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  Página Histórica de Hoy

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ariel
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Mensajes : 17078
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Vie 6 Mar 2015 - 22:03

Excelente Oscar!
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bashar
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Vie 6 Mar 2015 - 22:11

ariel escribió:
Excelente Oscar!

Ah deja de joder! jajaja

Mañana toca Carmen de patagones.. hace tres días que la estoy armando y mi jermu esta a punto de mandarme con la notebook... A.. mas o menos Carmen de Patagones... jajaja

como dice don Prueba...

Gracias por leer los post!

_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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ariel
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Edad : 35

MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Vie 6 Mar 2015 - 22:46

bashar escribió:
ariel escribió:
Excelente Oscar!

Ah deja de joder! jajaja

Mañana toca Carmen de patagones.. hace tres días que la estoy armando y mi jermu esta a punto de mandarme con la notebook... A.. mas o menos Carmen de Patagones... jajaja

como dice don Prueba...

Gracias por leer los post!

risa :que risa: :que risa: :que risa:
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bashar
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 7 Mar 2015 - 23:18

Día 7 de Marzo (1827)
Cuando Patagones conoció la Gloria

Los cascos del caballo redoblaron en la tierra dura. A la derecha, el monte, con los rastros aun vivos del incendio. Adelante en algún lugar de la oscuridad, el viejo fuerte, esperando las ultimas noticias. Y a la izquierda el río, y el camino poblado de silencio, continuando el antiguo rumbo hacia el mar
Marcelino Crespo (de 17 años como la república), al galope , arrimaba a la gente del cerro el parte de la victoria. Eran las diez de la noche del 7 de marzo de 1827.

El ataque

Todo había comenzado demasiado fácil.
¿Qué resistencia podía ofrecer aquel pueblito al borde del mismo mundo, con escasos 400 pobladores, a una expedición, con 4 buques de combate y 613 hombres de desembarco, bien armados y con la intención de borrarlo del mapa?
Cuando la fuerza expedicionaria forzó la barra del Río Negro, la débil batería en la desembocadura fue reducida sin mayores complicaciones. Allí murieron dos morenos del contingente del coronel Pereyra y el Valeroso marino italiano Fiori, destacado en la guerra por las operaciones corsarias contra las costas brasileñas.

Era evidente, y asi lo creyeron, que la misión se haría sin complicaciones mayores. Tres pudieron ser las motivaciones que el Imperio tenía  para llevar a cabo la campaña. Una, la necesidad e aniquilar el apostadero del que salían impunemente los barcos corsarios que  asolaban el trafico comercial brasileño. Otra, contar con un punto de apoyo al sur del Río de la Plata, desde cual surtir a los indios de armas y bastimentos e inducirlos a  atacar el sur de la provincia de Buenos Aires y Córdoba, a fin de debilitar y distraer recursos de Buenos Aires en la guerra y abrir un segundo frente. Y finalmente, establecer un acceso al Atlántico Sur, tener un pié en la desguarnecida Patagonia y aumentar el área de influencia del Imperio.

La Resistencia

¿Qué resistencia podía ofrecer aquel pueblito de frontera, a 1000 kilometros de Buenos Aires, separados por desiertos intransitables?
Pocos habitantes, escasas municiones y armamento, una pobre fortaleza y un puñado de marineros. Ese era el panorama al 6 de Marzo de 1827.
El jefe de la plaza el coronel Martín Lacarra, organizó con los oficiales superiores y los capitanes un plan de defensa.

Ese misma noche del 6, a la 21 horas, pisó tierra un grupo de reconocimiento que exploró la zona. A las 23 comenzo el desembarco y a las 2 de la mañana del 7, la columna de infantería se puso en marcha. Objetivo: rendir el fuerte y quemar la población.

Los Héroes

El desplazamiento nocturno de la columna brasileña fue muy accidentado. No obstante, a las 6.30 de la mañana, el sol puso brillo en las bayonetas de los soldados que trepaban el Cerro  de la Caballada.
En el fuerte, los 100 morenos del coronel Pereyra, que eran de un contingente rescatado por los corsarios del tráfico esclavista brasileño, los viejos, las mujeres y los niños, se encerraron y esperaron resistir hasta el final. En el monte, 80 milicianos, gauchos y algunos indios aquerenciados al pueblo se escondieron a las órdenes del Subteniente Sebastián Olivera.
En el río, el Comandante de Marina, Santiago Jorge Bynnon, sobreviviente con su buque de los tres que partieron de Chile, los oficiales Harris, soulin, doutant, Thorne y otros cn sus tripulaciones. A las 7 de la mañana, la escuadrilla corsaria abrió fuego, con escasa efectividad debido a la distancia. Desde el monte los hombres de Olivera, con descargas de fusilería, atacaron a la columna brasileña, muriendo su jefe el Capitan Sheperd.

La tropa enemiga, agotada por la sed y la caminata nocturna, y sin su jefe, se replegó hacia el río. Pero en aquel instante una descarga de disparos de la tropa de olivera les corto el camino y los obligó a buscar refugio en una arboleda, pero allí les esperaba otro desastre.

Los gauchos y milicianos incendiarion el monte. Era el infierno. A media tarde, la sed, la fatig y la muerte, rindieron a la infantería invasora. Mientras tanto, en el río, la escuadrilla  al mando de Bynnon encaró a los buques enemigos tomando por asalto al bergantín “Escudiera” y la goleta “Constancia”. Solo quedaba el “Itaparica”. El último foco de la resistencia brasileña. Ls unidades apresadas fueron de inmediato marinada por los marinos corsarios, reforzando a la escudrilla que atacó sin mas al Itaparica que también fue rendida.

Uno de los valientes

El primer hombre que subió a bordo y tuvo la honra de arriar la Bandera del imperio, fue el marino Juan Bautista Thorne, el mismo que años después sería conocido como el “Sordo de Obligado”, porque asi quedó, peleando por la soberanía de la Republica.
Siete banderas enemigas fueron depositadas en custodia en la iglesia de Carmen de Patagones. En esa arisca frontera, aquel pueblito–puerto fronterizo del mundo conocido, se preparó por aquel hecho bélico  abrir el destino patagónico a la Argentina y a Luis Piedra Buena.
En 15 días, Juncal, Ituzaingó y Patagones llenaron de orgullo a la joven República.
Cuando aquel jovencito llegó a las puertas del fuerte, tenia 17 años, como la República, dando el parte de la victoria.

Faltaba una hora y media para el 8 de marzo de 1827.


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woody59

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 8 Mar 2015 - 0:21

Gracias por compartir esta pagina de nuestra historia, saludos.
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bashar
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 8 Mar 2015 - 0:35

woody59 escribió:
Gracias por compartir esta pagina de nuestra historia, saludos.

Hasta no hace mucho, olvidada por la historia oficial, quizá porque no había personajes patricios en este hecho bélico, sino solo un amasijo de  "chusma"  de oficiales menores, corsarios extranjeros gauchos,mujeres e indios y esclavos liberados... demasiado popular  para algunos...

de Martín Lacarra el comandante del fuerte,  se sabe solo tuvo dos vicios... el mate y el cigarro... así estaban hechos los milicos de frontera.

saludos y gracias! saludos

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 8 Mar 2015 - 12:22

Oscar realmente no se qué hacer primero si aplaudir o felicitarte, en realidad ambas cosas es poco, primero por este espectacular pos y segundo por los ricos temas que contas, sobre esta historia tengo algo de material que veo como invento el tiempo para subirlo, por ahora conozcamos a este héroe argentino.


coronel Martín Lacarra

Nacido en Buenos Aires el 22 de junio de 1777, ingresó al servicio militar en temprana edad en las Milicias Provinciales (1794). Asistió a la débil resistencia ofrecida el 2 de junio de 1806 en el puente de Gálvez a los bravos soldados de Beresford y posteriormente a la heroica defensa contra John Whitelocke  en julio de 1807. Incorporado después de la revolución a los Granaderos de Infantería, marchó en 1811 con Terrada a Santa Fe y al siguiente año al asedio de Montevideo de que le cupo en suerte ser de los libertadores, conquistando con la medalla de honor, el título de "benemérito de la patria en grado heroico".
Combatió contra los anarquistas acaudillados por Artigas; tomó parte en la revolución que depuso al Director Alvear del poder, y asistió a la campaña contra los montoneros de Entre Ríos, en 1818.
Los sucesos de 1820 lo arrastraron en sus violencias y fue destituido del mando de tropas, repuesto, y otra vez preso y perseguido, hasta que el gobierno ejemplar de don Martín Rodríguez encauzó hombres y cosas, retirándose del servicio activo en situación de reformado hasta el año 23, en que fue nombrado para desempeñar la Comandancia de Patagones.
Preparó allí la defensa del territorio contra la agresión de los indios,  presidió la resistencia a la invasión brasilera,  renuncia el cargo en que fue reemplazado por el coronel Paulino Rojas.
Pasó varios años en la vida privada, sin tomar participación alguna en los negocios públicos, hasta 1840 que fue reducido a prisión por orden del tirano Rosas, condenado al servicio de las armas como soldado raso, de que fue librado previo pago de tres personeros, y así corrió el resto de su vida, amargada por estas inmerecidas humillaciones y dolorosas desgracias de familia, hasta el 9 de julio de 1858, en que caía al sepulcro en momentos que sus compatriotas celebraban el aniversario de la gloriosa independencia nacional de que fue un soldado esforzado y un servidor abnegado.

Un abrazo Ricardo.

PD Ahora sigo.

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José Manuel Estrada
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 8 Mar 2015 - 13:06

Otros héroes que participaron en la defensa.


Santiago Bynon

Santiago Jorge Bynon

Benemérito jefe de las fuerzas navales argentinas en aquel luciente episodio.

Nació en noviembre de 1798, en la ciudad de Swansea, en el país de Gales. Comenzó a navegar en 181 5 al servicio de la Compañía de las Indias Orientales, en los mares procelosos de China, Indostán y Japón.

Alvarez Condarco, agente revolucionario en Londres, lo puso en comunicación con lord Cochrane que estaba al servicio de la marina chilena, y en 1818 sentaba plaza en aquella armada siendo destinado a servir en la O'Higgins. Al año siguiente participaba de las glorias de la campaña naval del Pacifico, combatiendo dos veces contra el Callao y concurriendo al apresamiento de la fragata Begoña.

Hizo la del Sur, en 1820, combatiendo en Valdivia, y concurrió al crucero hecho por Robertson en las aguas del Arauco en 1821 y continuó prestando sus servicios en los mares del sur de Chile hasta 1826 que con el asalto de la plaza de Ancud terminó la guerra de la independencia, habiendo alcanzado el empleo de capitán de corbeta.

Desarmada la escuadra chilena pasó al servicio de la argentina en las circunstancias y condiciones dichas en otro lugar, y tomó parte en todas las operaciones navales contra el Imperio,  alcanzando a ocupar el elevado cargo de segundo jefe de la armada. Hizo largos cruceros sobre las costas brasileñas combatiendo a numerosas naves de guerra y persiguiendo a las mercantes, pudiéndose recordar especialmente, entre tantas acciones, la que libró con los buques “Isabel I” y “Pedro I”, a bordo del cual navegaba el emperador del Brasil, escapando, merced a su habilidad, de caer prisionero de un enemigo muy superior.

Fue, precisamente, este combate el que le puso en la necesidad de reparar averías y dirigirse al Rio Negro, que era puerto de refugio de nuestras naves, ya salieran maltrechas de la lucha, ya vencedoras para dar asilo seguro a sus presas.

Terminada la guerra Bynon quedó en Buenos Aires hasta 1835 que regresó a Chile, donde se dedicó a la vida comercial hasta que la guerra con la Confederación Perú-Boliviana le dio oportunidad de incorporarse a la armada, de reciente creación, sirviendo a las órdenes de los almirantes Blanco y García del Postigo.

En 1841 mandó la fragata “Chile”, en 1843 fue gobernador marítimo de Valparaíso, en 1844 de Talcahuano, en 1849 Atacama y en 1852 encargado con el almirante Maresby, de sofocar el alzamiento de Magallanes que enlutó una página de la historia chilena.

Después de este memorable suceso fue elegido gobernador de Valparaíso. Ascendido sucesivamente de capitán de fragata a igual clase de navío y al alto cargo de contraalmirante, se retiró de la segunda de la escuadra chilena en 1870; pero por fallecimiento del vicealmirante Simpson, en 1878, pasó a ocupar este rango que antes solamente habían alcanzado el ilustre lord Cochrane y el benemérito argentino Blanco Encalada.

Este valiente soldado de la independencia americana falleció en Santiago de Chile en 1883.


Felipe Pereyra

Coronel de los Ejércitos de la República, nació en Buenos Aires por los años de 1776. A los 30 años de edad las invasiones inglesas le iniciaron en la carrera de las armas. Sentó plaza de soldado en el 3º batallón de Patricios en octubre de 1806 y como tal peleó en la defensa del 5 de julio de 1807 distinguiéndose, como está documentado por sus jefes, en la rendición de las tropas que ocupaban la cuadra de la actual calle del Perú entre Belgrano y Moreno.

Sirvió en ese cuerpo hasta 1812 que pasó en clase de teniente al "Primer Tercio Cívico" hasta 1816 que fue incorporado al Batallón n° 8 de los Andes. Hizo la campaña libertadora de Chile, peleando en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú, obteniendo por esos servicios dos medallas, un cordón de honor, la declaración de Heroico Defensor de la nación la distinción de ser elegido miembro de la Legión de Mérito de Chile y ser ascendido a sargento mayor.

Siguió la campaña libertadora del Perú, asistiendo al sitio y asalto del Callao y defensa de la ciudad de Lima, siendo condecorado con una medalla de oro y el título de Benemérito de la Orden del So!. Asistió a la campaña de Puertos Intermedios, ya graduado de coronel y como jefe del Regimiento "Rio de la Plata", combatiendo en Calaña y batallas de Torata y Moquegua, A su regreso a Lima tomó parte en la segunda defensa de esa ciudad y en la persecución a las tropas enemigas cuando se retiraron del sitio en julio de 1823.

La funesta sublevación del Callao le obligó a dirigirse a Trujillo en 1824, y no obteniendo de Bolívar una acogida digna de sus méritos y jerarquía militar, resolvió abandonar el Perú y regresar a su patria, presentándose a su gobierno en marzo de 1825.

Poco después fue destinado al Río negro donde se batió con los brasileños en defensa de aquel territorio.
En 1830 ascendió al empleo de coronel y falleció inesperadamente en el Tandil, donde prestaba sus servicios militares, el i." de abril de 1833.

Sebastián Olivera

Nació en Mendoza en 1795 y paso a Buenos Aire por los de 1807 o 8 a estudiar, bajo la tutela de D. Isidoro Peralta. En 1810 sentó plaza en el Regimiento 3 de infantería, hizo la primera campaña al interior con el ejército Auxiliar y se halló en las acciones de guerra en ellas libradas. Ascendió muy lentamente: a cabo en 1810. a sargento 2º en 1814. a 1º en 1816, a subteniente en 1823. En este año fue destinado a Patagones como ayudante de la Comandancia militar del punto. Allí le encontró la invasión extranjera. "Toda nuestra infantería", dice D. Ambrosio Mitre en su descripción de los sucesos, "estaba replegada en la fortaleza desde el 6 por la noche, y la caballería del vecindario hasta el número de 114 hombres, incluso los Tragas (gauchos) se pusieron a las órdenes del ayudante subteniente D. Sebastián Olivera. Este digno oficial puso este pequeño cuerpo en el mejor orden posible; y a su actividad y celo se debe tal vez, y sin tal vez la rendición de la fuerza terrestre".

Con fecha 11 de abril de 1827 fue ascendido a ayudante mayor y a capitán en 1825 desempeñando desde entonces la Comandancia de Patagones hasta 1834 que se retiró a Buenos Aires. Ascendió a sargento mayor en 1830 y dos años después a teniente coronel. Fue reemplazado en aquel destino por el coronel D. Juan José Hernández, y falleció en esa ciudad el 31 de mayo de 1845.


Fourmanti

Hijo de un corsarista que tomó un buque enemigo al abordaje con un lugre de la Mancha, era originario de Burdeos y tendría a la sazón 35 años de edad. Tenía por apodo de guerra el sobrenombre de Bibois. Se ilustró en la guerra del Brasil mandando el “Lavalleja” y condujo durante ella más de cuarenta presas al puerto de Patagones. Perseguido por Rosas emigró a la Banda Oriental y se puso al servicio de Rivera, regresando al país después de Caseros, y fue nombrado comandante militar del Río Negro en 1852. En 1860 fue incorporado a la escuadra de Buenos Aires como coronel de marina, y falleció en 1861 en el puerto del Rosario de Santa Fe estando al mando de dicha escuadra en operaciones contra la Confederación y en momentos que la prensa le dirigía severos cargos por su falta de decisión y energía en la campaña que se le había confiado.


Don Ambrosio Mitre

Padre del general D. Bartolomé Mitre escribió una interesante descripción de estos sucesos que fue publicada en el N.° 200  de "El Mensajero Argentino" de 1827 y transcripta en la biografía de ese ciudadano por José J. Biedma en 1891.

El Sr. Mitre nació en Santa Lucía, hoy República O. del Uruguay en 1774. En 1805 fue comandante de las fronteras de Mendoza y fundó allí el primitivo fuerte de San Rafael. Estallada la revolución de Mayo fue un fervoroso adepto y la sirvió con desinterés y patriotismo en la "Sociedad Patriótica" de 1811 y 12, en la famosa logia de Lautaro, en la fábrica de armas, en el ministerio de gobierno, en la comisaría general de guerra, tanto en Buenos Aires como en el ejército del Perú y en el parque de artillería en que ejerció sus actividades hasta 1821. Pasó a Patagones, como ministro tesorero del establecimiento, en 1822, acompañado de su esposa doña Josefa Martínez y su hijo Bartolomé. Allí nacieron sus hijos Emilio y Federico, notables militares después. Concurrió a la heroica defensa de Patagones, de que fue narrador fluidísimo, y retirado de aquel punto se trasladó a la República Oriental,  nombrado tesorero general de la nueva nación, despojado en 1836 por disposición de Oribe, reintegrado por el Presidente Rivera como acto de merecida justicia en 1838. Asistió al sitio de Montevideo, a cuya defensa consagró a todos sus hijos puestos al servicio de la libertad, y murió el 4 de octubre de 1845 dejando un ejemplo de patriotismo y de hombría de bien, que sus hijos imitaron gloriosamente.

Un abrazo Ricardo.

PD Veo si puedo subir algo más.

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 8 Mar 2015 - 14:01

Algo más sobre el enfrentamiento, relatado por el historiador Ángel Justiniano Carranza.


Era ya notoria, hasta en la corte del Janeiro, la ineptitud y sobre todo, la acidia del almirante Rodrigo Pinto Guedes, comandante en jefe de las fuerzas navales brasileñas en operaciones en el Rio de la Plata.

Repantigado en la cámara espléndida de la fragata “Piranga”, de 46, que tremolaba su insignia en las aguas de Montevideo, aunque sin prestigio entre sus subordinados, era dueño de una reputación usurpada, que tenía su origen en la intriga y en el favor que cortejan de ordinario a los monarcas absolutos, siendo más apto para concertar planes en el silencio del gabinete, que para ponerlos por obra en el terreno de la práctica, según la opinión autorizada del historiador inglés Armitage.

Sin embargo, su procedencia lusitana unida a sus largos servicios, lo mantenían en la privanza de D. Pedro I, que impaciente hasta rayar en la injusticia con sus generales de tierra, se limitaba a instigarlo de vez en cuando a que diera algunos golpes al enemigo, para satisfacer en lo posible las exigencias de la opinión contra la inercia de la poderosa escuadra del Sur.

Esto por una parte, y anheloso de acallar un tanto la crítica solapada de los que le rodeaban, cansados de sus desaciertos en la dirección naval, influyó para que resolviese la expedición a la costa patagónica.

Transpirándose la fatuidad pretenciosa del viejo almirante, no faltó quien le escribiera con todo sigilo desde esta ciudad, previniéndole que la remota población del Carmen sobre la margen izquierda del rio Negro, en Patagones, convertida desde el principio de la guerra en punto de reunión de los corsarios, y depósito o plaza principal de las presas y mercaderías tomadas por éstos en el Atlántico, a causa de encontrarse los demás puertos más o menos bloqueados, podía ser fácilmente sorprendida y destruida, pues que a la sazón apenas mojaban en sus aguas un corsario y la corbeta “Chacabuco”, recientemente llegada de Valparaíso, y la cual, a consecuencia de los temporales del Cabo, se hallaba en carena y con su artillería desembarcada.

El jefe imperial mandó aprontar una división compuesta de las corbetas “Duquesa de Goyaz” e “Itaparica”, el bergantín goleta “Escudero” y la goleta “Constancia”, la misma que confió al capitán de fragata James Shepherd.

Este oficial de origen inglés, había probado valor y entereza en la campaña del Norte que terminó con la restauración de Bahía. Mandando la “Piranga” de 46, lo escoltó hasta Montevideo a mediados de 1826, y por último, el año antes, condujo a bordo de la misma, al famoso lord Cochrane a Spithead (Portsmouth) después de asegurada la independencia del Brasil, circunstancias que sumadas, fijaron sobre él la elección de su jefe para ponerlo al frente de semejante empresa.

Se activaron, pues, los aprestos, embarcándose 400 hombres de línea, escogidos, y dos oficiales de mar reputados por su pericia en las costas del sur.

Shepherd  ya provisto de cuanto podía necesitar, se alejó del puerto de Maldonado, hacia mediados de febrero, luego de haber recibido sus últimas instrucciones que le prescribían que

"... antes de regresar al punto de partida, tratará de enseñorearse y demoler la batería del puerto de Patagones, arrasar la población, y apresar o incendiar las naves ancladas allí, etc.."

El 27 de febrero, estaba a la vista del río Negro el armamento brasileño.

D. Martín Lacarra, coronel y jefe del punto, en el acto de ser prevenido por el oficial destacado en la batería que guardaba su barra, ordenó se hiciera la señal de alarma por la presencia del enemigo, disponiendo simultáneamente que el coronel Felipe Pereyra , fuese a cubrir aquélla con una fuerza de negros de infantería y cincuenta caballos, a los que se incorporó el baqueano capitán José Luis Molina con 23 voluntarios (tragas o gauchos) , preparándose el resto para acudir donde lo reclamasen las circunstancias que no podían ser más apuradas.

El 28 a mediodía, la “Itaparica” y el “Escudero”, (éste con bandera argentina), reforzados por los demás buques, franqueaban la entrada del río, bajo los fuegos de la batería que contestaron con vigor, consiguiendo apagarlos así que tomaron posición, como era de presumir atenta la superioridad de sus cañones.

Pereyra se replegó hacia el pueblo que se aprontaba a una resistencia desesperada, reforzando los baluartes de su fortaleza con las dotaciones de las naves corsarias “Hijo de Mayo” (mandado por Harris, era una ballenera de escaso tonelaje, había sido construida en un corralón de la ciudad de Buenos Aires, y puesta en corso, una de sus hazañas fue la captura de la valiosa presa Bella Flor), “Hijo de Julio” (pequeña ballenera, armada a lugre, construida en el corralón de Fierro sito en la calle de Potosí esquina a la de Chacabuco, cuyo portón daba a aquella calle, y por él fue sacada, sobre ruedas, y conducida por 30 hombres hasta el bajo donde se botó al agua. En tal barquichuelo navegó Fourmantin hasta Santos, en las costas del Brasil, y tomó seis buques bajo sus baterías. Era su armador D. José Julián de Arrióla) y “Oriental Argentino” (era de 350 toneladas y construido en Francia. Se perdió en los bancos de Santo Tomé en noviembre de 1827. Lo tripulaban 70 hombres al mando de Fourmantin y era su armador D. Juan Pedro Aguirre aunque figuraba como tal Severino Prudent) , cuyos comandantes se hicieron cargo de la artillería, mientras que el de la “Chacabuco”, a despecho de una lluvia copiosa, desembarcaba cañones y pertrechos.

Los invasores habían perdido en el ínterin el mejor barco de su división, la “Duquesa de Goya”, que al franquear la barra, que en pleamar sólo tiene de 12 a 15 pies de agua, tocó en un arrecife y se fue a pique, pereciendo 38 hombres de su guarnición antes que pudieran ser trasbordados a la “Constancia”.

Desembarcando el enemigo en los días subsiguientes, quemó algunas carretas y la batería, clavando antes sus cañones, en medio de las hostilidades de que era objeto en todas direcciones.

Finalmente, el 6 de marzo, después de haber perdido siete días, demora que resultó funesta a sus planes, se organizó en número de 600 hombres para emprender marcha sobre el pueblo, y extraviando caminos toda esa noche, a las 6 de la mañana del siguiente día, coronaba el cerro de la Caballada a tiro de cañón de la fortaleza.

Parece que Shepherd trató de ocupar ese punto que consideraba estratégico, en la persuasión de que encontraría en él dos cañones de a 36 para batir aquélla con ventaja, según aserto de un práctico de Montevideo, que abandonó el país dos años antes.

Allí se trabo un vivísimo tiroteo con las guerrillas de a caballo encabezadas por el ayudante subteniente Sebastián Olivera  y sus oficiales Antonio Cabrera y Benito Vázquez y sostenidas por la artillería de los buques.

Una de las primeras balas de esa refriega parcial, atravesándole la garganta postró sin vida al brioso Shepherd.

La pérdida inesperada de su caudillo, desconcertó profundamente a los invasores, que desde aquel instante a despecho de los esfuerzos y del ejemplo de su segundo el capitán de la “Itaparica”, Guillermo Eyre, empezaron a retrogradar corriéndose por el camino de la costa, en demanda del amparo de sus naves.

Por otra parte, la tropa se hallaba horriblemente fatigada. Había marchado más de 4 leguas en toda la noche precedente, que fue clara y serena, con un calor sofocante, por terrenos arenosos, cubiertos de espesos matorrales. Alejada de la orilla del río, en la idea de tropezar con menos obstáculos en el tránsito o torpemente extraviada por el baqueano, empleó no menos de seis horas entre montes enmarañados y médanos áridos, obligada a salvar éstos con sus oficiales al hombro, desprovista completamente de agua y sin otro alimento que carne salada que avivaba la sed, postrándola del todo.

En tal situación, hostilizada sin tregua por sus flancos, ahogada por el polvo y rodeada por el fuego y el humo, que para aumentar el calor de la atmósfera y las molestias consiguientes, se había puesto al campo por barlovento, se hizo inútil toda resistencia, rindiéndose a discreción 312 soldados y marineros, más once oficiales, siendo de este número el teniente segundo Joaquín Marques Lisboa, futuro Vizconde de Tamandaré.

Mientras en el mar…

El intrépido comandante de la “Chacabuco”, Santiago Jorge Bynon, dotado con el don inapreciable del mando, no repara en lo exiguo de sus elementos y organiza el ataque que debe completar la jornada gloriosamente iniciada en tierra.

Proclama a sus marineros, recordándoles sus antecedentes y sus sacrificios.

Están con él dos esforzados bretones, Francisco Fourmantin, hijo de Calais, y Pedro Dautant, de Saint Maló, que secundan sus órdenes y desean participar sus peligros, como el marsellés Eduardo Fuzier, su secretario después.

Jaime Harris, Juan Soulin, Guillermo Page, Santiago Riele, Juan Bautista Thorne, Juan Thompson, Pedro Bravo, Pedro Martínez y cien otros valientes, piden a gritos el abordaje, ¡el triunfo o la muerte!

Monta Bynon la sumaca “Bella Flor”; Dautant, el bergantín “Oriental Argentino”; Harris, la goleta “Emperatriz”; Soulin, la de igual clase, “Chiquilla”, y unidos todos en una sola aspiración, parten a colocarse bajo las alas de la gloria.

Las sombras los protege; el viento es favorable; la suerte los guía y el problema va a resolverse en seguida. . .

Bynon cubre la vanguardia y puesto a tiro de pistola, rompe sus fuegos sobre el “Escudero”, que regido por el bizarro oficial francés Clemente Poutier, opone tenaz resistencia. Desmontada su pieza giratoria y ya impotente para seguir en la defensa,  atraviesa con su espada al desgraciado que pretende arriar la bandera confiada a su honor, hasta que cae herido y tiene que someterse al rigor de su destino.

Mientras  el animoso cojo Harris, rinde y amarina a la “Constancia”, mandada accidentalmente por el joven teniente Joaquín José Ignacio, llamado a brillante destino en su patria, de que sería uno de sus más brillantes soldados.

Tripuladas estas embarcaciones gobiernan sobre la barra donde se halla surta la “Itaparica” a la orden del sustituto Joaquín Agustín Pecurario, y a las diez de la noche recibe el abrazo fatal, que en pocos minutos la somete también al vencedor, quien queda dueño de inmensa cantidad de armas y pertrechos, 28 cañones, 2 banderas, que aún se conservan en la iglesia de Patagones, y 20 oficiales de toda graduación, más 217 individuos de marinería y tropa, incluso el doctor Bernardo Canstatt, cirujano de la perdida “Duquesa de Goyaz”.

Tal fue el memorable hecho de armas de Patagones, en idéntico día de 1827, y el que sólo costó 12 muertos y 6 heridos a los agresores, 4 muertos, incluso el bravo Flori, y 13 heridos a los agredidos.
En él se distinguieron además de los ya nombrados, los beneméritos vecinos, señores Ambrosio MIítre, ministro tesorero del establecimiento, Manuel Álvarez, Fernando Al faro, Ramón Ocampo, Blas Ureña, Juan José Rial, Raimundo y Juan Crespo, Rufo y Blas Guerrero, Nicolás y José María García, Agustín Murguiondo, Francisco Herrero, Domingo Faciel y otros muchos igualmente meritorios, pero cuyos nombres no ha conservado la historia ni la tradición, salvándose únicamente por uno de esos caprichos del acaso los de los voluntarios del gaucho Luis Molina, el mismo que andando el tiempo debía conquistarse aciaga celebridad.

Todos cumplieron noblemente su deber, resistiendo en buena lid, hasta vencer y apoderarse del altivo invasor extranjero, fuerte de 700 plazas elegidas, con gloria de la patria y de su propio nombre.

Debemos agregar como epílogo, que esa operación de guerra, ordenada con notable imprudencia, puesto que se ignoraban los recursos que podía oponer el enemigo que se iba a provocar,  juzgándose quizá ridícula cualquier resistencia en una villa cuya población no pasaba de 400 almas, puso de bulto las miras estrechas del Barón del Río de la Plata que sacrificó así no más, la vida y la libertad de oficiales expertos y pundonorosos.

La noticia del desastre en Patagones, llenó de pánico al viejo almirante, que se decía representante de la honra y de la disciplina militar de la flota, y a pesar de que pretendió desfigurarlo en sus despachos preñados de inexactitudes, repercutiendo en el Imperio de una manera siniestra, fue el golpe de ariete a su dudosa reputación y también el primer eslabón que más tarde lo arrastró al banco de los acusados.

Opaco reconocimiento

El gobierno nacional no tributó a los héroes el homenaje que la importancia del triunfo merecía.
Apenas si se dio por apercibido de la hazaña por intermedio del siguiente comunicado.

''Buenos Aires, abril 5 de 1827.

Por la nota del Comandante de Patagones fecha. 20 de Marzo ultimo y documentos que la acompañan, queda impuesto el Gobierno del completo triunfo que han conseguido las armas de la República rindiendo las fuerzas todas del enemigo y buques que las conducían á las playas de aquel destino en los brillantes y gloriosos sucesos ocurridos hasta el 7 del mismo mes, y alcanzados á esfuerzos de la bizarría y patriotismo de los Jefes, oficiales,  tropa y dignos ciudadanos á que el Comandante se refiere : el Gobierno aprecia en todo su valor servicios tan distinguidos que honran á los que los prestan y á la nación á que pertenecen, y quiere que se manifieste así á cuantos ocurrieron a su logro.

El infrascrito Ministro Secretario de Guerra y Mar, tiene la satisfacción de comunicarlo por la suya al referido Comandante y la de saludarlo con distinguida consideración.

. — firmado. Francisco DE LA Cruz. — Al Comandante Político y Militar de Patagones.

Y algunos días después, honrando sucesos gloriosos de nuestras armas, disponía bautizar los buques apresados:

Corbeta Itaparica: Ituzaingó.
bergantín Escudero: Patagones.
Goleta Constancia: Juncal.

Fuente consultada
Campañas navales Guerra contra el Brasil 1825 -1828 Ángel Justiniano Carranza.


Un abrazo Ricardo.

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 8 Mar 2015 - 22:38

Día 8 de Marzo (1872)

Combate de San Carlos (Bs As)


Señor Coronel D.Juan de Boer
Señor Coronel:

Hoy le participo que el día 5 vine a sorprender al cacique mayor D.  Andrés Raninqueo, con toda la indiada, así es que me vine con seisl mil lanzas a vengarme por la gran picardía que hicieron con Manuel grande y Chipitruz y demás capitanes, en fin, de muchas picardías que han hecho con los soldados de Manuel Grande y creo le mandase hacer lo mismo a Raninqueo, y por este motivo hoy me llevo a Raninqueo porque ustedes n lo vuelvan hacer con él, así que por su fuerte no me apareceré y no haré ningún daño en su parte porque somos amigos. No se nos ofrece otra cosa y solo le pido se aplaca como jefe lo saluda su atento servidor
Juan Calfucurá


La venganza del gran caique fue acaudillar a todas las tribus enemigas del gobierno y lanzarlas en un gigantesco Malón sobre la frontera Oeste de buenos aires, que dio lugar a un sangriento combate, denominado San Carlos, considerado el mas importante entre la Batalla de sierra Chica y la 2 Expedicion al desierto de 1879 y porque fue la derrota y ocaso de Calfucurá.
Este Gran jefe de la Pampa el 5 de marzo de 1872 invadió con unos seil mil hombres los partidos de Alvear, 25 Mayo y 9 de julio.

Mientras que con una parte de sus guerreros vigilaba las tropas de Azul, el resto saqueó los establecimientos y poblaciones que le depararon 200 mil cabezas de ganado, 500 cautivos y mato a unos 300 pobladores después de pasar a fuego los asentamientos.

Según los datos, Tripailas, segundo de Raninqueo, se sublevó con los guerreros y detuvo al cacique, que por pactos con el gobierno residía pacíficamente en La Verde y tenía la obligación militar de escudar esa sección de la frontera. Al intentar defenderla, fue traicionado y sus guerreros se sumaron a Calfucurá con Tripailas como nuevo cacique-capitanejo.

En cuanto a las fuerzas en la frontera, si bien se apercibieron del malón, al entrar este muy fraccionado  no comprendieron la magnitud de la invasión hasta que fue demasiado tarde.
Organizada la represión el jefe de la frontera (General Rivas) avanzo con 500 efectivos desde Azul a enlazar al coronel de Boer, jefe de la frontera Oeste, acantonado también con 500 hombres de tropa concentrado en San Carlos. Rivas sumó a los mil efectivos gubernamentales a 800 de las tribus aliadas de Catriel y Coliqueo.

En San Carlos, rivas decidió dar descanso a la tropa y esperar el regreso de Calfucurá para interceptarlo, chocando ambos contendientes en la mañana del 8 de marzo a legua y media de San Carlos.
Los indios aliados, a toque de clarín, desplegaron y pasaron al ataque con furor inusitado, entablándose un reñido combate donde por ambos lados se hizo gala de coraje y valor, especialmente por los guerreros Ranqueles.

El entrevero fue espantoso, peleándose cuerpo  a cuerpo, echando pie a tierra los indios y muriendo a centenares los salineros, en las mismas bayonetas de los infantes, volteados por las culatas de los fusiles o por los machetazos de los soldados, que no rompían cuadro.

La batalla fue tan dura que los infantes estuvieron a punto de ser doblegados. Incluso al principio,, los indios de Catriel y Coliqueo atacaron tímidamente, pero el famoso cacique, ebrio de coraje y valor, se impuso a los suyos con mano de hierro: mandando a fusilar a algunos de los mas remisos a pelear y ya viéndose atacada por una división de indios chilenos liderados por Renque-curá, recordó antiguos y adormecidos agravios, entre pampas y mapuches y confundiendo sus alaridos con los atacantes, volvieron caras con ímpetu que Renque-Curá y los suyos fueron derrotados después de un tenaz entrevero de Facón y bola.

El desenlace estuvo indeciso por un largo tiempo hasta que la huestes de Calfucura,  se desengancharon de la lucha y partieron a galope tendido, abandonado la batalla.

Este malón fue el último “Grande” y las pérdidas iniciaron la rotura de alianzas entre los caciques que eran dominados por Calfucurá, que moriría prontamente sin ver el fin de su dinastía de los “Piedra”


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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 8 Mar 2015 - 23:49

Quequén Grande escribió:

PD Veo si puedo subir algo más.

Ya veo que va a ser legendario en los foros el refrán " mas completo que post de Quequén" jajaja
saludos Ricardo!

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Lun 9 Mar 2015 - 12:39

San Martín llega a Buenos Aires

9 de marzo de 1812
Fuente: Felipe Pigna
Soplaba un cruel viento frío aquella mañana de invierno inglés del domingo 19 de enero de 1812, cuando zarpó la fragata de la Armada de Su Majestad, George Canning. Era una nave mercante de tres palos comandada por Sebastian Julloch que traía manufacturas inglesas para llevarse cueros y otras materias primas, cuestiones de la división internacional del trabajo. Venían a bordo unos veinte pasajeros; entre ellos nos interesan particularmente José de San Martín, Carlos de Alvear, Matías Zapiola, Francisco Chilavert, el capitán de infantería Francisco Vera1 y un oficial, nacido en el Imperio Austríaco, pero al servicio de la corona española, Eduardo Kaunitz, que se haría más conocido por su título de barón de Holmberg, cuya vida ya comenzaba a tornarse novelesca.2 Alvear generaba cierta envidia en el pasaje masculino porque hacía la travesía acompañado por su bella esposa, María del Carmen Sáenz de Quintanilla, una joven andaluza de 18 años nacida Jerez de la Frontera, con quien se había casado en Cádiz el 26 de julio de 1809, en plena guerra contra los franceses.

También venían en la nave dos jóvenes inglesas, Frances, de 23 años y Mathilda, de 20, hermanas de Peter Kendall, un comerciante establecido en el Río de la Plata que regresaba a Buenos Aires en ese viaje. Pero el pasajero mejor atendido del pasaje fue sin dudas Thomas Eastman 3, nada menos que el dueño de la George Canning. Los hermanos John y William Parish Robertson, que conocieron a Eastman en el Río de la Plata, lo llamaban “nuestro amigo Mr. E” y brindaban esta descripción: “Mr. E. era entonces, y lo ha seguido siendo durante su ininterrumpida residencia de treinta años en Buenos Aires, el predilecto de sus compatriotas en aquella ciudad. Al tiempo de que hablo se trataba de un caballero de apariencia fornida, estatura mediana, ágil, y que frisaba los cuarenta años. Ya entonces, quizá por la seriedad de sus maneras y su paternal interés para con sus amigos jóvenes, se le conocía familiarmente por ‘El viejo E.’ [...] Mr. E. vino a Buenos Aires en 1811, a bordo de un hermoso barco, el George Canning, trayendo como compañeros de viaje al general San Martín, al señor Kendall y a las bellas hermanas de este último, las señoritas Kendall. Antes de llegar a Buenos Aires, ya Mr. E. se hallaba encariñado con San Martín, con Mr. Kendall y en especial con las señoritas Kendall como si todos hubieran sido sus propios hijos. Este amigo, antes de venir a Buenos Aires, era conocido y respetado en Londres como miembro del Lloyd’s”. 4

(…)

En los cincuenta días que duró el viaje, San Martín estableció una buena y duradera relación con el joven José Vicente Chilavert5 y, según una tradición familiar, tuvo largas conversaciones con Peter Kendall. 6 Es muy probable que también terminase de acordar con Alvear y Zapiola los pasos inmediatos: fundar la Logia de Buenos Aires y asegurar que sus planes se llevasen a cabo. A pocas millas de distancia del puerto de Buenos Aires, la George Canning se topó con parte de la escuadra española sitiadora poniendo en serio riesgo a la nave y sus ocupantes. Fue entonces cuando el alférez Zapiola, que había salido de España hacia Londres con un pasaporte falso a nombre de Antonio Prieto, asumió el comando de la nave y consiguió filtrarse en las balizas interiores y trasponer las líneas enemigas. (…)

El sable corvo
San Martín había embarcado con lo más voluminoso y necesario de su equipaje, los varios cajones que contenían su nutrida biblioteca. También, entre sus pocas pertenencias, traía una adquisición reciente: un sable mameluco, de hoja curvada. Derivado de la shamshir o cimitarra persa, este sable liviano, muy efectivo en una carga al galope, era el habitual de los jinetes mamelucos 7 que Napoleón había tenido que enfrentar durante su campaña en Egipto. A partir de entonces se convirtió en el arma preferida de los oficiales de caballería en Europa, tanto napoleónicos como de sus adversarios de las sucesivas coaliciones. Todo sugiere que San Martín compró su célebre sable corvo, que lo acompañaría de ahí en más, en una armería de Londres. 8

Un gobierno centralista y antipopular

En su edición del viernes 13 de marzo de 1812, la Gaceta de Buenos Aires, que tenía como a uno de sus principales redactores a Bernardo de Monteagudo, informaba: “El 9 del corriente ha llegado a este puerto la fragata inglesa George Canning procedente de Londres en 50 días de navegación: comunica la disolución del ejército de Galicia, y el estado terrible de anarquía en que se halla Cádiz dividido en mil partidos, y en la imposibilidad de conservarse por su misma situación política. La última prueba de su triste estado son las emigraciones frecuentes a Inglaterra, y aún más a la América Septentrional. A este puerto han llegado entre otros particulares que conducía la fragata inglesa, el teniente coronel de caballería D. José San-Martín, primer ayudante de campo del general en jefe del ejército de la Isla [de León] marqués de Compigny [sic, por Coupigny]; el capitán de infantería D. Francisco Vera; el alférez de navío D. José Zapiola; el capitán de milicias D. Francisco Chilaver [sic, por Chilavert]; el alférez de carabineros reales D. Carlos Alvear y Balbastro; el subteniente de infantería D. Antonio Arellano y el primer teniente de guardias valonas Barón de Olembert [sic, por Holmberg]. Estos individuos han venido a ofrecer sus servicios al gobierno, y han sido recibidos con la consideración que merecen por los sentimientos que protesta en obsequio de los intereses de la patria”.9

La exageración con que la Gaceta pintaba el panorama en España, 10 más allá de los problemas de comunicación con Europa, mostraba la necesidad de noticias alentadoras que tenía el gobierno de las Provincias Unidas, en ese momento ejercido por el Triunvirato.

Adictos al sistema de la Independencia
Por su parte las autoridades españolas de Montevideo alertaban a sus superiores del Consejo de Regencia de la grave noticia del arribo de los revolucionarios: “No puedo menos que manifestar –decía el capitán General de las Provincias del Río de la Plata- al Consejo de Regencia por el conducto de V.E. la grande sorpresa y sentimiento que me ha causado, como a todos los buenos españoles, este inesperado acontecimiento y representarle el gravísimo perjuicio que resulta al estado de la concesión de semejantes permisos a unos individuos como estos reputados por infidentes, y adictos al sistema de la independencia. Con estos sucesos logra sin duda el Tirano de la Europa aumentar sus triunfos, pues ellos menguan el concepto de nuestro gobierno a proporción que crece el número de rebeldes que toman particular empeño e interés en persuadir a todos que la España agoniza sin esperanza que reviva jamás”.11)

Referencias:

1 Francisco José de Vera (1770-?) era porteño y había ingresado en el ejército a los 12 años. Luchó contra las invasiones inglesas en la Banda Oriental y, sospechoso de adherir a la Revolución de Mayo, fue enviado preso a Cádiz en 1811. Logró fugarse y llegar a Inglaterra, donde conoció a Alvear. Integró después las fuerzas enviadas a la Banda Oriental, donde estuvo hasta la toma de Montevideo en 1814.

2 Eduard Ladislaus Kaunitz von Holmberg (1778-1853) había nacido en el Tirol, descendiente de una familia de Moravia (ambas regiones bajo la corona de Austria entonces). Su apellido aparece con variadas grafías: Kaunitz, Kainnitz, Kannitz, etc., pero en definitiva él y sus descendientes usarán el de Holmberg. Había estudiado en Prusia y formado parte de las tropas del ducado alemán de Berg, entonces al servicio de Napoleón, pero después se sumó a las Guardias Valonas, un cuerpo al servicio de España, formado por hombres reclutados principalmente en la actual Bélgica. En Cádiz conoció a Alvear, que lo convenció de sumarse al grupo que, tras la estadía en Londres, viajó al Río de la Plata. Holmberg se sumó al Ejército del Norte, bajo el mando de Belgrano, y organizó su artillería y maestranza. En 1813, de regreso en Buenos Aires, se casó con una prima de Carlos de Alvear, María Antonia de Balbastro.

3 Thomas Eastman (1770-1844), londinense, al menos desde 1810 tenía una empresa que realizaba viajes a América del Sur y al Lejano Oriente, compañía armadora que era propietaria de varias embarcaciones, entre ellas la George Canning. Sus negocios en Brasil y el Río de la Plata venían en aumento, y en definitiva Eastman se radicaría en Buenos Aires. En 1821, fue uno de los primeros suscriptores para crear el “cementerio de los disidentes” (el actual Cementerio Británico), donde sería enterrado al fallecer en Buenos Aires. Su hijo John Eastman (1805-1874) se establecería en Buenos Aires en 1828, donde se casaría con una sobrina de José Matías Zapiola, fundaría una de las primeras droguerías porteñas en 1834 y sería padrino de bautismo de Carlos Pellegrini. Véase el artículo del Dr. Eduardo C. Gerding, “1770 Thomas Eastman 02/01/1844”, en
http://cementeriobritanico.org/Prueba/thomaseastman.html.



4 J. P. y W. P. Robertson, Cartas de Sudamérica, Emecé, Buenos Aires, 2000, pág. 194-195. El Lloyd’s Register, llamado así por haberse fundado en el café de Edward Lloyd en Londres en el siglo XVIII, es la sociedad de clasificación y análisis de riesgos más antigua del mundo, de donde derivó también el más antiguo mercado de seguros. Como armador y corredor de seguros, Eastman era uno de sus miembros, por lo menos en 1810.

5 San Martín mantendría una amistosa correspondencia con él por largo tiempo. En una carta, fechada en Bruselas, el 1º de enero de 1825, lo llamaba “Primer Profesor de Economía Política”, lo que parece una broma afectuosa, surgida de sus conversaciones, ya que José Vicente Chilavert nunca fue profesor.

6 Gerding, op. cit.

7 Del árabe mamluk, literalmente, “propiedad” del sultán. Se trataba de la casta militar, originariamente formada por esclavos de los emperadores otomanos.

8 Como señala Miguel Ángel De Marco (op. cit., pág. 56), la rodela, pequeña pieza curva, en el extremo inferior de la vaina “indicaba que había sido fabricado en Gran Bretaña”, ya que los oficiales “ingleses arrastraban el sable”, lo que hacía necesario ese refuerzo.

9 Gazeta de Buenos Ayres, 13 de marzo de 1812; Junta de Historia y Numismática Americana, Gaceta de Buenos Aires (1810-1821). Reimpresión facsimilar, Buenos Aires, 1910, tomo III. Se ha modernizado la grafía.

10 Cádiz no sólo no estaba a punto de caer, sino que días después, el 19 de marzo, las Cortes se considerarían con la suficiente seguridad como para sancionar la Constitución liberal española de 1812. Por otra parte, si bien el 6º Ejército español (de Galicia y Asturias) no las tenía todas a favor, desde abril de 1811 se estaba reorganizando e iniciando una contraofensiva, bajo el mando de los generales Castaños y José María de Santocildes. Galicia estaba libre de ocupantes franceses, que también debieron retroceder de Asturias en enero de 1812.

11 Citado por Alfredo Villegas, San Martín y su tiempo, Depalma, Buenos Aires, 1976,pág. 241-242 (cursiva, punto al final)

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 10 Mar 2015 - 0:27

9 de marzo (1811)
Combate de Tacuary



Hacía un mes que Belgrano ocupaba el paso del tacuary, y sea que confiaba mas en lo inexpugnable de su posición, o que lo reducido de sus fuerzas no le permitiera extender mucho la vigilancia, que no pudo conocer la aproximación de las fuerzas paraguayas hasta el 9 de marzo al rayar la aurora, en que se vió imprevistamente atacado por tres puntos a la vez, por las fuerzas navales y terrestres del Cabildo de asunción, tres minutos después que los guardias le dieran el sin novedad.
El jefe paraguayo había obrado según las circunstancias le indicaban, con pericia y cautela y aprovechando los errores de los revolucionarios porteños.
Mientras esperaba refuerzos, el general Cabañas había abierto una picada en el bosque, dos leguas arriba donde se ubicaba el campamento revolucionario, construyendo con los troncos de los árboles y sólido puente sobre el río. El día 7 se le incorporó el comandante gamarra con 400 hombres y en la noche del 8, destinó parte sus efectivos a distraer a los porteños por el paso, forzarlo si era posible mientras él en persona y 1600 hombres atravesaba por el puente el río y tomaba por espalda a Belgrano y su minúsculo ejército.
Al amanecer del 9, es estruendo de Cañon puso en alarma el campamento de Belgrano. Los paraguayos rompieron vivo fuego de artillería sobre el paso con piezas de 6 y 8, que pese a l poder del calibre, fue contestado con dos piezas de a 2 que lo defendían.
Luego de una hora de cañoneo, Belgrano recibió la información de que 4 lanchones tripulados y armados para la guerra, seguidos de algunas canoas con gente de desembarco, remontaban el río, amagando el flanco izquierdo de su línea y que una fuerte columna avanzaba por su retaguardia.
Amanecía y el sol ya superaba la línea del horizonte.
Belgrano recibió con bastante sangre fría el informe del triple ataque, y no siendo militar de carrera, tomó decisiones que solo un comandante fogueado hubiera podido tomar.
Sin trepidar un momento, ordeno el Mayor del Detall, don Celestino Vidal, rechazase el ataque de la izquierda, mientras que el mayor Machain, con 150 hombres de infantería y caballería y dos piezas de a 2 saliera a enfrentar a la columna e retaguardia, para ganar el tiempo posible, previniendo que no se adelantara mucho y retornando al campamento si detectaba que era el grueso principal el que avanzaba.
Belgrano personalmente, con 4 piezas de artillería, dos compañías de naturales de misiones, 1 de Arribeños y algunos granaderos de Terrada, que sumaban apenas 250 hobres quedó en sostén del paso, haciendo frente a las fuertas terrestres y navales que lo atacaban.
Era necesario acabar con esa pinza que se cernía sobre él, por lo que Belgrano resistió a todo trance el paso, rechazó Vidal a los botes y canoas , matando e hiriendo a varios y apoderándose de algunas embarcaciones, mientras Belgrano con certeros disparos consiguió desmontar a los cañones paraguayos y hacer retroceder a las fuerzas que la acompañaban.
El momento era crítico y la salvación dependía de las operaciones de la retaguardia. El verdadero combate iba a empezar y desembarazado ya de prestarle atención a la defensa del paso, podía oponer mas gente en la retaguardia y alentada por la victoria parcial.
En esto estaba cuando las fuerzas de Machain se toparon con las de Cabañas cuya vanguardia salía al claro del bosque en corto número.
Confiado por la poca cantidad de paraguayos que en un primer momento fue vista, Machain se adelantó y persiguió a esta minúscula tropa, desobedeciendo la orden del General y lanzarse en persecución, terminando por estrellarse con el grueso de la columna de Cabañas, superior en número y bien pertrechada. Cabañas desvió parte de sus tropas y rodeó las fuerzas de Machain, que pese a que resistió pero abrumado tuvo que rendirse a discreción.
De esta derrota se salvaron 2 oficiales que abriéndose paso a sablazos, llegaron al puesto de Belgrano y le dieron parte de la situación, que por el número de las fuerzas de Vidal, correspondía a la mitad de su ejército.
La mayoría supuso que la rendición rondaba en la cabeza del general y era lógico luego de ver a un jinete con bandera de parlamento que intimó al general por tres veces a deponer las armas baj la pena de ser degollados todos los que mantuvieran armas en la mano. El jinete se vió consternado cuando Belgrano le respondió que no lo haría y exigía que vinieran a buscarlas si les placía.
Sorprendió a sus propios hombres proponiendo salir fuera del campamento y atacar de frente a la fuerza oponente y la sorpresa no tardó en convertirse en entusiasmo. La resolución de Belgrano fue un golpe eléctrico en sus tropas, por lo inesperada y atrevida que llenó de decisión y valor a todos en aquel lugar.
Su primer cuidado fue defender la retaguardia, poniendo al mando al sargento de Artillería Reigadía, puesto que los oficiales a la cabeza de la tropa habían huido cobardemente.. Enseguida, recorrió la línea y conto 135 infantes, 100 de caballería y dos piezas de a 4 con dotación incompleta.
Colocó a la infantería al centro, la caballería en las alas y la artillería en los intervalos arengando a la tropa con palabras sueltas que fueron respondidas con gritos de entusiasmo y todos dispuestos al sacrificio.
Formada la columna de ataque y dada la señal de marcha el general Belgrano se puso a la cabeza, con la espada desenvainada. En aquel momento el Capitan don Pedro ibañez exigió el puesto por ser el mas antiguo y segundo comandante, lo que Belgrano accedió y se puso en la retaguardia. En el transcurso, le ordenó a su amigo Milo de la roca que quemase el Archivo y las cartas que comprometía a personas de asunción y los informes uy ordenes dados y exigidos por la junta porteña. En la charla le dijo también :

“confió en encontrar un camino que nos saque con honor de este apuro, y de no, lo mismo da morir de 40 que de 60”


Los 235 hombres que componía el ejercito en ese momento avanzaron contra los 2000 que se le enfrentaban, y marchaban con gallardamente al son de un tambor que tocaba un niño de 12 años que hacía de lazarillo al comandante Vidal, que apenas veía. Ciegos y niños fueron héroes ese día.
La caballería, avanzando en escuadrones de a 50 avanzada a galope corto y los cañones eran empujados por sus sirvientes, Ibáñez conducía el ataque y Belgrano dirigía los movimientos de aquel puñado de soldados.
La columna paraguaya, en presencia de este avance temerario, había detenido su marcha, adelanto los cañones y estiro la línea de fusilería.
Las dos líneas rompieron el fuego al mismo tiempo y por espacio de 12 minutos no se oyo otra cosa que los estruendos de los disparos.
El fuego graneado de los revolucionarios abrió boquetes en las líneas que contaron en ese tiempo tuvieron 14 muertos y 16 heridos.
Repentinamente Cesó el fuego disipándose las nubes de humo que oscurecían el campo visual y se vio que los paraguayos habíase refugiado en el monte y dejaron abandonados los cañones.
Sospechando Belgrano que aquello fuera una trampa, ordenó a las tropas sobrevivientes que se replegaran al cerrito que dominaba la planicie. Era la una del mediodía y más de 7 horas de combate en cuyo ínterin se libraron 4 combates diferentes en el mismo campo, y donde hubo 23 bajas revolucionarias entre muertos y heridos.
La tropa exhausta y cansada y el sacrificio de vidas ya no tenían sentido dado que era imposible derrotar a un enemigo superior.
Aprovechándose de lo perplejo del enemigo al enfrentar a un ejército decidido y animoso, envió el general un parlamentario a abrir negociaciones. Mientras el mensajero iba al campo contrario, los soldados revolucionarios descansaban orgullosamente sobre sus armas.
Belgrano, de pie en lo alto del “Cerrito de los porteños” pudo ver que su decisión y fortaleza de ánimo, el coraje de sus hombres bien dirigidos salvaron el honor de la Revolución y las últimas reliquias de su pequeño ejército



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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Mar 10 Mar 2015 - 22:57

10 de marzo (1819)

Combate de Barrancas


Los montoneros, excitados por la retirada de Balcarce, marcharon en su busca hasta san Nicolás en número como de 700 hombres, provocándolo al combate.
Después de algunas escaramuzas sin resultado, que tuvieron lugar en la mañana del 5 de febrero de 1819, Balcarce tuvo que hacer jugar su artillería para hacer retroceder a los montoneros que se replegaron a San Lorenzo, con intención de abrir hostilidades contra Bustos en Córdoba.
El General viamonte salio de la capital con 500 hombres de línea y se sumó a las de Balcarce, que eran como de 1900, con lo cual un Ejército de 2400 plazas bajo su mando directo. Además se puso a sus o´rdenes la división de Bustos, reforzada con 300 jinetes de buena caballería del ejército de Belgrano y mas de 500 milicianos de Córdoba, aumentando a 3500 hombres de las tres armas.
En tal situación, el ejercito de Buenos aires tomo de nuevo la ofensiva, avanzando hasta rosario, con objeto de combinar acciones con las fuerzas de Córdoba.

Al mismo tiempo, el ejército auxiliar del Alto Perú se ponía en marcha con 3500 hombres (con la división Bustos incluida) para concurrir a la guerra civil. De este modo, mas de 7000 hombres iban a converger simultáneamente sobre el territorio de Santa Fe.
Don Estanislao López, había sido reforzado también con una columna de 800 hobres de entre ríos, envida por Ramírez a las ordenes de su hermano materno Don Ricardo López Jordán.
Con esta fuerza, la de Campbell y las propias sumó 2000 hombres , sin contar los indios auxiliares y las montoneras sueltas que operaban en la frontera e Córdoba.
Con esta fuerza reunida, se puso en marcha a mediados de febrero en busca de Viamonte, que se estacionó al sur del Carcaraña. Despues e hacerse sentirsobre la línea de este río, destacó sobre Viamonte una vanguardia de observación, con el objeto de ocultar el movimiento que meditaba a la cabeza de 1500 santafecinos, entrerrianos correntinos e indios, se lanzó raídamente por su flanco derecho sobre Córdoba buscando a bustos, con intento de batirlo.

Viamonte se apercibió del movimiento de López y de la poca fuerza que tenía al frente y dispuso que el coronel Hortiguera hiciese un reconocimiento formal con 400 dragones de la Patria apoyándolo a la distancia con el grueso del ejército. Este oficial vadeo el Carcarañá y arrollo las partidas que se le opusieron, cediéndoles estas el terreno.
Siguiendo la costa del río Paraná, llego hasta coronda, donde tomo prisioneros y se llevó el ganado, retornando tranquilo y sin vigilancia al cuartel General de Viamonte.
Sin embargo, el 10 de marzo fue cargado en Barrancas, a inmediaciones del Carcarañá, por una fuerza muy superior que lo apabullo y destrozó su división, le produjo una matanza numerosa y se puso en dispersión.

Era López, que retornando de medirse con Bustos, volvía a sostener la campaña de Santa Fe, abriendo las operaciones con este golpe mortal.
Viamonte quedó moralmente anonadado por esta derrota y materialmente imposibilitado de seguir la campaña, al no contar ya con caballería.
Sin jinetes, sin caballada y sin inspiración para realizar de alguna forma la campaña, el general porteño se encerró en Rosario donde fue sitiado como su antecesor por el ejercito Santafecino.




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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Miér 11 Mar 2015 - 16:36

11 de marzo de 1842 nacía el Dr. Leandro Nicéforo Alem



El rosismo de la familia Alem

Leandro Alem había nacido el 11 de marzo de 1842 en el barrio de Balvanera, y fue bautizado en la misma iglesia parroquial. Su infancia suburbana transcurrió alrededor de la pulpería paterna en la esquina de las calles Federación y De los Pozos (hoy Avda. Rivadavia y Matheu) y los guapos faenadores de los corrales de Miserere. En aquellos días el padre, Leandro Antonio Alén, gozaba de alto predicamento en el barrio como oficial de policía a las órdenes de los más allegados colaboradores de Juan Manuel de Rosas en la Sociedad Popular Restauradora, los fieles y temidos Salomón, Cuitiño o Parra.

Los Alén venían en realidad de un antiquísimo origen vascuence natural de Vizcaya y trasladado alrededor del siglo XVII a Galicia. Avecindados en Santa Eulalia de Mondariz, en las pontevedrenses tierras de Tuy, y según lo ha estudiado el genealogista Hugo Fernández de Burzaco y Barrios, tenía acreditada nobleza de sangre en la “Real Chancillería de Valladolid”. Su escudo de armas lucía una panela ardiente de gules sobre campo de oro y uno de los vástagos de ese linaje, avecindado en Buenos Aires, contrajo matrimonio en 1789 con María Isabel Ferrer, abuelos paternos del Dr. Leandro Alem.

Otras ramas diversas del mismo tronco hispano llegaron antes o después al Río de la Plata, aposentándose en Buenos Aires, Montevideo o Asunción del Paraguay, siendo como es ya sabido, su verdadera grafía Alén, modificada posteriormente por el caudillo al trocar la “n” por “m” que mantuvieron sus descendientes, aunque provinieron todos de un común origen. Origen que por remontarse a la raza vasca descarta toda posibilidad de ascendencia árabe, pues precisamente en esa región peninsular nunca llegaron a dominar los árabes. Pese a tener el apellido la partícula “Al”, distintiva de muchos vocablos árabes, y algunos rasgos fisonómicos del caudillo en los cuales ha querido descubrirse semejanzas orientales, su linaje es profundamente hispano como lo demostraron probanzas y escudo nobiliario. El mote de “turco”, dicho con sentido peyorativo por sus adversarios, es una inexactitud propia del desconocimiento étnico-social que tenía la oligarquía entronizada en el poder después de Pavón, al mismo tiempo que denota el menosprecio a los nuevos grupos inmigratorios que llegaban al país en busca de los prometidos “beneficios de la libertad”, amparados por el igualitarismo constitucional.

El padre del Dr. Alem, porteño e hijo de gallegos, ocupaba en su medio un lugar acomodado y profesaba una total adhesión al Partido Federal, que a la larga le costó la vida. Fue seguidor del coronel Manuel Dorrego en sus bravías luchas porteñas, y muerto éste, se refugió en el campamento de don Juan Manuel a quien siguió desde entonces con veneración total. Por eso también, el gobierno “lomo negro” de Balcarce le privó del empleo policial, al que le volvió Rosas, distinguiéndole con afecto no obstante algunos trastornos de salud que muchas veces le impedían prestar servicio.

La pulpería de la calle Federación vino a ser en esos años de infancia, el mundo mágico que acercó al niño a una realidad social hecha de gauchos y guapos orilleros, vivadores de la “Santa Federación”, a cuyo entorno llegaban y se transmitían las noticias de los vaivenes que sufría el país, acosado por amenazas extranjeras y defecciones internas. Leandro Antonio, el antiguo alférez de milicias que nombrara el gobernador Dorrego, estaba jubilado del servicio policial por Rosas, aunque percibía sueldo y cumplía otros menesteres encomendados por el Restaurador. De tanto en tanto era requerido desde Palermo y allí cuidaba en las cuadras los caballos predilectos del jefe federal: el Tordillo y el Pico Blanco. Otra vez, en los cuarteles de Ciriaco Cuitiño, le tocó curar a su caballo de andar, y don Juan Manuel recompensó estos servicios con mil quinientos pesos, suma que Alén sólo consintió en aceptar una tercera parte, y devolvió el resto en carta donde decía que estaba “suficientemente satisfecho con los quinientos que quedan en su poder”.

Quizás en aquellos tiempos, trabajaba en las caballerizas de Rosas, o las frecuentaba por su modesta condición de herrero, un muchacho vasco, inmigrante y sin familia, llamado Martín Yrigoyen Dodagaray. Quizás allí se prendó de Marcelina Alén, hija segunda del mazorquero de Balvanera con quien el vasquito aprendió a cuidar los pingos rosistas. Marcelina era una de las niñas allegadas a la corte de Manuelita, y las vinculaciones familiares dieron valimiento a las gestiones hechas ante el mismo Rosas para salvar algún amigo en desgracia.

Con alguna exageración, Telmo Manacorda sostiene que “Marcelina tuvo tanto ascendiente con don Juan Manuel que le salvó la vida a don Samuel Quiroga cuando iban a fusilarlo y ella pidió por él”. Otro biógrafo de Alem afirma también exageradamente, que la joven era una especie de “reina de Palermo”, todo lo cual es poco creíble dada la diferente situación social y política que tenían ambas familias. Pero es indudable que tuvo acceso al mundo cortesano de Palermo y un profundo misterio ha quedado acerca de los alcances de esa frecuentación. Como un saldo directo y legítimo, la relación que anudaran ahí Marcelina Alén y Martín Yrigoyen, culminó con el casamiento de ambos en 1847.

Todo terminó con la caída de Rosas. La familia Alén sintió la derrota como algo que destruía peligrosamente su estabilidad hogareña y económica. Comenzó a ser perseguida, bajo el estigma de mazorqueros, a sufrir los riesgos del revanchismo unitario. El pulpero Leandro debió esconderse muchas veces, desaparecer de la casa y huir de las persecuciones, ante el dolor de la mujer y sus hijos, entre los cuales, Leandro, que contaba con 10 años propicios a comprender y medir la inmensidad de la tragedia. En ese ambiente sobresaltado, la hermana Marcelina dio a luz su tercer vástago: Hipólito Yrigoyen Alén. El acontecimiento ocurrido el 13 de julio de 1852, conturba aún más, provoca llantos alegres y temerosos, y por alguna sutil e impenetrable razón es ocultado oficialmente. Cuatro años después recién será bautizado e inscripto el nacimiento del sobrino de Leandro Alem, cuando estén apagados los ecos sombríos del cañón de Caseros y la sombra del abuelo ahorcado comience a esfumarse. “Años más tarde, Hipólito Yrigoyen, acaso pensando en los sufrimientos de Marcelina, dará un valor simbólico al hecho de haber estado en el vientre de su madre en aquellos días”, asevera Manuel Gálvez.

No habría de durar mucho esa intranquilidad. Al fin, cansado de aguantar las persecuciones unitarias, el mazorquero Alén desenterró sus pistolas y su cintillo punzó, montó a caballo y en diciembre de 1852 se sumó las huestes federales del coronel Hilario Lagos. Estas pusieron sitio a Buenos Aires, como reacción a la revuelta de 11 de setiembre que había depuesto las autoridades “prourquicistas” y resuelto la secesión de las provincias argentinas.

El hijo del ahorcado

El antiguo bienestar de la familia Alén estaba deshecho. ¡Cómo extrañar entonces aquél arranque desesperado del pulpero federal, al abandonar todo para irse con las huestes de Lagos, y jugar en esa última partida su destino y el de los suyos! La patriada le fue adversa y le costó la vida.

Valentín Alsina, el viejo rivadaviano, y Bartolomé Mitre, el joven liberal, integraban el ejecutivo y la legislatura porteña, con todo el empuje del patriotismo urbano dispuesto a retener el cetro del país para Buenos Aires. Lagos debió levantar el sitio, carcomido por el oro de los comerciantes filtrado sinuosamente al campamento para soliviantar sus tropas. Venció el soborno y una generosa disposición de “olvido de agravios”, más aparente que real, hizo volver a la ciudad a muchos sitiadores. Alén y su amigo el coronel Ciriaco Cuitiño, quien tanto le distinguía con su amistad afectuosa como buen padre de familia, fanático en su lealtad a Rosas, y ennegrecido por una injusta fama criminal; estaban entre los soldados que regresaban.

En ese intermedio de separación, la familia debió abandonar la pulpería de la calle Federación y reducirse a consecuencia de los apremios económicos. El regreso del padre tras esa mentirosa expresión legal y perdonavidas del gobierno aceleró definitivamente la tragedia familiar. Ocupaba el gobierno desde julio de 1853, Pastor Obligado, y la reacción contra los mazorqueros provenía de ex rosistas ahora conversos del liberalismo, decididos a mantener los privilegios de Buenos Aires. El nuevo gobierno en consecuencia, destituyó a los jueces sospechados de tibieza, designando para presidir el Tribunal de la Provincia a Valentín Alsina, como siempre cargado de odios rencorosos. El P. E. pidió de inmediato a la legislatura una ley para el juzgamiento de los presos a raíz del sitio, o de los que fuere necesario detener. Se ordenaba al tribunal judicial, “acortar los términos y aún actuar en todas las horas del día y la noche”. Los diarios tronaban sus exigencias imperiosas de “justicia” y venganza para terminar con los “rosines”, y en ese clima exaltado se dispuso la detención, acusación y juzgamiento de Antonio Reyes, Ciriaco Cuitiño, Manuel Troncoso, Silverio Badía, Fermín Suárez, Manuel Gervasio López y Leandro Antonio Alén.

El 11 de agosto (Obligado había sido elegido el 24 de julio y sólo diez días antes de eso concluyó el sitio de Hilario Lagos) el gobierno elevó las acusaciones. Para castigar esa insólita reaparición de los mazorqueros nada mejor que acusarlos de los crímenes cometidos durante el terror de 1840 y el haber pertenecido a la Sociedad Popular Restauradora, cargos que también pudieron esgrimirse contra notorios funcionarios del momento como el ministro Lorenzo Torres, “purificado” por su conversión al liberalismo en 1852.

El caso estaba perdido “ab-initio” pero aún sabiéndolo, asumió la defensa de Alén, el Dr. Marcelino Ugarte, quien afrontó la impopularidad en aras del mismo sentido de justicia que le llevó a demostrar la total inocencia de su defendido en las muertes de algunos unitarios, imputadas como base del proceso. De los tres unitarios ajusticiados entre 1840-42 que figuraban en el proceso contra Alén, se demostró que al recibir la orden de quitarle la vida a uno, la desobedeció porque no venía de autoridad suficiente; en el otro caso, sólo había procedido como policía a la detención del acusado sin intervenir en su posterior fin; y en el último pudo argumentarse que señaló a la policía el domicilio de un prófugo y nada más. Muchos años después de la muerte de Alén, una confesión “in-extremis” se atribuyó con arrepentimiento la responsabilidad de esta muerte por la cual fuera condenado el pulpero federal.

Todo era inútil. Lo sabía Alén, su familia, su abogado. Rápidamente se apuró la sentencia. El 9 de diciembre la firmó el juez del crimen en primera instancia. Cuitiño “Jefe del Escuadrón de Vigilantes de Policía y de la Sociedad Popular conocida por la Mashorca”, y Alén, “vigilante primero de a caballo”, eran condenados a “la pena ordinaria de muerte con calidad de aleve, con suspensión en la horca de sus cadáveres”. Diez días demoró la Cámara en abocarse al fallo, cuatro en producir sentencia definitiva firmada por su presidente Valentín Alsina, y tres el gobernador Obligado en poner el cúmplase y fijar para la ejecución el 29 de diciembre de 1853 a las nueve de la mañana.

Fue también inútil todo pedido de clemencia. “El espíritu de venganza está presente en esta sentencia inicua”, afirmó Alvaro Yunque, nada favorable al rosismo. Y agregó en su biografía del caudillo, “Alén tuvo la fatalidad de ser juzgado junto con Cuitiño, célebre ya, por lo que hizo y por lo que no hizo. De ser juzgado solo, el honrado y buen hombre de Balvanera no hubiera recibido más pena que unos meses de prisión. Pagó por el amigo. Luego su hijo pagaría por él”.

Enfrentaron al pelotón de fusileros en la mañana del 29 de diciembre. Soportaron el escarnio de atravesar las calles en una carreta de bueyes, recibiendo los denuestos, gritos y vejámenes de la multitud, en una alucinante escena de la Francia revolucionaria, los “sansculottes” y la guillotina diecioechesca. A golpes de tambor llegaron los dos condenados al tablado construido sobre la Plaza de la Concepción (actual Alfonso Castelao) hacia el sur de la ciudad. Cuitiño con coraje y rebeldía enfrentó a soldados y magistrados, protestando a gritos su inocencia por haber cumplido órdenes de las autoridades legales y de su gobernador el ilustre don Juan Manuel de Rosas. Alén, demacrado, victima de una apoplegía que le impedía caminar erguido, -recrudecían en esas horas sus antiguos trastornos físicos y psíquicos-, era un pálido espectro que marchaba a su fin. Había confesado y testado la noche anterior; sin valor para despedirse de su familia, dejó unas cartas a su esposa e hijos reiterando sus sentimientos religiosos y su inocencia.

Una antigua tradición afirma que aquella mañana de la ejecución, el pequeño Leandro estaba en la Plaza para ver morir a su padre. El caudillo nunca habló de ello. Guardaba íntimamente como un tesoro oculto y profundo, clavado en lo más recatado del amor filial, los recuerdos de esos momentos espeluznantes. Era “el hijo del ahorcado”, según la fácil denominación dada a los fusilados por delitos infamantes cuyos cadáveres sufrían la pena póstuma de ser colgados en la horca para exhibición y ejemplo público. Nadie iba a acercársele a su familia, ni a perder la ocasión de saciar venganzas reales o fingidas mordiendo el diente en los escasos bienes de su magra testamentería.

La familia debió hacer nuevos sacrificios, reducirse más, ocultarse de amigos y enemigos. La defensa del Dr. Ugarte la publicó el Dr. Miguel Navarro Viola, eminente opositor al régimen, que dirigía “El Plata Científico y Literario”, en 1854. Dos años después de la causa, el mismo Ugarte fue expulsado de la ciudad al arrogarse el gobierno las mismas aborrecidas “facultades extraordinarias” de otros tiempos, para reprimir la sublevación del general Jerónimo Costa, el inolvidable héroe de Martín García. El ejército de Mitre termino sacrificando en la matanza de Villamayor el 31 de enero de 1856 al militar rendido, que dejó como trofeo esa “espada ruin y mohosa” cuyo fusilamiento celebró Sarmiento en “El Nacional” al considerar con ello, “acabada la mazorca”.

Fuente

Alen Lascano, Luis C. – Alem y Saldías, entre la política y la historia.

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Gálvez, Manuel – Vida de Hipólito Yrigoyen – Buenos Aires (1939).

Manacorda, Telmo – Alem, un caudillo, una época – Ed. Sudamericana, Buenos Aires (1941).

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino/photos/a.310620692321127.69423.168950939821437/791362867580238/?type=1
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Miér 11 Mar 2015 - 22:39

Gran aporte woody!

saludos!

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Miér 11 Mar 2015 - 22:47

Dia 11 de Marzo (1862)

Combate en Los Llanos de La Rioja



El Chacho, derrotado, se desliza con el resto de sus montoneros en número de 200 más o menos a lo largo de las sierras de Catamarca hacia el sur en dirección a los Llanos de la Rioja. Gutierrez desorganizado y diezmado, se esfuma desorientado en las guaridas salvajes de su provincia.

Inmediatamente después sucede algo desagradable para la moral de las Armas gubernamentales: El coronel Echegaray ocupaba los Llanos de acuerdo a las instrucciones recibidas, para lo cual se había situado en el departamento Costa Baja, frontera con córdoba, cuando ocurre un pronunciamiento en la capital de La Rioja e inmediatamente un ´pánico debido a la presencia inesperada del lado de Famatina del montonero (o bandolero) Carlos angel. La protección mas inmediata de la capital eran las fuerzas de Echegaray quien, al ser llamado, concurre y sofoca el movimiento. Al retirarse de Los Llanos tenia ordenes que, en ese caso, debía hacerlos ocupar por Loyola con fuerzas de guardias nacionales y así efectivamente procedió. Aprovechando esta oportunidad y tal vez por tener noticias de Peñaloza, el montonero Lucas Llano se levanta con sus leales a sólo 10 kilómetros de donde vivaqueaban las fuerzas de Loyola. Esta montonera, a la que se le suma mucha gente se apodera de los departamentos de costa alt, costa Baja y costa del medio y corta las comunicaciones con Córdoba y San Juan. El Coronel Echegaray que se había dirigido a La rioja, permanece en esa ciudad en la mas completa inacción, hasta que la proximidad del Chacho, por efecto de su retirada de Tucumán, le hace huir en compañía del gobernador, los vecinos y las autoridades civiles y militares. Huyen mas de 600 hombres con solo el anuncio de la proximidad de menos de 200 hombres mal armados y en condición menesterosa. En la retirada se sublevan 70 cívicos infantes de La rioja y después se desbandó el contingente cordobés. Las tropas de Loyola, dejada en los Llanos, se retiran también en dirección de San Jundesde esperaban ayuda de la columna de Rivas.
Para este momento, san Luis estaba sometido por la expedición de Ordoñez, Mendoza y San Juan también eran de control de los gubernamentales que sostenían a las Autoridades impuestas por el gobierno Nacional de Mitre.

Las tropas de Echegaray, en retirada, y algunos grupos reagrupados por el coronel Ambrosio Sandes, avanzó para batir al Chacho que se había unido a los grupos de Llano y Angel.

Conduciendo Sandes, a sus tropas con decisión y coraje, ataca y derrota en los Llanos el 11 de marzo, a esta alianza de montoneros, que se desbandas por las asperezas de su provincia.


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MensajeTema: Caudillo   Jue 12 Mar 2015 - 9:06

Hola,

Es difícil analizar la lucha contra el caudillaje, pero a mi me gusta trazar un paralelo con lo que fue, en el camino de la modernización del Japón, la eliminación de los samurái. Japón desandó el camino dándole nuevamente poder a su casta militar y así le fue, con dos bombazos atómicos incluidos...

El caudillo, especie de señor feudal sin título oficial (de hecho, la mayoría de ellos, Rosas incluído, tenían una genealogía de corte aristocrático, Quiroga descendía en línea directa de reyes visigodos), era una rémora cuasi medieval del hispanismo más recalcitrantemente atrasado (recuerden lo de "caudillo de España por la gracias de Dios"...).

Era necesario eliminarlos para modernizar el país. Desgraciadamente, donde no llegó masivamente la inmigración europea, las estructuras feudales se travistieron pero persisten. Y para colmo, hemos retrocedido generando estructuras feudales donde no las había, por ejemplo, con los no por nada llamados "barones del conurbano".

Saludos,

JL
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Jue 12 Mar 2015 - 11:24

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Jue 12 Mar 2015 - 23:33

Día 13 de Marzo (1879)

Exploración a Leuvucó y Poitahué


Villa Mercedes, marzo 13 de 1879
Al señor comandante General de Armas de la Nación.

El Capitán Guevara del cuerpo de mi mando, que el 26 del pasado desprendí con una partida ligera a explorar los campos de Leuvucó y Poitahué, me comunica que viene de regreso y a la vez me anticipa la noticia que en el primero de los parajes indicados ha habido una fuerza de 80 indios que intentaron arrebatarle la caballada, matándoles 15 hombres, hiriendo a muchos otros y tomándoles 30 prisioneros, incluso chusma y 5 cautivos. los indios se han batido con desesperación. pues echaron pie a tierra y en el entrevero resultaron cuatro heridos y dos contusos por parte nuestra. También han tomado a los salvajes una cantidad de animales vacunos y caballos número que aún no conozco con exactitud.

Creo un acto de justicia recomendar a su observación y ala superioridad a la partida exploradora en general y en particular al capitán Guevara y al alférez Francisco Paz, por haberse distinguido personalmente en el hecho de armas cuyo resultado tengo el honor de poner  en su conocimiento
Dios guarde V.E.

E. Rodríguez
Teniente Coronel



Leuvucó en 1882

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 14 Mar 2015 - 15:45

Día 14 de Marzo (1877)

Pasa a la Posteridad  el Brigadier Juan Manuel de Rosas






Juan Manuel de Rosas nació en Buenos Aires el 30 de marzo de 1793, de padres pertenecientes a familias de ricos y poderosos terratenientes. Se crió en una estancia de la familia, ingresó en la escuela de Francisco Javier Argerich en Buenos Aires a la edad de ocho años.

El 12 de agosto de 1806 estuvo entre los voluntarios que formaron el ejército que reconquistó Buenos Aires. Luego de la rendición, Liniers lo devolvió a sus padres, portador de honrosa carta testimonial.

Cuando tuvo que elegir entre regresar a la escuela o ir a la estancia de la familia en Rincón de López (donde los indios habían matado a su abuelo en 1783), se decidió por lo último, afirmando que lo único que quería en la vida era ser estanciero. Permaneció allí durante los años plenos de acontecimientos que siguieron a la Revolución de Mayo; fue administrador de esa estancia en 1811 y al poco tiempo demostró poder desempeñar con habilidad tanto las tareas del gaucho como las del control y comercialización.

En 1820, se casó con Encarnación de Ezcurra y Arguibel.

Se enfrentó con sus padres por una cuestión de honor relacionada con su administración de la estancia de la familia, y por ello cambió y simplificó el nombre de Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas por el de Juan Manuel de Rosas y comenzó su exitosa carrera como estanciero independiente.

Su primera actuación oficial fue en 1818 a pedido del Director Supremo Pueyrredón para que asumiera la responsabilidad de defender la frontera sur de los ataques de los indios.

Logró resolver los problemas por medio de tratados con los caciques indios a quienes conocía bien. Al año siguiente envió al gobierno un plan para el desarrollo, la vigilancia y la defensa de las pampas más remotas, anticipando en sesenta años la Conquista del Desierto.

Se unió al ejército de Rodríguez en Buenos Aires para luchar, con Manuel Dorrego, en la campaña contra José Miguel Carrera, Carlos M. de Alvear y Estanislao López en su oposición al gobierno de Buenos Aires.

Renunció al ejército con el rango de coronel; regresó a Los Cerrillos y la vida de campo.

Continuó preparado, con sus gauchos y peones armados, para proteger la frontera contra el ataque de los indios, instaló fuertes a lo largo de la nueva línea de frontera e hizo nuevos acuerdos con los indios, pero Rivadavia (entonces presidente) se negó a aceptar las condiciones de Rosas.

Los indios renovaron sus ataques y Rosas, que tenía su estancia en la frontera, se convirtió en un poderoso opositor de Rivadavia. Para ese entonces se había hecho federal, opuesto violentamente a los unitarios, dirigidos por Rivadavia.

Después de la renuncia de Rivadavia (1827), Rosas fue designado comandante de la milicia con órdenes de lograr la paz con los indios y de establecer un pueblo en Bahía Blanca. Realizó con éxito ambos cometidos. Cuando el unitario Lavalle destituyó del cargo de gobernador de Buenos Aires a Dorrego en 1828, Rosas se unió a Estanislao López de Santa Fe para derrotar a Lavalle en Puente de Márquez, el 26 de abril de 1829, y en julio Lavalle y Rosas firmaron una tregua.

El 6 de diciembre de 1829, Rosas fue nombrado gobernador de Buenos Aires con poderes extraordinarios; desde entonces hasta febrero de 1852 -con la excepción del corto período desde 1832 hasta 1835- dominó no sólo Buenos Aires, sino también las provincias.

Rosas designó un gabinete capaz, incluyendo a Tomás Guido como ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores, Manuel J. García como ministro de Hacienda y Juan Ramón Balcarce como ministro de Guerra y Marina; una de sus primeras acciones fue celebrar un solemne funeral por Dorrego, ejecutado por Lavalle el año anterior; luego confiscó las propiedades de aquellos que habían intervenido en la revolución del 1º de diciembre de 1828, que había derrocado al gobierno de Dorrego; utilizó estos fondos para recompensar a los veteranos de su ejército restaurador y a los agricultores y peones que hablan sufrido grandes pérdidas en la lucha.

Rosas, que creía firmemente que una reorganización nacional constitucional era prematura en ese momento, retiró el apoyo de Buenos Aires; el 5 de diciembre de 1832, fue reelecto gobernador pero no aceptó el cargo, a pesar de las súplicas del pueblo.

Juan Ramón Balcarce asumió la gobernación de Buenos Aires pero comenzaron a surgir desavenencias entre sus partidarios y los de Rosas; destituido por Rosas en la “Revolución de los Restauradores”, lo siguió Juan José Viamonte (1833-1834); mientras tanto, Rosas había ido al sur de la provincia para dirigir las fuerzas expedicionarias hacia el corazón del territorio al sudoeste, oeste y noroeste de Buenos Aires.

Una sequía de tres años había sido desastrosa para la pastura del ganado y era esencial conseguir nuevas tierras; con casi dos mil hombres, Rosas empujó a los indios más hacia el sur, abriendo nuevas tierras, destruyendo tribus de importantes caciques que habían atacado los pueblos de Buenos Aires, matando o capturando a miles de indios, rescatando unos dos mil cautivos de ellos y explorando los cursos de los ríos Neuquén, Limay y Negro hasta el pie de los Andes.

Finalmente, firmó la paz con los indios, prometiéndoles la comida necesaria a cambio de su rendición y otras concesiones; esta paz duró veinte años; a su regreso a Buenos Aires, se lo aclamó con entusiasmo como héroe conquistador; la legislatura le confirió el título de “Restaurador de las leyes”.

El 30 de junio de 1834 la Legislatura eligió gobernador a Rosas. Rechazó el cargo una y otra vez hasta que, tras el brevísimo gobierno de Maza, los diputados le confirieron (13 de abril de 1835) la suma del poder público.

En 1838 Francia bloqueó el Río de la Plata, tomando la isla de Martín García en octubre. Cualesquiera hayan sido los motivos del agresor no cabe duda de que Rosas se condujo patrióticamente, salvando el honor nacional. Pero debía desplegar sus energías luchando ahora contra los enemigos de afuera y los adversarios de adentro. En 1839 el complot de Maza acarreó a éste una trágica muerte y el mismo año se produjo la Revolución del Sur, abortada el 7 de noviembre. Lavalle, desde Montevideo, iniciaba sin éxito el avance sobre Buenos Aires.

En octubre de 1840 el tratado de Mackau trajo la ansiada paz con Francia, que resultó efímera. En 1843 Rosas sitió Montevideo y en el mismo año se le levantó en armas Corrientes. A continuación (la alianza de Inglaterra y Francia contra Buenos Aires) le deparó un nuevo y amargo trago. El 20 de noviembre de 1845 Mansilla intentó detener la entrada de la escuadra francobritánica en una acción de características bizarras y brillantes. Cuatro años después, un 24 de noviembre, el tratado de paz con Inglaterra nos devolvió la isla Martín García y el 31 de agosto de 1850 se firmó el cese de las hostilidades con Francia.

En 1851, Justo José de Urquiza de Entre Ríos, uno de los generales más importantes de Rosas, anunció su intención de derrocar a Rosas. Con la ayuda de los unitarios, las fuerzas de Rivera, el Brasil (contra el que Rosas había luchado por el Uruguay) y la mayoría de los caudillos provinciales, las fuerzas de Rosas fueron vencidas en la batalla de Caseros: el 3 de febrero de 1852.

Rosas, con su familia, fue llevado a Inglaterra en un barco inglés. Se estableció en un pequeño pueblo de Inglaterra (Swarkling) cerca de Southamptom, donde vivió durante veinticinco años. Falleció el 14 de marzo de 1877 y fue enterrado allí.

En 1990 se repatriaron sus restos a la Argentina y se colocaron en el cementerio de La Recoleta






_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 14 Mar 2015 - 17:37


Pocas crónicas sobre la muerte de Juan Manuel de Rosas tienen la precisa y puntual información que se halla en la carta que, desde el fundo de Southampton (Burgess-Street Farm) escribe su hija, Manuela Rosas, a su marido, Máximo Terrero.  Parecía como si quisiera fijar en ella, con cariño filial, las circunstancias mínimas de aquel hecho.  Dice la referida carta:

“Southampton, marzo 16 de 1877 – Cuando recibas ésta estarás ya impuesto de que mi pobre y desgraciado padre nos dejó por mejor vida el miércoles 14 del corriente.

“¡Cuál es mi amargura tú lo alcanzarás, pues sabes cuánto le amaba, y haber ocurrido esta desgracia en tu ausencia hace mi situación doblemente dolorosa!  Es realmente terrible que tan pronto como nos hemos separado, desgracia semejante haya venido a aumentar el pesar de estar tan lejos uno del otro, pero queda seguro, no me abandona la energía tan necesaria en estos momentos que tanta cosa hay que disponer y atender, todo con mi consentimiento, y que sobrellevo tan severa prueba con religiosa resignación acompañándome el consuelo de haber estado a su lado en sus últimos días, sin separarme de él.

“El lunes 12 fui llamada por el doctor Wibblin, quien me pedía venir sin demora.  El telegrama me llegó a las cinco y media y yo estuve aquí a las diez y media, acompañada por Elizabeth.  El doctor me esperaba para explicarme el estado del pobre tatita.  Sin desesperar del caso, me aseguró ser muy grave, pues que, siendo una fuerte congestión al pulmón, en su avanzada edad era de temerse que le faltase la fuerza, una vez debilitado el sistema.  Al día siguiente (martes) el pulso había bajado de 120 a 100 pulsaciones, pero la tos y la fatiga le molestaban mucho, a más de sufrir un fuerte dolor en el pulmón derecho.  Este desapareció completamente en la tarde…  La expectoración, cada vez que tosía, era con sangre, y éste, para mí, era un síntoma terrible, como también la fatiga.  Esa noche del martes (13) supliqué al doctor hablarme sin ocultarme nada, si él lo creía en peligro inmediato; me contestó que no me ocultaba su gravedad y que temía no pudiera levantarse más, pero que no creía el peligro inmediato, ni ser necesario consultar otros médicos, y como su cabeza estaba tan despejada y con una fuerza de espíritu que ocultaba su sufrimiento, embromando con el doctor, hasta la noche misma del martes, en que hablábamos, víspera de su muerte.  El doctor, como yo, convinimos no ser prudente ni necesario todavía hacer venir al sacerdote, pues su presencia pudiera hacerle creer estar próximo su fin y que esperaríamos hasta ver cómo seguía el miércoles (14).

“Esa noche estuve con él hasta las dos de la mañana con Kate, pues Mary Ann me reemplazaba con Alice haciendo turnos para no fatigarnos.  Antes de retirarme, estuvo haciendo varias preguntas, entre otras cuándo recibiría tu carta de San Vicente y me recomendó irme a acostar, para que viniera a reponer a Mary en la mañana.  Todo esto, Máximo, dicho con fatiga, pero con tanto despejo que, cuando lo recuerdo, creo soñarlo!.

“Cuando a las seis de la mañana entró Alice a llamarme porque Mary Ann creía al general muy malo, salté de la cama, y cuando me allegué a él lo besé tantas veces como tú sabes lo hacía siempre, y al besarle la mano la sentí ya fría.  Le pregunté “¿cómo te va tatita?; su contestación fue, mirándome con la mayor ternura: “no se, niña”.  Salí del cuarto para decir que inmediatamente fueran por el médico y el confesor; sólo tardaría un minuto, pues Atche estaba en el corredor; cuando entré al cuarto había dejado de existir!!!  Así, tú ves, Máximo mío, que sus últimas palabras y miradas fueron para mí, para su hija tan amante y afectuosa.  Con esta última demostración está compensado mi cariño y constante devoción.  ¡Ah, Máximo, que falta me haces!  ¡Si tú estuvieras aquí yo sólo me ocuparía de llorar mi pérdida, pero no te tengo, y es preciso que yo tome tu lugar, lo que hago con una fuerza de espíritu que a mi misma me sorprende, desde que he estado acostumbrada que, en mis trabajos y los de mi padre, tú hicieras todo por nosotros!  Pero Dios Todopoderoso, al mismo tiempo que nos da los sufrimientos, nos acuerda fuerza y conformidad para sobrellevarlos.  ¡Te aseguro que ha muerto como un justo!  ¡No ha tenido agonía, exhaló su alma tan luego que me dirigió su última mirada!  ¡Ni un quejido, ni un ronquido, ni más que entregar quietamente su alma grande al Divino Creador!  ¡Que El lo tenga en su santa gracia!  ¡Mary estaba a su lado cuando murió, y esta pobre mujer se ha conducido con él, hasta su última hora, con la fidelidad que tú conoces siempre le ha servido!  ¡Pobre tatita, estuvo tan feliz cuando me vio llegar el lunes!  Las dos muchachas están desoladas.

“Madre e hija demuestran el cariño que tenían a su patrón.  Tus predicciones y las mías se cumplieron desgraciadamente, cuando le decíamos a tatita que esas salidas con humedad en el rigor del frío le habían de traer una pulmonía.  Pero su pasión por el campo ha abreviado sus días, pues por su fortaleza pudo vivir muchos años más.

“En uno de los días de frío espantoso que hemos tenido, anduvo afuera, como de costumbre, hasta tarde; le tomó un resfrío y las consecuencias tú las sabes.  ¡Pobre tatita!  Estoy cierta que tu le sentirás como a tu mismo padre, pues tus bondades para él bien probaban cuánto le amabas!  A Rodrigo que ruegue a Dios por el alma de su abuelito, que tanta predilección hacía de él, y que no le escribo porque no me siento con fuerzas, ni tengo más tiempo que el que te dedico.

“El doctor Wibblin es mi paño de lágrimas en estos momentos en que necesitaba una persona, a quien encargar las diligencias del funeral.  Kate, con Manuel, fueron a ver al Undertarker, al padre y demás, y todo está arreglado para que tenga lugar el martes 20 y como el pobre tatita ordenara en su testamento que sólo se diga en su funeral una misa rezada, y que sus restos sean conducidos a su última morada sin pompa ni apariencias, y que el coche fúnebre sea seguido por un fúnebre con tres o cuatro personas, los preparativos no tienen mucho que arreglar y su voluntad será cumplida, y en éste último irán el doctor, Manuel y el sacerdote, y tal vez venga el esposo de Eduardita García, pues he tenido un telegrama preguntándome cuándo tendría lugar el funeral, porque quiere asistir a él.  Eduarda me ha dirigido otro, diciéndome pone a mi disposición dos mil francos, si necesito dinero.  Esto es un consuelo en mi aflicción.

“Por supuesto que se lo he agradecido, contestando que, si necesito algo, a ella mejor que a nadie recurriría, pero que, al presente, no lo necesito.

“También ordena tatita que su cadáver sea enterrado dos días después de su muerte, pero esto ha sido imposible cumplirlo, pues el undertarker dijo que no tenía tiempo, porque siendo el pobre tatita tan alto era preciso hacer el cajón y el de plomo, donde está ya hoy colocado, mañana vendrá el de caoba, decente solamente, y aunque deseaba fuese el funeral el lunes, no puede ser, por ser día de San José, y así será el martes 20.  ¡Dios nuestro Señor le acuerde descanso eterno!

En fin, no serán las cosas dispuestas como si tú estuvieras ocupado de ellas, pero haremos cuanto podamos, yo por llenar mi deber filial y el doctor el tan sagrado de amistad.  Pobre Manuel no sabe lo que le pasa, ni cómo complacerme y consolarme.  Tuya – Manuela de Rosas de Terrero”

El funeral de Rosas

The Advertiser dio pormenorizada cuenta del funeral de Rosas en los términos siguientes:

“El funeral de S. E. el general Juan Manuel de Rosas, ex gobernador y dictador de la Confederación Argentina, cuya muerte en su estancia en Swathlin, el miércoles próximo pasado, fue registrada en el Advertiser del sábado, tuvo lugar ayer (martes), siendo depositados sus restos en una bóveda del cementerio de Southampton.  El finado era católico romano y en la tarde del lunes, entre 7 y 8, el féretro fue trasladado de su estancia a la capilla católica, en Burguess street, Southampton, donde fueron observadas las ceremonias usuales, peculiares de la iglesia romana, permaneciendo allí depositados hasta la mañana de ayer.  A las once hubo servicio completo, dirigido por el reverendo padre Gabriel, en ausencia del reverendo padre Mount, el párroco que se halla actualmente en el Continente.  Al terminar los oficios, de un carácter verdaderamente impresionante, el féretro (cubierto con un manto negro y con una larga cruz blanca) fue colocado en un coche fúnebre, tirado por cuatro caballos cubiertos de terciopelo negro.  El resto del cortejo consistía en dos carruajes enlutados, tirados por dos caballos, y el del doctor Wibblin F. R. C. S., quien había sido el facultativo y amigo de confianza del general durante todo el período de su residencia en este país.  En el primer carruaje iba el barón de Lagatinerie (Capitaine d’Etat Major, Attaché a l’Etat Major General du 2me. Corps d’armeé. Amiens y sobrino del finado), el doctor Manuel Terrero (nieto del finado) y el reverendo padre Gabriel.  En el segundo, iban las personas de la casa del finado, y el señor Flemming, agente de Londres.  Los oficios en el cementerio fueron breves, y como el funeral era de naturaleza estrictamente privada, el acompañamiento al cementerio no fue tan numeroso, como, sin duda, lo habría sido en caso contrario.

El féretro era de roble inglés, delicadamente barnizado y con hermosos adornos de bronce.  Servía de primer trofeo a su féretro el sable que acompañó en todas sus campañas al general San Martín, quien lo legó por testamento a Rosas.

En una chapa de bronce colocada sobre la tapa, profusamente iluminada, se  leía la inscripción siguiente: “Juan Manuel de Rosas – Nació el 30 de marzo de 1793.  Falleció el 14 de marzo de 1877 (a los 83 años, 11 meses y 16 días)”.

El completo arreglo de los funerales fue confiado a los señores E. Hayes e hijo, de Highstreet y han sido llevados a cabo bajo su superintendencia personal, del modo más satisfactorio”.

Fuente

Benarós, Leon – “Tatita ha muerto”, la muerte de Rosas contada por su hija.

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Todo es Historia – Año I, Nº 5, Buenos Aires, setiembre de 1967.
Tumba del cementerio de Southampton donde estuvieron los restos de Juan Manuel de Rosas, hasta 1989."

https://www.facebook.com/revisionismohistoricoargentino/photos/a.174472322602632.37195.168950939821437/792772364105955/?type=1&theater
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Sáb 14 Mar 2015 - 17:50

Homenaje a El Restaurador.

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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Dom 15 Mar 2015 - 20:53

Dia 15 de marzo ( 1814)
Combate en la Isla Martín García


El 15 de marzo de 1814, casi cuatro años después de la Revolución de Mayo, una flota patriota al mando del almirante Guillermo Brown, tras cinco días de combates, logró derrotar a las fuerzas colonialistas españolas y ocupar la isla de Martín García tomando el control definitivo del estuario del Plata y abrir la puerta para la ocupación de Montevideo dos meses después.

Hasta entonces la corona española mantenía el control formal de la Banda Oriental en lucha con las fuerzas acaudilladas por José Gervasio de Artigas en el interior de la misma que habían llegado a sitiar su capital donde resistían los ocupantes realistas que contaban con el beneplácito del gobierno del Reino de Portugal, Brasil y Algarve cuya capital estaba situada, por entonces en Río de Janeiro, sede del monarca Joao VI; gobierno que pretendía transformar al actual Uruguay en su Provincia Cisplatina.


En el Combate de Martín García participaron 664 combatientes patriotas a las órdenes del irlandés Brown y 442 colonialistas encabezados por Jacinto de Romarate y siete embarcaciones provistas de 91 cañones del lado de las Provincias Unidas del Río de la Plata y ocho con 36 cañones del enemigo. Entre los primeros hubo 48 muertos y 55 heridos, además de una nave averiada, en tanto los segundo, a los que se les capturó una embarcación, sufrieron 14 bajas por muertos y 50 por prisioneros.

El desalojo de los españoles de la Banda Oriental se concretó luego de 16 combates, el penúltimo y clave, el referido de Martín García, entre 1811 y 1814, cabiendo destacar que uno de los militares colonialistas más importantes era el capitán de fragata José Primo de Rivera, hermano de Joaquín Primo de Rivera, apresado en la batalla de Maipú; antepasados ambos de Miguel Primo de Rivera, jefe del gobierno español durante el reinado de Alfonso XIII y cuyas ideas corporativas se vieron reflejadas en la Argentina durante la presidencia de facto de José Félix Uriburu. Miguel, a su vez, fue el padre de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, muerto durante la Guerra Civil Española.

El Combate de Martín García había comenzado mal para las fuerzas comandadas por Brown ya que la nave insignia quedó varada lo que provocó importantes bajas por lo que hubo una suerte de victoria inicial de los colonialistas pero las fuerzas patriotas se recuperaron y terminaron por desembarcar y ocupar la isla. Con ello el gobierno del director Gervasio Antonio de Posadas se aseguró que, a partir de entonces, el control de los grandes ríos de la Cuenca del Plata quedase en manos de las fuerzas independentistas.

La situación en el período previo era complicada. Las fuerzas al mando de Manuel Belgrano habían sido derrotadas en el Alto Perú; tropas realistas enviadas desde Lima atacaron Chile y, para colmo, la burguesía de Buenos Aires se enfrentaba con Artigas, el gran caudillo argentino oriental, como el mismo se autodefinía. En ese momento un hombre clave para la recuperación total de la Banda Oriental fue Juan Larrea, un independentista catalán como Domingo Matheu y otros de su mismo origen y vascos se sumaron a la causa de la liberación de las colonias americanas españolas.

La llegada de Larrea al Segundo Triunvirato a fines de 1813 hizo que el tema de creación de una flota naval importante pasase a ser una cuestión clave. Mucho más lo fue a partir de su designación como ministro de Hacienda cuando a comienzos de 1814 asumió Posadas como Director Supremo. Claro que para ello Larrea apeló a un poderoso agente británico, William Pius White, nacido en Boston, en los actuales Estados Unidos de América antes de su independencia. White, cuyo nombre lleva hoy una calle del suroeste de la capital argentina, había sido en 1806 el promotor de la invasión inglesa sufrida por la ciudad de Buenos Aires durante alrededor de dos meses y costó el saqueo de un millón y cuarto de libras de plata paseadas luego en Londres en carruajes.

White estaba, como la corona británica, en la expulsión definitiva de los españoles del Río de la Plata y en la creación de un estado tapón en la Banda Oriental, cosa que se concretó algo más de una década más tarde como consecuencia de la guerra argentino-brasilera. El acuerdo entre White y el Segundo Triunvirato, promovido por Larrea, se concretó el 28 de diciembre de 1813. El agente británico, a la sazón poderoso comerciante dedicado, entre otras cosas, al tráfico de esclavos, financió la creación de la flota, cosa que se concretó en un par de meses por lo que en marzo ya fue posible que la misma saliese a expulsar de Martín García y luego de Montevideo, tras la batalla de El Buceo, a los españoles.

Sin embargo el negrero White no pudo imponer como jefe de la flota a su compatriota estadounidense Benjamín Franklin Seaver y debió resignarse y terminar apoyando, el mismo, a Brown, frente al referido Seaver y al corsario Estanislao Courrande, el tercer candidato que tenía el mal antecedente de haber atacado buques mercantes británicos. Brown contaba con la ventaja de que la mayor parte de los tripulantes contratados para esa flota eran irlandeses y escoceses, amén de ingleses.

Los españoles habían fortificado la isla de Martín García luego de que a mediados de 1813 se produjese un ataque menor por fuerzas independentistas. Incluso las autoridades montevideanas, ante las noticias de la creación de la flota patriota a cargo del entonces teniente coronel Brown, pensaron en atacar Buenos Aires. Pero Brown al frente de los suyos partió rápidamente hacia la Colonia del Sacramento, la ciudad oriental que décadas atrás habían fundado los portugueses y que para entonces ya controlaban las fuerzas independentistas.

De ahí en más las cosas se precipitaron y tras la pérdida inicial por el envaramiento señalado, la flota de las Provincias Unidas logró hacer desembarcar fuerzas en la isla y obtener un contundente triunfo que puso en fuga a los colonialistas. Tras la victoria Brown comunicó a Larrea que “la Isla Martín García fue tomada por las fuerzas de mar y tierra, bajo mi comando, el lunes último a las cuatro y media de la mañana”, acotando: “Ruégole me escriba acerca de cómo debo disponer de la isla y la fuerza naval". Desde ese momento el fin del realismo español en el Río de la Plata ya estaba decidido aunque faltasen dos meses para su concreción final.


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/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
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MensajeTema: Re: Página Histórica de Hoy   Lun 16 Mar 2015 - 13:07



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