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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 28 Jun 2015 - 18:58
dia 25 de junio (1827)

Rechazo al convenio preliminar de Paz con el Imperio del Brasil


El 16 de abril de 1827, García recibió las instrucciones para realizar su misión por parte de Rivadavia y su ministro Francisco Fernández de la Cruz, informándole que el gobierno se proponía "acelerar la terminación de la guerra y el restablecimiento de la paz, tal como lo demandan imperiosamente los intereses de la Nación". Esta instrucción refleja la crítica situación interna del gobierno de Rivadavia, desesperado por encontrar la paz para afrontar los otros grandes problemas que azotaban al país, es decir, la enorme crisis económica, la oposición de las provincias del interior, etc.

Las bases que debía utilizar el ministro plenipotenciario García, serían


"...o bien la devolución de la Provincia Oriental, o la erección y reconocimiento de dicho territorio en un Estado separado, libre e independiente, bajo la forma y reglas que sus propios habitantes eligieren y sancionaren; no debiendo en este último caso exigirse por ninguna de las partes beligerantes compensación alguna."

Al despedirlo, el ministro Julián Segundo de Agüero le encargó conseguir la paz a todo trance; ...de otro modo, caeremos en la demagogia y en la barbarie.

García llegó en mayo de 1827 a Río de Janeiro y comenzó sus reuniones con el intermediario británico y los ministros plenipotenciarios brasileños.73 Apenas iniciadas las gestiones, García se encontró con una gran intransigencia por parte de los ministros brasileros con respecto a no renunciar a la Provincia Cisplatina: el Emperador, consternado por la victoria rioplatense de Ituzaingó y temiendo por la estabilidad de su imperio en esas circunstancias, había jurado ante el Senado brasileño no tratar la paz ante las Provincias Unidas y continuar la guerra hasta obligarlas a aceptar su soberanía sobre la Provincia Cisplatina; seguramente Pedro I especulaba también con la debilidad de la Provincias Unidas para prolongar las acciones bélicas.

Viendo la situación, García decidió regresar a Buenos Aires, pero el embajador británico Gordon lo convenció de entrevistarse con el ministro de relaciones exteriores imperial, el Marqués de Queluz. Tras tres reuniones infructuosas, las presiones del gobierno británico por terminar rápidamente con el conflicto para reanudar el comercio, la inflexible postura del gobierno brasileño y el crítico estado político-económico de las Provincias Unidas, llevaron a García a decidir por sí mismo la paz sobre otras bases. Más tarde explicó al embajador Gordon que, aunque


"...tenía instrucciones de firmar una convención sólo sobre la base de la independencia de la provincia de Montevideo; pero, como él se hallaba convencido de que a este estado de independencia no podía llegarse por cierto tiempo, y que en realidad era de poca importancia para Buenos Aires el destino de la provincia, siempre que se le devolviera la tranquilidad, no hesitó en llegar a términos que, en otro sentido, estaban perfectamente de acuerdo con sus instrucciones."

García estaba convencido de que la paz traería el desarrollo de la economía y con ello, el progreso y fortalecimiento de las instituciones que permitiría lograr la felicidad de sus habitantes en una nación donde todo debía ser construido, porque era el pensamiento unitario de siempre: asimilar el país a ciertas formas políticas e ideológicas, y desechar lo que no encajara, como las provincias federales, sus rudos caudillos, o esa Banda Oriental causa de eternas discordias y recelos contra Buenos Aires. La extensión era el mal del país, y mejor hubiera sido reducirse a la ciudad-puerto, para hacer fuertes sus instituciones, su cultura y su comercio."3

De modo que, dejando de lado sus instrucciones, el 24 de mayo de 1827 firmó una "Convención General de Paz" que disponía, entre otras cosas:


“La Republica de las Provincias Unidas del Río de la Plata reconoce la independencia e integridad del Imperio del Brasil y renuncia a todos los derechos que podría pretender al territorio de la provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, la cual el Emperador se compromete a arreglar con sumo esmero, o mejor aun que otras provincias del Imperio. El emperador del Brasil reconoce igualmente la independencia e integridad de la República de la Provincias Unidas del Río de la Plata, y dado que la República de las Provincias Unidas ha empleado corsarios, halla justo y honorable pagar el valor de las presas por haber cometido actos de piratería”.

A pesar de que la convención contravenía sus instrucciones, García había logrado que se cambiase la redacción primitiva que incorporaba la Provincia Cisplatina a el Imperio y que se omitiera el reconocimiento de cualquier derecho de soberanía por parte del Emperador del Brasil sobre la Provincia Oriental, ya que la Convención solo se refería a la renuncia efectuada por las Provincias Unidas. Tal vez sin notarlo los diplomáticos brasileños, se dejaba la puerta abierta a la independencia uruguaya.77 Sin embargo, en su carta a Ponsonby informando de la firma de la convención, Gordon emitió ciertas opiniones que permiten inferir que todas las partes eran conscientes de que posiblemente el Emperador se vería obligado a otorgar la independencia de la Cisplatina tarde o temprano:


"Al Brasil se lo deja que luche con la disensión y la revuelta, que seguirán dominando en la Provincia Cisplatina... El Emperador pronto se convencerá del desacierto de no proclamar, franca e inmediatamente, la independencia de la provincia."

A su regreso a Buenos Aires, el 20 de junio, García presentó la Convención al Presidente y al Congreso. La opinión pública en Buenos Aires reaccionó indignada, se publicaron artículos muy violentos contra el gobierno en los periódicos, y la ciudad se cubrió de panfletos ofensivos contra García, Rivadavia y Ponsonby. De modo que Rivadavia, a quien se suponía partidario de aceptar el acuerdo, se presentó ante el Congreso con un virulento discurso exigiendo su rechazo.

El ministro Agüero dirigió a García una misiva en la que manifestaba:


"En consecuencia, el gobierno hace a Ud. responsable de todos los males y consecuencias que de ello resultan a la nación, especialmente en el grande y noble empeño en que se halla para salvar su honra."79

La respuesta de García fue de rechazo a los cargos imputados por Rivadavia y Agüero, argumentando en su defensa que la firma de la mentada Convención podía comprometer su honra personal, pero no obligaba al país hasta tanto no fuera ratificada. En este sentido, relata


"Para finalizar, el comisionado emite un juicio lapidario respecto a la actitud del gobierno de Rivadavia, al afirmar con razón que al negociar la cesación de las hostilidades arriesgaba su reputación personal, pero no causaba obligación alguna al Gobierno hasta tanto el tratado de paz o la convención preliminar, después de ser examinada detenidamente fuera ratificada. En su opinión, una convención preliminar aún después de ratificada solemnemente, es un tratado provisorio, pues su objeto principal es hacer cesar las hostilidades, fijando bases para un tratado definitivo. En la última frase de su exposición espera que aquietadas las pasiones en el futuro se juzgará su comportamiento, mientras se interroga acerca de quien merece mayor indulgencia, si el ciudadano que en tan gran conflicto sacrifica su reputación y acaso la existencia a su patria, o aquel que quiere a todo trance hacer de ésta el instrumento de su fama."

La Convención fue rechazada, pero Rivadavia no logró salvar su gobierno: la opinión pública no le perdonaba su actuación, y simultáneamente se denunciaban en la prensa su participación en negociados mineros en Famatina. El día 26 de junio, Rivadavia presentaba su renuncia irrevocable a la presidencia.

Las consecuencias de la fracasada Convención firmada por García son objeto de controversia: ciertos autores creen que el antecedente de un acuerdo de estas características, aún después de rechazado, condicionó fuertemente el accionar del gobernador Manuel Dorrego para la firma de la Convención Preliminar de Paz del año 1828, por la que se disponía la independencia de la "Provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina". Otros autores, en cambio, afirman que mal puede atribuírsele a éste responsabilidad alguna a García con los términos del tratado final firmado por Juan Ramón Balcarce y Tomás Guido, cuando – al no haber sido ratificada por el Congreso – la Convención Preliminar no vinculó en forma alguna al Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.


Manuel José Garcia

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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 28 Jun 2015 - 19:13
dia 26 de Junio (1821)

Natalicio del General Bartolomé Mitre


Bartolomé Mitre, el gran historiador, polémico político e impulsor de la organización nacional, nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821. Era hijo de Don Ambrosio Mitre y Doña Josefa Martínez Whetherton. El matrimonio se estableció en Carmen de Patagones y allí nacerían los hermanos de Bartolomé, Emilio y Federico. Sus primeros estudios los realizó entre Buenos Aires y Carmen de Patagones.

A los 14 años, Mitre comienza a trabajar en una de las estancias de Rosas, "El rincón de López", regenteada por Gervasio Rosas, hermano del restaurador. El joven Mitre no logra adaptarse a la férrea disciplina de la estancia y es devuelto a su padre con estas palabras: "Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer". Un año después ya había escrito su primera colección de poesías. Mitre tenía 17 años. Frente a las persecuciones del rosismo, emigra junto a su familia a Montevideo. Allí conocerá a Delfina de Vedia, una bella uruguayita que se convertirá en su esposa y compañera.

"Delfina se presentó a mis ojos como un ángel descendido de los cielos", escribirá por entonces. Se casaron el 11 de enero de 1841 y tuvieron cuatro hijos: Delfina, Josefina, Bartolomé y Emilio.

En Montevideo inició su carrera militar en el arma de artillería sin abandonar su pasión por las letras expresada a través de sus notas en los periódicos El iniciador y El Nacional entre los años 1838 y 1839.

En 1842, se incorporó a las filas antirrosistas del general Paz y participó en la campaña de Entre Ríos hasta que, derrotadas sus fuerzas en Arroyo Grande, debió regresar a Montevideo.

En la capital uruguaya tomó contacto con los intelectuales antirrosistas emigrados, como José Mármol, Florencio Varela, Rivera Indarte y Esteban Echeverría y participó activamente en la defensa de Montevideo, sitiada por Oribe. Su destacada actuación le valió el ascenso a Teniente Coronel en 1846. Pero ese mismo año decidió abandonar el Uruguay, disgustado con la política de Rivera. Se trasladó a Bolivia donde el presidente Ballivián lo puso al frente del Colegio Militar. Allí también ejerció el periodismo, junto a Wenceslao Paunero y Domingo de Oro, y fundó el diario antirrosista La Epoca.

Un golpe de estado derrocó al presidente Ballivián y Mitre debió trasladarse primero al Perú y finalmente a Chile, donde residirá hasta 1851.

En ese año, se trasladó a Montevideo y, al enterarse del pronunciamiento de Urquiza, se incorporó al Ejército Grande como jefe de artillería. Tras el triunfo de Caseros, en 1852, fundó Los Debates, diario desde el que fijaría su postura en defensa de los intereses porteños frente al proyecto de Urquiza. Esto le valió el cierre del periódico y un nuevo exilio en Montevideo. Pero pronto podrá regresar a Buenos Aires. El 11 de septiembre de 1852 los sectores porteños opuestos a la nacionalización de las rentas aduaneras y la hegemonía de Urquiza, organizan un movimiento que tiene en Mitre y Valentín Alsina a sus principales referentes. La "revolución" del 11 de septiembre produjo la separación de la provincia de Buenos Aires del resto del país, con Valentín Alsina como gobernador y Mitre como ministro de Gobierno y encargado de las relaciones exteriores.

Posteriormente, en 1855, sería electo presidente de la legislatura bonaerense, y fundaría el instituto Histórico y geográfico.

En 1857, publicó la primera edición de su Historia del General Belgrano, obra exhaustiva, producto de una profunda investigación.

Mientras tanto, Buenos Aires gozaba de cierto bienestar económico; su economía se iba dibujando alrededor de un puerto que exportaba cereales y ganado e importaba de Europa todo lo demás, desde manufacturas hasta ideas políticas. Así, mientras la Confederación languidecía, Buenos Aires progresaba con un ritmo acelerado. Una moneda fuerte, aceptada en todo el territorio provincial, otorgaba garantías a los capitales extranjeros. La exportación lanera figuraba entre las primeras del mundo.

Hacia 1857, se inaugura el Ferrocarril del Oeste, primer tren del país. Unía la Estación del Parque -hoy Plaza Libertad- y el actual barrio de Flores.

La Ciudad dejaba el mote de "gran aldea" para transformarse, lenta pero inexorablemente, en la "París del Plata".

Como militar participará con el grado de General en los dos combates contra Urquiza: la derrota de Cepeda en 1859 y la victoria definitiva de Pavón, el 17 de septiembre de 1861.

Mitre que había sido electo gobernador de Buenos Aires en 1860, se transformó tras el triunfo de Pavón en el único hombre en condiciones de encauzar los destinos del país recientemente unificado.

En mayo de 1862, se reunió un nuevo congreso nacional que legitimó la situación de Mitre confirmándolo como encargado del Poder Ejecutivo Nacional. Se convocó a elecciones nacionales y triunfó la fórmula Bartolomé Mitre y Marcos Paz.

Los nuevos mandatarios asumieron en octubre de 1862 y pronto tropezaron con el primer obstáculo.

El problema de la federalización de la provincia y de la residencia de las autoridades nacionales, pudo resolverse transitoriamente a través de la Ley de Compromiso, por la cual los miembros del poder ejecutivo podrían residir en Buenos Aires hasta tanto se fijase la capital definitiva de la república.

En el transcurso del debate de la ley, quedaron claramente manifiestas las dos tendencias del liberalismo porteño; los nacionalistas o mitristas, llamados "cocidos" continuadores de la política de Pavón y los autonomistas, liderados por Adolfo Alsina, llamados "crudos", pretendían conservar los privilegios de Buenos Aires, particularmente las rentas aduaneras.

Estos nuevos partidos representaban en realidad a la misma clase social y tenían como objetivo casi exclusivo la toma del poder para usufructuar el aparato estatal.

En este período se produjo una creciente centralización del poder político donde el uso de la fuerza fue determinante.

El gobierno nacional se fue imponiendo a través de la violencia organizada por sobre otros poderes como los de las provincias, centralizando funciones como la recaudación impositiva, la emisión monetaria, la educación y la represión.

La verdadera institucionalización de un ejército nacional ocurrió a través de las distintas formas de enfrentamiento asumió ese ejército nacional. El ejército implicó, además, un enorme gasto público que llegó a representar en algunos años más del 50 % del presupuesto.

Mitre encargó a un grupo de juristas encabezados por Dalmacio Velez Sarsfield la redacción del Código Civil y la adaptación del Código de Comercio al ámbito nacional.

Se organizaron la Corte Suprema de Justicia y los tribunales inferiores.

Como elemento de unificación ideológica se crearon los 14 colegios nacionales y sus respectivos profesorados, uno para cada provincia.

Era imposible llevar adelante la política centralizadora sin terminar con el caos fiscal y la anarquía monetaria: en algunas provincias se superponían impuestos y circulaban tres y hasta cuatro monedas diferentes.

La creación de un aparato recaudador nacional fue condición necesaria para financiar las reformas que requería la concreción del programa liberal mitrista.

Durante su mandato, Mitre fue urdiendo una política de alianzas con los sectores conservadores del interior buscando subordinar a las provincias a los intereses porteños. Esta política provocó levantamientos armados como el de los montoneros acaudillados por el riojano Ángel Vicente Peñaloza, "El Chacho", en 1863, que culminarán en violentas acciones represivas por parte del ejército nacional.

En 1865, estalló la Guerra del Paraguay (o Guerra de la Triple Alianza) y Mitre fue designado General en Jefe de las Fuerzas Aliadas de Argentina, Uruguay y Brasil.

Mitre había hecho un pronóstico demasiado optimista sobre la guerra: "En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en tres meses en la Asunción." Pero lo cierto es que la guerra duró casi cinco años. La victoria le costó al país más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Del millón trescientos mil habitantes que tenía el Paraguay, sólo sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres y niños.

La impopularidad de la Guerra de la Triple Alianza -llamada de la Triple Infamia por Alberdi- sumada a los tradicionales conflictos generados por la hegemonía porteña, provocó levantamientos en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis. El caudillo catamarqueño Felipe Varela lanzó una proclama llamando a la rebelión diciendo:

"Ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Ésta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas."

A pesar de que contaba con un importante apoyo popular, Varela fue derrotado por las fuerzas nacionales en 1867. Como decía la zamba de Vargas, nada podían hacer las lanzas contra los modernos fusiles de Buenos Aires.

En 1868, culminó su período presidencial y se declaró prescindente en cuanto a apoyar a un candidato a sucesor, dejándole de esta manera el campo libre a Domingo Faustino Sarmiento, quien asumirá ese año la primera magistratura. Mitre, por su parte, fue electo senador por Buenos Aires. En 1869 compró el diario La Nación Argentina, fundado por Juan María Gutiérrez en 1862, y lo convirtió en La Nación, cuyo primer número salió a la calle el 4 de enero de 1870, mientras se libraban los últimos combates de la Guerra del Paraguay, con una tirada de mil ejemplares.

En 1871, como muchos porteños, cayó enfermo de fiebre amarilla. Tras su recuperación el presidente Sarmiento le encomendó una misión diplomática en Brasil para terminar de definir los límites modificados tras la Guerra del Paraguay.

En 1874, se presentó nuevamente como candidato a la presidencia. Ante el triunfo del tucumano Nicolás Avellaneda, denunció fraude y se sublevó contra las autoridades electas pero fue derrotado por las tropas leales, dirigidas por el coronel Julio A. Roca. Fue detenido y trasladado al Cabildo de Luján. Durante sus cuatro meses de prisión escribió el prólogo para su Historia de San Martín y de la independencia sudamericana.

Tras dedicarse a sus investigaciones y a la labor periodística, en 1890, volvió a la acción. La desastrosa administración de Juárez Celman, con su estela de negociados y corrupción, fomentó la unión de la oposición en un gran frente conocido como la Unión Cívica, bajo la conducción de Bartolomé Mitre y Leandro N. Alem.

El 26 de julio de 1890, la Unión Cívica decidió pasar a la acción. Estalló la "Revolución del Parque". Mitre decidió ausentarse del país, dejándole todo el peso de la conducción del movimiento a Alem, quien, a pesar de contar con cierto a poyo militar, fue derrotado.

Este hecho y las negociaciones posteriores concretadas por Roca y Mitre, que desembocaron en la renuncia de Juárez Celman y la asunción de Carlos Pellegrini, fueron vistas por Alem como una traición a los postulados de la Revolución del ’90. Esto condujo a la ruptura de la Unión Cívica en dos nuevos partidos: la Unión Cívica Nacional, encabezada por Mitre, y la Unión Cívica Radical, encabezada por Alem.

Mitre influyó decisivamente a través de su prestigio político y de su diario en los gobiernos que se sucedieron entre 1890 y 1906, el año de su muerte. Nada se hacía en las filas conservadoras sin consultar a "Don Bartolo", que se reservaba la última palabra.

En 1894, fue electo nuevamente senador nacional y participó activamente en los debates sin dejar de lado la escritura. Publicó por esos años su Estudio bibliográfico-lingüístico de las obras del Padre Luis de Valdivieso sobre el araucano.

En 1901, al cumplir 80 años fue objeto de grandes homenajes y festejos. Pasó sus últimos años dedicado a la dirección de La Nación y a la traducción de La divina comedia de Dante Alighieri. Falleció a los 84 años el 19 de enero de 1906. Una multitud acompañó sus restos hasta la Recoleta.



en:

http://www.elhistoriador.com.ar/biografias/m/mitre.php

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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 28 Jun 2015 - 19:31
dia 27 de junio (1874)

Pasa a la posteridad el Brigadier general  Don José Matias Zapiola

José Matías fue hijo de Manuel Joaquín de Zapiola, un oficial de marina español que acompañó la expedición de Pedro de Ceballos al Río de la Plata, y de María Encarnación de Lezica y Alquiza.

Fue enviado a España para instruirse en la marina española; egresó de la Escuela Naval en 1796 y le asignaron tareas navales. Hacia 1805 lo destinaron a la guarnición naval de Montevideo, y de allí pasó a Buenos Aires, donde luchó en 1807 en la defensa contra las invasiones inglesas.

En 1810 era jefe del Puerto de Buenos Aires; apoyó la Revolución de Mayo y fue dado de baja de la Armada Española. De regreso en Montevideo, fue arrestado y enviado de regreso a España. Al llegar a Cádiz se unió a la logia de esa ciudad y acompañó a José de San Martín y Carlos María de Alvear a Londres. De allí regresó a Buenos Aires en 1812 en la fragata "George Canning", junto con San Martín y Alvear.

Cuando llegaron, en 1812, Zapiola se presentó de inmediato, junto con ellos, ante el Primer Triunvirato. También colaboró para establecer la Logia Lautaro, de la cual fue el primer secretario. Ayudó a San Martín a formar el Regimiento de Granaderos a Caballo, y fue el jefe del primer batallón de esta unidad.

En 1814 pasó al sitio de Montevideo, a órdenes de Alvear, y participó en la última etapa de este, hasta la caída de la ciudad. Tras esto, quedó como segundo jefe de la guarnición en esa ciudad; al año siguiente hizo, con Manuel Dorrego, una campaña contra Artigas. No llegó a tiempo a salvar a Dorrego de la derrota de Guayabos, que significó la pérdida de la Banda Oriental para el Directorio.

Quedó al mando del Regimiento de Granaderos y lo llevó a Mendoza, con lo cual reforzó el Ejército de los Andes. Cruzó la cordillera con San Martín, y peleó en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. En esta última batalla tuvo una actuación descollante, dirigiendo la mitad de la caballería patriota. Fue el comandante de la primera fase de la Segunda campaña al sur de Chile, después de Marcos Balcarce, y tomó la ciudad de Chillán por asalto. Fue ascendido a general.

En junio de 1819 regresó a Buenos Aires y se reincorporó a la marina. Después de la muerte de su anterior jefe, Ángel Hubac, fue el comandante de la escuadra fluvial de Buenos Aires, y participó de la guerra contra Santa Fe y Entre Ríos, en los años 1820 y 1821.

Pidió y obtuvo la baja de la marina en 1822, y se convirtió en estanciero gracias a la enfiteusis ideada por el ministro Bernardino Rivadavia. Organizó la flota que serviría en la guerra contra el Brasil, pero no llegó a embarcarse; le pasó el mando a Guillermo Brown.

Después de la revolución de Juan Lavalle en 1828, fue jefe del Departamento de Marina, pero en 1829, al final de su gobierno, se retiró de la vida pública para dedicarse a las actividades rurales; permaneció en esta situación hasta después de la caída de Rosas en Caseros en 1852. Ese año regresó al servicio activo como comandante de marina y fue ministro de Guerra y de Marina en el gabinete del gobernador Valentín Alsina de Buenos Aires. No intentó resistir el bloqueo impuesto por Justo José de Urquiza a la ciudad a principios de 1853, que finalmente terminó con una victoria, resultado de un soborno masivo.


Permaneció en distintos cargos públicos hasta la derrota de Cepeda y la renuncia de Alsina, y se retiró definitivamente en 1859. Bartolomé Mitre lo entrevistó muchas veces para lograr datos de primera mano respecto de la historia de la campaña de Chile y de la vida de San Martín. En especial — gracias a haber alcanzado una edad avanzada — fue el único testigo que dejó datos precisos sobre la Logia Lautaro, sus miembros y sus intenciones.


placa funeraria del General Zapiola

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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 28 Jun 2015 - 19:50
dia 28 de junio  (1966)

Derrocamiento de Arturo H. Illia


En el caso del golpe contra Illia, de acuerdo con Alain Rouquié, un grupo de oficiales del Ejército encargó, en medio de un contexto de “golpe de Estado permanente”, la creación de una revista.

Tratarían, a través de un medio moderno y atractivo, de crear una imagen de elegidos con nuevas ideas sobre qué hacer en la Argentina.

Los oficiales pertenecientes al sector “azul” habían disputado con los “colorados”, en sucesivos enfrentamientos, la supremacía política dentro del “partido militar”.

Unos se inclinaban por una aparente constitucionalidad. Los otros, por una irreductible negación al levantamiento de la proscripción del justicialismo.

La actuación equívoca de gran parte de la dirigencia política prohijó un proyecto “refundacional” para la República.

Todo dentro de un gran marco donde el peronismo proscrito acentuaba su vínculo con el fundador del movimiento exiliado en Madrid.

Los civiles, en este programa de sepultar el modelo de consensos, fueron notorios en la integración de los sucesivos gabinetes del oscuro general -y sucesores- que iba a ocupar el cargo de presidente de la Nación, en nombre de la autoproclamada “revolución argentina”.

Una dictadura por tiempo indeterminado, como señala Tulio Halperín Donghi en “La larga agonía de la Argentina peronista”.

La debilidad institucional de la administración Illia era evidente. Surgido de comicios con exclusión de la fuerza política mayoritaria, sólo alcanzó el 25 por ciento de los sufragios.

El radicalismo (Del Pueblo como se lo designaba para diferenciarlo de los intransigentes) contaba, cuando llegó a la conducción de la República, con 13 gobernaciones sobre las 22 de entonces. En el Congreso la situación no era más favorable: sobre 189 bancas respondían al partido de Alem sólo 72.

En medio de graduales aciertos económicos y otros relacionados con las libertades individuales, no dejó de observarse un politizado encono sindical. Las fuerzas peronistas se vieron conmovidas por el frustrado regreso de su conductor en 1964. Vino luego el malestar de los cuarteles ante la negativa a enviar tropas a Santo Domingo, como parte de una fuerza de intervención de EE. UU. a la República Dominicana.

Se desató, bajo una manifiesta libertad de prensa, la programada campaña de desprestigio con mensajes que fomentaron la humillación, el ridículo y el consecuente deterioro del hombre arribado a la Casa Rosada.

Según Daniel Mazzei, en su trabajo “Primera Plana. Modernización y golpismo en los sesenta”, el enfrentamiento entre los sectores internos del Ejército “azules” y “colorados”, ocurrido en 1962, produjo un hecho cultural y comunicativo relevante: el nacimiento de “Primera Plana”, una revista semanal que se juzgó como la más sobresaliente de la década de 1960.

El semanario fue vocero del grupo militar azul que le dio origen. Su primer director fue Jacobo Timerman hasta 1964. Con una presentación visual creativa y un discurso distintivo sobre aspectos estructurales del país, significó un hito en la modernización de estilos del periodismo nacional.

“Primera Plana” se convirtió, dentro de su tipo, en la revista con más penetración en la subjetividad de la clase media argentina. Su posición editorial fue girando hasta convertirse en vocera de la autocracia transformadora señalada por Rouquié.

En el rechazo a la democracia, incluso restringida, los pro golpistas militares y civiles acudieron a un recurso denominado “creación de un clima psicológico propicio” para la ruptura institucional.

A través de columnistas reconocidos se opinaba sobre la lentitud del gobierno y la mirada simplista de los radicales frente a la complejidad nacional e internacional. La revista fue instalando en la sociedad la imagen de un conductor militar con posibilidades de llevar a la Nación a su destino de grandeza.

Mientras Mariano Grondona se imaginaba la creación de una nueva república con un líder a semejanza del general Charles De Gaulle, el columnista Mariano Montemayor, de “Confirmado”, otro semanario favorable al golpismo, proponía seguir la figura del caudillo de España, Francisco Franco.

La acción doctrinaria de “Primera Plana” y “Confirmado” fue variada y contundente. Acusó, de todos los males, a la falta de visión presidencial sobre el papel de la Argentina en el mundo. Su lenguaje era enfático, de advertencia: “Una Argentina gris, falta de grandeza nacional, incapacidad para afrontar el comunismo; un país sin misión, con la esclavitud del subdesarrollo, el vacío de poder”. Estas valoraciones se contraponían con la publicación del severo rostro del futuro presidente. Onganía representaba el orden, la jerarquía, la legalidad.

Cuando en noviembre de 1965 se produjo el relevo del jefe del Ejército Juan Carlos Onganía, la estrategia discursiva de la conspiración pasó a ser frontal: no fue necesario mantener el sistema para producir los cambios que se interpretaban en nombre de la sociedad.

En julio de 1965 “Primera Plana” había vendido una media de ejemplares de 38.000. En las semanas previas del asalto al poder y luego de consumado, superó los 50.000.
Se produjo el anunciado movimiento castrense y el presunto proyecto refundacional autocrático entró a la Casa Rosada. Tenía objetivos y no plazos. Illia se retiró, derrocado, en la madrugada del 28 de junio de 1966.

La democracia minoritaria cedió ante el avance del autoritarismo. “Primera Plana” fue clausurada el 5 de agosto de 1969 por la dictadura militar.

Onganía fue destituido por una revolución palaciega en junio de 1970. Lo que siguió también integra la urdimbre fascinante de la historia y la comunicación de la Argentina.


Al ser derrocado, enfrento a el General Alsogaray con este Diálogo:

Illia racciona ante la prepotencia golpista:

-Yo soy el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y usted un vulgar faccioso que usa sus armas y sus soldados desleales para violar el orden. No es más que un bandido y yo, que soy el comandante en jefe, le ordeno salir.

El general Alsogaray responde: -Si insiste, nos veremos obligados a usar la violencia. El presidente le contesta:

-Ustedes la han usado y la continuarán usando. Yo estoy aquí no para defender intereses personales, sino por haber sido elegido por el pueblo para defender la ley y la Constitución…

Al rato, a las siete de la mañana, ingresan a la “ Casa Rosada” un grupo de policías, con pistolas lanzagases, encabezados por el coronel Perlinger, obligando al presidente Arturo Illia y a sus colaboradores a abandonar su despacho.



en: http://www.aimdigital.com.ar/2015/06/26/el-derrocamiento-de-arturo-umberto-illia/

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Alvear

el Lun 29 Jun 2015 - 9:03
bashar escribió:dia 23 de junio (1814)

Toma Montevideo



Montevideo era un gran problema para los revolucionarios desde que los jefes de la escuadra naval fondeada en la ciudad, que era la base militar española en el Atlántico Sur, impusieron su voluntad de desconocer a la junta de gobierno creada en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810. El levantamiento rural de 1811 en la Banda Oriental, a favor de la junta,obligó a estos contrarrevolucionarios a quedar encerrados solo tras las murallas montevideanas, pero allí resistieron.

Un símbolo de la amenaza que representaban se dio ese mismo 1811 cuando su escuadra bombardeó Buenos Aires (sin ninguna consecuencia). Su posición estratégica era clave: las fuerzas que enviaba el virrey del Perú desde el norte tenían como objetivo final coordinar una ofensiva sobre Buenos Aires con los montevideanos. El plan de los españoles que prepararon la “conspiración de Álzaga” en la capital, en junio de 1812, buscaba el auxilio de los marinos de Montevideo. Estos controlaban los ríos y realizaban incursiones dañinas (una de ellas fue vencida por San Martín en el combate de San Lorenzo).

Concientes de la importancia estratégica del puerto oriental, desde España comenzaron a llegar cada vez más hombres, que reforzaron a la guarnición local, a la que ya se habían sumado contrarrevolucionarios emigrados de Buenos Aires.

Después del fracaso en tomar Montevideo en 1811, los revolucionarios volvieron a intentarlo al año siguiente. El 8 de octubre de 1812 la Logia Lautaro tomó el poder en Buenos Aires y dos semanas después envió tropas contra la ciudad rival, a las que pronto se sumaron las fuerzas del “jefe de los orientales”, José Artigas. Montevideo quedó sitiada, aunque su dominio fluvial la mantenía en pie. Y las divisiones entre los revolucionarios la ayudaban a conservar la esperanza.

Es que el proyecto autonomista de los revolucionarios orientales chocó con el centralismo extremo del gobierno porteño y el enfrentamiento se fue agudizando durante 1813. El general José Rondeau, jefe del ejército porteño, logró establecer un buen vínculo con Artigas y reducir la tensión, pero la rigidez de la dirigencia de la Logia desembocó en un rompimiento,cuando a principios de 1814 declaró traidor al jefe oriental. Los artiguistas se retiraron del sitio y la ciudad amurallada continuó resistiendo.

La situación se definió en el agua. El gobierno porteño creó una escuadra al mando del almirante Guillermo Brown, quien obtuvo una victoria total sobre los montevideanos en el combate del Buceo, en mayo de 1814. La consecuencia fue el bloqueo de Montevideo desde el río, impidiendo cualquier aprovisionamiento. El hambre empezó a hace estragos entre los sitiados.

Su gobernador, Gaspar de Vigodet, intentó aprovechar las diferencias en el campo revolucionario y buscó seducir a Artigas para aliarse con él contra los porteños, pero fue en vano. Al mismo tiempo, en medio de una situación cada vez más desesperada, Vigodet inició negociaciones con los sitiadores.

Estos habían cambiado de dirección: ante la inminencia de la victoria Rondeau fue desplazado del mando por Carlos de Alvear, líder de la Logia Lautaro, que quería ser el conquistador de Montevideo. Los enviados de Vigodet acordaron con Alvear una capitulación por la cual entregaban la ciudad y se retiraban con sus armas y estandartes a Maldonado, desde donde se embarcarían para España. El general porteño aceptó y el 20 de junio de 1814 se llegó a un acuerdo, sellado con la entrada de numerosas reses para alimentar a los hambrientos defensores. Un grupo de realistas se negó a rendirse y se amotinó gritando “mueran los traidores”. Pero el grueso de la guarnición se plegó y se dispuso a abandonar la ciudad.

De inmediato, Alvear denunció que la capitulación no había sido plenamente aprobada y la rechazó, tratando a los vencidos como si se hubieran rendido incondicionalmente. La mayoría no se embarcó, algunos quedaron prisioneros y otros fueron incorporados a la fuerza a las tropas del ejército revolucionario.

La caída de Montevideo se dio justo a tiempo: Fernando VII acababa de volver a su trono y España se disponía a lanzar sus fuerzas, terminadas las guerras napoleónicas, contra los insurgentes americanos. Diez mil hombres se preparaban para dirigirse al Río de la Plata pero la noticia de la rendición hizo que los enviaran al norte de Sudamérica, donde derrotarían a los revolucionarios de Nueva Granada (hoy Colombia). España recuperaría en 1816 todo su antiguo imperio, salvo los territorios rioplatenses.

Las fuerzas de Alvear se apoderaron de distintos bienes en Montevideo, que remitieron a Buenos Aires. Pero el dominio porteño duraría poco: las fuerzas, bastante modestas, que Alvear destacó para someter a los artiguistas fracasaron completamente y unos meses más tarde Montevideo fue evacuada y entregada a las tropas de Artigas.

La toma de Montevideo no fue una batalla con ribetes épicos, no tuvo grandes hazañas, y eso hizo que no fuera celebrada posteriormente como otros combates de la guerra de independencia. Sin embargo, fue un episodio crucial. El imperio español se quedó sin posibilidades de recuperar el más austral de sus virreinatos.


C. M. de Alvear, demasiada inteligencia para tan pocos escrúpulos...
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Re: Página Histórica de Hoy

el Mar 30 Jun 2015 - 16:35
dia 29 de junio (1847)

pasa a la posteridad Juan Larrea


Nació en Mataró, España, el 24 de julio de 1782. Llegó a Buenos Aires a principios del 1800 y se instaló como comerciante. Pese a ser español de nacimiento, simpatizó con la causa patriota e hizo grandes contribuciones económicas para el éxito de la Revolución. Fue designado vocal de La Primera Junta pero, al igual que varios de sus compañeros morenistas, perdió su cargo en 1811 y fue desterrado con destino a la provincia de San Juan. Regresó en 1812 y un año más tarde participó activamente de las sesiones de la Asamblea General Constituyente, conocida como Asamblea del Año XIII. En 1814 el Director Posadas lo nombró Ministro del Tesoro. Desde este cargo, impulsó la creación de la flota naval al mando de Guillermo Brown, incluso aportando su propio dinero. Con la caída del Directorio y la Asamblea, en 1815, fue nuevamente desterrado y sus bienes fueron confiscados. Poco después retornó al país y a sus tareas comerciales. Años más tarde fue designado cónsul general en Francia, donde vivió por varios años. Tras nuevos reveses y nuevos desengaños políticos, tomó la decisión de suicidarse el 29 de junio de 1847.



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Re: Página Histórica de Hoy

el Mar 30 Jun 2015 - 16:44
dia 30 de Junio (1827)

Rivadavia renuncia la Presidencia


Presionado por el escándalo del Tratado Preliminar de Paz con el Brasil, las provincias Federales que no lo aceptaban como Presidente y virtualmente abandonado por el Ejército, que se sintió traicionado, Rivadavia Dimite, siendo el primer Presidente en dejar su cargo por renuncia.

“Cuando fui llamado a la primera Magistratura de la República por el voto libre de sus representantes, me resigné desde luego a un sacrificio que a la verdad no podía menos que ser muy costoso al que conocía demasiado los obstáculos que, en momentos tan difíciles, quitaban al mando toda ilusión y obligaban a huir de la dirección de los negocios. Entré con decisión en la nueva carrera que me marcó el voto público, y si no me ha sido dado superar las dificultades inmensas que se me han presentado a cada paso, me acompaña al menos la satisfacción de que he procurado llenar mi deber con dignidad; que cercado sin cesar de obstáculos y de contradicciones de todo género, he dado a la patria días de gloria que sabrá recordar con orgullo, y que he sostenido sobre todo hasta el último punto, la honra y dignidad de la Nación. Mi celo, Señores, por consagrarme sin reserva, a su servicio, es hoy el mismo que en los momentos en que fui encargado de presidirla. Pero, por desgracia, dificultades de nuevo orden, que no fue dado prever, han venido a convencerme de que mis servicios no pueden en lo sucesivo serle de utilidad alguna; cualquier sacrificio de mi parte sería hoy sin fruto. En este convencimiento, yo debo, Señores, resignar el mando, como lo hago desde luego, devolviéndolo al Cuerpo Nacional, de quien tuve la honra de recibirlo. Sensible es no poder satisfacer al mundo los motivos irresistibles que justifican esta decidida resolución, pero me tranquiliza la seguridad de que ellos son bien conocidos de la Representación Nacional. Quizás hoy no se hará justicia a la nobleza y sinceridad de mis sentimientos, mas yo cuento con que al menos me la hará algún día la posteridad, me la hará la historia. Al bajar del elevado puesto en que me colocó el sufragio de los Señores Representantes, yo debo tributarles mi más profundo reconocimiento, no tanto por la alta confianza con que tuvieron a bien honrarme, cuanto por le constante y patriótico celo, con que han querido sostener mis débiles esfuerzos, para conservar hasta hoy ileso el honor y la gloria de nuestra República. Después de esto, yo me atrevo a recomendarles la brevedad en el nombramiento de la persona a quien debo entregar una autoridad que no puede continuar por más tiempo depositada en mis manos. Así lo exige imperiosamente el estado de nuestros negocios, y este será para mí un nuevo motivo de gratitud a los dichos Representantes, a quienes tengo el honor de ofrecer los sentimientos de mi más alta consideración y respeto. Bernardino Rivadavia.”


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Re: Página Histórica de Hoy

el Miér 1 Jul 2015 - 23:05
dia 1 de julio (1974)

Pase a la posteridad del Presidente Juan Domingo Perón




Juan Domingo Perón falleció el 1 de julio de 1974 debido a un paro cardíaco resultado del agravamiento de la cardiopatía isquémica crónica que padecía. El anuncio al país fue realizado por su viuda, la vicepresidenta María Estela Martínez, que poco después asumió la presidencia.

Tras varios días de duelo nacional, en los que el cuerpo fue velado en el Congreso de la Nación por cientos de miles de personas, los restos fueron trasladados a una cripta en la Quinta Presidencial de Olivos. El 17 de noviembre de 1974 los restos de Evita, que habían quedado en España, fueron trasladados por el gobierno de María Estela Martínez de Perón y depositados en la misma cripta. Mientras tanto, el gobierno comenzó a proyectar el Altar de la Patria, un mausoleo gigantesco que albergaría los restos de Juan Perón, Eva Duarte de Perón, y todos los próceres de la Argentina.
Mientras se encontraba el cuerpo en el Congreso, desfilaron ante el féretro 135 mil personas; afuera, más de un millón de argentinos quedaron sin dar el último adiós a su líder. Dos mil periodistas extranjeros informaron de todos los detalles de las exequias.
Con la huida de López Rega del país y la caída del gobierno de Isabel, las obras del Altar de la Patria fueron suspendidas y los restos fueron trasladados al Cementerio de la Chacarita, en Buenos Aires.
El 17 de octubre de 2006, sus restos fueron trasladados a la quinta de San Vicente, la cual le perteneció en vida y luego se convirtió en un museo en su honor. Durante el traslado se produjeron disturbios entre sectores del sindicalismo.



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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 5 Jul 2015 - 22:45
dia 2 de julio (1895)

Pasa a la posteridad el Doctor Ignacio Pirovano


Nació el 23 de agosto de 1844, en Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Belgrano.
De escasos recursos económicos, antes de graduarse trabajó en una farmacia y como farmacéutico en el Hospital General de Hombres.
Si se trata de forjar la imagen del Pirovano médico, se presenta la figura de un hombre soberbio, seguro de sí­ mismo, reservado al lado del paciente, bondadoso, dulce en su trato. Distinto es el Pirovano adolescente quien, según relata Wilde en "Tiempo perdido", era un pilluelo que aterrorizaba a los vecinos del barrio de Belgrano y a quien, luego, sus compañeros de facultad reconocí­an como brillante alumno. Además, por su costumbre de gastar bromas pesadas, era un honor contarlo como "asesor" en el conocido como "comité de mortificación pública". Estas "habilidades" de Pirovano están gráficamente descriptas en el cuento de Manucho Mujica Láinez que se transcribe más abajo.
Su bisabuelo y abuelo eran médicos en el viejo continente; su padre era italiano y emigró hacia la Argentina, donde sólo pudo constituir una humilde familia cuyos escasos recursos le impedí­an costear la carrera de su hijo. Dispuesto a cumplir con su vocación no vaciló en trabajar para sufragar los gastos de sus estudios.
Fue, además, practicante del célebre Dr. Francisco Javier Muñiz en la guerra contra el Paraguay, en 1865 y también en las epidemias de cólera de 1867 y de fiebre amarilla de 1871. Muñiz fue ejemplo de decenas de médicos de la época.
Una vez que obtuvo el tí­tulo de farmacéutico, y luego el de médico, se doctoró con la tesis "La herniotomí­a", en 1872, cuando contaba 28 años.
Es muy descriptivo lo que de él dijo un compañero de estudios, poco después de graduado. Dijo de él Eduardo Wilde en 1872: "Tiene todas las cualidades fí­sicas para el trabajo, y todas las aptitudes intelectuales para ser un médico notable. Es bondadoso, de carácter reservado, meditador y pacienzudo; parece muy dúctil, aunque siempre por hacer lo que le da la gana, tiene una gran facilidad para hacerse querer de sus maestros, sabe evitar que lo envidien sus condiscí­pulos..."
Habiendo obtenido ya un principio de reconocimiento y prestigio como cirujano, partió ese mismo año a Parí­s becado por el Gobierno de Buenos Aires. Conoció y frecuentó en sus lugares de trabajo a Claude Bérnard y a Louis Pasteur, y conoció a Lister, uno de los principales impulsores de las modernas medidas de asepsia para las salas y prácticas quirúrgicas. Este contacto con Lister le darí­a a Pirovano los fundamentos de los métodos antisépticos que introducirí­a en el paí­s. También participó de las sesiones quirúrgicas de Nélaton y Pean.
Regresó a Buenos Aires tres años después con el tí­tulo de Doctor de la Facultad de Medicina de Parí­s. Inmediatamente fue designado profesor titular de la cátedra de Histologí­a y Anatomí­a Patológica. Las autoridades debieron ceder ante la exigencia de que le compraran un microscopio y lo dotaran de un laboratorio adecuado. Él querí­a no impartir una enseñanza práctica, "ya que lo contrario serí­a ofender a la ciencia".
La vestimenta en el quirófano era un largo guardapolovo de mangas cortas, hábito que también usaban sus discí­pulos, supliendo así­ el anacrónico y sucio chaqué con que se operaba en la época.
Ignacio Pirovano fue el sucesor del Profesor Manuel Augusto Montes de Oca, en 1879, siendo el sexto de la serie de profesores que la ocuparon desde su creación.
Si Manuel A. Montes de Oca habí­a introducido, sin mucha convicción, la antisepsia, Pirovano fue quien perfeccionó su aplicación, la extendió al medio hospitalario y la defendió a pesar de los resultados que muchas veces distaban de lo ideal. ¿En qué consistí­a este método antiséptico? Los ambientes se preparaban con pulverizadores o vaporizadores de ácido fénico, el instrumental se sumergí­a en recipientes con igual solución y las manos de los cirujanos y las heridas operatorias se irrigaban permanentemente con solución fenicada. Las operaciones se realizaban sobre una mesa generalmente de pino, preparada especialmente en los casos extrahospitalarios, recubierta de un colchón y un impermeable, y el campo operatorio se limitaba con una sábana de goma con una ventana ovalada del tamaño adecuado en el centro.
Practicó sobre todo la cirugí­a de la cabeza y cuello y de las extremidades. El número y la calidad de discí­pulos que formó lo hacen acreedor al tí­tulo de Padre de la Cirugí­a Argentina: Alejandro Castro, Antonio Gandolfo, Enrique Bazterrica, Andrés Llobet, Juan B. Justo, Diógenes Decoud, Pascual Palma, José Molinari, Daniel J. Cranwell, Marcelino Herrera Vegas, Nicolás Repetto, Alejandro Posadas, David Prando y Avelino Gutiérrez.
Ignacio Pirovano tuvo además una gran clientela y una extensa práctica profesional. Su merecida fama hizo que centralizara todos los casos quirúrgicos de Buenos Aires y del interior del paí­s. Un porte distinguido contribuí­a a realzar su figura de médico y catedrático.
practicaba la traqueotomí­a, operación frecuente en esa época, en un solo tiempo. Convencido y seguro de su técnica, no dudó en aplicarla en un momento de suma urgencia en una paciente muy especial: su propia hija.
Pero en determinado momento desapareció de la escena. El motivo fue un cáncer de la base de la lengua que él mismo se diagnosticó, y envió las biopsias a Péau sin decir quién era el paciente. Dice que éste contestó telegráficamente: "Cáncer. Caso perdido".
Estoicamente padeció su enfermedad, y su vida se apagó en Buenos Aires, el 2 de julio de 1895, con 50 años de edad.
En sus exequias, Carlos Pellegrini dijo: " Sentimos que algo nos falta, algo así­ como el centinela armado que velaba por nuestra vida contra el ataque de enemigos invisibles, y por eso, sobre su tumba hasta el egoí­smo llora".


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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 5 Jul 2015 - 23:06
dia 3 de julio (1807)

Intimación de Whitelocke a la rendición de Buenos Aires


Álzaga no pierde su sangre fría. El cabildo reunido en sesión permanente desde el día anterior, "después de tratar y conferenciar —dice el acta— los Señores convienen en que el medio adecuado para alcanzar la victoria era implorar la protección del Divino Auxilio, y votaron hacer un novenario a nuestro glorioso patrón San Martín". Pero a Dios rogando y con el mazo dando. Álzaga votará por el novenario, pero toma también otras providencias: hace levantar las piedras de las calles y subirlas a las azoteas para servir de proyectiles, zanja trincheras de seis varas de ancho y cuatro de profundidad alrededor de la plaza con alcance a las actuales calles Alsina, San Martín y Bartolomé Mitre; otra zanja —llamada "exterior"— con parapetos de tierra y tercios de yerba retobados se cavará la noche siguiente por las actuales calles Belgrano, Tacuarí, Suipacha y Sarmiento. Dispone a los patricios en improvisados "cantones" en las azoteas, hizo traer los carros y municiones que están en Retiro (los cañones se habían clavado por las custodias, adelantándose a que no cayeran en manos do los ingleses), coloca la artillería pesada que estaba en el puente de Calvez en los sitios convenientes de las improvisadas trincheras; ordena se reúnan las tropas de Balbiani a las de la plaza Mayor.



Esa noche nadie duerme en Buenos Aires. A la luz de los faroles encendidos por 24 "faroleros" trabajarán todos, esclavos y libres, blancos, negros y mulatos, en cavar trincheras y acarrear piedras. De la noche a la mañana se convierte el centro en una fortaleza guarnecida. En el Retiro se deja una guardia de marinos, una compañía de gallegos y otra de artilleros del Unión al mando de Gutiérrez de la Concha.

A las 9 de la mañana del 3 se reciben noticias de Liniers desde Chacarita; contesta el cabildo "con la satisfacción de saberlo existente" informándole las medidas tomadas. Liniers llega a mediodía por el camino del Retiro con los dispersos que ha podido reunir en Chacarita, y es recibido con aclamaciones. Su imbatible popularidad dará confianza a los defensores.

Intimaciones.

Gower, invocando instrucciones inexistentes de Whitelocke, contesta el pedido de capitulación de Liniers la mañana del 3 (aún no ha llegado a Miserere el general en jefe): acepta la rendición de la ciudad bajo condición de libertar los ingleses internados, constituirse en prisión los militares y funcionarios dependientes de Buenos Aires, entregar las armas y pertrechos de guerra; en cambio mantendría el "uso de la religión católica y goce de sus propiedades". La "intimación" (no se sabe que se trata de "bases" pedidas por Liniers) es rechazada por el cabildo. Elío, como militar de más alta graduación (no había llegado Liniers), contesta altivamente que "tiene tropas bastante animosas, mandadas por jefes llenos de deseos de morir por la Patria y ésta es la hora de manifestar su patriotismo".

Whitelocke llega a Miserere, como hemos dicho, a las 3 de la tarde. Se entera del rechazo de "las bases". Reúne enseguida un consejo de oficiales: si la ciudad tuviera suficiente número de defensores, era una imprudencia el asalto; pero las tropas porteñas están batidas y las supone en fuga y desmoralizadas. Con todo, no quiere arriesgarse y propone seguir hasta la ribera norte, establecer contacto con los buques y amenazar con un bombardeo y el asalto al Fuerte. Cree que la ciudad se entregará, como lo hacía entender el pedido de capitulación de Liniers la noche del 2, pues no está en condiciones para hacer resistencia.

No se impone el plan de Whitelocke. Leveson Gower propone dividir en trece columnas la tropa y deslizarse por las calles sin hacer fuego, hasta conseguir apoderarse de; los edificios próximos a la ribera; de allí converger en un ataque final contra el Fuerte. El plan depende de dos condiciones: la disciplina de las tropas para cruzar las calles sin hacer fuego, y que el enemigo no impidiera el avance. Cree que se cumplirán ambas. Whitelocke acaba por inclinarse ante la opinión de su segundo, compartida por los demás jefes y oficiales. De cualquier manera no cree que haya combate, pues la ciudad tendrá que entregarse ante una nueva intimación formulada en términos aceptables. Se fija el ataque para las doce del día 4; luego se posterga hasta la mañana del 5 a pedido de Auchmuty que quiere dar un descanso a su tropa. Esta dilación permite que sigan los preparativos de la defensa y se cave la trinchera "exterior". En la tarde del 4, Whitelocke envía la segunda intimación "que V. E. —dice al «general español» que mande en la plaza— me hará la justicia de atribuir a principios de humanidad": la escuadra está pronta a "sostener las operaciones" en caso de ser rechazada; el parlamentario, capitán Whittingham, esperará media hora la respuesta. No se le deja que pase la línea exterior de trincheras, donde entrega su mensaje. Como transcurre media hora sin contestación, opta por retirarse. No obstante, Liniers, después de consultar con Álzaga, Elío y los demás jefes constituidos en "junta de guerra", responde: "Los derechos de la humanidad que V. E. reclama... serán vulnerados por V. E. que es el agresor, que no por mí que no pienso más que en cumplir con lo que me prescribe mi honor".

El resto del día los ingleses lo emplean en instruir las tropas sobre las calles a recorrer. Reparten pico y herramientas para echar abajo las puertas de las casas "donde hubiera cantones" y se ordena al coronel Mahon, que ha quedado en Quilmes, se acerque al puente de Gálvez.

En la ciudad se completa la defensa. La línea exterior de trincheras llegaba a las actuales calles Tacuarí y Suipacha; la interior rodeaba la plaza. Las instrucciones eran resistir en la primera línea mientras se pudiera; luego replegarse a la segunda. Las azoteas inmediatas a la plaza son ocupadas por las tropas con armas, municiones y granadas de mano; los vecinos colocan en sus azoteas objetos pesados y agua caliente para arrojar al paso de los invasores. En estos preparativos, como en la acción que vendrá, trabajan unidos mujeres y hombres.

Dirá Whitelocke en su proceso: "Pregunto a la Corte, y a cada miembro de ella si, por la experiencia de los tiempos modernos, por ejemplo alguno trasmitido en la historia desde el empleo de las armas de fuego..., podíamos tener antes del resultado una previsión posible de la resistencia de los habitantes. Pueden citarse ejemplos en que cierta proporción activa y joven del vecindario ha cooperado a los esfuerzos de un ejército defensor, pero siempre la masa de la población ha sido un impedimento, no un auxilio, de la defensa. No hay un solo ejemplo en la historia, me atrevo a decir, que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde, sin exageración, todos los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una resolución y una pertinacia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado o implacable".


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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 5 Jul 2015 - 23:13
dia 5 de julio (1794)

Natalicio del Teniente coronel Miguel Cajaraville


La historia suele tener olvidos, algunos de ellos irreparables, pero en el caso de Cajaraville podemos afirmar que la omisión de su nombre de las páginas de la epopeya sanmartiniana se debe a varios factores,

En primer lugar, porque debió abandonar el Ejército de los Andes en 1920 por razones de enfermedad a pesar de haberse batido con denuedo en Chacabuco y Maipo, y haber sufrido los embates de Cancha Rayada.

Y en segundo término porque se trataba de un hombre que si bien se había forjado en la abnegación del soldado, era verdaderamente valiente y no cejaba en su misión, es así que el mismo Padre de la Patria lo llamaba "el guapo Cajaraville".

Una madre a los gritos en el cuartel de Retiro

Este soldado de la independencia sudamericana nació en Buenos Aires el 5 de Julio de 1794, siendo sus padre don Andrés Cajaraville, español de origen, y doña María Engracia Miguens, porteña de pura cepa.

Sentó plaza en el afamado Regimiento de Granaderos a Caballo, el 5 de abril de 1813, en calidad de cadete.

El joven Cajaraville se había presentado en el Cuartel del Retiro, desoyendo los consejos de su familia y cuando conversaba libremente con sus compañeros de armas, su desolada madre corría al cuartel a reclamar por su hijo, invocando sus pocos años.

San Martín lo llamó a su presencia y el entusiasta cadete declaró que no quería volver a su hogar, pues su decisión irrevocable era servir a la Patria.

El 4 de diciembre de 1813 ascendía a alférez y poco después era destinado con su escuadrón a prestar servicio en el Ejército del Alto Perú, donde pronto se reveló como uno de los oficiales más distinguidos.

El 11 de octubre de 1814 asistía al Combate de Barrios a las órdenes de Lamadrid. Fue herido de bala en Sipe-Sipe el 29 de noviembre de 1815, época en la cual ostentaba el grado de teniente.

En 1816 se incorporó con su escuadrón, al Ejército de los Andes. Cruzó la monumental cordillera en la marcha cautelosa que ejecutó aquel ejército para abrir las operaciones en Chile y peleó con su arrojo acostumbrado en la Batalla de Chacabuco y por su comportamiento fue promovido a ayudante mayor de su regimiento el 24 de marzo de 1817.

El 13 de marzo del año siguiente era ascendido a capitán de la 2da. Compañía del Segundo Escuadrón de Granaderos a Caballo, grado con el cual se encontró en la funesta noche de Cancha Rayada.

El 30 de marzo de 1818, hallándose de avanzada con sesenta granaderos, distinguió una partida realista de diez hombres que evidentemente estaba situada en observación.

De inmediato Cajaraville entró en fuego con el enemigo, que se fue replegando, hasta reunirse con un destacamento de doscientos hombres que acudió a apoyar la partida citada.

En estas circunstancias se mantuvo un vivísimo fuego entre los granaderos del cual hubo alguna dispersión en éstos últimos.

Cajaraville no esperó más: ordenó empuñar sus sables a los granaderos y cargó violentamente acuchillando cincuenta españoles, dejando en el campo treinta cadáveres, entre los cuales se encontraba un sargento mayor español, cuyo uniforme remitió Cajaraville a su superior inmediato, que era el teniente coronel Santiago Bueras, que a su vez lo transmitió al general San Martín.

El Ejército Unido celebró con entusiasmo este episodio feliz, y en Santiago se paseó públicamente en estandarte la chaquetilla del jefe vencido, en medio de repiques y vítores.

En la Batalla de Maipo se comportó bizarramente, siendo conocida la parte principal que cupo a los Granaderos a Caballo en aquella memorable jornada.

Cajaraville, después de la batalla tomó prisionera una Compañía de Cazadores realistas, sin derramar una gota de sangre, conduciéndola con sus oficiales, pertrechos y útiles de guerra hasta el campamento patriota.

Persiguiendo españoles por el sur

Después de la jornada de Maipo. Cajaraville formó parte de las fuerzas encargadas de la persecución de los derrotados, marchando al sur de Chile, bajo las órdenes del coronel Zapiola.

El 27 de mayo de 1818, este bravo oficial obtenía un importante triunfo: después de marchar cinco noches por caminos desconocidos, ocultándose de día por los montes, llegó a las inmediaciones de la Villa del Parral, ocupada por trescientos realistas.

Cajaraville sólo disponía de doscientos hombres entre granaderos y milicianos. Al amanecer se aprestó a cargarlos por retaguardia para lo cual dividió su tropa en dos columnas, una a su cargo directo y la otra al mando del capitán Domingo Urrutia y el alférez José Gálvez. Ordenó inmediatamente avanzar "y resuelto –dice en su parte el general Zapiola-, a tomarme los cuarteles en un momento pisando con los caballos las guardias que tenían en las puertas; luego se pusieron en fuga por las paredes ganado las casas siguientes, contestando de ellas con un fuego vivo, por ventanas, puertas y lugares que se los permitía; pero al fin pudo más el brazo de estos valientes que tengo el honor de mandar, dejando víctimas a más de doscientos hombres, entre estos al Coronel Bulnes, que fue apresado por el sable del intrépido alférez Gálvez."

Sin municiones y por la noche

Con su destacamento, el capitán Cajaraville avanzó hacia Chillán, ciudad que atacó el día 31 de aquel año.

Mandaba la guarnición española, el coronel Lantaño, la cual defendió la plaza, después de un combate de varias horas, en el curso del cual, los Granaderos de Cajaraville atravesaron el pozo defensivo que protegía la posición realista, voltearon las empalizadas que habían levantado en todas las bocacalles, pero las acciones no fueron bastante

para poder tomar los cuarteles, pues los españoles los esperaban cada vez con mayor energía, atrincherándose en cuadro al costado de la plaza adonde resistieron hasta después de las oraciones.

La falta de municiones y la oscuridad de la noche, impidieron al bravo Cajaraville concluir su obra y se vio obligado a retirarse, conduciendo diez prisioneros y quedando en el campo de batalla muchos muertos, teniendo los patriotas dos muertos y diecisiete heridos.

El 9 de septiembre del mismo año, Cajaraville con una partida de treinta y seis granaderos, el ayudante Pedro Ramos, el teniente Gutiérrez y el teniente coronel de milicias don José Ignacio Urrutia, cargó sobre un destacamento español en las proximidades de la Villa del Parral, del otro lado del río Perquilauquén, matando diez hombres, capturando once prisioneros y algún armamento, escapando los restantes por la superioridad de caballos.

El "guapo" capitán Cajaraville como decía San Martín, el "acreditado y valiente" como mentaba Balcarce, enfermó poco después a consecuencia de los trabajos y fatigas de aquella de aquella larga y cruenta campaña y hubo de retirarse a Mendoza, para curarse, donde se restableció y tuvo oportunidad de defenderla, batiendo en Las Playas a los montoneros que la amenazaban.

Se le decretó en recompensa una cantidad de dinero, pero como no la aceptó, el gobierno le regaló un uniforme y una espada de honor.

El 12 de enero de 1819 fue graduado sargento mayor del Regimiento de Granaderos a Caballo. El 18 de mayo del año siguiente se le concedió permiso para regresar a Buenos Aires.

Junto a Rosas contra Ramírez

En 1820 pasó a la ciudad de Mendoza y el 24 de febrero de 1821 se le reconocía el empleo de teniente coronel de caballería de línea y el 25 de mayo del mismo año, junto con Rosas recibió orden del gobernador Rodríguez desde el Arroyo del Medio de marchar en apoyo de Lamadrid contra Ramírez.

Retirado del servicio activo, tomó la dirección de un establecimiento rural que había heredado de sus padres, pero nombrado no obstante Jefe del 1er. Regimiento de Milicias, actuó en la frontera de Chascomús y en la Guardia del Monte, y en marzo de 1823, tomó parte de la expedición contra los indios bajo el mando del general Martín Rodríguez, habiéndose incorporado en el Arroyo Chapaleofú, con la división acantonada en la guardia de Kakel Huinjul, la que constaba de doscientos cincuenta blandengues y ciento cincuenta milicianos. El 16 de junio de 1824 se decretó el cese de Cajaraville en el mando de este cuerpo.

Después continuó sus tareas en su estancia en la Magdalena, hasta que después de la caída de Lavalle, en 1829, emigró a la República Oriental Del Uruguay.

Instigado más tarde por el general Angel Pacheco, su antiguo compañero de armas en la Campaña Libertadora de Chile, se hizo cargo de la comandancia militar del departamento de Soriano, en el Estado oriental, después de rehusar un puesto en las filas sitiadoras de Montevideo.

Acepta unirse a los aliados de Rosas pero siempre es recordado porque jamás se mezcló en las rencillas políticas de aquel país; ni favoreció ni protegió federales que se organizaban en territorio oriental.

En el mes de junio de 1852 se pronunció en Mercedes contra el general Urquiza, como igualmente lo hicieron en Tacuarí, el coronel Dionisio Coronel y en Dolores (R.O.U.) el comandante Fernando Granel.

Después de la derrota de Caseros, el teniente coronel Cajaraville regresó a Buenos Aires.

Miguel de los Santos Cajaraville falleció en la ciudad de Buenos Aires el 12 de diciembre de 1852.



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Re: Página Histórica de Hoy

el Mar 7 Jul 2015 - 0:41
dia 6 de julio (1827)

Combate del rincón de Valladares (guerra civil)


Un violento entrevero de vanguardias, producido en la madrugada del 4 de junio de 1827, cerca de Vinará, anuncia que los ejércitos de Quiroga y Lamadrid se aproximan para librar combate.

En este lugar, una avanzada unitaria a las órdenes del coronel Helguera permanece desprevenidamente a la espera de que sus bombeadores le anuncien la proximidad del enemigo, cuando caen sobre ella los jinetes de la vanguardia riojana, encabezados por el comandante Frontanel. El ataque es tan sorpresivo y tan violento que las tropas de Helguera se desbandan y huyen hacia Tucumán, abandonando todos sus elementos.

Al tener conocimiento de este primer éxito, Facundo, que avanza con el grueso de sus fuerzas, acompañado por el gobernador Ibarra, acelera su marcha. Mientras tanto, en Tucumán, el coronel Lamadrid, aún convaleciente de una operación de cirugía menor, mantiene todas sus tropas en disposición de dirigirse al lugar en que las necesite, con la sola excepción de una fuerte división destinada para ocupar la retaguardia de los enemigos.

Quiroga cruza el río Chico el 5 de julio, y al día siguiente se encuentra sobre el pueblo de Santa Bárbara, al frente de 200 hombres de caballería. Enterado de este movimiento, Lamadrid abandona la ciudad para ir a esperarlo en las inmediaciones del campo de la Ciudadela, con 1.500 hombres de caballería, 200 cívicos y 4 piezas de artillería. El jefe unitario está aún débil, debido a la extracción de un pequeño tumor, y deben ayudarlo para que monte a caballo. No obstante, reina gran optimismo entre la población tucumana. Cuando se reciben informes de que Quiroga está en Rincón de Valladares, junto al rancherío de Concepción, ese optimismo es tal, entre los unitarios, que el propio Lamadrid dice, años más tarde, al recordarlo:

"Todos los individuos del comercio, representantes y vecinos de Tucumán, salieron a presenciar nuestro triunfo, que yo consideraba seguro; se colocaron a espaldas de mi línea, de espectadores "

Quiroga forma su línea de batalla, colocando sobre su ala izquierda los 600 santiagueños con que Ibarra concurre a la pelea, y permanece a la expectativa, sin hacer un solo movimiento, dispuesto a sacar provecho de la rapidez con que puede desplazarse, tan pronto como las circunstancias se lo aconsejen.

Lamadrid, cuyo principal enemigo es la enfermedad que padece, ordena que el coronel Matute, con sus granaderos colombianos, cargue sobre las tropas de Ibarra, después de que su artillería "ablande el frente enemigo", recomendándole no perseguir a los dispersos, sino hacer alto y esperar nuevas órdenes. Facundo, al ver llegar la carga de los colombianos, le ordena a Ibarra que no ofrezca lucha y que se retire violentamente, tratando de que Matute se empeñe en una persecución indiscríminada. Lo que el riojano busca es alejar del centro del combate a las tropas más aguerridas de Lamadrid. Y lo consigue, porque Matute cae en. la trampa.

"Ablandada" la línea quirogana por la artillería de los cívicos de Tucumán, y aparentemente puestos en fuga los santiagueños de Ibarra, el combate está resuelto a favor de los unitarios. Pero Quiroga, que en este momento aciago, lejos de perder la calma observa atentamente las alternativas del campo de batalla, advierte cierta vacilación en el ala izquierda de Lamadrid y carga violentamente sobre ella. Es un golpe aconsejado por la desesperación, un golpe de audacia. Mas este golpe de audacia basta para cambiar la suerte de la lucha, al acobardarse los jefes tucumanos, como el propio Lamadrid lo reconoce:  "Paz, que ve correrse por entre el monte a la izquierda la caballería de Quiroga, vuelve caras; síguele Helguera con todas sus milicias y llévanme por delante mi reserva y me dejan solo con los infantes y mi artillería".

A pesar de este desastre, Lamadrid reúne un pequeño número de jinetes y logra pasar por entre las líneas enemigas, para ir a reunirse con Matute. No lo encuentra, le envía propios con la orden de que regrese y éstos lo informan de una novedad que no espera: Matute ha sido derrotado por Quiroga. Pero, ¿cómo pudo ser derrotado el hombre cuyas tropas acaban de desaparecer persiguiendo a los santiagueños de Ibarra? ¿Qué ha ocurrido en el campo de batalla? Algo muy simple, y muy adecuado a la genialidad de Facundo, que permanece quieto en sus posiciones, a la espera de que regresen los colombianos a quienes ha jurado escarmentar. Es el propio enemigo de Quiroga quien así lo manifiesta y reconoce:

"Cerrada ya la oración había regresado Matute al campo de batalla, dando vivas a la patria y a mí, juzgándose dueño del campo, y lo reciben los infantes de Quiroga con una descarga, pues mis cívicos habían acabado las municiones de sus dos piezas de artillería y perdido más de las tres cuartas partes de su fuerza, y sólo así se le habían entregado poco antes de que llegase Matute. Tuvo, pues, que repasar el Manantial y dirigirse al punto con algunas pérdidas".

Al caer la noche, la situación se mantiene indecisa. Facundo, al ver que el enemigo se concentra a cierta distancia de él, con el propósito de reorganizarse, forma su nueva línea de batalla en la ceja de un monte, reúne a los prisioneros que ha tomado y ordena que uno de ellos se desnude, colocándose un taparrabos. Lo mantiene así durante la noche, y al amanecer, cuando Lamadrid comienza a formar nuevamente su línea de batalla frente a él, le envía el prisionero con la siguiente orden:

"Marche usted y diga a su gobernador, que si da un simple paso adelante o me dispara un solo tiro, fusilo a todos los prisíoneros, que usted ve cómo quedan".






La respuesta de Lamadrid no se hace esperar:

"Puse a Quiroga un oficio diciéndole que si él atentaba contra la vida de uno solo de mis prisioneros, no daría yo cuartel a más de cientode los suyos, entre oficiales y tropas que yo tenía en mi poder".

Lamadrid cuenta con poder reorganizar sus tropas sobre los colombianos de Matute, pero éstos se niegan a volver a la carga después de haber sufrido el rigor de los llaneros de Quiroga. Por fin, convencido de que acaba de ser nuevamente derrotado por Quiroga en el Rincón de Valladares, Lamadrid huye hacia el norte. Mientras, seguro de su triunfo, Facundo entra en Tucumán, donde reúne a la Junta de Representantes, para hablar de cuestiones económicas, a las que siempre se muestra afecto. Se trata de establecer el monto de las reparaciones y de deslindar responsabilidades. En realidad, el provocador es él, que llega procedente de La Rioja a invadir la provincia de Tucumán. Pero desde que el enemigo está inerme, le exige que pague, mediante la acusación de haber iniciado la contienda, por lo menos parte de los gastos de su ejército, "que en manera alguna deben soportar ni el pueblo ni el gobierno de La Rioja". El mismo fija esas reparaciones en la suma de 24.000 pesos. La exigencia es aceptada en principio, pero no se cumple con ella. Entonces Facundo se dirige a la Junta en términos conminatorios:

"He sabido por varios miembros de la Honorable Junta, que Vuestra Excelencia ha hecho comprender al pueblo, que no debe contribuir en nada para cubrir los 24.000 pesos que reclamé como parte de los gastos que me ocasionó la injusta guerra declarada contra mí por esta provincia, por el órgano de sus representantes, y que, con este motivo, algunos que habían subscripto se han retraído; de lo que resulta que V. E. con su genio activo ha podido, a poca costa, oponerse a que yo me reembolse de la pequeña parte que les pido de los grandes gastos y perjuicios que he experimentado, pero ¡por Dios vivo!, si no me satisface antes de las dos horas de este día, me haré pagar, no la suma de 24.000, pesos, sino todos los gastos que he hecho y todas las pérdidas que he sufrido en mis negocios. Cuidado, pues, no haya equivocación. Las generosidades tienen sus límites, y no me falta disposición para castigar del modo más ejemplar el orgullo y osadía de este país rebelde, que mira con desprecio la generosa tolerancia con que ha sido tratado, aunque sin merecer la más mínima consideración. V. E. puede, si lo considera conveniente, hacer saber esto a la Junta, en la inteligencia de que, pasada la hora ya mencionada, sin haber recibido la pequeña suma que pido, empezaré a hacer sent':r inmediatamente los estragos de la guerra. Dios guarde a V. E. muchos años. Juan Facundo Quiroga".

Tucumán paga en el acto. Y huelgan los comentarios.


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el Miér 12 Ago 2015 - 12:32
La invasión inglesa de 1806 y la reconquista de Buenos Aires

El 12 de agosto de 1806 concluía la Reconquista de Buenos Aires. Tras una encarnizada lucha por las calles de la ciudad, los ingleses, que habían desembarcado en Quilmes el 25 de junio con una poderosa escuadra, debieron rendirse a discreción. Comparto aquí las palabras con las que Santiago de Liniers recordaba la participación popular en la defensa heroica de Buenos Aires.
“Aquella multitud de pueblo que se me agregó en el corto tránsito de los mataderos de Miserere al ventajoso punto del Retiro, ocupado con denuedo, me facilitó derrotar y amedrentar al enemigo, por el singular esfuerzo con que sacaron a campo limpio la artillería detenida y atollada en los albardones y pantanos. De modo que me vi rodeado en la plaza mayor de un cuerpo inmenso de guerreros, cuyas voces de '¡Avance, avance!' confundían casi el estruendo de la artillería y llenaban de horror al enemigo.”
Santiago de Liniers



El 25 de junio de 1806 más de mil quinientos ingleses desembarcaron en la costa de la actual ciudad de Quilmes con el fin de invadir Buenos Aires. Las disposiciones defensivas del virrey Sobremonte resultaron una burla para el avance del general William Beresford, quien encabezaba la expedición inglesa. Cuando las tropas británicas cruzaron el Riachuelo, Sobremonte huyó hacia Córdoba y Buenos Aires quedó bajo gobierno inglés durante casi dos meses.

Mientras tanto, desde Montevideo, el capitán de navío Santiago de Liniers organizaba las fuerzas para reconquistar Buenos Aires. La expedición al mando de Liniers salió el 3 de agosto. En su trayecto, fue sumando más milicias, algunas de ellas de los desbaratados intentos previos de reconquistar la ciudad. El 10 de agosto, desde los Corrales de Miserere (hoy Plaza Miserere), Liniers intimó a Beresford a rendirse, dándole un plazo de quince minutos. El general inglés respondió que defendería su posición. Pronto empezaría el combate. El 10 de agosto las tropas al mando de Liniers derrotaron a la guarnición inglesa del Retiro, y al amanecer del 12, entraron por las actuales calles Reconquista, San Martín y Florida. La lucha alcanzó entonces una ferocidad inusitada y los ingleses fueron forzados a retroceder hacia el Fuerte, donde no tardarían en rendirse. Transcribimos a continuación la nota de intimación que enviara Liniers al jefe invasor y la respuesta de éste, así como un fragmento donde Liniers recuerda la participación popular en la defensa de Buenos Aires.

Intimación de Santiago de Liniers a Guillermo Carr Beresford
Fuente: Ignacio Núñez, Noticias históricas, Tomos I, Editorial Jackson, Buenos Aires, 1953, págs. 73-74.
Exmo. Señor:
Don Guillermo Carr Beresford

La suerte de las armas es variable; hace poco más de un mes que Vuestra Excelencia entró en esta capital, arrojándose con un cortísimo número de tropas a atacar una inmensa población, a quien seguramente faltó más la dirección que el valor para oponerse a su intento, pero en el día, penetrada del más alto entusiasmo por sacudir una dominación que le es odiosa, se halla pronta a demostrarle que el valor que han mostrado los habitantes del Ferrol, de Canarias y de Puerto Rico, no es extraño a los de Buenos Aires. Vengo a la cabeza de tropas regladas muy superiores a las del mando de Vuestra Excelencia y que no les ceden en instrucciones y disciplina. Mis fuerzas de mar van a dominar las balizas y no le dejarán recursos para emprender una retirada. La justa estimación debida al valor de Vuestra Excelencia, la generosidad de la nación española y el horror que inspira a la humanidad la destrucción de hombres, meros instrumentos de los que con justicia o sin ella emprenden la guerra, me estimulan a dirigir a Vuestra Excelencia este aviso, para que impuesto del peligro sin recurso en que se encuentra, me exprese en el preciso término de quince minutos, si se halla dispuesto al partido desesperado de librar sus tropas a una total destrucción o al de entregarse a un enemigo poderoso.

Nuestro Señor guarde a Vuestra Excelencia muchos años.

Ejército español, en las inmediaciones de Buenos Aires, 10 de agosto de 1806.

Santiago de Liniers.

Contestación a la intimación

Buenos Aires, 10 de agosto de 1806.
He recibido su oficio, y convengo en que la fortuna de las armas es variable. No tengo duda en que Usted tiene la superioridad respecto del número, y que la comparación de la disciplina es inútil: tampoco he consentido jamás haber entrado en este pueblo sin oposición, pues para ejecutarlo me ha sido preciso batir al enemigo dos veces; y al mismo tiempo que he deseado siempre el buen nombre de mi Patria, he tratado también de conservar la estimación y el buen concepto de las tropas que se hallan bajo mis órdenes. En esta inteligencia solamente le digo, que me defenderé hasta el caso que me indiquen la prudencia, por evitar las calamidades que puedan recaer sobre este pueblo, que nadie lo sentirá más que yo, de las cuales estarán bien libres si todos los habitantes proceden conforme a la buena fe.

Besa las manos de Usted
Guillermo Carr Beresford,
Mayor general inglés.

La reconquista en el recuerdo de Liniers
Fuente: Enrique C. Corbellini, La Revolución de Mayo, Tomo I, Antecedentes, Buenos Aires, Editorial Lajouane, 1950, pág. 162.
“Luego que acampé en las inmediaciones de la ciudad se agolparon las personas de menores conveniencias con municiones de boca para subsistencia de la tropa, caballos, monturas y carros para el bagaje: pidieron armas hasta los niños, se incorporaron al pequeño pie de ejército de Montevideo: se unieron a los miñones en las guerrillas de las calles dos días antes de la acción decisiva, y entraron a ella cargados con la artillería sin excepción de edades, acompañados de una mujer varonil con un denuedo superior a todo encarecimiento, y una alegría, presagio de la victoria que ganaron con su sangre. Aquella multitud de pueblo que se me agregó en el corto tránsito de los mataderos de Miserere al ventajoso punto del Retiro, ocupado con denuedo, me facilitó derrotar y amedrentar al enemigo, por el singular esfuerzo con que sacaron a campo limpio la artillería detenida y atollada en los albardones y pantanos. Se fue aumentando considerablemente, así en el acampamiento del Retiro, como en las calles de la ciudad. De modo que me vi rodeado en la plaza mayor de un cuerpo inmenso de guerreros, cuyas voces de avance, avance confundían casi el estruendo de la artillería y llenaban de horror al enemigo.”

http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/virreinato/la_invasion_inglesa_de_1806_y_la_reconquista_de_buenos_aires.php
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Re: Página Histórica de Hoy

el Miér 26 Ago 2015 - 11:15
Aniversario del fusilamiento de Santiago Antonio María de Liniers y Bremond


Hoy 26 de agosto se cumple un nuevo aniversario del fusilamiento de Santiago de Liniers, en mi opinión personal, uno de los tantos actos negativo de la lucha por la independencia de las provincias unidad del Rio de la Plata.

Existen muchas páginas en internet que hablan sobre este triste hecho de nuestra historia, le dejo un link en donde podrán leer un interesante trabajo realizado por Dr. Julio Horacio Rubé, Doctor en Historia (Universidad del Salvador). Profesor de Historia. Abogado (Universidad de Buenos Aires). Procurador Nacional (Universidad de Buenos Aires). Maestro Normal Nacional (Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta). Profesor universitario y de enseñanza media. Investigador categorizado por la Universidad de Buenos Aires, Secretaría de Ciencia y Técnica. Con publicaciones sobre temas históricos.

Santiago de Liniers

Un abrazo Ricardo

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
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Concuerdo

el Miér 26 Ago 2015 - 11:53
Quequén Grande escribió:
Aniversario del fusilamiento de Santiago Antonio María de Liniers y Bremond


Hoy 26 de agosto se cumple un nuevo aniversario del fusilamiento de Santiago de Liniers, en mi opinión personal, uno de los tantos actos negativo de la lucha por la independencia de las provincias unidad del Rio de la Plata.

Existen muchas páginas en internet que hablan sobre este triste hecho de nuestra historia, le dejo un link en donde podrán leer un interesante trabajo realizado por Dr. Julio Horacio Rubé, Doctor en Historia (Universidad del Salvador). Profesor de Historia. Abogado (Universidad de Buenos Aires). Procurador Nacional (Universidad de Buenos Aires). Maestro Normal Nacional (Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta). Profesor universitario y de enseñanza media. Investigador categorizado por la Universidad de Buenos Aires, Secretaría de Ciencia y Técnica. Con publicaciones sobre temas históricos.

Santiago de Liniers

Un abrazo Ricardo

Concuerdo con tu punto de vista Ricardo, y no somos pocos los que pensamos igual. Por simple gratitud histórica pudimos reemplazar el fusilamiento de alguien que simplemente cumplía con su deber como oficial al servicio de España, deportándolo.

Uno de quienes admiró a Liniers como persona y como jefe, lamentando siempre y públicamente su muerte fue el mismísimo Juan Manuel de Rosas.

En fin, son los hechos inherentes al jacobinismo, y Castelli adscribía. Por eso quienes hablan ligeramente de las diferencias entre los miembros de la Junta deberían tener en cuenta que de haber triunfado los sectores más exacerbados quizás se habría perdido el apoyo popular, con el consiguiente fracaso de la Revolución.

Saludos,

José Luis
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Re: Página Histórica de Hoy

el Jue 27 Ago 2015 - 0:30
Liniers era un jefe que podía amalgamar a varios sectores: por un lado  a los sectores mercantiles terratenientes de buenos aires, que eran la base de varios regimientos milicianos, y no de pocos números: los Granaderos de Terrada, Quinteros, y mayormente la de pardos y morenos a los que habia siempre beneficiado.
su historial es interesantísimo:


perteneció a una familia militar, sin fortuna. Su padre lo entregó a los 12 años a una orden militar europea, para que formase su carácter y le diera preparación profesional. Lo mismo que hacía, por esos años, el Capitán Juan de San Martín con su hijo José Francisco. Liniers, adolescente, participó en batallas navales contra las monarquías árabes (igual que San Martín, a los 14 años en Orán) y a los 25 años el rey de Francia lo distinguió como miembro de la nobleza militar. Sus biógrafos dicen que odiaba a los musulmanes y que, convencido de que debía llevarse a cabo una guerra contra ellos en Marruecos y Argelia, decidió enrolarse en la flota española. De esa manera, su suerte quedó ligada a España. No se sabe bien por qué detestaba a los árabes: lo más probable es que su ambición fuera, sencillamente, hacer fortuna. Se trataba de un profesional, que combatía para aquel que mejor pagaba.

Luchó, entonces, a las órdenes de España, intentando reconquistar el Peñón de Gibraltar. Ganó ascensos por su participación en batallas encarnizadas, hasta que en 1788 (un año antes de la Revolución Francesa) lo destinaron al Río de la Plata. Y aquí quedó para siempre.

Después de toda una vida de militar, se encuentra en Buenos Aires con las invasiones inglesas. Una vez rechazada la primera invasión, y mientras viene en camino la segunda, su sensación es de impotencia:

"¿Qué no trabajaría yo en los once meses después de echar a los ingleses de Buenos Aires, para hacer guerrero a un pueblo de negociantes y ricos propietarios, donde la suavidad del clima, la abundancia y la riqueza debilitan el alma y le quitan energía?"  ,escribía

Es que en la ciudad porteña "se trabajaba poco, la gente comía bien y dormía mucho", según escribió otro francés, don Paul Groussac. Luego acotó: "Liniers era un militar, un hombre de orden. Esencialmente, un noble francés del 'ancien régime".

Asi como se sintió asqueado por por la revolución francesa, la del 25 de mayo también la asqueó.

alejado de las armas y el poder, Liniers había desarrollado un proyecto de negocios: una sociedad de minería en La Rioja, donde había visto la perspectiva de un "incalculable lucro". Los españoles le habían prometido la concesión de la "plata piña" de Famatina, una masa esponjosa formada por el sobrante de plata después de la extracción del rico mineral. En abril de 1810, el gobierno real autorizó un gasto importante para financiar la extracción de plata en La Rioja. Este era el negocio que Liniers estaba esperando para gozar de un retiro aún más próspero. Nos preguntamos si era el momento adecuado para que un hombre despierto y ambicioso, como el francés, se lanzara a tejer peligrosas conspiraciones. O tal vez, por eso mismo, porque vio en peligro una fortuna infinita, participó de una gran conjura contra los hombres de Buenos Aires. El hecho es que, un mes después de que se le abrieran las puertas de una gran fortuna, se produce el Cabildo Abierto.

En esas estaba, cuando fue condenado a muerte, el 28 de julio, por la Junta de Buenos Aires.

Liniers huyó de su hacienda para refugiarse en una estancia, donde pagó a un peón negro para que lo escondiera. Llevaba mulas para cambiar durante la fuga, y fueron estas lo primero que descubrió la partida militar que le seguía los pasos para fusilarlo, el 26 de agosto de 1810. El peón, asustado, confesó la identidad del fugitivo. La patrulla emprendió el saqueo de los equipajes de la pequeña comitiva de Liniers. Este, aparentemente, llegó a gatillar en falso dos tiros de su escopeta.

Fue muy duro el final. Amarrado con tanta presión que "la sangre brotaba por la yema de sus dedos", un oficial de baja graduación, encargado del fusilamiento, lo tuteaba sin respetar edad ni grado. Este "milico" lo tildaba de "pícaro sarraceno".¡Tan luego a Liniers, que había jurado combatir a los musulmanes! Vaya uno a saber lo que entendía aquel uniformado por "sarraceno".

Según supo decir Mariano Moreno, para quien el francés se había convertido en la peor amenaza contra la Revolución, complotado con otros cuatro individuos que pretendían conservar el dominio español, "Liniers ha sido arcabuceado".


Sin duda, su figura, aun respetada, en una guerra que comenzó siendo civil, atemorizó a aquellos que lo enfrentaban por su influencia y sus ideas, en un mundo donde la revolución francesa había "educado" a los revolucionarios, la figura paternalista y conservadora de Liniers amenazaba los proyectos de los mas comprometidos, en la política...y en los negocios.

saludos!!

fuente:

http://www.lanacion.com.ar/1450423-dos-muertes-injustas-liniers-y-alzaga

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Re: Página Histórica de Hoy

el Vie 28 Ago 2015 - 18:47
dia 28 de agosto (1821)

creación del Archivo General


El Archivo General de la Nación (AGN)  es una dependencia del Ministerio del Interior de la Argentina, con sede en Buenos Aires. Fue fundado el 28 de agosto de 1821 como Archivo de la Provincia de Buenos Aires, durante la gestión de Martín Rodríguez como gobernador de esa provincia. En 1957 se incorporaron a sus colecciones los materiales del Archivo Gráfico de la Nación, que había sido constituido en 1939.

El Archivo General de la Nación Argentina tiene como fin reunir, ordenar y conservar la documentación que la ley le confía para difundir el conocimiento de las fuentes. Es uno de los más importantes de América Latina, tanto en lo que respecta a documentos escritos, como sonoros y visuales.

El AGN alberga numerosas colecciones documentales escritas, visuales y sonoras que se remontan a la época colonial. El fondo documental correspondiente al Virreinato del Río de la Plata es parte del programa Memoria del Mundo de la Unesco.

en :
http://www.carriloboinforma.com.ar/28-de-agosto-creacion-de-el-archivo-general-de-la-nacion-argentina

El Archivo conserva fundamentalmente documentos procedentes del Poder Ejecutivo Nacional, aunque también aloja excepcionalmente piezas producidas por el Poder Judicial y algunas colecciones de origen privado (como, por ejemplo, la biblioteca personal de Juan Domingo Perón). Las colecciones abarcan desde el año 1600 hasta aproximadamente 1970, aunque existen piezas aisladas anteriores y fondos que llegan hasta la actualidad, como los decretos presidenciales. Los fondos documentales ocupan aproximadamente 14000 metros lineales.

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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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Re: Página Histórica de Hoy

el Sáb 29 Ago 2015 - 6:23
Antes que nada ¡Que satisfacción volver verte por aquí bashar!.

Con respecto a Liniers, siempre digo que es difícil entender la historia, principalmente cuando la analizamos desde una perspectiva actual.

Por ejemplo luego de lo ocurrido en Malvinas en el 82, cualquier persona que haya enfrentado a los ingleses y lo venciera se convierte para muchos, me incluyo, en un verdadero héroe.

Liniers no es la excepción, ahora como sabemos el tiempo es dinámico, y no se pensaba lo mismo de él en 1810. Pero ¿Por qué?, ¿quienes lo odiaban?.

Por eso para tratar de comprender estas dudas me gusta leer libros viejos, en lo posible contemporáneos a los hechos. Por suerte hoy con google book, la tecnología del e-book y las largas horas semanales que me paso en el metro para ir al trabajo puedo saciar este vicio.

Además me gusta siempre leer ambas campana, sabemos que por más que digan que un historiador debe ser imparcial, sobre todo es humano y no somos imparciales. Entre los autores que eh leído se encuentra el español Mario Torrente con su obra de tres tomos “Historia de la revolución hispano americana” de 1830, muy crítico a los patriotas y Carlos Calvo, que nació en Uruguay pero vivió la mayor parte de su vida en la Argentina, con su obra “Anales históricos de la Revolución de América latina” editada en 1867 de 5 tomos y como se imaginarán muy crítico de los españoles.

Quiero aclarar que este comentario es lo que yo pienso y puede estar muy lejos de la verdad.

¿Quiénes querían verlo muerto?

Como sabemos La junta de 1810 la componían siete miembros y dos secretarios; entre sus miembros dos, Domingo Mateu y Juan Larrea eran Españoles; Mateu, nació en la ciudad de Barcelona y Larrea en una ciudad costera muy cerca de Barcelona denominada Mataro (en esta población existe una calle de solo dos cuadra de largo denominada Joan Larrea).

Según la tradición oral y el testimonio de algunos patriotas la resolución del fusilamiento fue de 4 a favor y 3 en contra. Optaron por el fusilamiento Juan José Castelli, Miguel Azcuenaga,  Domingo Mateu y Juan Larrea. Oponiéndose Belgrano, Saavedra y Alberti.

Como puede ver los dos españoles votaron su fusilamiento y los patriotas estaban divididos casi iguales, tengamos en cuenta que Alberti era sacerdote y nunca señalaría el fusilamiento de nadie.

Esto nos sirve de referencia para comprender que Liniers, no era apreciado por los españoles, y su popularidad estaba dividida entre los patriotas. Siempre aparece Castelli como el culpable de esta aberración pero, como vemos, existía muchas más personas que lo prefería muerto.  

¿Por qué no lo querían los españoles luego del triunfo frente a los ingleses?

Recordemos que en 1807 Liniers comete el error de salir con milicias a enfrentar a los ingleses en campo abierto, las tropas profesionales británicas lo vencieron rápidamente y deprimido Liniers se retira ofreciendo la capitulación. Entonces es cuando aparece el alcalde de Buenos Aires Martín Alzaga, que en tres días con la ayuda de oficiales profesionales españoles organiza la defensa en espera de las tropas británicas, los oficiales sabía que el ánimo de sus unidades estaban bajo y solo la presencia de Liniers podía subirla, por lo tanto lo buscan y el francés nuevamente asume el mando y ya sabemos el resultado del combate.

Pero Alzaga era una persona ambiciosa, sin límite y quería llegar a ser Virrey; se ve decepcionado cuando el pueblo elige a Liniers en este puesto. Podemos decir que aquí comienza la división del apoyo entre los españoles.

Llega 1808, en España Carlos IV abdica a favor de su hijo Fernando VII, el gobernador de Montevideo general Francisco Javier Elío a principio de agosto jura fidelidad a su nuevo rey y pide que Liniers haga lo mismo, pero en esos días Fernando VII junto a su padre son tomados prisioneros por Napoleón y este nombra a su hermano como rey; enviando a las colonias emisarios para que lo reconozca.

En casi todos los territorios de la América española estos hombres fueron tomados prisioneros, tratados como enemigos, la excepción fue Buenos Aires, Liniers primero lo recibió en público y rechazó todos los pedidos, pero días más tarde lo volvió a recibir en privado, luego le da una custodia y permite que se reembarque para que vuelva a España,  lo que encendió los rumores de traición en su contra. A continuación, lanzó una proclama incitando al Virreinato a permanecer neutral en la guerra de independencia española que acababa de estallar.

Esto fue una escusa para que Martin Alzaga, con el apoyo del gobernador Elio organizara un golpe de estado el 1º de enero de 1809, golpe que fracaso gracias al apoyo militar que obtuvo Liniers del regimiento Patricio al mando de Saavedra. Como consecuencia de esto muchos españoles fueron prisioneros y se disolvió todas las unidades militares cuyos miembros eran originarios de la península hispana.

Los desmantelamiento de las unidades provoca el aumento del descontento, la creencia de traición y pierde toda la popularidad de parte de los habitantes españoles.

Luego llega Cisneros para sustituirlo como virrey con orden de embarcarlo para España, Liniers lo convence que le deje en América y le promete ir a Mendoza pero se retira a Córdoba.

Llega la revolución el derrocado Virrey le pide apoyo, Santiago de Liniers trata de armar un ejército en oposición a este movimiento pero sus unidades lo abandonan, es aquí donde su popularidad entre los patriota se divide.

Luego el fusilamiento, y en este punto ambos historiadores difieren del porque esta terrible decisión, Torrente aprovecha por tratar de incivilizado, salvaje y desagradecidos a los patriotas, el escritor español olvida el apoyo que obtuvo la junta de los miembros originario de ese país, mientras Calvo lo resume en una palabra “Miedo”.

Miedo de que una vez en prisión, la opinión del pueblo llevase a querer liberarlo, no olvidemos que en aquel alzamiento de 1809 fue Saavedra quien comando las unidades de patricios que se formaron en la plaza frente a las unidades españolas para defender al Virrey, el mismo Saavedra que botó en contra de fusilarlo y que era el presidente de la junta.

Sumemos a todo su origen Francés, en esa época, por estos lados nadie los querían, nos encontramos que en aquellos días de agosto de 1810 lamentablemente era más los que preferían muerto a Liniers que lo que lo querían con vida.

Un abrazo Ricardo.

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
José Manuel Estrada
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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 30 Ago 2015 - 0:08
dia29 de Agosto (1867)

El coronel Felipe Varela invade la provincia de Salta y derrota al coronel Pedro José Frías en el Rincón de Amaicha.

Segunda invasión de Felipe Varela
Varela no cuenta con el menor apoyo de Bolivia. Pero no se declara vencido. Aunque Dolores Díaz, la Tigra, no está con él, hay otros compañeros y compañeras en lucha. “Iban ya doce días que se mantenían con carne de asnos, y comenzaban ya a comerse una que otra mula que quedaba, cuando resolví abandonar esas regiones e irme sobre los enemigos en dirección a Salta. Así lo verifiqué, en efecto, marchando hacia los Molinos, donde me aguardaba una columna enemiga de 700 hombres de las dos armas, al mando del coronel Don José Frías.
Batalla de la Cuesta de Tacuil
“Mis soldados marchaban la mayor parte a pies o en burros, porque todas las caballadas del ejército habían perecido, como se ha dicho. Sin embargo, eligiendo lo mejor de la tropa, desplegué mi vanguardia compuesta de 250 hombres de las dos armas, al mando del coronel Don Sebastián Elizondo, en busca del enemigo.
“El 29 de agosto de 1867, avistaron mis soldados la columna de Frías en la Cuesta de Tacuil (Molinos), y a pesar de su doble número, cargaron sobre ella, exasperados por la larga serie de sufrimientos que habían pasado. Su excesiva intrepidez, su descomunal arrojo los llevó por el camino de la gloria, pues el enemigo fue completamente batido por ese puñado de valientes, no pudiendo hacer una persecución larga a los derrotados por hallarse de a pies.
“Esa acción fue para mi demasiado fecunda, no sólo por la grande influencia moral que daba a mis soldados de esas provincias, sino porque se consiguieron tomar algunos recursos de guerra al enemigo que aliviaron en mucho mi situación.
“Recibido que fue por mí, el parte de esta gloriosa jornada, continué con toda la columna mi marcha hacia Salta, con la resolución de apoderarme a toda costa de mi plaza”, decía Varela.
Desmoralizadas las tropas salteñas abandonaron todo intento de hostilidad. En la capital se organizó una resistencia, pero a pesar del heroísmo de sus defensores cedió la plaza al invasor, el 10 de octubre de 1867, desde entonces se canta en Salta esta “chilena”.

En las calles de Salta
se oyen los ayes,
porque Don Peque Frías
vendió los Valles.
¿Qué había ocurrido mientras tanto con el resto de los jefes montoneros? El 11 de setiembre de 1867, desde Valparaíso, Mariano de Sarratea le escribía al vicepresidente Paz: “…Olascoaga, Videla, Saá, y demás asilados argentinos traman una nueva invasión desde esta República a Mendoza y por lo que sabemos de sus planes y recursos si llega a efectuarse ha de ser de bastante consideración. Desde que tuve el primer anuncio, di algunos pasos que produjeron buenos resultados, pues conseguimos comprar a uno de los allegados de confianza de Videla, quien nos comunicó todo lo que hacen, que llega a su conocimiento.
“La derrota de Varela ha venido a desconcertar los planes de aquellos perversos; pero no creo que desistan de ellos, y si por desgracia nuestras armas sufriesen algún contraste en el Paraguay, tengo por seguro que habrían de volver a envolver en sangre y ruina a las provincias vecinas, y entonces temo que el incendio sería muy extenso.
“Medina el segundo jefe de Varela, ha llegado a Copiapó con un arreo de 400 vacas y jactándose de las atrocidades que ha cometido en suelo argentino. Medina fue dado de baja en el ejército de Chile, en el que era capitán, por borracho perdido y estaba en el Huazú de instructor de Guardias Nacionales cuando Varela lo contrató, haciéndole su segundo, con el grado de sargento mayor…”.
Los demás jefes de Varela se preparaban para unirse a los intentos de Varela, según lo advertía el “ilustre” y “honrado” empresario de minas Mariano de Sarratea.
José Posse escribía también a Marcos Paz, el 10 de setiembre de 1867: “Los ejércitos vencedores en San Ignacio y Pozo de Vargas, no pudieron ser licenciados; al contrario hubo necesidad de movilizar otras fuerzas en el norte, puesto que los montoneros de Felipe Varela dominaban la región de los Valles Calchaquies y amagaban el resto de las provincias de Salta y Jujuy. Era esta una guerra interminable, a la que no se le veía fin, todos los ejércitos y los mejores generales fracasaban ante la prodigiosa movilidad del imbatible montonero que se escapa del medio de los ejércitos como una sombra impalpable”.
Felipe Varela toma la ciudad de Salta
El caudillo catamarqueño avanza entonces hacia Salta. La toma de esta ciudad por la montonera de Varela, es uno de los acontecimientos que la historiografía oficial jamás ha “perdonado” al caudillo.
Sin embargo, a esa misma historiografía se le han escapado ciertos datos importantes. Por ejemplo, Atilio Cornejo, en un ensayo honesto, aunque confuso, sostiene: “Es que indudablemente, algunos amigos tenía Varela en Salta. Así resulta, por ejemplo, del sumario instruido por el Ayudante Mayor del Regimiento Nº 10 “Gorriti”, don Marcelino Sierra, por orden de su comandante D. Eugenio Figueroa, en San José de Metán el 2 de octubre de 1867, contra el alférez D. Cirilo Ríos, del que resulta que éste “dio vivas por repetidas ocasiones a Felipe Varela”, afirmando uno de los testigos que Ríos dijo: “Que viva Varela que dentro de treinta días verían lo poco que habían de valer todos, y que él era varelista”.
Varela aclara al respecto: “El día 9 del mismo octubre, a las diez de la mañana, tendí mi línea en los alrededores de la población y allí permanecí todo el día esperando que los del pueblo saliesen a atacarme afuera, a fin de evitar a los vecinos los desastres consiguientes. Pero como ya todo el día había aguardado en vano, al día siguiente (10 de octubre) muy de mañana, pasé al Gobernador de la Provincia la siguiente nota:
“Al Exmo. Señor Gobernador de la Provincia Don Sisto Obejero, Salta Octubre 10 de 1867 – Exmo. Señor: Debiendo a toda costa ocupar militarmente con mi ejército esa plaza, en servicio de la libertad de mi patria, y deseoso de evitar a esa población las desastrosas consecuencias de la guerra, tengo el honor de dirigir a V. E. la presente, con el objeto de manifestarle que, si tiene a bien ordenar en el término de dos horas, la deposición de las armas a sus órdenes, será garantida su persona y la de todos los suyos previniéndole que, en caso contrario, hago a V. E. responsable ante Dios y la Patria de los perjuicios consiguientes y de la sangre que se derrame en los momentos del combate. – Dios guarde a V. E. – Felipe Varela.
Antonio Esquivel Yañez, Ayudante Secretario en Campaña. Es copia. Esquivel Yañez”.
“Por conductos fidedignos supe que el Gobernador de la Provincia vacila en lo que debiera responderme, cuando se presentó a él el señor Don Nicanor Flores que se titulaba General Boliviano, ofreciendo responder con su vida de mi derrota y de mi cabeza.
“Fue entonces que recibí respuesta verbal del Jefe de la Plaza de Salta, diciéndome que, si yo tenía soldados, también los tenía él y cañones para defenderse. Llegado a mi conocimiento este mensaje impolítico, ordené en el acto batir marcha de ataque sobre la plaza. Y después de dos horas y media de un vivísimo fuego, quedó definido el combate por los míos, quedando yo dueño del campo. Como no pude permanecer en la Ciudad por más de una hora, porque se echaba sobre mí el general Navarro con una columna de dos mil quinientos hombres, en aquellos momentos, de agitación y de desorden en que mi ejército estaba algo desorganizado, no me fue posible saber a punto fijo el número de muertos en el combate, pero noté en mi columna al día siguiente una pérdida como de cincuenta individuos de tropa (…). Verdad es que yo tomé algunos pertrechos de guerra de artillería con que se defendieron en la plaza los 700 hombres que la guarnecían, algunos carros de munición para esta arma, y unos pocos vestuarios para la tropa”.
Después de la toma de Salta Varela continúa su marcha libertadora, que se hace, lamentablemente, cada vez más penosa.
Toma de Jujuy
El 13 de octubre de 1867 entra en Jujuy. Toma la ciudad. La recepción popular es tan emocionante como la de Salta una vez que la oligarquía es derrotada. Todos los antivarelistas han huido a los montes. No hay prácticamente combate.
El 17 el caudillo se retira de Jujuy. El 25, Guayama llega a Orán para aprovisionarse. Sus hombres están hambrientos y cansados. Pero no hay hacienda. La división tucumano-mitrista, en saqueo extremo, que es “olvidado” por los historiadores oficiales, se ha alzado con todo lo que allí existía. Tres días después, en Tilcara, los mitristas dispersan a un grupo de paisanos que trataban de plegarse a la montonera de Varela.
El cinco de noviembre, al llegar a Sococha, Varela pide asilo a las autoridades de Tupiza, Bolivia. La decisión es una prueba más de la serenidad del caudillo americano. Comprende claramente, ante la falta de víveres de sus hombres que la lucha ha de convertirse en una mera guerra de recursos. Precisamente es la experiencia adquirida junto al Chacho Peñaloza, la que le impulsa a adoptar tal decisión. Felipe Varela no llevará estérilmente a la muerte a sus hombres.
Es por eso que resuelve asilarse. El gobierno no pierde tiempo. Inicia los pasos tendientes a lograr la extradición del jefe revolucionario. Lo acusa de haber “saqueado Salta”, y trata de lograr, por lo menos, que se desarme a sus hombres y se remita al jefe.
Pero no logra ni lo uno ni lo otro. No se trata de un mérito de la cancillería de Melgarejo. Es por el contrario, el resultado del esfuerzo de la honradez de la montonera, que no se ha apoderado ni de alhajas ni de dinero –como acusan los calumniadores- y que sólo tiene en su poder tacuaras y cuchillos de monte.
El mitrismo respira. Varela en Bolivia equivale a Varela en la lejanía. El 8 de noviembre de aquel año, Santiago Alvarado, gobernador de Jujuy, quien había “observado” la toma de la ciudad desde sus afueras, le escribe a Bartolomé Mitre: “…Informado V. E. de la dura prueba por las que ha pasado esta provincia con motivo de la desastrosa invasión de Felipe Varela y sus hombres, que cual ejército de vándalos en completa desmoralización y sin elementos de guerra, se han enseñoreado en estas provincias teniendo a sus frentes las poderosas armas nacionales que por una aberración incomprensible fueron impotentes para destruirlo de un solo golpe no extrañará que ahora vaya yo a llamar su atención sobre el peligro que nos amenaza de una nueva invasión a esta provincia de la montonera refugiada en el sur de Bolivia, y de la parte que se ha recostado hacia Antofagasta. La conducta negligente de los jefes nacionales que han operado contra las hordas que devastaron estas provincias en la última campaña, no permite esperar que en una invasión tolerada y quizá protegida por el Presidente de Bolivia, pudiéramos salvar a favor del poder de que disponen esos jefes. La provincia tiene que atenerse y bastarse a si misma, fiada en el ardor y patriotismo de sus hijos, y en el apoyo directo que pueda recibir del Gobierno Nacional, por el auxilio de armas y recursos necesarios que les proporcione”.
El mitrismo provinciano, con su conciencia culpable, temía a Varela. Imploraba armas y dinero a sus amos porteñistas, porque sabía, precisamente, que el pueblo lo abandonaría, para plegarse a las filas patrióticas del caudillo de la Unión Americana.
La “barbarie” revolucionaria, con las vinchas y las tacuaras, hacía temblar una vez más, con su aliento de patria, a la “civilización de la libra”.

en:

www.revisionistas.com.ar



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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 30 Ago 2015 - 0:33
hola Quequén!

Recordá muy bien del otro fusilado de aquel periodo turbulento: Alzaga:


¿Por qué era tan peligroso, para la Junta, un comerciante rico, y nada más? Dice Enrique de Gandía en su "Estudio Preliminar" para el libro "Rosas y la desorganización nacional" de Tomás de Iriarte: "Alzaga fue, en esta parte de América, uno de los políticos de ideas más avanzadas. Lejos del despotismo, cerca de los revolucionarios franceses y los norteamericanos. Es conocida su amistad inicial con Mariano Moreno, cuyas ideas liberales nadie ignora. En segundo término, mantuvo relaciones con gran cantidad de criollos, muchos pertenecientes al cuerpo de Patricios, como su defensor José Domingo de Urien, y todos enemigos del absolutismo napoleónico. En tercer término: fue notoria su tentativa de crear una Junta de Gobierno en Buenos Aires, el 1 de enero de 1809, que debía emanar del pueblo, sobre los principios de los derechos naturales del hombre. Cuarto: consta en el proceso de la Independencia, estudiado primero por Mitre y luego por Levene, que Alzaga se expresó en muchas oportunidades contra el yugo del gobierno español sobre estas regiones. Quinto: sabemos, por el mismo proceso, que los amigos íntimos de Alzaga, como el catalán Felipe Sentenach, jefe del regimiento de artillería La Unión, creado y costeado por Alzaga, eran admiradores de los Estados Unidos. (tal como lo era otro gran perseguido: Artigas)[/b] Sentenach explicaba que, expulsados los ingleses en 1807, y siendo ellos los amos, harían lo que les pareciese, al modo de las Provincias Unidas del Norte de América. El grupo de Alzaga tomaba como modelo a los Estados Unidos, y de allí que utilizara una expresión similar, que perduró en el antiguo nombre de nuestro país: Provincias Unidas del Río de la Plata. Sexto: Alzaga era apodado "Robespierre" por sus enemigos, quienes lo acusaban de sostener las ideas más extremas de la Revolución Francesa".

Luego de estos puntos, el Sr. Gandía se interna más aún en el tema de vascos y catalanes como extrahispánicos. Señala, por ejemplo, que la Sociedad Vascongada de Amigos del País, fundada en 1765, tuvo hasta comienzos del siglo XIX una influencia liberal y francófila extraordinaria, tanto en España como entre los vascos diseminados por el mundo. En Guipúzcoa sola se habían editado más libros revolucionarios franceses que en el resto de España. Además, distintos testimonios en el proceso de la Independencia presentan a Alzaga como organizador de la independencia política, de la separación de España y de la constitución de una nueva nación.

Las provincias vascas no eran exactamente España, a fines del siglo XVIII y principios del XIX. No era lo mismo, entonces, el Sr. Alzaga que otros españoles. Ningún vasco renunciaba, ni podía renunciar, a sus fueros. Tenían tribunales especiales para sus cuestiones civiles y criminales. España vivió un régimen de gobierno plurinacional hasta la total abolición de los fueros por las Cortes Españolas, el 21 de julio de 1876. El fuero reformado de 1526, por ejemplo, libraba a los vascos de todo género de tributos e imposiciones. Sólo debían prestar servicio militar en Vizcaya y cuando ello fuese necesario a la defensa del señorío.

En el año 1800, el imperio español hace implosión, los franceses se convierten en amos del continente por medio de Napoleón, los ingleses imperan en los océanos a la pesca de colonias e islas desprotegidas. El asunto vasco-catalán, introducido por Enrique de Gandía, nos deja estupefactos. No porque creamos que ese tema no existe, sino porque nunca se lo mencionó en el contexto (y en la época) de la Revolución de Mayo. Todos los libros de Historia dicen que Alzaga fue fusilado por traidor, por haber intentado sustituir a las personas del gobierno por otras de su confianza, haber preparado la muerte de incontables funcionarios, y planeado la expatriación o la prisión de los criollos, mestizos, mulatos, indios y negros de Buenos Aires. Esto es lo que dijo "La Gaceta" de nuestra ciudad -dice Gandía- cuando tuvo que explicar al pueblo su ejecución. "Esta leyenda -sigue diciendo- comenzó a circular en Buenos Aires en enero de 1809". Nació del odio de Liniers y otros personajes contra Alzaga, después de su intento de crear una junta popular de gobierno e independizar estas regiones.

Aquella versión fue penetrando en el pueblo como una verdad y una amenaza.Y aquí viene la acusación final de Gandía: "Hasta que un loco, en los terrores persecutorios de su enfermedad, la creyó cierta. Dos años antes, la Junta había hecho fusilar rápidamente a Liniers y a sus compañeros". Seguimos con todo respeto la exposición de Gandía, pero nos preguntamos: si Liniers sólo pensaba en las minas de Famatina.¿En qué lo acompañaban sus compañeros? Sigue el historiador: "La misma decisión, con hombres aún más ejecutivos, se impuso en 1812. Juan Martín de Pueyrredón se indignó contra estas matanzas, que calificó de crímenes, y presentó su renuncia a Rivadavia. Pero la política de Chiclana y la efervescencia del pueblo, que nada sabía, lo obligaron a callar y a seguir firmando sentencias de muerte". Conclusión final: "La muerte de Alzaga y sus cuarenta compañeros fue el error judicial más fantástico de la historia de América".

Así pues: Liniers odiaba a Alzaga por ser demasiado progresista. Alzaga detestaba a Liniers por ser demasiado militar. Buenos Aires los fusiló a los dos, que habían sido líderes populares de la Reconquista en 1806 y 1807. A uno por vasco y al otro por monárquico. Más que injusto, esto resulta inexplicable.

Entre otros detalles trágicos: el fin del dominio español significaría, para Liniers, la extinción de su propio negocio de la plata de Famatina, que apenas comenzaba. ¡Sí, Famatina! Ya lo tenía en la mano y encerraba un futuro fabuloso. Alzaga, junto a sus amigos vascos y catalanes (entre ellos don Felipe Sentenach) anhelaba el modelo americano de comercio liberal, y poco o nada sentía por España. Sin embargo, se lo tildó de conspirador español y anti-criollo. Pero meditemos este punto: en caso de que Alzaga procediera a expatriar a todos los nativos, indios, negros y mulatos, en la Argentina de entonces no habría quedado nadie.


Si alzaga hubiera llegado al poder, quizá hubiera confluluido con artigas en la formación de un estado auténticamente federal,  descentralizado y sostenido por estados autónomos, como los que aspiraron a ël y Artigas... quien sabe, pero por algo a ambos  la elite mercatil porteña los persiguió, a uno lo asesinó y al otro lo expatrió...

Alzaga fue odiado, envidiado y sentenciado por su condición de hombre rico, soberbio y capaz. En el contexto de una pugna en la que los criollos (nativos de este parte del mundo) sacaban del medio a todos los españoles "nacidos allá". Alzaga, aunque vasco, era de allá. Es decir: tan extranjero como Liniers. De cualquier modo, en el fondo de todas las historias hay siempre una lucha por el poder, el dinero y el territorio, que son la misma cosa.

saludos

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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 30 Ago 2015 - 18:39
dia 30 de agosto (!870)

Pasa a la posteridad el General Roman  Antonio Deheza


Román Antonio Deheza fue un militar que gobernó de Santiago del Estero desde el 15 de octubre de 1830 al 18 de abril de 1831.


Nació en Córdoba, en ese entonces Virreinato del Río de la Plata, en 1791 y falleció en Valparaíso, Chile, en 1870. Como militar participó en las guerras de la independencia (campañas de Chile y de Perú), en la Guerra del Brasil y en las guerras civiles argentinas de los años 1829 a 1831.


En 1830 fue enviado por el General José María Paz a sostener el gobierno de Santiago del Estero, el 15 de octubre de ese año la Legislatura lo elige gobernador. Pocos días después se aprueba un empréstito forzoso y otras normas similares destinadas a solventar el ejército unitario de Córdoba; en noviembre se aprueba una suba de aranceles aduaneros.
Mientras tanto era inminente un ataque de las montoneras, el 24 de noviembre de 1830 Juan Felipe Ibarra y La Torre toman la ciudad e hicieron elegir gobernador provisorio a Don Santiago de Palacio.
Paz reaccionó mandando nuevos contingentes; Ibarra y La Torre abandonan la ciudad por lo que el 13 de enero de 1831 Deheza toma nuevamente el gobierno.


Deheza no pudo cumplir con los reclamos de Paz ya que, según sus palabras, le era imposible enviar un contingente santiagueño para el ejército sin sufrir numerosas deserciones ya que “los diez años de dictadura Ibarrista mantuvieron a la población en la ignorancia”. Tampoco podría enviar una contribución económica porque los fondos recaudados se utilizaron para “pagar a la tropa”.


Cuando los Voluntarios Santiagueños, pertenecientes al ejército confederado del General Estanislao López, se acercaron por el sur hacia la capital en medio de adhesiones de las clases populares de la zona rural, y el ejército de López se dirigía a Córdoba, Deheza decidió auxiliar al General Paz y dejó frente al gobierno al Coronel Francisco Gama.
Las fuerzas montoneras de los capitanes Simón Luna, José Santos Coronel, Juan José Díaz y Juan F. Herrera se lanzaron nuevamente sobre la capital, sucesos acaecidos entre abril y mayo de ese mismo año. Convocado un cabildo abierto el 19 de abril de 1831 se eligió como gobernador provisorio nuevamente a Santiago de Palacio.
El 10 de Mayo de 1831 el General Paz cayó prisionero del General López y se disolvió la Liga Unitaria.
Ibarra demandó a Tucumán y Salta que no interfirieran con la autonomía santiagueña.


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Re: Página Histórica de Hoy

el Dom 30 Ago 2015 - 20:24
Que cantidad de info compañeros, que placer!
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Guau!!

el Lun 31 Ago 2015 - 10:38
bashar escribió:...De cualquier modo, en el fondo de todas las historias hay siempre una lucha por el poder, el dinero y el territorio, que son la misma cosa.

saludos[/b]

Así es, "cherchez l'argent", no "la femme"... Excelentes puntos, Bashar!

Dentro de este contexto, es importante mencionar la ideas del Gral. Paz, que siempre opinó a favor de "un país de ´farmers´ (granjeros)", al estilo EEUU. Y que no era 100% unitario...

Saludos,

José Luis


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Re: Página Histórica de Hoy

el Lun 31 Ago 2015 - 11:17
sumémosle muchachos la extraña muerte de Moreno... el mas revolucionario de todos, quizá dejando de lado a Castelli y a un jovencísimo Monteagudo.   Suspect


Última edición por bashar el Lun 31 Ago 2015 - 11:42, editado 1 vez

_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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Re: Página Histórica de Hoy

el Lun 31 Ago 2015 - 11:22
Notable lo suyo bashar, le presento mis respetos y agradecimientos.

Saludos
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Re: Página Histórica de Hoy

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