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  Página Histórica de Hoy

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bashar
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 10 Ene 2016 - 14:04

dia 21 de diciembre (1631)

Pasa a la posteridad Hernado Arias de Saavedra "Hernandarias"


Nacido en 1561 y fallecido en 1634, Hernando Arias de Saavedra, conocido tambien como Hernandarias, fue un criollo descendiente de colonizadores españoles nacido en la ciudad de Asunción, actual capital del Paraguay.

Fue designado por la corona española como Gobernador del área colonial Río de la Plata; habiendo sido el primer nativo de América que fue designado para ese cargo, que ocupó por tres períodos, entre 1597 y 1599, entre 1602 y 1609, y entre 1615 y 1618.

Hernandarias se dedicó en forma intensa a explorar los territorios comprendidos en su jurisdicción, en particular las planicies situadas al sur del Paraguay, en la mesopotamia de los ríos Paraná y Uruguay. Entre 1607 y 1608, habiendo cruzado el río Uruguay al frente de una expedición compuesta de un centenar de personas, recorrió la costa de ese río hasta llegar al Río de la Plata, y bordeando las costas de este último alcanzó, el 13 de diciembre de 1607, la desembocadura del río que llamó de Santa Lucía, nombre con que se le designa actualmente.

Luego de recorrer el territorio actual del Uruguay durante unos seis meses, se dirigió a Buenos Aires, desde donde comunicó al Rey de España las observaciones que efectuara; describiendo las tierras al este del río Uruguay como muy buenas, y recomendando que fueran pobladas con ganados con lo que, consideraba, en pocos años prosperarían abundantemente.

Siguiendo la recomendación que remitiera al Rey, pocos años después Hernandarias volvió a viajar a la “Banda oriental” transportando una importante tropa de ganado vacuno, que liberó en su territorio, con lo cual se dió origen a lo que constituyó una gran riqueza ganadera; cuya explotación fue una de las razones determinantes de los importantes procesos históricos que culminaron en la efectiva colonización del territorio uruguayo, que había quedado despoblado por parte de los españoles.

La abundancia del ganado vacuno, que se reprodujo ampliamente debido a las condiciones favorables de las pasturas del territorio, atrajo por el norte las incursiones de los portugueses desde el Brasil, así como el establecimiento furtivo de campamentos de faeneros, dedicadas a obtener el cuero, que era inicialmente el único producto aprovechado de ese ganado. También determinó que los portugueses fundaran posteriormente la Colonia del Sacramento, y que el gobierno español decidiera fundar Montevideo.



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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
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TheLastHuman

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 10 Ene 2016 - 21:03

Se podria decir que indirectamente Hernandarias sento las bases del surgimiento de Uruguay?
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bashar
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 10 Ene 2016 - 22:47

TheLastHuman escribió:
Se podria decir que indirectamente Hernandarias sento las bases del surgimiento de Uruguay?

Es considerado según tengo entendido, como padre de la Ganadería Uruguaya... ahora muchos investigadores no le quieren dar el mérito porque ya para esas fechas había ganado vacuno suelto al norte del río Negro y provenía de las Estancias Jesuitas a orillas del Uruguay... de hecho el problema con los portugueses del Brasil -aparte de los saqueos que los bandeirantes comenzaban ha principiar en las misiones del Guayrá era que penetraban por Santa Catarina y faenaban cuero de las Vaquerías, lo que llevaba a confrontaciones con los Guaraníes y mestizos libres que cmenzaban a pulular en la Banda oriental... Al menos Hernandarias se comportó como un explorador de la regíon y un incorruptible de la política de aquel momento, donde todos los gobernadores españoles -exepto él- estaban fuertemente ligados al contrabando... por ese tema termino preso y se ganó el respeto de medio vecinaje de Santa Fe y Buenos Aires... y el odio de la otra mitad... Rolling Eyes

saludos

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bashar
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 2 Feb 2016 - 17:29

dia 2 de febrero (1536)

Primera fundación de Buenos Aires


Según la versión oficial la primera expedición que llegó al Río de la Plata fue la de Juan Díaz de Solís en enero en 1516, que desembarcó en las costas de Uruguay. Luego de esta instalación, Solís es atacado y muerto por los indios de la zona. Fue devorado por antropófagos según cuentan cronistas. Sobrevivió al ataque el grumete Francisco del Puerto quien fue tomado como prisionero. La tripulación de Solís que aguardaba en la flota en mar abierto intentó regresar a España cuando se enteraron de la masacre pero naufragaron en el golfo de Santa Catalina, lugar donde eran frecuentes las tempestades.

Algunos de los sobrevivientes del naufragio fueron recibidos por los guaraníes estableciéndose en Los Patos, Alejo García entre ellos. Permanecieron en ese lugar durante varios años aprendiendo la lengua y las costumbres locales. Además escuchaban las profecías milenaristas de los chamanes indígenas que hablaban de la existencia de una Tierra sin Mal, que los pobladores debían alcanzar para librarse de la muerte y de otro tipo de sufrimiento, se hallaba en el imperio Inca que los españoles recién descubrieron en 1532 y se mezclaba con el reino del Rey Blanco donde se ubicaba la sierra del Plata. García con el deseo de descubrir esa comarca reclutó un ejército de indios y los condujo más allá de las Cataratas del Iguazú y el río Paraguay, pasando los límites del Chaco. Encontraron un depósito de objetos de oro y plata. Al regresar, muere García en una escaramuza, los sobrevivientes llegaron a la costa de Santa Catalina en 1526 donde encontraron a dos compañeros de García a quienes les narraron los descubrimientos y le mostraron el botín que anunciaba las riquezas de la zona.

El relato con el descubrimiento de García llegó a la costa del Brasil, a los oídos del navegante veneciano Sebastián Caboto, en ese momento en ruta hacia las Molucas, y con su flota fondeada en Pernambuco. Al oír las aventuras de García cambia su proyecto y decide dirigirse a la comarca de las riquezas. Ancló en el cabo de Santa María (actualmente Punta del Este) donde hizo construir una embarcación que pudiera navegar el Mar Dulce. Recibió la visita del ahora experto en lengua guaraní y conocedor de la región, Francisco del Puerto quien se ofrece a conducirlos.

Cuatro años más tarde, la flota de Hernando de Magallanes costea el litoral de la actual provincia de Buenos Aires y descubre el estrecho de Todos los Santos el 21 de octubre de 1520. Pero recién, en junio de 1527, Sebastián Caboto, se interna en el Río Paraná y funda el Fuerte Sancti Spiritu; luego regresa en 1530 a España, llevando consigo la leyenda de "La sierra de Plata y las tierras del Rey Blanco". Esta leyenda fue la que indujo a Carlos I a financiar la expedición ultramarina de Pedro de Mendoza en 1536.7 4 Antes que Solís arribaron Vicente Yáñez Pinzón y Américo Vespucio y el propio Solís hizo un arribo previo a esta zona en 1512 dándole el nombre de Mar Dulce a la zona creyendo que comunicaba con el Pacífico que en 1513 descubrió Balboa.

Pedro de Mendoza fue nombrado el 22 de agosto de 1534 Primer Adelantado, Gobernador y Capitán General, por decreto del rey Carlos I de España. Mendoza había ocupado cargos en la corte real de Carlos I y participó en varias campañas militares en Italia y Alemania, siendo parte del saqueo (Saco de Roma) el 6 de mayo de 1527. A pesar de sufrir de "mal de Nápoles", partió el 24 de agosto de 1535 desde Sanlúcar de Barrameda, con el encargo de fundar al menos cuatro ciudades. Su expedición estaba integrada por más de mil doscientos hombres trasladados por catorce navíos, además de caballos y vacas que al escapar y reproducirse formaron las primeras manadas, alcanzando para la llegada de Juan de Garay, miles de animales. Los hombres fueron fáciles de reclutar puesto que Hernando Pizarro había exhibido en Sevilla el oro de los Incas que trajo del Perú, además Carlos V autorizó a trasladar doscientos esclavos provenientes de la isla de Cabo Verde o de la costa de Guinea para poblar la región. Los conquistadores Hernando de Jerez y Juan Núñez recibieron idéntica autorización.8 En total había 2500 españoles y 150 extranjeros –portugueses, alemanes, flamencos y holandeses- que se embarcaron en un navío arrendado por Sebastián Neithard y Jacobo Welser, éste último miembro de una familia de banqueros de Augsburgo. Entre los viajeros había una veintena de nobles con título, dos o tres caballeros de una orden militar y algunos capitanes de los tercios de Italia, hijos de familias nobles, y algunas mujeres: María Davila, amante de Mendoza, Catalina Pérez, que se embarcó en Tenerife, Islas Canarias, Elvira Pineda, Mari Sánchez y Catalina Vadillo. Además de catorce monjes- jerónimos y religiosos de la orden de la Merced, un médico, Hernando de Zamora y el hermano de Teresa de Ávila, Rodrigo de Cepeda que perdiera la vida poco después en el Paraguay.9 Esta cifra de pasajeros no está confirmada por todos los historiadores, unos hablan de 1500 pasajeros y que una cierta cantidad de nobles acompañaron a Mendoza: 20 hidalgos, 4 alemanes, 4 ingleses, 5 franceses, 4 italianos y 33 portugueses.

Comandada por Mendoza y piloteada por Gonzalo de Acosta, la flota alcanza el río Paraná Guazú en la Epifanía de 1536 donde divisan cerca de 2 mil indígenas charrúas en la orilla, por lo que Mendoza decidió desembarcar en la orilla sur donde realizó la primera fundación de lo que Mendoza llamó Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire, lo cual ocurrió el 2 de febrero de 1536 (o 3 de febrero según otros historiadores) en el borde del río (denominado Riachuelo), y según algunos historiadores su función no era la de convertirse en ciudad, sino que el fuerte fue instalado por motivos estratégicos, para ser utilizado en la defensa de la zona. El fuerte estaba construido en forma precaria, rodeado por un muro de tierra de 150 varas por lado y casi dos metros de alto, y una fosa con una empalizada. En el fuerte había varios ranchos construidos de barro y paja, utilizados como viviendas, y cinco iglesias.11 12 La zona estaba habitada originariamente por aborígenes pampas conocidos como querandíes.

Durante quince días la expedición fue provista de alimentos por los querandíes pero al decimoquinto día dejaron de llevarle provisiones. Cuando Mendoza envió un contingente para reclamar los alimentos fueron atacados por los indígenas en pie de guerra. Mendoza respondió violentamente con trescientos mercenarios lansquenetas y treinta jinetes que cayeron sobre los querandíes; estos arrojaron sobre los españoles una lluvia de flechas y lanzaron piedras atadas con cuerdas hechas con tripas que hicieron caer a los caballos (esta arma arrojadiza se incorporó a la cultura gauchesca con el nombre de "boleadoras"). La mitad de los hombres es diezmada y a esta zona se la empezó a conocer como La Matanza. Más precisamente ocurrió en el lugar donde ahora se encuentra el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

Con el correr del tiempo las enfermedades, los ataques indígenas, las peleas internas y la imposibilidad de obtener una cantidad considerable de víveres, redujeron significativamente la población. En mayo de 1536, o abril de 1537, según otros autores, Mendoza envió a Juan de Ayolas hacia el norte, bordeando las costas del Río Paraná, con la misión de obtener víveres para el fuerte. Al morir Ayolas, la tarea quedó a cargo de Domingo Martínez de Irala, quién se dirigió al fuerte de Asunción.

Por otro lado los indígenas buscaron la forma de echar a los extranjeros. Cuatro tribus rodearon el campamento e incendiaron los techos de las casas. Únicamente se salvó la de Pedro de Mendoza porque estaba hecha de tejas; además quemaron cuatro barcos que fondeaban en las cercanías. La población se defendió a los cañonazos, los que hicieron retroceder a los indios, pero el fuerte debió ser abandonado y la gente se refugió en las naves.

Isabel de Guevara escribió una carta explicando la situación, describiendo como se ocupaba de los hombres cansados, curándoles las heridas, lavando la ropa, cocinando como se podía, turnándose las mujeres como centinelas, armando las ballestas y exhortando a los soldados a recorrer el campo.

Mendoza había partido rumbo a la isla de Lobos, a la altura de Punta del Este con una expedición que finalmente se amotinó y dejó en tierra a sus leales pero el agravamiento de la sífilis que sufría lo paralizó a medias y debió volver al campamento. Posteriormente dejó la expedición en manos de Irala y volvió a España en abril de 1537 llevando todos sus bienes consigo, muriendo en viaje a la altura de Brasil.

La noticia del fallecimiento del adelantado la da el conquistador Gonzalo de Mendoza que arribó con tres naves con marinos de la expedición de Caboto y ex desertores que permanecían en Santa Catalina. Algunos conocían la zona, dominaban el guaraní y eran acompañados por indios con sus mujeres e hijos. Al conocerse la noticia de la desaparición de Pedro de Mendoza se abre una crisis por la sucesión del mismo. Irala, -que sostiene que Ayolas le dejó el mando antes de desparecer en el bosque-, Ruiz Galán quien, basándose en la confianza que le testimoniara Mendoza, se convierte de hecho en gobernador. Trató de mantener el orden en el campo donde reinaba el hambre, ordenó cortar la oreja de un hombre que fue sorprendido intentando robar una lechuga y de otro que se robó un rábano. Los numerosos jaguares y leopardos obligaban a los conquistadores a hacer sus necesidades fuera de la empalizada acompañados por hombres armados.

El cronista Ruy Díaz de Guzmán relató la vida de las primeras generaciones de los conquistadores del Río de la Plata. "Todo sirve de alimento: sapos, culebras, carroña y la misma carne humana. Dos personas a escondidas recortan jirones de carne de un colgado a quien ejecutaron por robar un caballo y se los comen." Este hecho sirvió de inspiración para que Luis Miranda de Villafañe escribiera un poema comparando la tierra del Río de la Plata con la de una viuda que asesina a sus maridos españoles y necesita un esposo fuerte y animoso.


Las cosas que allí se vieron, no se han visto en escritura: comer la propia asadura de un hermano Oh! juicio soberano

A finales de 1538 llegó a la zona del Río de la Plata el veedor real Alonso de Cabrera, quien portaba la Real Cédula que designaba al sucesor de Pedro de Mendoza, Juan de Ayolas, quién había muerto durante la expedición. Al dirigirse a Asunción Cabrera designó, en lugar del fallecido Ayolas, a Domingo Martínez de Irala, quien ordenó el abandono y destrucción del fuerte de Buenos Aires: "Por cuanto yo, Domingo Martínez de Irala, teniente de gobernador por el muy magnífico señor Juan de Ayolas, gobernador y capitán general de estas provincias del Río de la Plata, por suma he determinado de llevar la gente que estaba en el puerto de Buenos Aires para la juntar con la que está arriba, en el Paraguay...”. Los habitantes del fuerte finalmente fueron trasladados a Asunción en 1541

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 2 Feb 2016 - 18:14

bashar escribió:
dia 2 de febrero (1536)

Primera fundación de Buenos Aires




Durante quince días la expedición fue provista de alimentos por los querandíes pero al decimoquinto día dejaron de llevarle provisiones. Cuando Mendoza envió un contingente para reclamar los alimentos fueron atacados por los indígenas en pie de guerra. Mendoza respondió violentamente con trescientos mercenarios lansquenetas y treinta jinetes que cayeron sobre los querandíes; estos arrojaron sobre los españoles una lluvia de flechas y lanzaron piedras atadas con cuerdas hechas con tripas que hicieron caer a los caballos (esta arma arrojadiza se incorporó a la cultura gauchesca con el nombre de "boleadoras"). La mitad de los hombres es diezmada y a esta zona se la empezó a conocer como La Matanza. Más precisamente ocurrió en el lugar donde ahora se encuentra el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

Oscar con respecto a este evento dejame completar con el relato de Osorio Funes en su libro Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucuman tomo I capitulo III

.... El mismo año, después de bien calculadas las ventajas territoriales, se echaron por fin los fundamentos de una ciudad, á la que le dieron el nombre de la Santísima Trinidad, y á su puerto el de Santa María de Buenos Aires por la banda austral del rio de la Plata, en un sitio ameno, espacioso, llano y dominante, á los 34° 36' 29" de latitud Sud, 58° 23' 34" de longitud occidental de Greenwich. Tenía aquí su asiento un pueblo de tres mil Querandíes, sin contar sus mujeres y sus hijos, nación inquieta, belicosa y esforzada; que por la costa se extendían hasta el Cabo Blanco, y por el interior hasta la cordillera de Chile; sin tener más estabilidad, que la que exigía una subsistencia precaria, corrían siempre peregrinos, y siempre en medio de su patria. Si se reflexiona sobre los hechos que presenta la historia, no halláremos que los bárbaros de estas regiones mirasen por lo común dios españoles con aquella especie de culto, que en otras partes aprisionaba su valor. Los Querandíes dieron desde los principios una prueba bien decisiva de no tocarles esta vulgar superstición. Aunque por el cebo del rescate manifestaron algunos días una oficiosidad comedida, en breve hicieron ver, que no nacía de una servil condescendencia, de que no podían arrepentirse. Sin más motivo, que su espontánea deliberación, retiraron las subsistencias de que se sostenía la ciudad, y pusieron su asiento á cuatro leguas de distancia. Con palabras de paz y de amistad mandó el Adelantado se les requiriese continuasen un servicio, que ponía en obligación su reconocimiento. Los ejecutores de esta orden, creyendo que era más decoroso mandar que suplicar, tomaron el imperioso tono de una absoluta autoridad. Pero estos indios no pudieron tolerar un lenguaje á que no estaban acostumbrados: maltratando á los comisionados y asaltando la ciudad, no dieron lugar á que se dudase la disposición, que tendrían, de obedecer. Un fuego vivo y sostenido los hizo retroceder á un riachuelo distante media legua, llevando siempre la venganza en el corazón. Desde aquí continuaron sus rápidas hostilidades, hasta llegar á dar muerte á diez soldados españoles de los que salían en busca de forrajes.

Cansada la paciencia del Adelantado, se creyó en la necesidad de vengar tantos insultos, poniendo un freno á la osadía de estos bárbaros. El almirante D. Diego, con otros valerosos capitanes, trescientos hombres de infantería y doce de a caballo, marcharon en busca del enemigo, que en número de tres mil combatientes se hallaban acampados á las márgenes de una laguna, distante como tres leguas de la ciudad. No se intimidaron los indios á la vista de un cuerpo tan respetable; antes bien, aparejados de un militar apresto, rechazaron las proposiciones de paz, y dieron á conocer estaban muy resueltos á sostener el interés público y los derechos de la libertad. Con un género de sosiego, que imitaba mucho al descuido, veían estos bárbaros empeñarse los españoles en el difícil tránsito de un arroyo que dividía los dos campos. No pocos de nuestra infantería lo habían conseguido, cuando sin tener tiempo de formarse, se hallaron atacados con ímpetu y ferocidad. Aunque desordenada la infantería, y muertos los bravos D. Bartolomé de Bracamonte, y Perafan de Rivera, se sostuvo la vanguardia hasta el arribo de la caballería. A este tiempo, envueltos ya los españoles por todas partes, ó interpolados con los indios, la carnicería era recíproca. Por un último esfuerzo de valor, mezclado de desesperación, el capitán D. Juan Manrique, como si desafiase á la muerte, se arrojó espada en mano á lo más cerrado del enemigo; mató muchos, pero fue derribado del caballo. Con no menos denuedo D. Diego de Mendoza vino prontamente en su auxilio, pero no tanto, que impidiese que un bárbaro segase aquella ilustre cabeza. Un furioso bote de lanza tirado por D. Diego le hizo pagar con la vida su arrojada temeridad. Con todo, no pudo lisonjearse mucho tiempo de este golpe tan esforzado, herido el pecho con un funesto tiro de piedra, se vio repetida en su persona la triste escena de Manrique.

A la suerte del almirante acompañó la de otros valientes capitanes y soldados, entre ellos la de Diego Lujan, que arrastrado del caballo, según los historiadores, murió á las orillas de un rio, el que hasta hoy conserva con su nombre la memoria de estas desgracias. No estamos con ellos enteramente de acuerdo su orden á este último suceso. Conviniendo que la muerte de Lujan diese su nombre al lugar de que se trata, pero siguiendo las leyes de la crítica, se nos hace muy dudoso, que por catorce leguas, desde el punto en que se supone la acción hasta la villa de Lujan, pudiese ser arrastrado de su caballo el cuerpo de aquel hombre desgraciado. Sea de esto lo que fuere, de parte de los indios fue mucho mayor el estrago. La proximidad de la noche hizo que abandonasen el campo, y se retirasen con fuga precipitada, dejando muy problemático el honor de la victoria. A la verdad, según la mayor parte de los historiadores, ella fue tal, que puede numerarse entre las que el inmortal Carlos V pedía diese el cielo á sus más crueles enemigos, ) El desprecio de los buenos consejos conduce ordinariamente al precipicio. El almirante desatendió en esta ocasión el que se le había dado de no atravesar el arroyo, sino esperar á pie firme al enemigo. Acaso permitió Dios se obstinase para empezar á purgar la tierra con la sangre de algunos cómplices en la muerte de Osorio. El fin desastroso de los malvados, dice un sabio, es una lección muy importante sobre la cual la historia debe siempre inculcar. Cierto es que no pocas veces se cae en superstición, queriendo interpretar la voluntad del cielo por los sucesos que deben su existencia á causas naturales; pero la muerte de Osorio nos dá derecho para creer que tomó de su cuenta la venganza de esta sangre inocente...


Un abrazo Ricardo

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 2 Feb 2016 - 18:28

Me llama la atención del texto  Ricardo la situación de Lujan... Me explico:

hay una línea de historiadores "Herejes" que consideran que el río Luján  desde el siglo XVI varió su desembocadura por la presión del limo  traído por el Paraná. El Delta varió mucho y taponó en estos 400 años la desembocadura del río y muchos consideran que la flota de Mend0za se internó mucho mas alla de lo que se considera tradicionalmente y que, el riachuelo es en realidad el luján propiamente dicho que con el tiempo se bloqueo con el limo y torció su desembocadura... en cualquier ggogle se puede ver que el río gira muy extrañamente antes de llegar al Paraná.  

Quizá -aunque es imposible aseverarlo- Lujan murió remontando la vera del rio lujan, siendo batido por los querandíes y es acertado su nombre... por lo que La santísima Trinidad no debería estar en la actual plaza Lezama -ala que no le han hecho las debidos análisis arqueológicos- y que el abandonado fuerte este hoy en el subsuelo de algún humedal o country de la zona de Escobar  No

Este tema lo desarrolla Federico Kirbus en su "La primera de las Tres Buenos Aires"

saludos!

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Miér 3 Feb 2016 - 9:24

dia 3 de febrero (1852)

Batalla de Caseros


El Ejercito grande, fuerte de 25.000 hombres, al mando de Urquiza, estaba compuesto por fuerzas brasileras, uruguayas, entrerrianas y correntinas. Participaba Mitre, como oficial oriental y con escarapela extranjera y Sarmiento como boletinero del ejercito, vestido con uniforme francés.

Bartolomé Mitre Mitre se incorpora a las tropas uruguayas del “Ejército Grande”, recomendado por los generales Juan Gregorio de Las Heras y Eugenio Garzón, y siendo aceptado por Urquiza, se incorpora al frente de una batería uruguaya, al mando del coronel Pirán.

La historia oficial mitrista habla del heroico comportamiento de Mitre, que con su acción inclinó la balanza de la batalla al favor del invasor, con prescindencia del general en jefe, Urquiza, a quien de esta forma le resta mérito.

Alfredo de Urquiza, que investigó los hechos no llega a la misma conclusión:

“Vive en Entre Ríos un anciano coronel Espíndola, a quien en otro tiempo le oí decir que en Caseros encontró al comandante Mitre, con su batería, detrás de un monte y que habiéndole preguntado por lo que allí hacia, Mitre le contestó: Estoy economizando sangre” (Alfredo F. de Urquiza. “Campañas de Urquiza. Rectificaciones y ratificaciones históricas. Buenos Aires. 1924) (AGMK.PLA.p.301)

La historia oficial calla el hecho de que fue una invasión extranjera, rechazada por el grueso de la población de la campaña.

“...en la noche del 1° de febrero se pasaron de los aliados al campamento de Santos Lugares como 400 hombres, los cuales fueron recibidos entre las aclamaciones de sus antiguos compañeros. El mismo espíritu de decisión a favor de Rozas mostraba las poblaciones de Buenos Aires, movidas por cierto atavismo encarnado en sentimientos enérgicos, que vivían al calor del esfero común iniciado en la adversidad e incontrastablemente mantenido entre los rudos vaivenes de la lucha. Los que formaban en el ejército creían defender el honor nacional contra un extranjero que invadía la patria. ¿Sería esto pura poesía? Es la poesía del honor, el cual no tiene más que un eco para la conciencia individual. Las gentes de las campañas no veían más que el hecho inaudito de la invasión del imperio del brasil y rodeaban a Rozas en quien personificaban la salvación de la patria.”(Adolfo Saldías, Historia de la Confederación Argentina.t.III.p.345.Eudeba.Bs.As.1978)

El jefe de la división oriental del ejército aliado general Cesar Díaz: “Los habitantes de Luján manifestaban hacia nosotros la misma estudiada indiferencia que los del Pergamino; y a los signos exteriores que con estos habían hecho conocer su parcialidad por Rozas. Agregaban otras acciones que denotaban con bastante claridad sus sentimientos. Exageraban el número y calidad de las tropas de Rozas, traían a la memoria todas las tempestades políticas que aquel había conjurado, y tenían por cosa averiguada que saldría también victorioso del nuevo peligro que lo amenazaba” (Memorias. Cit. por A. Saldias. Hist. de la Confederación Argentina)

Aunque tarde, el mismo Urquiza antes de la batalla se dio cuenta del error que estaba cometiendo. El mismo general Díaz relata las impresiones de Urquiza cuando concurre a su campamento: “Fui a visitar – dice Díaz - al general Urquiza y lo encontré en la tienda del mayor general. Se trató primero de la triste decepción que acabábamos de experimentar respecto del espíritu de que habíamos supuesto animado a Buenos Aires. Hasta entonces no se nos había presentado un pasado.” “Si no hubiera sido, dijo el general, el interés que tengo en promover la organización de la República, yo hubiera debido conservarme aliado a Rozas, porque estoy persuadido que su nombre es muy popular en esta país.” Y el general Díaz agrega: “Si Rozas era públicamente odiado, como se decía, o más bien, si ya no era temido, ¿Cómo es que dejaban escapar tan bella ocasión de satisfacer sus anhelados deseos? ¿Cómo es que se les veía hacer ostentación de un exagerado celo en defensa de su propia esclavitud? En cuanto a mi, tengo una profunda convicción, formada por los hechos que he presenciado, de que el prestigio del poder de Rozas en 1852 era tan grande, o talvez mayor, de lo que había sido diez años antes, y que la sumisión y aún la confianza del pueblo en la superioridad de su genio no le habían jamás abandonado.” (Adolfo Saldías, Historia de la Confederación Argentina. t.III.p.345.Eudeba.Bs.As.1978)

El general en jefe del ejército federal, Pacheco, con órdenes y contraórdenes dudosas, permite que el ejército invasor, al mando de Urquiza, avance sin inconvenientes hasta Morón. Retrocede las tropas federales dejando sin apoyo a Hilario Lagos. Cuando Urquiza repasa el arroyo de Márquez casi sin ser molestado, Rosas, irritado ante Reyes dirá “Si no puede ser, si no puede ser que el general Pacheco desobedezca las órdenes del gobernador de la provincia”.

Las actitudes contradictorias de Pacheco difícilmente puedan atribuirse a inexperiencia, y se sospecha de traición y entendimiento con Urquiza. Inexplicablemente Rosas conserva en su puesto a Pacheco, hasta que renuncia la tarde anterior a la batalla: “está loco” - dice Rosas - “Pacheco está loco”

La noche del 31 de enero de 1852 se reúnen los jefes federales para discutir la situación. Ya que Urquiza declara que él hace la guerra exclusivamente a Rosas, algunos proponen el retiro de Rosas y proponerle a Urquiza que desaloje e los brasileros del territorio nacional y retroceda su ejército, pero la mayoría sostuvo que sería deshonroso para las armas de la paria esto que parecería una capitulación ante los imperiales. Enterado Rosas de lo sucedido la noche del 31 de enero, dijo que no haría cuestión de su persona ni de su cargo si los jefes resolvían en ese sentido, si bien apelaría como simple ciudadano a la opinión de la provincia para desalojar a los imperiales invasores. “En caso contrario su honor y sus deberes de gobernante lo llamaban a dirigir la batalla a que lo obligaba el ejército invasor”. Prevalece esta última resolución.

Martiniano Chilavert
Toma entonces la palabra Chilavert. (Adolfo Saldías reconstruye sus palabras sobre la de informes verbales del coronel Bustos, uno de los jefes presentes). Comenzó diciendo que el bien de la patria podría llevar al hombre mejor intencionado hasta donde el deber inflexible del honor se levantase para condenarlo. Que el deber de defender la patria como el amor a la siempre, siempre bendita madre, no se discutía en su inexorable indivisibilidad; porque de discutirse, los sagrados vínculos del corazón que forman la esencia de la vida y los eternos preceptos de la moral, quedarían a merced de los más protervos para violarlos y para enseñar a violarlos. Que tanto era así que sus nobles compañeros habían vuelto sobre una resolución que creyeron digna, a impulsos del honor patrio. Que pensaba pues que no había discusión sobre si se debía combatir. Que él no sabría donde esconder la espada si había de envainarla sin combatir con el enemigo que estaba enfrente. Que en cuanto a él, acompañaría al gobierno de su patria hasta el último instante; porque así era cien veces gloriosa para él la muerte al pié de sus cañones combatiendo, como cien veces vergonzoso las concesiones de un enemigo que se creía vencedor cuanto por boca de aquellos debía resonar todavía la gran voz de la patria, la voz del honor. “La suerte de las armas – agregó Chilavert – es variable como los vuelos de la felicidad que el viento de un minuto lleva del lado que menos se pensó. Si vencemos, entonces yo me hago el eco de mis compañeros de armas para pedirle al general Rozas que emprenda inmediatamente la organización constitucional. Si somos vencidos, nada pediré al vencedor; que soy suficientemente orgulloso para creer que él pueda darme gloria mayor que la que puedo darme yo mismo, rindiendo mi último aliento bajo la bandera a cuya honra me consagré desde niño.”

Las sentidas palabras de Chilavert provocaron el entusiasmo de sus compañeros por la defensa del honor de sus armas. Por su parte Rosas alargándole la mano le dijo:

“Coronel Chilavert, es usted un patriota; esta batalla será decisiva para todos. Urquiza, yo o cualquier otro que prevalezca, deberá trabajar inmediatamente la Constitución nacional sobre las bases existentes. Nuestro verdadero enemigo es el Imperio del Brasil, porque es Imperio”

Luego Chilavert analiza las posiciones de ambos ejércitos y evalúa las acciones a seguir: “Urquiza, en vez de conservar su comunicación con la costa norte con la escuadra brasilera y, por consiguiente, con las fuerzas brasileras que guarnecen la Colonia, ha cometido el error de internarse por la frontera oeste de Buenos Aires, aislándose completamente de sus recursos y sin asegurar la retirada en caso de un desastre. Probablemente, al proceder de un modo tan contrario a la estrategia, se ha dejado arrastrar demasiado de la seguridad que le daban de que las poblaciones y la opinión se pronunciarían a favor de los aliados a medida que estos avanzasen, dejando a su retaguardia poderosos auxiliares de su cruzada. Pero no sabemos de un solo pronunciamiento a favor de los enemigos: por lo contrario, desde que pasó el Paraná hasta el día de ayer, y por regimientos, por escuadrones y por partidas más o menos numerosas, se han pasado del enemigo a nuestro campo aproximadamente 1.500 hombres. El enemigo está frente a nosotros, es cierto, pero está completamente aislado, en un centro que le es hostil, en una posición peligrosísima para un ejército invasor, y de la cual nos debemos aprovechar. Cuantos más días transcurran tanto más fatales serán para el enemigo cuyas filas se clarearán por la deserción”

Agrega Chilavert que “Pienso que no debemos aceptar la batalla de mañana como tendrá que suceder si nos quedamos aquí, que, por el contrario nuestras infanterías y artillerías se retiren rápidamente esta misma noche a cubrir la línea de la ciudad, tomando las posiciones convenientes; que, simultáneamente, nuestras caballerías en numero de 10.000 hombres salgan por la línea del norte hasta la altura de Arrecifes y comiencen a maniobrar a retaguardia del enemigo, corriéndose una buena división hacia el sur para engrosarse con las fuerzas de este departamento, y manteniendo la comunicación con las vías donde pueden llegarnos refuerzos del interior. Es obvio que el enemigo no tomará por asalto la ciudad de Buenos Aires ni cuenta con los recursos necesarios para intentarlo con probabilidades serias, ni los brasileros consentirían en marchar a un sacrificio seguro. Y entonces una de dos: o el enemigo avanza y pone sitio a la ciudad, o retrocede hacia la costa norte a dominar esta línea de sus comunicaciones y en busca de sus reservas estacionadas en la costa oriental. En el primer caso militan con mayor fuerza las causas que deben destruirlo irremisiblemente. En el segundo caso, nosotros quedamos mucho mejor habilitados que ahora para batirlo en marcha y en combinación con nuestras gruesas columnas de caballería a las que podremos colocar ventajosamente. Y en el peor de los casos, no somos nosotros sino el enemigo quien pierde con la operación que propongo, pues para nosotros los días que transcurren nos refuerzan y a él lo debilitan” (Adolfo Saldias. Historia de la Confederación Argentina. t.III.p.348. Eudeba.Bs.As.1978)

Juan Manuel de Rosas El plan de Chilavert además protegía a la ciudad de un probable ataque de los 4000 mercenarios alemanes al servicio de brasil, que esperaban su oportunidad en Colonia.

Las opiniones de Chilavert eran incluso compartidas por algunos jefes, mientras otros preferían dar la batalla. El propio Rosas lo asemejaba a la situación de 1840 cuando Lavalle tuvo que retrotraer fatalmente desde las puertas de Buenos Aires. No obstante esta opinión, Rosas decide dar la batalla y esa misma noche recorre el campo con los jefes para determinar las posiciones. “El general – dice el mayor Reyes – se mostró muy conforme del modo que se habían expresado los coroneles Díaz y Chilavert, agregando que a pesar de estar muy satisfecho de la exactitud de las observaciones de ambos, era necesario dar la batalla al día siguiente si el enemigo atacaba como lo creía” ¿Fue un error de Rosas, el jugarse al todo o nada en una batalla, en vez de seguir la táctica propuesta por Chilavert? ...nadie puede decirlo.

Dispuestos los ejércitos sobre el campo de Caseros, Rosas recorre sus líneas entre aclamaciones y se detiene en el centro, dirigiéndose a Chilavert “Coronel, sea usted el primero que rompa sus fuegos contra los imperiales que tiene a su frente” Es evidente que para Rosas, era la guerra contra el Imperio... Y tenía razón.

Se combate encarnizadamente durante el día, con resultados dispares para ambos ejércitos. Finalmente, destruida el ala izquierda del ejecito federal, y dispersa el ala derecha, Rosas comprende su derrota, y acordándose de Chilavert ordena el repliegue del centro del ejército hacia la ciudad. Se da el hecho singular que durante la maniobra, un disperso pasa al galope frente a Rosas, que pide al trompa “Déme la boleadoras”y midiéndolas con los brazos extendidos, las lanza boleándole las patas delanteras del caballo del soldado que huía: “todavía tengo buen pulso”.

El ejército invasor intenta envolver el centro en retirada, contra la muralla que representan los coroneles Díaz y Chilavert. Este dispara hasta sus últimas municiones de artillería contra las columnas brasileras, haciendo inclusive juntar los proyectiles del campo. Ya sin municiones, apoyado en uno de los cañones, fuma displicentemente esperando que vinieran a hacerlo prisionero. No se estaba rindiendo. Solamente aceptaba el resultado de la contienda.

Se da un hecho singular: al tomar los aliados el hospital, asesinan al médico Claudio Mamerto Cuenca, que no siendo federal, asistía a los heridos.

Rosas con una guardia se retira del campo, en dirección a Matanzas. En un momento gira a la izquierda y en un recodo aparece otra fuerza enemiga. Luego de un nutrido tiroteo y rechazados los perseguidores, Rosas ordena a los soldados que se dispersen. Con su asistente llega hasta el estanco de Montero, al sudoeste de puente Alsina, y de ahí hasta el Hueco de los Sauces, hoy plaza 29 de noviembre, donde se apea y redacta su renuncia:

“Señores representantes: Es llegado el caso de devolveros la investidura de gobernador de la provincia y la suma del poder con que os dignasteis honrarme, Creo haber llenado mi deber como todos los señores Representantes, nuestros conciudadanos, los verdaderos federales y mis compañeros de armas. Si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra independencia, de nuestra integridad y nuestro honor es porque más no hemos podido. Permitidme, H.H.R.R. que al despedirme de vosotros, os reitere el profundo agradecimiento con que os abrazo tiernamente; y ruego a Dios por la gloria de V.H. de todos y cada uno de vosotros. Herido en la mano derecha y en el campo, perdonad que os escriba con lápiz esta nota y de una letra trabajosa. Dios guarde a V.H.”


DESPUÉS DE CASEROS

Inmediatamente después de caseros comienzan las matanzas. Chilavert sería uno de los inmolados con saña y desvergüenza.

Enterado Urquiza de la rendición de Chilavert, ordena que sea conducido a su presencia. Ante su ademán, sus colaboradores se retiran dejándolos a solas.

No hay testigos, pero algunos conjeturan lo que ocurrió: el vencedor de Caseros habrá reprochado a Chilavert su deserción del bando antirosista. Chilavert le habrá respondido que allí había un solo traidor: quien se había aliado al extranjero para atacar a su patria.

Urquiza habrá considerado que no eran momentos y circunstancias para convencer a ese hombre que lo miraba con desprecio, de que todo recurso era válido para ahorrarle a su patria la continuidad de una sangrienta tiranía. Pero algo más habrá dicho Chilavert. Quizá referido a la fortuna de don Justo, de la que tanto se murmuraba. El Entrerriano abre entonces la puerta con violencia, desencajado, y ordena que lo fusilen de inmediato.

En los días siguientes fusiló al batallón de Aquino completo, desde oficiales hasta el último soldado y los colgó de los árboles de Palermo. El representante ingles que visita a Urquiza en Palermo vuelve impresionado del espectáculo de cadáveres colgando varios días de los árboles de Palermo.

El general Cesar Díaz, jefe del ala izquierda del ejército de Urquiza, relata en sus memorias:

“Un bando del general en jefe había condenado a muerte al regimiento del coronel Aquino, y todos los individuos de este cuerpo que cayeron prisioneros fueron pasado por las armas. Se ejecutaban todos los días de a diez, de a veinte y más hombres juntos. Los cuerpos de la victimas quedaban insepultos, cuando no eran colgados en algunos de los árboles de la alameda que conduce a Palermo. Las gentes del pueblo que venían al cuartel general se veían a cada paso obligadas a cerrar los ojos para evitar la contemplación de los cadáveres desnudos y sangrientos que por todos lados se ofrecían a sus miradas; y la impresión de horror que experimentaban a la vista de tan repugnante espectáculo trocaba en tristes las halagüeñas esperanzas que el triunfo de las armas aliadas hacía nacer. Hablaba una mañana una persona que había venido a la ciudad a visitarme, cuando empezaron a sentirse muchas descargas sucesivas. La persona que me hablaba, sospechando la verdad del caso me preguntó “¿Que fuego es ese?” “Debe ser ejercicio”, respondí yo sencillamente, que tal me había parecido; Pero una persona que sobrevino en ese instante y que oyó mis últimas palabras, “Que ejercicio, ni que broma – dijo – si es que están fusilando gente”(Memorias inéditas del general Cesar Díaz. P.307. cit.por A.Saldias.t.III.p357) Nótese que esta salvajada de Urquiza es relatada por un general de su propio ejercito, lo que libra al testimonio de toda sospecha de falsedad.

No solo hubo fusilamientos; también hubo "traslados" de prisioneros": despues de Caseros, Urquiza trasladó a Entre Ríos un contingente de 700 negros libres "para enseñarles lo que era la libertad obtenida el 3 de febrero" ¿No los habrá vendido a Brasil?...como hizo con todo el ejercito de vanguardia antes de Caseros, o con la caballa de su propio ejército entrerriano, antes de la guerra del Paraguay, en número de 30.000 caballos entragos a buen precio (390.000 patacones) (JMR.La guerra del Paraguay.p.240 - A. Zinny. Historia de los gobernadores. t.II.p.195)

Poco le duraría a Urquiza la alegría del triunfo traidor. Inmediatamente empezaron las presiones inglesas, las exigencias brasileras y las conspiraciones unitarias.

Urquiza había fijado la entrada triunfal para el día 8, después la postergó para el 19 y finalmente lo hizo el 20 de febrero, de poncho y galera con cinta punzó y montado “en un magnifico caballo con recado” (Sarmiento) con la marca de Rosas, y con el peor malhumor. Hasta mintió la hora del desfile (las 13 en vez de las 12) para que no participen las tropas brasileras, que finalmente lo hicieron por las calles de Bs.As. con la bandera verde-amarilla. Se escucharon silbidos a su paso.

Urquiza desfiló casi al galope, como para terminar de una vez. En la esquina de corrientes, la madre del coronel Paz, (inmolado en Vences), le grita ¡Asesino!. Según Sarmiento “por gravedad o encogimiento, el general afectaba una tiesura imperturbable sin volver la cabeza a uno u otro lado. Permaneció serio y como y empacado” en la recoba y se negó a ir al estrado de la catedral donde los esperaban las autoridades y diplomáticos.

Durante la batalla de Caseros, el ejército de la Confederación concentró su fuego sobre las tropas brasileras (su verdadero enemigo) y aunque la participación de estas no fue decisiva, Caxias remitió el 12 de febrero de 1852 el parte de batalla a su ministro de Guerra, Souza e Mello: “... Cúmpleme comunicar a V. E., para que lo haga llegar a S.M. el emperador, que la citada 1a. División, formando parte del Ejército Aliado que marchó sobre Buenos Aires, hizo prodigios de valor recuperando el honor de las armas brasileñas perdido el 20 de febrero de 1827.”...

En una recepción en Palermo, ante las exigencia del representante brasileño Honorio, Urquiza le enrostró en publico “Rosas hubiera terminado con el emperador y hasta con al unidad brasileña si no fuera por mi” a lo que Honorio le replica que “si existen peligros para el gobierno imperial en insurrecciones internas, éstas no hubieran ocurrido habiendo una guerra exterior”. Para que las cosas no pasen a mayores, el brasileño le reconoce “en gran parte las ventajas obtenidas por Brasil en esta guerra son debidas a V.E.”, y Urquiza asegura ser “el mejor aliado y amigo de los brasileños”.

Al día siguiente el hijo de Urquiza va a cobrar los 100.000 patacones (1.700.000 pesos) prometidos por brasil (Informe confidencial de Honorio, 4-4-1852, Archivo Itamaraty) y el 1º de marzo, ante las tropas brasileñas que se embarcaban, desenvainando la espada promete “que jamás la desenvainará contra el emperador”, y le mandó de regalo el caballo motado en caseros como “presente íntimo a S.M. que le hace el general que más contribuyó para la victoria”

Al fin y al cabo tendría razón el diplomático Paulino cuando el 11 de marzo de 1851 le informaba por nota a Silva Pontes que, caído Rosas, “Garzón y Urquiza no tendrían remedio sino apoyándose en Brasil y siéndoles leales. Las cuestiones internas que para ellos nacerán de estas novedades han de ocuparlos y embarazarlos bastante para que se acuerden de complicarse con nosotros. Será mas fácil entonces, si seguimos una política previsora y rigurosa, dar solución definitiva y ventajosa a nuestras cuestiones para asegurar nuestro futuro”

Urquiza, en bando del 21 de febrero de 1852 restablece el uso del cintillo punzó y llama a los unitarios “díscolos que se pusieron en choque con el poder de la opinión pública y sucumbieron sin honor en la demanda. Hoy asoman la cabeza y después de tantos desengaños, de tanta sangre, se empeñan en hacerse acreedores al renombre odioso de salvajes unitarios y, con la inaudita impavidez, reclaman la herencia de una revolución que no les pertenece, de una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición”. Sarmiento, ni bien leyó el bando, como buen cascarrabias, sacó pasaje y se “tomó el buque” para Río de Janeiro, despidiéndose con su habitual verborragia “desahogo innoble como si en una tertulia de damas se introdujese un borracho profiriendo blasfemias y asquerosidades”. Alsina, ofendido, presentó la renuncia, pero más flexible para adaptarse a las circunstancias, se trasformó en federal y según Julio Victorica “pidió un cintillos punzó y se lo puso allí mismo”

Urquiza en muy poco tiempo tendría las exigencias de brasil para que cumpliera los tratados de alianza (entrega de la banda oriental, las misiones orientales, el reconocimiento de la independencia paraguaya y la devolución de los “gastos de guerra”) También tendría encima a los ingleses que exigían la derogación de los tratados de Rosas, y a los unitarios que se sentían dueños de la revolución y empezaron a conspirar inmediatamente.

Los ingleses, “siempre presentes”, aunque no participaron directamente, también vendrían a pedir al parte que les correspondía. El almirante Charles Hotham le escribe a Malmesbury (reemplazante de Palmerston) opinando que era el momento para dar por tierra con el tratado Southern y conseguir de los vencedores que “abrieran el sistema Plata-Paraná a la libre navegación de las naciones marítimas” (F.O 59/2, 20 de febrero 1852)

en:

http://www.lagazeta.com.ar/caseros.htm


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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Miér 3 Feb 2016 - 12:31

dia 3 de Febrero (1852)

Muerte del cirujano Claudio Mamerto Cuenca "el Martir de Caseros"




Hijo de Don Justo Casimiro Cuenca y de Doña Lucía Calvo, nace el 3 de octubre de 1812. Su verdadero nombre era Claudio José del Corazón de Jesús y no se sabe por qué razón lo cambió por el de Claudio Mamerto. Hizo sus primeras letras en la casa parroquial para ingresar a los 16 años en el Colegio San Carlos, que era dirigida por los Jesuitas y funcionaba junto al templo de San Ignacio. Excelente alumno, se recibió de Bachiller con notas sobresalientes y cuatro años más tarde ingresaba al Departamento Médico de la Universidad de Buenos Aires. Sus maestros en la medicina, entre los que se encontraban los doctores Raúl Cristóbal Montúfar, Francisco Cosme Argerich, entre otros, formaron, a pesar de lo precario de la época, destacadísimos médicos.

En el Hospital de la Residencia se dictaban cátedras para el estudio de materias específicas, pero muchas veces, "la casa del profesor era el lugar indicado para desarrollar las clases ayudándose con figuras y atlas anatómicos".

Esta situación desalentaba a los jóvenes quienes tomaban otros caminos, como el comercio, como por ejemplo, actividad que atraía a los jóvenes distinguidos quienes atendían a las niñas de nuestra sociedad. No obstante ello, la familia de Don Justo Casimiro Cuenca se caracterizó por la decisión de cuatro de sus cinco hijos, José María, Claudio Mamerto, Salustiano y Amaro, de convertirse en médicos.

Lograron sobresalir Claudio y Salustiano; éste último siguiendo los pasos del primero se transforma en un eximio cirujano, sucediendo a su hermano en la Cátedra de Anatomía y Fisiología y muere durante la epidemia de cólera en el año 1859.

El 30 de octubre de 1838 comenzó Claudio Mamerto Cuenca su actuación como profesional y cinco años más tarde se lo designa como profesor de Anatomía, desarrollando una carrera profesional y docente que lo impulsa a colocarse, ante la vacante que se produce con el viaje a Europa del Dr. Ventura Bosch, médico personal de Juan Manuel de Rosas y de su tropa, en una terna conjuntamente con el Dr. Juan José Montes de Oca y con un médico francés de apellido Solier, de mucho prestigio, y es elegido para reemplazar a aquél en las funciones que cumplía como médico privado de Rosas y del ejército federal.

La vida de Cuenca transcurre en plena tiranía; ante los ojos de la sociedad el joven médico se dedicaba de lleno a su profesión y al dictado de su cátedra. Nada dejaba percibir el drama oculto que lo atormentaba de tener que formar parte de los hombres de Rosas y en su intimidad se desahogaba espiritualmente con su fecunda producción literaria, producción que conoce todos los estilos y que mantiene oculta.

La sociedad que vio alejarse a causa de la tiranía a lo más conspicuo de sus miembros: Varela, Echeverría, Cané, Sastre, Irigoyen, Mármol y Alsina, entre muchos, que tuvieron que vivir el exilio, temblaba. La otrora alegría porteña se vio ensombrecida por la desconfianza y el miedo. El chisme y la calumnia eran moneda corriente y hasta un gesto ponía en peligro al más inocente, ante los ojos del que quería descubrir en él a un salvaje unitario. No obstante, Cuenca prefirió quedarse haciendo uso de la hipocresía y la simulación. El cumplimiento del deber lo obligó a servir al tirano y a sus tropas y en la íntima penumbra de la noche, a la luz de un candil, el poeta escribió estos versos:
Esta cara impasible, yerta, umbría,hasta ¡Ay de mí! para la que amo, helada.Sin fuego, sin pasión, sin luz, sin nada,no creas que es ¡Ah, no! la cara mía.Porque ésta, amigo, indiferente y fría,que traigo casi siempre, es estudiada...es cara artificial, enmascaraday aquí, para los dos, la hipocresía.Y teniendo que ser todo apariencia,disimulo, mentira, fingimientoy una astuto artificio en mi existencia,tengo pues que mentir, amigo y miento.
Este era el estado espiritual de los pocos intelectuales que optaron por no abandonar Buenos Aires. Y Cuenca, con su cara estudiada por temor a los que se vivía en ese entonces, ocultaba sus emociones y respondía al Restaurador de las Leyes: "Antes que nada federal...(pausa) Estoy para lo que usted ordene, Excelencia".

Y así, convertido en médico personal y cirujano mayor del ejército de Rosas, volcando en sus poemas sus verdaderos sentimientos - poemas que llevaba permanentemente en un maletín que no se desprendía de el ni para dormir, pues muchas veces lo utilizaba como almohada - encontró la muerte el 3 de febrero de 1852.

Al término de la Batalla de Caseros queda un bastión: El Palomar. Se encomienda entonces al general César Díaz que atacara. "Desde lo alto del mirador, - escribe cien años después el Dr. Corbella - los jefes del Palomar, junto a los que se encontraba Cuenca, miden la situación y, al comprobar la gran desventaja numérica, resuelven capitular. Se enarbola la bandera blanca y cesa el fuego...Cuenca se dirige a su improvisado hospital levantado a cielo abierto y reanuda las tareas de restañar heridas...con gran sorpresa siente una descarga cerrada de fusilería..."

"La soldadesca de Rosas, haciendo caso omiso de la rendición...esperó la llegada - con fines de parlamentar - de un pelotón de las tropas vencedoras y al entrar éstas les hacen fuego a quemarropa. Disipado el humo se vio el tendal en el suelo. Lo que ocurrió minutos después es inenarrable...Mientras los clarines sonaban ¡A degüello...! se vio a las tropas de Urquiza avanzar y meterse sus soldados por todos los rincones...masacrando a los moradores...El doctor Cuenca, sin perder la serenidad, desarmado y exhibiendo las hilas en la mano, intentó dirigirse al jefe de la tropa asaltante, Comandante Pallejas y, al parecer, se dio a conocer y pidió protección para sus heridos...Por toda respuesta recibió varios golpes de sable; de una estocada fue atravesado y al minuto cayó exánime sobre el pavimento"

El Dr. Claudio Mejía, compañero y fiel amigo de Cuenca es hecho prisionero por las fuerzas de Urquiza, pero consigue recuperar el cadáver y el inseparable maletín de su amigo con su obra poética. Misteriosamente, ningún parte oficial da cuenta de la muerte de Cuenca. Según el Dr. Corbella, llama poderosamente la atención "el silencio cómplice que hubo de algunos personajes que fueron actores en la toma del Palomar y que bien pudieron... lamentar públicamente la muerte de Cuenca y que no lo hicieron" (Juan E. Corbella, El Mártir de Caseros, Buenos Aires, Edit. Agamenon, 1957)

Ocho meses más tarde sus amigos trasladaron sus restos a la Recoleta, en la bóveda de la familia de su hermana Eulogia, los Mugica. Cumplido ese acto quedó flotando el dolor de su familia, el de sus amigos y el de María Atkins, su prometida...

Una calle de la localidad de El Palomar, lugar donde fallece, lleva su nombre. Una calle de la ciudad de Buenos Aires y otra en la provincia de Córdoba llevan el nombre Cuenca en su honor y una estación ferroviaria del FF:CC: Sarmiento


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MensajeTema: Análisis   Jue 4 Feb 2016 - 11:02

bashar escribió:
Me llama la atención del texto  Ricardo la situación de Lujan... Me explico:

hay una línea de historiadores "Herejes" que consideran que el río Luján  desde el siglo XVI varió su desembocadura por la presión del limo  traído por el Paraná. El Delta varió mucho y taponó en estos 400 años la desembocadura del río y muchos consideran que la flota de Mend0za se internó mucho mas alla de lo que se considera tradicionalmente y que, el riachuelo es en realidad el luján propiamente dicho que con el tiempo se bloqueo con el limo y torció su desembocadura... en cualquier ggogle se puede ver que el río gira muy extrañamente antes de llegar al Paraná.  

Quizá -aunque es imposible aseverarlo- Lujan murió remontando la vera del rio lujan, siendo batido por los querandíes y es acertado su nombre... por lo que La santísima Trinidad no debería estar en la actual plaza Lezama -ala que no le han hecho las debidos análisis arqueológicos- y que el abandonado fuerte este hoy en el subsuelo de algún humedal o country de la zona de Escobar  No

Este tema lo desarrolla Federico Kirbus en su "La primera de las Tres Buenos Aires"

saludos!

Hola,

Por trabajos en la zona de Pacheco, Tigre y otras, tuve oportunidad de analizar "paleocauces" (es decir, por donde originalmente corrieron ríos). Además de personalmente considerar aventuradas muchas de las construcciones de zonas como las mencionadas y Luján (los ríos reclaman sin carta documento previa el cauce por donde alguna vez corrieron, de allí muchas veces las inundaciones, hay que respetar las eñales de la naturaleza...), estoy muy de acuerdo con la hipótesis de la cercanías de Escobar para la fundación original de Buenos Aires.

Saludos!

José Luis
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MensajeTema: Rosas y Urquiza, Chilavert   Jue 4 Feb 2016 - 11:33

Hola,

Una de las personalidades que más admiro de nuestro pasado es Chilavert. Su fusilamiento fue vergonzoso.

Si bien considero que Rosas era un obstáculo a la organización nacional, y que su gobierno en muchos aspectos fue retrógrado y autoritario, Urquiza es, junto con Alvear, de mis personajes más detestados. Creo que por dinero habría vendido a la madre...

El tal Espíndola es, según creo y por fragmentaria información familiar, un pariente mío lejano.

saludos,

José Luis
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Jue 4 Feb 2016 - 15:45

Hola JBLA!

yo también estoy en la línea de la idea que el Primer fuerte estuvo en lo que hoy es Escobar... si bien es claro que no vamos a encontrar cimientos pompeyanos si se podría encontrar ciertas clases de restos como se han encontrado en Corpus Crhisti, en Santa Fé, donde se han encontrado monedas, mostacillas y cosas menores. El sistema inmobiliario actual sería el mayor enemigo de la Historia y la Arqueología... y los nuevos ricos de los countrys nos correrían con sus cuatris por la ruta, si empezamos a cavarles los jardines clown

saludazos

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Jue 4 Feb 2016 - 15:51

dia 4 de febrero (1846)

Combate de Laguna Limpia




Desde 1839 en adelante, la provincia de Corrientes se había rebelado contra la autoridad de Juan Manuel de Rosas en forma casi continua.

Corrientes había negociado una alianza con el Paraguay, en contra de Rosas el 11 de noviembre de 1845 se concertó una alianza contra Rosas, que al enterarse dio órdenes de represión a Urquiza, gobernador de Entre Ríos.

El gobernador Joaquín Madariaga puso su ejército en manos del general José María Paz, que ya en 1841 había logrado un impresionante triunfo en la batalla de Caaguazú en Corrientes. Paz organizó eficazmente a su ejército, y cuando el gobernador entrerriano invadió la provincia, le preparó una trampa en el extremo norte de los esteros del Iberá. Para llevarlo hasta allí tenía que cruzar toda la provincia, de modo que ordenó al jefe de su vanguardia, el hermano del gobernador, que se mantuviera cerca del enemigo, pero sin presentar batalla.

Madariaga se dio cuenta de que llevar a Urquiza hasta el otro lado de la provincia dejaba todo Corrientes en manos del enemigo, y que la población sufriría mucho, por lo que intentó resolver la guerra por medio de operaciones de guerrillas.

El combate

Pero Urquiza se movió con gran rapidez y lo alcanzó el 4 de febrero, obligándolo a la lucha. El terreno era favorable a las fuerzas de Madariaga, pero éste no supo sacar provecho de esta circunstancia, y el estrecho desfiladero de unos veinte metros de ancho y un kilómetro de longitud, rodeado de esteros, por donde debían avanzar los federales se convirtió en un angosto pasillo por donde huyeron los correntinos, llevándose por delante entre ellos mismos.

Los correntinos perdieron ciento sesenta muertos, y de entre los prisioneros, a Juan Madariaga, cuyo caballo rodó contra un tronco. Junto al general correntino cayó su correspondencia, por lo que Urquiza se enteró de que Paz intentaba llevarlo hacia el norte.

El general Paz en sus “Memorias", relata que “... el general Juan Madariaga venía envuelto en este torbellino y tuvo la desgracia de rodar y caer con su caballo. Estaba rodeado de los suyos y lejos del enemigo; su caballo no pudo levantarse, pero le ofrecieron otro, otros quisieron alzarlo a la grupa pero nada se pudo conseguir. Parecía estupefacto, anonadado. Al fin llegaron hombres del enemigo, del que huyeron más de doscientos, y lo tomaron prisionero... Nuestra caballería –agrega Paz- había sufrido un golpe tremendo, la del enemigo tanto en número como en moral había adquirido una superioridad decidida”

Urquiza avanzó hacia el norte, pero luego retrocedió hacia su provincia, sin enfrentar a Paz, cuyo prestigio quedó disminuido por los efectos de la campaña. Urquiza aprovechó para proponer tratativas de acuerdo a través de Juan Madariaga, que fue puesto en libertad. Las negociaciones con Urquiza enfrentaron al general cordobés con el gobernador, con lo que Paz vio obligado a abandonar la provincia.

Tras la firma del Tratado de Alcaraz, que fue rechazado por Rosas, la situación se resolvería a fines del año siguiente, en la batalla de Vences. Ésta significaría el fin de la rebelión correntina.


en:
http://www.lagazeta.com.ar/laguna_limpia.htm



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MensajeTema: mejor que no...   Vie 5 Feb 2016 - 12:11

bashar escribió:
Hola JBLA!

yo también estoy en la línea de la idea que el Primer fuerte estuvo en lo que hoy es Escobar... si bien es claro que no vamos a encontrar cimientos pompeyanos si se podría encontrar ciertas clases de restos como se han encontrado en Corpus Crhisti, en Santa Fé, donde se han encontrado monedas, mostacillas y cosas menores. El sistema inmobiliario actual sería el mayor enemigo de la Historia y la Arqueología... y los nuevos ricos de los countrys  nos correrían con sus cuatris por la ruta, si empezamos a cavarles los jardines clown

saludazos

Debajo de los jardines (y lo se porque trabajé haciendo tendido de comunicaciones en la zona par varios barrios) estoy seguro que los propietarios no querrán saber lo que hay: Relleno sanitario, fósiles de ballenas (sí, era un paleoestuario...), hasta hay un barrio que se construyó sobre un cementerio privado que quebró (supongo que sacaron todo, pero al rememorarlo me acuerdo de "Poltergeist"...).

Nunca debió construirse allí, pero va a ser más patente en unos diez-veinte años cuando aparezcan las grietas y fallas de cimientos.

Saludos!

José Luis
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 7 Feb 2016 - 11:37

dia 5 de febrero (1865)

El Mariscal Francisco Solano López pide permiso para Cruzar por Corrientes


¿Qué fue lo que determinó la invasión de Francisco Solano López al suelo argentino?  Autores como Carlos Pereyra, aún reconociendo que López confiaba en el pronunciamiento de Urquiza, le censuran haber dado ese paso, que lo hacía aparecer como un invasor en tren de conquista.  Desde ya, toda la planificación del ataque contra el Paraguay fue muy anterior a este hecho, y la seguridad política del Estado Paraguayo, había peligrado desde que Venancio Flores invadiera la República Oriental del Uruguay.  Pero un estadista militar brillante como Francisco Solano López, debió prever los efectos morales y no simplemente militares de su ataque.  Había algo más que eso.  Algo más, también, que el hipotético y dudoso apoyo de Urquiza, era lo que motivaba la posición asumida por López:

Pelham Horton Box, entrevió con claridad la cuestión.  “Puede haber poca duda –dice el autor norteamericano- acerca de la múltiple inteligencia de López con poderosos caudillos argentinos, pues hemos visto, que no se atenía a un “solo disidente”, y hacia febrero de 1865 había abandonado sus esperanzas en Urquiza (…)  Pero como invadió Río Grande por vía Misiones, nos encontramos ante el problema de por qué exigió el pasaje a través de Corrientes.

“Todavía esperamos la publicación de los documentos que iluminen sus relaciones con los elementos reaccionarios de la Argentina.  Pero un examen de las pruebas existentes, sugiere que la exigencia del derecho de tránsito por Corrientes, iba encaminada a servir de réplica a la supuesta colaboración de Mitre con el Brasil, y a ofrecer una oportunidad para que se alzaran los enemigos de Buenos Aires, en el caso de una negativa”.

Si bien Fermín Chávez, ha demostrado la forma en que se ocultó la declaración de guerra previa, enviada por López, es indudable que no se trata de un planteamiento jurídico en el orden del derecho internacional.  El pedido de paso, fue formulado con el objeto de recibir una negativa, y permitir así el pronunciamiento de los elementos reaccionarios adictos de que disponía el Paraguay en la Argentina.  es decir, que López contaba con que los federales de Corrientes, y los demás elementos vinculados a ellos, se pronunciaran a su favor.  En cuanto al apoyo de Urquiza, según Elizalde, el entrerriano le había ofrecido al mandatario paraguayo el paso por nuestro territorio, y asimismo,  la cesión de inmensos territorios para someter a Buenos Aires.  Al respecto, en carta del 26 de febrero de 1865, López recuerda que Urquiza le había manifestado que en caso que Mitre se negara a darle paso, él se pondría al lado del Paraguay, “para cuyo fin ha pedido la copia de la solicitud de tránsito y su contestación en caso negativo”.

Por otra parte, en “Memorandum” de 22 de octubre de 1864, Francisco Solano López había sugerido que se designara como comisionado a Sagastume, Virasoro o López Jordán.  Recordemos que el pronunciamiento de Virasoro, era esperado ya, desde la época de los levantamientos del Chacho.  La “conjuración del Litoral”, como la llama Cárcano, existió, y fue la razón esencial, a raíz de la cual López aceleraría el proceso, pidiendo el paso por Corrientes.

Desde Tucumán, el 29 de noviembre de 1864, Emilio Salvigni le advertiría a Wenceslao Paunero: “ (…)  Las noticias que corren aquí del litoral son alarmantes y producen una angustia general.  Mientras V. me dice: “Que mandaremos sobre Paraguai (…) cosacos correntinos” López Jordán va a Corrientes y se entiende con aquel Gobierno y el del Paraguai para marchar contra el Brasil y Flores y por consiguiente contra Buenos Aires, secundado con la milicia de Entre Ríos.  Dicen que el Paraguai tiene buques con los que pasará un ejército a este lado del río –que Mitre no tiene ejército y que por consiguiente la reacción está hecha, sublevando algunas provincias apoyadas por el ejército de Urquiza (…)”.

Pero el apoyo falló, con lo cual el jefe paraguayo se vio obligado a invadir, por razones militares, a través de Misiones.

Este hecho, unido al retardo en la publicación de la declaración de guerra efectuada por Francisco Solano López, hicieron que Mitre tratara de dar un carácter defensivo nacional, a la guerra. Pocos en las desoladas provincias argentinas  se lo creyeron.

en:

http://www.revisionistas.com.ar/?p=8539

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 7 Feb 2016 - 11:57

dia 6 de Febrero (1866)

Pasa a la posteridad el General Gregorio de Las Heras



El 11 de julio de 1780, en la ciudad de Buenos Aires nacía un preclaro personaje de nuestra historia nacional. Nacía don Juan Gualberto Gregorio de las Heras, futuro General y Guerrero de la Independencia Americana, además de brillante estadista en horas complejas de la República. Su padre fue el español Bernardo Gregorio de Las Heras y su madre la porteña Rosalía Ventura de la Gacha.


Es un error frecuente en nuestra historiografía creer que Gregorio era su nombre cuando en realidad, fue su apellido. Su padre lo compuso de aquella manera, pues, don Bernardo Gregorio, hijo a su vez de don Plácido Gregorio y de doña Catalina García de Las Heras enlazó su primer apellido con el segundo de su madre, habiendo sido usado de esta misma manera por el prócer de tantas batallas.


Las Heras, discípulo y compañero de San Martín, es como el Gran Capitán, fiel expresión del poder de expansión de la revolución argentina. No se estrechó éste en los límites de nuestro territorio, salió de ellos para auxiliar a los pueblos hermanos y asegurar así el éxito del movimiento solidario.

Estudió en el Real Colegio de San Carlos, para muy pronto dedicarse al comercio. Siguió los pasos de su padre, que en esta actividad había consolidado una sólida fortuna. También había sido un importante funcionario del virreinato, ya que ocupó cargos de responsabilidad, entre ellos el de Receptor de Penas de Cámara, Defensor de Menores, Tesorero de Propios del Cabildo y Capitán de Milicias Urbanas.

Peleó contra los invasores ingleses en 1806 y 1807, junto a su padre. Durante las invasiones inglesas formó en las filas de la compañía armada por el comercio de la ciudad. Después pasó como sargento del cuerpo de Húsares, que  se  formó al mando del coronel  Pueyrredón.


Fue nombrado en 1810, Capitán de las Milicias Provinciales, al mando de “Los Auxiliares Argentinos” que, reclutados en la ciudad d Mendoza  y Córdoba, pasaron ulteriormente a Chile por pedido explícito de su gobierno. Al mando de estos valientes participó en memorables combates como Cucha Cucha, Membrillar, bajo las órdenes del General Juan Mackenna, Paso del Maule, Tres Montes y Querecheguas. Ya en 1810 la Primera Junta de Gobierno le otorgó los despachos de Sargento Mayor, y tiempo después, luego de Membrillar obtuvo los despachos de Teniente Coronel. Juan José Castelli expresó que Juan Gregorio de las Heras “era uno de los más decididos patriotas en quién se podía confiar”.

Al producirse la Revolución de Mayo, se encontraba en Córdoba; dicha junta gubernativa, otorga a Las Heras, con fecha 24 de octubre de 1810, el despacho de sargento mayor del batallón de Patricios de Córdoba, que se hallaba de guarnición en dicha ciudad.

El 27 de octubre de 1812 se le confirió el empleo de comandante de la guarnición en Córdoba.

El Virrey del Perú a principios de 1813, envió un poderoso contingente, al mando del Brigadier don Antonio Pareja, ocupando Talcahuano y Concepción.



Parte de ese batallón fue enviado en 1813 a Chile integrando el Batallón de Auxiliares Argentinos, bajo el mando del coronel Santiago Carreras y luego de Marcos Balcarce; Las Heras era su segundo jefe y ocupó el mando al ser Balcarce nombrado gobernador intendente de Cuyo.

Fue la primera fuerza armada que llevó el pabellón argentino a un país hermano.

El 23 de febrero de 1814 el mayor Las Heras a la cabeza de 100 auxiliares argentinos conquistó su primer triunfo en Cucha-Cucha; el gobierno argentino premió la acción con un escudo de honor bordado en plata sobre paño azul: “la Patria a los valerosos en Cucha-Cucha auxiliares en Chile”.

Pocos días después en Membrillar, Tres Montes y Quechereguas obtuvo nuevos éxitos sobre las tropas españolas. El 11 de abril de 1814, tuvo dos nuevas acciones contra el enemigo en la cuesta de los Papeles.


Por todos estos hechos de armas que consagran la personalidad militar de Las Heras, éste es graduado a teniente coronel el 3 de junio de 1814. El coronel Fued Gabriel Nellar señaló con respecto a su actuación en el combate de Membrillar: “Vemos que se definió ya claramente como un guerrero de primera figura, escribiendo en el orden militar otra magnífica página de ejemplo y virtudes profesionales”.

Se vio envuelto en las disensiones internas entre los partidos chilenos, lo que hizo que regresara a Mendoza; pero el nuevo gobernador de Cuyo, José de San Martín, lo convenció de regresar. Llegó justo después del desastre de Rancagua, en octubre de 1814, a tiempo para proteger la retirada de las fuerzas que se pudieron salvar. Entre ellos iban los generales Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera.

Por su actuación, Las Heras el 23 de noviembre recibe la efectividad del grado de teniente coronel de infantería de línea.

Ya en Mendoza, se incorporó al Ejército de los Andes, encomendándole San Martín la formación del Regimiento 11 de Infantería sobre las bases de los “Auxiliares de Chile”; siendo nombrado jefe de ese cuerpo.


El 13 de enero de 1816 fue graduado coronel del ejército, llamando el Libertador el 15 de enero de 1817 al coronel Las Heras a su alojamiento y bajo palabra de honor de guardar secreto le comunicó que estaba destinado a abrir la campaña por el camino de Uspallata. El 18 de enero rompió la marcha Las Heras y se dirigió a aquel destino y el 4 de febrero se encontraban en la ladera occidental de la cordillera que atravesaron.

En el cruce de Los Andes, estuvo al mando de la División Uspallata, comandando la Primera División. La División Uspallata era la más importante que cruzó por el norte en la provincia de Mendoza, más exactamente desde El Plumerillo. San Martín lo hizo por el Sur


Estuvo en los combates de Potrerillos, Hornillos y Santa Rosa. Incorporado ya al grueso de las tropas, combatió en Chacabuco, al mando de 1000 hombres. Esta batalla fue esencial para asegurar la victoria obtenida en batallas menores. Se desempeñó ulteriormente en distintas operaciones de guerra. Salió victorioso en los combates de Curapaligüe y Gavilán donde los españoles se encontraban al mando del General José Ordóñez aunque debió retirarse con gran heroísmo durante el ataque del Morro.


En Cancha Rayada, logró salvar a 3.500 soldados  y tuvo principalísima actuación  en la batalla de Maipú. Fue condecorado y ascendido a Coronel Mayor. Corría el año 1820. Fue ascendido a General y Jefe del Estado Mayor, durante aquel año.

Bien expresa el Cnl Nellar su admiración por Las Heras calificando esa retirada como “el símbolo de la energía indomable, cumplida siempre con serena majestad, propio de los hombres de carácter” para señalar a continuación que “en Cancha Rayada resultaron derrotados San Martín, O’Higgins, Balcarce, Brayer y otros. Hubo un solo triunfador: Juan Gregorio de Las Heras, que se levantó como la única esperanza ante tantos infortunios”.

Ciertamente Santiago debió recibirlo como lo hizo: con los honores de un general vencedor.

Con la noticia de los 3500 hombres salvados por Las Heras, San Martín, fatigado y cubierto de polvo, sin haberse siquiera quitado las botas en varios días, pudo afirmar una gran verdad y una profecía al pueblo chileno: “No desesperen: la patria existe y triunfará. Y yo empeño mi palabra de honor de dar en breve un día de gloria a la América del Sur”.

Gracias a su arrojo, serenidad y pericia militar pudo salvar íntegra su división. Más tarde, en la batalla de Maipú, tuvo una actuación principalísima, y en el caserío de Espejo dió el golpe de gracia al poder español en Chile.

Una vez más Nellar enfatiza su destacada participación “Con esta batalla es la octava acción bélica en que Las Heras interviene en forma activa en el territorio chileno y en todas ellas se consagra victorioso, mostrando a la humanidad que la única embriaguez de su alma es el ensueño de la libertad, que lo inspira y la felicidad de la patria, que es su anhelo”.


Nombrado jefe de estado mayor del ejército libertador del Perú, por despacho del 25 de marzo de 1820, hizo la campaña de aquella república desde el 20 de agosto de dicho año hasta el 18 de diciembre del siguiente.

En aquel año también, casó en Santiago de Chile con Carmen Larraín y Aguirre, perteneciente a aristocráticas familias chilenas.

Colaboró con San Martín en la formación de la Expedición Libertadora del Perú como jefe del estado mayor. Cuando la expedición desembarcó en la bahía de Paracas, en septiembre de 1820, Las Heras fue el encargado de tomar la cercana villa de Pisco, primera base del ejército en Perú. Desde el campamento Huaura hizo varias cortas expediciones hacia los alrededores de Lima. Tras la caída de Lima, la capital virreinal en manos de los patriotas, dirigió el sitio del puerto y fortaleza del Callao, la cual se demoró cuarenta días en capturar.

Ocupó la comandancia en jefe del ejército peruano y fue ascendido al grado de mariscal, pero se enfrentó con San Martín por la inactividad del ejército, la inclinación aristocrática del gobierno peruano y las intrigas del ministro Bernardo de Monteagudo. Regresó a Chile, pero fue muy mal recibido por O’Higgins, de modo que volvió a Buenos Aires.


El 2 de abril de 1824 la Junta de Representantes designó gobernador de la provincia de Buenos Aires a Juan Gregorio de Las Heras, quien se hallaba fuera de la provincia cumpliendo una misión que el gobierno de Rodríguez le encomendara ante las autoridades militares españolas del Perú y ante los gobiernos provinciales que pudiera visitar durante su viaje.


El ministro Bernardino Rivadavia lo envió en misión diplomática al Alto Perú, a negociar con los últimos realistas, pero fracasó por la intransigencia de éstos.

Estaba en viaje de regreso, cuando fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires, cargo que asumió en mayo de 1824. Continuó el impulso progresista de su antecesor Martín Rodríguez, y firmó un tratado con Inglaterra, que incluía el reconocimiento de la independencia argentina.

En un principio se opuso a la guerra con el Imperio del Brasil, que aún ocupaba la Banda Oriental. Sin embargo, poco después de inaugurar el Congreso de 1824, recibió la noticia de la victoria de los Treinta y Tres Orientales y debió declarar la guerra. Pero su ministro de Hacienda, Manuel José García, le negó sistemáticamente fondos, por lo que no hubo avances por más de un año.

La guerra obligó al Congreso a nacionalizar el gobierno porteño, y en febrero de 1826 asumió Rivadavia como presidente. Éste nacionalizó casi toda la provincia de Buenos Aires, y Las Heras renunció a un cargo que poco significaba.

La ley de capitalización de Buenos Aires, que separó a ésta del resto de la provincia fue la causa determinante del alejamiento del poder del gobernador que fue reemplazado el 7 de febrero de 1826 por el presidente Rivadavia elegido el día anterior. Las Heras continuó por un mes ejerciendo el gobierno de la provincia hasta que Rivadavia declaró cesantes las autoridades provinciales, quedando aquélla bajo la jurisdicción del Poder Ejecutivo Nacional.

El 15 de marzo el glorioso soldado publicó una breve exposición explicando a sus coprovincianos su actuación pública y los motivos que le impulsaban a separarse de la provincia de su nacimiento, documento éste verdadero ejemplo de humildad y renunciamiento históricos pese a los agravios recibidos.

Regresó a Chile donde en abril de 1826 fue dado de alta nuevamente en el ejército, siendo el 13 de febrero de 1828 promovido a general de división con antigüedad a junio de 1820.


No volvió a su tierra natal nunca más, falleciendo en Santiago el 6 de febrero de 1866 a los 86 años de edad.

De él escribió Mitre: “No necesitó apelar a la posteridad para esperar justicia y afirmar la corona bajo sus sienes. El juicio que el pueblo sólo pronuncia en los funerales de sus héroes fue pronunciado en vida y para honor y gloria de él y de su patria, por los hijos de la heroica a que perteneció que es la posteridad a que apelaba el general San Martín su ilustre maestro y compañero de gloria”.

Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires en 1906 y descansan en la Catedral, junto al sepulcro de San Martín

En:

http://rodolfoparbst.blogspot.com.ar/2015/07/juan-gregorio-de-las-heras.html#!


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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 7 Feb 2016 - 12:10

dia 7 de Febrero (1792)

Natalicio de Ambrosio Crámer



Se enroló como cadete en los ejércitos de Napoleón Bonaparte en 1806. Hizo la campaña de España, donde fue herido dos veces.

Años más tarde se recibió de ingeniero militar y combatió en la batalla de Waterloo. Después de esa batalla fue dado de baja del ejército francés y proscrito por sus ideas políticas, al considerársele bonapartista.

Llegó a las Provincias Unidas del Río de la Plata a mediados de 1816(otros autores que en 1919) junto con otros oficiales, como Federico Brandsen, Alejo Bruix y su hermano, Benjamín Viel y otros en el Celeste, provenientes del puerto de Calais, Francia. El Director Supremo Pueyrredón lo nombró Sargento Mayor del 1.er. Batallón de Cazadores de los Andes, de modo que se incorporó al Ejército de los Andes. Posteriormente, el general José de San Martín le encargó la organización del Regimiento N° 8 de Infantería, formado por esclavos negros sobre la base del 2.º. Batallón de Cazadores.

Participó del Cruce de los Andes al frente de las Compañías de Fusileres de esa unidad, y participó en la Batalla de Chacabuco, en la que la carga a la bayoneta de su cuerpo tuvo un papel principal en la victoria.

Posteriormente fue asignado a la guarnición de Santiago de Chile, mientras el resto del Ejército hacía la campaña del sur de Chile. Tras un entredicho con el general San Martín, obtuvo la baja y regresó a las Provincias Unidas. Allí se unió al Ejército del Norte y fue edecán del general Manuel Belgrano. A fines de la década hizo un breve viaje a Francia.
Tras el motín de Arequito se unió al ejército de Buenos Aires y luchó en Cepeda y Cañada de la Cruz. Al año siguiente participó en la campaña contra el caudillo federal Francisco Ramírez.

En 1821 fue enviado a efectuar reparaciones en el puerto de Carmen de Patagones, y acompañó como jefe del contingente militar una frustrada empresa de colonización de la bahía de San Antonio, en la costa de la actual provincia de Río Negro, dirigida por el francés Leloir, fundador de la familia de ese apellido. Pero el barco naufragó al salir de Carmen de Patagones, y fue uno de los pocos sobrevivientes.

Participó en la campaña que el gobernador Martín Rodríguez llevó contra los indígenas en 1823, y fue el autor de los planos del Fuerte Independencia, inicio de la actual ciudad de Tandil. Estuvo destinado en las guarniciones de Bahía Blanca y Carmen de Patagones.

Pidió su retiro militar en 1825, y al año siguiente obtuvo la licencia oficial de agrimensor; se dedicó a la mensura de campos, en la época de reparto por la ley de enfiteusis. Junto a ese trabajo, acompañó al coronel Federico Rauch en varias operaciones contra los indígenas. Beneficiándose de la ley de enfiteusis, fundó la estancia "La Postrera", un gran establecimiento de cría de ovejas, junto al río Salado y al sur de Chascomús. Por su trabajo de agrimensura fue integrado a la sociedad constituida por Juan Pedro Aguirre, Pedro Andrés García, Manuel José de Haedo y José María Rojas en la enfiteusis de cien leguas solicitada el 21 de febrero de 1826 en la "Sierra del Bolcán", hoy parte de los partidos de Balcarce y Ayacucho; allí surgiría la Estancia San Juan de la familia Girado.1

Durante la guerra civil entre Juan Lavalle y Juan Manuel de Rosas tenía amigos en ambos bandos, por lo que se encerró en su campo y no tomó partido.

Fue jefe de ingenieros en la Campaña de Rosas al Desierto del año 1833. En los años siguientes trabajó activamente en mensura de campos y en deslindes de lotes en pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires. Tuvo serios problemas con varios jefes políticos y militares de la época de Rosas, especialmente con Prudencio Rosas, hermano del gobernador.

Cuando se produjo el Bloqueo francés al Río de la Plata —a partir de 1838— se vio perjudicado en sus intereses económicos, por la imposibilidad de exportar su producción. La actitud intransigente del gobierno lo llevó culpar a éste de sus problemas. Por otro lado, se lo veía como sospechoso por su origen francés. De modo que pasó rápidamente de la protesta privada y pública a la participación en conspiraciones contra el gobierno de Rosas.

En 1839, los estancieros del sur de Buenos Aires se rebelaron contra Rosas, azuzados por lo que quedaba del partido unitario y la flota francesa que bloqueaba el río. Pedro Castelli, de la zona de Balcarce, fue elegido como jefe militar, dado que era el estanciero que más tropas había logrado reunir. Esta sublevación debía coincidir con el complot dirigido por el coronel Ramón Maza en Buenos Aires y con el desembarco de Lavalle en la zona del Tuyú.

Los otros dos jefes de la conjura eran los coroneles Ambrosio Crámer y Manuel Rico. Este último había participado de la expedición al desierto de 1833 y era entonces Juez de Paz de Dolores. Crámer también aportó tropas y se puso al frente de las fuerzas del partido de Chascomús. Prestó también algunos galpones de su propiedad en Chascomús para ser utilizados como cuarteles de ese ejército improvisado.

Pronto las cosas empezaron a andar mal para los autodenominados "Libres del Sur". La conjuración de Maza fue descubierta, su jefe ejecutado, y su padre, el ex gobernador Manuel Vicente Maza, asesinado en su despacho de la legislatura provincial.

Para empeorar todo, Lavalle faltó a la cita, aceptando en cambio dirigir un pequeño ejército de oficiales hacia la provincia de Entre Ríos: terminaría recorriendo el país entero, de derrota en derrota, hasta terminar muerto de un balazo casual en San Salvador de Jujuy.

Los revolucionarios quedaron librados a sus propias fuerzas y encerrados de tal forma que no podían esperar escapar: tenían a todo el ejército de Rosas al norte, y los “indios amigos” al sur. No obstante, siguieron adelante con sus planes. Habían reunido 2 000 hombres en Dolores y otros 1 000 en Chascomús, y los trasladaron en su totalidad hacia Chascomús. Crámer y Rico se encargaron de la maniobra y del escaso entrenamiento que pudieron dar a sus bisoños gauchos.

El 7 de noviembre de 1839, el ejército al mando de Castelli fue atacado por Prudencio Rosas en las orillas de la Laguna de Chascomús, en la llamada batalla de Chascomús. En un primer momento, la victoria pareció quedar del lado de los rebeldes, y el propio Rosas huyó hacia el norte. Pero la decisiva reacción del coronel Nicolás Granada volcó la batalla en su favor, que quedó decidida cuando el coronel Crámer fue muerto en combate. Una parte de los soldados rebeldes huyeron, y el resto se entregó al enemigo, que fue indulgente con ellos.

Pedro Castelli fue muerto varios días más tarde, cerca de Dolores, mientras Rico pudo huir. Participaría en la invasión de Lavalle a Buenos Aires y en la retirada al interior, hasta ser fusilado en noviembre de 1841.


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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 7 Feb 2016 - 23:37

una de las mas distinguidas avenidas de mi Buenos Aires querido......

Saludos
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Lun 8 Feb 2016 - 10:55

dia 8 de febrero (1785)

Natalicio de Don Martín Miguel de Güemes Primer Centinela de la Patria



Actualmente en una Partida de Nacimiento constan el día y hora exactos en los que se produjo un nacimiento. En la época virreinal los nacimientos se registraban el día del Bautismo, como se aprecia en el documento que a continuación se transcribe:


“En esta Santa Iglesia Matriz de Salta en nueve de febrero de mil setecientos ochenta y cinco, Yo el Cura Rector más antiguo exorcicé, bauticé y puse óleo y crisma a Martín Miguel Juan de Mata, criatura nacida de dos días, e hijo legítimo de don Gabriel de Güemes Montero y doña María Magdalena de Goyechea y La Corte y fueron sus padrinos de agua y óleo don José González de Prada, Contador Ministro de Real Hacienda y doña María Ignacia Cornejo y para que conste lo firmo. Dr Gabriel Gómez Recio”.



En este caso, al no citar el día del nacimiento, hubo dos interpretaciones. Algunos consideraron al 7 como el primer día y al 8 como el segundo día, con lo cual el 9 (fecha del bautismo) equivaldría al tercer día de vida. Según el documento la criatura tenía dos días cuando fue bautizada. Considerando el 8 como primer día y el 9 como el segundo y luego de un minucioso estudio sobre la forma de contar los días en aquella época, los principales investigadores del héroe concluyeron que nació el 8 de febrero de 1785.

Fue nombrado Martín Miguel en recuerdo de su abuelo materno, el Gral. Martín Miguel de Goyechea y Juan de Mata por corresponder el 8 de febrero al día de dicho Santo, como se acostumbraba.

Le estaba reservado un destino trascendente: ser uno de los fundadores de nuestra Patria, y como muchos de ellos, amado y odiado, negado olvidado, dejado a su suerte , traicionado y finalmente reconocido su valor y entrega.

como algunos pocos - el fusilado Dorrego y el exiliado Artigas, entre ellos- tuvo el honor de ser llamado "Padre de los Pobres" honor inestimable y de reconocimiento de clases populares argentinas





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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 9 Feb 2016 - 11:24

dia 9 de febrero (1847)

Fallecimiento del General Manuel Corvalán


El general Manuel Corvalán nació en Mendoza el 28 de mayo de 1774, y era hijo de Domingo Reje Corvalán y de Manuela Sotomayor.

Estudió en el Real Colegio de San Carlos, y en 1806 y 1807 tomó las armas en el cuerpo de Arribeños y se batió con arrojo. En mayo de 1810 fue portador de la comunicación de la Primera Junta al Cabildo de Mendoza por la que daba cuenta de su instalación.

Siendo jefe de fronteras de San Rafael, condujo a Buenos Aires en 1812 unos 200 enganchados que sirvieron de base para el Regimiento de Granaderos a Caballo.

En julio de 1814, el director supremo lo designó gobernador de San Juan, cargo que desempeñó hasta mayo del año siguiente.

Llamado por San Martín a Mendoza, fue designado jefe de órdenes del Ejército de los Andes, y en 1816, comandante del Batallón Cívicos Pardos de Mendoza y mayor de plaza. Reemplazó luego al teniente Luis Beltrán en la dirección del parque y maestranza, y recibió las distinciones otorgadas a los vencedores de Chacabuco y Maipú. En 1822 fue ascendido al grado de coronel y al año siguiente fue comisionado por el gobernador de Mendoza, coronel Pedro Molina, para gestionar la devolución de la bandera con que el Ejército de los Andes hizo la campaña libertadora.

En 1824 se radicó en Buenos Aires y se vinculó con el coronel Manuel Dorrego, de quien fue muy adicto. Al ser designado este último gobernador de Buenos Aires, lo llevó a su lado como edecán.

En 1828, y como diputado por Mendoza, asistió a la Convención Nacional reunida en Santa Fe.

Al ascender al poder el general Rosas, de quien era gran amigo, fue designado nuevamente edecán de gobierno. En 1833 acompañó a don Juan Manuel en su expedición al desierto, como jefe del 4° regimiento de caballería y con el grado de coronel efectivo. En 1835 fue nombrado primer edecán del gobernador. Dos años después alcanzó el generalato.

Fue figura de gran probidad y que, siendo hombre de fortuna, tuvo que aceptar de Rosas 10.000 pesos moneda de la época, para satisfacer sus necesidades.

En 1845 ocupó una banca en la Sala de Representantes de Buenos Aires.

Murió en esta ciudad el 9 de febrero de 1847, en medio de la mayor pobreza.

en:
http://www.lagazeta.com.ar/corvalan_manuel.htm



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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Miér 10 Feb 2016 - 10:50

dia 10 de febrero (1926)

Arribo del avión Plus Ultra a Buenos Aires


El miércoles 10 de febrero de 1926, poco después del mediodía, a las 12.27, amerizaba en aguas del Río de la Plata, en el puerto de Buenos Aires, el hidroavión Dornier Wal, "Plus Ultra", de la Aeronaútica Militar Española, que había realizado la hazaña de unir en un vuelo trasatlántico la onubense ciudad portuaria de Palos de la Frontera, con la capital argentina. Curiosamente, desde el punto inicial del viaje también habían partido las carabelas de Cristóbal Colón, que llegaran a América en 1492.

Los 10.270 kilómetros fueron recorridos entonces por el comandante de infantería don Ramón Franco Bahamonde (piloto y comandante de la aeronave, de El Ferrol, La Coruña), el capitán de artillería Julio Ruiz de Alda y Miguélez (copiloto, de Estella, Navarra), el alférez de navío Juan Manuel Durán González (piloto de la Aeronáutica Naval, de Jerez de la Frontera, Cádiz) y el soldado mecánico Pablo Rada Ustarroz (mecánico de vuelo, de Caparroso, Navarra).

La travesía se había iniciado en el Muelle de la Calzadilla, en aguas del río Tinto, frente a Palos de la Frontera (Huelva), el 22 de enero de 1926 a las 7.55 horas, cuando despegara el Dornier Wal en su primera etapa que concluyera en Las Palmas de Gran Canaria. En la tarde, tras ocho horas de vuelo sobre el Océano Atlántico, el hidroavión acuatizaba en el Puerto de la Luz, ante una multitud reunida en los muelles, aclamando a los tripulantes.Radio Madrid transmitió en directo el despegue del Plus Ultra, al iniciar su histórico vuelo sobre el Atlántico.

En Las Palmas quedó el fotógrafo de "Cuatro Vientos" y representante de "La Nación" de Buenos Aires, don Leopoldo Alonso, que filmara el inicio del viaje, acompañando a la tripulación hasta el archipiélago canario. Cuatro días más tarde, el 26 de enero, comenzando la segunda etapa despegó el Plus Ultra desde la bahía de Gando, en horas de la mañana, poniendo proa hacia Porto Praia, en la isla de São Tiago (capital del entonces portugués archipiélago de Cabo Verde), arribando tras nueve horas cincuenta minutos de vuelo. En Praia el comandante Franco Bahamonde decidió reducir el peso del avión al máximo, quitando 400 kilogramos, con el fin de reducir riesgos ante el extenso tramo a cubrir sobre el Océano Atlántico, quedando en tierra el alférez de navío Juan Manuel Durán González.

La tercera etapa se desarrolló entre Praia y la isla brasileña de Fernando de Noronha. El radiogoniómetro, usado por primera vez en un vuelo de estas características, hizo posible mantener la ruta correcta de la aeronave en la etapa mas larga del recorrido.

La Armada Española dispuso que el crucero "Blas de Lezo" y el destructor "Alsedo", cumpliendo funciones de buques-escolta tomaran posiciones en la ruta prevista, con el objetivo de dar apoyo y prestar auxilio a la tripulación del Plus Ultra, si fuera necesario. Por su parte, las autoridades brasileñas de Fernando de Noronha dispusieron mantener faros permanentes y hogueras, para facilitar la orientación de los aviadores españoles durante la noche.
Tras llegar a Fernando de Noronha el 30 se enero, la nave fue reabastecida y el día 31 cubrió el trayecto de 540 kilómetros de distancia (cuarta etapa) entre la isla y Recife (estado de Pernambuco), en territorio continental brasileño. En este trayecto, faltando poco mas de cien kilómetros para completarlo, se dañó la hélice posterior, siendo necesario repararla en pleno vuelo, produciéndose una demora de algo más de una hora en el tiempo estimado para la llegada. Tras descansar en Recife, donde se realizaron algunas reparaciones en la aeronave, el 4 de febrero se llevó a cabo la quinta etapa, entre esta ciudad del nordeste brasileño y Río de Janeiro. El trayecto (unos 2.100 kilómetros) demandó doce horas y quince minutos de vuelo, siendo apoteótico el recibimiento brindado en la ciudad carioca.

Al atardecer del 9 de febrero, en la sexta etapa que, según se había proyectado debía concluir en la capital argentina, tras algo más de nueve horas de vuelo, mientras el Plus Ultra volaba sobre la vertical de Maldonado, en el este uruguayo, cambió el rumbo hacia Montevideo, acuatizando en la rada de la capital oriental, provocando la algarabía de los vecinos montevideanos que, por unas horas, agasajaron a los tripulantes del hidroavión. El 10 de febrero, tras un vuelo de 44 minutos el Plus Ultra cumplió la séptima etapa, para llegar a la ciudad de Buenos Aires donde, desde el día 9, una multitud esperaba la llegada del Plus Ultra a orillas del Río de la Plata.

La emisora de radio L.Z.O. comunicaba las novedades del viaje, recibidas por medio de los entonces escasos y elementales receptores y, también, por medio de los altavoces instalados en camiones del periódico "La Nación", estacionados en varios lugares de la avenida Costanera y su balneario municipal. Por este medio la multitud que esperaba a los intrépidos españoles, se enteró que la llegada sería el 10 de febrero.

Muchas personas retornaron el día 9 a sus hogares o fueron a seguir las noticias a la calle Florida, frente a la sede de los periódicos La Nación, o La Prensa, en la Avenida de Mayo; aunque muchos otros decidieron pasar la noche veraniega en la Costanera Norte, para no perder sus lugares.

El día 10, hacia el mediodía, en el horizonte, sobre las aguas del Río de la Plata, por el sudeste, en dirección a Montevideo, apareció un punto oscuro que fue agrandándose, arrancando una ovación continua en la muchedumbre que solo era superada, por momentos, por bombas de estruendo y las sirenas de barcos anclados en el puerto metropolitano y de los diarios capitalinos. Las personas ubicadas en la zona norte del puerto metropolitano fueron quienes mejor avistaron el hidroavión Plus Ultra, cuya silueta se veía minuto a minuto con mayor claridad, en un cielo límpido.

El Plus Ultra se acercó a la costa bonaerense y evolucionó sobre la ciudad, en medio de manifestaciones de júbilo de la multitud.

Todos, salvo los enfermos, salieron a las calles. Entre ellos, Esteban Araiz Rodrigo, que aquél 10 de febrero dejó su trabajo en hotel Apolo para dirigirse a la Costanera, donde dio rienda suelta a su emoción ya que aunque nadie le creía, era tío del joven mecánico procedente de un hogar de artesanos de Catarroso, Navarra -entonces de 23 años- Pablo Rada Ustarroz.

El comercio callejero incrementó considerablemente las ventas, ya que los típicos vendedores ambulantes se acercaron a la zona norte del puerto metropolitano, agotaron sus existencias de bocadillos, limonada, barquillos y confituras. Dos aviones de la Armada Argentina se sumaron a otros que evolucionaban sobre el puerto

El 9 de febrero, el presidente argentino, Marcelo T. de Alvear, y su esposa Regina Paccini, interrumpieron sus vacaciones veraniegas en Mar del Plata, retornando a Buenos Aires, para llegar a la recepción oficial que se dio a los pilotos. El 10, desde un balcón de la Casa Rosada, el presidente Alvear, con binoculares, observaba detenidamente el cielo, sobre el Río de la Plata, siguiendo el acercamiento de la aeronave española.

A las 12.27 horas, acuatizaba en aguas del Río de la Plata el Plus Ultra, aclamado por miles de argentinos, españoles y residentes de otras nacionalidades, que vitoreaban a España y a los aeronautas. La llegada de la aeronave hispana se recordó durante mucho tiempo, siendo exaltada la hazaña de Franco y sus acompañantes, por todos los periódicos bonaerenses como motivo de orgullo para toda la estirpe Iberoamericana.

Desde Málaga, el Rey Alfonso XIII siguió atentamente el desarrolló de la última etapa del viaje, a través de la Compañía Italiana de Cables Telegráficos Submarinos (Italcable). Por medio de esta empresa el rey hizo saber al comandante Franco su intención de mantener una conferencia cablegráfica, poco después del arribo a Buenos Aires, que se llevó a cabo a partir de las 15.05 horas del mismo día 10.

El cronista del diario "La Nación" describía los hechos en la edición del jueves 11 de febrero, en los siguientes términos:  "Estas calles adyacentes, a poco, quedaron materialmente obstruidas: tal era la afluencia de vehículos que pretendían pasar. Y como otra avalancha de vehículos venía del Sur, el tráfico en muchos sitios se paralizó completamente. Los agentes de Policía agitaban inútilmente su varita blanca. Por entre los automóviles y los tranvías la multitud se deslizaba, se corría hacia el puerto, con el temor de llegar demasiado tarde…". Los títulos de la portada de esta edición estuvieron exclusivamente dedicados al acontecimiento.

Este vuelo tuvo, asimismo, trascendencia aerofilatélica, por cuanto se transportó un paquete de correspondencia integrado por catorce piezas solamente, todas con la firma autógrafa del comandante Franco.

El Plus Ultra recorrió 10.270 Km. empleando 61 horas y 44 minutos de vuelo, en siete etapas, desarrolladas durante 19 días, con 7 jornadas de vuelo, a velocidad media de 172 kilómetros por hora.
El Plus Ultra se exhibe en el museo de Luján en la provincia de Buenos Aires

http://histarmar.com.ar/InfGral/PlusUltra.htm.




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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Vie 12 Feb 2016 - 13:10

dia 11 de febrero (1814)

El Directorio declara a Artigas Infame Traidor


Decreto declarando traidor a Artigas

Art. 1 Se declara a D. José de Artigas infame, privado de sus empleos, fuera de la Ley, y enemigo de la Patria.

Art. 2 Como traidor a la Patria será perseguido, y muerto en caso de resistencia.

Art. 3 Es un deber de todos los Pueblos, y las Justicias, de los Comandantes militares, y de los Ciudadanos de las Provincias unidas perseguir al traidor por todos los medios posibles. Cualquier auxilio que se le de voluntariamente será considerado como crimen de alta traición. Se recompensará con seis mil pesos al que entregue la persona de D. José Artigas vivo o muerto.

Art. 4 Los Comandantes Oficiales, Sargentos y Soldados que siguen al traidor Artigas conservarán sus empleos, y optarán a los ascensos y sueldos vencidos, toda vez que se presenten al General del Ejército Sitiador, o a los Comandantes y Justicias de la dependencia de mi mando en el término de 40 días contados desde la publicación del presente Decreto.

Art. 5 Los que continúen en su obstinación y rebeldía, después del término prefijado, son declarados traidores y enemigos de la Patria. De consiguiente, los que sean aprehendidos con armas, serán juzgados por una Comisión Militar y fusilados dentro de 24 horas.

Art. 6 El presente Decreto se circulará a todas las Provincias, a los Generales y demás Autoridades a quienes corresponda: se publicará por Bando en todos los Pueblos de la Unión, y se archivará en mi Secretaría de Estado y de Gobierno.


Buenos Ayres, Febrero 11 de 1814. Gervasio Antonio de Posadas - Nicolás de Herrera, Secretario
(Asambleas Constituyentes Argentinas, T. VI, 2° parte, p. 72)

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Vie 12 Feb 2016 - 13:19

dia 12 de febrero (1817)

Batalla de Chacabuco


Pese a la habitual parquedad de San Martín cuando tomaba la pluma, se lo nota orgulloso y exultante en la comunicación que envía a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas después de Chacabuco, el 22 de febrero de 1817: "... el eco del Patriotismo resuena por todas partes a un tiempo mismo, y al Ejército de los Andes queda para siempre la gloria de decir: en 24 días hemos hecho la Campaña, pasamos las Cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la Libertad a Chile".

Diez días antes, el 12 de febrero, había tenido lugar la batalla de Chacabuco, que sería la coronación de una operación audaz por su concepción y brillantemente ejecutada: el cruce de Los Andes por el ejército que San Martín venía organizando y entrenando en la gobernación de Cuyo desde hacía tres años. Derrotados en Rancagua, los patriotas chilenos habían pasado a Mendoza. Entre ellos, Bernardo O'Higgins y Ramón Freire ayudaron a San Martín a organizar el Ejército de Los Andes y se pusieron bajo su mando.

La sorpresa era un factor fundamental para un ejército patriota que disponía de menos hombres y armas que el realista. Las tropas de San Martín habían cruzado divididas, por tres pasos diferentes, algo que les fue hábilmente ocultado a los realistas. El gobernador de Chile, Casimiro Marcó del Pont, no tenía un plan claro de defensa; la llegada del Ejército de los Andes lo sorprendió con la tropa dispersa, algo a lo que lo había forzado San Martín al multiplicar los cruces. Además de los tres principales, hubo cuatro secundarios, dos al norte y dos al sur. La operación estuvo tan bien coordinada que, pese a su complejidad, la altura de la cordillera a atravesar y la extensión de los cruces en un frente de unos 800 kilómetros, las tropas patriotas llegaron casi todas al mismo tiempo a Chile, entre los días 6 y 7 de febrero
Luego de varios combates menores, los patriotas estaban dominando el norte de Chile, por donde había pasado el grueso del ejército.

San Martín prepara entonces el enfrentamiento decisivo en la cuesta de Chacabuco, a 50 kilómetros al norte de la ciudad de Santiago. Para ello concentra sus tropas en Curimón.

Marcó del Pont designa al brigadier Rafael Maroto para enfrentar a los patriotas y detener su avance, defendiendo la Capital. Tendrá 2500 hombres a su mando: una compañía de húsares y varios batallones de Infantería..

San Martín por su parte disponía de 3500. Los patriotas se dividen en dos columnas, dirigidas por Miguel Estanislao Soler y por Bernardo O'Higgins, integradas por los Batallones nº1 de Cazadores de los Andes y nº11 de infantería, con el apoyo de los batallones 7 y 8 de Infantería, y 4 escuadrones de Granaderos a Caballo.

Los realistas fijan campamento en la víspera de la batalla en las casas de la hacienda de Chacabuco.

El plan del jefe del Ejército de los Andes era que una de las columnas atacara de frente a los realistas, para fijarlos –"aferrarlos", en lenguaje militar- en el terreno, para dar tiempo a la otra columna a avanzar dando un rodeo y atacarlos por el flanco y la retaguardia en un movimiento envolvente. Una táctica napoleónica que San Martín había tenido tiempo y oportunidad de estudiar muy bien. El mapa que acompaña esta nota muestra el escenario y los movimientos planeados.

San Martín envía a O'Higgins al frente de la división menos numerosa, por el camino más corto y más escarpado –la cuesta vieja-, para atacar a las fuerzas realistas que él cree están aun en las casas de Chacabuco. Soler, mientras tanto, marcha con su división hacia el mismo lugar pero por el camino más largo (llamado cuesta nueva), para aparecer por el flanco y decidir la suerte de la batalla. Por eso O'Higgins debía demorar el combate hasta la llegada de Soler.

"El general O'Higgins –escribe Carlos A. Pueyrredón en La Campaña de los Andes-, al divisar a las tropas opresoras de su Patria, no pudo contenerse, e impulsado por su valor legendario se lanzó a la carga, resuelta e imprudentemente, contrariando las instrucciones de San Martín de esperar a la División Soler, para iniciar juntos el combate".

En este punto, hay cierto debate entre los historiadores. Algunos señalan que, habiendo San Martín dado la orden de no atacar hasta la llegada de Soler, que debía rodear el cerro, el apresuramiento de O'Higgins –inspirado en su arrojo, virtud en la cual todos coinciden- comprometió la estrategia del Libertador y lo obligó a intervenir. Cabe señalar que la primera carga de O'Higgins contra los realistas había fracasado y el jefe chileno se había visto forzado a retroceder.

Otros señalan que, en realidad, como el ejército realista marchó cuesta arriba –no se quedó en las casas de Chacabuco- al avanzar O'Higgins según lo previsto para posicionarse con el fin de atacarlos de frente, se encuentra de pronto con que las fuerzas de Maroto están a una distancia mucho menor de la que se esperaba. Por eso la batalla se empeña antes de lo previsto.

Fue ese el momento en que O'Higgins, desenvainando el sable, gritó: "¡Vivir con honor o morir con gloria, el que sea valiente que me siga!" y cargó contra el enemigo.

Según el historiador Isidoro Jorge Ruiz Moreno, San Martín consideraba a O'Higgins "valiente hasta la temeridad", pero "le criticaba la falta de conocimientos estratégicos". A diferencia de San Martín, O'Higgins, como otros jefes revolucionarios –y podemos pensar en el caso de Manuel Belgrano- se habían formado en el mismo proceso.

Pero el terreno no era propicio para el ataque, había quebradas que dificultaban el avance de la caballería, y esa primera carga de O'Higgins contra los españoles será vencida. Un segundo ataque lanzado por el jefe chileno estaba encontrando serias dificultades.
Advertido San Martín de lo que ocurre, ordena a Soler atacar de inmediato. Más aún, decide intervenir él mismo en la batalla (ver video al pie de esta nota). Baja la cuesta al frente de sus granaderos y llega en el momento en que O'Higgins se disponía a lanzar un nuevo ataque frontal contra el enemigo realista. "El gran capitán venía bajando la cuesta al frente de sus granaderos cuando se apercibió del acto de arrojo de O'Higgins –sigue el relato de Carlos Pueyrredón en la obra citada-. Ordenó inmediatamente a los regimientos 7 y 8 de infantería que calaran bayoneta y atacaran resueltamente al centro del ejército realista; enseguida, a lanza y sable, arremetió contra el enemigo, para auxiliar a O'Higgins".

El general Gerónimo Espejo, que participó de la Campaña de los Andes, lo cuenta así: "Al ver en tan inminente riesgo la obra que le costaba tantos sudores y desvelos, el pundonor, la responsabilidad, el despecho, quizás lo condujeron (a San Martín) a la cabeza de los Granaderos, resuelto a triunfar o no sobrevivir si se consumaba el infortunio".

Miguel Ángel de Marco (ver su análisis en esta misma edición) recuerda que la estatua del general San Martín espoleando el caballo, con el dedo señalando en el aire, que nos es tan familiar, está inspirada en ese momento crucial de la batalla de Chacabuco cuando, al ver lo que estaba ocurriendo con O'Higgins, le dijo a su ayudante "Vaya y dígale al general Soler que ataque de inmediato", y luego montó a caballo para avanzar él mismo con sus granaderos.

Fue la última vez que se involucró físicamente como comandante en el combate, algo absolutamente inhabitual y que inquietó sobremanera a Pueyrredón: "Lo que sé por Luzuriaga –le escribe preocupado- es que usted con dos escuadrones de granaderos tuvo que meterse entre las líneas enemigas. De esto infiero, o que la cosa estuvo apurada, o que no tuvo usted jefe de caballería de confianza, porque en todo otro caso yo acusaría a usted del riesgo en que se puso. Dígame usted con la franqueza que debe lo que hubo en esto (...). Por Dios, cuídese usted, porque su vida y su salud interesan extraordinariamente al país y a sus amigos".

El ataque combinado de O'Higgins y San Martín, sumado al de Soler, rompe las filas realistas. Se retira la caballería, mientras que la infantería es perseguida varios kilómetros. La batalla, cuyos primeros movimientos se habían iniciado de madrugada, concluye entre las 3 y 4 de la tarde.

El parte de San Martín a Pueyrredón es brevísimo pero completo: "Una división de mil ochocientos hombres del ejército de Chile acaba de ser destrozada en los llanos de Chacabuco por el ejército de mi mando en la tarde de hoy. Seiscientos prisioneros, entre ellos treinta oficiales, cuatrocientos cincuenta muertos y una bandera que tengo el honor de dirigir es el resultado de esta jornada feliz con más de mil fusiles y dos cañones. La premura del tiempo no me permite extenderme en detalles, que remitiré lo más breve que me sea posible: en el entretanto, debo decir a V. E., que no hay expresiones como ponderar la bravura de estas tropas: nuestra pérdida no alcanza a cien hombres. Estoy sumamente reconocido a la brillante conducta, valor y conocimientos de los señores brigadieres don Miguel Soler y don Bernardo O'Higgins. Dios guarde a V. E. muchos años. Cuartel general de Chacabuco en el campo de batalla, y febrero 13 de 1817."

Chacabuco fue una victoria completa que les dio a los patriotas el dominio de Santiago. Marcó del Pont huye pero es capturado en Valparaíso cuando se preparaba para abordar un barco hacia Lima.

El propio enemigo describe con gran precisión el impacto estratégico de la batalla. Desde Lima, el virrey Joaquín de la Pezuela admitirá que "la desgracia" padecida por sus fuerzas en Chacabuco había transformado "enteramente el estado de las cosas". "Cambióse el estado de la guerra", dijo.

La primera consecuencia es la entrada de los patriotas a la capital de Chile el mismo día 14, dos días después de Chacabuco. Los chilenos le ofrecen la titularidad del gobierno a San Martín la máxima jefatura de gobierno, como Director Supremo de Chile. Él declina el ofrecimiento y recomienda el nombramiento de O'Higgins.

Como vimos, en su parte de la batalla, San Martín no hace ningún reproche a O'Higgins. Muy por el contrario. Más tarde, en carta detallada a Pueyrredón sobre el desenvolvimiento de la batalla, nuevamente destaca el desempeño de sus subordinados y agrega varios nombres a la lista. "Sin el auxilio que me han prestado los brigadieres Soler y O'Higgins, la expedición no hubiera tenido resultados tan decisivos; les estoy sumamente reconocido, asimismo a los individuos del Estado Mayo, cuyo segundo jefe, el coronel Beruti, me acompañó en la acción y comunicó mis órdenes, así como lo ejecutaron a satisfacción mía mis ayudantes de campo el coronel don Hilarión de la Quintana, don José Antonio Álvarez, don Antonio Arcos, don Manuel Escalada y don Juan O'Brien". También nombra a los comandantes Cavot, Rodríguez y Freyre –que actuaron en otras zonas de Chile- y promete ampliar la lista de patriotas que se destacaron en la acción de Chacabuco, cuando reciba los informes del desempeño de toda la tropa, "para que sus nombres no queden en el olvido".

La amistad entre San Martín y O'Higgins fue una de las más fructíferas para la causa de la emancipación americana. Unió a dos hombres dispuestos a todo renunciamiento personal en aras del interés del conjunto. Entre ellos no hubo celos ni competencias que pudieran comprometer sus objetivos.

O'Higgins jamás escatimó a San Martín el reconocimiento que éste merecía por la emancipación de Chile y le brindó su amistad y lealtad hasta el fin.

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 13 Feb 2016 - 10:20

dia 13 de febrero (1827)

Combate de Bacacay


A comienzos de 1827, y bajo el mando de Carlos María de Alvear, se iniciaron las hostilidades terrestres, tomándose la ciudad de Valles el26 de enero. Poco más tarde las partidas adelantadas  las fuerzas del general Manuel Bentos hicieron frente a la columna de caballería (el regimiento de Granaderos a Caballo) e infantería (los Colorados de las Conchas) comandada por Juan Lavalle en Bacacay; luego de chocar sin perdids mayores, ambas columnas se separaron de la refriega y retornaron a sus unidades mayores,   que triunfarían nuevamente tres días más tarde en la batalla de Ombú, antesala de la de Ituzaingó.


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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 14 Feb 2016 - 16:54

dia 14 de febrero (1820)

Fallecimiento del doctor Cosme Argerich


El 26 de septiembre de 1758 nace en la ciudad de Buenos Aires Cosme Mariano Argerich; primogénito de los diecisiete hijos del cirujano Francisco de Argerich.

A los dieciocho años su padre lo envió a España, donde obtuvo el título de ”Doctor en Medicina del Gremio y Claustro” de la Real y Pontificia Universidad de Cervera.

Volvió a Buenos Aires en 1784 y fue nombrado médico del Colegio de Huérfanos y, posteriormente ”Primer Examinador del Protomedicato”.

Entre los años 1794 y 1799, junto a Agustín Fabre y Bernardo Nogués, redactan las ”Ordenanzas del Real Colegio de Medicina y Cirugía de Buenos Aires”; y años después asume como ”Protomédico General y Alcalde Mayor de todas la Facultades de Medicina, Cirugía, Pharmacia y Phlebotomía”.

En 1802 Cosme Argerich inició sus actividades docentes en la Escuela dependiente del Protomedicato. En efecto, en ese año, el catedrático de medicina doctor Gorman debía hacerse cargo de la enseñanza del segundo año del plan de estudios que comprendía química, botánica y farmacia, pero estando imposibilitado para ello por razones de salud, solicitó y obtuvo del virrey del Pino el nombramiento del doctor Cosme Argerich como substituto de su cátedra, quien en julio de ese año dio comienzo a sus lecciones.

Durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, Argerich se desempeñó, conjuntamente con el resto de los profesores, estudiantes y otros médicos que actuaban en Buenos Aires, con competencia y celo en su humanitaria tarea de asistir a heridos de ambos bandos.

Cosme Argerich también participó activamente en los inicios de la emancipación argentina; según consta en un trabajo del Dr. Celso Moradei, ”Argerich estuvo presente en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, y fue su criterio el que se impuso en el Cabildo del 25 de mayo”.

Posteriormente al pronunciamiento revolucionario, la Primera Junta de Gobierno decidió asegurar su estabilidad preparando ejércitos que naturalmente debían llevar cirujanos y elementos sanitarios. Así fue como, después de haber asistido con el regimiento de granaderos a caballo al combate de San Lorenzo, Cosme Argerich se desempeñó como médico del Ejercito del Norte bajo las órdenes del General Manuel Belgrano durante los años 1812 y 1813. Por su parte los cirujanos de Paula Rivero y García Valdez prestaron sus servicios en la Banda Oriental, y el médico Madera sirvió en la expedición al Alto Perú en 1811.

Sin embargo, pese a los esfuerzos de los agentes sanitarios, los jefes de los ejércitos libertadores se quejaban siempre de la escasez de cirujanos y elementos sanitarios. Entonces, atendiendo a esta circunstancia, Cosme Argerich elaboró un plan de enseñanza de la medicina que fue aprobado por la Asamblea Constituyente de 1813; la cual para aplicar el plan creó poco después el Instituto Médico Militar, que sustituyó a la Escuela de Medicina. Argerich fue nombrado director del Instituto, y desde este cargo, proveyó en 1816 al General San Martín de material sanitario y médicos para las campañas libertadoras a Chile.

El doctor Cosme Mariano Argerich, falleció el 14 de febrero de 1820 a causa de un cuadro anginoso. Actualmente sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta.

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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Lun 15 Feb 2016 - 9:08

dia 15 de febrero (1827)

combate de Ombú


Dos días después de la sableada que había aplicado Lavalle a las fuerzas brasileñas comandadas por el General don Bentos Manoel Ribeiro, ante la persistencia del jefe paulista, el General Alvear encomendó al General Mansilla darle el escarmiento necesario. El encuentro se produjo en el arroyo Ombú. Mansilla contaba con 800 hombres de caballería, en tanto que el General Ribeiro conducía 1.200 soldados. Tras una desordenada carga patriota que facilitó a la caballería enemiga formar un gran semicírculo que puso en peligro el ataque argentino, la rápida reacción del ayudante del General Mansilla, don Segundo Roca, al quitarle el clarín al trompa de órdenes el cual estaba dispuesto a tocar retirada, permitió que un Escuadrón del Regimiento 16 de Caballería, a órdenes del coronel Olavarría, efectuara una carga con tal ímpetu que frenó la acción brasileña. Esto permitió rehacer la carga propia y provocó la detención del empuje brasileño. El ataque enemigo pronto se transformó en retirada y luego en desordenada fuga.


Luego de la batalla de Bacacay... Alvear dispuso escarmentar a las tropas brasileñas por segunda vez.
La tarea fue encomendada al general Lucio Mansilla y dos días después de producido el combate de Bacacay se toparon argentinos y brasileños en el arroyo Ombú. Mansilla contaba con 800 hombres, todos de caballería: 100 del Regimiento 1º (comandante José María Cortina), 100 del Regimiento nº2 (capitanes Albarracín y Martín), 300 del Regimiento nº8 (coronel Zufriategui), 200 del Regimiento nº16 (coronel Olavarría) y el Escuadrón de Coraceros (teniente coronel Medina). El coronel Ribeiro conducía a 1200 soldados.

Antes de relatar el combate debe efectuarse una precisión: Mansilla había ascendido -como Alvear- sin atender a la escala orgánica y merced en gran parte a la política. No había comandado en batalla a numerosos efectivos. En efecto, tras su paso por el Ejército de los Andes, con el grado de mayor se incorporó al ejército entrerriano de Ramirez luego de la batalla de Cepeda (1820), al frente de cuya infantería contribuyó a derrotar a Artigas. Abandonando a su jefe, ya teniente coronel, se apoderó del gobierno de Entre Ríos, desbaratando los intentos del general López Jordán por mantener la República Entrerriana. Fue entonces ascendido a coronel. Y en vísperas de abrirse la campaña contra el Imperio de Brasil, tras desempeñar una diputación en el Congreso Nacional, recibió entorchados de general. Por eso, Alvear -olvidado de su propia trayectoria- lo calificaba de "general de bochinche". Veamos ahora los testimonios de un par de actores en el combate de Ombú.

El capitán Domingo Arrieta en sus Memorias recordaba lo que sucedió cuando se avistó a los imperiales ocupando unas pequeñas alturas, al salir el sol el día 15:



"Nuestro general Mansilla, desde el momento que los vio, mandó la nunca bien ponderada maniobra de formar toda la división en una sola columna por escuadrones y marchar desde la gran distancia en que aún nos hallábamos del enemigo, al aire de galope, en un terreno que por lo pedregoso, desigual y lleno de arbustos, hubiera sido muy dificultoso hacerlo al paso. Este violento orden de marcha hizo que se perdiese todo orden de formación. Desbandados nuestros escuadrones, tanto por el cansancio de nuestros caballos como por la pendiente del terreno, más parecía una división en completa derrota que tropa que iba a batirse con el enemigo."

Con todo, los brasileños, ante la fogosa carga que se les iba encima, se replegaron a un llano en la retaguardia y formaron su línea sobre la margen izquierda del arroyo Ombú. Cuando llegaron allí los jinetes argentinos lo hicieron -según Arrieta- "en estado de no haber un solo caballo que pudiese galopar".
El general Mansilla ordenó al coronel Juan Zufriategui que atacara la línea enemiga con su Regimiento (compuesto en gran parte por antiguos Dragones de Rivera). Lo que sigue integra los Recuerdos del entonces teniente José María Todd:



Salió el nº8 en son de carga, y en el acto se desprendió otro regimiento enemigo que cargó con decisión, pero con mal instinto, pues a una cuadra dio la voz de carga. Nuestro regimiento, en vez de aprovechar esa chambonada que había desorganizado la línea enemiga, echó a correr con toda ignominia. Felizmente tomó en su disparada una línea diagonal que descubrió el frente de los vencedores.

Aprovechando la oportunidad, Bento Manoel rodeó con su caballería a los cuerpos argentinos y se dispuso a concluirlos. Prosigue relatando el capitán Arrieta:



Aprovechándose los brasileños de la gran superioridad que sobre nosotros le daba el descanso en que estaban sus caballadas, maniobraron como quisieron, y formando una especie de círculo nos encerraron dentro de él, sin ser bastante a impedirlo la desesperada oposición que hicimos. ¡Ya no había remedio: todos éramos perdidos!

 El general Mansilla se dispuso a abandonar la lucha. Pero en ese instante se produjo un hecho que resultó trascendental, según reveló en 1857 el después general Jerónimo Espejo, a la sazón integrante del Estado Mayor de Alvear:



En este combate, envueltos nuestros escuadrones casi en derrota, cuando el corneta del General iba a tocar la señal de retirada, Roca [su ayudante don Segundo] le quitó el clarín de la boca, y esta acción atrevida dio lugar a que un escuadrón nuestro diese otra carga al enemigo.
El coronel Olavarría, del 16, jefe valiente y práctico en las ocasiones de choques parciales, mediante una serie de combates en que se había encontrado y siempre distinguido en la guerra de la Independencia, restableció el orden y obtuvo un triunfo sobre el adversario.

De ahí en adelante se modificó la situación, aunque indica Todd "que estábamos admirados de encontrar una resistencia a la que no estábamos acostumbrados: debo confesar que los brasileños pelearon como bravos". Por fin los paulistas emprendieron su retirada al galope, perseguidos ahora por los argentinos, "causándoles el daño que no supieron hacernos", comenta Arrieta. En su fase final, la caballería riograndense convirtió su carrera en una auténtica fuga. Un último detalle ofrece Todd:



El paso preciso del arroyo que debían vadear era bastante ancho, pero como se habían aglomerado todos en completo desorden, se estorbaban unos a otros y pudimos llegar a tiempo y causarles una gran mortandad. Allí por primera vez se vio el gran efecto que producían las lanzas, arma muy mal recibida por nuestros soldados, especialmente por los salteños que se creían degradados por ella, pues solo la usaron los gauchos en la guerra de la Independencia a falta de otra arma; pero en esta pelea y recorriendo los muertos enemigos, casi todos estaban heridos de lanza: adquirió fama esta arma.

Los imperiales tuvieron 173 muertos y 46 heridos. Las bajas propias fueron de 54 muertos y 31 heridos, y el coronel Zufriategui sufrió grave descrédito, recogido en los testimonios de Paz, Iriarte y Todd.
En cuanto a Bento Manoel Ribeiro, fue alejado de las operaciones tras sus dos contrastes sucesivos, perdiendo contacto con los argentinos hasta el día de la batalla de Ituzaingó (en la cual no participó), causando su conducta una impresión desagradable entre sus camaradas.

en:

http://fdra-historia.blogspot.com.ar/2015/11/historia-argentina-la-batalla-de-ombu.html


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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
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Samaniego, Félix Mª de


Última edición por bashar el Lun 15 Feb 2016 - 9:27, editado 1 vez
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