la vista, puede V.S. quedarse si sus males se lo permiten". El mariscal contestó: "No me hallo en estado de hacerlo, porque mi antigua herida de la pierna no me lo permite". San Martín le repuso en tono airado: "Señor general, el último tambor del Ejército Unido tiene más honor que V.S.".

Y volviendo su caballo, dio orden a Balcarce sobre la marcha, hiciese saber al ejército, que el general de veinte años de combates quedaba suspenso de su empleo por indigno de ocuparlo. Después de este incidente, que hizo el efecto de una proclama, el ejército continuó su marcha hasta enfrentar la posición enemiga.

Allí desplegó en batalla en dos líneas de masas por batallones, con la artillería de batir al centro de la primera; la volante a sus dos extremos y la caballería cubriendo las dos alas en columnas por escuadrones, situándose la reserva plegada en columnas paralelas cerradas a 150 metros a retaguardia.

El general realista, que había ocupado el promedio de la meseta de la loma triangular del sur al observar el movimiento de los independientes desprendió sobre su izquierda una gruesa columna compuesta de ocho compañías de granaderos y cazadores con cuatro piezas de artillería al mando de Primo de Rivera, que ocupó el mamelón destacado por aquella parte, con el doble objeto de amagar la derecha patriota y tomar por el flanco sus columnas si avanzaban, a la vez que asegurar su retirada por el camino de Valparaíso según su idea persistente.

El intervalo entre el mamelón y la puntilla norte del triángulo, fue cubierto por Morgado con los escuadrones de "Dragones de la Frontera". Sobre la loma formó en batalla en la proyección noroeste sudoeste, en línea quebrada con el mamelón, pero sin cubrir todos los perfiles de la altura por el nordeste. Colocó los batallones "Infante Don Carlos" y "Arequipa" formando división, al mando de Ordóñez; y sobre la izquierda, el "Burgos" y el "Concepción", a órdenes del comandante Lorenzo Morla, con cuatro piezas de artillería adscriptas a cada una de las dos divisiones. La extrema derecha fue cubierta por los "Lanceros del Rey" y los "Dragones de Concepción".


5.Los ejércitos

En esta disposición se hallaron frente a frente los ejércitos beligerantes al sonar las doce del día, separados únicamente por la angosta hondonada que promedia entre los dos cordones de lomas que ocupaban independientes y realistas.

Los dos ejércitos permanecieron por algún tiempo inmóviles, en sus respectivas posiciones, como esperando que el adversario tomase la iniciativa. Todas las probabilidades parecían estar contra el que llevase la ofensiva: tenía que atravesar un bajo descubierto sufriendo el fuego de la fusilería y el cañón que lo barría, y trepar las alturas del frente para desalojar de ellas al enemigo. Para los patriotas la desventaja era aún mayor, pues su derecha tenía que desalojar previamente las fuerzas que ocupaban el mamelón avanzado o recorrer un espacio de mil metros flanqueados por los fuegos de sus cañones.

Ambas posiciones eran fuertes, y bien calculadas para la defensiva, y la de los realistas más ventajosa aún. En cuanto a las fuerzas físicas y morales, estaban casiequilibradas, siendo igual la decisión de parte a parte, si bien la de los realistas era numéricamente mayor. Por lo que respecta a las armas, la superioridad de los independientes era incontestable en artillería y caballería en número y también en calidad, y aún cuando éstos tenían nueve batallones de infantería, en algunos de ellos no formaban sino 200 hombres, mientras los cuatro gruesos batallones con que contaban los primeros, divididos en ocho compañías, levantaban cerca de mil bayonetas cada uno.

Lo único que inclinaba la balanza de las probabilidades, era el peso de las cabezas de los generales; pero ya se había visito cómo, en Cancharrayada, las más hábiles combinaciones que aseguraban el triunfo, dieron por resultado la derrota.

6.Momentos previos

El plan de San Martín no era precisamente el de una batalla de orden oblicuo, y sin embargo, resultó tal por el atrevimiento, el arte consumado y la prudencia con que fue conducida. Fue una inspiración del campo de batalla, sugerida por errores del enemigo y peripecias de la acción en el momento decisivo, y esto realza su mérito como combinación táctica.

El mismo San Martín jamás se atribuyó otro, y desdeñando con orgullosa modestia adornarse con laureles prestados, insinúa incidentalmente, que al orden oblicuo se debió en parte la victoria, sin agregar que, más que todo, se debió al uso oportuno que hizo de su reserva, como se verá luego.

Los relieves de las respectivas posiciones y las proyecciones de las dos líneas de batalla, eran casi paralelas; pero los realistas habían retirado su derecha formando en el promedio de la loma, sin cubrir sus perfiles, como queda dicho, y de aquí resultaba que la izquierda independiente desbordase la derecha realista en su posición y en su formación, y que teniendo que recorrer por esa parte la menor distancia de la hondonada intermedia, pudiese llevar con ventaja un ataque oblicuo o de flanco con el apoyo de la reserva. Tal es la síntesis táctica de la batalla de Maipú en sus preliminares.

El general en jefe que había levantado su enseña en el centro de la primera línea, observando la inacción del enemigo, mandó romper el fuego con las cuatro piezas de batir servidas por los artilleros argentinos, con el objeto de descubrir sus fuegos de artillería y sus planes. Una de las balas mató el caballo del general en jefe español.

En el acto, la artillería española contestó ese fuego con el suyo, manteniendo su formación, y suministró a San Martín el dato que necesitaba. Era evidente que Osorio se preparaba a una batalla defensiva y lo indicaba claramente, además de su formación, la circunstancia de no haber ocupado el perfil de las lomas de su posición, a fin de utilizar por más tiempo los fuegos de su infantería y aprovechar el espacio para dar con ventaja en su oportunidad una carga a la bayoneta con sus gruesos batallones, así que aquéllos hubiesen diezmado los de los independientes.

El general San Martín, tuvo entonces la intuición de la victoria, que debía decidir de los destinos de la América independiente. Dio audazmente la señal del ataque, mandando levantar en alto la bandera argentina y chilena, y en medio de ellas, la bandera encarnada como una llamarada sangrienta.

Su ojo penetrante había descubierto el flanco débil del enemigo, que era su derecha. Las "columnas se descolgaron", según la pintoresca expresión del mismo general en su parte, y "marcharon a la carga, arma al brazo sobre la línea enemiga", con entusiasmo, a paso acelerado. La reserva y la artillería permanecieron en su puesto, esperando las órdenes del general.


7.Las Acciones


El movimiento se inició por la derecha; pero no era éste el verdadero punto de ataque. Su objeto era doble: desalojar la izquierda del enemigo destacada sobre el mamelón y amenazar el frente o la izquierda de su centro, concurriendo así al ataque de la izquierda, que tenía que recorrer la menor distancia entre las alturas para cargar sobre el flanco más desguarnecido.

Según el éxito de una u otra ala, la batalla se empeñaría por la derecha o por la izquierda, interviniendo convenientemente la reserva en sostén de la que llevase la ventaja o la desventaja: en el primer caso, sería una batalla de frente, cortando la izquierda y desbordando la derecha enemiga, y en el segundo, un verdadero ataque oblicuo de la derecha flanqueando o tomando por retaguardia Las Heras las columnas realistas, y esto era lo que se proponía San Martín, al aprovechar el error cometido por Osorio, que iba a verse obligado a entrar en combate con todas sus fuerzas alterando su formación. En estas condiciones el secreto de la victoria estaba en el uso oportuno de la reserva.

Las Heras avanzó gallardamente sin disparar un tiro, a la cabeza del núm. 11 de los Andes, que era el nervio de la infantería del ejército, sostenido por los dos batallones que formaban su brigada, y lanzó al llano los escuadrones de Granaderos montados, amenazando la posición del mamelón.

La batería de cuatro cañones del mamelón rompió el fuego sobre el núm. 11 así que éste se presentó a la vista, causándole bastantes estragos en sus filas, pero siguió avanzando con rapidez seguido por los Cazadores de Coquimbo y los Infantes de la Patria de Chile, mientras la artillería de Blanco Encalada, que había quedado en posición sobre la loma, apoyaba el ataque lanzando sus proyectiles por encima de las columnas patriotas que marchaban por el terreno bajo. Primo de Rivera, que comprendió que el propósito de Las Heras era aislarlo de su línea de batalla, lanza a su vez su caballería situada entre el mamelón y la lomada triangular.

Morgado carga con ímpetu a la cabeza de los "Dragones de la Frontera". Las Heras se cierra en masa y espera, dando órdenes a Zapiola que cargue por su derecha con la caballería. Los dos primeros escuadrones de Granaderos a órdenes de los comandantes Manuel Escalada y Manuel Medina, salen al encuentro sable en mano, y hacen volver caras a los jinetes realistas, que reciben en su huida los disparos de la artillería de Blanco Encalada, y se ven obligados a refugiarse tras de su anterior posición.

Escalada y Medina son recibidos por los fuegos de fusilería y de metralla del mamelón; remolinean, pero se rehacen con prontitud; dejan a su Derecha la altura fortificada, y apoyados con firmeza por los dos escuadrones de reserva mandados por Zapiola, siguen adelante en persecución de los derrotados, que se dispersan o se repliegan en desorden a la división de Morla sobre la loma.

Las Heras se establece sólidamente con el núm. 11 en un cerrillo intermedio, fronterizo al mamelón y al ángulo nordeste del triángulo, en actitud de atacar el mamelón y concurrir al ataque de la izquierda. El ala izquierda de los realistas quedaba así aislada, y la izquierda de su centro amagada.

Casi simultáneamente con la carga de los Granaderos a la derecha, el ala izquierda trepaba las alturas de la posición realista por el ángulo este, iniciando un movimiento envolvente sin divisar todavía los cuerpos enemigos. Los realistas, apercibidos del error de haber retirado su derecha perdiendo las ventajas que les daba el terreno, o arrastrados por su ardor, se decidieron a tomar la ofensiva.

Ordóñez, a la cabeza de los batallones "Infante don Carlos" y "Concepción", con dos piezas de artillería, salió atrevidamente al encuentro de los patriotas en dos columnas de ataque paralelas, quien fue seguido muy luego por los batallones "Burgos" y "Arequipa", mandados por Morla, en la misma formación y escalonados por su izquierda.

Osorio, que llegó a temer por su derecha y notando que quedaba sin reserva, mandó reconcentrar al centro de la línea la columna de granaderos destacada sobre el mamelón con Primo de Rivera. Ordóñez, al encimar con su división una de las colinas del campo, se encontró a distancia como de cien metros al frente de la de Alvarado, trabándose inmediatamente un combate de fusilería que causó estragos en ambas filas.

Por desgracia para los independientes, dos de sus batallones, - el núm. 8 de los Andes y el núm. 2 de Chile, - que ocupaban en un bajo la zona peligrosa de los fuegos contrarios, sufrieron considerables bajas en los primeros momentos: el núm. 8, compuesto de los negros libertos de Cuyo, mandado por Enrique Martínez, se desordena después de perder la mitad de su fuerza, y se retira en dispersión; el núm. 2 intenta cargar a la bayoneta para restablecer el combate, y al ejecutar esta operación se dispersa también.

Alvarado, que cubría la izquierda con el núm. 1 de Cazadores de los Andes, despliega en batalla y rompe el fuego; pero a su vez se ve obligado a ponerse en retirada para evitar una total derrota. La victoria parecía declararse en aquel costado por las armas españolas.

Ordóñez y Morla, con sus cuatro gruesos batallones escalonados en dos líneas de masas, levantando como 3.500 bayonetas, se lanzan en persecución del ala izquierda independiente casi deshecha, y sus cabezas de columna descienden impetuosamente los declives de la lomada, con grandes aclamaciones de triunfo.

En ese momento la artillería chilena de Borgoño, que con sus nueve piezas ligeras había quedado ocupando el perfil opuesto en la Loma Blanca, rompe sobre los vencedores un vivo fuego a bala rasa, que los hace vacilar; reaccionan éstos inmediatamente, pero al pisar el llano son recibidos por una lluvia de metralla que rompe sus columnas, haciéndolas retroceder, a pesar de los valerosos esfuerzos de Ordóñez y Morla.

Al observar estas peripecias, Las Heras ordena a los Infantes de la Patria de Chile, que carguen sobre el flanco de la división de Morla; pero son rechazados y retroceden en algún desorden. Hacía veinte minutos que la lucha se mantenía en este estado incierto, cuando se oyó el toque de carga de la reserva independiente, y vióse a sus columnas moverse a paso acelerado hacia el ángulo este de la posición enemiga.

San Martín, que se había mantenido en la altura de la Loma Blanca, en observación de los primeros movimientos de su derecha, dictando con sangre fría sus órdenes según las circunstancias, adelantóse con el cuartel general hasta la proximidad de la posición avanzadaocupada por Las Heras, para dirigir de más cerca las operaciones de su línea.

Al notar desde este punto el rechazo de su izquierda, dio orden a la reserva que cargase en su protección, dirigiéndose con su escolta al sitio donde iba a decidirse la acción por un último y supremo esfuerzo. El coronel Hilarión de la Quintana, a la cabeza de los batallones núm. 1 y 7 de los Andes, y el núm. 3 de Chile, descendió la loma, atravesó la hondonada efectuando con sus columnas una marcha oblicua sobre su izquierda, y llegó al ángulo este de la posición enemiga, en circunstancias que las columnas españolas se habían replegado a ella rechazadas por los certeros fuegos de la artillería de Borgoño.

A vista de la reserva, los batallones 8 de los Andes y 2 de Chile se rehacen y sobre la base de los Cazadores de los Andes, que no Habían perdido del todo su formación, entran en línea, mientras Quintana trepa la altura del triángulo un poco a la derecha del punto por donde lo había efectuado antes Alvarado. El ataque oblicuo se iniciaba, y la batalla iba a cambiar de aspecto.





8.La carga final


Aislada la izquierda realista, privada del apoyo de la caballería que la ligaba con su línea de batalla y debilitada de las compañías de granaderos que por orden de Osorio habían acudido a formar la reserva general, Las Heras se disponía a arrebatar su posición, cuando Primo de Rivera que la mandaba, emprendió su retirada, dejando abandonados en el mamelón sus cuatro cañones.

El núm. 11 de los Andes y los Cazadores de Coquimbo, convergen entonces hacia el centro, persiguiendo activamente a las fuerzas de Primo de Rivera, y toman la retaguardia enemiga, mientras el batallón Infantes de la Patria de Chile, rehecho, vuelve a concurrir al ataque de la izquierda. La batalla se concentraba en breve espacio sobre la meseta triangular de la lomada de "Espejo", donde iba a decidirse.

Casi simultáneamente, el combate se renovaba con más encarnizamiento por una y otra parte en la extremidad opuesta de la línea. Para despejar el ataque por este lado, San Martín ordena a los Cazadores montados de los Andes y a los Lanceros de Chile, que arrollen la caballería de la derecha enemiga.

Bueras y Freyre cumplen bizarramente la orden: llevan una irresistible carga a fondo a los "Lanceros del Rey" y los "Dragones de Concepción" que salen a su encuentro, los hacen pedazos y los persiguen largo trecho en desbande hasta dispersarlos completamente. Bueras muere en la carga, atravesado de un balazo. Freyre, tomando el mando de todos los escuadrones, trepa la altura y amaga el flanco derecho de Ordóñez. La caballería realista de ambos costados ha desaparecido. El combate final se traba entre la infantería argentino-Chilena y la española.

Los tres batallones de la reserva mandados por Quintana, forman en línea de masas: el núm. 7 de los Andes más avanzado a la izquierda; el núm. 3 y núm. 1 de Chile al centro y la izquierda, un poco más a retaguardia.

Al trepar la altura, encuéntranse casi a quemarropa con las columnas de Ordóñez y Morla, que ocultas por un pliegue del terreno obligaban en aquel momento sobre su izquierda para hacer frente al nuevo ataque, sin cuidarse de la deshecha división de Alvarado. El "Burgos", que no había entrado en pelea en el primer encuentro, hace flamear su secular bandera, laureada en Baylén y sus soldados entusiasmados gritan: "¡Aquí está el Burgos! ¡Diez y ocho batallas ganadas! ¡ninguna perdida!". La batalla se empeña con nuevo ardor a los gritos de "¡Viva la Patria! ¡ Viva el Rey!" Independientes y realistas hacen esfuerzos heroicos para alcanzar la victoria. Las distancias se estrechan.

Los independientes atacan con impetuosa intrepidez. Los realistas resisten tenazmente, sin retroceder un solo paso.

"Con dificultad," dice San Martín en su parte, "se ha visto un ataque más bravo, más rápido y más sostenido, y jamás se vio una resistencia más vigorosa, más firme y más tenaz."

La división de Alvarado, rehecha en gran parte, entra al fuego por el mismo punto por donde había trepado antes la lomada, y concurre al ataque de la reserva, a la vez que Borgoño con ocho piezas marcha al galope a ocupar la puntilla del este.

La derecha patriota con la artillería de Blanco Encalada avanzada, converge al centro y toma la retaguardia de los realistas. La caballería de Freyre vencedora, amaga su flanco derecho. El "Burgos" agita su bandera, y pelea como un león. El batallón "Arequipa", mandado por Rodil, mantenía impávido su posición. Los batallones "Infante don Carlos" y "Concepción", dirigidos personalmente por Ordóñez, se baten con desesperación. En esos momentos, el general en jefe del rey, abandona el campo de batalla y se entrega a la fuga. Ordóñez, el más digno de mandar a los realistas en la victoria y en la derrota, toma la dirección de la formidable columna de la infantería española, e intenta desplegar sus masas; pero el terreno le viene estrecho, y se envuelve en sus propias maniobras.

El núm. 7 de los Andes y el núm. 1. de Chile cargan a la bayoneta, a los gritos de "¡Viva la libertad!" y la escolta de San Martín, al mando del mayor Angel Pacheco, juntamente con Freyre cargan sobre su flanco derecho. El "Burgos" forma cuadro, y rechaza las cargas, aunque con grandes pérdidas. Hacía media hora que duraba el porfiado combate. Los realistas, circundados, sin caballería que los apoye y exhaustos de fatiga, vacilan y empiezan a cejar, pero sin desordenarse.

La última esperanza, es la reserva de granaderos desprendida de la izquierda que no pudo llegar a tiempo, y los cazadores de Morgado que perseguidos de cerca por Las Heras, quedan cortados y se precipitan en fuga sobre el callejón de "Espejo". Ordóñez, con sus filas raleadas emprende con serenidad la retirada hacia la hacienda de "Espejo", formado en masa compacta. San Martín redobla sus órdenes para que la persecución se haga vigorosamente a fin de impedir toda reacción, y condensa su ejército. Ordóñez continúa impávido su movimiento retrógrado, y con sus últimos restos se refugia en la hacienda de "Espejo".


9.El parte de batalla

La batalla estaba decidida por los independientes. San Martín, con el laconismo de un general espartano, dicta desde a caballo el primer parte de la batalla, y el cirujano Paroissien lo escribe, con las manos teñidas en la sangre de los heridos que ha amputado: "Acabamos de ganar completamente la acción.

Un pequeño resto huye: nuestra caballería lo persigue hasta concluirlo. La patria es libre". Los enemigos del gran capitán sudamericano han dicho, que San Martín estaba borracho al escribir este parte. Un historiador chileno lo ha vengado de este insulto con un enérgico sarcasmo: "Imbéciles! ¡Estaba borracho de gloria!".

En ese instante oyéronse grandes aclamaciones en el campo. Era O’Higgins que llegaba. El Director, al saber que la batalla iba a empeñarse, devorado por la fiebre causada por su herida, monta a caballo y al frente de una parte de la guarnición de Santiago, se dirige al teatro de la acción.

Al llegar a los suburbios, oye el primer cañonazo y apresura su marcha. En el camino, un mensajero le da la noticia que el ala izquierda patriota ha sido derrotada, y sigue adelante sin vacilar; pero al llegar a la loma tuvo la evidencia del triunfo. Adelantóse a gran galope con su estado mayor, y encuentra a San Martín a inmediaciones de la puntilla sudoeste del triángulo, en momentos que disponía el último ataque sobre la posición de "Espejo": le echa al cuello desde a caballo su brazo izquierdo, y exclama: "¡Gloria al salvador de Chile!".

El general vencedor, señalando las vendas ensangrentadas del brazo derecho del Director, prorrumpe: "General: Chile no olvidará jamás su sacrificio presentándose en el campo de batalla con su gloriosa herida abierta." Y reunidos ambos adelantáronse para completar la victoria. Eran las cinco de la tarde, y el sol declinaba en el horizonte.


10.Resistencia de Ordoñez

La batalla no estaba terminada, todavía un valiente resistía. Ordónez, sin desmayar, se había posesionado del caserío de "Espejo", dispuesto a salvar el honor de sus armas con la resistencia, o la vida de sus soldados en una retirada protegida por la oscuridad de la noche.

Reconcentró allí las compañías de granaderos y cazadores casi intactas, y los restos del "Burgos", el "Concepción" y el "Infante don Carlos", habiéndose el "Arequipa" retirado del campo con su comandante Rodil.

El valeroso general español, con una admirable sangre fría, lo dispone todo personalmente con habilidad y decisión. Coloca en el fondo del callejón, tras una ancha acequia frente de un puentecillo, los dos únicos cañones que le quedaban, sostenidos por cuatro compañías de fusileros.

Forma el grueso de su infantería sobre una pequeña altura fronteriza a las casas, dando cara a los dos frentes vulnerables; reconcentra en el patio de las casas su reserva, pronta a acudir a todos los puntos amenazados; cubre con destacamentos los callejones laterales, y extiende en contorno, protegidos por las tapias y emboscados en las viñas, un círculo de cazadores. En esta actitud decidida espera el último ataque.


11.El triunfo final

Las Heras es el primero que persiguiendo a los cazadores de Morgado, llega a la puntilla sudoeste, fronteriza a la boca alta que domina el callejón de "Espejo". Dióse cuenta inmediatamente de la situación, y prudentemente dispuso que el batallón descendiera al llano y se ocultase tras de un pequeño mamelón al oriente del caserío (izquierda española) y esperase la señal de un toque de corneta para coronarlo y romper el fuego.

A medida que fueron llegando otros batallones, les señaló sus puestos, y estableció convenientemente la artillería en la parte alta de la puntilla, a fin de cañonear la posición antes de dar el asalto.

En esos momentos se presenta el general Balcarce, y ordena imperiosamente que el batallón Cazadores de Coquimbo ataque sin pérdida de tiempo por el callejón. El comandante Thompson, da la señal y penetra resueltamente en columna al desfiladero. Allí es recibido por la metralla de las dos piezas que lo defendían. Pretende avanzar; pero nuevas descargas de fusilería del frente y de los flancos, lo detienen, y al fin lo hacen retroceder en derrota, dejando en el sitio 250 cadáveres, salvando con todos sus oficiales heridos.

Volvióse entonces al bien calculado plan de Las Heras. Los comandantes Borgoño y Blanco Encalada rompieron el fuego con diecisiete piezas que en menos de un cuarto de hora desconcertó las resistencias, obligando a los realistas deshechos por el cañoneo, a refugiarse en las casas y en la viña del fondo. La señal de asalto se da: el núm. 11, sostenido por dos piquetes del 7. y 8. de los Andes, carga por el flanco rompiendo tapias, y pasa a la bayoneta cuanto se le presenta.

La batalla estaba terminada. Los realistas se dispersan en pelotones en las encrucijadas, viñas y potreros adyacentes. En ese momento hace su aparición en la lucha final, un regimiento auxiliar de milicias de Aconcagua, que lazo en mano se apodera de centenares de prisioneros como de reses en el aprisco.

Los vencedores irritados por el sacrificio del Coquimbo, continuaban matando, cuando se presentó Las Heras, y mandó cesar la inútil carnicería. Pocos momentos después le entregan sus espadas como prisioneros, el heroico general Ordóñez, el jefe de estado mayor Primo de Rivera, el jefe de división Morla, los coroneles de la caballería Morgado y Rodríguez, y con excepción de Rodil, todos los oficiales de la infantería realista, Laprida, Besa, Latorre, Jiménez, Navia y Bagona, y multitud de oficiales.

Las Heras alargó ambas manos a Ordóñez, y lo saludó como a un compañero de heroísmo, ofreciéndole noblemente su amistad, y amparando con su autoridad a sus compañeros de infortunio.


12.Trofeos

Los trofeos de esta jornada fueron, doce cañones, cuatro banderas,; un general, cuatro coroneles, siete tenientes coroneles, 150 oficiales y 2.200 prisioneros de tropa; 3.850 fusiles, 1.200 tercerolas, la caja militar, el equipo y las municiones del ejército vencido.

1200 realistas perecieron en el campo de batalla.

Esta victoria, la más reñida de la guerra de la independencia sudamericana, fue comprada por los independientes a costa de la pérdida de más de 1.000 hombres entre muertos y heridos, pagando el mayor tributo los libertos negros de Cuyo de los cuales quedó más de la mitad en el campo.


14.Importancia de Maipú

Más que por sus trofeos, Maipú fue la primera gran batalla americana, histórica y científicamente considerada. Por las correctas marchas estratégicas que la precedieron y por sus hábiles maniobras tácticas sobre el campo de la acción, así como por la acertada combinación y empleo oportuno de las armas, es militarmente un modelo notable si no perfecto, de un ataque paralelo que se convierte en ataque oblicuo, por el uso conveniente de las reservas sobre el flanco más débil del enemigo por su formación y más fuerte por la calidad y número de sus tropas, inspiración que decide la victoria, siendo de notarse, que San Martín, como Epaminondas, sólo ganó dos grandes batallas, y las dos, por el mismo orden oblicuo inventado por el inmortal general griego.

Por su importancia trascendental, sólo pueden equipararse a la batalla de Maipú, la de Boyacá, que fue su consecuencia inmediata, y la de Ayacucho que fue su consecuencia ulterior y final; pero sin Maipú, no habría tenido lugar Boyacá ni Ayacucho. Vencidos los independientes en Maipú, Chile se pierde para la causa de la emancipación, y con Chile, probablemente la revolución argentina, encerrada dentro de sus fronteras amenazadas por dos ejércitos vencedores por sus dos puntos más vulnerables, desde entonces inmunes.

Sobre todo, sin Chile, no se obtiene el dominio naval del Pacífico, la expedición al Bajo Perú se hace imposible, y Bolívar no hubiera podido converger hacia el sur, aún triunfando en el norte de los ejércitos españoles con que luchaba, y de hacerlo, se habría encontrado con 30.000 hombres que le hicieran frente y el mar cerrado.

Además, Maipú quebró para siempre el nervio militar del ejército español en América, y llevó el desánimo a todos los que sostenían la causa del rey desde Méjico hasta el Perú, dando nuevo aliento a los independientes. Chacabuco había sido la revancha de Sipe-Sipe: Maipú, fue la precursora de todas las ventajas sucesivas. Tuvo además, el singular mérito de ser ganada por un ejército derrotado e inferior en número a los quince días de su derrota, ejemplo singular en la historia militar.


_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 5 Abr 2015 - 0:37

Me surge una duda

San martin cuantas batallas comandó?

Y a nivel americano y a nivel mundial... cuales serian los generales con los que podria compararse?

San martin es tenido en cuenta en algun pais como ejemplo en alguna clase de tactica o batalla para ejercitos?
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   

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